INTRODUCCIÓN
Como movimiento filosófico, el existencialismo se desarrolló en
Europa, primero en Alemania y luego en Francia, a consecuencia de la
tremenda crisis provocada por las dos guerras mundiales. El mundo dejó
de ser un lugar apacible y el proyecto ilustrado de una humanidad que
conquistaría la justicia y el bienestar social con la sola fuerza de su
razón fracasó por completo. Ni siquiera la ciencia o la técnica se
mostraban útiles para mejorar el mundo. El hombre convertía en
instrumentos de dominio y devastación todos los saberes.
Movimiento poco sistemático y muy heterogéneo, los existencialistas
respiran una atmósfera común de pesadumbre y desasosiego. Se sienten
arrojados a un mundo que ya no ofrece seguridades, sino catástrofes.
Este pesimismo común no hace más fácil la tarea de determinar qué
autores pueden ser incluidos en este movimiento.
El presente trabajo de investigación se divide en tres capítulos: el
primero, trata del Existencialismo, el segundo desarrolla a Erich Fromm
y en el último capítulo se plantea un Análisis de la obra de este autor:
“El arte de amar”.
CAPÍTULO I
EL EXISTENCIALISMO
1.1 Historia del existencialismo
El existencialismo es un movimiento filosófico y literario propio de los
siglos XIX y XX, pero se pueden encontrar elementos existencialistas en
el pensamiento (y vida) de Sócrates, en la Biblia y en la obra de muchos
filósofos y escritores anteriores a la edad contemporánea.
1.1.1 Blaise Pascal
El filósofo francés del siglo XVII Blaise Pascal fue el primer pensador
que anticipó las principales inquietudes del existencialismo moderno.
Rechazó el vigoroso racionalismo de su coetáneo René Descartes y, en sus
Pensamientos sobre la religión y sobre otros temas (1670), afirmó que
una filosofía sistemática que se considera capaz de explicar a Dios y la
humanidad representa una forma de orgullo. Al igual que los escritores
existencialistas posteriores, contempló la vida humana en términos de
paradojas: la personalidad humana, que combina mente y cuerpo, es en sí
misma paradoja y contradicción.
1.1.2 Søren Kierkegaard
Kierkegaard, considerado como el fundador del existencialismo moderno,
reaccionó contra el idealismo absoluto y sistemático de Georg Wilhelm
Friedrich Hegel, que afirmó haber encontrado un entendimiento racional
total de la humanidad y de la historia. Kierkegaard, por el contrario,
resaltó la ambigüedad y lo absurdo de la situación humana. La respuesta
individual a esta situación tiene que ser vivir una existencia
comprometida por completo, y este compromiso sólo puede ser entendido
por el individuo que lo asume. El individuo, por lo tanto, tiene que
estar siempre dispuesto para desafiar las normas de la sociedad en
nombre de la mayor autoridad de un tipo de vida auténtica en el orden
personal. Kierkegaard abogó por un “cambio de fe” en el modo de vida
cristiano que, aunque incomprensible y lleno de riesgos, era el único
compromiso que, según creía, podía salvar al individuo de la
desesperación.
1.1.3 Friedrich Nietzsche
Nietzsche, que no conocía el trabajo de Kierkegaard, transformó el
pensamiento existencialista posterior a través de su crítica de las
tradicionales suposiciones metafísicas y morales, y su adopción del
pesimismo trágico y de la voluntad individual afirmadora de la vida que
la opone a la conformidad moral de la mayoría. En oposición a
Kierkegaard, cuyo ataque a la moral convencional le llevó a defender un
cristianismo radical e independiente, Nietzsche afirmó en La gaya
ciencia (1882) que “Dios está muerto” y rechazó toda la tradición moral
judeocristiana en favor de los heroicos ideales paganos.
1.1.4 Martin Heidegger
Heidegger, al igual que Pascal y Kierkegaard, reaccionó contra el
intento de fundamentar la filosofía sobre una base conclusiva
racionalista, en este caso la fenomenología del filósofo alemán Edmund
Husserl. Heidegger, autor de una de las obras más representativas del
existencialismo, El ser y el tiempo (1927), afirmó que la humanidad se
encuentra en un mundo incomprensible e indiferente. Los seres humanos no
pueden esperar comprender por qué están aquí; en su lugar, cada
individuo ha de elegir una meta y seguirla con apasionada convicción,
consciente de la certidumbre de la muerte y del sinsentido último de la
vida propia. Heidegger contribuyó al pensamiento existencialista al
poner el énfasis en el ser y la ontología tanto como en el lenguaje.
1.1.5 Jean-Paul Sartre
Sartre, que utilizó el término existencialismo para definir y calificar
su propia filosofía, se convirtió en el gran difusor del movimiento a
escala internacional una vez finalizada la II Guerra Mundial. El
pensamiento de Sartre, impregnado de ateísmo y pesimismo de una forma
explícita, argumentaba que los seres humanos necesitan una base racional
para sus vidas pero son incapaces de conseguirla y, por ello, su
existencia es “pasión inútil”. No obstante, insistió en que el
existencialismo es una forma de humanismo y resaltó la libertad, la
elección y la responsabilidad humana. Con gran refinamiento literario,
intentó reconciliar esos conceptos existencialistas con un análisis
marxista de la sociedad y de la historia. Sartre fue autor de otra de
las obras claves en la historia del existencialismo, El ser y la nada
(1943).
1.1.6 Existencialismo y teología
A pesar de que el pensamiento existencialista engloba el ateísmo
absoluto de Nietzsche y Sartre y el agnosticismo de Heidegger, su origen
en las meditaciones religiosas de Pascal y Kierkegaard hizo presagiar su
gran influencia en la teología del siglo XX. El filósofo alemán Karl
Jaspers, aunque rechazó las doctrinas religiosas ortodoxas, influyó en
la teología moderna con su preocupación por la trascendencia y los
límites de la experiencia humana. Los teólogos protestantes alemanes
Paul Johannes Tillich y Rudolf Bultmann, el teólogo católico francés
Gabriel Marcel, el filósofo ruso Nikolái Alexándrovich Berdiáiev y el
filósofo judío Martin Buber heredaron muchas de las inquietudes de
Kierkegaard, en particular respecto a la creencia de que un sentido
personal de la autenticidad y del compromiso resulta esencial para la fe
religiosa.
1.2 Definición
A continuación citaremos las opiniones de diversos autores que nos
esbozarán su punto de vista sobre el tema desarrollado: el
Existenciamismo.
Masoni (2007), manifiesta que el existencialismo moderno surgió en una
Europa desgarrada por la luchas entre intereses encontrados, donde el
hombre se sentía amenazado en su individualidad, en su realidad
concreta. de ahí su énfasis en la fundamental soledad del individuo, en
la imposibilidad de encontrar la verdad por medio de una decisión
intelectual, y en el carácter irremediablemente personal y subjetivo de
la vida humana.
Se denomina existencialismo a una serie de doctrinas filosóficas que,
aunque suelen diferir radicalmente en muchos puntos, coinciden en
considerar que es la existencia del ser humano, el ser libre, la que
define su esencia, en lugar de ser su esencia humana la que determina su
existencia.
El existencialismo en la filosofía. Aun constituyendo una corriente del
pensamiento moderno, es posible rastrear una sensibilidad
existencialista a lo largo de toda la historia de la filosofía. Así
sucede, por ejemplo, con el imperativo socrático "conócete a ti mismo";
con la angustiada imprecación de Pascal, cuando situaba al hombre entre
el ser y la nada; o con la defensa de la irreductibilidad de la
existencia a la razón, que formulara el idealista alemán F. W. J.
Schelling.
Ruiz (2007), explica que aun cuando Sartre, se apartó del
existencialismo, se hizo famoso como existencialista y es muy probable
que simple se lo recuerde como tal.
A fines de la segunda guerra mundial, la destrucción y la muerte
sembrada por el conflicto desencadenaron la mirada optimista acerca del
progreso suscitado en el discurso positivista. Es allí donde desarrolla
la figura de Sartre que sin haber inventado el término de
existencialismo le otorga una fuerte presencia a una filosofía que si
bien para algunos es mas una actitud que una escuela de pensamiento,
llama la atención por atender temas como la subjetividad, la finitud, la
autenticidad, la libertad y la soledad.
Pero se denomina existencialismo a una serie de doctrinas filosóficas
que, aunque suelen diferir en mucho puntos, coinciden considerar que es
la existencia del ser humano, el ser libre, la que define su esencia, en
lugar de su esencia humana la que determina su existencia. Para Sartre,
el existencialismo es la filosofía que hace suya la comunicación de que
la "existencia procede a la esencia" pero realmente ¿qué quiere decir?
