- Fiducia es un concepto de origen romano que va más allá de sus bases legales, implica valores más amplios, como la confianza, la buena fe y la integridad. Es la base de todo nuestro sistema monetario; por la fiducia confiamos en que un papel (billete) vale lo que dice valer.
- La gracia de las soluciones empieza generalmente por encontrar el problema de fondo y ese es en realidad el verdadero problema: el problema es el problema.
El fondo de la actual crisis financiera no se circunscribe a un
conflicto de dinero, ojalá así fuera, pues sería más sencilla su
solución. Por esa razón las medidas como el rescate financiero o las
acciones de los bancos centrales no han funcionado como se esperaba, se
centran en lo inmediato, el fondeo, que si bien puede ser necesario, no
basta para corregir rumbo. El verdadero problema radica en el deterioro
de la fiducia, es decir la confianza, la cual ha escalado dimensiones
jamás vistas, como por ejemplo, el hecho de que en estos momentos los
bancos no se presten entre ellos.
A principios de los años 80 aparecieron las primeras noticias sobre una
devastadora enfermedad en los Estados Unidos, el SIDA; enfermedad mortal
que no se sabía de dónde provenía y menos cómo se contagiaba, pero el
número de afectados y muertos crecía alarmantemente. Por esos años
visité los EUA y recuerdo que era tal mi desconfianza a un contagio, que
donde me hospedaba me daba temor usar las sabanas, almohadas y toallas
del hotel, pues recelaba que alguien con ese padecimiento hubiese estado
en contacto directo con dichos tejidos. Sé que ahora suena tonto, pero
en aquellos días no se sabía casi nada de ese mal y nos arrastraba a
ideas absurdas y desconfianzas mayúsculas. Algo similar acontece con el
sistema financiero: no sabemos casi nada, quién está contaminado, a qué
grado y que tanto puede contagiar a otros.
El problema de fondo en la actual crisis reside en que la fiducia fue
quebrantada por los magos de las finanzas al inventar unos, ahora
famosos, paquetes de deudas hipotecarias conocidas por diversas siglas
como MBS, CDO, CDS o Synthetic CDO, los cuales en distintos grados,
revolvieron deuda mala, deuda regular y deuda buena, con el fin de
esconder o diluir deudas impagables o de alto riesgo, para así ser
colocadas en el mercado mundial que se esperaba estable y con un
crecimiento constante de los precios de las casas nuevas, pues así,
aunque él deudor insolvente no pudiera pagar, el sólo incremento del
valor del bien adquirido, era garantía de su pago, lo demás lo sabemos,
los precios del sector inmobiliario empezaron a disminuir y la madeja
del enredo empezó a aparecer, con el consabido resultado de un sistema
financiero paralizado, que busca con desesperación puerto seguro y sólo
encuentra quebranto y desconfianza. Ese es el fondo del problema, que
nadie, pero nadie y por la manera en que organizaron los paquetes de
deuda y su difusa comercialización, sabe quien o quienes están
contaminados con deuda tóxica.
Una de las máximas expresiones del daño a la fiducia se manifiesta en
que el crédito interbancario se encuentra atascado, porque no se
distingue en quiénes, en dónde y en qué nivel está la putrefacción, con
el consabido efecto de no poder separar las manzanas podridas de las
buenas, por eso no hay fondos, porque el sistema se encuentra paralizado
a causa de la desconfianza absoluta y el recelo justificado,
consecuentemente, la falta de liquidez es sólo el reflejo del problema
no su causa.
La fiducia se debe y puede restablecer con un papel más activo del
Estado, sin que esto signifique populismo estatista, enfocando y
concentrando de forma inmediata esfuerzos hacia ella, porque la
confianza no es gratis ni se genera por decreto, se requiere diseñar
instrumentos que la otorguen y soporten. Por ejemplo, cuando me hospedo
en un hotel, confían en mi porque les firmo un documento abierto con mi
tarjeta de crédito, no con discursos acerca de lo honorable que pudiera
ser mi persona y ellos a su vez confían en un instrumento que al
instante les dice que cuento con crédito disponible y este sistema es
confiable porque el banco emisor posee información exacta acerca de mi
disponibilidad y capacidad de pago. Retomando el ejemplo del SIDA, en la
actualidad uno puede adoptar decisiones personales según el tipo de
riesgo que se esté dispuesto a asumir: desde cero riesgos hasta
imprudentemente alto riesgo, porque se cuenta con cierta información
confiable acerca de los mecanismos de contagio y propagación. En el caso
que nos ocupa, en estos momentos los agentes financieros no pueden medir
los peligros al desconocer si la institución con la que tratan está o no
contaminada, cuánto lo está y qué tanto los podría arrastrar o hundir,
generando y alimentando la parálisis, pérdida de valor y desconfianza en
el sistema financiero mundial.
No valen las distracciones, la forma en que se puede restablecer, por lo
menos en parte la fiducia o confianza, reside en establecer con claridad
quienes y en qué grado se encuentran contaminados, pues así, con
conocimiento de causa, se podrá estimar el compromiso que los agentes
adquieren en cada operación financiera. Recordemos que lo que se paga
por algo carga con el riesgo intrínseco de la operación y con
evaluaciones claras, aún entidades con ciertos problemas podrían volver
a la circulación, ofreciendo tasas o precios lo suficientemente
atractivas por el riesgo asumido o el Estado podría nacionalizarlas para
sanearlas y después venderlas. Pero mientras no exista la certeza acerca
de si están o no contaminados, el sistema seguirá paralizado y no habrá
dinero que alcance y menos que solucione el problema.
Los gobiernos e instituciones deben trabajar fuertemente en esta línea,
diseñar mecanismos para restablecer la fiducia con instrumentos que
evalúen a los agentes financieros que produzcan la información y
transparencia necesaria, más un esquema de regulación que otorgue
garantías de que la codicia de algunos operadores financieros, no
volverán a hacer de las suyas. Esta idea no agregaría demasiados costos
al rescate financiero, además mandaría señales y bases para la
confianza.
Economista, especialista en Evaluación de Políticas Públicas.
México.
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