En los países del mundo donde impera el sistema democrático, la forma
de acceder al poder se produce mediante la elección popular y quienes
participan en las contiendas electorales, deben valerse de todo lo
necesario para promover sus candidatos, partidos y programas a fin que
los electores tengan razones para prodigarles el favor popular. Los
medios y recursos de toda índole que se pueden apropiar para este fin,
con base en diagnósticos, análisis de coyuntura social e histórica, se
pueden agrupar en una nueva disciplina, la cual se denomina ria
Administración Política y Electoral.
Los administradores políticos y electorales aprenden las bases teórico –
prácticas para trabajar con profesionalismo en la construcción de
consensos políticos y sociales en aras del poder. Un administrador de
campañas electorales, puede desempeñarse en la gerencia estratégica de
diferentes campañas, asesorar la imagen y gestion del candidato elegido,
estar al frente de la gerencia administrativa de un partido político,
ser consultor de organizaciones de corte social y gestor e intérprete de
encuestas electorales para la formulación de estrategias.
Se necesitan Administradores políticos y electorales
Se ha operado un cambio en el modelo democrático en el sentido que se
participaba exclusivamente por un botín burocrático, pero con el
desmonte progresivo del clientelismo, ahora se configura un nuevo modelo
basado en la democracia por grupos de interés. Los grupos de interés son
agentes del sector privado que se involucran en la confrontación
electoral, en estrecha relación con la clase política de oficio, para
obtener los beneficios de una jugosa contratación o una legislación
provechosa. En Colombia los grandes conglomerados económicos de la
industria tabaquera, la cerveza, las gaseosas, los fondos de pensiones y
el sector financiero han obtenido ganancias monumentales por este
concepto.
La política adquiere cada vez con más fuerza, visos de un negocio
altamente rentable para el sector privado. La vinculación de las
empresas al juego político con cuantiosas sumas, esta sujeta a un alto
riesgo en la inversión, enfrentarse a la carencia de referentes en el
manejo de variables tan poco conocidas, la utilización de nuevas lógicas
derivadas de diversos campos del conocimiento y la incertidumbre frente
a un resultado previsible de la campaña. Por otro lado, con referencia a
los partidos, se observa con frecuencia que la elección de candidatos al
interior de una colectividad, no toma en consideración las
argumentaciones técnicas del mercado electoral y sus programas suelen
ser en el mejor de los casos, dado que existan, una colcha de retazos de
propuestas, inconexas y alejadas de las prioridades reales de la
población.
Hoy la gente tiene cada vez menos tiempo para enterarse de la realidad
económica, política y social del país, más aún de conocer en detalle
cuál es la propuesta o programa de los candidatos que están en la
contienda y terminan por delegar en los medios de comunicación la
decisión de elección, que basados en encuestas pagadas por los partidos,
recomiendan a sus favoritos. Las masas progresivamente se han visto
excluidas de la realidad por el hecho de carecer de tiempo físico y
psicológico, ocasionando una crisis ética en la cultura política y una
pérdida progresiva de la participación ciudadana en la toma de
decisiones de lo público, condiciones básicas para la construcción de
tejido social.
En nuestro país no solo hay desinformación, sino que aparecen los vicios
que por lo general han enmarcado las campañas en toda América Latina.
Las confusiones semánticas, novedosa terminología, desubicación
metodológica y hasta la charlatanería han hecho su aparición originando
gran desorientación en el proceso de elecciones, reduciendo por lo tanto
a publicidad o simple propaganda política la realidad compleja de una
empresa electoral.
Sumado a lo anterior, nos encontramos con un buen número de candidatos
ideológicamente inexistentes, sin propuestas, sin discurso, en una
nebulosa primitiva, folclórica y frívola, con una alta exposición a las
cámaras y susceptibles a las intrigas de su propio equipo de trabajo,
sin análisis de los contenidos del contexto, sin discusión sobre las
estrategias, el método y dispersos en el cumplimiento de una agenda
estrecha.
Millones de dólares se pierden en campañas acéfalas, articuladas
alrededor de los intereses de una burocracia impermeable a las demandas
de las mayorías o agenciadas por una clientela empírica de espaldas a
los mínimos requerimientos de la planeación, dirección, organización y
control. Parte de la crisis de los partidos se debe a que son manejados
por viejas castas familiares enquistadas en los partidos gnomónicos, que
prescinden a ultranza de los dictámenes técnicos de la investigación y
de una estructura administrativa básica.
La Administración política y Electoral, apoyada en busca que una campaña
responda a la demanda de necesidades e intereses sociales, económicos,
culturales, políticos de una comunidad específica. Las necesidades de la
gente son el insumo base para confeccionar un programa ideológico que
solucione dichas necesidades e inspire la oferta de un candidato que
encarne dicho programa, para ser apoyado e impulsado a través de la
publicidad política.