Para poder entenderla consideremos lo opuesto "la esencia precede a la
existencia" donde esencia significa:
Lo que es una cosa
La definición de cosa
La idea de cosa
La naturaleza de la cosa
La función de la cosa
El programa de la cosa
Según Wikipedia (2007), se entiende por existencialismo un movimiento
filosófico y humanístico europeo al que se ha atribuido un carácter
realista; muy preocupado por los problemas más propiamente inherentes a
la condición humana, como el absurdo de vivir, el tema del tiempo, la
libertad, la relación Dios - hombre, etc. El existencialismo encuentra
su antecedente más claro en el filósofo danés Søren Kierkegaard
(1813-1855), llamado el "padre del existencialismo". Ya avanzado el
siglo XX, fue desarrollado - nunca de manera sistemática por encuadrarse
dentro del llamado irracionalismo filosófico - por pensadores y
novelistas de tanto renombre como los franceses Jean Paul Sartre y
Albert Camus y el alemán Martin Heidegger. Estos dos últimos, sin
embargo, rechazan que su pensamiento sea llamado existencialista.
La característica principal del existencialismo es la atención que
presta a la existencia concreta, individual y única del hombre, por lo
tanto en el rechazo de la mera especulación abstracta y universal.
El tema central de su reflexión es precisamente la existencia del ser
humano, en términos de estar fuera ( a saber, en el mundo), de vivencia,
y en especial de pathos o temple de ánimo. En expresión de Heidegger:
«el-ser-en-el-mundo». Heidegger, en efecto, se caracteriza, según
algunos, por su acendrado pesimismo. Considera al ser humano como yecto
(arrojado) en el mundo. Sartre, siguiendo a Heidegger, también dista de
caracterizarse por un estilo y discurso optimistas; plantea, al igual
que Heidegger, al ser humano no tan sólo como yecto, sino como pro -
yecto: un proyecto en situación. No obstante, estas posturas no tienen
que comprenderse necesariamente como pesimistas.
Con bastante acierto se considera que, ya en el siglo XIX, el ruso Fedor
Dostoievski y los alemanes Schopenhauer, Max Stirner y Nietzsche son
existencialistas avant la lettre. E irrecusablemente existencialista
(aun cuando la palabra «existencialismo» no hubiera sido acuñada en su
época), es, como decimos, el pesimista Søren Kierkegaard, quien inaugura
lo que se denomina existencialismo cristiano (en este sentido, incluso
Blaise Pascal ha de considerarse un precedente).
Valdebenito (2004), sostiene que la corriente de pensamiento
existencialista, como su propio nombre indica, centro su análisis
filosófico en todo lo concerniente a la existencia evidente del ser
humano, considerando vana cualquier referencia a instancias ajenas al
mundo sensible y cuya realidad no pudiera ser probada. Por tanto, su
método no podía ser otro que el fenomenológico, circunscrito por
definición a las manifestaciones evidentes de las cosas y exento por
completo de cualquier implicación metafísica.
En el existencialismo se establece una inclinación por el estudio de lo
individual y concreto. El individuo contiene la verdadera realidad, con
su diario existir. Es considerado el centro principal de la filosofía
existencialista, y único punto de interés. El filosofo existencialista
crea un panorama general de la realidad, visualiza el universo a través
del individuo. Cada ser se encuentra en estrecha relación con las demás
realidades, y la unión de ellas tienen como resultado la verdad
universal.
El análisis debe empezar inmediatamente por el "yo existente", debemos
tener muy claro todas las experiencias que marcan nuestra vida,
inclusive aquellos datos ocultos en lo profundo de nuestra intimidad.
Debemos describir la realidad de la manera mas objetiva sin desviarnos
por nuestra consciencia y pensamientos ajenos a nuestra búsqueda.
Comte (2003), manifiesta que toda la filosofía que toma como punto de
partida la existencia individual, y no el ser o el concepto (en este
sentido, Pascal, Kierkegard se consideraron, a menudo, como los
precursores del existencialismo), y especialmente, según la célebre
fórmula de Jean – Paul Sartere, toda doctrina según la cual “la
existencia precede a la esencia”. ¿Qué quiere decir? Que le hombre no
posee de antemano una esencia que le pre – exista y que estaría
prisionero, sino que existe un autor de poder a ser definido por ningún
concepto y que sólo será (cuando se pueda hablar de su esencias en
pasado) lo que haya elegido ser. Es decir que es absolutamente libre:
¿Qué es lo que significa aquí que la existencia preceda a la esencia y
significa que en primer lugar, existe el hombre, se encuentra, surge en
el mundo y, después, se define. Si el hombre, tal como lo concibe el
existencialismo no es definible es por uno, en primer lugar, no es nada.
El hombre no otra cosa que lo que hace consigo mismo (El existencialismo
es un humanismo),por eso esta corriente es una filosofía de libertad, en
el sentido metafísico del término, y una de la más radicales que se haya
dado nunca. El existencialismo no es más que un humanismo imaginario. En
el presente, la esencia y la existencia se confunden, y no podían
procederse mutuamente. Ni existencialismo, pues ni esencialismo: la
existencia no puede a la esencia, del mismo modo que la esencia no puede
a la existencia. Sólo existen juntas, en un mismo mundo, en un mismo
presente, y eso es lo que significa existir.
Theodorson (1978), plantea que el Existencialismo, es un movimiento
filosófico moderno, con raíces antiguas en la historia del pensamiento
humano, que subraya la realidad del “ser” en tanto únicamente
determinado por la existencia, la importancia del caso particular,
desentendiéndose de las abstracciones en aras de la unicidad, de la
experiencia y de la existencia humana individual. Se pone de relieve, en
alto grado, la significación de la persona individual en contraste con
el colectivismo y con el énfasis en la bondad de la organización
originado en las corporaciones modernas, el gobierno y en cualquier otro
ámbito de la sociedad. El existencialismo es también una reacción frente
a los enfoques excesivamente racionalistas o científicos en el estudio
del hombre que intentan eliminar todo fenómeno subjetivo en el análisis
y la interpretación de la conducta. Destaca la inevitable subjetividad
del hombre en sus intentos por ser objetivo y proporciona una
alternativa filosófica compensatoria a las teorías de la conducta
(inclusive de las creencias) que afirman la supremacía de la sociedad y
del grupo social.
1.3 Tipos de Existencialismo
De acuerdo con Wikipedia (2007), en términos de la existencia e
importancia de Dios, hay tres escuelas de pensamiento existencialista:
el existencialismo ateo (representado por Sartre), el existencialismo
cristiano (Kierkegaard) y el agnóstico, cuya propuesta es que la
existencia o no de Dios es una cuestión irrelevante para la existencia
humana: Dios puede o no existir (Heidegger).
Heidegger se distancia expresamente de Sartre en su Carta sobre el
humanismo. Buytendijk, psicólogo cercano a Heidegger, admite ser
existencialista. Merleau-Ponty es gran representante de la corriente,
aunque manteniendo más nexos con la fenomenología de Husserl. Martin
Buber, por su parte, representa a una corriente de existencialismo judío
muy influida por el hasidismo. Mientras que Gabriel Marcel y Jacques
Maritain son encuadrables dentro de un "existencialismo cristiano".
Otros destacados pensadores adscribibles al existencialismo, en mayor o
menor grado, serían: Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Edith
Stein, Nicola Abbagnano, Nicolai Berdyaev, Emmanuel Levinas, Peter
Wessel Zapfe, Karl Jaspers, Max Scheler, e incluso Paul Ricoeur y Hans -
Georg Gadamer.
El autor Valdebenito (2004), afirma que se puede clasificar el
existencialismo en los siguientes:
Existencialismo ateo: Principales exponentes, Sartre junto a Albert
Camus. "Negación de la existencia de Dios y de todos los principios
trascendentes de la realidad y de la moralidad."
Existencialismo neutro: Mayor exponente, Heidegger. No existe ni
afirmación ni negación de la relación hombre – Dios. Existencialismo
cristiano Principal exponente, Soren Kierkegaard. “El hombre no es por
si mismo mas que nada y pecado, y su salvación esta en desconfiar de si
mismo y entregarse en manos de Dios.”
Existencialismo religioso místico: Mayores exponentes, Chestov y
Berdiaeff. Posee una actitud trágica y angustiosa. El hombre es esencial
y profundamente religioso, dependiente de Dios, de forma ciega y
fatalista.
