La Reforma energética la podemos definir como el cambio del marco jurídico que permita la participación de empresas privadas y sociales en la generación y distribución de la energía eléctrica, en la extracción y el procesamiento de petróleo y en la producción de otras formas de energía.
ANTECEDENTES
El planteamiento formal de iniciar un proceso de reforma energética
en el país se registra en 1999, con la iniciativa de ley que el titular
del poder ejecutivo federal presentó ante la Cámara de Senadores, para
que se legislara en torno a la privatización de algunas áreas del sector
eléctrico y el relacionado con la actividad petrolera.
El 2 de febrero de 1999 el Presidente de la República, Ernesto Zedillo
Ponce de León, envió a la Cámara de Alta del Congreso de la Unión, una
iniciativa de reforma a los artículos 27 y 28 de la Constitución con el
propósito de iniciar la reestructuración del sector eléctrico de México,
que abriera espacios a la participación del sector privado en el sector
eléctrico actualmente reservado exclusivamente al Estado, y ampliara la
participación en la explotación y procesamiento de hidrocarburos.
ACTUALIDAD
Cuál es el papel del sector público en la economía. Al menos hay que
tener eso como referencia, porque el encargado y principal productor de
energía en nuestro país es el sector público.
EL PETRÓLEO
El petróleo esta ligado de manera íntima al concepto de nación. A fines del siglo XIX con la Revolución Industrial el petróleo empieza a tener peso debido principalmente a que es un recurso capaz de producir los mejores beneficios para el mayor número de personas. Pero, este principio fue olvidado en el siglo XX, pues se entregaron los yacimientos petrolíferos, no sólo a los inversionistas nacionales particulares sino principalmente a los extranjeros. Porfirio Díaz argumentó entonces lo mismo que hoy Felipe Calderón; qué la modernización del país requería de las nuevas fuentes de energía, y la única forma de descubrirlas y alentar la producción era permitir la inversión del capital extranjero ya que tenía la tecnología para hacerlo.
Igual que en el pasado porfirista, las compañías extranjeras se unieron con la clase política dominante y aparecieron los Fox, los Mouriño, los Bribiesca, los Nava, los Martínez, los Beltrones, etc. La Pearson hizo miembros del consejo de administración de "El Águila" al hijo de Porfirio Díaz, al gobernador del DF, Guillermo de Landa, a Enrique Creel, a Pablo Macedo y a otros miembros de la clase política de esa época. Decían también que actuaban en beneficio del país, cuando en realidad actuaban para beneficio de ellos mismos.
QUIEN ES PEMEX
A pesar de su pésima administración y malos manejos, de las prácticas
de corrupción, de su pesado régimen fiscal o de su falta de inversión,
Pemex es una de las empresas con más alto índice de rentabilidad, de ahí
la incongruencia de su enorme endeudamiento. Las ventas totales de
Pemex, a pesar de la declinación en la producción, se han mantenido en
plan ascendente: 773,587 millones de pesos en 2004; 928,643 millones de
pesos en 2005; 1.062495 billones de pesos en 2006. En 2007, las ventas
totales de Pemex registraron 1.134982 billones de pesos.
Pemex tiene unos enormes ingresos producto de sus ventas totales, de tal
forma que cualquier empresa del mundo envidiaría esos números y desearía
estar en esa clase de bancarrota. Los ingresos de Pemex en 2007 son
comparables con los de Exxon-Shell y fueron mayores que los ingresos de
las treinta empresas más grandes de México juntas, incluyendo a grandes
compañías como Wal-Mart, Cemex, Bimbo, Televisa, Telmex, FEMSA, Vitro.
El gobierno obtiene el 40% de sus ingresos de los impuestos que le
aplica a Pemex; pero además el país obtiene cerca de 150 mil empleos
bien pagados que se traducen en el bienestar de muchos cientos de miles
de personas; y el control del energético representa, para el sector
público, un instrumento de desarrollo que se utiliza en muchos casos y
regiones. Como recurso estratégico, es decir que juega un papel clave en
la marcha económica, los mexicanos lo declararon inalienable.
El papel del petróleo en nuestra economía es bien conocido, pues ¿qué
haría el gobierno sin ese 40% de sus ingresos? Ni siquiera gente tan
reaccionaria como Augusto Pinochet dudó en conservar una empresa pública
de esa naturaleza. Privatizó muchas actividades pero la industria del
cobre no, porque con él se mantenía el gasto público. Por ello, aquellos
que pretenden impulsar la privatización son tan pueriles, pues plantean
diversas formas de privatización del petróleo, pero ni siquiera tienen
la imaginación de decir para qué, en beneficio de quién, sustituyendo su
papel con qué actividad, con qué inversión.
