Economía de la reciprocidad: Trabajo para todos en tiempos de crisis

TRABAJO PARA TODOS EN
TIEMPOS DE CRISIS
Antonio Fernández Benayas
Dedicado a todos los parados con ganas de trabajar
ISBN: 978-1-4092-8307-2
La tierra proporciona lo suficien-
te para satisfacer las necesidades de
cada hombre, pero no su codicia.
Gandhi
Hay diversidad de carismas, pero
el Espíritu es el mismo; diversidad de
ministerios, pero el Señor es el mis-
mo; diversidad de operaciones, pero
es el mismo Dios que obra todo en to-
dos. A cada cual se le otorga la mani-
festación del Espíritu para provecho
común.
1Cor 12, 4-7
Si alguno no quiere trabajar, que
tampoco coma. Porque nos hemos
enterado que hay entre vosotros al-
gunos que viven desconcertados, sin
trabajar nada, pero metiéndose en
todo. A esos les mandamos y les ex-
hortamos en el Señor Jesucristo a
que trabajen con sosiego para comer
su propio pan.
2Ts 3, 10-12
3
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN............................................Pág. 7
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho
natural...............................................................Pág.11
1. Necesaria sintonía con la Realidad, 13. -- 2. La
Materia y el Espíritu, 15. -- 3. Participación personal en
la inacabada Obra de la Creación, 19. -- 4. Homo Faber,
rey del Universo, 23. -- 5. Suficientes oportunidades de
empleo, derecho natural y social, 28
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Históri-
ca ...................................................................... Pág. 43
1. Razón y Religión, 45. -- 2. Dios vivo e Hijo del
Hombre, 46. -- 3. Luz y sal de la Tierra, 47. -- 4. Refle-
xión y libertad, 49. -- 5. Al César lo que es del César, 51.
-- 6. Desde el suponer y no saber al vivir, 57. -- 7. La
trampa del fundamentalismo racionalista, 60. -- 8. La
conciencia colectiva en el mundillo de la “Ilustración”,
65. -- 9. La sangrienta revolución burguesa de 1789, 74.
-- 10. Arriesgado invento de nuevos valores, 84.
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide so-
cial ................................................................... Pág. 89
1. Los cristianos y la propiedad privada, 91. -- 2. His-
tórico despertar del "genio" comercial, 99. -- 3. El corpo-
rativismo burgués, 108. -- 4. Raíces burguesas de la
lucha de clases, 112. -- 5. El "espíritu" del capitalismo,
115. -- 6. Del socialismo utópico al socialismo científi-
co, 117. -- 7. Los hijos bastardos del materialismo bur-
gués, 123. -- 8. La despersonalización como ideología
revolucionaria, 126. -- 9. Entre colectivismos, democra-
cias formales y democracias reales, 140. -- 10. Caminos
de servidumbre en la Era Industrial, 143. -- 11. El poder
de la Técnica y los servidores mecánicos, 148. --12.
Estériles privilegios en la Sociedad Industrial, 159. -- 13.
El desafío de los desheredados, 161. -- 14. Lo español en
la “Aldea Global”, 164.
5
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la
Reciprocidad ..................................................Pág.173
1. ¿Nuevo modelo económico?, 175.-- 2. Gasto pú-
blico, medios de producción y bien común, 176. -- 3.
Menos costosa y más piramidad burocracia pública, 179.
-- 4. Una fiscalidad promotora de empleo, 182. -- 5.Ma
-
yor proyección social del Tesoro Público, 185.-- 6. ¿Ini-
ciativa española en el área de la Sociedad Opulenta?,
187.-- 7. Constructiva imaginación frente a la Deuda
Exterior, 191. -- 8. Créditos blandos en función de nue-
vos puestos de trabajo, 193. -- 9. Sugestivo y comunita-
rio proyecto de expansión, 196. -- 10. Pacto social a
cinco bandas, 199. -- 11. Innovadora política de salarios
para mayor productividad, 203. -- 12. Revulsiva finan-
ciación de la Seguridad Social, 206. -- 13. El salario hora
e innovadoras modalidades de contratación, 211. -- 14.
Voluntaria y más elástica jubilación, 213. -- 15. Sintonía
entre modos y nuevos medios producción y distribución,
216. -- 16. Trabajo de todos para todos, 220
CONCLUSIÓN ................................................... 225
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TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Introducción
Se dice que la crisis que sufre el mundo en la primera
década del siglo XXI es más grave que la del “Gran
Crack” o “Crisis del 29". Sin duda que aquella y ésta tuvie-
ron su origen en los desafueros de un capitalismo salvaje;
pero la del siglo XXI, sobre todo para los españoles, está
resultando más amplia, prolongada e intensa.
Por demás, mucho nos tememos que ciertas medidas
paliativas, más que para resolver el problema, lo alargan
en el tiempo: para el que se queda sin trabajo es perentorio
presentarle nuevas oportunidades de empleo más o menos
consecuentes con sus capacidades; cierto que, mientras
tanto, es de justicia no abandonarle a su suerte, pero tam-
bién lo es que la provisional ayuda no se convierta en cal-
do de cultivo de cierto regodeo en lo que podemos
calificar de ocio semi-voluntario subvencionado. En situa-
ciones de desempleo no caben mejores soluciones que
oportunidades y más oportunidades de trabajo, trabajo y
más trabajo .
Para la “sociedad opulenta”, ésa presente en España y
países afines hasta los primeros años del siglo XXI, será
muy difícil recuperar viejas y harto desequilibradas posi-
ciones, sobre todo si ignora que la Tierra es de todos y
para todos : no cabe situarse en Jauja para ignorar que,
como dijo San Bernardo, “el pan, que no comes, pertenece
a los que tienen hambre”, máxime cuando está demostrado
7
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
que una más equitativa distribución de riqueza no deja de
hacer más ricos a los que yo lo eran antes en buena medi-
da; necesitan, eso sí, preocuparse más del beneficio a lar-
go plazo que del corto a cualquier precio. Esto es principio
esencial de lo que se llama Economía Social de Mercado,
fórmula que funcionó en Europa a raíz de la guerra
desatada por Hitler.
Bueno es recordar que de aquella crisis, considerable-
mente más amplia y dramática que cualquier otra de los úl-
timos tiempos, algunos países, en especial la Alemania de
Adenauer y Erhard, principal víctima de la guerra a la que
le llevó un loco desaforadamente ambicioso, lograron re-
montar el vuelo del progreso político y económico con
enormes sacrificios y gracias a lo que, con toda propiedad,
se llama Economía Social de Mercado, “infraestructura de
producción” que, con todas sus limitaciones, resulta ser
el Sistema más idóneo y propicio para conjugar buenas
voluntades, recursos económicos y capacidades persona-
les: es, por demás, perfectamente compatible e, incluso,
complementaria con la Doctrina del amor al prójimo.
Ciertamente, crisis de desarrollo, más o menos sosteni-
do y sostenible en función de los respectivos medios y mo-
dos de producción, han sucedido en cualquier época de la
historia conocida, tanto que podemos atrevernos a soste-
ner que, desde el principio de la aparición del Hombre so-
bre la Tierra, a una crisis le ha sucedido otra, tal como si se
viviera en perpetua crisis: grandes guerreros e insolidarios
especuladores con su secuela de embaucadores, según las
circunstancias de tiempo y lugar, han roto o encauzado ha-
cia su ego y el de sus esclavos-satélites los escasos
períodos de progreso económico, paz social o relativa
libertad.
Claro que la nuestra (la de la Aldea Global), es la crisis
que, en la primera década del siglo XXI, han desencade-
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TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
nado unos cuantos ególatras y los manipuladores del dine-
ro fácil, que juegan con los números como con alfileres
sobre las personas, mientras que los titulares del servicio
público o “se duermen en los laureles” o disimulan con
grandes frases su falta de interés e incompetencia, cuando
no una culpable connivencia.
Probado está que las crisis de las sociedades modernas
se hacen tanto más llevaderas cuanto más se vive en clima
de participación comunitaria a la hora de solventar los pro-
blemas de que se alimentan tales crisis. Quiere ello decir
que cuanto más acuciante sea una crisis tanto más se re-
quiere la “universalización” de las oportunidades de cola-
boración para todos y cada uno de los ciudadanos a
quienes afecta: consecuentemente, trabajo para todos,
más que la fórmula ideal, nacida de un pío deseo, es un ne-
cesario objetivo a cubrir con el esfuerzo de todos y cada
uno de los miembros de una sociedad; tanto mejor si las
ocasionales ayudas se traducen en oportunidades de traba-
jo y no en adormecedores subsidios para un ocio más o
menos voluntario.
El Trabajo para todos en tiempos de crisis dejará de ser
una simple proclama si acierta con las pautas de acción
para orientar a la realidad social hacia la justa correspon-
dencia entre derechos y deberes del ser inteligente que
vive en sociedad y, por lo mismo, permite a todos y a cada
uno de esos seres inteligentes acercarse a lo que él mismo
puede ser en base a traducir en acción la responsabilidad
que le corresponde en la resolución de los problemas del
mundo en que vive.
Dificilísimo empeño que requiere no apartarse de la rea-
lidad del Hombre y de su circunstancia. A ti, paciente lec-
tor, corresponde juzgar si, en ese empeño por salir de la
crisis en la que nos ha tocado vivir, te han servido de ayuda
los siguientes apuntes y reflexiones, que, por activa y por
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TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
pasiva, no quieren apartarse de nuestra realidad, que, ni
más ni menos, es la realidad del ser humano y su
circunstancia.
Lo que sí quisiéramos dejar claro es que, según nuestro
criterio, para las personas de buena voluntad, máxime en
tiempos de crisis, nada hay más perentorio que lo de em-
peñar las propias capacidades en asumir la responsabili-
dad que a todos y a cada unos nos corresponde en la
obligación por facilitar Trabajo para todos.
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TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
PRIMERA PARTE
El Trabajo, un deber y un
derecho natural
11
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
1. NECESARIA SINTONÍA CON LA REALIDAD
Tú, el otro, yo... somos mucho menos de lo que pode-
mos ser y conquistaremos progresivas parcelas de Liber-
tad, si acertamos a sintonizar con la Realidad: Intentar
escapar de la Realidad es la más estúpida de las posibles
aventuras humanas.
Por respeto a la Realidad no reniego de mi persona ni
tampoco de la circunstancia histórico geográfica en que
me ha tocado vivir. Mi persona representa un conjunto de
virtualidades y de carencias a cuyo desarrollo, satisfacción
o dominio puedo yo mismo aplicar mi iniciativa.
La circunstancia histórico geográfica en que me ha to-
cado vivir es una comunidad de personas y pueblos que se
llama España. No es ella misma persona y, por lo tanto, ca-
rece de conciencia y de libre iniciativa; pero sí que ofrece
un conjunto de peculiaridades irrepetibles en el concierto
de las naciones.