Existencialismo católico: Principal exponente, Gabriel Marcel. Gran
importancia a los problemas y experiencias que sufrimos a lo largo de
nuestra vida. Se debe mantener un razonamiento estricto y profundo. No
se formulara nada “a priori”, para así no fomentarnos en ideas erróneas
y dejar que llegue a nosotros a través del entendimiento.
Abbaganano (1986), desde el punto de vista del insigne existencialista
italiano, podemos distinguir tres formas de existencialismo:
A. Un existencialismo de corte pesimista cuyos máximos exponentes serían
Martin Heidegger (1889-1976), Karl Jaspers (1883-1969) y Jean-Paul
Sartre (1905-1980).
B. Un existencialismo optimista y teológico, que estaría representado
por L. Lavelle (1951), Gabriel Marcel (1973) y Renato Le Senne (1954).
C. Un existencialismo no orientado a ninguna de las dos posturas, que
sería el mantenido por el propio Abbagnano, M. Merleau-Ponty, E. Paci y
el último Sartre.
Esta dificultad de clasificación inherente al existencialismo como
movimiento filosófico requiere que lo abordemos a través de sus temas,
fundamentalmente los elaborados por dos de sus máximos representantes:
Heidegger y Sartre.
1.4 Los temas fundamentales del existencialismo
Las fuentes de las que brota la temática existencialista se encuentran
en Kierkegaard, Nietzsche y el vitalismo así como la fenomenología de
Edmund Husserl.
1.4.1 Definición de la existencia como modo de ser propio del hombre.
En clara deuda con el pensamiento de Kierkegaard, para los
existencialistas lo que propiamente existe es el hombre, no las cosas,
que toman su ser en él o a través de él.
El hombre no tiene una esencia que le determine a ser o a comportarse de
una manera concreta, sino que él mismo es su propio hacerse, su propio
existir. Existir es sinónimo de hombre (el Dasein de Heidegger o el
"para-sí" de Sartre). Esto significa que el hombre es libertad y
conciencia. Libertad porque el hombre es un modo de ser que nunca es
dado de antemano (el Dasein o ser-ahí es un poder-ser que tiene
constantemente que ejercitarse) ni tampoco es puesto por algo o alguien.
Conciencia porque la existencia es lo que nunca es objeto, sino aquello
a partir de lo cual me refiero a lo otro que no soy yo y con lo que me
relaciono, además de conmigo mismo (autoconciencia).
Para Sartre y Lavelle la existencia precede a la esencia, y la hace
posible, ya que si no existo no puedo conquistar mi esencia ni dármela a
través de actos absolutamente dependientes de mí. Heidegger, sin
embargo, no acepta este primado de la existencia sobre la esencia, sino
que identifica a ambas: el ser (esencia) del Dasein consiste en su
existencia (existenz).
1.4.2. Individualismo y particularismo.
Lo primario es lo singular y concreto, la existencia humana, pero no en
su generalidad, sino en la particularidad de "esta" existencia humana o
"aquella otra". El yo no es el momento de una Razón absoluta o
universal, como afirmaba Hegel.
1.4.3. Las cosas no existen, "son".
Es desde la existencia humana desde donde se establece el valor y
sentido de todo lo real. El objeto al que se dirige la conciencia no
existe. Es un "ser-en-sí" (Sartre), caracterizado por la plenitud de
coincidencia, la impenetrabilidad y opacidad. Su ausencia de relación
rehuye la temporalidad y entra en tensión con la conciencia,
"ser-para-sí". Ésta desea ser, a la vez, en-sí y para-sí, lo cual
equivaldría a ser Dios, algo imposible de realizar (ateísmo).
1.4.4 Utilización de la fenomenología como método.
Los existencialistas parten del análisis husserliano de la conciencia, a
la que conciben como pura intencionalidad. Toda conciencia es siempre un
dirigirse hacia algo; es conciencia de, y por eso se proyecta hacia
fuera, hacia el objeto o "ser-en-sí".
La conciencia es "un poder de ser lo que no se es y de no ser lo que se
es", una intencionalidad que introduce la nada dentro de ella: cuando
conoce al objeto, se diferencia y separa de él (enajenación). Si se
intenta conocer a sí misma (autoconciencia) debe convertirse en lo que
no es (objeto), creando la nada, siendo nada.
La fenomenología se constituye no sólo en un método de análisis de la
conciencia, sino en una ontología (Heidegger) que permite desocultar el
sentido del ser: aquello que se manifiesta (fenómeno) ante la existencia
humana.
1.4.5. Existir es estar en el mundo.
El ser del hombre es un ser-en-el-mundo (in-der-Welt-sein). Pero "mundo"
no es un lugar, ni designa la naturaleza. No estamos "pasivamente" en el
mundo, sino de manera activa y creadora, trascendiendo siempre hacia "lo
otro" (el ser-en-sí) que no es la conciencia, hacia el "ser-en-sí" (el
hombre, la conciencia), sin poder abrazarlo.
La existencia humana consiste en un continuo "quehacer" que tiene que
vérselas con "las cosas", "aquello que está a la mano": enseres, útiles.
Mundo es instrumento para que y en el que la conciencia se realiza, el
conjunto de relaciones de "las cosas" entre sí y con el hombre. El
Dasein crea mundo. La existencia es mundaneidad.
1.4.6. Posibilidad y elección.
El hombre es posibilidad abierta, libertad de hacerse esto y lo otro.
Elección. Ahora bien, en la medida en que el hombre está arrojado al
mundo, ha de contar con aquello que le es "dado", las circunstancias
(tratadas ampliamente por Ortega y Gasset) que limitan sus posibilidades
y su libertad. La autenticidad consiste en no renunciar a la libertad
bajo ninguna circunstancia: no dejarse caer entre las cosas como una más
de ellas (facticidad).
El hombre no debe eludir su responsabilidad de obrar libremente, de lo
contrario obrará de mala fe y llevará una existencia inauténtica.
1.4.7. La angustia, la naúsea, la vergüenza.
Los sentimientos, al igual que la razón desvelan nuestra existencia y
nos ponen en contacto con ella, de manera más íntima y radical que la
razón.
La angustia nace de un futuro indefinido, de la falta de esencia, de un
horizonte cuajado de posibilidades al que el hombre debe enfrentarse sin
ninguna garantía, asumiendo plenamente su libertad de "construirse a sí
mismo a cada instante".
La náusea de Sartre surge de la falta de propósito y finalidad del mundo
y de los hombres. Todo está de más, tejiendo el mismo entramado de lo
absurdo del mundo. Ningún teleologismo puede salvarnos porque la idea de
finalidad es en sí misma producto de la mala fe: un autoengaño.
La vergüenza es el sentimiento mediante el cual constatamos que existen
otros para-sí distintos al nuestro. En su presencia me convierto en un
objeto (en-sí), y quedo cosificado y privado de mi libertad. El otro
puede pensarme como quiera, anulando mi libertad de ser.
El existencialismo, a través del análisis fenomenológico de la
conciencia, abruma al hombre con una pesada carga de responsabilidad,
pero también le muestra un camino individualmente creativo de hacerse a
sí mismo, a pesar de lo dado y de toda circunstancia.
CAPÍTULO II
ERICH FROMM
Erich Fromm (23 de marzo, 1900 - 18 de marzo, 1980) fue un destacado
psicólogo social y humanista alemán, miembro del Instituto de
Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt, participó
activamente en la primera fase de las investigaciones
interdisciplinarias de la Escuela de Frankfurt, hasta que a fines de los
años '40 rompió con ellos debido a su heterodoxa interpretación de la
teoría freudiana. Fue uno de los principales renovadores de la teoría y
práctica psicoanalítica a mediados del siglo XX, y una influencia
fundamental en el pensamiento New Age.
2.1. Biografía
Fromm, natural de Frankfurt, comenzó estudios de derecho, pero se
desplazó a la Universidad de Heidelberg en 1919 para estudiar sociología
bajo la dirección de Alfred Weber; durante sus estudios conoció a la
psicoanalista Frieda Reichmann, judía ortodoxa como él, con quien se
casó en 1926. Tras su matrimonio comenzó el estudio de la doctrina
freudiana, y en 1929 comenzó su carrera como psicoanalista en Berlín,
abandonando el judaísmo casi por entero y estudiando las teorías de Marx.
En 1931 se divorció de Reichmann, con quien mantuvo una estrecha amistad
de por vida.