En cuanto al petróleo, México esta perdiendo terreno frente a la
competencia internacional fundamentalmente por causas tecnológicas y
operativas. Las reservas del petróleo están disminuyendo y hay reservas
privadas para poco más de 9 años de producción. La producción ha caído,
se extraen 300 mil barriles diarios menos que hace 3 años. 4 de cada 10
litros de gasolinas que consumimos vienen de otros países, porque PEMEX
no cuenta con la capacidad necesaria para refinar el petróleo.
LAS PRIVATIZACIONES EN MÉXICO
Y referente a las privatizaciones, centenares de empresas públicas se
privatizaron a partir de 1982, entre las que se cuentan los bancos,
teléfonos, ferrocarriles, aerolíneas, industria siderúrgica e industria
azucarera. El Estado obtuvo 32 mil millones de dólares, pero los
fracasos de los empresarios privados le ha costado al país una cantidad
cercana a los 110 mil millones de dólares. Este tipo de privatizaciones
no tiene ni caso discutirlo. Baste con decir que no deberíamos ni
aceptarlas ni permitirlas.
Existen varias clases de privatización, una sería la venta de la
empresa, otra privatización parcial ha venido ocurriendo al autorizar la
generación privada de energía que luego distribuye la Comisión Federal
de Electricidad. Pero hay todavía un tercer caso de privatización, que
es más grave que la venta porque está disfrazada, y que en el pasado se
denunció, la simple venta del petróleo.
LAS REFORMAS ENERGÉTICAS
LA REFORMA ENERGÉTICA DE FELIPE CALDERÓN (PAN).
El gobierno de Felipe Calderón, en su iniciativa de reforma
energética, resalta la necesidad urgente de abrir la industria petrolera
al capital privado y hacer alianzas estratégicas con otras compañías,
para poder incursionar en aguas profundas en busca del “tesoro” bajo el
mar e incrementar la capacidad de refinación, entre otras cosas.
La propuesta de reforma de las capacidades jurídicas de Petróleos
Mexicanos y sus organismos subsidiarios para realizar contratos con
terceros para auxiliarse en su actividad industrial. Veamos, pues, el
núcleo de la propuesta de reforma a la luz del sistema de derechos. En
el segundo párrafo del art. 4 de la propuesta se establece que:
“Petróleos Mexicanos y sus organismos subsidiarios podrán contratar con
terceros los servicios de refinación de petróleo. Dicha contratación no
podrá, en modo alguno transmitir la propiedad del hidrocarburo al
contratista, quien tendrá la obligación de entregar a Petróleos
Mexicanos o a sus organismos subsidiarios todos los productos y residuos
aprovechables que resulten de los procesos realizados”.
En él se hace énfasis del crítico estado actual de Pemex: la producción
de crudo y las reservas están en plena caída y hay necesidad de
incursionar en aguas profundas; la capacidad de refinación es
insuficiente y hay que construir refinerías nuevas; no tiene tecnología,
ni experiencia ni capital para invertir en exploración de aguas
profundas, entonces hay que recurrir al capital privado. Nada que no
hayamos oído antes, lo que llama la atención es que todos los problemas
convergen en una sola solución, en sus dos facetas: inversión privada y
alianzas estratégicas.
El argumento de inconstitucionalidad consiste, en síntesis, en señalar que mediante la modificación de Ley Reglamentaria del art. 27 constitucional en el ramo del Petróleo, se está haciendo una reconfiguración encubierta y, desde luego, inaceptable, del contenido del mandato constitucional sobre el control público de una actividad estratégica como la industria petrolera.
LA REFORMA ENERGÉTICA DEL PRI
En cambio, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México durante 72 años, mantiene una posición ambigua. El PRI presentó este mes su proyecto energético, que considera la posibilidad de ir aumentado de manera gradual la presencia de empresas privadas en Pemex. La participación privada en la compañía estatal comenzaría con un 30% y alcanzaría el 60% progresivamente. El PRI plantea que el Estado mantenga la propiedad, dirección, control y usufructo de las paraestatales CFE, Pemex y Luz y Fuerza.
LA REFORMA ENERGÉTICA DEL FAP
La coalición Frente Amplio Progresista (FAP) presentó su propuesta de
reforma energética, que rechaza la iniciativa privada en áreas
estratégicas de la estatal Pemex, como alternativa al plan del Gobierno.
El pueblo mexicano rechazó la privatización de Pemex, en la consulta
popular que concluyó el domingo. La coalición centra su propuesta en la
modernización de Petróleos Mexicanos (Pemex) sin privatizar el
aprovechamiento de crudo, los activos o la renta petrolera.
