I. INTRODUCCIÓN
Podemos iniciar el presente trabajo haciendo una reflexión acerca de cual es la naturaleza, estado y quizá mas aun, acerca de cual es el comportamiento que están experimentando o que deberán experimentar los partidos políticos para estar a tono con las nuevas megatendencias imperantes, pero no sin antes poner en consideración, a, Klaus von Beyme (1986 y 1995) quien estuvo en el intento de explicar a través de sus obras si es que estamos asistiendo al fin de los partidos políticos o si, por el contrario, simplemente estamos viviendo una etapa mas como muchas otras en las últimas dos centurias de transformación de las formas de representación política y, por lo tanto, de los canales de mediación entre el Estado y la sociedad. Según esta segunda perspectiva, que es la nuestra, más que estar asistiendo propiamente a la desaparición de los partidos, estamos asistiendo a una honda transformación no sólo de estos actores políticos, sino del modelo de democracia representativa que rigió, ante todo en el mundo occidental, en los últimos cien años.
En un mundo globalizado los ciudadanos se sienten cada día más lejos de sus representantes políticos y los sistemas menos legitimados. La soberanía de los Estados cede mayores espacios al mercado y a otras instituciones transnacionales. El avance en los nuevos medios de telecomunicación se presentan ante este fenómeno como una considerable posibilidad de romper las distancias entre lo político y lo social. Los proyectos Infoville y Euroinfoville representan ejemplos de como la administración puede acercarse a los ciudadanos gracias a las nuevas tecnologías. Las posibilidades de una democracia más participativa son cada día más plausibles.
Las nuevas tecnologías dotan a los ciudadanos de un poder comunicativo cuyo uso está empezando a manifestarse. La libertad de los individuos aumenta con las crecientes posibilidades de transmitir y recibir información.
Movimientos sociales de distinta naturaleza utilizan Internet para la consecución de sus fines. Internet es un especio que se adecúa muy bien al tejido asociativo, dotándole de un poder que nunca antes ningún medio pudo darle.
Intentaremos, pues. dar un alcance objetivo acerca de la imagen- rol- reto que en estos nuevos tiempos le debe de corresponder asumir a la democracia, si es que acaso no experimente esta, su desaparición y así dar mas bien paso a otras o nuevas formas o tendencias acordes a esta era de la rápida comunicación, información, tecnología y desarrollo.
II. UN ACERCAMIENTO A LA PROBLEMÁTICA
Es necesario hacer mención a una de las mas grandes paradojas de la última década. Por un lado, estamos viviendo un momento histórico excepcional, en el cual la extensión de la democracia no tiene antecedentes. A diferencia de los anteriores ciclos democratizadores (1789 y 1945), el ciclo actual, o, aún mejor, en términos de Samuel Huntington (1994), la “tercera ola democrática” tiene una dimensión mundial.
Según Huntington, la primera oleada democrática, en el siglo XIX, dio
origen a 26 repúblicas democráticas. Luego, en la primera mitad del
siglo siguiente, asistimos a un grave retroceso: en 1942 no quedaban en
el mundo más que doce sistemas democráticos en pie. En la segunda
posguerra se produjo una renovada oleada y llegamos a treinta
democracias. Diamond (2000), basándose en información de Freedom House
encontró que para 1999 existían 85 democracias liberales y 59
democracias electorales en el mundo se localizaban en general en el
cuadrante noroccidental del mundo, hoy se extienden aquí y allá en los
cinco continentes. Con la sola excepción de Cuba, en todo el continente
latinoamericano se ha extendido, obviamente enfrentando muchos
tropiezos, desfiguraciones y transformaciones, el sistema democrático.
Tenemos, pues que esta tendencia democratizadora se acompaña a su turno
de un agotamiento tanto de las modalidades de la democracia
representativa, tal como se conoció en el siglo XX, como de las formas
de participación y representación políticas que la caracterizaban. En
efecto, no sólo en las viejas democracias, sino incluso en aquellos
países en los cuales la democracia viene de ser restaurada o, incluso,
instaurada por primera vez, ha surgido una ola devastadora de desencanto
hasta el punto de que muchos analistas hablan, equivocadamente, de la
“muerte de la política”.
