En pleno siglo XXI seguimos siendo colonias, pero ahora del
imperialismo norteamericano, que ha cambiado de nombre por el de
globalización. La estructura económica de nuestros países
latinoamericanos es débil, desarticulada, contradictoria y dependiente,
por más esfuerzos integratorios creando diversas instituciones, lo único
que hemos conseguido es hacer crecer la burocracia internacional, porque
al final de cuentas seguimos desunidos. Decimos dependientes porque todo
está de acuerdo a los intereses de Estados Unidos.
La burguesía, es decir el grupo poseedor de grandes capitales que ha
manejado a su antojo cada país, ha demostrado incapacidad y nunca se ha
preocupado por el progreso y despegue económico, no le ha interesado su
misión ni visión, no ha visto más allá de sus narices.
La burguesía sólo se ha dedicado a la exportación de materias primas
sin valor agregado, es decir, sólo se ha preocupado por el sector
primario, que vende las riquezas naturales sin transformar al mejor
postor internacional, no se dan cuenta que el cobre que vendemos, otros
lo transforman en distinto artículo y nos lo vuelve a vender, pero más
caro. El sector secundario, como sabemos, está conformado por la
industria y la manufactura en general, no produce bienes de consumo
final, no es desarrollada, es mínima, no transforma la materia prima,
sólo se conforma en copiar la tecnología foránea, no hay ciencia ni
tecnología nacional, al estado burgués no le interesa apoyar a la
universidad que es la única entidad que puede hacer investigación, al
contrario, la ahoga y la desprecia, porque es muy crítica, la empresa
brilla por su ausencia, no le interesa gastar en investigación. El
sector terciario o de servicios produce bienes intangibles como el
comercio, por ejemplo. Este sector está constituido por gran parte de la
población económicamente activa (PEA), pero no es producción que es lo
más importante y muchos de ellos forman parte de la economía informal.
El sector cuaternario, de reciente creación como consecuencia de la
sociedad de la información y que se ha desarrollado una barbaridad, está
formado por la telecomunicaciones y la informática, también calco y
copia de los llamados “países desarrollados”.
El caso de mi país, el Perú es curioso, por decirlo en forma
diplomática. Poseedor de ingentes cantidades de riquezas que la madre
naturaleza le ha prodigado: mar, mineral, petróleo, clima, gas, flora,
fauna, éstos no llegan a la población que no se beneficia en lo más
mínimo, siendo gran parte pobre y en estado de hambruna. ¿Cómo es
posible que teniendo un mar tan rico, el pescado sea de un precio
prohibitivo para la mesa popular? Aquí los gobernantes de turno se
llenan la boca diciendo que estamos en cifras azules (nuevamente se
preocupan por el aspecto macroeconómico y no en el microeconómico), que
hay estabilización, que no hay inflación, que las exportaciones son cada
día más altas, etc. etc. Lo único que falta es que digan que vivimos en
el paraíso terrenal. Simplemente no dicen la verdad, lo dicen a medias o
dicen lo que les conviene. Claro, lo que les importa es que de afuera
nos vean con buenos ojos para que ingresen divisas (léase dólares), para
que lleguen “los inversionistas”, es decir las poderosas corporaciones
que lo único que les interesa es el campo libre, exonerados de
impuestos, mano de obra barata y sin molestos sindicatos. Una vez que
obtienen sus utilidades (en millones), éstas son enviadas a su casa
matriz.
Las exportaciones son altas, sí, pero son por la venta de nuestros
minerales. Las poderosas empresas mineras son las verdaderas ganadoras,
no les interesa si malogran el medio ambiente (¿habrán escuchado algo
del calentamiento global?), se enfrentan y derrotan a las comunidades,
no dan seguridad a sus trabajadores, tampoco les interesa si son
criticadas por las organizaciones no gubernamentales o por la opinión
pública, la verdad, es que todas ellas son unas depredadoras.
La desigualdad social es desesperante, sólo unos pocos son dueños de la
riqueza mientras que la gran mayoría vive en extrema pobreza, el ingreso
por habitante es uno de los más bajos del continente. No habrá calidad
de vida y la globalización no será la solución mientras todo este estado
de cosas sea igual. Más desesperante es que ahora en estos tiempos de la
“nueva economía” todo es metálico, sólo aquel que tenga dinero vale la
pena, no importa cómo lo obtengas, el fin justifica los medios.
Todo tiene una tarifa, todo cuesta. Es la lógica y la moral de
“poderoso caballero es don dinero”. El crecimiento económico debe
favorecer el desarrollo humano en forma equitativa y sostenible, para
disminuir las diferencias sociales. ¿La economía y los economistas han
demostrado incapacidad de solucionar los problemas? Si hasta Paul
Samuelson ha dicho que los economistas nunca se ponen de acuerdo,
entonces que podemos esperar. Que desgracia que la economía sea una
ciencia social, si hubiese sido una ciencia exacta como la física o la
química, muchos problemas ya se hubieran solucionado, aunque no se llega
a entender cómo es que todas las facultades de economía llevan en su
plan de estudios tantos cursos de matemática (si hasta existe la carrera
de ingeniería económica). Se ha probado todo tipo de teorías e
instrumentos económicos sin resultado alguno. Había una teoría que pedía
la destrucción de todo el sistema mediante la revolución, es decir,
mediante la violencia, eso se quiso hacer en el Perú con el resultado
que todos
conocemos: miles de muertos y más pobreza.
Por ahora nos gobierna la teoría ultra liberal: el mercado sigue siendo
el rey, el tecnócrata sin sensibilidad social es el mejor gerente para
una empresa, la corporación es el que verdaderamente gobierna el país,
la clase política es una mera comparsa y los Estados Unidos al derrotar
a la Unión Soviética y desaparecerla es la potencia número uno del
mundo. Desde mi modesto punto de vista, la solución a toda ésta
desigualdad para mejorar la calidad de vida está en el cambio de actitud
de todos nosotros. Estudiemos y esforcémonos más todos los días.
Trabajemos y ganemos nuestro dinero en forma leal, pero no pensando que
el dinero es todo en la vida. Dejemos de lado el egoísmo y la vanidad.
No nos dejemos llevar por los cantos de sirena de la sociedad de consumo
que, con su poderosa publicidad que se introduce por nuestros ojos,
oídos y en nuestra mente, hace que compremos cosas que en verdad no
necesitamos, es decir, la publicidad nos hace adquirir todos los bienes,
pero con más énfais en los llamados bienes terciarios o suntuarios:
joyas, autos último modelo, abrigos de pieles, etc.
Seamos realistas, seamos críticos al sistema, adoptemos una posición
científica y busquemos la solución, manejemos con eficiencia nuestros
limitados recursos para satisfacer nuestras necesidades. Tal vez en un
futuro cercano podamos formular una verdadera teoría económica que sea
democrática, igualitaria, condescendiente con las personas, que la
ciencia económica esté al servicio del hombre y no a la inversa.
Lic. Adm. Roberto Salazar Guzmán
Licenciado en Administración, desde Lima.
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