La propuesta de la coalición de izquierda, avalada por un grupo de
intelectuales y expertos, plantea dotar a Pemex de mayor autonomía
financiera y de gestión, así como de un régimen fiscal que permita el
buen desempeño de la empresa. Este plan, que busca anclar a Pemex en la
"transparencia", fue presentado formalmente al Senado y respaldado con
una marcha en el Distrito Federal. La propuesta ciudadana estipula cinco
reformas a Pemex y la creación de una Ley Orgánica para la paraestatal.
Elaborada por un grupo de profesionales, expertos, académicos e
intelectuales, apoyados con trabajo de Cuauhtémoc Cárdenas, la propuesta
cuenta también con el aval de Andrés Manuel López Obrador.
Consideran un Pemex con ductos y refinerías propiedad de la nación; sin
contratos discrecionales, inciertos e interpretables; no de riesgo, ni
de servicios múltiples; de desempeño o incentivados sin acotamiento
alguno, que son mecanismos de transferencia de la renta petrolera. La
reforma energética es uno de los puntos centrales de la vida política
mexicana desde hace meses. El Ejecutivo Nacional propone cambiar el
artículo 27 de la Constitución para permitir que empresas extranjeras
operen ductos y participen en procesos y en áreas estratégicas que hasta
ahora han sido manejadas por el Estado mexicano, como la refinación,
distribución y almacenamiento del petróleo.
La izquierda no se opone a que el sector privado, tanto nacional como
extranjero, siga ofreciendo algunos servicios a Pemex, siempre y cuando
no se ponga en riesgo la riqueza nacional de la industria petrolera.
Considera que la iniciativa privada participe, pero nunca en áreas
estratégicas como refinamiento, almacenamiento, manejo de oleoductos o
transporte. En algunos casos se podría aceptar a particulares en el área
de perforación, pero no se permitirá su participación en la renta
petrolera, pues Pemex no necesita hacerlos socios.
Por otra parte, en la consulta popular fase 3, los mexicanos consultados
volvieron a rechazar mayoritariamente la entrada de capital privado en
la "explotación, transporte, distribución, almacenamiento y refinación
de los hidrocarburos". La enorme mayoría tampoco estuvo de acuerdo con
la aprobación de la reforma energética que propuso al Congreso el
presidente Felipe Calderón.
REPERCUSIONES
Una cosa es exportar un millón de barriles al día para tener ingresos
que permitieran el financiamiento de la sustitución de importaciones, o
simplemente las importaciones del mismo sector industrial, de tal manera
que siguiera creciendo; y otra cosa es aumentar la plataforma de
exportación, sin crecimiento ni inversión, para pagar intereses de la
deuda, los déficits comerciales o saciar la voracidad de los
imperialistas. Y es precisamente el caso que estamos viviendo.
Tenemos reservas probadas para mantener la extracción, al ritmo actual,
durante los próximos 9 años. ¿Cuántos años tienen ustedes? Digamos que
oscilan entre los 18 y los 24. Ahora piensen que cuando ustedes tengan
entre 31 y 37 años no va a producirse ya más petróleo en México, porque
los gobiernos que empezaron con De la Madrid, y siguieron con Salinas,
Zedillo, Fox y Calderón, prefirieron venderlo para pagar los gastos
corrientes y las deudas, que conservarlo para ustedes. Ya no hablo de
sus hijos, sino de ustedes. Son ustedes los que se van a quedar sin
petróleo, porque lo están privatizando en sus propias narices.
Y quién es el beneficiario de este tipo de privatización. Pues el
primero y más directo es Estados Unidos, que se dedica a guardar sus
reservas de petróleo mientras se consume las nuestras. Aquí no necesitó
mandar soldados, ni bombardear, sólo tuvo que becar a Salinas en
Harvard, a Zedillo en otra Universidad, y apoyar al gerente de la Coca
cola para que tomara las riendas de un gobierno y un país que no ha
podido producir un líder ni un movimiento que defienda su interés como
nación y como pueblo.
Y quién son los representantes de esa política antinacional de aumentar
la exportación de petróleo. Pues nada menos que Felipe Calderón, quien
comprometió nuestros recursos petroleros y multiplicar la exportación de
crudo a EU a cambio de favores para su campaña presidencial de 2006.
Pero si no lo exportamos, nos podrán preguntar, ¿cómo nos financiamos y
qué hacemos con él? Y es cierto, se requiere de un proyecto económico
que deje que basar el gasto público en el ingreso del petróleo y que
genere ingresos alternativos. Al mismo tiempo, se trata de iniciar la
generación de tecnologías alternativas al petróleo, que hayan sido
puestas en operación antes de que se nos agote el recurso.
