Las diferentes economías – apremiantes en más de un caso como para
sobrevivir con un solo ingreso – obligó a que la mujer desde la casa o
fuera de ella, sume más ingresos para el bienestar económico de la
estructura familiar. Con este ingreso obligado al ruedo laboral, la
mujer descubrió tres cosas: Podía competir con igualdad de resultados
contra un hombre en más de una faena. Podía generar su propio ingreso
económico, lo cual considero que es la base de la verdadera y anhelada
independencia femenina. Y el punto más importante: Descubrió que para
determinados trabajos en el competitivo mundo de hoy, contaba con
habilidades claves que desarrolló durante esta hibernación histórica.
Me refiero concretamente a las habilidades de relacionarse y de llegar a
acuerdos. Técnicamente llamadas "Servicio al Cliente" y "Ventas". La
explicación que daré a continuación parece hogareña pero no por eso es
menos ilustrativa. En un mundo históricamente machista, la mujer cumplía
el rol de servir a los demás. No sólo a su núcleo familiar sino hasta a
las visitas de los mismos. Esta habilidad – de servir bien sin mirar a
quien – se aprende desde pequeña en las casas. La segunda habilidad, la
de tener facilidad de llegar a un acuerdo, tiene dos fuentes de
aprendizaje obligado. La primera, los hombres – en especial a
determinada edad – nos entendemos a los puñetes más que con las
palabras.
Situación diferente a la de las mujeres, quienes recurren a las
palabras – salvo excepciones – para establecer puntos de acuerdo con
otra persona. La segunda fuente de aprendizaje ( volvemos otra vez al
hogar promedio ), fue la transición de soltera a casada y luego a madre.
Donde ante el primer problema entre los hijos, el padre macho esgrimía:
"A ver, fijate qué pasa con tus hijos". O bien: "Haceme el favor de
arreglar ese problema", conocida frase elástica que podía pasar por
inconvenientes tales como que el perro del vecino ladraba mucho, que el
jardinero podó mucho un árbol o que había subido inexplicablemente la
factura del agua y necesitaba hacerse un reclamo "face to face". En fin,
la mujer integrante de un hogar machista se hizo experta en resolver
problemas – mediante el diálogo, insisto - sin tener que recurrir a la
fuerza.
La prehistoria dejó su huella
Lo curioso es que esta revancha viene germinando desde la misma
prehistoria, pero hoy cobra protagonismo sorprendente. Hace millones de
años existían homínidos – primates bípedos – que salvando distancias
eran a cabalidad parientes nuestros, entiéndase, parte del origen del
hombre. Los antropólogos, al estudiar las costumbres de estos homínidos
y posteriores evoluciones, encontraron algo realmente sorprendente: En
sus comunidades adoraban a las diosas. Vasijas de barro muestran
claramente la admiración por figuras femeninas de pechos grandes y
barriga prominente, es decir, por las embarazadas. El razonamiento
primario y práctico de nuestros viejos antecesores tenía su lógica: La
mujer cazaba, peleaba, corría, mordía y roncaba igual que el hombre…
pero aparte paría. Daba a luz. Era la usina generadora de más crías (
integrantes ), para sus tribus. Y como es sabido hasta el día de hoy,
una tribu con más integrantes que otra podía hacer valer esa supremacía
por la fuerza, avasallarla, conquistarla. La figura del hombre
prehistórico vestido con piel de leopardo que le pega un garrotazo a la
mujer y la arrastra hasta la cueva, no es otra cosa que una estupidez
extrema llevada al campo del comic ( historieta ). Nada más alejado de
la realidad. Prueba de ello es que 9.000 años antes de encontrar los
escritos de Anatolia, recién el hombre razona y deduce que él algo tenía
algo que ver con la procreación.
Sin embargo ocurre – según los investigadores – un hecho revelador que
marca la primera gran brecha del poder macho. Con la aparición del arado
cambia la historia de la mujer diosa a mujer relegada. Basta entender
que en épocas distantes como aquellas, el arado ( un palo aguzado jalado
por correas ), era arrastrado tanto por hombres como por mujeres. Ni
pensar en animales, todavía. Pero había un problema: Una mujer en estado
avanzado de embarazo podía abortar al jalar el arado, léase: Perder una
cría para la tribu. Entonces… la mujer fue destinada a cuidar y poner en
orden las pertenencias de la tribu, cuidar y educar a las crías mismas (
hijos ), mantener encendido el fuego en la hoguera, etc. Lo que hoy
entendemos por extensión como "tareas hogareñas". Mientras tanto la
función del hombre era una, simplemente una: Conseguir recursos para la
tribu, cazar. Simplemente eso. Si estudiamos un poco de neurobiología,
en especial la creación de neuronas y sus conexiones en el cerebro,
podemos llegar a la conclusión de que somos animales asociativos. No hay
donde perderse en este concepto básico del campo del procesamiento de
ideas. Por ende, volviendo a la prehistoria, el tiempo esculpió
diferencias sustanciales en el cerebro femenino y masculino. Porque
mientras estaba atenta a más de una tarea la mujer desarrolló el
pensamiento en red. Por su parte el hombre desarrolló el pensamiento
paso a paso. Prueba de esta diferencia de procesamiento de información,
es que la corteza prefrontal ( denominada el ejecutivo del cerebro ), de
la mujer es más grande que la del hombre. De allí que desde siempre y
hoy se nota mucho más, la mujer capta más detalles del mundo que la
rodea y puede realizar varias tareas al mismo tiempo, sin perder el hilo
de ninguna. El hombre, contrariamente, es más analítico, experto en
compartimentar su atención. Primero esto, luego esto otro y finalmente
esto…
Basta concluir que entonces no existe la intuición femenina.