El catálogo de tales peculiaridades va desde la impronta
“espiritual” en su círculo de influencia hasta lo que produ-
ce su tierra o transforma su industria, pasando, claro está,
por los medios y modos de relación entre sus habitantes y
de éstos con los habitantes del resto del ancho mundo. Son
peculiaridades con posible proyección universal, pero a la
directa y disciplinada disposición de los españoles. Perti-
nentemente desarrolladas, resultarán una muy positiva
aportación al bien de todos a la par que ayudarán a cada
uno de nosotros al propio progreso personal en todos los
órdenes.
Es obvio reconocer que soy distinto de todos los otros
hombres del mismo modo que España es distinta de todas
13
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
las otras comunidades de pueblos: tiene España una irre-
petida trayectoria histórica y tiene su propia cultura y sus
propios sistemas y modos de vida y de relación.
En el supuesto de que la armonía universal dependa del
buen hacer de cada uno, cuenta la acción celular o comuni-
taria, entroncada, claro está, tanto con las actuales dispo-
nibilidades como con el legado de las precedentes
generaciones.
La marcha hacia la armonía universal será tanto más fá-
cil cuanto más complementaria sea la aportación de cada
persona y, por lo mismo, de cada equipo de personas con
sus pertrechos culturales, con sus herramientas y bagajes,
que tal son los pueblos.
Al reconocerme distinto y a España distinta, no preten-
do emitir un juicio de valor: es una forma de apuntar lo que
me parece una positiva sugerencia: España, por ser distin-
ta y, probablemente, complementaria, es parte necesaria
de la armonía universal de la misma forma que tú, que el
otro y que yo, con nuestras limitaciones pero tambien con
nuestras particularidades irrepetibles, somos necesarios
para un posible y deseable mejoramiento de la inmediata
Realidad.
Sin románticas añoranzas o estúpidos afanes de segre-
gacionismo, pero, también, sin complejos de inferioridad
respecto a otros pueblos, centrémonos en el hecho de ser
españoles o ciudadanos de una parte del mundo con algo
peculiar que ofrecer o presentar a todos los demás.
Obviamente, el hecho de ser español no implica una di-
ferencia substancial con el hecho de ser pakistaní o ale-
mán. Pero sucede, reiteramos, que en la forja de nuestra
personalidad hay una historia, una cultura e, incluso una
geografía.... factores que moldean actitudes e imprimen
carácter.
14
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Pero antes que ciudadanos de un país, con sus peculiari-
dades materiales y espirituales, somos hombres o seres so-
metidos a acuciantes interrogantes: ¿De dónde vengo?
¿Adónde voy? ¿Qué he de hacer? Entre hilván e hilván de
sucesivas respuestas, que, siempre, debieran surgir a la
luz de la Realidad, caben matices dictados por el hecho de
ser español, fortuita circunstancia, a su vez, influenciada
por el más directo entorno: seremos, pues, más latinos que
germánicos, más meridionales que nórdicos, aunque, eso
sí, siempre hombres y mujeres al lado de otros hombres y
mujeres, todos interdependientes y, probablemente,
complementarios; todos embarcados en ese fantástico
crucero de la existencia terrenal.
2. LA MATERIA Y EL ESPÍRITU
Desde el respeto a la Realidad vemos cómo un ser evo-
luciona, progresa, cuando responde positivamente a las
potencias del Amor. Se da ya un remedo de amor en la par-
tícula más elemental que “se adapta” al Plan General de
Cosmogénesis y “participa” en la formación de una reali-
dad material superior; esta “participación” ha requerido la
superación de un aislamiento minimizador, algo así como
volcar hacia lo otro la propia energía interior.
Sabemos que la partícula más elemental es una entidad
material animada por una energía interna que, según y
cómo, puede responder a una dirección precisa de la Ener-
gía Exterior: la positiva respuesta obedece a la universal
tendencia hacia lo más perfecto por caminos de “unión
que diferencia”.
15
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
Es una unión que no implica confusión ni tampoco difu-
minación de las virtualidades de cada entidad material:
cuando se observa en detalle a un átomo se descubre que,
en la unión, siguen individualizados los elementos que lo
integran: diferentes y necesitados los unos de los otros, de-
muestran que, solamente unidos, realizan la función que
les es propia.
Este es un fenómeno verificable en las relaciones del
Todo con cada una de sus partes y de éstas entre sí. Cada
nueva individualidad no anula las singularidades de los
elementos que la integran: esto es demostrable en la molé-
cula, en la célula, en cada uno de los individuos de las dis-
tintas especies vegetales y animales y, tambien, en
cualquier tipo de colectividad auténticamente progresista.
En los animales irracionales el instinto sexual, que les
lleva a la unión y multiplicación, responde simplemente a
las leyes de la especie y no motiva ni diferenciación ni pro-
greso. La respuesta a todos sus instintos se realiza de for-
ma refleja, no libre. Cuando los instintos tropiezan con el
filtro de la Libertad la reacción o el comportamiento puede
traducirse en prueba de Amor: incluso acuciado dramáti-
camente por el hombre puedo compartir con el prójimo lo
poco de que dispongo; en cualquier momento, puedo ca-
nalizar las apetencias sexuales hacia un fin trascendente
cual puede ser el respeto por la libertad de otro o la renun-
cia por un fin superior; puedo responder con paciencia o
sentido de la oportunidad a las asechanzas del fuerte o a las
impaciencias e incomprensiones del débil....
Hasta el Hombre, es de forma involuntaria como las dis-
tintas realidades materiales participan en el Plan General
de Cosmogénesis. Es el Hombre el primer ser del reino
animal capaz de alterarlo. Lo hace en la medida y en el
modo con que utiliza su capacidad de amor.
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TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Si se nos pide que, en una sola frase, definamos al
Amor, responderemos: Es la ofrenda voluntaria de lo me-
jor de uno mismo al Otro.
Fuera del marco familiar, el amor ha de traducirse en
“vuelco de lo personal a lo social”. Este vuelco de lo per-
sonal a lo social es una de las condiciones que ha de respe-
tar la especie humana para avanzar en el dominio o
amaestramiento (humanización) de la Naturaleza. Ha de
ser un avance en equipo y tanto más eficaz cuanto las res-
pectivas funciones respondan a las específicas facultades
de cada uno.
Puede que parte de los miembros del equipo participe de
manera egoísta y que ello abra una brecha en el camino ha-
cia el progreso... Sucede esto porque, en uso de su libertad,
juega el hombre a situar a su conciencia como árbitro ab-
soluto de lo real, “se toma a mismo como principio”
(San Agustín) y aplica sus capacidades a la satisfacción de
un capricho o aspiración egoísta. Aun en estos casos, la
obra de ese hombre o grupo de hombres puede traducirse
en humanización de la naturaleza y subsiguiente bien so-
cial si no falta quien ejerza un mayor vuelco de lo personal
a lo social: de ello hay sobradas pruebas en el desarrollo
de cualquier cultura, muy particularmente, de la llamada
cultura capitalista.
La Historia nos ha dejado infinitos ejemplos de la regre-
sión que significa la práctica del des-Amor: no otro origen
tienen tantas tropelías, baños de sangre, inhibiciones ego-
centristas, caprichosas destrucciones de bienes sociales,
ignorancia de los derechos elementales del Otro, descara-
das prácticas de la ley del embudo...: Refiriéndose a este
rosario de hechos y de comportamientos, no falta quien
simplifique la visión de la historia presentándola como un
campo en que, sin tregua ni cuartel, el “hombre obra como
17
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
lobo para el hombre” (es el famoso homo homini lupus de
obbes). Otros dirán que la “guerra es la madre de la histo-
ria” (Heráclito), que “la oposición late en el substratum de
toda realidad material o social” (Hegel) o que “la podre-
dumbre es el laboratorio de la vida” (Engels), lo que sería
tanto como asegurar que la evolución positiva se detiene
en el Hombre y que todo lo demás no representa más que
afinidades y enfrentamientos entre fuerzas materiales..
Cuando las apariencias nos llevan a esa creencia es por-
que, en tal o cual época o lugar, ha habido determinados
responsables que, en uso de su libertad, han respondido
negativamente a las potencias del Amor. Y, aparentemen-
te al menos, se ha producido una regresión a inferiores ni-
veles de humanidad.
Aun en tales casos, es posible reemprender la marcha
del Progreso si unos pocos héroes de la acción aplican to-
das sus facultades personales a desarrollar en su ámbito la
práctica del Trabajo Solidario, exclusiva forma de prose-
guir la propia realización personal y, por ende, el progreso
social.
Fueron muchos los siglos en que esos héroes de la ac-
ción estaban obligados a seguir su camino por simple in-
tuición: no contaban con indiscutible patrón de conducta o
clara referencia que les permitiera comprobar cómo esa su
vocación social coincidía plenamente con el grito de la
Ley Natural y la invitación de Quien todo lo hizo bien y
que es Principio y Fin de Todas las Cosas.
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TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
3. PARTICIPACIÓN EN LA INACABADA OBRA
DE LA CREACIÓN
Para la Ciencia más actual, la Energía es de un carácter
tal que, estando en el trasfondo (o “corazón”) de toda Rea-
lidad material, sugiere como necesaria una dependencia
extramaterial. En tal premisa se basa Teilhard de Chardin
para sostener que es en el corazón de la propia Materia en
donde se encuentra una evidente prueba de la existencia de
Dios para luego mostrar como, sin Dios, no es posible ex-
plicar una apreciable marcha hacia la convergencia uni-
versal de cuanto existe en un clarísimo proceso de
evolución o de largo y apasionante camino entre el Princi-
pio y el Fin de Todo.
Principio y Fin que son como los polos de la Esfera que
todo lo envuelve y de la que formamos parte pudiendo per-
cibir como, sin principio ni fin, existe un Ser capaz de con-
cebir, impulsar y desarrollar la progresiva Evolución de
cuanto existe, cuya “sustancia” y permanente impulso,
viene de Él y despierta en Él un “natural amor” que
requiere ser correspondido en libertad..
Dentro de esa fantástica Esfera cabe la Eternidad y cabe
el Tiempo. También cabe la lógica que muestra como ne-
cesaria una “hominización” del mundo en el que vive una
criatura con inteligencia y capacidad de decisión para for-
jar convenientemente su propio futuro.
Superando viejos prejuicios de la larga historia de la
Humanidad, podemos hoy admitir la identidad entre la
“Creation ex nihilo” y la Evolución en un proceso que va
desde lo simple y múltiple hasta lo complejo y convergen-
te mediante la Unión que diferencia (Teilhard) a través de
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
19
los caminos que abre el Amor en directa participación del
Hombre.