La urgente necesidad de nuevos actores sociales y políticos que les disputan a los partidos políticos la hegemonía en el campo de la representación de los intereses colectivos (en especial, los nuevos movimientos sociales), la extensión de formas de participación democrática más directas y más participativas o el desarrollo creciente de espacios de decisión política de corte multinacional (como el Parlamento Europeo) son apenas algunas señales de esta transformación en curso del escenario político. Transformación que ha llevado a múltiples analistas políticos a pensar que las formas de ejercicio de la política en el nuevo milenio tendrán modalidades y rostros radicalmente distintos a aquellos que están en vías de cambio o extinción.
Tenemos, pues, en realidad una crisis de la forma de la política que rigió en el siglo XX, que tiene una dimensión global y está, en primer término, íntimamente ligada con los cambios que está sufriendo el orden internacional.
El proceso de globalización, la mundialización de las comunicaciones, el incremento en el número de actores en el sistema mundial, la interdependencia creciente, etc. se han traducido en una profunda reestructuración de los asuntos mundiales que, entre otros efectos, ha influido profundamente al Estado-nación. Como señala Jean Marie Guéhenno (1995: 11 y 12), el verdadero cambio representado por los acontecimientos de 1989 parece no ser tanto el .del comunismo, como el de la era hegemonizada por los Estados-nacionales, esa construcción de la modernidad que sirvió de escenario para el desarrollo de la política y la democracia. Al cambiar el marco, necesariamente tanto la política como la democracia, con sus componentes particulares, como los partidos políticos, experimentan un malestar que se traduce en el imperativo de rediseñar sus fundamentos tanto programáticos como organizativos, con objeto de adecuarlos a las características del nuevo contexto mundial.
Norbert Lechner (1994) plantea un interesante debate a propósito de estas transformaciones en la política, que afectan tanto el ejercicio de la democracia como el funcionamiento de los partidos, al hacer referencia a aspectos como la pérdida de la centralidad de la política, su informalización y la reestructuración de lo público y lo privado. Estos cambios fueron provocados, según el autor, por una conjunción de factores, entre los cuales cabe mencionar el incremento de la bipolaridad y el retroceso de las grandes ideologías; la globalización y la aceleración del tiempo (que dificulta la construcción y consolidación de instituciones, el auge del mercado), el efecto de los medios de comunicación y el manejo de la imagen.
Según Lechner, estas transformaciones conllevan que los partidos deban, entre otras cosas, interactuar con sociedades mucho más movilizadas e informadas, elaborar proyectos de sociedad en un contexto caracterizado por la desaparición de los “grandes relatos” e incorporar en sus agendas los nuevos temas que interesan a la población (me-dio ambiente, derechos humanos, igualdad étnica y de género, preferencias sexuales, etc.). Ya los gobiernos, incluidos los más poderosos en el sistema internacional, no pueden desconocer a organizaciones no gubernamentales, como Greenpeace o Amnistía Internacional, en el momento de tomas ciertas decisiones. Esta mundialización de múltiples e influyentes ONGs han llevado a pensar que estamos dando pasos acelerados hacia la configuración de una “ciudadanía mundial”, es decir, de habitantes de todos los puntos del globo que están en capacidad de movilizar recursos y esfuerzos a favor de causas de interés global.
Estas transformaciones de los escenarios, temas, formas de organización y canales de comunicación (pensemos sólo en el impacto de Internet) está exigiendo y produciendo hondos ajustes en los partidos políticos y, más ampliamente, en las propias instituciones democráticas. La emergencia de los llamados nuevos movimientos sociales, tanto los locales como los globalizados, los cuales se hallan íntimamente ligados a una agenda de temas y formas de participación inéditas, obligan a repensar los lineamientos que han servido de base para las formas representativas de la democracia en el último siglo. El auge internacional de nuevas formas de participación democrática, como la democracia directa y la democracia participativa, son probablemente la expresión más notable de lo complejo que se ha vuelto el campo de la representación y de la expresión políticas. Las formas representativas tradicionales no son suficientes para abarcar la revolución de la participación ciudadana en curso.
América Latina no es extraña a estos cambios globales. Nos encontramos en una etapa de honda renovación de los partidos y los sistemas de partidos en toda la región. Probablemente el rasgo más notable de esta transformación sea el rediseño de la vida partidista en torno a un eje izquierda-derecha y, en este marco, el ascenso de las organizaciones partidistas de izquierda como “partidos relevantes” en el sistema político. Es decir, siguiendo a Giovanni Sartori (1976), en su obra clásica sobre el tema, partidos que están en capacidad de conformar gobierno o, al menos, de ejercer una oposición eficaz.
