Es notorio que grandes capitales del sur llegan al país para invertir
y dar trabajo a los peruanos, y eso es bueno para la economía. ¿Pero,
porqué no seguir invirtiendo en Chile? Simple y llanamente porque en la
nación mapocha ya no se puede hacer. Por cierto que nos referimos a los
capitales de origen financiero, aquellos orientados al consumo masivo y
otros de índole especulativo, conocidos como los “golondrinos”.
El ciudadano chileno está tan endeudado, pero aún así tiene capacidad de
pago. Hasta los hijos y nietos deberán pagar las deudas. Por lo tanto,
el dinero que no se puede usar en Chile, tiene que salir para ser
invertido a otros países, especialmente Argentina y Perú.
Es verdad que el crédito de consumo permite que miles de peruanos puedan
tener ciertas comodidades y hasta determinado “status social”, pero el
precio que tendrán que pagar será demasiado alto, no sólo en efectivo
sino socialmente. Esta realidad distorsiona el crecimiento de las
microfinanzas en el país, porque el emprendedor muchas veces solicita un
crédito no para invertir en el negocio sino para dedicarlo al crédito de
consumo.
Una de las limitaciones que ha tenido la industria microfinanciera en
Chile es precisamente el excesivo otorgamiento de créditos de consumo.
El auge económico del país vecino permitió que el dinero plástico llegue
a casi toda la población sureña.
En Chile, el endeudamiento es alto, involucra a casi el 85 por ciento de
la población, pero la morosidad es baja. El crecimiento sostenido de la
economía chilena garantiza que los ciudadanos de ese país puedan pagar
puntualmente sus cuotas hasta por tres generaciones.
Si bien es cierto que el Perú está liderando las microfinanzas en
América Latina y el Caribe, también es real que esta dinámica puede
distorsionarse ante la excesiva oferta de créditos de consumo a sólo
firma. Estamos viendo que algunas instituciones financieras y casas
comerciales, solicitan como garantía que el cliente sólo tenga una
tarjeta de crédito o cuenta en cualquier entidad financiera para acceder
a un préstamo.
Las microfinanzas, herramienta básica para luchar contra la pobreza y
generar nuevos o mayores puestos de trabajo, puede limitarse ante estas
ofertas tal como está ocurriendo en Chile. En esa nación es fácil
acceder a un crédito, porque el sistema financiero sabe que cada cliente
podrá cumplir con sus pagos por la boyante economía que vive.
El problema no está tanto en el emprendedor que sí accede a un crédito
para invertirlo en su negocio, sino en aquellas personas que se están
endeudando por los créditos de consumo, viajes turísticos y programas de
estudios. No confundamos, microfinanzas es una cosa y crédito de consumo
es otra cosa.
Sabemos que la tendencia de los intereses es hacia la baja, pero podría
bajar más si los créditos de consumo no encarecerían carteras
microfinancieras. Es urgente que los bancos comerciales aprendan de la
tecnología que usa la industria microfinanciera.
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