La investigación del mercado político seria previa a cualquier otra
acción electoral, de ella deberá salir el perfil del líder o candidato
adecuado a cada segmento electoral, el programa político, el medio
publicitario más adecuado. Un hecho básico en política es que ningún
partido, ningún candidato podrá ganar, si su ideología, si lo que
ofrece, va a contracorriente de lo que piensa y quiere el mercado
electoral. De aquí que todo político debiera utilizar los recursos de la
administración no solo para hacer suyas las ideas básicas que su mercado
le indique, sino para gestionar con éxito los componentes del proceso
administrativo afín de obtener el poder.
A medida que se amplía la participación democrática, se observa el
nacimiento de nuevos partidos y el fortalecimiento de los existentes, la
configuración de una competencia cada vez más potente y el aporte del
Estado en la financiación de campañas, muestra la necesidad de recurrir
a herramientas que provienen de la propia Administración.
Fundamentación de la Administración Política y Electoral.
Al enfocar el tema de de esta nueva carrera, debemos empezar diciendo
que es una forma de pensar, una filosofía de dirección que abarca todas
y cada una de las áreas y actividades de una organización, de tal forma
que al adoptar esta concepción afecta, no solo las actividades de
Marketing, sino todos los esfuerzos de la organización.
Con el fin de comprender lo anterior, y dado que el Marketing es la
esencia de la nueva disciplina, es necesario comentar algunas de las
definiciones acerca de lo que entienden los autores por Marketing y
observar cómo estas presentan una gran diversidad de criterios en torno
a él. Esta situación demuestra, una vez más en forma fehaciente, cómo
esta naciente disciplina se halla actualmente en época de
estructuración, cimentación y desarrollo.
Arthur Felton define el Marketing como “un estado de ánimo de las
empresas que insiste en la integración y coordinación de todas las
funciones de Marketing, funciones que a su vez están armonizadas con las
demás funciones de la compañía, a fin de alcanzar el objetivo básico de
producir las máximas utilidades a largo plazo”.
Philip Kotler, el padre del Marketing, en sus obras “Mercadotecnia” y
“Dirección de Mercadotecnia”, establece las bases teóricas del Marketing
moderno. En su primer texto lo define como el “Desarrollo de actividades
en el campo de los negocios que dirigen el flujo de productos y
servicios del productor al consumidor o usuarios”. En este caso, solo lo
limita a la función de distribución. Lo define luego como “La actividad
humana dirigida a satisfacer necesidades y deseos por medio de un
proceso de intercambio”. Sin embargo, en su última obra, amplía mucho
más su campo de acción para lo cual propone la siguiente definición: “Es
el conjunto de actividades humanas, dirigidas a facilitar y realizar
intercambios”
Luego de presentar una fugaz visión acerca de las definiciones y
encontrar una que cobije el aspecto político, se abre el camino para
incursionar en los terrenos de la Administración Política y Electoral.
Dentro de las distintas clases de Marketing encontramos el de
organizaciones, personas y lugares, en donde se enmarcaría nuestro
objeto de estudio. Los cuatro tipos más comunes de Marketing de personas
son el Marketing de candidatos políticos, el Marketing de celebridades,
el Marketing de méritos, incluyendo en éste los esfuerzos desarrollados
por las personas para hacer saber y persuadir a las demás de que poseen
las calificaciones mejores para un puesto o empleo particular. El
Marketing de lugares es basicamente Marketing de domicilios, de
inversiones de bienes raíces, de viajes y marketing de naciones.
Una última categoría hace referencia al Marketing de causas sociales que
se fundamenta un equilibrio entre las utilidades de las compañías, la
satisfacción de los deseos de los consumidores y el bienestar de la
comunidad. Este tipo importante y novedoso de Marketing comprende las
actividades desarrolladas para crear, conservar y modificar las
actitudes y el comportamiento hacia una idea o causa, independientemente
de la organización o persona que la patrocina.
La Administración Política y Electoral participa tanto del Marketing de
personas (candidatos) como del Marketing de las causas sociales, dentro
de las cuáles se incluyen los partidos políticos. Estos últimos tienen
como finalidad, aún cuando las motivaciones reales de sus dirigentes no
son siempre altruistas, “hacer triunfar sus ideas, sus proyectos, o sus
candidatos, con miras a mejorar y transformar la sociedad”.
Los partidos políticos no tardaron en descubrir con inusitado interés lo
que podrían ofrecer los métodos de Marketing para ayudarles a conocer
mejor a los electores y a influir en ellos, además para detectar en
forma sistemática las necesidades y aspiraciones de aquellos a quienes
pretenden servir.
Además del concepto de Marketing, es importante abordar el de partidos
políticos para poder entender el objeto de la Administyarción Polìtica.
Los partidos políticos son definidos por Robert Michels, como una
organización de lucha en el sentido político del término y propone que,
como tales, deben adaptarse a las leyes de la táctica.