En 1930 fue invitado por Max Horkheimer a dirigir el departamento de
Psicología del recientemente creado Institut für Sozialforschung. El 25
de mayo de 1934, tras la toma del poder por el partido Nazi, emigró
junto con otros miembros del instituto a los Estados Unidos. Las
divergencias intelectuales con otros miembros del Institut,
especialmente Herbert Marcuse y Theodor Adorno, llevaron a su
desvinculación del mismo en 1939.
Durante los años '40 Fromm desarrolló una importante labor editorial,
publicando varios libros luego considerados clásicos sobre las
tendencias autoritarias de la sociedad contemporánea y desviándose
marcadamente de la teoría original freudiana. En 1943 fue uno de los
miembros fundadores de la filial neoyorquina de la Washington School of
Psychiatry, tras lo cual colaboró con el William Alanson White Institute
of Psychiatry, Psychoanalysis, and Psychology. En 1944 se casó en
segundas nupcias con una inmigrante judeoalemana, Henny Gurland; hacia
1950 se mudaron a México, donde Gurland fallecería dos años más tarde.
Fromm enseñó en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde fundó
la sección psicoanalítica de la escuela de medicina. En 1953 volvió a
contraer matrimonio. Desde mediados de la década estuvo fuertemente
involucrado con los movimientos pacifistas norteamericanos, y fue un
destacado oponente de la guerra de Vietnam. Se alejó de todo apoyo al
socialismo de Estado, sobre todo del modelo totalitario soviético, y
criticó la sociedad de consumo capitalista, esto y sus perspectivas
sobre la libertad personal y el desarrollo de una cultura libre lo
acercó notablemente a la línea anarquista, cuestión que se hace evidente
al comparar las temáticas de sus libros con las los autores clásicos del
anarquismo. De sí mismo se decía partidario de un socialismo humanista y
democrático.
Entre 1957 y 1961 Fromm compaginó su actividad en la UNAM con una
cátedra en la Michigan State University. En 1965 se retiró; tras unos
años de viaje, en 1974 se instaló en Muralto, en Suiza. Murió en su
hogar cinco días antes de su octogésimo cumpleaños.
2.2 La condición humana actual
Fromm afirma en su obra, que el hombre actual se caracteriza por su
pasividad y se identifica con los valores del mercado porque el hombre
se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida
como un capital que debe ser invertido provechosamente.
El hombre es un consumidor eterno y el mundo para él no es más que un
objeto para calmar su apetito. Según el autor, el éxito y el fracaso se
basa en el saber invertir la vida. El valor humano, radica en lo
material, en el precio que pueda obtener por sus servicios y no en lo
espiritual (cualidades de amor, ni su razón, ni su capacidad artística).
La autoestima en el hombre depende de factores externos y de sentirse
triunfador con respecto al juicio de los demás. De ahí que vive
pendiente de los otros, y que su seguridad reside en la conformidad; en
no apartarse del rebaño. El hombre debe estar de acuerdo con la
sociedad, ir por el mismo camino y no apartarse de la opinión o de lo
establecido por ésta.
La sociedad de consumo para funcionar bien necesita una clase de hombres
que cooperen dócilmente en grupos numerosos que quieren consumir más y
más, cuyos gustos estén estandarizados y que puedan ser fácilmente
influidos y anticipados. Necesita hombres que se sientan libres o
independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o
conciencia moral y que no obstante estén dispuestos a ser mandados, a
hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social. Los hombres
actuales son guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin
ninguna meta, salvo la de continuar en movimiento, de avanzar. Esta
clase de hombre es el autómata, persona que se deja dirigir por otra.
El hombre, debe trabajar para satisfacer sus deseos, los cuales son
constantemente estimulados y dirigidos por la maquinaria económica. El
hombre automatizado se enfrenta a una situación peligrosa, ya que su
razón se deteriora y crece su inteligencia, de proporcionar al hombre la
fuerza material más poderosa sin la sabiduría para emplearla.
El peligro que el autor ve en el futuro del hombre es que éstos se
conviertan en robots. Verdad es que los robots no se rebelan. Pero dada
la naturaleza del hombre, los robots no pueden vivir y mantenerse
cuerdos. Entonces buscarán destruir el mundo y destruirse a sí mismos,
pues ya no serán capaces de soportar el tedio de una vida falta de
sentido y carente por completo de objetivos. Para superar ese peligro el
autor dice que el hombre debe vencer la enajenación, debe vencer las
actitudes pasivas y orientadas mercantilmente que ahora lo dominan y
elegir en cambio una senda madura y productiva. Debe volver a adquirir
el sentimiento de ser él mismo.
2.3 El pensamiento de Fromm
Son de importancia trascendental sus estudios acerca de la relación que
existe entre los sistemas políticos totalitarios y las religiones
monoteístas. Según Fromm las religiones monoteístas educan a los
individuos en la obediencia ciega a una autoridad superior, que pone las
normas por encima de cualquier razón o discusión. Así el hombre queda
reducido a un mero servidor de un Dios Todopoderoso. Esta mentalidad
masoquista, adquirida desde la infancia, sería la base psicológica que
ha hecho que muchos hombres sigan ciegamente a dictadores como Hitler.
Es de destacar la similitud que tienen estas ideas de Fromm con las de
otro gran pensador: Joseph Campbell.
Poco antes de morir Fromm publicó un libro que supuso un paso adelante
en su pensamiento: “Anatomía de la destructividad humana”. En este
escrito planteó la idea de que el hombre se decanta en su vida entre dos
fuerzas: la biofilia y la necrofilia. La primera es la fuerza que
impulsa al ser humano a amar la vida y a crear. La segunda es el reverso
tenebroso de esta fuerza. La necrofilia surge cuando el hombre se
decanta por el egoísmo, y conlleva la soberbia, la codicia, la
violencia, el ansia de destruir y el odio a la vida. Es de destacar el
magnífico estudio que Fromm hizo, en este libro, de la personalidad de
Hitler basándose en esta teoría de la biofilia - necrofilia.
2.4. Obras de Erich Fromm
¿Podrá sobrevivir el hombre?
Del tener al ser
El amor a la vida
El arte de amar
El arte de escuchar
El dogma de cristo
El humanismo como utopía real
El miedo a la libertad
Espíritu y sociedad
Ética y política
La atracción de la vida
La condición humana actual
La crisis del psicoanálisis
La patología de la normalidad
Lo inconsciente social
Sobre la desobediencia
Y seréis como dioses
Anatomia de la destructividad humana
Budismo zen y psicoanálisis
El corazón del hombre: su potencia para el bien y para el mal
Ética y psicoanálisis
Grandeza y limitaciones del pensamiento de Freud
La misión de Sigmund Freud: su personalidad e influencia
La revolución de la esperanza: hacia una tecnología humanizada
La sociedad industrial contemporanea
Marx y su concepto del hombre
Psicoanálisis de la sociedad contemporánea: hacia una sociedad sana
Sociopsicoanálisis del campesino mexicano: estudio de la economía y la
psicología de una comunidad rural.
El lenguaje olvidado.
CAPÍTULO III
ANÁLISIS DEL “ARTE DE AMAR” (FROMM)
3.1 Introducción
El autor nos advierte que este libro no es un manual acerca del arte de
amar, sino que pretende demostrarnos que el amor uno es un sentimiento
fácil para nadie. Amarnos a nosotros mismos no puede lograrse sin la
capacidad de amar a los demás.
Antes de continuar me gustaría exponer algunas anotaciones personales en
referencia a la estructuración del trabajo, aportaciones críticas
personales o la terminología empleada.
He decidido seguir la esquematización utilizada por el autor en el
libro, al considerarla adecuada, siguiendo un orden lógico que permita
exponer con claridad el contenido.
A la hora de incluir algunos comentarios personales, sobre ciertas
afirmaciones que me parecían chocantes o al menos curiosas, o ciertas
dudas que me surgían, he optado por incluir estos comentarios en el
desarrollo del trabajo en vez de dedicar un apartado al final, evitando
de esta forma tener que repetir la idea desarrollada por Fromm al mismo
tiempo que situarlo en el mismo lugar donde se expone el argumento fruto
de la crítica o comentario. Para distinguir esta aportación personal de
lo dicho por Erich Fromm el texto figura con letra en cursiva,
apareciendo al final de un bloque determinado y no intercalado entre dos
párrafos que traten el mismo tema, intentando evitar la confusión.
