El planteamiento comienza con las constantes geopolíticas a nivel
mundial, con la competencia de las dos superpotencias: los Estados
Unidos y la Unión Soviética y la ubicación de la América Latina en ese
marco de referencia. A continuación considera las constantes
geopolíticas iberoamericanas desde el siglo XVI hasta el presente,
destacando los esfuerzos integracionistas realizados después de la
Segunda Guerra Mundial mediante el Mercado Común Centroamericano, la
Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, Urupabol, Cuenca del
Plata, Pacto Andino, Sistema Económico Latinoamericano y Pacto
Amazónico.
Más adelante señala los cambios profundos que se están operando en el
Caribe, istmo de Panamá, el Brasil, Bolivia, la Cuenca del Plata, la
Antártica y la actividad de la Comisión Trilateral operando en toda el
área desde fuera del continente, para imponer un modelo de desarrollo
ajeno a las necesidades latinoamericanas.
Antes de entrar en su visión de la América Latina, el autor explica con
admirable síntesis y precisión algunos esquemas geopolíticos
continentales partiendo de Carlos Badía Malagrida y pasando por Mario
Travassos, Golbery do Couto e Silva, Gustavo Cirigliano, Enrique
Guglialmelli hasta Osiris Villegas.
El autor afirma que gracias al desarrollo de la integración física en la
América del Sur, las fronteras interiores han cobrado una dinámica
importante que las induce a desempeñar un papel relevante en la
movilización de bienes, capitales y personas tanto en el orden nacional
como intercontinental.
Los riesgos a afrontar por los Estados nacionales se manifiestan en la
influencia de los espacios organizados plurinacionales sobre vacíos
demográficos nacionales vulnerables. Ello obliga a los Estados
nacionales a promover prioritariamente la integración nacional.
Destaca luego las nuevas tendencias de ocupación espacial poniendo los
ejemplos de Bolivia en su relación con sus propios espacios vacíos y su
proyección hacia el mar, la expresión del Chaco y la cuenca del
Amazonas.
Para el autor la geopolítica latinoamericana tiene una aspiración
concreta: la integración continental, un objetivo prioritario, la
integración nacional y una inquietud constante, para qué y para quién
nos integramos.
La auténtica integración iberoamericana, nacional e internacional, debe
ser una respuesta a las doctrinas geopolíticas y económicas mundiales,
con planes propios para satisfacer necesidades genuinas. Iberoamérica,
en el diálogo Norte-Sur, debe sentirse como asociada y no como asistida
al nuevo orden económico mundial.
El autor nos proporciona entonces varias reflexiones para arribar al
problema de fondo y así extrae una primera inducción por la cual la
independencia política y formal de los Estados hispanoparlantes y el
Brasil los canalizaron hacia una división internacional del trabajo y a
transformarlos en países periféricos de Europa y los Estados Unidos
La balcanización de Iberoamérica les quitó posibilidades al proceso de
integración regional y continental. Esta política de fraccionamiento fue
inducida y fomentada desde afuera en conexión con elementos internos
sujetos a los mismos intereses.
Una segunda inducción nos indica la existencia de un auténtico
pensamiento iberoamericano dado por Drago, Sáenz Peña, Rodó, Ugarte,
Pereyra, Darío y de muchos otros
Una tercera inducción señala que el proceso de integración político,
socioeconómico y cultural de Iberoamérica encontrará respuesta no tanto
en la razón como en la voluntad. Además de un impulso político la
integración demanda la participación del pueblo porque no tenemos
alternativas: o nos integramos o nos integran.
Una cuarta inducción es que el desarrollo necesita grandes espacios
económicos y una política económica de integración de esencia
humanística, debe necesariamente reducir los límites de la miseria para
convertirla en simple pobreza.
De e3sta suerte se nos lleva la quinta inducción que expresa que en
Latinoamérica es imprescindible una visión nacional del problema
económico y sus respectivas estrategias en función del hombre y no de
metas económicas innovadoras, ya que las innovaciones no significan
obligatoriamente progreso si no está dirigida al hombre, a la economía
nacional y regional, pues estimulando la polarización pueden
desarticularse.
La sexta inducción nos indica que en los planteamientos nacionales debe
insertarse el conocimiento y la aplicación de la filosofía de la
integración y que el desarrollo nacional no debe implantarse para
favorecer a ciertos sectores sino para beneficiar a toda la sociedad.
