La investigación, es un campo consolidado a nivel mundial para explicar, comprender, transformar e intervenir sobre las realidades; se considera una vía válida para construir conocimientos. Por ello, los posgrados plantean como un rasgo de sus egresados el saber hacer investigación, es decir, que sean capaces de poner en duda lo existente, se planteen preguntas e intervengan sobre lo cotidiano con miradas innovadoras. El supuesto es, que mientras existan más miradas especializadas sobre las realidades, el conocimiento se amplía y por tanto las intervenciones sobre ellas se hacen manera más focalizada y efectiva. Un error, de muchos posgrados, es que acotan la investigación al estudio y manejo de un enfoque de investigación, incluso aún sobreviven discusiones acerca de lo cualitativo y cuantitativo, lo positivista o lo hermenéutico, reduciendo con ello la formación, al aprendizaje de un método de acercamiento a las realidades.
Ante este hecho, me parece, los posgrados podrían plantearse dos perfiles institucionales: el primero posgrados de amplio espectro, por ejemplo, maestrías en educación, en educación básica, en educación superior, en investigación, es decir en amplios campos de conocimientos, donde la línea formativa en investigación, proporcionaría un amplío conocimiento de los métodos de acercamiento a las realidades y al final, a partir del interés del investigador en formación, se seleccionaría una parcela de realidad para explicarla, comprenderla o modificarla y junto con ello el mejor método para lograrlo. Un problema de este planteamiento es la falta de especialistas suficientes para asesorar estudios desde diversas perspectivas teóricas y metodológicas. El segundo perfil, tiene que ver con el planteamiento de posgrados de especialización, es decir que en sus convocatorias se definan los campos de conocimientos y los métodos en los que forman, esto en la práctica ya se hace en algunos posgrados, por ejemplo, podrían ofertarse maestrías en Análisis político del discurso educativo o bien maestrías con líneas de especialización predefinidas.
Además de estos problemas propios de la investigación y la formación de cuadros de especialistas, desde la década pasada se han consolidado campos alternativos de construcción de conocimientos, que empiezan a pelear su lugar en esta arena.
Uno de esos campos es la evaluación, el cual ya puede considerarse como consolidado, tanto en sus herramientas metodológicas como en sus diversos enfoques teóricos. Así, al revisar su genealogía, encontramos que desde la década de 1940, empiezan a surgir los primeros esfuerzos por definir esta perspectiva de acercamiento a las realidades, que pretendía emitir juicios acerca de determinados objetos y situaciones. Incluso la investigación, atendiendo al fortalecimiento de este campo acuño el término investigación-evaluativa, poniendo el acento en estudios que buscaban emitir juicios o calificar determinados objetos. Poco a poco los estudios evaluativos fueron construyendo sus propios marcos conceptuales y metodológicos al grado que en la actualidad, ya es inapropiado hablar de investigación-evaluativa, se enuncian ahora como campos separados: la investigación y la evaluación. Algunas evidencias de la consolidación del campo de la evaluación son: la creación de institutos especializados, el surgimiento de organizaciones internacionales que tienen a la evaluación como su objeto, la producción de bibliografía, la celebración de congresos y la oferta de especialidades, maestrías y doctorados en este campo.
Al igual que la evaluación, otros campos empiezan a pelear su espacio como herramientas de acercamiento a las realidades educativas, por ejemplo, él enfoque de políticas. Sin duda, ante la complejidad de las realidades, las herramientas para intervenir sobre ellas también habrán de especializarse.
Maestro en Políticas Públicas Comparadas por la FLACSO-México.
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