El nuevo liderazgo no sólo está en el campo de la economía, sino en
todos los ámbitos del desarrollo humano. Sin embargo, el nivel de
internacionalización dependerá de la madurez de las administraciones de
gobierno y del grado de desarrollo social de cada país. La realidad
empresarial revela que ante un mundo en constante cambio, urgen
permanentes adecuaciones a nuevos enfoques en la gestión de los negocios
y administración gubernamental desde la óptica del buen gobierno
corporativo.
El nuevo orden económico internacional es cada vez más competitivo y
complejo a la vez, especialmente en áreas como tecnologías de la
información e innovación tecnológica, ciencia e investigación social,
integración comercial y cohesión social. Sólo en pocas naciones el
desarrollo tecnológico está al alcance de los pueblos más atrasados. A
pesar de las limitaciones, Brasil, México y Costa Rica son ejemplos de
esta realidad. Por cierto que el mundo de los negocios merece mención
aparte por sus implicancias en economías emergentes.
No obstante la difícil coyuntura económica mundial, las proyecciones de
las entidades multilaterales de crédito internacional, revelan que
países como Brasil, México, Argentina, Chile y Perú mantendrán estables
sus niveles de crecimiento al final del ejercicio anual. El escenario
internacional está transformándose y se requiere anticiparse a los
cambios que de todos modos llegarán e impactarán en la región en los
próximos meses.
Es decir, la nueva realidad exige líderes con mentalidad emprendedora,
capaces de afrontar con éxito las demandas del mundo moderno que al
parecer está favoreciendo a naciones como China, India y países del
sudeste asiático. América Latina tendrá que seguir compitiendo para
atraer nuevas inversiones, celebrar tratados de integración comercial,
crear mayores oportunidades de negocios, fomentar apertura de nuevos
mercados y mantener el crecimiento económico.
Los líderes emprendedores tendrán que adecuar sus economías a la nueva
realidad regional. Deberán fomentar programas sociales y una educación
integral que responda a las exigencias del mercado, impulsando la
industria microfinanciera como alternativa para generar empleos, reducir
la pobreza y combatir los males sociales. Parte de esa adecuación ahora
es la aplicación de adecuados controles internos en las instituciones,
la administración de riesgos empresariales en las diversas
organizaciones públicas y privadas, y combatir desde sus raíces, la
corrupción institucional, especialmente la gubernamental. La corrupción
atrasa a los pueblos y perjudica a los más pobres de la región.
Una fotografía actual muestra a Brasil, la economía más grande de la
región, desarrollar su propia agenda de integración comercial con el
mundo, impulsando el Mercosur con Argentina, Paraguay, Uruguay y ahora
con Venezuela. Bolivia, Perú y Chile como miembros asociados. A la luz
de los últimos acontecimientos políticos, sólo el Mercosur mantiene la
unidad comercial a diferencia de la Comunidad Andina que al parecer está
destinada a desintegrarse por sus conflictos internos que tiene.
México por su vecindad con los Estados Unidos y su Tratado de Libre
Comercio (TLC) con esa nación y Canadá, recoge ahora su cosecha.
Paraguay desarrolla su economía al amparo de Brasil, mientras que
Uruguay lo hace con Argentina. Hay quienes piensan que Uruguay es una
provincia comercial de Argentina. Colombia está ensimismado en sus
problemas internos y resolviendo conflictos foráneos ocasionados por los
grupos alzados en armas. Venezuela, Ecuador y Bolivia tienen agenda
común diseñada entre Caracas y La Habana.
En el caso de Chile y Perú, la situación es optimista. Ambos países
buscan mayores inversiones y nuevos mercados en todo el mundo. Son las
economías que tienen los mejores indicadores en Latinoamérica, tienen
TLC con los Estados Unidos y pertenecen al foro económico Asia-Pacific
Economic Cooperation (APEC), que en noviembre de este año realiza su
reunión cumbre en territorio peruano. Estas naciones están llamadas a
ser líderes en la región. Chile es el único país suramericano que
ostenta el grado de inversión y Perú obtendrá la misma posición este
año.
Sin embargo, estas cifras son optimistas en el papel y aún en la
realidad, pero todavía no impactan favorablemente en la vida cotidiana
de sus habitantes. Es decir, los indicadores macroeconómicas revelan que
algunas economías están creciendo, pero la realidad microeconómica,
afirma todo lo contrario. Eso se debe en parte a la deficiente gestión
de algunos gobernantes. Por ejemplo, se aplican subsidios a los
productos agrícolas o combustibles para paliar en algo la creciente
subida de precios internacionales, pero lo único que se hace es
enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres. Otros errores
son la aplicación de medidas proteccionistas que alientan el comercio
informal de productos de contrabando, y la aplicación de altas tasas
impositivas para transacciones bancarias, exportaciones o contribuciones
extraordinarias. Cuando la economía se distorsiona o se corrompe se debe
en gran parte a la deficiente gestión de los gobernantes.
Ante este panorama, los líderes emprendedores que necesita América
Latina deben entender que la región está en un proceso de globalización.
Ese fenómeno que en los años ochenta se llamó “aldea global” ya está
entre nosotros. La globalización no es exclusividad del mundo de los
negocios, sino de la sociedad en su conjunto.
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