Vale la pena mencionar que durante los 80 el comercio intra-asiático se duplicó y las inversiones se tripularon. En este sentido las exportaciones en los 90 hacia EE.UU. por parte de los cuatros dragones (Hong Kong. Corea del Sur, Taiwan y Singapur) decrecieron de 40% a 25%, reorientándose dos tercios de esa diferencia entre los países asiáticos. Al mismo tiempo, alrededor de la mitad de las importaciones que efectúan los países del área son generadas en su propio entorno. El comercio entre los países del Este de Asia se incrementó en un 10% en 1993.
Hay que tener en cuenta y no olvidar las caídas de las principales economías asiáticas en la década de los 90s, producto de la crisis asiática (Efecto Dragón).
El primer factor desencadenante de esta crisis fue el gigantesco
déficit de la cuenta corriente, el cual en 1996 alcanzó el 8,2% del PNB
de Tailandia. Este déficit ejerció fuertes presiones a la sobre valorada
moneda de ese país.
El segundo factor fue la relación existente entre un yen débil y el
fuerte baht (moneda tailandesa) que incrementó las importaciones de
bienes japoneses cuya partida representa casi un tercio de las
importaciones totales de Tailandia. Así, pues, la fortaleza del baht es
la causa del aumento de su déficit comercial.
Un tercer factor se produjo con el incremento de la progresiva afluencia
de capital extranjero a corto plazo. Tailandia ha absorbido grandes
movimientos de fondos extranjeros a mediano y largo plazos,
probablemente esta afluencia ha sido demasiado elevada.
Las masivas inyecciones de capital extranjero habían dado beneficios, y
compensado el déficit por cuenta corriente y aumentando las reservas de
divisas.
Pero, al mismo tiempo, impulsaron las presiones inflacionarias debido a
la afluencia de dinero. Una parte de los fondos fue a parar al sector
inmobiliario y a sectores especulativos donde se crearon burbujas
económicas parecidas a las de Japón de finales de década de los 80. En
los últimos tiempos, los especuladores han utilizado de forma exagerada
los mercados financieros del país para obtener beneficios a corto plazo.
Para sintetizar, la crisis de Tailandia se debió a las burbujas
especulativas provocadas por las grandes afluencias de fondos del sector
privado a sectores, como el inmobiliario. La crisis tailandesa muy
similar al estallido de las burbujas especulativas de Japón, puede
considerarse una quiebra del mercado ocasionada por el desorden de una
moral peligrosa, o más concretamente, por la descomposición de las
normas éticas ante la perspectiva de obtener ganancias con facilidad.
Asia Oriental trató de impulsar sus exportaciones para emerger de la
crisis económica, agobiada por la caída de sus monedas y del consumo
interno. Más, a pesar de la mayoría de los pronósticos, esas economías
han logrado recuperarse.
La teoría económica convencional señala que, a pesar de todos sus
problemas, Asia Oriental deberá estar exportando mucho más que antes,
pues las devaluaciones aumentaron su competitividad en el mercado
mundial. En la mayoría de los países de Asia Oriental las exportaciones
crecen de forma moderada, mientras se reducen los déficit de cuenta
corriente debido a la caída de las importaciones, ahora demasiado caras
para el bolsillo del consumidor de la región.
Las cuentas de Tailandia e Indonesia, al igual que las de Corea del Sur,
cuyo superávit comercial de enero de 1998 fue de 1 600 millones de
dólares, no son resultado de un aumento en las exportaciones, sino de la
caída de casi el 40% de las importaciones. Las importaciones de Corea
del Sur de petróleo, materias primas, bienes de capital y de consumo
caen de picada.
Los exportadores tailandeses no se beneficiaron en todo con la
depreciación de la moneda, pues varios países importadores tienen menos
poder de compra debido al lento crecimiento de la economía. Los
principales importadores de bienes tailandeses son, por lo general, sus
socios de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), Japón
y China, los cuales disminuyeron sus compras en 1997.
Indonesia es otro país con una fuerte dependencia de las importaciones
de otras economías de la región, como la ASEAN, Japón y Corea del Sur.