Los viejos partidos “coge-lo-todo” (catch-all- parties), tanto de corte corporativo, como el Partido Revolucionario Institucional (como de corte clientelista) por ejemplo, los partidos tradicionales, es decir, los partidos que buscan representar múltiples intereses sociales de manera simultánea, están en crisis o han perdido al menos su hegemonía manifiesta.
Con objeto de analizar los cambios que se están llevando a cabo en América Latina y en Colombia a este respecto, el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia (IEPRI) y la Fundación Foro Nacional por Colombia organizaron un seminario internacional entre los días 20 y 21 de octubre de 2004, titulado “¿Cuál es el futuro de los partidos políticos? Colombia y el contexto Latinoamericano”.
En cuanto hace a América Latina, el seminario contó con la participación de tres destacados analistas de nuestra realidad política, Marcelo Cavarozzi, Simón Pachano y Martín Tanaka. El primero de estos autores presenta tres diferentes tipos de configuración partidaria, y analiza la forma en que cada uno de ellos asumió los dos procesos fundamentales ocurridos en el continente desde los años ochenta del siglo pasado: la transición democrática y el abandono de una matriz centrada en el Estado, para remplazarla por otra de signo neoliberal basada en la disminución de sus capacidades operativas y materiales. Mientras Pachano realiza una interesante reflexión en torno a la pertinencia del concepto de crisis de representación para explicar los problemas de ingobernabilidad, inestabilidad y deterioro de las instituciones democráticas en la región andina, Tanaka se concentra en el análisis de Venezuela y Perú, países que tienen una particularidad que amerita ser destacada, ya que, junto a Italia, vieron colapsar sus sistemas de partidos en los años noventa.
Tras esta mirada en torno a la situación en América Latina y la región andina, el seminario se volcó a observar desde diversas perspectivas el estado de los partidos políticos en Colombia. Inicialmente, Eduardo Pizarro lleva a cabo un análisis en torno a las condiciones históricas que permitieron la consolidación del sistema bipartidista Liberal y Conservador en nuestro país, y desde los principales rasgos de este sistema de partidos. Por su parte, desde un análisis organizacional de los partidos tradicionales, Rodrigo Losada, en abierta polémica con la tesis de Pizarro, presenta una visión distinta, en la cual cuestiona la idea de la configuración histórica de un sólido sistema bipartidista en Colombia (dada la extrema fragmentación histórica que ha caracterizado a nuestro sistema de partidos) e, incluso, cuestiona que hoy en día se puedan hablar de partidos propiamente dichos, dada la atomización de estos en decenas y decenas de microempresas electorales. Se trata, sin duda, de una polémica necesaria.
La aparición las comunidades indígenas como fuerza política alternativa, explica el auge de este fenómeno y analiza la forma en que su aparición en el escenario político nacional se traduce en términos de resultados y dinámicas electorales, que aparecen desde una perspectiva histórica el alcance que diversas estrategias de reforma y de modificación de las reglas de juego (ley de cuotas en los partidos y en las listas, circunscripción especial en el Congreso, etc.) han tenido en materia tanto de aumentar la inclusión de la mujer en la esfera pública como de mejorar su representatividad de género; como un ejemplo de ello, podemos citar el caso del liderazgo de Evo Morales en Bolivia.
Es importante este fenómeno en el grado de fragmentación y personalismo que han alcanzado los partidos en los últimos años. Además de tener que considerar los problemas que generaron y las condiciones que propiciaron la aprobación de una reforma político-electoral actual, así como el efecto que puede llegar a tener para superar la atomización partidista que, como afirman expertos internacionales, hace de Colombia el sistema más personalista del mundo.
Todavía es prematuro pronosticar hacia dónde tiende el sistema de partidos en Colombia; sin embargo, no es prematuro afirmar que cualquiera que sea la nueva configuración partidista, se está estructurando en torno a tres ejes centrales: un eje de centro-derecha conformado por el Partido Conservador y sectores urbanistas, un eje de centro ocupado por el Partido Liberal y un eje de centro-izquierda formado por el Polo Democrático Independiente (PDI) y Alternativa Democrática. En este sentido, no es arriesgado sostener que el viejo bipartidismo colombiano está condenado y que ya despunta el rostro de la nueva configuración partidista que tendrá el país en los próximos años.
