Geopolítica latinoamericana de integración

Autor: Bernardo Quagliotti Bellis

Globalización e integración internacional

29-01-2008

Este destacado geopolítico uruguayo, cuyos escritos y conferencias han trascendido las fronteras de su patria y han merecido el elogio de relevantes personalidades sudamericanas, publicó en 1979 un folleto titulado “Constantes geopolíticas en Iberoamérica”, editado por GEOSUR, Montevideo.

El planteamiento comienza con las constantes geopolíticas a nivel mundial, con la competencia de las dos superpotencias: los Estados Unidos y la Unión Soviética y la ubicación de la América Latina en ese marco de referencia. A continuación considera las constantes geopolíticas iberoamericanas desde el siglo XVI hasta el presente, destacando los esfuerzos integracionistas realizados después de la Segunda Guerra Mundial mediante el Mercado Común Centroamericano, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, Urupabol, Cuenca del Plata, Pacto Andino, Sistema Económico Latinoamericano y Pacto Amazónico.

Más adelante señala los cambios profundos que se están operando en el Caribe, istmo de Panamá, el Brasil, Bolivia, la Cuenca del Plata, la Antártica y la actividad de la Comisión Trilateral operando en toda el área desde fuera del continente, para imponer un modelo de desarrollo ajeno a las necesidades latinoamericanas.

Antes de entrar en su visión de la América Latina, el autor explica con admirable síntesis y precisión algunos esquemas geopolíticos continentales partiendo de Carlos Badía Malagrida y pasando por Mario Travassos, Golbery do Couto e Silva, Gustavo Cirigliano, Enrique Guglialmelli hasta Osiris Villegas.


El autor afirma que gracias al desarrollo de la integración física en la América del Sur, las fronteras interiores han cobrado una dinámica importante que las induce a desempeñar un papel relevante en la movilización de bienes, capitales y personas tanto en el orden nacional como intercontinental.

Los riesgos a afrontar por los Estados nacionales se manifiestan en la influencia de los espacios organizados plurinacionales sobre vacíos demográficos nacionales vulnerables. Ello obliga a los Estados nacionales a promover prioritariamente la integración nacional.

Destaca luego las nuevas tendencias de ocupación espacial poniendo los ejemplos de Bolivia en su relación con sus propios espacios vacíos y su proyección hacia el mar, la expresión del Chaco y la cuenca del Amazonas.

Para el autor la geopolítica latinoamericana tiene una aspiración concreta: la integración continental, un objetivo prioritario, la integración nacional y una inquietud constante, para qué y para quién nos integramos.

La auténtica integración iberoamericana, nacional e internacional, debe ser una respuesta a las doctrinas geopolíticas y económicas mundiales, con planes propios para satisfacer necesidades genuinas. Iberoamérica, en el diálogo Norte-Sur, debe sentirse como asociada y no como asistida al nuevo orden económico mundial.

El autor nos proporciona entonces varias reflexiones para arribar al problema de fondo y así extrae una primera inducción por la cual la independencia política y formal de los Estados hispanoparlantes y el Brasil los canalizaron hacia una división internacional del trabajo y a transformarlos en países periféricos de Europa y los Estados Unidos

La balcanización de Iberoamérica les quitó posibilidades al proceso de integración regional y continental. Esta política de fraccionamiento fue inducida y fomentada desde afuera en conexión con elementos internos sujetos a los mismos intereses.

Una segunda inducción nos indica la existencia de un auténtico pensamiento iberoamericano dado por Drago, Sáenz Peña, Rodó, Ugarte, Pereyra, Darío y de muchos otros

Una tercera inducción señala que el proceso de integración político, socioeconómico y cultural de Iberoamérica encontrará respuesta no tanto en la razón como en la voluntad. Además de un impulso político la integración demanda la participación del pueblo porque no tenemos alternativas: o nos integramos o nos integran.

Una cuarta inducción es que el desarrollo necesita grandes espacios económicos y una política económica de integración de esencia humanística, debe necesariamente reducir los límites de la miseria para convertirla en simple pobreza.

De e3sta suerte se nos lleva la quinta inducción que expresa que en Latinoamérica es imprescindible una visión nacional del problema económico y sus respectivas estrategias en función del hombre y no de metas económicas innovadoras, ya que las innovaciones no significan obligatoriamente progreso si no está dirigida al hombre, a la economía nacional y regional, pues estimulando la polarización pueden desarticularse.