Es así, como, a la luz de muy razonadas aportaciones de
la Ciencia actual, la fe en un ser muy por encima de todo lo
creado, presta sentido a lo que leemos en el Génesis: “En
principio, el Universo era expectante y vacío; las tinieblas
cubrían todo lo imaginable mientras el espíritu de Dios
aleteaba sobre la superficie de lo Inmenso”. La misma fe
nos dice que Dios, el Ser que es Amor y, por lo mismo,
ama sin medida, proyecta amorosamente su “saber hacer”
desde la Eternidad a través del Tiempo y del Espacio. Des-
de esta óptica cuesta poco trabajo creer que producto de un
tal amor en acción fue la materia primigenia expandida
por el Universo entre raudales de Energía: “Dijo Dios:
haya Luz y hubo Luz” (Gn. 1, 3); ello es algo que puede ser
aceptado como el inicial “Acto de la Creación”, por el que
se abre un largo, largísimo proceso de Creación-Evolu-
ción según el cual las elementales partículas de la materia
primigenia movidas por una indescriptible energía, con
siglos y siglos por delante, van desde lo ínfimo y múltiple
hasta millones de formas precisas y consecuentes.
Es así como, para los que identifican (identificamos)
Creación con Evolución, paralelamente a la historia de la
Tierra, se acusa el efecto de una Voluntad empeñada en
que los hijos de la misma Tierra aprendan a valerse por sí
mismos en un irreversible camino de autorrealización, de
progresivo caminar hacia el poder ser o de libre participa-
ción en la obra de la creación mediante “la unión que
diferencia” (Teilhard de Chardin).
Los científicos modernos dicen que tal proceso de auto-
rrealización se hace ya evidente en los fenómenos de pura
química o “constructiva” reacción entre éste y aquel otro
elemento. El carácter de un verificable proceso se hace
más notorio en la tendencia que a cumplir un preciso desti-
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
20
no manifiestan los seres vivos, ya protagonistas de una
fantástica y coherente intercomunicación planetaria.
Hasta el momento en que apareció el “homo sapiens”
(con personalizado uso de su capacidad de acción) los
otros hijos de la Tierra (animales y plantas) vivían y actua-
ban en radical uniformidad con los determinantes de la
propia especie, mientras que, entre las distintas especies
existía una evidente complementariedad que se tradujo en
evolutiva armonía: unas especies para otras y todas ellas
como elementos de un complejo organismo que vive y se
desarrolla bajo el imperativo de superarse cada día a sí
mismo en la línea de un más que probable Plan de Cosmo-
génesis: más que probable (evidente, puede decirse) Plan
de Cosmogénesis reflejado en los millones de años de
Evolución de las especies y en el cambio de calidad de
vida sobre la Tierra.
Y resultó que el Hombre apareció como una especie
animal capaz tanto de acelerar la mecánica de la progresi-
va evolución como de, en actos de descabellada regresión,
proceder contra natura: nació libre.
Claro que, en uso de esa Libertad, el hombre ha matado
y mata por matar, come sin hambre, derrocha por que sí,
acapara con desatinada esperanza de crecerse en los des-
pojos, destruye al hilo de un capricho, envilece a su propio
instinto... pero, también, se muestra capaz de mirar más
allá de su inmediata circunstancia; puede reflexionar so-
bre las consecuencias de sus propios actos. Puede embri-
dar al instinto, elaborar proyectos para una mejor
aplicación de sus propias energías, amaestrar a algunas de
las fuerzas naturales, sintonizar con los más nobles pensa-
mientos de sus semejantes, dominar a cualquier otro ani-
mal, sacrificarse por un semejante, extraer consecuencias
prácticas de la propia y de la ajena experiencia, educar a
sus manos para que se conviertan en el cerebro de la herra-
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
21
mienta... Por sus particularidades, el Hombre es el único
animal capaz de responder libre y constructivamente, al
desafío que lanza a sus hijos la madre Tierra.
Por que así entraba en los pormenores de ese evidente
Plan de Cosmogénesis los más evolucionados de los hijos
de la Tierra nacieron con la particularidad de gustar las
hieles y las mieles de la libertad: eran reyes con capacidad
de destruir o construir; eran invitados al festín de la Crea-
ción sin otras galas que sus facultades personales, sea para
promover la fecundidad de la tierra, para descubrir los se-
cretos y virtualidades de las cosas o para organizar
cualquier núcleo de vida social.
Y sucede que la Tierra, gracias al Hombre, cobra una
nueva dimensión: cuenta con un semejante al Creador, con
alguien que ya puede co-laborar con el propio Creador en
algo que ella “siente” necesario: su propia amorización o
natural ejercicio de madre providente.
El TRABAJO, llamada o imposición de la naturaleza a
los seres inteligentes, es el medio por el cual el Hombre
descubre una genuina facultad de transformar la circuns-
tancia de la propia vida y de entrar en libre y gratificante
solidaridad con sus semejantes.
Siendo el producto del Trabajo el sello del Hom-
bre sobre la Tierra, el Trabajo Solidario ( en línea
con el evidente Plan de Cosmogénesis) puede muy
bien ser reconocido Amor en Acción.
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
22
4. HOMO FABER, REY DEL UNIVERSO.
Una muy razonable hipótesis de la Ciencia más actual
nos habla de que el Hombre, entidad físico-inteligente ca-
paz de señorear la Tierra, es el producto de un complejo y
larguísimo proceso de evolución.
Sucede como si, miles de millones de años atrás, una ín-
fima parte de polvo cósmico (?) ya tuviera vocación de ex-
cepcionalidad para, animada por la “Energía Exterior”, a
través del desarrollo de íntimas afinidades y con todo el
tiempo necesario por delante, colaborar voluntariamente
en la marcha hacia el Progreso. Así es como han resultado
positivas, variadas y numerosas uniones entre los elemen-
tos afines o complementarios hasta llegar a las realidades
actuales frente a las cuales el Hombre ocupa una privile-
giada parcela responsabilidad respecto a la “necesaria
amorización” de la Tierra.
Diríase que cuanto existe se mueve en la esperanza por
evolucionar hacia un más ser y que, para ello, necesita su-
mergirse en el mar de la complementariedad en el cual so-
lamente existe una libre iniciativa para orientar lo que
sobra o está “a la expectativa” hacia una determinada ca-
rencia. Obviamente, esta libre iniciativa es privilegio y de-
ber del Hombre, único habitante de la tierra con capacidad
de responder libremente al “hambre de ser más” que pare-
ce latir en el trasfondo o “corazón” de las cosas, lo que es
tanto como hacerse solidario con el provenir del Universo.
Diríase entonces que ese “mar de la complementariedad”,
en cuanto requiere unión de capacidades y voluntades, es
una continua invitación a la solidaridad
Esto de la solidaridad es una virtualidad que sufre infi-
nitos altibajos en la marcha de la historia y, tal vez, en el
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
23
probado autoperfeccionamiento de la Madre Tierra: Las
partículas elementales cobran realidad más compleja en
cuanto casan sus respectivas afinidades: es el camino que,
merced a su “energía interior”, siguen elementos y seres
vivos en su marcha hacia lo que Teilhard llamó
Convergencia Universal.
Lógico capítulo de esa marcha o proceso parece ser la
suficiencia en recursos para el desarrollo de las respecti-
vas vocaciones (de lo que llamamos elementos y seres vi-
vos), todo ello dentro de la previsora armonía por la que
muestra regirse la Madre Tierra, cuyos hijos, hasta cierto
momento y mientras no existió “cosa alguna inteligente”,
eran lo que tenían que ser en una extensión solidaria: unos
para otros y todos como elementos de un complejo orga-
nismo, que, respondiendo a una más que probable Ley de
Finalidad, vive y desarrolla la función de superarse cada
día a sí mismo “mecánicamente” hasta el momento en que,
en uso de su Libertad, hija natural de la Inteligencia, apa-
rezca un animal inteligente, el Hombre, capaz de
implantar una ansiada dosis de voluntarismo en un
proceso al que, diríase, consume la impaciencia.
Y resulta que el Hombre se ha mostrado capaz de desa-
celerar o acelerar e, incluso, de empeorar o mejorar el pro-
ceso de autoperfeccionamiento que se acusa en todo el
mundo material. Sucede que, en uso de una genuina liber-
tad, el Hombre se ha mostrado capaz de favorecer terri-
bles regresiones o palmarios procederes contra natura.
Destino comprometedor el del Hombre: porque dispone
de manos y de cerebro, porque goza del uso de la refle-
xión, del movimiento disciplinado y de la palabra, porque
vive y desarrolla acciones y pasiones... crea y alimenta no-
vedades y, también, abre baches de degradación natural,
se pierde en laberintos de infra-animalidad, y vuelve atrás
en lo que podía y debía ser una progresiva historia...
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
24
Es así cómo el hombre ha matado y mata por matar,
come sin hambre, derrocha por que sí, acapara o destruye
al hilo de su capricho u obliga a la Tierra a abortar mons-
truosos cataclismos.
Claro que la genuina vocación del Hombre es mirar
más allá de su inmediata circunstancia, embridar el instin-
to, elaborar y materializar proyectos para un mayor rendi-
miento de sus propias energías, amaestrar a casi todas las
fuerzas naturales, deliberar en comunidad, dominar a
cualquier otro animal, sacrificarse por un igual, extraer
consecuencias de la propia y de la ajena experiencia, edu-
car a sus manos para que sean capaces de convertirse en
cerebro de su herramienta: Nace y crece libre para amar y
trabajar.
Es en el campo del Amor y del Trabajo en donde el
Hombre encuentra su personal camino de ser-más, de au-
torealización. Amor directo y comprometido, trabajo de
variadísimas facetas, con la cabeza o con las manos, a ple-
no sol o desde la mesa de un despacho, pariendo ideas o
desarrollándolas. En uso de herramientas tan variadas
como la rama de un árbol, una complicada máquina o di-
nero en cualquiera de sus históricas o actuales variedades.
Gran cosa para el Hombre la de vivir en TRABAJO
SOLIDARIO. Una posibilidad al alcance de cualquiera:
hombre o mujer, de cualquier color, pobre o rico... em-
presario o trabajador por cuenta ajena, sea en el Campo,
en la Industria o en los Servicios, canales necesarios
para amigarse con la Tierra y facilitar el desarrollo físi-
co y espiritual de toda la Comunidad Humana.
Es cierto que la Tierra no sería la misma sin la presen-
cia del Hombre: la Tierra se muestra tanto más pródiga o
más tiránica cuanto más o menos el hombre aplica su in-
nata libertad a discurrir sobre la propia utilidad social y,
consecuentemente, aplica sus facultades personales a
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
25
desarrollar tal o cual tarea que requiere el bien (o el mal)
de sus semejantes. Ello nos invita a reconocer que la
Tierra es tal cual para que el hombre desarrolle en ella
su capacidad de Trabajo Solidario, es decir, vea en ella
frecuentes ocasiones de ejercitar una forma de amor tra-
tando de ser útil al prójimo a través de la acción sobre
las cosas.