Es necesario para poder evaluar la situación actual de los partidos políticos tanto en América Latina como en Colombia. Más importante que la foto estática sobre el estado actual de los partidos. Es decir, cuál será el más probable rostro de la política que animará al continente en este nuevo siglo que apenas despunta.
Puesto que la ciudadanía y el moderno Estado-nación, los elementos centrales de la democracia actual, implican la igualdad jurídico-política de los individuos éstos son, al mismo tiempo, desiguales en todos los demás ámbitos de las relaciones de poder, lo que en el patrón de poder vigente se llama democracia es la igualdad jurídico-política de individuos desiguales en la sociedad.
No son muchos, en rigor son muy pocos, los países en los cuales puede
operar de modo efectivo y estable tan abierta contradicción en los
términos: la igualdad de desiguales. Esos países son, todos, los que
forman lo que se llama el “centro” del patrón actual de poder. En los
demás, en la “periferia”, cuando opera lo hace siempre de manera
parcial, precaria o inestable, cuando no es manejada como una farsa. Y
en la mayoría de esos países aún es una aspiración ideológica colocada
en la agenda de las luchas políticas. ¿Qué explica y otorga sentido a
esa desigual distribución de la ciudadanía entre los individuos de la
especie humana y del moderno Estado-nación entre los países del mundo
actual?
La idea de ciudadanía universal de los individuos es un producto de la
modernidad que se inicia con América, a fines del siglo XV, y de su
específica racionalidad.
Implica, primero, la hegemonía de la idea de igualdad, autonomía y libertad de los individuos, lo que es una mutación de la subjetividad respecto de toda la historia previa. En segundo lugar, una redistribución importante del control del trabajo y de la autoridad pública, sobre todo.. Se trata de cambios radicales en la dimensión material de las relaciones sociales, apoyados y legitimados en la nueva subjetividad. En conjunto, esos cambios forman parte de la constitución de un nuevo patrón de poder.
III. SUGERENCIAS
- Consideramos que es imprescindible la participación, concientización y protagonismo de la sociedad civil (ya que si bien es cierto su participación solo debe justificarse ante la ausencia del aparato estatal, en estos tiempos en que la incertidumbre parece no solo ser la constante, permanente y muy peligrosa; y donde cada movimiento o partido no tienen otro reflejo menos acertado que “reciclarse”, “maquillarse” o reagruparse intrapartidaria o extrapartidariamente, con intenciones únicamente de viabilizar sus intereses/ apetitos partidarios; pero nunca en beneficio de la democracia y por ende del estado peruano, sobre en circunstancias tan cambiantes y de aldea global que hacen mas que impostergable y una urgente madurez estatal y acertada- acorde gestión, a los mismos) ; ahora mas que nunca.
- En ese sentido también consideramos necesaria la presencia y no únicamente olvido- represión hacia las comunidades campesinas, para estar no solo mas al tanto de su realidad y necesidades, sino también procurar dar soluciones objetivas y paulatinas que contribuyan a lograr su inclusión no solo al estado/ sociedad, sino también a esta actual realidad de constante vorágine de revolución tecnológica y científica.
- Consideramos además muy importante la capacitación constante y conciente como mejor aliado para poder estar en condiciones de poder afrontar en su debido momento de la forma mas adecuada con el compromiso de asumir un compromiso de dirección; porque la falta de estudio, de capacitación, de valores y sobre todo de improvisación... nos ha dado definitivamente históricos pésimos réditos.
- Finalmente, consideramos muy importante, la utilización de la democracia deliberativa y no solo participativa, como un importante sistema de legitimo control ciudadano.
- Consideramos que no solo el Perú (sino todos los países) se encuentran ante un serio compromiso por afrontar ante la nueva realidad global y liberal. Pero no creemos que la democracia deba necesariamente desaparecer para dar paso a nuevas/ formas de participación ciudadana, sino, mas bien que debe haber una reformulación pero de los sistemas institucionales y de un desentornillamiento de personas que no aportan nada positivo.
- La nueva tecnología de la aldea global no debe ser utilizada únicamente como de manipulación política (caso internet), para pasar a ocupar un lugar en la educación y capacitación masiva de los sectores menos recursos.