Por último, me gustaría aclarar un aspecto acerca de la terminología
empleada. Los términos usados pueden ser considerados masculinizantes,
por ejemplo, el uso de niño o hijo cuando podría ser niña e hija, hombre
cuando se está haciendo referencia al propio ser humano, o es una
distinción indistinta cuyo ejemplo servía de igual manera ya se fuera
hombre o mujer. Fromm juega un poco con esto y unas veces usa uno u
otro, aunque primando el masculino, no obstante, para evitar confusiones
decidí utilizar siempre el masculino, pero dejando claro que hago
referencia a uno u otro sexo al mismo tiempo e indiferentemente.
3.2 ¿Es el amor un arte?
La mayoría de la gente cree en el amor como una sensación placentera;
sin embargo, el autor considera el amor un arte que requiere
conocimiento y esfuerzo.
La mayoría de la gente cae en el error de suponer que no hay nada que
aprender sobre el amor, y ello se debe a varios motivos: considerar que
el problema del amor consiste en ser amado y no en amar, valorando
aspectos como el éxito, ser poderoso, rico, ser atractivos, en
definitiva, una mezcla de popularidad y sex - appeal; el hecho de creer
que amar es fácil y lo difícil es encontrar a quien amar, la importancia
del objeto frente a la de la función, la suposición de que el problema
del amor es el de un objeto y no de una facultad; la confusión entre la
sensación inicial del "enamorarse" y el permanecer enamorado cuando la
otra persona ya no es desconocida y se pierde el halo de misterio
inicial.
El amor es un arte, y todo arte necesita un proceso de aprendizaje,
tanto en lo teórico como en el aspecto práctico.
Hay un aspecto curioso que Fromm comenta en referencia a los errores que
lleva a muchas personas suponer que no hay nada que aprender sobre el
amor. Afirma que las relaciones amorosas humanas siguen el mismo esquema
existente en el mercado de bienes y de trabajo, en la idea de un
intercambio mutuamente favorable. "Una mujer o un hombre atractivos son
los premios que se quiere conseguir".
3.3 La Teoría del amor
El amor, la respuesta al problema de la existencia humana
En los animales, sus afectos constituyen una parte de su instinto, algo
que también permanece en el hombre. El hombre sufre la necesidad de
superar su separatidad, de abandonar "la prisión de su soledad", porque
la vivencia de la separatidad provoca angustia. La solución a esta
soledad ha recibido varias respuestas a lo largo de la historia,
utilizando varios medios que ayuden a alcanzarla tales como adorar
animales, conquistas militares, lujuria, trabajo obsesivo, creación
artística, amor a Dios, amor al Hombre. En el niño la presencia de la
madre evita su sentimiento de separatidad.
Fromm nos habla de "estados orgiásticos". Muchos rituales de tribus
primitivas utilizaban las drogas como forma de escapar del estado de
separación, o a través de la experiencia sexual, siendo el orgasmo un
estado similar al provocado por un trance o los efectos de ciertas
drogas. Las orgías sexuales comunales formaban parte de muchos rituales
primitivos. Participar en estos estados orgiásticos, al ser una práctica
común e incluso exigida por los médicos brujos o sacerdotes, no producía
angustia, sentimiento de culpa o vergüenza.
En una cultura no orgiástica se trata de escapar de la separatidad a
través del alcohol o las drogas, experimentando el individuo
sentimientos de culpa y remordimiento. El acto sexual sin amor no
elimina, salvo en forma momentánea, el abismo que separa a dos seres
humanos. En esta cultura esta forma de escapar de la separatidad provoca
una cada vez mayor sensación de separación.
Las uniones orgiásticas son intensas, ocurren en mente y cuerpo, son
transitorias y periódicas.
Hay otro aspecto a considerar, la unión basada en la conformidad con el
grupo.
El hombre pasó de vivir en un grupo pequeño a integrarse en ciudades,
estados, miembros de una iglesia. La uniformidad predomina en una unión
donde el ser individual desaparece en pro de la pertenencia al rebaño.
La conformidad con el rebaño es la forma predominante, donde los
pensamientos, las costumbres, la forma de vestir, los empleos, el
ocio... no difieren apenas entre los ‘diferentes’ individuos que forman
parte de la colectividad. Se cree ser diferente, tener ideas o
pensamientos propios cuando en realidad son prácticamente los mismos,
creer que poder elegir entre unas determinadas diferencias aceptadas por
una mayoría representa una ausencia de conformismo o que esto es ser
individualista. La igualdad como condición para el desarrollo de la
individualidad. Esta estandarización o igualdad conviene a la sociedad,
como forma de evitar fricciones. Incluso lo que muchos suponen un gran
logro, la igualdad de las mujeres, forma parte del movimiento conducente
a la eliminación de las diferencias. Es curioso lo que escribe Fromm:
"la polaridad de los sexos está desapareciendo, y con ella el amor
erótico, que se basa en dicha polaridad".
Pero la unión por la conformidad no soluciona per se la angustia de la
separatidad. Síntomas de sus fallos son el alcoholismo, el abuso de las
drogas, la sexualidad compulsiva o el suicidio. Al mismo tiempo, a
diferencia de las soluciones orgiásticas, afecta sobre todo a la mente y
no al cuerpo. La única ventaja de la conformidad es la permanencia.
Otros aspectos a considerar son la rutina en el trabajo y el ocio.
Existe poca iniciativas ante unas tareas prescritas por la organización
del trabajo. Las diversiones están rutinizadas y prefabricadas.
Es concluyente la pregunta que Fromm se/nos hace. "¿Cómo puede un hombre
preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un
individuo único, al que sólo le ha sido otorgada una única oportunidad
de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el
anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?"
Una tercera forma de lograr la unión sería la actividad creadora, donde
el individuo que crea y su objeto se tornan uno. Esto no englobaría al
trabajador de una cadena de montaje, que se siente bastante alejado de
aquello que produce en su trabajo rutinario.
Pero la unión lograda en la fusión orgiástica es transitoria, la que
proporciona la conformidad es una pseudo - unidad y la actividad
creadora no es interpersonal.
Así, Fromm concluye que ante estas respuestas parciales sólo el amor
puede lograr la fusión con otra persona, siendo el "impulso más poderoso
que existe en el hombre". Tan convencido está Fromm de ello que llega a
escribir que "sin amor, la humanidad no podría existir un día más". Sin
embargo, ahora surge una duda, ¿de qué amor estamos hablando? ¿el amor
como solución al problema de la existencia o como unión simbiótica?
Fromm critica el amor como unión simbiótica, lo considera una forma
inmadura de amar. Podría hablarse de unión simbiótica entre el feto y la
madre embarazada; la sumisión o masoquismo, donde la persona renuncia a
su integridad convirtiéndose en instrumento de alguien o algo ajeno a
él; la dominación o sadismo, forma activa frente a la pasiva que
representa la sumisión, quien escapa de su soledad creando en otro
individuo la prolongación de su ser.
Es por ello que cuando Fromm habla de amor se refiere a un amor maduro
donde "se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no
obstante, siguen siendo dos". Hay que entender la capacidad de amar como
acto de dar, sin pensar en el sentido mercantilista donde dar implica
recibir. Al final, dar significa recibir, porque cuando se da con
sinceridad no se deja de recibir, o como bien dice Fromm "el amor es un
poder que produce amor". Y esto no sería circunscribible sólo al amor,
podríamos por ejemplo hablar del maestro que aprende de sus alumnos.
Pero el amor no sólo es dar, también implica cuidado, responsabilidad,
respeto y conocimiento, todos conformando una interdependencia mutua. No
amamos aquello que no cuidamos. La persona que ama, responde. Respeto
como preocupación por el prójimo, evitando así que la responsabilidad
degenere en dominación; o como dice una vieja canción francesa, el
respeto sólo existe sobre la base de la libertad. Pero el cuidado, la
responsabilidad o el respeto no son posibles si conocer a la persona.
Como dice Fromm, "el conocimiento sería vacío si no lo motivara la
preocupación". Sólo el amor hace posible el conocimiento, en el acto de
amar me encuentro a mí mismo. Sin embargo, ya decía el sabio que
mientras más sabía más se daba cuenta de que, en realidad, no sabía
nada. Otra frase curiosa que escribe Fromm es que "la consecuencia
última de la psicología es el amor".
Hasta ahora se ha hablado del amor como forma de afrontar la separatidad
humana. Pero existe una necesidad existencial de unión de orden
biológico, la polaridad de los sexos. Fromm critica la teoría freudiana
acerca de la sexualidad, diciendo Freud que la finalidad del deseo
sexual es la eliminación de la tensión química producida en el cuerpo,
sin tener en cuenta el aspecto psicobiológico de la sexualidad, la
polaridad hombre - mujer y el deseo de resolver esta polaridad a través
de la unión.