La Crisis Asiática y el papel de Japón
Las empresas japonesas hicieron grandes inversiones en el Este Asiático,
con la base del fuerte yen después del Acuerdo Plaza en septiembre de
1985, pero éstas también descendieron desde aproximadamente 1990. Las
inversiones japonesas en las economías asiáticas de reciente
industrialización alcanzaron su punto máximo en 1989 y en los países de
la ASEAN, en 1990.
La tendencia probablemente refleja el hecho de que las empresas niponas
han tenido menos capital disponible para las inversiones en el
extranjero como consecuencia de la larga recesión.
En la segunda mitad de los años 80, la expansión a gran escala de las
empresas niponas en el Este Asiático produjo un tremendo impulso en el
crecimiento económico de la región y, por tanto, se predecía que el
descenso de las inversiones japonesas que empezó en 1990 tendría un
efecto negativo en el crecimiento del Este Asiático.
En comparación con el resto del mundo, estos países presentan unas
fuertes políticas macroeconómicas, poseen también una fuerte política en
la educación, unos altos tipos de ahorro nacionales y una relativa
estabilidad política.
Las estrellas del crecimiento económico del Este y Oeste Asiático se han
visto obligadas a revisar sus estrategias de industrialización que
dependen del fondo extranjero. Parte de los 70 millones de dólares de
los fondos absorbidos a fines de 1996 el 53%, según el Banco de Pagos
Internacionales correspondió a créditos de instituciones japonesas. De
ahí que sea natural que Japón ejerza el liderazgo en la salida de la
crisis monetaria.
Para contribuir al desarrollo sostenible de los países del Este y
Sudeste Asiático y desarrollar los lazos de convivencia, Japón tendría
que liberalizar su mercado protegido y aumentar las importaciones de la
región, como hicieron los Estados Unidos con México mediante el Tratado
de Libre Comercio de Norteamérica. Hay muchas cosas que Japón puede
hacer además de inyectar dinero como medida de emergencia, para
fortalecer la estructura industrial de Asia a largo plazo.
La experiencia nipona en cuanto a política a seguir con las pequeñas y
medianas empresas puede servir también de modelo para la industria de
componentes de otros países. La producción de piezas tiende a
convertirse en el principal objetivo de las pequeñas empresas en todo el
mundo. La experiencia de Japón en política industrial es un modelo de
desarrollo práctico para los países que quieran financiar empresas
pequeñas.
Otros elementos característicos al modelo japonés, como la
identificación del personal con el destino de la empresa, la lealtad y
el proceso de toma de decisiones desde abajo, son la base de la gestión
nipona y de la producción de tecnología; tal vez no puedan aplicarse
fácilmente en los países del Sudeste Asiático que suelen practicar una
gestión desde arriba hacia abajo y buscar el interés personal. A pesar
de esto, una gestión parecida a la japonesa no es del todo imposible.
Japón fue criticado en los inicios de las crisis por los analistas,
autoridades de Estados Unidos y del FMI, porque consideraban que la
actuación de Japón era insuficiente. La opinión pública era que Japón
debía contribuir con todo su potencial a revertir la actual situación
financiera de la región y jugar el papel que le toca como primera
potencia regional.
Sin embargo con el de cursar del tiempo las contribuciones japonesas a
los países del área involucrados en la crisis, silenció las criticas
recibidas en los inicios. Ejemplos de esto tenemos las llamadas “Tres
iniciativas de Hashimoto”, que se dieron a conocer el 16 de Diciembre de
1997 por el Primer Ministro Ryutaro Hashimoto.
Los objetivos fundamentales de estas tres iniciativas eran los
siguientes:
• La cooperación debe encaminarse hacia el logro de la estabilidad
monetaria y financiera.
• Apoyar la reforma económica estructural en los países de la ASEAN con
el objetivo de lograr un desarrollo estable y sustentable.
• Estrechar el dialogo y el intercambio entre Japón y la ASEAN.
• Desarrollar esfuerzos conjuntos para enfrentar los retos de la
comunidad internacional.
Posteriormente los ministros de Finanzas y gobernadores de las naciones
más industrializadas del planeta se reunieron en febrero de 1998 en la
capital británica con el objetivo de analizar la situación en el Lejano
Oriente, así como presionar a Japón a abrir sus mercados para acelerar
la eliminación de la crisis asiática.