La Palombara y Weiner, en una caracterización funcionalista, afirman que
en cualquier tipo de sociedad política un partido parece desempeñar
ciertas funciones comunes; en primer lugar, “se espera que organice a la
opinión pública y comunique las demandas al centro del poder y decisión
gubernamental”: en segundo lugar, “debe articular para sus seguidores el
concepto y significado de la comunidad general”; en tercer lugar, el
partido “estará íntimamente implicado en el reclutamiento político y en
la selección de la jefatura política en cuyas manos residirán en gran
medida los poderes y la decisión.
Coleman y Rosberg los define como “asociaciones formalmente organizadas,
con el propósito explícito y declarado de adquirir y/o mantener un
control total del bien solos, o en coalición o competencia electoral con
otras asociaciones similares, sobre el personal y la política del
gobierno de un supuesto Estado Soberano”
Otra definición mucho más amplia los trata como “cualquier organización
que nombra candidatos para su elección a un parlamento”.
Un último aspecto, relacionado con los partidos políticos, dentro del
enfoque sistemático desarrollado en este artículo, es el que los
clasifica como “subgrupo del sistema, con sus propios mecanismos de
generación de poder”.
Una definición más rigurosa la presenta Humberto Uribe en el libro “Los
Partidos políticos colombianos” , inspirado en Burdeau y Aron asegura
que un partido político es una organización estable y durable con un
cierto número de individuos que se identifican con la misma etiqueta,
que profesan los mismos ideales políticos y se esfuerzan por hacerlos
prevalecer incorporando a él el mayor número posible de ciudadanos y
luchando por la conquista y el ejercicio del poder.
A esta parte, está claro que la Administración Política y electoral se
provee de las técnicas del marketing para llevar a un partido al poder.
El producto a vender es el candidato, el partido y el programa que debe
responder a las actitudes y expectativas de la población interesada y
que se lanzará con el propósito de obtener el máximo de sufragios. En
este punto es necesario mencionar las relaciones de clientela o mercado
clientelista, donde hay intercambio pero desigual y en situación no
competitiva.
De otra parte, la propuesta sobre financiación de las campañas
electorales por parte del Estado, obligaría a que los partidos políticos
buscaran técnicas y procedimientos no solo para conocer a sus electores,
sino para tratar de influir en ellos y la Administración Política
facilita la labor de las organizaciones políticas. Sin embargo, no
faltan quienes ven en la Administración Política un atentado contra la
democracia, como mecanismo sutil de manipulación del electorado.
Conclusiones
La pugna de los partidos por la toma del poder y la vinculación de
otros sectores al juego político con cuantiosas sumas, hacen de la
conquista del estado una gran empresa, en la que se aplicarían las
tácticas y las estrategias del mundo del comercio, para garantizar el
manejo racional de los recursos y un resultado más o menos predecible de
las campañas.
Es posible considerar al candidato, su programa y partido como un
producto político y que el electorado potencial es el mercado político,
susceptible de ser investigado, influenciado y movilizado para obtener
el favor popular en las urnas. Es claro que los votos amarrados o
cautivos propios del sistema clientelista, no son objeto del mercado del
politing.
La acción de votar se desarrolla alrededor de una serie de influencias
de orden psicológico, sociológico, genético, moral, afectivo, racional,
del medio ambiente, lo que hace necesario involucrar las ciencias de la
conducta, las ciencias organizacionales y políticas, como el marketing,
soporte de la Administración Política y Eletoral, para poder desde el
Estado controlar, administrar y proyectar, nada menos que el curso y el
destino publico y privado de millones de personas, en el marco de la
eticidad .
A diferencia de la empresa comercial, en la empresa política el cierre
de la venta se realiza en un solo día, el día de las elecciones y se
fundamenta no solo en el discurso administrativo, sino en una ideología
y pensamiento político determinado. El ejercicio de esta disciplina
exige un alto nivel de talento gerencial, dado que los cambios de la
opinión publica son demasiado volubles, los planes que se desarrollan
son emergentes, no existen manuales técnicos que subsanen la
incertidumbre de los partidos, el candidato es a la vez producto
político, munición de la batería electoral y jefe supremo del debate. En
la gerencia empresarial y la gerencia de campaña se establecen los
mismos principios, objetivos y funciones, pero el fin es diferente y la
metodología a conseguirlo más compleja.
El talento humano es la base de la acción gerencial, tanto en la
organización empresarial como en la política; pero a diferencia de las
empresas, el politing desarrolla su misión con una buena parte de
personal voluntario, ventaja que implica de la gerencia política,
especial disposición para agenciar la motivación grupal, la
participación democrática, aplicar un sistema de recompensas y de
formación integral, logrando con ello una estrecha relación con la
cultura organizacional tan proclamada desde la teoría administrativa.
La tendencia futura no es la de contratar consultorías de campañas solo
en épocas electorales, sino la de implementar tareas administrativas y
de marketing político al interior de los partidos, en forma continua y
permanente, logrando mayor legitimidad el perfil de la gerencia
administrativa y técnica de los partidos.
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