Por las enseñanzas de la Historia vemos que es incon-
trovertible el hecho del Progreso hacia mayor libertad y
bienestar, a pesar mismo del afán de desbordado acapara-
miento de unos pocos que entorpecen el camino hacia un
más rápido y equitativo reparto de bienes y oportunidades.
Obviamente, ese camino estará á entorpecido con más o
menos profundos baches y será tanto más lento cuanto ma-
yor sea la ausencia de libertad responsabilizante en las re-
laciones entre personas y pueblos. Esta libertad
responsabilizante, tenemos infinitas ocasiones de compro-
barlo, nace y se alimenta de un reflexivo entronque con la
Realidad en todas sus dimensiones.
Pero, precisamente, dada la autonomía operativa del
Hombre y de su facultad de elección entre favorecer o en-
torpecer el bien de sus semejantes, no se puede decir que,
en la Historia, está definitivamente descartado el peligro
de una dramática regresión que, muy probablemente, azo-
taría también a cuantos ahora se tienen por privilegiados.
Sabemos que algo así ha sucedido, repetidas veces, en el
Pasado: recordemos, sino, el ejemplo de civilizaciones al
estilo de la maya, egipcia, griega, romana o, más cerca de
nosotros, hitleriana o soviética. La tragedia de la “ciudad
alegre y confiada” puede repetirse una y otra vez... Ello
cuando nunca, como ahora, se vislumbra la viabilidad de
solución a los grandes problemas, ello cuando se ven tan
cerca de nuestra capacidad de acción los medios para re-
solver las carencias más acuciantes: sea para erradicar en-
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
26
fermedades endémicas en ciertas latitudes, para colonizar
una buena parte del litoral marítimo, fecundizar amplias
superficies de desierto o multiplicar por diez la
producción ganadera...
¿Por qué no se hace? Simplemente, por la escasez de li-
bertad responsabilizante y, también, por la poderosa iner-
cia de bloques de intereses desarrollados y consolidados a
lo largo de la Historia. Por tales bloques de intereses se
mantienen al pairo o en oposición las voluntades que ha-
brían de poner en marcha la nave de una elemental
equidad.
El propio interés económico se encuentra negativamen-
te afectado por tal actitud: ya es demostrable que los me-
dios de producción, que constituyen el alma de las
empresas modernas, han de mantenerse al pleno de su acti-
vidad si no se quiere que resulten anti-rentables las
necesarias inversiones.
Otro tanto sucede con las entidades nacionales, cuya in-
fraestructura, producto de mucho dinero y de muchos años
de esfuerzo, precisa de nuevas y más amplias proyeccio-
nes. Demostrado está á que, a medio plazo, una sociedad
se condena a sí misma si frena o estrangula sus posibilida-
des de expansión. Son posibilidades de expansión a desa-
rrollar ¿quién lo duda? Allí donde sea posible, es decir, en
cualquier lugar del mundo en que vivan potenciales con-
sumidores o clientes. Mal negocio es, pues, cortar vuelos a
la máquina productiva.
Otra cosa es que, al amparo de la más progresiva cien-
cia, proyectos y voluntades se orienten hacia donde las ca-
rencias resulten más evidentes. Se abren así nuevos
campos en los que desarrollar las conquistas del Trabajo y
de la Técnica, lo que, sin duda, pronto arrastrará motivan-
tes beneficios para inversores y protagonistas. Para que se
multipliquen en la medida de lo necesario tales soluciones
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
27
bueno será á que cuantos tienen poder para ello se apli-
quen a establecer las bases de una mayor “sincronización”
(acuerdo en el tiempo y en el espacio) entre las virtualida-
des de la Tierra y la capacidad de iniciativa y de acción del
Hombre.
La Tierra y su puente con lo Universal, el Hombre. La
Tierra madre, despensa y desafío. El Hombre, protagonis-
ta del Trabajo solidario y creador y, como tal, padre y
usuario de una Técnica que deberá estar al servicio de la
Suficiencia, siempre liberándose de los enmarañados
efectos de la “perpetua crisis”
5. SUFICIENTES OPORTUNIDADES DE EMPLEO,
DERECHO NATURAL Y SOCIAL
Mucho se ha hablado y se ha escrito sobre la “irrever-
sible marcha hacia el Progreso”. El Progreso en todas sus
dimensiones es difícil de catalogar o definir: se vive y co-
bra fuerza cuando la libertad de cada uno se expresa en po-
cas palabras y en un trabajo solidario y consecuente con
todas las posibilidades que brinda la Tierra, la necesaria y
progresiva continuidad en los niveles de bienestar social y
los condicionantes (la “circunstancia”) del momento en
que se vive.
Es una Sociedad gravemente enferma aquella que es in-
capaz de ofrecer motivaciones al pleno desarrollo de la
iniciativa personal de todos y cada uno de sus ciudadanos,
sean estos ricos o pobres, empresarios o asalariados.
Para una Sociedad que aspira al progresivo desarrollo
de sus posibilidades el pleno Empleo es una natural exi-
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
28
gencia y, para sus gobernantes, es igualmente natural exi-
gencia el asumir responsabilidades respecto a una
“equilibrada disponibilidad de estímulos” tanto hacia el
mundo del Capital como del Trabajo.
Acaparar posibilidades y desaprovechar las diversas
fuentes de estímulos constituyen un grave atentado a la
Libertad y, por lo mismo, actúan como enconados
enemigos del Progreso. Acaparar o despilfarrar bienes pri-
vándoles de su jugo social es un tropelía que se traduce en
una traba para la felicidad del propio inductor o protago-
nista (el poder político o los títulos de propiedad se legiti-
man y consolidan cuando se proyectan hacia el
perfeccionamiento, multiplicación y difusión de los
bienes potencialmente asequibles a la mayoría).
Es gravísima desgracia nacional ignorar o, mucho peor
aún, neutralizar el libre desarrollo del caudal de energías
que las personas, distintas unas de otras y con capacidades
complementarias, están en el derecho de aplicar a la cober-
tura de las carencias de su entorno.
Consecuentemente, Progreso en vías de consolidación,
será aquel que, por caminos de libertad, incrementa las
responsabilizaciones precisas para la necesaria multipli-
cación, mejor distribución y máxima proyección de los
bienes naturales, lo que, por LEY NATURAL, se traduce
en suficientes oportunidades de empleo.
Reniega, pues de su principal responsabilidad un Poder
público que no se fija como esencial preocupación el total
aprovechamiento de bienes y energías disponibles. Cuan-
do ese Poder público asuma a conciencia su principal res-
ponsabilidad, el TRABAJO PARA TODOS resultará un
ineludible OBJETIVO UNIVERSAL.
No estar juntos por que así lo determina la inercia de los
tiempos: ESTAR JUNTOS PARA HACER JUNTOS
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
29
ALGO: sugerente y realizable tarea, un proyecto incitador
de voluntades “¿Para qué, con qué fin y bajo qué ideas on-
deadas como banderas incitantes?”. La unión se hace para
lanzar la energía personal y comuniutaria a los cuatro
vientos, para inundar el planeta de nuevas ideas y de nue-
vos modos de cubrir ancestrales necesidades.
En el éxito de las empresas una buena parte depende del
sentido de la oportunidad: ¿qué mejor resquicio para el de-
sarrollo que el romper tanta manía de manipulación por
parte de la Sociedad Opulenta y ocasionales portavoces.
La Weltpolitik de los españoles debe y puede pasar por
un “ambicioso afán de personalización” sin atropellos de
ningún estilo, con la explotación y puesta sobre el “mosai-
co” universal de las más ricas peculiaridades... dentro de
un claro objetivo unitario: esto último es la pieza funda-
mental del Proyecto de tal forma que, cuando falla, los
buenos propósitos se desvanecen en pura retórica cuando
no se traducen en retrógrado egocentrismo.
Sin duda que el seguimiento de la idea de grandes cosas
por hacer, que el empeño por cubrir las sucesivas etapas
de ese más que necesario sugestivo proyecto de acción en
común dará al traste con no pocos falaces argumentos que
alimentan la peligrosa obsesión de ir cada uno por su lado.
¿Qué mejor “sugestivo proyecto de acción en común”
que el de volcar cuanto tenemos y valemos hacia la cober-
tura de tantas carencias de millones y millones de poten-
ciales clientes nuestros en respeto a las “Leyes del
Mercado” sí, pero no a tantas hipócritas consignas de los
países más poderosos cuyo afán de colonialismo universal
es tan evidente? Con evidente mayor generosidad ¿no se
podría aminorar el cerco torpemente pactado con la Unión
Europea y seguir el ejemplo de países cuya actividad eco-
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
30
nómica no le hace remilgo alguno a cualquier posible
proyección universal?
Por lo tanto, la Idea-fuerza de ese sugestivo proyecto de
acción en común puede y debe responder a la simultánea
cobertura de dos acuciantes y dramáticas carencias: la de
sufuciente trabajo en España y la de suficientes recursos
vitales para tantos pueblos. Ello en generoso uso de la Li-
bertad Responsabilizante, al margen de los avatares políti-
cos y en una línea de reciprocidad que, muy seguramente,
no garantizan la Sociedad Opulenta y sus más devotos
adoradores.
Obvio es reconocer que la Comunidad Humana está
compuesta de varios miles de millones de personas. El
concepto persona corresponde en exclusiva al Hombre a
diferencia del concepto “individuo” que ampara al miem-
bro de cualquier especie animal. Cada hombre es singular,
es persona, respecto a los otros hombres: dispone de pecu-
liaridades exclusivas y es en buena parte responsable del
uso que haga de ellas.
Diríase que la Humanidad es como un mosaico en que
las diversas piezas gozan de capacidad de maniobra dentro
del marco de su “circunstancia”. La lucha por la supervi-
vencia de la Especie Humana (ese “afán por encontrar el
sitio”) ha producido muy diversos efectos a tenor de los
condicionamientos de tiempo y lugar y, sin duda alguna,
en razón de los diversos grados de voluntad y poder de las
personas.
Enemigo de la voluntad o rémora del compromiso es lo
que se llama pereza mental o instintiva renuncia a ejercer
como “animal racional”. La pereza mental puede llegar a
hacerse crónica: es entonces cuando el hombre llega a re-
negar de esa personal responsabilidad de “sacarle jugo” a
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
31
sus peculiaridades. Es un mal que, fácilmente, llega a
contagiar al entorno.
Ciertos hombres aprovechan esa situación para encum-
brarse a situaciones de privilegio: es como si trazaran una
“línea roja” en torno a sí mismos. Fácilmente, se otorgan
la categoría de hombres excepcionales relegando a los
otros hombres de su entorno al papel de comparsas, sim-
ples individuos o elementos de una indiferenciada masa.
Para afianzar su posición y no ser aplastados por el nú-
mero de potenciales oponentes, esos hombres, pretendi-
damente excepcionales, se afanan por canalizar hacia el
propio interés el “orden establecido”, institucionalizar sus
privilegios, alterar la escala de valores en uso, monopoli-
zar la fuerza, alimentar el espíritu corporativo.
