Todos de alguna forma desempeñamos nuestro rol social, en donde nuestro comportamiento o conducta social se manifiesta, considerando además de nuestros valores, ética, moralidad, cultura, intereses, objetivos, que dan paso muchas veces a resultados laborables, de éxito , pero también de frustraciones.
Lo cierto, que ello siempre ha interesado a los estudiosos de la conducta lo que representa el comportamiento social. Téngase presente que la conducta social es un proceso de comunicación que abarcan muchos aspectos y que ha sido motivo de investigación para los interesados en estos temas a fin de explicar sus causas y entender sus efectos.
Wikipedia nos aporta al respecto, que en biología, psicología y sociología es el comportamiento o conducta dirigido hacia la sociedad o que tiene lugar entre miembros de la misma especie (relaciones intraespecíficas). Los comportamientos o conductas que se establecen como relaciones interespecíficas (como la depredación, el parasitismo o la simbiosis) involucran a miembros de diferentes especies y por tanto no se consideran sociales.
Mientras muchos comportamientos sociales intraespecíficos son parte de una comunicación (comunicación animal) pues provocan una respuesta, o cambio de comportamiento del receptor, sin actuar directamente sobre él; la comunicación entre miembros de diferentes especies no se considera comportamiento social. La forma más original del comportamiento social humano es el lenguaje humano.
En sociología, "comportamiento" ("behavior") significa actividad similar a la animal, desprovista de significado social o contexto social; en contraste con "comportamiento social" ("social behavior"), que tiene ambos. En una jerarquía sociológica, el comportamiento social es seguido por la acción social, que se dirige a otras personas y se diseña para inducir una respuesta. Más arriba de esta escala ascendente está la interacción social y la relación social.
No cabe la menor duda, que ha habido mucho interés en adentrarse todo lo que la conducta social encierra no solamente por la Sociología, sino por la psicología, psiquiatría, a fin de desentrañar todo lo que ello involucra, lo que es capaz de generar en lo positivo y en lo negativo y sobre todo de explicar el por qué de sus efectos. A manera de ejemplo, nos aporta plataformasinc.es, que incluso cuando no estamos en compañía de otros, podemos sentirnos obligados a mantener ciertos estándares de conducta. Simplemente pensar en nuestros padres o en nuestra pareja, por ejemplo, es suficiente para recordar cómo debemos comportarnos. Éstas son las conclusiones de una tesis realizada por Janneke Joly, que se doctoró el pasado 27 de marzo en la Universidad de Groningen (Holanda).
La tesis, titulada Las personas en nuestra mente. Cuando los contextos humanizados activan las normas sociales, concluye que nuestra conciencia de las normas se incrementa en ‘contextos humanizados’ y no se produce automáticamente. En otras palabras, que son los otros los que nos inducen a asignar importancia a una norma concreta en un momento concreto.
Todos hemos aprendido que debemos guardar silencio cuando estamos en una biblioteca. Pero según Joly, esa norma adquirirá más importancia para nosotros cuando estemos rodeados de otras personas en la biblioteca. La norma ‘guardar silencio en la biblioteca’ adquiere así más importancia debido a la presencia física de otros. Pero incluso si no están físicamente presentes pero hacen que se sienta su presencia, otras personas pueden inducirnos a cumplir las normas actuales de otros modos, por ejemplo, mediante una mesa preparada para varios comensales en un restaurante. Es más probable que recordemos la norma ‘comer con cuchillo y tenedor’ si están presentes otras personas, o si sentimos la presencia de esas personas.
La investigación muestra que las personas establecen una fuerte asociación de las normas entre sí. En general, la conciencia de las normas se incrementa cuando un contexto humanizado recuerda una norma a la persona. Por ello, cuando está en una biblioteca y la presencia de otras personas le recuerda que debe guardar silencio, será más consciente de las normas en general, y es probable que al mismo tiempo jerarquice su importancia.
Nora Bär nos da una magnifica aportación sobre el tema a través de un artículo en el diario La Nación de Buenos Aires, cuando señala, que hace un par de años, el neurobiólogo francés Jean Decety descubrió que si les mostraba a adolescentes con problemas de conducta videos de personas golpeadas, se les activaban los circuitos cerebrales de la empatía, pero también los centros del placer...
La agresividad, la empatía, la preocupación por los demás, el altruismo, la ética y la moral son engranajes centrales de la vida de nuestras sociedades. En los últimos años las neurociencias han empezado a desentrañar estos complejos procesos cognitivos que nos vinculan con nuestra familia y nuestros descendientes, y a la sociedad en su conjunto.