Es curiosa la conclusión a la que llega Fromm acerca de las actitudes
homosexuales: "La desviación homosexual es un fracaso en el logro de esa
unión polarizada, y por eso el homosexual sufre el dolor de la
separatidad nunca resuelta, fracaso que comparte, sin embargo, con el
heterosexual corriente que no puede amar". Salvando las distancias, creo
que podría estar equivocado. Si bien no parece demostrado que en los
homosexuales haya aspectos patológicos diferenciadores con respecto al
resto de su sexo, hay evidencias que sugieren que los genes pueden ser
un factor en la orientación sexual; aunque otras opiniones, como la de
Sigmund Freud, afirman que es más probable que los factores
determinantes sean las experiencias durante la infancia. En este último
punto, Freud afirma que la falta de un progenitor del mismo sexo con el
cual poder identificarse podría ser una causa de la homosexualidad. Si
nos remontáramos al siglo XIX la homosexualidad era entonces clasificada
como enfermedad.
3.4 El amor entre padres e hijos
El niño al nacer no tiene conciencia de la realidad que le rodea o de sí
mismo. Tan sólo siente la estimulación del calor de la madre y el
alimento, la satisfacción y seguridad que la madre le produce; lo
exterior es real en función de sus necesidades. Cuando crece aprende a
percibir las cosas, aprendiendo a manejar las cosas y a la gente. Siente
el amor incondicional materno. Los niños entre los ocho y medio a los
diez años ya pueden amar y no sólo responder con gratitud y alegría al
amor que reciben. El niño pasa de su egocentrismo a valorar las
necesidades de los demás, donde dar o amar es más satisfactorio que
recibir, sintiendo una nueva sensación de unión. Fromm lo reduce a lo
siguiente "El amor infantil sigue el principio: ‘Amo porque me amar’. El
amor maduro obedece al principio: ‘Me aman porque amo’. El amor inmaduro
dice: ‘Te amo porque te necesito’. El amor maduro dice: ‘Te necesito
porque te amo’."
El amor al padre es diferente y de poca importancia durante los primeros
años de la vida del niño, el padre "no representa un hogar natural" de
donde venimos. El padre será quien enseñe al niño el camino hacia el
mundo, en un amor que es condicional que, a diferencia del materno,
puede ser controlado. Después de los seis años, el niño comienza a
necesitar el amor del padre, su autoridad y su guía. La función de la
madre es la de aportar seguridad, el padre será quien enseñe y guíe ante
los problemas que plantea la sociedad. Las cualidades paternas serían la
disciplina, independencia, habilidad de dominar la vida por sí mismo.
La base de la salud mental y el logro de la madurez son fruto del éxito
de la relación madre - niño y padre - niño. La neurosis es fruto del
fracaso o ciertos desajustes en esta relación. Así, "ciertos tipos de
neurosis, las obsesivas, por ejemplo, se desarrollan especialmente sobre
la base de un apego unilateral al padre, mientras que otras, como la
histeria, el alcoholismo, la incapacidad de autoafirmarse y de enfrentar
la vida en forma realista, y las depresiones, son el resultado de una
relación centrada en la madre."
Creo que es bastante discutible cuando dice: "Si un individuo [al llegar
a la etapa adulta] conservara sólo la conciencia paterna, se tornaría
áspero e inhumano. Si retuviera únicamente la conciencia materna, podría
perder su criterio y obstaculizar su propio desarrollo o el de los
demás".
3.5 Los objetos amorosos
Es un error pensar que sólo amamos a una determinada persona, pues esto
no es sino una relación simbiótica o egotismo ampliado. Como
poéticamente escribe Fromm, "si amo realmente a una persona, amo a todas
las personas, amo al mundo, amo la vida". Aunque esto no quita que
podamos distinguir diversos tipos de amor.
Como objetos amorosos se distinguen el amor fraternal, el amor materno,
el amor erótico, el amor a sí mismo y el amor a Dios.
3.6 Amor fraternal
Entendamos por amor fraternal como el amor a todos los seres humanos,
tal como Jesús decía a sus discípulos que amaran a su prójimo como a sí
mismos. Así, el amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a
quienes no necesitamos por un fin egoísta.
3.7 Amor materno
De esto ya se ha hablado antes, sin embargo, quedaría por añadir algunas
observaciones. El amor materno no sólo contribuye a la conservación de
la vida del niño y su crecimiento, sino también debe inculcar en el niño
el amor a la vida. El amor madre - niño crea una dependencia de éste
último necesaria, y a diferencia del amor erótico, donde dos seres
separados se vuelven uno, en el amor materno dos seres que estaban
unidos se separarán. En el momento de la separación el amor materno se
hace más difícil, imposible si una madre no puede "amar a su esposo, a
otros niños, a los extraños, a todos los seres humanos."
3.8 Amor erótico
A diferencia del amor fraterno o el materno, el amor erótico es una
unión con una única persona, exclusivo y no universal, siendo "la forma
de amor más engañosa que existe". No hay que confundirlo con la
experiencia de "enamorarse", situación ésta limitada por el hecho de
llegar a conocer a la otra persona tanto como a uno mismo, o mejor
dicho, tan poco. Otros factores que muchas personas se confunden al
considerarlos formas de salvar la separatidad son hablar de uno mismo,
de las esperanzas, mostrar aspectos infantiles, establecer un interés
común frente al mundo... También es erróneo confundir el deseo sexual
con el amor, aunque el amor pueda inspirar el deseo de la unión sexual.
El deseo sexual sin amor no conduce a la unión, salvo en sentido
orgiástico transitorio.
Un aspecto importante a considerar es la ya comentada exclusividad del
amor erótico. El amor erótico sólo excluye el amor a los demás como
fusión erótica. Hemos visto el amor erótico como atracción individual y
concreta entre dos personas, pero también podríamos hablar de un acto de
voluntad y un compromiso, pues de ser sólo sentimiento no tendría
sentido hablar del amor eterno, del matrimonio hasta que la muerte los
separe. Aquí Fromm no distingue entre el matrimonio decidido por
terceros y el de la elección individual, pues la voluntad será la que
garantice la continuación del amor.
Ante lo expuesto me hago las siguientes preguntas: ¿Existe el amor
eterno? ¿Sólo puede existir amor erótico entre dos personas, no puede
haber una tercera? ¿No es más intenso el amor como elección individual
que el convenido por otros intereses, aun cuando la voluntad y
compromiso haga permanecer unida a la pareja?
3.9 Amor a sí mismo
Son muchas las opiniones que a lo largo de los tiempos han puesto
objeciones al amor a sí mismo. Unos lo consideraron pecado, otros como
Calvino lo calificarían de "peste", hablarían de narcisismo, de ser
insano, que el amor a sí mismo excluye el amor a los demás.
Fromm es tajante al afirmar que es una "falacia lógica" hablar de esta
exclusión recíproca. Por todos es conocida la frase bíblica "ama a tu
prójimo como a ti mismo". Pero, ¿qué explicación tiene el egoísmo si el
amor a mí mismo y a los demás es conjuntivo? Ante esto la respuesta es
que "el egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son
realmente opuestos". Si un individuo sólo ama a los demás, no puede amar
en absoluto; por el mismo motivo, si sólo se ama a sí mismo, nada
sabemos sobre lo que es amar. El egoísta ni tan siquiera llega a amarse
a sí mismo, sintiéndose vacío, infeliz, preocupado por arrancar a los
demás las satisfacciones que él no puede/quiere conseguir. En el caso de
una madre sobreprotectora, más que un amor excesivo lo que muestra es la
forma de compensar su total incapacidad de amar. En esencia poco
diferencia el efecto producido por la madre generosa y la madre egoísta,
pudiendo ser peor la primera, en cuanto los hijos evitan criticarla, se
sienten presionados, la obligación de no desilucionarla. Para llevar a
un niño a conocer la felicidad, el amor y la alegría no hay nada como
una madre que se ama a sí misma. Algo similar podría decirse de una
persona ‘generosa’ que poco o nada quiere de sí mismo y sólo vive para
los demás: no es feliz, es hostil hacia la vida, la generosidad es una
fachada que esconde un intenso egocentrismo.
Creo que deja en muy mal lugar a la madre sobreprotectora. Si bien
llevado a un caso extremo puede ser cierto lo que afirma Fromm, en un
caso normal es una actitud relativamente normal que no creo que tanto
perjudique al niño porque, ¿cuál es el límite de la intensidad con la
que debemos o podemos amar a otros o a nosotros mismos? ¿está demostrado
que rebasar este supuesto límite, si acaso existe, tiene unos efectos
más negativos que positivos?