Logrado, al menos en parte, su propósito, muchos de
ellos se apoltronan en la ociosidad y se resisten a recono-
cer su crasa indiferencia ante la siempre presente posibili-
dad de desarrollar sus específicas facultades.
A lo largo de la Historia, tal situación se ha repetido con
distintos colores: castas, razas, clases, culturas... ropajes
ocasionales que se han tomado como soporte de privile-
gios y, con harta frecuencia, cómodo disfraz de
incompetencias.
Y resulta que el posicionamiento social está por encima
del esfuerzo personal. Consecuentemente, pesa más el
“espíritu” corporativo, de clase o casta que el esfuerzo
personal: se prefiere el ESTAR al SER (bendito idioma el
nuestro que lo diferencia tan claramente).
No faltarán las justificaciones ideológicas al estilo de
“la esclavitud ha sido impuesta por la economía domésti-
ca”, “la salvación está en la guerra santa contra el infiel”,
“un kilo de algodón bien vale la sangre de un pobre dia-
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
32
blo”, “los favores en este mundo son prueba de
predestinación”...etc., etc...
Tras ríos y ríos de palabras, el afán de prestar raiz natu-
ral al privilegio de casta o situación “liberó” de responsa-
bilidad personal el propio comportamiento: es la
conciencia colectiva, se dijo y, en consecuencia, cada ser
en particular era inocente de las tropelías realizadas en uso
de sus privilegios.
Durante los últimos doscientos años, de arriba a abajo,
de abajo arriba, de izquierda a derecha y viceversa, se ha
extendido por el ancho mundo el contagio de la colectivi-
zación de conciencias.
Ya, para hacer frente a los problemas del día a día, sola-
mente se habla de conciencia colectiva y no de responsa-
bilidad personal. Claro que no todos se resignan a tan
deprimente simplificación: desde cualquier posiciona-
miento social, siempre hubo personas que bucearon con
prioridad en la propia conciencia para traducir en factor
de progreso sus personales virtualidades (dinero,
capacidad de gestión, afán de saber, habilidad manual...)
Habrá quien diga que la conciencia colectiva es produc-
to de los “modos de producción” de la época. Esto, obvia-
mente, es una evidente exageración.
Ello no obstante, la prédica ha surtido efecto tanto en los
que cultivan la ociosidad insolidaria como en los que se
han dejado dominar por afanes de revancha o por simple
pereza mental: entre éstos, no pocos que no cuentan con
otro capital que el de su capacidad de trabajo. Obviamen-
te, son los que han pagado un más alto precio por su
poltronería o por su ingenua fe.
Preciso es reconocer que frente al impulso de compro-
miso personal se alza la gigantesca ola materialista de la
colectivización de responsabilidades, cuya más directa
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
33
consecuencia ha sido el desperdicio de valiosísimas ener-
gías necesarias para mejorar la circunstancia en que nos ha
tocado vivir.
Tiempo es ya de volver al íntimo reducto en que se forja
la personalidad para descubrir todo lo que cada uno de no-
sotros puede hacer en uso de las propias facultades, en li-
bertad de juicio y con voluntad de corresponder al hecho
de vivir y de tener la ocasión de cumplir un irrepetible
destino.
Previamente, habremos de renegar de anquilosantes tó-
picos y responder a una apasionante invitación: la de asen-
tarnos firme y generosamente en la Realidad, algo que
implica asumir una específica responsabilidad sin rodeos
ni borreguiles recursos.
Obviamente, lo positivo de ese compromiso precisa el
aliño de una Libertad Responsabilizante, que habrá de ser
alimentada por el Poder Político, éste, a su vez, nacido de
la suma de votos, tanto más certeros cuanto más vengan
inspirados por la conciencia personal de lo que realmente
conviene a España.
Todo ello resulta imposible desde una antinatural “so-
cialización de responsabilidades”, la más clara conse-
cuencia de no reconocer a cada ciudadano la categoría de
persona con capacidades e intenciones irrepetibles o, lo
que es igual, de situarle en el pobrísimo nivel de simple
elemento de una masa moldeable por una bien urdida
retórica.
La estudiada despersonalización de millones de ciuda-
danos no requiere más que el aliño de una demagogia per-
tinentemente institucionalizada para resultar el ideal caldo
de cultivo para lo que puede convertirse en un eterno so-
porte de un poder sin responsabilidad social: a ese soporte
se le puede considerar DEMOCRACIA INORGÁNICA,
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
34
es decir, simplemente formal y sin “músculo” de abajo
arriba.
Obviamente, la réplica de lo que podemos llamar de-
mocracia desvertebrada o inorgánica no es lo que se lla-
mó “democracia orgánica”: es, simplemente, una
Democracia que, por que está viva, alimenta los soportes
de la responsabilidad pública (la independencia de pode-
res, entre otros) y despierta libertad de juicio y compromi-
sos personales, es capaz de eliminar o neutralizar los
“instintos salvajes” de la propia DEMOCRACIA.
Es la Política el imprescindible marco para el desarrollo
de cualquier actividad humana. Siendo además, soporte de
múltiples ambiciones cuyo ejercicio siembra atropellos y
desigualdades, se hace perentorio situar a la Política en su
justa dimensión: sirve, fundamentalmente, para garantizar
el libre desarrollo de las diversas personalidades y, tam-
bién, para velar por la correcta administración, adecuado
uso y adaptación de los bienes que constituyen el
patrimonio histórico y natural de los pueblos.
Los representantes del Poder Político no son “vox popu-
li” ni, mucho menos, “vox Dei”: Son, y ya es bastante, ce-
ladores de libertades y administradores de bienes y
servicios.
Frecuente tentación a la que sucumben no pocos de los
encumbrados por las urnas es la de creerse amparados por
una investidura que les inmuniza contra la vulgaridad.
Desde ahí ya pueden abrir el camino a muchos de sus
caprichos.
Hace ya más de ciento cincuenta años, Tocqueville cri-
ticaba el hecho de “abandonar la Democracia a sus instin-
tos salvajes”. Cuando esto sucede, las leyes suelen ser
pisoteadas por los privilegios, los acaparadores se afanan
por monopolizar las libertades públicas, el ahorro se aga-
35
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
zapa en el pobrísimo refugio que le ofrecen los malos ad-
ministradores, la demagogia engendra fantasiosos
dogmatismos, los liberticidas se erigen en redentores, el
pueblo llano sufre de una u otra forma de tiranía o de su
natural engendro, la anarquía...
Es algo que sucedía entonces y sucede ahora cuando los
políticos no quieren o no aciertan a prevenir la acechante
degradación de todo lo humano, que no se alimenta de
preocupante reflexión, de trabajo y de generosidad.
Crece la Libertad y, por lo mismo, consolida la Demo-
cracia cuando aliña el resultado de unas elecciones con in-
mediatas enmiendas a los vacíos legales, con
transparencia en la actuación de los poderosos, con efecti-
va preocupación por avanzar en la igualdad de oportunida-
des, con escrupuloso respeto a los dictados de la Realidad,
en especial el cultivo de los valores necesarios para realzar
la condición humana.
Las libertades públicas anejas a la Democracia han de
ser capaces de despertar el ansia de responsabilidad que
late en la conciencia de una buena parte de los ciudadanos,
probablemente, esos mismos que se dejan arrastrar por la
preocupación de llenar su existencia con positivos servi-
cios a la comunidad. Naturalmente que ello ha de ser re-
sultado de valentía, generosidad e incondicional respeto a
la realidad, justo lo contrario de perderse en estériles
fantasías y ocios insolidarios.
Gran cosa de la Democracia es abrir el camino de la par-
ticipación política a todos los ciudadanos revestidos de un
equitativo poder: en buena democracia, se otorga el mis-
mo valor al voto del pobre que al voto del rico, al del iletra-
do que al del intelectual... Pero ese voto no puede ser un
reflejo o determinación de los “salvajes instintos” de la
Democracia. Fundamentalmente, habrá de seguir la orien-
tación que más conviene al momento histórico de la Patria.
36
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
La Democracia, por sí sola, no consolida las libertades
que previamente ha introducido en la vida pública; lo que
sí hace es presentar un específico trampolín para el desa-
rrollo de la libertad responsabilizante, poderoso factor de
progreso en todos los órdenes.
En épocas de tiranía o de dictadura paternalista el orga-
nigrama social es una inamovible pirámide en que las de-
cisiones vienen de arriba abajo por la gracia del tirano,
dictador, patriarca o caudillo. Otro tanto sucede en una de-
mocracia en la que los poderosos propicien sus instintos
salvajes. Ese pobre remedo de participación popular ter-
mina siendo juguete de la propaganda interesada y de la
demagogia, recibida por la masa como el menos trabajoso
alimento intelectual.
Pero hay una diferencia substancial entre una y otra si-
tuación: en Democracia, a cada ciudadano cabe la respon-
sabilidad de alterar con su voto el orden de las cosas, cabe
la responsabilidad de introducir en la vida pública a la li-
bertad responsabilizante, “herramienta” democrática muy
capaz de amaestrar a la propia Democracia, cuyos instin-
tos salvajes podrán convertirse en otros tantos canales de
positivo desarrollo de tantas y tantas fecundas
personalidades.
Ello será tanto más fácil cuanto la función política se
aparte menos de sus justos términos: velar por las liberta-
des ciudadanos y por el “buen orden” de los diversos fac-
tores económicos. No cabe buscar otras razones al poder
político. Sobran los redentorismos y las escapadas por fan-
tasismos idealistas (sabemos muy bien que en la tierra no
hay otro posible paraíso que el derivado del trabajo solida-
rio; estúpida renuncia a la propia inteligencia es confiar en
una utopía nacida gracias a los automatismos de la historia
o a baños de sangre).
37
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
El político profesional ni es el gurú de una secta, ni es un
dechado de virtudes, ni es un profeta: es un funcionario
por vocación o por interés; es un hombre sin grandes dife-
rencias respecto a los otros hombres pero que aspira a un
puesto desde el cual incidirá sobre nuestros bienes y sobre
nuestra libertad: ni más ni menos que eso.
Desde su posicionamiento, usará o abusará de las leyes
cuya principal razón de ser es el Bien Común
Deseaba Tocqueville que a los caprichos del tirano y a
las veleidades de los políticos corruptos sucediera “la ma-
jestad de las leyes”. Es un deseo que la “razón democráti-
ca” nos obliga a compartir pero que cobrará efectividad en
cuanto electores y elegidos comprendan y acepten que el
poder de los unos sobre los otros es un servicio o PODER
POR DELEGACIÓN de los últimos sobre los primeros.
El primero y principal desafío a que habrá de hacer fren-
te un político es la más insultante y antinatural tara de una
sociedad en desarrollo: el Paro no deseado. Desde la sim-
ple óptica del utilitarismo materialista ya el paro es una
aberración en cuanto resulta de una torpe infrautilización
de los “recursos productivos” más eficaces, directos y
maleables.
