El primer factor desencadenante de esta crisis fue el gigantesco
déficit de la cuenta corriente, el cual en 1996 alcanzó el 8,2% del PNB
de Tailandia. Este déficit ejerció fuertes presiones a la sobre valorada
moneda de ese país.
El segundo factor fue la relación existente entre un yen débil y el
fuerte baht (moneda tailandesa) que incrementó las importaciones de
bienes japoneses cuya partida representa casi un tercio de las
importaciones totales de Tailandia. Así, pues, la fortaleza del baht es
la causa del aumento de su déficit comercial.
Un tercer factor se produjo con el incremento de la progresiva afluencia
de capital extranjero a corto plazo. Tailandia ha absorbido grandes
movimientos de fondos extranjeros a mediano y largo plazos,
probablemente esta afluencia ha sido demasiado elevada.
Las masivas inyecciones de capital extranjero dieron algunos beneficios,
han compensado el déficit por cuenta corriente y han aumentado las
reservas de divisas.
Pero, al mismo tiempo, han impulsaron las presiones inflacionarias
debido a la afluencia de dinero. Una parte de los fondos fue a parar al
sector inmobiliario y a sectores especulativos donde se crearon burbujas
económicas parecidas a las de Japón de finales de década de los 80. En
los últimos tiempos, los especuladores han utilizado de forma exagerada
los mercados financieros del país para obtener beneficios a corto plazo.
Para sintetizar, la crisis de Tailandia se debió a las burbujas
especulativas provocadas por las grandes afluencias de fondos del sector
privado a sectores, como el inmobiliario. La crisis tailandesa muy
similar al estallido de las burbujas especulativas de Japón, puede
considerarse una quiebra del mercado ocasionada por el desorden de una
moral peligrosa, o más concretamente, por la descomposición de las
normas éticas ante la perspectiva de obtener ganancias con facilidad.
Asia Oriental trató de impulsar sus exportaciones para emerger de la
crisis económica, agobiada por la caída de sus monedas y del consumo
interno. Más, a pesar de la mayoría de los pronósticos, esas economías
han logrado recuperarse.
La teoría económica convencional señala que, a pesar de todos sus
problemas, Asia Oriental deberá estar exportando mucho más que antes,
pues las devaluaciones aumentaron su competitividad en el mercado
mundial. En la mayoría de los países de Asia Oriental las exportaciones
crecieron de forma moderada, mientras se reducen los déficit de cuenta
corriente debido a la caída de las importaciones, ahora demasiado caras
para el bolsillo del consumidor de la región.
Las cuentas de Tailandia e Indonesia, al igual que las de Corea del Sur,
cuyo superávit comercial de enero de 1998 fue de 1 600 millones de
dólares, no son resultado de un aumento en las exportaciones, sino de la
caída de casi el 40% de las importaciones. Las importaciones de Corea
del Sur de petróleo, materias primas, bienes de capital y de consumo
caen de picada.
Los exportadores tailandeses no se beneficiaron en todo con la
depreciación de la moneda, pues varios países importadores tuvieron
menos poder de compra debido al lento crecimiento de la economía. Los
principales importadores de bienes tailandeses son, por lo general, sus
socios de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), Japón
y China, los cuales disminuyeron sus compras en 1997.
Indonesia es otro país con una fuerte dependencia de las importaciones
de otras economías de la región, como la ASEAN, Japón y Corea del Sur.
Las empresas japonesas hicieron grandes inversiones en el Este Asiático,
con la base del fuerte yen después del Acuerdo Plaza en septiembre de
1985, pero éstas también han descendido desde aproximadamente 1990. Las
inversiones japonesas en las economías asiáticas de reciente
industrialización alcanzaron su punto máximo en 1989 y en los países de
la ASEAN, en 1990.
La tendencia probablemente refleja el hecho de que las empresas niponas
tuvieron menos capital disponible para las inversiones en el extranjero
como consecuencia de la larga recesión.
En la segunda mitad de los años 80, la expansión a gran escala de las
empresas niponas en el Este Asiático produjo un tremendo impulso en el
crecimiento económico de la región y, por tanto, se predecía que el
descenso de las inversiones japonesas que empezó en 1990 tendría un
efecto negativo en el crecimiento del Este Asiático.
En comparación con el resto del mundo, estos países presentan unas
fuertes políticas macroeconómicas, poseen también una fuerte política en
la educación, unos altos tipos de ahorro nacionales y una relativa
estabilidad política.
Las estrellas del crecimiento económico del Este y Oeste Asiático se han
visto obligadas a revisar sus estrategias de industrialización que
dependen del fondo extranjero. Parte de los 70 millones de dólares de
los fondos absorbidos a fines de 1996 el 53%, según el Banco de Pagos
Internacionales correspondió a créditos de instituciones japonesas. De
ahí que sea natural que Japón ejerciera el liderazgo en la salida de la
crisis monetaria.
