La titulación en los posgrados
19-10-2009
Continuando con esta línea temática tan interesante dedicada al análisis
de los posgrados en educación, quiero centrarme específicamente en los
que se ofertan en el estado de Veracruz, y con la responsabilidad que
comparto como docente formada en esta entidad y también como formadora
de docentes, agradezco la invitación para escribir sobre este tópico.
La problemática más sensible que se presenta actualmente en los
posgrados tiene que ver con la titulación de sus egresados, la cual se
hace notoria hasta que al paso del tiempo y de egresar varias
generaciones de estos programas el número de pasantes es elevado.
Con la intención de abatir los números negativos respecto a la
titulación de egresados empiezan a diversificarse las formas de
titulación, pero el que existan alternativas diferentes a la
investigación no es el problema en sí, considero que el inconveniente se
da respecto a la falta de criterios comunes para la titulación en las
diversas instituciones de educación superior que ofertan programas de
posgrado.
Esta falta de criterios tiene que ver con el hecho de que cuando surgen
los posgrados de educación en la entidad, a principio de la década de
los 90’s, su finalidad estaba, y sigue estando centrada, en contribuir a
la formación, la actualización y el perfeccionamiento profesional del
magisterio en servicio, más que a formar investigadores, por lo tanto,
los alumnos de estos programas en su mayoría son profesores frente a
grupo o en actividades técnico-pedagógicas, que tienen la intención de
seguir preparándose, pero que el tiempo que dedican a esta actividad son
los fines de semana.
Las exigencias iniciales para la titulación de los programas se
constreñían a trabajos de investigación, los cuales tenían que estar
centrados obviamente en el campo en que se desarrollaban los egresados,
cuestión difícil cuando se tiene apenas el tiempo suficiente para
cumplir con las actividades que demanda el cubrir un plan y programas de
la materia o materias que los docentes imparten en sus centros de
trabajo, y si a esto le añadimos que no existía el cuerpo académico que
pudiera asesorar y acompañar las investigaciones de los docentes-alumnos
debido a que en la entidad se contaba con un censo muy pobre de
titulados en maestrías y doctorados que pudieran dirigir los trabajos,
es obvio que el problema se acrecentaba.
En relación con lo antes expuesto, y ante la presión del sistema por
entregar número positivos en este aspecto, cada programa empezó a buscar
sus propias estrategias para titular a los egresados, esto en el mejor
de los casos, porque también hubo programas que no se interesaron
durante años por hacerlo y es hasta ahora que por medio de seminarios de
titulación establecen alternativas que no tienen nada que ver con los
objetivos iniciales de los posgrados.
Si se busca formar profesionales que formen docentes lo lógico es que la
alternativa de titulación vaya de la mano con esta visión, no es
éticamente válido titularse con una intervención pedagógica o con un
diagnóstico de una institución, por citar un ejemplo de tantos.
Es preciso que se unan esfuerzos y que quienes tienen la difícil tarea
de dirigir las instituciones que ofertan posgrados propongan
alternativas de titulación congruentes con los objetivos de los
programas. Si la intención es darle la oportunidad a los egresados de
obtener el grado, lo cual a su vez les permitiría a las instituciones
rendir “buenas cuentas”; resulta necesario establecer que por lo menos
los candidatos justifiquen académicamente la elección de la opción de
titulación, cuidando que sea congruente con la especialidad, maestría o
doctorado que cursaron.
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Oswualdo Antonio González
Maestro en Políticas Públicas Comparadas por la
FLACSO-México.
oswualdoaarrobayahoo.com.mx