En otro tiempo, a los parados se les llamó “ejército in-
dustrial de reserva”. Hoy, con tantos campos abiertos a la
posible aplicación de todos los recursos humanos y sin sa-
lir de la cruda apreciación eco nómica, es más propio ha-
blar de inoportuno y estúpido despilfarro de los más
valiosos factores de progreso: porque evidente es que cada
persona, en edad de trabajar, por estricto imperativo de la
Realidad, es el único ser que traduce en ENERGÍA
INTELIGENTE el uso de sus capacidades.
En una sociedad humana como la nuestra, con tantos
millones de parados, se quiebra lo que los clásicos llama-
38
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
ron Ley de Finalidad: si nada existe sin un objeto preciso...
¿dónde está la justificación del antinatural desaprovecha-
miento de tal caudal de ideas, voluntades y capacidades de
creación?
¿Qué pasa? ¿Que no hay posible aplicación concreta de
cuanto cada uno de esos ciudadanos en paro forzoso es ca-
paz de hacer por el progreso y buen orden social?
Si eso cree usted, político teóricamente responsable,
debo considerarle romo y falto de imaginación. ¿O, tal
vez, sí que tiene en su mano un montón de soluciones que
no aplica por culpable desidia, por indiferencia ante los
elementales derechos de millones de ciudadanos o por
simple contemporización con la vieja idea de que la eco-
nomía se rige por ciegos automatismos en que poco o nada
tiene que hacer la voluntad de los hombres?
El tratamiento del paro traspasa los límites del absurdo
cuando la fuerza creativa que reposa en todos esos millo-
nes de personas, que buscan y ansían una oportunidad de
manifestarse como artífices de progreso, sufre la delibera-
da degradación que nace de una estratégica aplicación de
la filosofía del pesebre: estrangulo tus nobles y naturales
aspiraciones a ser más útil presentándote como la mejor de
tus vitales perspectivas una voluntaria ociosidad,
garantizada, claro está, por el producto de tu voto.
¿Repara el poderoso político en la eventualidad de que
el gasto global de las subvenciones a los parados forzosos
(no incluimos a los parados voluntarios cuyo parasitismo
requiere un especial tratamiento) cubriría el costo de la
creación de otros tantos puestos de trabajo? ¿Acaso los
millones y millones no alcanzan progresión geométrica
dentro del cauce de una iniciativa privada suficientemente
motivada?
39
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
En una sociedad mínimamente democrática y civiliza-
da, la eventual picaresca de los agazapados especuladores
que se presentan como dinámicos empresarios es fácil-
mente neutralizada desde el oportuno aparato legal.
Cierto que es utópico pensar que en el mundo empresa-
rial no surjan abusos y torcidas aplicaciones de los incenti-
vos. Pero tal probable realidad debe contar y de hecho
cuenta con la réplica legal.... Frente a tales excepciones
hay un amplio cauce abierto al desarrollo de los cientos de
miles de vocaciones empresariales.
El asunto del pleno empleo debiera ser objetivo irre-
nunciable del Gestor Público. Las evidentes dificultades
para cubrir las sucesivas etapas no le exime de la obliga-
ción de comprometerse en ello sin retó ricas evasivas cual
pueden ser “la difícil coyuntura internacional”, los condi-
cionantes del medio económico en que nos desenvolve-
mos, la neutralizante inflación, el retraimiento de la
iniciativa privada, la escasa o nula colaboración de los
sindicatos...
Inoportunas evasivas que mal disimulan la incapacidad
o falta de voluntad de los profesionales de la Política, esos
mismos a los que una Democracia Renovada habrá de si-
tuar en el lugar que les corresponde (no tiene por que ser
distinto al actual, pero con su sentido de la responsabilidad
plenamente activo).
Muchas medidas de emergencia caben en un realista
propósito de eliminar o reducir a la mínima proporción esa
costosísima lacra social que es el Paro: abrir nuevos mer-
cados, canalizar el ahorro, desarrollar las tecnologías in-
termedias, abandonar el monetarismo puro y duro, cerrar
ministerios y un sinnúmero de despachos y ventanillas
inoperantes... pero, sobre todo, que el máximo responsa-
ble tome con ciencia de que no están los tiempos para jue-
40
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
gos florales o ciega devoción a los interesados conjuros de
los G8, G20 o bancas de amplitud universal.
Para la acción política de los ciudadanos no hay nada
más perentorio que el facilitar más y más oportunidades de
empleo. Y ya resulta vana e insultante palabrería esgrimir
una “escala de prioridades macroeconómicas” en cuya de-
finición ni siquiera los grandes maestros de la Economía
se ponen de acuerdo cuando más los mercenarios y acapa-
radores de cualquier estilo
Es ocioso hablar de Progreso y de otros tan etéreos
objetivos si aquí y ahora no se sitúa al Trabajo como
primerísima necesidad ante la cual habrán de inclinar-
se acuerdos internacionales, inflación, oropeles de po-
der, particularismos, Gasto Público, monstruosidades
burocráticas... etc., etc.
Caben muchas y nuevas oportunidades de Trabajo, na-
cidas de la Libertad Responsabilizante de los ciudadanos
puesta al “rojo vivo” por la imaginación y sentido del de-
ber de los políticos que hacen bandera de la Economía So-
cial de Mercado con su inmenso caudal de libertades y
motivaciones.
41
PRIMERA PARTE: El Trabajo, un deber y un derecho natural
SEGUNDA PARTE
Aportaciones de la Razón
Histórica
43
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
44
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
1. RAZÓN Y RELIGIÓN
Para los “ilustrados” de diversas épocas y latitudes el
hecho de sentirse religioso ha sido presentado como una
forma de servidumbre tontorrona y fuera de época: se ha
hablado mucho y aun se habla de la “alienación religiosa”.
El término “alienación” es aceptado como contrario a la
Libertad: una especie de encadenamiento de la razón so-
berana. Referida a la Religión, la alienación expresa el fe-
nómeno por el cual la vida y los actos de los hombres
siguen las directrices de una indemostrada idea de trascen-
dencia.
Claro que el carácter de la propia reflexión, que sitúa al
hombre muy por encima de cualquiera entidad simple-
mente material y le infiltra hambre de sintonizar con el
Principio y Fin del Universo, presta sólidos argumentos a
la creencia de que esa irrenunciable aspiración a la tras-
cendencia, que late en el ser de todos los hombres, es una
exigencia de la Realidad.
El hambre por sintonizar con el principio y fin del Uni-
verso es una de las posibles definiciones de la Religión.
Hambre existencial que se ajusta a los dictados de la Reali-
dad y, por lo mismo, resulta lógico y racional.
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SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
2. DIOS VIVO E HIJO DEL HOMBRE
Antes que sucediera ya estaba escrito: “Serán bendi-
tas en Ti todas las familias de la Tierra” (Gen.12-3).
“Fue suyo el señorío de la Gloria y del Imperio; todos
los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron y su domi-
nio es eterno, que no acabará nunca y su Imperio, im-
perio que nunca desaparecerá” (Dan.7-14).
Son innumerables las citas que, en el Libro, hablan de la
“próxima” Venida:
“Belén de Efrata, pequeño para ser contado entre las
familias de Judá, de tí saldrá quien señoreará de Israel y
se afirmará con la fortaleza de Yavé... Habrá seguridad
porque su prestigio se extenderá hasta los confines de la
Tierra” (Miq.5,2)
“Brotará una vara del tronco de Jesé y retoñará de sus
raices un vástago sobre el que reposará el espíritu de
Yavé, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de
consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de te-
mor de Yavé... No juzgará por vista de ojos ni argüirá por
lo que oye, sino que juzgará en justicia al pobre y en equi-
dad a los humildes de la Tierra” (Is. 11,1-5).
“Porque nos ha nacido un Niño, nos ha sido dado un
Hijo, que tiene sobre sus hombros la soberanía y que se
llamará maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre sempi-
terno, Príncipe de la Paz” (Is. 9-6).
Nació en Belén, durante la llamada Pax Augusta, y “fue
condenado a muerte por Poncio Pilato, procurador de Ju-
dea en el reinado de Tiberio”. Tácito, historiador romano
del siglo II) da fé ello y lo hacen otros escritores de la épo-
ca, como Luciano, que se refiere al “sofista crucificado
empeñado en demostrar que todos los hombres son iguales
y hermanos”. Pero sobre todo... está el testimonio de cuan-
tos lo conocieron, pudieron decir “Todo lo hizo bien” y
46
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
comprobaron su Resurrección. A muchos de ellos tal
testimonio les costó la vida..
Claro que su prestigio ha llegado ya hasta los confines
de la Tierra. Y todo lo hizo bien por que, efectivamente,
sobre El reposa el Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia,
Espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendi-
miento y de temor de Dios. No se guía por las apariencias,
sabe leer en el fondo de los corazones y, por lo tanto, juzga
en justicia a todos los hombres. Coeterno con el Padre, na-
ció de mujer y, con este natural acto, su normal pertenen-
cia a la sociedad de la época, de cuyos problemas se hizo
partícipe, su apasionada práctica del Bien y una Muerte
absolutamente inmerecida pero ofrecida al Padre por to-
dos los crímenes y malevolencias de la Humanidad, pre-
sentó a todos los hombres el Camino, la Verdad y la Vida
en que lograr la culminación del propio ser de cada uno.
Gracias a su Vida, Muerte y Resurrección, proyecta so-
bre cuanto existe la Personalidad de un Dios que se hizo
Hombre. Desde entonces, todos podemos incorporarnos a
su equipo para responder cumplidamente al apasionante
desafío de “amorizar la Tierra”. Habremos de hacerlo en
personal y continua expresión de Trabajo Solidario y Ena-
morado; será nuestra personal forma de co-laborar en la
divina tarea de culminar la Evolución, de participar en la
obra de la Creación en marcha.
3. LUZ Y SAL DE LA TIERRA
Nos lo recuerda un antiguo documento: “Los buenos
cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su
tierra, ni por su habla, ni por sus costumbres. No habitan
en ciudades exclusivamente suyas, ni hablan una lengua
47
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
extraña, ni llevan un género de vida aparte de los demás...,
sino que, habitando ciudades de cualquier punto, según la
suerte que a cada uno le cupo, y adaptándose en vestido,
comida y demás género de vida a los usos y costumbres de
cada país, dan muestras de un tenor de peculiar conducta,
admirable, y, por confesión de todos, sorprendente...
“Para decirlo brevemente, lo que es el alma en el cuer-
po, eso son los cristianos en el mundo. El alma está espar-
cida por todos los miembros del cuerpo y cristianos hay
por todas las ciudades del mundo. Habita el alma en el
cuerpo, pero no procede del cuerpo; así los cristianos habi-
tan en el mundo, pero no son del mundo”
“El alma ama a la carne y a los miembros que la aborre-
cen lo mismo que los buenos cristianos aman también a los
que les odian. El alma está encerrada en el cuerpo al que
mantiene vivo; del mismo modo, los buenos cristianos es-
tán detenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos
son los que mantienen la trabazón del mundo”.