Iniciativa Chiang Mai
Como ejemplo de lo anterior es necesario hacer mención a la iniciativa
Chiang Mai (CMI) creada en el 2000 tras la crisis financiera asiática de
1997 y 1998, en la que participan los países que forman parte de la
ASEAN más China, Japón y Corea del Sur (ASEAN + 3). Esta iniciativa
constituye una red regional de swaps de reservas bilaterales que se
activarían en caso de necesidad, otorgando a los países participantes
una protección adicional para hacer frente a eventuales crisis. Algunos
observadores han visto en esta iniciativa el embrión de un Fondo
Monetario Asiático por el que, por otra parte, han abogado algunos
líderes en la región.
En la Iniciativa Chiang Mai los países participantes podían obtener un
10% de la liquidez de manera inmediata y sin condiciones. El restante
90% se suministraría si el país en cuestión adoptaba un programa
diseñado por el FMI. El objetivo inicial propuesto por Japón era crear
un fondo monetario asiático que saliera al rescate de naciones del área
en problemas, este objetivo fue combatido sin concesiones por Estados
Unidos, el mayor aportador de recursos del FMI.
La CMI fue reformada en mayo de 2005 aumentando su dotación de 39 000
millones de dólares a 78 000 millones, incrementándose la proporción
(del 10% al 20%) de liquidez sin condicionalidad del FMI; convirtiéndose
los swaps unilaterales en bilaterales con vistas a hacerlos
multilaterales. Se espera que los intercambios comerciales dentro de la
CMI superen los 100 000 millones en el 2008.
La misma también contempla crear en un plazo de 2 años un fondo de
inversión para infraestructuras utilizando el superávit por cuenta
corriente de los bancos centrales de los países de la ASEAN+3.
El día 5 de mayo del presente año en Kyoto, comenzó la reunión de
ministros de finanzas de la ASEAN, más Japón, China y Corea del Sur,
donde decidieron llevar a cabo una unión de sus reservas para proteger
sus monedas de la especulación. Esta decisión se considera como una
expansión de la llamada Iniciativa Chiang Mai.
El objetivo fundamental de este Fondo Económico Común es que en caso de
crisis financiera en uno de sus países miembros, pueda recibir un
préstamo de manera rápida que sirva para apoyar sus reservas
internacionales, hasta que este país se recupere de la crisis.
Actualmente existen condiciones para la creación de este fondo. Dentro
de los factores principales que lo favorecen están:
1- El continuo y fuerte crecimiento que ha tenido China en la región y
sus elevadas reservas internacionales.
2- China, Japón y Corea del Sur son tres de los cinco países con mayores
reservas a nivel mundial.
3- Se calcula que los países del este asiático poseen cerca de dos
tercios de las reservas monetarias del mundo.
El fondo monetario común unificará los intercambios de divisas que
tienen lugar actualmente de forma bilateral, calculados en unos 80 000
millones de dólares y los convertirá en un programa multilateral que
recurre a las reservas de monedas extranjeras. Los trece países
coinciden en que el fondo común gobernado por contrato es “una forma
apropiada de acuerdo multilateral.”
En resumen es “un acuerdo significativo hacia un mecanismo regional de
liquidez.”
Conclusiones
La irrupción de los desequilibrios globales sin precedentes ha puesto de
manifiesto la escasa capacidad del FMI para evitar y corregir la
emergencia de vulnerabilidades en la economía mundial. La legitimidad
del FMI también se ha puesto entredicho dado que el peso de sus Estados
miembros en los órganos de gobierno de la institución ya no refleja el
peso real de estos países en la economía mundial.
Indiscutiblemente el Fondo Monetario Internacional ha perdido peso y
capacidad de influencia a lo largo de los últimos años ya que se ha
producido una caída pronunciada en el número de programas en activo del
FMI y en el volumen de recursos prestados por la institución. Los
mercados emergentes han tendido a desvincularse de la institución,
“auto-asegurándose” mediante reservas internacionales y en ocasiones
anticipando la cancelación de sus programas.
Estas son algunas de las principales cuestiones que están siendo
debatidas por la comunidad internacional en el contexto de la revisión
estratégica en curso en el seno del FMI.
La espectacular acumulación de reservas internacionales por parte de los
bancos centrales asiáticos y en menor medida de los latinoamericanos ha
sido parcialmente interpretada como reflejo de esta estrategia de
desvinculación del FMI y de su condicionalidad.
Si bien la iniciativa Chiang Mai mantiene una vinculación institucional
con el FMI, no cabe duda que resulta difícil no interpretar su
existencia como otro síntoma de la voluntad de buena parte de los países
asiáticos de romper su relación de dependencia con el FMI.
Bibliografía Consultada
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Finanzas & Desarrollo junio 2006.
Profesor-Investigador Universidad de la Habana Facultad de Economía
Graduado de Licenciatura en Economía de la Universidad de la Habana (1996) y Master en Relaciones Económicas Internacionales del Instituto Superior de Relaciones Internacionales "Raúl Roa García" (2004).
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