La sexta inducción nos indica que en los planteamientos nacionales debe insertarse el conocimiento y la aplicación de la filosofía de la integración y que el desarrollo nacional no debe implantarse para favorecer a ciertos sectores sino para beneficiar a toda la sociedad. Todo proceso de integración continental, a veces, no coincide con el desarrollo nacional, si tiene consecuencias adversas al proyectado. La interdependencia de ambos debe ser cuidadosamente analizada.

La integración diseñada por la Comisión Trilateral es bien distinta de la que anhelamos los latinoamericanos. De ahí que la séptima inducción nos indica que la integración debe partir del espacio nacional para conectarse con el regional y luego con el continental.

Por último, Quagliotti de Bellis nos propone una octava inducción al afirmar que el proyecto nacional es la razón de un país y tiene un enfoque estrictamente geopolítico; el plan de desarrollo es uno de sus medios y tiene un enfoque exclusivamente técnico de la cuestión.

Con estas reflexiones, al autor nos lleva a su esquema geopolítico continental relacionado con la América del Sur. En su espacio distingue la conformación en diferentes áreas de “núcleos cohesivos unidos por ejes socioeconómicos a centros de desarrollo que irradian fuerzas geopolíticas hacia zonas que encuentran importantes reservas naturales y estratégicas, o bien, representan puntos clave para establecer una infraestructura de servicios a nivel regional”.

De esta forma considera:

• Río de Janeiro-San Pablo-Santos que se proyecta a Brasilia y al Norte, a la conquista del “cerrado”, extensa zona del Planalto.
• Río de la Plata, formado por el cinturón urbano La Plata-Buenos Aires-Rosario desde el lado argentino y por Montevideo en la Banda Oriental del Uruguay, con proyección hacia la Pampa húmeda y la República Oriental del Uruguay.
• Santiago de Chile-Valparaíso, con proyección en la región centro chilena.
• Lima, relacionado con el eje Chiclayo-Trujillo-Chimbote al Norte y por Arequita al Sur.
• Manaus en el centro de Amazonia, tocando y penetrando en los puntos más sensibles de las fronteras de sus vecinos amazónicos.
• Santa Cruz de la Sierra, en el centro del oriente boliviano, esperando el desarrollo integrado de las cuencas del Pilcomayo y del Bermejo. Está en el centro geopolítico sudamericano , con inmensas reservas de energía, hierro, manganeso, cobre, estaño, gas natural, agricultura y ganadería subtropical, etc.
• Porto Alegre-Río Grande al sur de Brasil con desarrollo agropecuario, petroquímico e industrial, actuando en los corredores de exportación del sur de Brasil en el sentido de los paralelos con influencia desde Asunción del Paraguay hasta el norte de la República Oriental del Uruguay y provincias del nordeste de Argentina.
• Antofagasta-Iquique-Arica, en íntima relación con La Paz y Salta y su proyección sobre el noroeste argentino (GEICOS), el Paraguay y el alto boliviano

Evaluación

Indudablemente Quagliotti de Bellis acierta al ubicar la problemática integracionista latinoamericana como la única alternativa en la evolución del mundo moderno como una respuesta válida, propia y definida ante la disyuntiva de que nos integramos o nos integran. El proceso integracionista del autor tiene los siguientes caracteres:

• Sólo se ocupa del espacio sudamericano porque quizás, aunque no lo exprese, hablar de una integración con América Central y el Caribe con la presencia de Estados Unidos es, por el momento, impracticable.
• El autor no admite una integración manejada por la Comisión Trilateral (ALCA) porque no responde a los intereses latinoamericanos. En consecuencia no comparte la tesis de la soberanía limitada de Golbery do Couto e Silva, ni una integración bajo la hegemonía brasileña, tal como lo deseaba el citado autor.
• Está en contra de toda integración hegemónica a favor de un país en Sudamérica, porque señala diversas áreas geopolíticas con vida propia interactuando en el contexto continental, sin las cuales no se pueden prescindir para la organización del espacio sudamericano.
• La integración continental no debe ir en desmedro de la integración nacional,. Más aún, éste es prioritaria y debe seguir los lineamientos de aquélla, en el sentido de no dejar espacios vulnerables nacionales a intereses extra continentales. Por eso el autor destaca la necesidad de determinar quién integra y para qué se integra
• Es un esquema original que muestra las actuales variables geopolíticas sudamericanas con sus tendencias y posibilidades acentuadas en la organización polarizada del espacio con sus ejes de influencia e interacción, en donde la integración física del interior del Continente alcanza una dimensión de primer orden.

Bernardo Quagliotti Bellis

Geosur

bquaglioarrobaadinet.com.uy

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