Agrega que "La cognición social procura entender y explicar cómo los pensamientos, las sensaciones y el comportamiento del individuo se ven influidos por la presencia real o imaginaria de otros –tal como lo comenta, Facundo Manes, director de Ineco y del Centro de Neurociencias de la Fundación Favaloro-. Los trabajos realizados en este ámbito son diversos e incluyen paradigmas diferentes; por ejemplo, el reconocimiento de expresiones faciales y el procesamiento de emociones. La teoría de la mente es la capacidad humana de darse cuenta de que otras personas tienen deseos y creencias diferentes de las nuestras y que su comportamiento puede ser explicado en función de ellos. Esta capacidad de reconocer la naturaleza de nuestras creencias y la de los demás es vital para la vida en sociedad y para la transmisión de la cultura." Explica Manes, que los sustratos neurales que subyacen a estos procesos son poco conocidos, pero las investigaciones están empezando a descubrirlos. Ninguno se asienta en una estructura única, sino en varias áreas del cerebro que actúan integrada y alternadamente. Algo de eso ocurre en la gestación de una conducta moral. "No hay regiones de la mente dedicadas a la moral -dice Jorge Moll, del Centro para las Neurociencias LABS-D´Or, de Río de Janeiro-. Para cualquier proceso cognitivo se necesita la orquestación de diferentes tipos de conocimiento que trabajan juntos. ¿Cómo emerge el cerebro moral de la interacción entre factores culturales y biológicos? Aunque todavía está en su infancia en este tema, la neurociencia cognitiva tiene algunas respuestas.
Por ejemplo, hay estudios que muestran que pacientes que exhiben daño focalizado en un área del córtex prefrontal tienen déficit en los comportamientos de orgullo, vergüenza y arrepentimiento, y otros que están asociados con dificultades para atribuir intencionalidad.
"Mostramos en personas sanas que las decisiones altruistas, tales como donar dinero a la caridad, activan en nosotros los mismos circuitos cerebrales que ganar dinero -dice Moll-. Es más: detectamos que existe una región específica del cerebro para las donaciones, lo que sugiere que donar dinero, pero no ganarlo para nosotros mismos, está vinculado con las respuestas de cohesión social."
Se nos indica además en este análisis. que el primer escalón para el comportamiento moral es la empatía. "La chispa de la consideración por los demás", define Jean Decety, editor en jefe del Journal of Social Neuroscience y director del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva Social de la Universidad de Chicago. Y agrega: "¿Por qué es tan importante? Porque se la considera la argamasa de la cohesión social, y hay una asociación entre empatía y moral. La experiencia de la empatía nos lleva a comportarnos de forma moral. Pero aunque frecuentemente la gente piensa que tener mucha empatía es algo bueno, yo digo que tiene que ser regulada, porque puede agotar nuestros recursos emocionales."
La empatía es la habilidad natural de compartir y apreciar los sentimientos de otros. Es una condición necesaria, pero no suficiente para la compasión. "La primera está centrada en el propio individuo; la segunda está centrada en el otro", dice Decety. Según esta definición, la empatía es neutral; es buena, pero también puede conducir a la crueldad.
Tanto la moral como la empatía son producto de la evolución; las compartimos con casi todos los mamíferos y surgen muy pronto en la vida. A las 18 horas de nacer, si un bebe llora en la nursery, los demás se ponen a llorar. Esa resonancia emocional es innata y abre el camino a la empatía y la moral.
Para desmontar sus componentes, Decety la estudia a partir de la red social del dolor. "¿Por qué lloramos? -se pregunta-. ¿Por qué tenemos que expresar dolor? El dolor es un mecanismo homeostático para mantener el cuerpo en buen estado. Pero a través de la selección natural, el sistema del dolor respalda y motiva la capacidad de cohesión social. Si uno quiere a alguien, se siente mal cuando esa persona sufre."
Considérese, que Decety descubrió que la empatía no siempre nos mueve a actuar, sino que al ver a personas en una situación que les produce dolor, se activan circuitos cerebrales vinculados con el peligro, y la primera reacción es de evitación. Para trabajar con eso diariamente, como les sucede a los médicos, es necesario regular la empatía, y el investigador pudo probar que en ellos bastan estímulos de 2,2 segundos para que se active una región del córtex prefrontal que regula la emoción en la ínsula y la amígdala.
Debido a la plasticidad de nuestro cerebro, tanto nuestro sentido de la empatía como de la moral pueden modificarse frente a las experiencias tempranas, la cultura y la educación. "Los circuitos son innatos, pero también responden a la experiencia personal", afirma Josef Parvizi, de la Universidad de Stanford.
Se indica en los descubrimientos, que "El abuso social y el abandono
pueden alterar las conexiones cerebrales de un niño -dice Moll-. Donde
un chico que fue bien cuidado podría mostrar generosidad, otro puede
tener sus circuitos guiados por la supervivencia, el dominio. Si uno
abandona a los niños en ambientes de violencia, ¿qué obtiene después de
15 años? Un cerebro cableado para la violencia. Esto acrecienta la
responsabilidad de la sociedad."
Definitivamente,"Por la evolución tenemos sistemas en el cerebro desde
el nacimiento que buscan las interacciones sociales -concluye Decety-.
Nosotros tratamos de entender por qué nos preocupan los demás, por qué a
veces la empatía no funciona o hay problemas entre grupos. Somos todos
de la misma especie y no hay forma en que podamos sobrevivir sin los
demás."
Concretamente es interesante observar como el interés sobre la conducta social, especialmente ante muchos hechos que suscitan algunos no gratos, ya se han dado pasos para determinar el por qué de ese comportamiento y muy pronto se tendrá una percepción amplia del tema.
Fuentes:
-Enciclopedia Wikipedia
-Diario la Nación de Buenos Aires, artículo de Nora Bär
- Diferentes páginas Web.
El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela)
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