Son párrafos (tomados del Discurso a Diogneto) re-
dactados por un predicador anónimo del Siglo II. Si-
guen de actualidad ¿verdad? como lo sigue su
inspiración fundamental: “Sois la sal de la Tierra, sois
la luz del Mundo” y “puesto que sois la luz del Mundo...
si no se puede ocultar la ciudad asentada sobre un mon-
te, ni se enciende una lámpara para ponerla bajo el cele-
mín sino sobre un candelero para que alumbre a cuantos
hay en la casa, vuestra luz ha de iluminar a los hom-
bres” (Mt 5, 13-16).
48
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
4. REFLEXIÓN Y LIBERTAD
La reflexión, peculiaridad genuinamente humana, re-
presenta una clara superación del instinto. Por la refle-
xión, el ser evolucionado reacciona de forma “personal”
frente a situaciones o acosos de la realidad dirigidos en la
misma medida a distintos individuos de su especie. Cuan-
do, por virtud de la Evolución, la presión de la circunstan-
cia motiva una respuesta no mimética, el individuo ha de
reflexionar y, al punto, ha dejado de ser elemento-masa
para convertirse en alguien, es decir, en persona.
La comunidad humana se diferencia de las otras so-
ciedades animales, básicamente, por la capacidad de re-
flexión de todos y de cada uno de cuantos la integran.
Por este hecho es posible la Historia como fenómeno
que singulariza cada época, a cada grupo social y a cada
proyección de las facultades individuales.
En el acto reflexivo, algo de uno mismo se proyecta ha-
cia el exterior de forma absolutamente inmaterial y con la
intención de captar cosas y fenómenos en su justa medida
para luego, en acto también absolutamente inmaterial,
analizar y decidir. Para el hombre, ello es tanto como ma-
nifestarse “ser que reflexiona” o ser que, sin dejar de ser él
mismo, posee la virtud de sobrepasar el estricto ámbito del
propio ser para reflejar en sí mismo lo otro, fenómeno que,
en idea de los maestros más respetables, “ es una forma de
incluir en sí mismo a todas las cosas”.
Contrariamente a lo que sostienen los autoproclamados
materialistas, el conocimiento o “inclusión en mismo de
todas las cosas” no es del carácter de la imagen proyecta-
da por un espejo: las cosas, vistas o intuidas, despiertan o
presionan a la conciencia del ser que reflexiona el cual, en
49
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
razón de tal reflexión, posee la facultad de obrar de una u
otra forma sobre las mismas cosas o de no obrar, si, en el
uso de la libertad, así lo decide el supremo árbitro de su
conciencia, es decir, ese ser con capacidad de pronunciar-
se sobre el sí o el no ante cualquier sugerencia de la
realidad.
Vemos cómo, acuciado por el hambre, el animal no ra-
cional percibe y ataca a su presa, o, en respuesta a un ele-
mental instinto, corteja y posee a su hembra, se defiende
de las inclemencias de su entorno.... de un modo general y
de acuerdo con el orden natural de las especies.
No sucede lo mismo en el caso del homínido evolucio-
nado: éste es capaz de superar cualquier llamada del ins-
tinto merced al acto reflexivo: la realidad inmediata, el
análisis de anteriores experiencias, el recuerdo de un ser
querido, la percepción de la debilidad o fuerza del enemi-
go, el conocimiento analítico de los propios recursos... le
permiten la elección entre varias alternativas o, lo que es
lo mismo, trazar un plan susceptible de reducir riesgos e
incrementar ventajas.
Gracias, pues, a su poder de reflexión, el hombre usa de
libertad para elegir entre varias alternativas de actuación
concreta. Por supuesto que la elección más adecuada a su
condición de hombre será aquella que mejor responda a
las exigencias de la Realidad. Y la más positiva historia de
los hombres será aquella jalonada por capítulos que hayan
respondido más cumplidamente a su genuina vocación.
50
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
5. AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR
Pero, también y sobre todo, a Dios lo que es de Dios. El
César, al que nos referimos, es el más poderoso de este
mundo: el Dinero, naturalmente, que casi todo lo invade y
casi todo lo interrelaciona: no existe un solo foco de la ac-
tividad humana en el cual no intervenga el dinero en cual-
quiera de sus muy diversas formas y como representante
de la intencionalidad de todas las partes o de alguna de las
partes.
No todos los que manejan dinero son acaparadores ob-
sesivos: hay quien utiliza al dinero como medio de acerca-
miento al prójimo, lo que, reconozcámoslo, es uno de
tantos medios para dar a Dios lo que es de Dios. Desde esta
premisa pretendemos aportar nuestro grano de arena a un
mejor orden social, empezando por dirigirnos a ti, joven
empresario o asalariado que sueña con abordar un
sugestivo proyecto empresarial.
Sientes necesidad de ir a algún sitio con un dinero
que te han dejado tus padres a Plazo Fijo o (tú, que toda-
vía vives de un salario) con el crédito que algún día te
concederán). Respecto a la rentabilidad pura y dura del
“dinero estático” no te satisface lo de ese X % y, muy
probablemente, ni siquiera un hipotético 2X %, pero es
algo más que esto lo que te convierte en Emprendedor:
Para ti el dinero es hacer cosas y, también, PODER. En
tu equipaje entran también las ideas. Las ideas han de ser
muy claras y aplicables a una evidente demanda del Mer-
cado. El dinero (o el Crédito) ha de ser suficiente hasta
tanto las ideas no se “materialicen” en mercancías capa-
ces de proporcionarte algo más que la autosuficiencia. Esa
materialización de las ideas ha requerido el soporte de una
infraestructura: locales, organización, red comercial, pro-
51
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
ducto... La meta es lo que se llama objeto social de la
empresa, algo destinado a cubrir una parcela de las ne-
cesidades o apetencias de tu entorno: debe sintonizar
con una inequívoca aspiración tuya e ir respaldada por
lo que se llama viabilidad económico-financiera.
Son los compañeros de viaje, el factor humano, lo más
importante con que cuentas. Todo lo demás, debes recono-
cerlo, son medios o instrumentos
El factor humano debe ser reconocido por tí algo en pa-
ralelo con tu propia realización personal y, por lo mismo,
condición primordial de tu éxito. El factor humano no es,
pues, un medio sino un fin. El factor humano es variopin-
to, inestable y complejo; pero es también susceptible de
certera motivación. En gran parte, de pende de ti su grado
de colaboración. Sin duda que tus empleados te obedece-
rán puesto que eres tú el que firma los cheques; pero ¿estás
seguro de que sintonizan con tus proyectos, de que hacen
suyos los objetivos de tu empresa? Esto de la plena inte-
gración de tu gente, más que como el principal problema,
tómatelo como un apasionante desafío.
Si tienes las ideas claras, un proyecto que responde a
una necesidad social, una capital que facilite el despegue y
has acertado a despertar la voluntad de colaboración en tus
compañeros de viaje, estás ya en el camino del éxito. De-
berás, eso sí, ejercer el arte de dirigir, aplicar las técni-
cas de la Organización, mantener los gastos en su justa
proporción y acertar a sacarle partido a las modernas he-
rramientas de gestión: Podrás promover y desarrollar
una Comunidad de Trabajo.
Por Comunidad de Trabajo se entiende, ya lo hemos di-
cho, a la Empresa, esa importante unidad social compues-
ta de materia gris, brazos, dinero y herramientas.
52
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Si eres empresario de rebote o porque tu padre ya era
empresario, cabe que pienses otra cosa: ¿qué sé yo? que la
Empresa es algo así como una generosísima vaca lechera
con sus ubres siempre dispuestas para tu individual apetito
o una escalera por donde tú, solito, puedes alcanzar la
luna... Desde esas imaginadas cimas ¿serás capaz de pen-
sar que puedes hacer lo que te venga en gana con las posi-
bilidades de la obra que administras (lo que llamas “mi
empresa”), que el manejo del dinero te coloca en una pri-
vilegiada posición para jugar a rey Midas o que el mejor
obrero es un mono amaestrado? Cuidado, Taylor no lo
quiso reconocer; pero te aseguro que un mono amaestrado
sale carísimo. Y, a nada que discurras, habrás de compade-
cer al pobre rey Midas que murió por hambre al convertir
en oro todo lo que tocaba.
Como la de cualquier otro hombre, la principal obliga-
ción de un empresario es la de ser realista; obviamente, la
primera realidad con que tropiezas eres tú mismo: lo de
quien eres, qué puedes y hacia donde vas está y estará
siempre pegado a ti. No puedes pensar, como aquel famo-
so Hegel, eso tan inconsecuente de que “si la realidad no
es como yo pienso, es problema de la Realidad”.
Para muchos empresarios eso de que la realidad ha de
ser estrictamente como yo pienso no es tan raro como, a
primera vista, pudiera parecer: son muchos los hombres de
negocio que niegan lo que no quieren ver, que se hacen
particulares ideas sobre la organización, las relaciones
humanas o el poder del dinero... Por favor, querido amigo,
ése no puede ser tu caso: esfuérzate en encuadrar todo lo
que te rodea en una estricta realidad en que, por supuesto
que sí, hay cosas que tienen infinitamente más valor que
el dinero o, lo que es igual, esa cosa a la que se llama ciego
materialismo, tan progresivamente desprestigiado por la
Realidad.
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SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
Tu Realidad y la Realidad de los otros. Mucho tienes
que ver con la realidad de los otros, voluntades o variadísi-
mas fuerzas en perenne flujo y reflujo. Seres libres con
ansia de saber por dónde y hacia dónde van. En lo que toca
a la relación con sus compañeros de Trabajo o al trata-
miento de lo que realmente constituye la base sólida de
una Empresa son muchos los empresarios que se dejan
conquistar por la clásica tentación del Aprendiz de Brujo
y, como no puede ser por menos, caen en la trampa del pe-
dante y atrevido muchacho: terminan siendo juguetes de
lo que no han acertado a encuadrar en los objetivos de su
Empresa.
Te lo digo a ti, empresario pegado al pie del cañón, no
simple especulador o rentista. Eres genuino empresario en
tanto en cuanto estás en la Empresa con un dinero (no te
pregunto de dónde viene) y con tu saber dirigir y hacer.
Eres un trabajador, no puedes negarlo, y tu Empresa, ya lo
dije al principio, es una Comunidad de Trabajo.
No es empresario, lo sabes bien, todo el que tiene dinero
y, entre muchas de las cosas que puede hacer, opta por
montar una empresa de cuya trayectoria se siente simple
espectador con la mano puesta en el grifo de se chequera
para cerrarla o abrirla en función de su capricho o de cual-
quiera nueva tentación del Mercado.