La situación de crisis y las exigencias actuales de los países de la
región propiciaron la creación de nuevos paquetes de ayuda para
estabilizar la zona. A principios de octubre, el ministro de finanzas
Kichi Miyazawa presentó en la reunión del Grupo de los 7 y los
representantes de naciones asiáticas celebrada en Washington, el nuevo
plan de ayuda para Asia. Japón anunció un paquete de 30 mil millones de
dólares para rescatar el sistema bancario en esto países y contribuir a
la estabilización regional conocido como la “Nueva Iniciativa Miyazawa”
(Plan Miyazawa) el cual fue recibido con beneplácito por todos los
países de la ASEAN.
Los 30 mil millones contemplados en el Plan serán destinados a ayudar a
los países asiáticos con problemas (Indonesia, Malasia, Filipinas, Corea
del Sur y Tailandia)
La incertidumbre, provocada por el colapso de entidades financieras y la
crisis en otros países de Asia, retrasa las inversiones de las empresas
niponas en equipos y plantas de producción y frena el consumo de los
ciudadanos.
Del total de créditos concebidos en Asia, alrededor de 18 000 millones
de dólares corresponden a China y 240 000 millones de dólares están
repartidos entre países, Tailandia y Hong Kong. Los créditos que Japón
ha concedido a países en toda Asia, cuyo monto alcanza 258 000 millones
de dólares, han sido de difícil recuperación y ha contribuido a la
difícil situación económica de este país.
Desarrollo de los últimos años en el Asia
En esos países se ha desarrollado un constante proceso de apertura mental a las experiencias del mundo, un traspaso paulatino de tecnologías e industrias entre ellos, una creciente y contagiosa "fiebre por el desarrollo económico y una reestructuración de sus relaciones con las grandes potencias.
Los países de Asia han reformado y reajustado sus economías de modo tan que también han absorbido y fondos foráneos y expandido sus exportaciones. En el caso de la atracción de capitales extranjeros sobresale el caso de China que ha absorbido desde 1978, mas de 110 mil millones de USD.
Es cierto que en el proceso de inversiones provenientes de países extrarregionales ha influido la reestructuración industrial realizada en los países más desarrollados. Como resultado de ese proceso, en Asia se producen en la actualidad el 39% de los productos electrónicos del mundo. Malasia se ha convertido en el tercer exportador de semiconductores a nivel mundial.
Estos resultados pudieron avalar la tesis de que la crisis de la economía internacional no debe tener efectos trascendentales en estos países en el corto plazo, reafirmando Asia, al mismo tiempo, que es la "locomotora de la economía mundial.
Por otra parte los cuatros dragones han conocido éxitos económicos en los últimos años. En 1990 ellos efectuaron el 8,1% del total de las exportaciones mundiales y el 7,1% de las importaciones, mientras que Japón alcanzó el 7,8% y el 6,8% respectivamente.
En 1992 Taiwan contaba con las reservas de oro y divisas más grandes del mundo (90 000 millones de dólares). Mientras tanto Singapur y Corea del Sur poseían 36 000 y 17 153 millones. En la actualidad China posee la mayor cantidad de reservas internacionales.
Lo cierto es que entre 1971 y 1990 esas economías crecieron al 6,8% (contra un 3,4% en el mundo), a lo que se suma que en los últimos 10 años Asia es el continente que más ha crecido con un 5,8% anual. En 1993, los países del Este de Asia crecieron 7% en el GDP (Productos Internos Bruto). En este contexto se destacó el crecimiento chino de un 12%.
Asia Oriental tiene el récord de crecimiento económico, alto y sostenido, en las últimas décadas. Esto se debió al desarrollo industrial de ocho países: Japón; los cuatro dragones o tigres: Hong Kong, Singapur, Taiwan y República de Corea, denominados así por su rápido desarrollo económico, y tres países de reciente industrialización: Malasia, Tailandia e Indonesia. Basaron su desarrollo industrial en las inversiones de capital extranjero y en una sobreexplotación de la mano de obra barata, abundante y poco organizada en sindicatos.