Si al mismo tiempo que reorientamos los recursos financieros, hacia
actividades productivas, renegociamos los pagos de deudas que la
administración pública no tendría que seguir pagando -como las
carreteras y los bancos-, entonces sí que estaríamos avanzando en la
instrumentación de un proyecto económico alternativo.
Si tuviéramos una política económica alternativa, que no dependiera del
petróleo, pero que tampoco pretendiera cobrarnos por comer pan o por
tener necesidad de medicamentos, podríamos destinar el petróleo a que se
extrajera a un ritmo menor mientras desarrollamos las tecnologías, la
infraestructura y la red de alternativas que nos permitieran seguir
funcionando. Esa debería ser la política sobre Pemex. Esa política
debería empezar por una reducción drástica de la exportación y una
inversión importante en las tecnologías y la investigación sobre lo que
debe sustituirlo.
El sector privado piensa que el mercado lo es todo. Aquí convendría
hacer una acotación, porque vivimos en un momento paradójico o trágico,
pues hemos tenido al frente del Estado, en importantes áreas de la
administración pública, a empresarios bien identificados, que pueden ser
muy competentes en el sector privado, pero que son extraordinariamente
ineptos en la gestión pública, pues no podemos trasladar los criterios
de rentabilidad a la empresa pública, no porque deba operar con números
rojos, ni porque no pueda asumir una estrategia competitiva, sino porque
más allá de ambas cosas, está la noción sobre el papel del sector
público y sus empresas en la promoción del desarrollo, en la rectoría
del estado, y en la defensa del interés colectivo por encima de
cualquier interés corporativo, individual o privado.
Las empresas gubernamentales difieren de las privadas en dos importantes
sentidos: En primer lugar, porque las privadas maximizan ganancias, y
las gubernamentales pueden perseguir otros objetivos tales como el
empleo, los salarios, etc. Y en segundo lugar, en que las empresas
públicas enfrentan distintos incentivos que se imponen por la ausencia
de competencia y por la imposibilidad de quiebra. El uso limitado del
pago de incentivos, y el mayor grado de la seguridad laboral pueden ser
parte de la explicación de las diferencias del comportamiento
individual.
Y esto tiene que ver con la energía porque para los privatizadores se
trata de un bien que puede generar altas utilidades, que tiene una
demanda en expansión y donde se puede incursionar en condiciones de poca
competencia. Por eso el estado no puede adoptar las herramientas de
análisis o los criterios de la economía global para administrar un
conjunto de empresas que no son ni serán negocio. Sólo se vuelven
negocio en manos de los privados, pero en ese momento se pierden como
instrumento económico de progreso para el resto de los ciudadanos.
Este es un punto que tienen que defender a sangre y fuego los mexicanos.
Es una de nuestras conquistas históricas. No porque las haya inventado
Juárez o Cárdenas, sino todos, todos los que en un proceso social e
histórico le conferimos al estado un carácter tutelar y una
responsabilidad social. La herramienta de conocimiento y de planeación
económica del estado es la economía política. Cualquiera que sean los
rumbos que la reforma legal de estas cuestiones siga, no debemos dejar
que el estado abandone su responsabilidad, pues nadie más podría
sobrellevarla.
CONCLUSIONES
1. La reforma energética surge como una iniciativa para cambiar el
marco jurídico y permitir la participación de empresas privadas en la
generación y distribución de la energía eléctrica, en la extracción y el
procesamiento de petróleo y en la producción de otras formas de energía.
2. El Gobierno Federal parte de una premisa falsa y evade toda la
responsabilidad que le corresponde como principal promotor de la crisis
económica del país:
a. Es incapaz de llevar a cabo una política económica que genere
desarrollo y competitividad y crecimiento económico del país.
b. Absorbe todas las utilidades de Pemex y no le deja margen de
crecimiento
c. No genera ningún resultado favorable para el país, como por ejemplo,
una recaudación tributaria eficaz o la creación de un ambiente favorable
para la inversión y la generación de empleo, etc.
d. El actual gobierno como administrador es deshonesto, ineficiente y de
visión miope, pues la única idea que se le ocurre para incrementar sus
ingresos es despilfarrando los recursos petroleros o aumentando o
creando nuevos impuestos.
3. Las privatizaciones en México han generado más pérdidas que
beneficios
4. En lugar de privatizar las actividades petroleras se deben hacer
reformas estructurales en Pemex (como combatir la corrupción, darle
autonomía de gestión y modificar su régimen fiscal, para impulsar su
crecimiento y modernización).
Investigador, Conferencista y Consultor de Negocios y Tecnologías de Información.
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