Todo proceso de integración continental, a veces, no coincide con el
desarrollo nacional, si tiene consecuencias adversas al proyectado. La
interdependencia de ambos debe ser cuidadosamente analizada.
La integración diseñada por la Comisión Trilateral es bien distinta de
la que anhelamos los latinoamericanos. De ahí que la séptima inducción
nos indica que la integración debe partir del espacio nacional para
conectarse con el regional y luego con el continental.
Por último, Quagliotti de Bellis nos propone una octava inducción al
afirmar que el proyecto nacional es la razón de un país y tiene un
enfoque estrictamente geopolítico; el plan de desarrollo es uno de sus
medios y tiene un enfoque exclusivamente técnico de la cuestión.
Con estas reflexiones, al autor nos lleva a su esquema geopolítico
continental relacionado con la América del Sur. En su espacio distingue
la conformación en diferentes áreas de “núcleos cohesivos unidos por
ejes socioeconómicos a centros de desarrollo que irradian fuerzas
geopolíticas hacia zonas que encuentran importantes reservas naturales y
estratégicas, o bien, representan puntos clave para establecer una
infraestructura de servicios a nivel regional”.
De esta forma considera:
• Río de Janeiro-San Pablo-Santos que se proyecta a Brasilia y al Norte,
a la conquista del “cerrado”, extensa zona del Planalto.
• Río de la Plata, formado por el cinturón urbano La Plata-Buenos
Aires-Rosario desde el lado argentino y por Montevideo en la Banda
Oriental del Uruguay, con proyección hacia la Pampa húmeda y la
República Oriental del Uruguay.
• Santiago de Chile-Valparaíso, con proyección en la región centro
chilena.
• Lima, relacionado con el eje Chiclayo-Trujillo-Chimbote al Norte y por
Arequita al Sur.
• Manaus en el centro de Amazonia, tocando y penetrando en los puntos
más sensibles de las fronteras de sus vecinos amazónicos.
• Santa Cruz de la Sierra, en el centro del oriente boliviano, esperando
el desarrollo integrado de las cuencas del Pilcomayo y del Bermejo. Está
en el centro geopolítico sudamericano , con inmensas reservas de
energía, hierro, manganeso, cobre, estaño, gas natural, agricultura y
ganadería subtropical, etc.
• Porto Alegre-Río Grande al sur de Brasil con desarrollo agropecuario,
petroquímico e industrial, actuando en los corredores de exportación del
sur de Brasil en el sentido de los paralelos con influencia desde
Asunción del Paraguay hasta el norte de la República Oriental del
Uruguay y provincias del nordeste de Argentina.
• Antofagasta-Iquique-Arica, en íntima relación con La Paz y Salta y su
proyección sobre el noroeste argentino (GEICOS), el Paraguay y el alto
boliviano
Evaluación
Indudablemente Quagliotti de Bellis acierta al ubicar la problemática
integracionista latinoamericana como la única alternativa en la
evolución del mundo moderno como una respuesta válida, propia y definida
ante la disyuntiva de que nos integramos o nos integran. El proceso
integracionista del autor tiene los siguientes caracteres:
• Sólo se ocupa del espacio sudamericano porque quizás, aunque no lo
exprese, hablar de una integración con América Central y el Caribe con
la presencia de Estados Unidos es, por el momento, impracticable.
• El autor no admite una integración manejada por la Comisión Trilateral
(ALCA) porque no responde a los intereses latinoamericanos. En
consecuencia no comparte la tesis de la soberanía limitada de Golbery do
Couto e Silva, ni una integración bajo la hegemonía brasileña, tal como
lo deseaba el citado autor.
• Está en contra de toda integración hegemónica a favor de un país en
Sudamérica, porque señala diversas áreas geopolíticas con vida propia
interactuando en el contexto continental, sin las cuales no se pueden
prescindir para la organización del espacio sudamericano.
• La integración continental no debe ir en desmedro de la integración
nacional,. Más aún, éste es prioritaria y debe seguir los lineamientos
de aquélla, en el sentido de no dejar espacios vulnerables nacionales a
intereses extra continentales. Por eso el autor destaca la necesidad de
determinar quién integra y para qué se integra
• Es un esquema original que muestra las actuales variables geopolíticas
sudamericanas con sus tendencias y posibilidades acentuadas en la
organización polarizada del espacio con sus ejes de influencia e
interacción, en donde la integración física del interior del Continente
alcanza una dimensión de primer orden.
Geosur
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com © 2008 Carlos López / Webprofit Ltda.
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |