A este proceso de apropiación del futuro se le denomina agenda, la
cual funciona como una ruta de navegación. Una buena agenda del cambio
incluye un análisis profundo de actores, entre los que contamos a los
maestros, alumnos, padres de familia, pero también a los grupos que le
da sentido al entorno, partidos políticos, iglesias, grupos económicos,
la estructura educativa y en general personas clave que crean o
redireccionan hechos o la interpretación de ellos.
Un error clásico en la construcción de agendas de directivos, es
confundirlo con la planeación anual de la escuela, que en la lógica de
un supuesto enfoque democrático supone que si el director se incorpora
al colectivo de maestros las decisiones serán mejores. Lo que olvida
este enfoque es que el director tiene una responsabilidad pública
distinta a la de los maestros, la cual podría sintetizarse en dirigir a
la escuela a mejores niveles de desempeño, los cuales no sólo se limitan
a resultados educativos, sino también a los climas organizacionales y a
la armonización de las metas de cada participante en la escuela.
Temporalmente las agendas de directivos no se acotan por ciclos
escolares, sino por metas y resultados.
Así, el fin de este ciclo escolar plantea un área de oportunidad para
que los directores inicien los procesos de diseño de sus agendas y los
mecanismos para su monitoreo y seguimiento.
Técnicamente se puede iniciar el diseño de agendas definiendo el área
de intervención, posteriormente el tipo de movimiento que se desea
desencadenar, en este marco tenemos la mejora continua, la innovación y
la reingeniería. La mejora continua parte del supuesto que el movimiento
que se desea impulsar ya está en marcha; optar por la innovación implica
incorporar un elemento nuevo en el proceso y la reingeniería implica un
cambio radical.
Posterior a esta definición se tiene que graficar el desencadenamiento
de movimientos que se esperan obtener en otras áreas clave de la escuela
como resultado de la intervención en la realidad. En este proceso una
acción clave es liderar la reacción, que implica en la lógica de
análisis de actores, definir de manera anticipada los individuos y
grupos que estarían a favor o en contra del movimiento a impulsar, así
como las alianzas y coaliciones que es posible establecer.
Algo que también debe quedar especificado en la agenda de los directores
son las estrategias para establecer: el sentido de urgencia, la
conformación de coaliciones, la delimitación de la visión, la
comunicación, la obtención victorias de corto plazo, la consolidación de
las mejoras, la producción de más cambios y finalmente la
institucionalización de los movimientos alcanzados, con lo cual se
cierra y se inicia una nueva agenda.
Una manera de aprender a tomar decisiones a través de agendas del cambio
es llevarlo a la práctica, si alguno de los directivos o tomadores de
decisiones desea pilotearlo en el próximo ciclo escolar con todo gusto
podemos apoyarlos desde este espacio. Nos leemos la próxima semana.
Maestro en Políticas Públicas Comparadas por la FLACSO-México.
Compartir ideas impulsa el desarrollo
Conéctate con GestioPolis
¿Qué hay de nuevo?
Lo que se está compartiendo
Otros artículos que te van a interesar
Explora todas las publicaciones por tema