Si bien es cierto que la inflación alcanzó el 4% y que según
proyecciones especializadas, la acumulada oscilaría entre 5% y 6% al
cierre del año, también es real que esta inflación es resultado de lo
que está ocurriendo en el mundo entero. Es la menor inflación en América
Latina y la segunda más baja en el continente después de Canadá. No
obstante, ser una inflación importada, preocupa esta situación por está
alentada por acciones especulativas y flujo de dólares baratos
provenientes del narcotráfico.
La crisis económica en los Estados Unidos que ya tiene síntomas de
recesión, el alza de los alimentos en el mercado internacional, el
precio del petróleo que superó la barrera de los US$ 110.00 el barril en
el mercado de Nueva York y la caída de la divisa estadounidense frente
al euro, no sólo ejercen presión en economías en desarrollo como la
peruana, sino que también agudizan los problemas sociales por falta de
adecuada información a la población que piensa que el alto costo de vida
es consecuencia de una deficiente gestión gubernamental.
El "shock de confianza" supone la aplicación de un conjunto de medidas
que controlen el repunte inflacionario, pero también expliquen con
transparencia lo que está ocurriendo en el mundo y cómo se afectará a la
economía. El tipo de cambio se está apreciando y los precios de los
alimentos están subiendo, insumos suficientes para quienes "en nombre
del pueblo" inicien acciones desestabilizadoras del orden institucional
y democrático, auspiciadas por campañas mediáticas. Urge desarrollar
estrategias de comunicación organizacional para evitar futuros
conflictos sociales.
La caída de la divisa norteamericana está permitiendo que la moneda
local se fortalezca y genere financieramente una mayor demanda de
créditos en soles, restándole al mismo tiempo, competitividad a los
exportadores que basan sus transacciones en la moneda estadounidense.
Como el problema es internacional, también las economías de la región
están afectadas. Sólo en los dos primeros meses del año la inflación en
Colombia llegó al 22% y en Chile alcanzó el 15%, mientras que sólo en
febrero Venezuela llegó a 22.5%, Argentina 8.5%, Chile 7.8%, Colombia
7.7% y Paraguay 6%, siendo la media en América Latina de 5.7%. Incluso,
la cotización del euro en la plaza europea de Francfort superó los US$
1.56. Es decir, la turbulencia mundial que permitió el colapso de los
fondos hipotecarios en los Estados Unidos, repercutirá en la dolarizada
economía peruana que importa combustibles y alimentos básicos como el
trigo, maíz, arroz y aceite de soya.
Sin embargo, a los problemas foráneos hay que sumarle el oportunismo de
los especuladores que está generando la escasez y subida de precios de
algunos alimentos y materiales de construcción. Esta situación también
se agrava por el incremento de las exportaciones ilegales de drogas que
alientan el flujo de dólares baratos en el país. Están creciendo los
cultivos de coca y amapola y poco se está haciendo para controlar la
situación. Algunos están haciendo el negocio de su vida, no porque están
involucrados directamente con el narcotráfico, sino porque están
permitiendo que grandes extensiones de cocales sigan creciendo.
No obstante, con austeridad, prudencia y manejo responsable se podría
amortiguar el golpe que de todos modos llegará. Medidas como la
reducción del Impuesto Selectivo a los Combustibles (ISC) y de los
aranceles a la importación de alimentos son herramientas que frenarán en
parte el aumento de los precios internacionales.
Asimismo, las medidas adoptadas por el Banco Central de Reserva (BCR)
restringirán el crédito y evitarán el repunte inflacionario. La subida
del encaje marginal en moneda nacional del 15% al 20% y el incremento
del encaje legal bancario de 7% a 8% permitirán encarecer el crédito,
limitando de esa manera su incremento. También la autorización para
aumentar el límite de inversiones en el extranjero de las
Administradoras de Fondos de Pensiones de 17% al 20% generará la salida
de capitales a plazas más atractivas. Todos estos instrumentos de
política monetaria tienen por finalidad frenar el crecimiento de la
inflación por demanda. En política monetaria y cambiaria, el BCR está
tomando la iniciativa, sólo falta que el Ministerio de Economía y
Finanzas (MEF) haga lo propio en la economía y hacienda pública.