Simplemente, las mujeres están genética e históricamente mejor
preparadas para tener éxito en el mundo laboral de hoy. Un ambiente
altamente competitivo y agresivo donde saber relacionarse y tener la
voluntad de llegar a acuerdos son las claves. Un terreno donde el
procesamiento rápido de mucha información o variables, marca la
diferencia entre una decisión sabia, oportuna o bien la puerta abierta a
un desastre empresario o comercial.
Las mujeres están marcando tendencias
Quien hoy no haya observado que las grandes redes relacionales y de
trabajo, denominadas Networking, están en manos de mujeres… es que se
quedó ciego o sufre de avanzada miopía. Vayamos a otro extremo
relacional: Internet. Los estudios demuestran que las mayores usuarias
de redes relacionales ( desde sociales como Facebook hasta empresarias
como Xing ), son mujeres, que bien utilizan esos canales ilimitados de
información interactiva – ida y vuelta – para generar nuevos y más
negocios. Negocios que en más de un caso ha tenido que forjar a capa y
espada, porque todavía existe un "techo de cristal" en gobiernos,
instituciones públicas, corporaciones y empresas de todo tipo, que
impiden que la mujer llegue hasta el estrato superior de la
organización.
Esas mujeres, hoy capacitadas, con ingresos propios, con habilidades
claves para hacer sonar la caja registradora, maestras innatas en manejo
de relaciones, se han convertido en una raza incontrolable de
emprendedoras. Mujeres que han dejado la comodidad y estabilidad del
empleo dependiente y se han animado a crear sus propias empresas o
unidades de negocios. Ya en el año 2002, como ejemplo de esta ola
incontenible de talento, nueve millones de mujeres norteamericanas eran
dueñas de su propio negocio. Y la cifra sigue creciendo… Pero aún las
mujeres deben seguir batallando contra situaciones incomprensibles.
No todo es color de rosas
La OIT ( Organización Internacional del Trabajo ), acaba de difundir un
informe en su Seminario IGUAL PAGO POR TRABAJO DE IGUAL VALOR, donde la
brecha salarial entre hombres y mujeres varía entre el 12 % en los
países nórdicos hasta un 50 % en África. En Bolivia, país donde radico,
la situación no es nada agradable. La brecha va del 28 % al 63 % ( en
zonas rurales ). Si su pregunta es por qué existe esta notable
diferencia de remuneración, la respuesta es dura: Por ser mujer.
A esta injusta brecha hay que sumar otros problemas típicamente
femeninos en el campo laboral, como por ejemplo, la puesta en duda de
cómo ascendió una mujer a puestos claves de la empresa, situación que ni
se discute o habla si se trata de un hombre. Y finalmente, a mi criterio
la más preocupante, también resabio de la esencia prehistórica del macho
hombre, ex generador único del pan de cada día, es que no aguantan,
toleran ni entienden que una mujer tenga éxito o más ingresos que ellos.
De allí que muchas mujeres exitosas de hoy viven condenadas a futuros
divorcios, relaciones tirantes con pareja e hijos, constantes
autoculpas, etc. No en vano se dice que el hombre le tiene miedo al
fracaso y la mujer le teme al éxito. Será cuestión de comenzar a romper
ese esquema antiguo de pensamiento para que las mujeres comiencen a
disfrutar más esta época de oro que a la vista no tendrá fin.
Consultor argentino de Marketing & Comunicación, radicado en Bolivia. Trainer empresarial. Más de 175.000 personas han asistido a sus conferencias, Cursos, talleres y seminarios sobre Ventas, Servicio al Cliente, Motivación, Sinergia Laboral, Finanzas Personales, Negociación y Desarrollo de Habilidades Ejecutivas, entre otros.
Website: www.pedrocabrera.com
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