La idea de que el éxito del negocio depende tanto de contar con un
buen producto o servicio, como de preocuparse por la comunidad a la que
se dirigen, hoy sustenta cientos de iniciativas de apoyo pero No está
bien que una responsabilidad más próxima sea desplazada por una más
lejana, entendiendo que esta proximidad o lejanía no se mide sólo en
términos geográficos El término responsabilidad social casi no existía
hace diez años.
El tema de la responsabilidad social en el ámbito empresarial es hoy un
lugar común y de moda. Verdaderos recursos y caudales de tinta se han
consumido para destacar su importancia y promover sus ventajas. Nos
topamos con él prácticamente a diario: revistas, libros, boletines y
periódicos, congresos internacionales, foros, conversatorios, encuentros
sectoriales, avisos publicitarios de todos los colores y sabores,
periodistas, empresarios, consultores y académicos se encargan de
recordarnos con insistencia sus bondades. Nadie puede estar ausente de
esa cita. Quien de una manera u otra no tenga conexión con un proyecto
de esa naturaleza, “no está en nada” o simplemente está desfasado.
De hecho, creo que es, en parte, la razón por la que estoy escribiendo
estas líneas. Mi ser se resiste a quedar relegado a la triste condición
de “excluido”.
Aprovechando el caos que se ha generado por cuenta de la reparación de
las pistas de Lima y la consiguiente demora en el tránsito, conllevando
a que haya cancelado la reunión a la que iba, he encontrado un espacio
para la reflexión y para estampar unas pocas ideas en este artículo.
Es obvio que el supremo bien jurídico a mantener es el ente empresario, dado que sin él no hay posibilidad de interactuación productiva alguna. Pero es también obvio que el matiz, la intensidad del color, la calidad del clima de trabajo, son reflejo de las actitudes, aptitudes, valores y conductas de quienes trabajan en la empresa. Tanto desde la gestión, la dirección, como desde la administración y la operatoria, un ente termina siendo el resultado de la sumatoria algebraica de las calidades de la gente que lo integran. El buen clima de trabajo es una construcción de todos. Es el producto de un acuerdo entre quienes participan de la organización de relacionarse de una manera saludable.
El buen ejercicio de la autoridad (sin autoritarismos), el diálogo, la exigencia razonable y equilibrada, el mantener canales de comunicación francos y abiertos, la transparencia en el conocimiento de la marcha del ente, la responsabilidad sin el ingrediente del temor, y la capacidad para repartir equitativamente el premio del esfuerzo, son los pilares básicos de una "meteorología laboral" donde la concordia y la armonía, existen, sin que por ello dejen de complementarse con el esfuerzo imprescindible para cumplir los objetivos de la empresa. Cuando todos sienten que una porción de la marcha del ente, está involucrada en su propia actitud, tenemos un tejido social sólido que prolonga la vida de la empresa. Todo lo anterior no es posible sin políticas concretas de remuneraciones y lugares de trabajo dignos, de programas de capacitación permanente, de duración razonable de la jornada laboral, de reconocimientos periódicos de méritos y deméritos lo que da lugar a una importante sensación de justicia y equidad. La actitud colectiva de cumplimiento de la ley, así como la inserción de valores que preserven este clima (algo así como que el oxígeno es de todos y nadie debiera contaminarlo) incorporado a los que integran el proyecto empresarial, son lubricantes fundamentales para que el clima sea positivo. Desde el servicio médico, comedor, gimnasio, economatos, seguros de vida, becas y uniformes, transportes, actividades deportivas y culturales, juguetes, canastas y fiestas navideñas, premios, auxilios ante situaciones de emergencia, y en los mejores casos, preparación y pensión para la jubilación.
Si lo pensamos bien, son ideas sencillas, de sentido común. A nadie
se le ocurre ir a apagar el fuego en la casa del vecino mientras su
propia casa arde en llamas. No se trata de complicarle la vida a nadie.
Basta con poner un poco de orden, es cuestión de establecer reales
prioridades.
Parafraseando a Covey, es tener claro que ‘primero es lo primero’. Lo
interesante del principio de proximidad - es que “no sólo sirve para
actuar bien sino que además ayuda a direccionar los esfuerzos de nuestro
trabajo”. Si queremos impactar positivamente la sociedad, es necesario
guardar un orden, empezar la tarea por el principio. Es que es muy
difícil que podamos influir seriamente en nuestro país, si no asumimos
primero la responsabilidad de nuestra familia y de nuestra empresa.
Sean bienvenidos todos los proyectos de responsabilidad social. Tenemos
que ser solidarios y con altas dosis de generosidad. La sociedad lo
necesita. Así conseguiremos un mundo mejor, más justo, más humano. Pero
antes de traspasar las puertas de la empresa, conviene echar un vistazo
a la casa por dentro. No lo olvide, la responsabilidad social empieza
por casa.
“Es importante que un objetivo nunca se defina en términos de actividad
o de métodos. Debe estar siempre directamente relacionado con el modo en
que la vida sea mejor para todos. El objetivo del sistema debe estar
claro para todo aquél que pertenezca al sistema. El objetivo debe
incluir planes de futuro. El objetivo es un Juicio de Valor”
Dr.W Edwards Deming.
Mg. Luis Adolfo Meneses Romero
Ejecutivo Senior, Magíster graduado en la Maestría en Dirección Estratégica de Empresas en la Pontificia Universidad Católica del Perú – CENTRUM. Con una amplia experiencia profesional y laboral de 25 años de servicio, tanto en el sector público y privado. Profesional en Administrador de Empresas de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, con entrenamiento especializado profesional como Experto en Logística y Operaciones con un Post Grado en ESAN, Experto en Gestión Administrativa y Gerencial con Post Grado en la UPC. Competente con una amplia experiencia en temas de Gestión Gerencial y Empresarial, Comercio Exterior, Compras, Operaciones Aduaneras, Recursos Humanos, Relaciones Industriales, Operaciones, Logística, Producción, Negociación, Desarrollo Organizacional, Gestión, Derecho Aduanero, Derecho Administrativo y Derecho Tributario. Gestor de Programas de Desarrollo, Capacitación y Entrenamiento Laboral. Experiencia en cargos de Dirección de Logística, Administración, Recursos Humanos, Operaciones y Dirección. Especialista en Gestión y Desarrollo del Capital Humano y habilidad para Liderar, administrar, dirigir, conducir y gestionar equipos humanos a la consecución de los objetivos delineados y al logro de resultados. Gran adaptabilidad a nuevos entornos y labores bajo presión y que requieren capacidad y competencia profesional. Especialista en Logística privada y pública con amplia experiencia. Conocedor de la legislación de Contrataciones y Adquisiciones del Estado y de las del Sistema Nacional de Control, como de las modernas herramientas, técnicas y estrategias de la logística, a fin de gestionar los procesos de abastecimientos, transformación y distribución al menor costo, en el tiempo oportuno, lugar adecuado y calidad requerida; bajo el enfoque de convertir en una fuente de ventaja competitiva la administración de la cadena de abastecimientos de la Empresa. Agente de Aduanas con amplio conocimiento y experiencia en operaciones de comercio exterior y conocedor de la legislación tributaria, aduanera, administrativa y de comercio exterior.
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