Sin embargo, hay cierta preocupación por el incremento del gasto
corriente. Sólo en enero, los gastos en sueldos y planillas del sector
público se incrementaron en 21%, que en la actual coyuntura, echa más
leña al fuego. El control inflacionario no debe ser sólo monetario sino
también ético. Es decir, debe haber prudencia en el gasto fiscal no de
inversión social, sino en el gasto corriente.
Desde esta perspectiva, la caída del dólar está afectando a las
exportaciones, razón por la cual el MEF debería ser flexible en algunas
medidas que ayuden a paliar el daño. Debería permitir que los
exportadores lleven su contabilidad y paguen sus tributos en moneda
extranjera para reducir la volatilidad cambiaria. Otra medida que
ayudaría a superar la crisis sería la reducción del Impuesto General a
las Ventas en algunos puntos, como los están haciendo Chile y Brasil con
los combustibles que ahora tienen menor Impuesto al Valor Agregado
(IVA). En el caso brasileño también se redujo el IVA a los productos de
la canasta básica.
Otro sector afectado directamente es el agropecuario. Están subiendo los
precios de los fertilizantes y alimentos concentrados. Con respecto al
agro, se debe evitar la aplicación de subsidios ciegos porque son mala
señal para la economía. Es cierto que el precio del maíz, trigo, soya y
arroz han subido, pero de aplicarse subsidios, éstos no beneficiarán a
los productores peruanos, sino a los extranjeros o grandes
intermediarios, porque los productos importados están en parte
subsidiados en sus países de origen.
Además, el Perú ya aplica subsidios a todos sus combustibles importados,
razón por la cual el precio internacional no ha sido trasladado aún a
los consumidores. ¿Cuánto tiempo resistirán? Tarde o temprano tendrán
que trasladarse a los consumidores. Parte del "shock de confianza" es
decir también la verdad a la población. Es como mantener una inflación
disfrazada en los registros, pero que tarde o temprano se desbordará y
eso sería peor. La experiencia del pasado debe habernos enseñado algo.
Si el objetivo es ayudar al campesino pobre, se debe desarrollar algún
mecanismo de ayuda focalizada. No olvidemos que la filosofía del embalse
de precios la aplicó la administración García en su primer gobierno con
el dólar MUC (Mercado Único de Cambios), que fue mal utilizado por
empresarios exportadores en desmedro del campesino pobre como lo está
hoy en día.
Así como sugerimos al MEF medidas de flexibilidad para los exportadores
con relación a la volatilidad cambiaria, también el Ministerio de
Trabajo que tiene como objetivo el fomento y promoción del empleo en
coordinación con el Ministerio de la Producción deberían impulsar las
microfinanzas mediante programas de asociatividad como herramienta para
ayudar a los más pobres del país. Estos programas ayudarán a los
campesinos que por ahora no son sujetos de crédito para los bancos
comerciales. La asociatividad es clave para impulsar el campo basada en
los minifundios.
Hay experiencias exitosas al respecto en diversas partes del país por
parte de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) como Cáritas, Adra-Ofasa,
Visión Mundial, Fundación contra el Hambre y Compasión Internacional,
Paz y Esperanza, entre otras instituciones sociales.
La asociatividad se refleja en los "bancos comunales", préstamos
rotatorios y grupales, redes de comercialización y producción, mercados
cooperativos y grupos de mujeres que tienen acceso al crédito otorgado
por cajas municipales, cajas rurales, Edpyme, ONG y cooperativas. La
industria microfinanciera tiene el Know How y expertise que el gobierno
debería aprovechar para ayudar a los más pobres del país. La experiencia
en microfinanzas no está en los bancos comerciales que hasta ostentan
oficinas con ese nombre, sino en las cajas municipales, Edpyme y ONG,
principales líderes de las microfinanzas en el país.
Incluso, estas experiencias pueden transformarse en mecanismos de
conversión para enfrentar con éxito el Tratado de Libre Comercio con los
Estados Unidos y otros acuerdos de integración comercial.
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