Estos países tienen en común su reducida superficie por lo que no poseen abundantes recursos naturales para utilizarlos como materias primas y no cuentan con combustibles, por lo que son importadores de petróleo.
Los factores positivos para su desarrollo fueron su localización geográfica (por el fácil acceso a las vías marítimas para la exportación de sus productos) y la relativa cercanía entre ellos que favoreció las corrientes de capital. Por ejemplo, los fabricantes japoneses trasladaron sus fábricas a los países del sur para beneficiarse con los salarios más bajos.
Es importante destacar no sólo la rapidez del crecimiento económico, sino la mejora en el bienestar humano debido a una mayor equidad en el reparto de las ganancias. El aumento del ingreso per cápita poco común, se vio reflejado en la disminución de la pobreza. Por ejemplo: Tailandia, en la década de 1960 tenía un 59% de su población por debajo del umbral de pobreza y en la década de 1980 este índice había disminuido al 26%. Otro ejemplo de ello es Indonesia, en la década de 1970 tenía el 58% de su población debajo del umbral de pobreza y diez años más tarde este índice había descendido al 17%. Además, mejoraron otros indicadores sociales como el porcentaje de analfabetismo.
Con tres de las diez economías más grandes (China, Japón e India) y
más del 35% del PIB mundial, Asia es un componente clave de la economía
internacional. Este dinamismo económico está incrementando el porcentaje
que Asia aporta al PIB mundial. Tras superar por completo la crisis
financiera de 1997–98, Asia ahora contribuye casi un 50% al crecimiento
mundo
El dinamismo de Asia se debe en gran medida a su exitosa integración en
la economía mundial. Descontando una breve recesión tras el colapso del
sector de la tecnología de la información en 2001, las exportaciones de
la región han aumentado sin cesar y ahora representan el 27% a escala
mundial. El comercio intrarregional también está creciendo conforme los
países se integran en la cadena de la oferta. El repunte de las
exportaciones, junto con una atonía general de la demanda interna, ha
generado superávits abultados en cuenta corriente. Pero si se excluye a
China, el superávit de Asia ahora está cediendo ante el peso creciente
de la importación de crudo y, en ciertos casos, la reactivación de la
demanda interna. En cambio, el superávit en cuenta corriente de China
aumentó en más del doble en 2005 y se situó en un 7% del PIB, gracias a
un fuerte crecimiento de las exportaciones.
Este dinamismo económico está incrementando el porcentaje que Asia
aporta al PIB mundial. Tras superar por completo la crisis financiera de
1997–98, Asia ahora contribuye casi un 50% al crecimiento mundial, y es
la región de más rápido crecimiento del mundo.
Conclusiones
Asia está ahora más integrada en los mercados mundiales de capital, y
capta alrededor de un 40% del capital privado neto que fluye hacia los
mercados emergentes. Dos tercios del capital privado que fluye hacia la
región es inversión extranjera directa.
Estas entradas de capital, junto con el superávit en cuenta corriente de
la región, han provocado una importante acumulación de reservas de
divisas.
En la mayor parte de la región ha aumentado la flexibilidad cambiaria
(las excepciones son China, Malasia y la RAE de Hong Kong). Si bien las
fuertes entradas de capital en 2003 dieron lugar a una ingente
acumulación de reservas,
los flujos más recientes han producido menos acumulación de reservas y
mayores fluctuaciones del tipo de cambio.
Se prevé que en los próximos años la región representará un porcentaje
creciente de la economía mundial, en gran medida gracias al dinamismo de
India y China. El reto consistirá en afianzar la demanda interna
estimulando la inversión en los países emergentes de Asia y el consumo
en China.
Al igual que en otras regiones, se prevé que en Asia aumentará la
proporción de ancianos, sobre todo en Japón, donde la población está
disminuyendo.
Al aumentar el gasto en pensiones y atención de la salud, el fenómeno
del envejecimiento reducirá el crecimiento potencial del PIB y ejercerá
presión sobre las finanzas públicas.
Gráfico 3.
Gráfico 4.
Gráfico 5.
Gráfico 6.
Gráfico 7.
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• FMI: “Perspectivas de la Economía Mundial,” Washington, Mayo 1996.
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Profesor-Investigador
Universidad de la Habana
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