- Además, imprescindible la puesta en marcha del ejercicio de la democracia deliberativa (de control ciudadano del poder legado al estado) y no únicamente el ejercicio de la democracia representativa. Dado que lo contrario seguiremos siendo cada vez mas y vilmente utilizados por los políticos y/o partidarios para alcanzar sus propósitos personales.
IV. CONCLUSIONES
- Apreciamos la cada vez mas constante la aparición de nuevas alianzas partidarias “los casualmente otra vez frentes democráticos” (hasta las mas insospechadas, disímiles y nada ortodoxas) uniendo a representantes de derecha, centro e izquierda, presentándose como una nueva configuración partidista que lo único que en realidad son mas de lo mismo “simples empresas y micro empresas electorales o electoreras” que definitivamente carecen de la mínima intención de conseguir un real cambio en es estado peruano (de salir elegidos, claro).
- Además, es necesario dejar en claro que el nuevo aparición en escena, si acaso protagonismo o liderazgo, de las sociedades campesinas y nativas, fenómeno que no hace mas que evidenciar la errónea que es la gestión del gobierno, la mayoría de las veces únicamente orientada a la ejecución de las clamorosamente equivocadas medidas populistas.
- Hoy mas que nunca la democracia actual muestra una imagen distorsionada/ desnaturalizada, ya ofrece una triste performance como una “igualdad solo de desigualdades”, donde siempre se procuran las típicas reformas hechas única y exclusivamente para que nada cambie, en beneficio de intereses y apetitos individuales o políticos y no le hace favor alguno a esta aun emergente desarrollo.
- Lamentablemente los políticos últimamente están utilizando a la ciudadanía, pero con una novedad, que son las etnias (caso, Evo Morales en Bolivia). En efecto, ahora vemos que se apela a las razas para poder capitalizar su propósito nada santo. Apelando equivocadamente a una nueva forma de entender la “democracia”.
- Los ciudadanos se sienten cada día más lejos de sus representantes políticos y los sistemas menos legitimados, en suma: no se sientes representados, lo cual es preocupante cuando apreciamos que muchas veces por la globalización imperante la soberanía de los Estados cede mayores espacios al mercado y a otras instituciones transnacionales.
- Lamentablemente apreciamos un único, constante y permanente ejercicio de la democracia participativa, mas no además, de la democracia deliberativa (de control ciudadano al poder estatal); como debiera ser.
V. BIBLIOGRAFÍA
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- Teubner, Gunter. EL DERECHO COMO SISTEMA AUTOPOIETICO DE LA SOCIEDAD
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- Valdivia Cano, Juan Carlos. FUNDAMENTOS DE LOS DERECHOS HUMANOS.
Fundación Luis de Taboada Bustamante. Arequipa- Perú. 2002.
- Valdivia Cano, Juan Carlos. LA CAJA DE HERRAMIENTAS. Impresiones
Zenit. Arequipa- Peru. 1998.
- Seijas Renjifo, Teresa de Jesús. INSTITUCIONES DE DERECHO CIVIL
CONTEMPORÁNEO. Talleres Gráficos Yovera Silva. Lima- Perú. 2004.
Ex Secretario General de la Municipalidad del Distrito de Asia. Doctorando en Administración por la Universidad Nacional Federico Villarreal. Egresado del Doctorado en Derecho, de las Maestrías en Derecho Empresarial y Derecho Penal, por la misma Casa Superior de estudios; y del I Nivel del VII Curso del Programa de Formación de Aspirantes a Magistrados de la Academia de la Magistratura. Abogado por la Universidad Católica de Santa María de Arequipa (Perú). Ex Conciliador del Centro de Conciliación Extrajudicial Paz y Vida, Arbitro de Derecho y Conciliador Extrajudicial. Post grado en Derecho Registral y Notarial. Especialista en Comercio Exterior y Aduanas, Análisis del Código Procesal Civil, Derecho Penal Aplicado, Perfil Académico para la Magistratura y en Derecho Público. Diplomado en Razonamiento Jurídico y Análisis de Sentencias del Tribunal Constitucional, Enseñanza Superior del Derecho, Litigación Avanzada, Oratoria y Presentaciones de Impacto, Derecho Empresarial, Laboral, Procesal Constitucional, Procesal Penal, Derecho de Familia del Niño y del Adolescente; y en Civil y Procesal Civil. Estudios de Filosofía, Psicología, Marketing, Italiano, Inglés y Traductor Intérprete del Idioma Portugués avanzado.
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