Derecho al trabajo en Chile

Autor: Waldo Freire Reyes

Otros conceptos de economía

07-10-2008

“TODA persona tiene derecho al trabajo”, según la Declaración Universal de Derechos Humanos, elaborada por las Naciones Unidas. Sin embargo, esta prerrogativa no está siempre garantizada. La estabilidad del empleo depende de múltiples factores, entre ellos, la prosperidad de las economías nacionales y la condición del mercado mundial.

Con todo, cuando se pierden puestos de trabajo o existe tal amenaza, en la mayoría de los países la gente reacciona con manifestaciones, desórdenes callejeros y huelgas. Hasta la misma palabra “‘trabajo’ —dijo un escritor— posee, desde siempre, una gran carga emocional”. Hay muchas personas alrededor del mundo que están tan amargadas con su trabajo- por los malos ratos, bajos salarios, poco o ningún reconocimiento- que realmente lo ven como una maldición o “castigo divino” y piensan que cualquier actividad que realicen para ganarse el sustento siempre les será igual de fatigosa.

Por otro lado, otro grupo no menor de personas piensan que hay muchas razones por las que el trabajo es importante y remunerador en varios aspectos para el ser humano. Aparte de permitirnos obtener ingresos, contribuye al bienestar mental y emocional. Satisface el deseo natural de ser un miembro productivo de la sociedad y de llevar una vida con sentido. Además, infunde amor propio. Por ello, incluso algunas personas que tienen recursos de sobra para vivir o que podrían jubilarse prefieren seguir trabajando. En efecto, el trabajo es tan primordial, que su carencia provoca serios males sociales.

En su caso personal ¿Cómo puede estar seguro que el trabajo que realiza hoy- por irritable que le parezca- esta lejos de ser una maldición?

Partamos por entender que el trabajo no comenzó cuando Adán y Eva desobedecieron al Creador, ya existía y era muy remunerador pues tenían que “Sojuzgar la tierra”. El trabajo se hizo infructuoso a consecuencia de la propia actitud asumida por el ser humano.

Examinemos los hechos, casi todo el mundo dedica gran parte del día al trabajo. De hecho, este llega a determinar dónde vivimos y qué estilo de vida llevamos. Desde el inicio de la edad adulta hasta la jubilación, la gente se da cuenta de que su vida gira principalmente en torno al trabajo. Hay quienes obtienen gran satisfacción personal de él, otros lo valoran según la paga o el prestigio que les reporta, y aun otros lo consideran un mero pasatiempo o incluso una pérdida de tiempo.

Unos trabajan para vivir, otros viven para trabajar y a otros los mata el trabajo. Según un informe de las Naciones Unidas, el trabajo causa más angustia y más muertos “que las guerras o las drogas y las bebidas alcohólicas juntas”. El rotativo londinense The Guardian comentó al respecto: “Cada año mueren debido a accidentes o a enfermedades laborales más de dos millones de personas [...]. La exposición al polvo, a las sustancias químicas, al ruido y a la radiación provoca cáncer, afecciones cardíacas y derrames cerebrales”. Otras dos espantosas realidades del mundo laboral de hoy son el trabajo infantil y la esclavitud.

Además, existe también lo que el psicólogo Steven Berglas llama “el síndrome de la supernova apagada”. Con esta denominación describe a la persona diligente que ha alcanzado la cúspide de su carrera y que ahora se encuentra en “constante temor, angustia, abatimiento o depresión porque se ve atrapada en un empleo o una profesión de la cual no puede escapar ni obtener gratificación emocional”.Llegamos a concluir entonces con este breve articulo que nosotros los seres humanos nos hemos encargado de que el trabajo no sea una bendición y esto básicamente por la manera en que lo hemos ido desarrollando a través del tiempo. Pero nunca es tarde para aprender una lección, es verdad que ya no podemos cambiar el mundo y su forma de actuar con respecto al trabajo, pero ¿podemos hacer algo, aunque sea poco, con nuestro grupo de compañeros en el taller, la construcción, la oficina -en donde sea que trabajemos- para mejorar la situación?

La Creación nos enseña lecciones sabias de comportamiento. Las hormigas, por ejemplo, están organizadas de manera maravillosa. Son extraordinariamente cooperadoras y atentas con sus compañeras obreras. Ayudan a las que están heridas o agotadas llevándolas de regreso al nido. Instintivamente se preparan para el futuro y hacen todo lo posible para terminar sus tareas. Si nunca antes había reparado en ellas la próxima vez que se encuentre con un grupo de Hormigas, primero entienda no lo están molestando, están trabajando, segundo obsérvelas atentamente y aprenda de ellas.

Quiero concluir con una sana reflexión, ¿Por qué no le regalamos a nuestros colaboradores un poco de Motivación de vez en cuando para que no se rindan de cansancio en sus labores cotidianas? Las Charlas Motivacionales son un ingrediente necesario para conservar de manera optima el entusiasmo y las ganas de trabajar, son charlas que van dirigidas directo al corazón el asiento principal de todas nuestras motivaciones, entre ellas, la “inteligencia emocional”.

La próxima semana les contare de una capsula que esta revolucionando al mundo y que unos amigos muy queridos me la hicieron llegar a Chile ¿Qué será? Se relaciona con el combustible y la contaminación, no te pierdas mi próximo artículo.

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Waldo Freire Reyes

Conferencista Motivacional.

http://freirevox.blogspot.com

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