3.10 Amor a Dios
Si consideramos el número de páginas que Fromm utiliza para hablar del
amor a Dios, parece ser más complejo o importante que los precedentes.
Si hubiera que sintetizar la idea que Fromm aporta acerca de la
necesidad de amar, podríamos decir que esta necesidad existe motivada
por la separatidad, como forma de superar la angustia que el estado de
separación produce en el hombre, siendo la unión la solución.
El hombre surge de la naturaleza, de la madre, de una unidad original a
la que se aferra por encontrar en ella seguridad. En una primera etapa
evolutiva se identificaba con los animales y los árboles; muchas
religiones primitivas reflejan esta etapa evolutiva. Posteriormente es
capaz de moldear figuras en arcilla, metales, cuando ya no depende tanto
de la naturaleza; entonces aparecen los ídolos que adquieren apariencia
humana. Parece haber existido una fase matriarcal de la religión
anterior a la patriarcal en determinadas culturas. La fase patriarcal
marca determinados principios o normas a obedecer, la sociedad
patriarcal es jerárquica; pero los aspectos maternos no pueden ser
totalmente eliminados, teniendo un claro ejemplo en la Virgen de la
religión católica. En muchos casos los dioses han evolucionado de la
misma forma que lo hacía la sociedad; el paso de una estructura social
centrada en la madre a una centrada en el padre produjo el campo de dios
matriarcal a patriarcal. Dios en la religión católica es un ente sin
nombre, justo aunque severo en ocasiones, es amor, se compromete, es la
fuente de toda existencia. Es la figura del padre al que hay que
obedecer, un amor condicionado, que premia ante los buenos actos y se
enoja ante la desobediencia.
Fromm examina la diferencia entre la lógica aristotélica y la
paradójica, una primera donde lo que ‘es’ no puede ser al mismo tiempo
‘no ser’, y la otra que sí acepta esta premisa. Así, a través de la
lógica paradójica podemos concluir que el amor a Dios no es conocer a
Dios a través del pensamiento, sino el acto de experimentar la unidad
con Dios. Desde este punto de vista lo importante no es el pensamiento,
sino el acto. La lógica paradójica llevó al hombre a la tolerancia y la
autotransformación, la aristotélica al dogma y la ciencia; en el primer
caso podríamos hablar de oriente y en el segundo de occidente. Así, en
occidente el amor a Dios es sobre todo una experiencia mental, mientras
que en las religiones orientales es una "intensa experiencia afectiva de
unidad".
Existe un importante paralelismo entre el amor a los padres y el amor a
Dios. El amor a Dios es inseparable del amor a los padres, su amor al
hombre, en una relación determinada por la estructura de la sociedad en
que vive; así, si la estructura social es la de sumisión a la autoridad,
el concepto de Dios será infantil y alejado de un concepto maduro.
3.11 El amor y su desintegración en la sociedad occidental contemporánea
Si partimos de la premisa de que el amor es una capacidad del carácter
maduro, observando la sociedad occidental es indudable que el amor es un
fenómeno relativamente raro, dándose en realidad diferentes formas de
pseudoamor o "desintegración del amor".
La estructura social, regida por el capitalismo, en un principio de
supuesta libertad política y de mercado, necesita mano de obra obediente
y eficiente, al mismo tiempo que consumidores impulsivos y poco
críticos, personas que se sientan libres e independientes que encajen
sin dificultades en el engranaje social. Esto ha producido en el hombre
la enajenación de sí mismo y de lo que le rodea, en una situación de
angustia e inseguridad que hace imposible superar una separatidad ante
la que la sociedad ofrece muchos paliativos: rutinización del trabajo,
el consumo, el ocio prefabricado. Parece que la felicidad pasa por
divertirse, y esto implica consumir. Los autómatas no pueden amar, el
amor llega a equiparse con las condiciones mercantilistas que rigen la
sociedad, en unas relaciones que suelen ser artificiales. Se ha
mantenido el error de pensar que el éxito del amor tan sólo radica en la
satisfacción recíproca en el aspecto sexual, cuando en realidad el
problema es el amor: está demostrado que los problemas sexuales más
frecuentes no tienen su causa en el desconocimiento de la técnica
adecuada sino en las inhibiciones que impiden amar. El temor o el odio
al otro sexo es la raíz de la dificultad de entregarse por completo.
Fromm critica en Freud su concepto materialista del amor, del amor
considerado básicamente un fenómeno sexual, de un sentimiento de unidad
que Freud lo interpretaba como fenómeno patológico de regresión a un
estado de temprano "narcisismo ilimitado", de no distinguir entre el
amor irracional y el amor maduro.
En Sullivan critica su idea de que el amor es una situación de
colaboración entre dos personas que sienten, en lo que Fromm denomina
"egotismo à deux", donde dos personas aman sus intereses frente a un
mundo hostil y enajenado.
Así, el amor como satisfacción sexual recíproca y el amor como "trabajo
en equipo", constituyen las formas "normales" de la desintegración del
amor en la sociedad occidental contemporánea.
Se describen cierto tipos de relaciones neuróticas amorosas. Un primer
ejemplo es la inmadurez emocional y afectiva, fruto de una relación
infantil materna/paterna no superada; personas que muestran un gran amor
y afecto, que en cierta forma es superficial e irresponsable, que entran
en profundas contradicciones y desengaños cuando creen no ser
correspondidos en su justa medida; o la situación en donde la madre fue
fría e indiferente y el padre concentra todo su afecto e interés en el
hijo, pero de forma también autoritaria, premiando y castigando, lo que
lleva al hijo a comportarse como un esclavo, a complacer al padre, y
esto lo trasladará posteriormente en sus relaciones personales
intentando encontrar la figura paterna con la que poder mantener una
conducta similar, personas que suelen tener éxito social pero relegan a
un segundo plano el aspecto afectivo interpersonal.
Un matiz más complicado presenta el hijo ante unos padres que no se aman
e intentan ocultárselo. El hijo desconoce lo que los padres piensan y
sienten, lo que le hace retraerse en su propio mundo, y esto lo
trasladará a las relaciones amorosas posteriores, necesitando a veces
que las acciones masoquistas le liberen de la carga de tensión y miedo
provocada por su nula afectividad.
Otras formas frecuentes de amor irracional son: el amor idolátrico, en
el que se tiende a "idolizar" a la persona amada, siendo característico
su comienzo intenso aunque de difícil permanencia; el amor sentimental,
más fantástico que real, como el experimentado ante una película, novela
o canción romántica, o en el recuerdo de un pasado común por el que se
muestra un amor que entonces no existió, o la esperanza de un amor
futuro inexistente en el presente; otra forma de amor neurótico pasa por
el uso de mecanismos proyectivos, buscando las propias falta ignoradas
en los demás, o la de intentar dar sentido a la propia vida a través de
la vida de los hijos.
Fromm insiste en el error frecuente de pensar que el amor significa
necesariamente la ausencia de conflicto, cuando en realidad los
‘conflictos’ de la mayoría de la gente son formas de evitar los
"verdaderos conflictos reales", no siendo éstos últimos en absoluto
destructivos.
El amor es un desafío constante, que parte desde el centro de nuestra
existencia, en la experiencia de dos seres "que son el uno con el otro
al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos".
Si pensamos en el aspecto religioso, la vida diaria está separada de
cualquier valor religioso fruto del mismo automatismo que nos impide
amar a los demás o a nosotros mismos, donde el hombre moderno se ha
transformado en un artículo más del engranaje mercantilista, preocupado
por un éxito que llega a olvidarse del propio yo, de la propia
existencia al margen de los sentimientos.
Hay una frase muy interesante que escribe Fromm: "El hombre
contemporáneo es más bien como un niño de tres años, que llora llamando
a su padre cuando lo necesita, o bien, se muestra completamente
autosuficiente cuando puede jugar". Dios podría ser ese padre, o la
madre que te ama sin condiciones, y el juego no es mas que nuestra
aceptación y participación en un mundo donde prima el mercantilismo que
nos hace creer que lo óptimo es participar en él aceptando las reglas
del juego. Pero esto no anula el sentimiento de separatidad ampliamente
descrito, más bien lo oculta, y esto provoca sentimientos
contradictorios, angustias, fobias, inadaptación ante nosotros mismos y
ante los demás.
3.12 La práctica del amor
La práctica del amor es una experiencia personal ante la cual no existen
recetas, no obstante, existen ciertos enfoques y premisas que nos pueden
ser útiles.
Ya se comentó que el amor es un arte, y todo arte requiere disciplina,
concentración, paciencia, una preocupación suprema por el dominio del
arte y, por último, ser consciente de que un arte no se aprende sino de
una forma indirecta.
El hombre moderno es excesivamente indisciplinado fuera del entorno
laboral. La falta de concentración nos impide estar a solas con nosotros
mismos. Todo a nuestro alrededor se muestra acelerado, lejos de esa
paciencia necesaria para la quietud y el disfrute verdadero, creyendo
que algo se pierde cuando no actuamos con rapidez, cuando es justamente
lo contrario. Otra condición es la preocupación por el arte que debemos
dominar, pasar de ser un mero aficionado a ser un maestro. ¿Por qué
había de aprenderse a amar de una forma indirecta? Porque antes de
comenzar con el arte mismo, son muchas las cosas que, aunque aparenten
no tener relación alguna, son fundamentales.
Cuando se habla de disciplina, se hace referencia a una práctica fruto
de nuestra propia voluntad, que se sienta como algo agradable. La
concentración es algo más complicado, requiere saber estar sólo con uno
mismo, sin hacer nada más que eso, siendo una condición indispensable
para la capacidad de amar, pero al mismo tiempo hemos de concentrarnos
en todo lo que uno hace. Y esta concentración pasa inevitablemente por
saber escuchar, que no es lo mismo que oír. Porque estar concentrado
significar vivir plenamente en el presente. Hay que pensar continuamente
en uno mismo, analizarse, sensible ante los demás. Es fácil ser sensible
ante los procesos corporales, pero ya no lo es tanto para los mentales.
Aquí se señala un factor altamente crítico del sistema educativo, que se
fundamenta en la transmisión de cierto tipo de conocimiento en
detrimento o ausencia de los rasgos y actitudes humanas.
Hasta aquí se han descrito las condiciones necesarias para la práctica
de cualquier arte pero, ¿cuáles son las cualidades con verdadera
importancia para la capacidad de amar? En primer lugar superar el propio
narcisismo, adquirir una visión lo más objetiva posible del mundo
exterior sólo alcanzable utilizando la propia razón en una actitud de
humildad. Así, el amor requiere humildad, objetividad y razón. La
objetividad y la razón representan la mitad del camino hacia el dominio
del arte de amar, pero sin olvidar que no basta con aplicarlo a la
persona amada, pues del no aplicarlo al resto del mundo estaríamos
abocados al fracaso en ambos sentidos. Hay que tener fe, pero no la fe
irracional en una persona o una idea donde hay que someterse a una
autoridad también irracional, sino una fe racional en el propio
pensamiento y en el juicio, tener fe en otra persona como signo de
confianza, "de la esencia de su personalidad, de su amor". Al mismo
tiempo es imprescindible la fe en uno mismo, pues "sólo la persona que
tiene fe en sí misma puede ser fiel a los demás", la fe en el propio
amor, la fe en la humanidad. Tener fe necesita del coraje, la capacidad
de arriesgarse, llegando incluso a aceptar el dolor y la desilusión. La
práctica de la fe y el valor deben ser ingredientes de la vida diaria.
¿Por qué amar es un acto de fe? Porque amar significa comprometerse sin
garantías, entregarte a la persona amada con la esperanza de producir
amor.
Otra condición necesaria para amar es la actividad, ser activo tanto en
el pensamiento como en el sentimiento.
Pero todo lo descrito está inseparablemente unido al dominio social, es
decir, como ya se ha dicho antes el amor no sólo ha de residir en las
relaciones con la propia familia, los amigos y las relaciones eróticas,
sino también para con todos los que están en contacto con nosotros a
través de nuestras actividades diarias. Sin embargo, los principios
sobre los que se basa la sociedad capitalidad y el principio que ha de
regir el amor son incompatibles. Es por ello que para que el amor se
convierta en un fenómeno social y no una excepción individualista y
marginal, han de producirse importantes y radicales cambios en la
estructura social. Fromm no se plantea una respuesta a este cambio
social, pues requeriría otro libro, pero sí sugiere un camino a seguir.
Hay que pasar de la omnipresencia del interés económico, donde los
medios se convierten en fines, donde el hombre es un autómata, a una
sociedad donde el hombre ocupe el lugar supremo y la máquina económica
esté para servirlo y no para ser servida, donde el amor no esté separado
de la propia existencia social. Porque, en definitiva, "el amor es la
única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana".
Es chocante, aunque tiene su fundamento, la recomendación que Fromm nos
hace como necesario para aprender a concentrarse: evitar las
conversaciones triviales y las malas compañías. Esto es complicado en el
mundo actual, donde la hipocresía es común, donde la trivialidad
predomina. Porque, si eliminamos la hipocresía y la trivialidad podemos
correr el riesgo de quedarnos más solos de lo que ya por sí estamos,
aunque también es cierto que la amistad y el amor se tornarían
verdaderos. Creo que, en cierta forma, somos conscientes de una
trivialidad e hipocresía que aceptamos y de la que también participamos,
pero somos conscientes de cuándo, cómo y con quién la sinceridad es real
y permanente, quizás son pocas las personas. A veces no se trata de
eliminar o evitar, sino de ser consciente de ello.
Por otro lado, me surge una duda en lo que a simple vista parece una
contradicción. Fromm habla del amor como acción de dar, sin condiciones
previas, sin esperar nada a cambio aunque el recibir sea inevitable. Por
otro lado, nos dice que amar significa comprometerse sin garantías, lo
cual concuerda con lo antes dicho, pero este amar es una entrega "con la
esperanza de producir amor en la persona amada". ¿Acaso esta esperanza
no es una posición a priori de esperar algo a cambio? ¿se produce la
unión cuando a ese dar sin condiciones no le sigue un recibir parte de
lo que anteriormente dimos? ¿es una posición mercantilista, o acaso una
necesidad innata? Creo que esto no queda suficientemente claro.
CONCLUSIONES
1. Hacia la tercera década del siglo XX, surge en Alemania el
existencialismo y de allí se difunde por Francia y el resto de Europa,
especialmente en Francia. Esta escuela, podría interpretarse como una
reacción ante un período de crisis de conciencia a nivel social y
cultural
2. Los existencialistas afirman que el hombre es un ser "arrojado al
mundo", esta frase parece expresar el sentir europeo de aquellos años y
puede ser interpretada de modo literal: los europeos se sienten
arrojados en mundo inhóspito, arrojados de sus hogares destruidos y de
la seguridad de sus creencias, valores e ideales.
3. Es uno de los más influyentes sistemas filosóficos y culturales; una
tendencia particular de la concepción humanista que tiene por objetivo
el análisis y la descripción del sentido y contradicción de la vida
humana. Desde el punto de vista del existencialismo, el individuo no es
una parte mecánica de un todo único (generación, clase, socio), sino lo
íntegro por sí mismo.
4. Psicología humanística y existencialista
La psicologías existencialista como su nombre lo indica, se basa en la
filosofía existencial que en la década de 1940alcanzó gran popularidad
por obra de Jean – Paul Sartre, entre otros. Los psicólogos
existencialistas analizan sobre lo absurdo y la enagenación de la vida
moderna. Según ellos estos sentimientos dan origen a la apatía, el miedo
y a otros problemas psicológicos. Por ejemplo el psicólogo Rollo May
afirma que, los estadounidenses modernos son almas pérdidas, es decir,
personas sin mitos ni héroes.
R. D. Laing, otro pensador existencialista, esta convencido de que hemos
de revalorizar nuestra actitud ante la conducta psicótica. Este
comportamiento no es normal en su opinión, sino unas respuesta normal y
responsable ante un mundo anormal. Los psicólogos existencialistas,
tratan de ayudar a la gente a encontrar un sentido interno de identidad
de modo que alcancen la libertad asuman la responsabilidad de sus actos.
5. La psicología humanística guarda relación con la psicología
existencialista.
Ambas establecen que la gente debe aprender a realizar su potencial.
Pero mientras que la psicología existencialista, se centra en el
establecimiento del sentido interno de identidad y de fuerza de
voluntad; la psicología humanística, destaca las posibilidades de la
experiencia no verbal, la unidad de la mente, los estados alterados de
la conciencia y el desahogo.
Las concepciones existencialistas y humanística nunca han predominado en
la psicología estadounidense, Sin embargo, sigue ejerciendo su
influencia, sobre todo en la comprensión de la personalidad y la
conducta anormal.
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Cultura Económica.
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Coordinador del Centro de Documentación - CENDOC.
Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social - MIMDES.
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