Genuinamente, empresario es la persona que aplica un
dinero y todo su saber hacer a un proyecto concreto, la
Empresa. Este nuestro empresario ignora o no quiere saber
que, en circunstancias equis, los bonos del Estado, cual-
quier toma y daca ocasional o el “dolce farniente” de flotar
sobre las mil favorables corrientes del dinero centrípeto y
fácil... son más propicios a su patrimonio que el
ilusionante riesgo de una Empresa.
El capitalista no-empresario cultiva su propia escala de
valores, entre los cuales no cuenta el trabajo disciplinado
54
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
ni la obsesiva preocupación por PERSONALIZARSE en
el seguimiento de un proyecto a largo plazo. Es, por de-
más, un “mass-media” que ni siquiera acierta a sacarle
buen jugo a su dinero, esa creación histórico-social (traba-
jo cristalizado, que diría un tal Carlos Marx).
El dinero sirve para bastante más que para apabullar a
los otros o para proporcionar lo que se llaman placeres ma-
teriales: sirve para facilitar una de las más acuciantes exi-
gencias de la condición humana, la exigencia de perseguir
una parte de felicidad, esa misma que gira en torno a una
muy realista convicción: para ser medianamente feliz
debo “mascar” la utilidad social de mi propia vida y de sus
raíces con la Realidad. Pobre del adinerado que así no lo
comprende: está condenado a la definitiva mediocridad
hasta ser sorprendido por una muerte en radical soledad
Nuestro Empresario, por el contrario, es un ser para
quien cuentan los demás; por que ama la vida, simpatiza
con su entorno; por que no está muy seguro de merecer
esa parcela de poder que da el dinero, lo utiliza como una
herramienta, lo que le convierte en un trabajador más con
reconocidos derechos por parte de los otros trabajadores.
Como trabajador consciente del valor y certera aplica-
ción de su herramienta, el empresario está obligado a vigi-
lar su cuenta de explotación: no será, pues, buen
empresario quien carece de preocupación por un beneficio
que no se ha de confundir, ni mucho menos, con el simple
interés: el beneficio es una necesidad funcional de la em-
presa y el fertilizante de un futuro sin sorpresas
traumáticas.
Los otros trabajadores, tus compañeros, ponen en juego
diversas cosas: su tiempo, su experiencia, su fantasía, su
capacidad de reflexión, sus piernas y sus brazos... valores
muy entrañables suyos y que a ti te interesa resulten lo más
55
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
fecundos posible: de esa fecundidad, ni más ni menos,
depende el éxito de tu Empresa.
Estudia, pues, la realidad de tus compañeros y pégate a
ella: te aseguro que todos y cada uno de ellos son personas
y son distintos, pero todos con un particular resorte que tú
no tendrás más remedio que pulsar para que, en la justa
medida, sintonicen con los objetivos de tu Empresa. Por tu
parte, de forma especial, has de aprender a manejar de for-
ma magistral una herramienta hoy por hoy imprescindible
en el buen orden empresarial: el dinero.
Al dinero le corresponde una perogrullesca significa-
ción: la de representar en todo momento y en todo lugar el
“seguro” valor de intercambio de las cosas y de los
servicios.
Es la moneda una muy concreta proyección de esa abs-
tracción que se llama dinero, a su vez, expresión del “tra-
bajo cristalizado”, que dirían los economistas de la vieja
escuela.
Aunque todo el mundo le concede una “representativi-
dad” en directa relación con el estado general de la Econo-
mía, la Moneda es, fundamentalmente una mercancía que,
como tal y al igual que todas las otras mercancías en circu-
lación, sufre las oscilaciones de la oferta y de la demanda,
los efectos de acaparamientos o especulaciones interesa-
das y los “costes de distribución y comisiones” (identifi-
cables con los tipos de interés que inciden en el trasiego de
dinero) y, como “herramienta funcional”, es factor de pri-
mer orden en la vida de las empresas, tanto que el empre-
sario, que resta valor a los objetivos de buen uso y
rentabilidad del dinero, en el mejor de los casos, resulta un
simple soñador y en el peor de los casos un pobre diablo,
un burgués que ha despilfarrado miserablemente su patri-
monio (el dinero y todo lo demás) y que, probablemente,
56
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
morirá sin haber comprendido el auténtico sentido de su
propia vida.
Sin duda que tú, joven empresario, que toma al dinero
como insustituible herramienta de trabajo, eres alguien
muy distinto: estás en la línea de los que sirven a los que
más lo necesitan por que el pan que no comes lo destinas a
los que tienen hambre, el vestido que no usas a los que tie-
nen frío, la casa que no habitas.....
6. DESDE EL SUPONER Y NO SABER AL VIVIR
Aristóteles, a pesar de la palmaria ausencia de medios
de investigación, apuntó la hipótesis de la evolución ani-
mal hasta el advenimiento de la razón humana, en que se
muestra la estrecha relación entre el alma y el cuerpo.
También apuntó Aristóteles la necesidad de una primera
Fuente de Energía, capaz de animar el proceso de “huma-
nización” de la Realidad, pero, sobre todo, el poder crea-
dor de la acción humana. Claro que, desde una pagana
visión de las relaciones humanas, consideró Aristóteles a
la esclavitud como una imposición de la infraestructura
económica y, en razón de ello, llegó a decir que algunos
hombres eran “naturalmente” esclavos, “situación inevi-
table hasta tanto las lanzaderas y otras herramientas se
muevan por sí solas”.
Es Aristóteles un personaje comprometido con el estu-
dio de las cosas, las cuales, mediante la capacidad reflexi-
va del ser humano, pueden convertirse en ideas; nunca al
revés, como fuera el caso de Parménides o Platón. Tam-
bién, frente a Heráclito, defiende Aristóteles la dependen-
57
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
cia o complementariedad armónica de todo lo existente
frente a la eterna confrontación (la “guerra es la madre de
todas las cosas”) que suponía Heráclito. De ahí se deduce
la especial atención que dedica Aristóteles a cuanto pue-
da facilitar la solidaridad entre los hombres y de éstos con
todo el Universo espiritual y material.
Frente a la doctrina del “complementario punto de equi-
librio” representado por Aristóteles, surgen en la Grecia
clásica otras dos posiciones enfrentadas entre sí (lo de He-
ráclito fue un radicalismo prácticamente ignorado hasta
ser resucitado por Hegel en el siglo XIX): la de los epicú-
reos (de Epicuro de Samos) y la de los estoicos (de la
“estoa” o pórtico ateniense).
Los primeros, desde una concepción del mundo ramplo-
namente materialista, basan la realización personal en per-
seguir el placer de los sentidos; sus obligaciones sociales
se reducían al buen parecer, según el patrón que marcó el
propio Epicuro, personaje cultivado, de suave trato y ami-
go de sus amigos. Resultó ser una doctrina ampliamente
cultivada en el patriciado romano: Incondicional devoto
de Epicuro fué Lucrecio Caro (96-55 a.C), el más celebra-
do panegirista del buen vivir de la dorada época romana
en que seguirán su doctrina y ejemplo la “beautiful peo-
ple” de la época con Augusto, Virgilio, Horacio, Mece-
nas... como principales mentores. Era la de aquella época
una economía del acaparamiento y del privilegio a la som-
bra de una religión estrictamente formal en torno a divini-
dades, supuestamente necesarias para poner en marcha la
máquina del Universo (cada cual con su “especialidad”)
pero a las que ahora se supone habitando un trasmundo
ajeno a las vulgares incidencias de la historia de los
humanos, entre los cuales el “más sabio” será el que
“acierta a vivir como un dios”.
58
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Para los estoicos, en cambio, que cultivan una serena
(semi-comprometida) religiosidad y el dominio de las pa-
siones, el auténtico saber no es, ni más ni menos, que la
ciencia de las cosas divinas y humanas. En sus creencias
van más allá de la cosmogonía oficial y adoran a un dios
“por el cual tiene el todo su existencia viva y es santo, in-
conmensurable, jamás nacido, jamás muerto...”). El mo-
derno evolucionismo encuentra en la Estoa un precedente:
son lo que llamaron “rationes seminales”, ínfimas porcio-
nes de materia a las que suponen en el principio y origen
de todas las cosas hasta confluir en el Todo puesto que
“Zeus crece hasta consumar de nuevo en sí todas las co-
sas”. Según ello, el hombre es de “linaje divino” y está
comprometido en la inacaba obra de la Creación. Esa
perspectiva de la Estoa es celebrada por el propio San Pa-
blo: “Por que así han dicho algunos de vuestros poetas,
que somos de su linaje”, dice el Apóstol en Act. 17,28.
Frente al epicureismo que zanganeaba en el privilegio,
el estoicismo se declaró abiertamente beligerante. Su más
cruda batalla tuvo lugar en Roma en que, vilipendiada por
unos, fue recibida calurosamente por los personajes repu-
tados como más austeros al estilo del general Escipión el
Africano, del “pontífice máximo” Mucio Escévola o de
intelectuales como Cicerón y nuestro Séneca.
Lucio Anneo Séneca, probablemente, el más compro-
metido de los intelectuales de la Roma Imperial, resultó
ser el más ilustre representante español de la Escuela
Estoica. Proclama que sabio es el que sabe conducir su
vida conforme a razón. Su filosofía o forma de pensar ha
de traducirse en acción directa sobre el día a día: es una
forma de vida más que un método de especulación teórica.
Crítico de la corrompida corte de los sucesivos emperado-
res Calígula, Claudio y Nerón, sufrirá enconadas represa-
59
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
lias hasta ser condenado a abrirse las venas por parte del
último, de quien había sido preceptor.
Para Séneca vivir conforme a razón era tanto una exi-
gencia de la propia naturaleza como la mayor prueba de
heroísmo (“al igual que el fuego prueba al oro las vicisitu-
des de la vida forjan a los hombres fuertes”). En el centro
de la Naturaleza (“Corazón de la Materia”, dirá Teilhard)
coloca al mismo Dios: “Qué otra cosa es la naturaleza sino
Dios y la razón divina inserta en todo el mundo y en cada
una de sus partes? ni se da la naturaleza sin Dios ni Dios
sin la naturaleza...”
Las limitaciones de la condición humana, que señala
Séneca, son las limitaciones de todo el que percibe en sí
mismo el hueco de Dios y no ha gozado de su cercanía por
la gracia de Jesucristo.
No es verdad que Séneca llegara a tener trato directo
con San Pablo, el cual, sin duda, le habría hablado del
Dios Vivo, que adoraban los primeros cristianos; habría
mostrado San Pablo a Séneca las esenciales diferencias
entre Dios y sus criaturas y, también, las posibilidades que
abría la Buena Nueva a una Libertad forjada en un diario
Trabajo proyectado hacia el bien del Otro desde la
correcta administración de las cosas.
7. LA TRAMPA DEL “FUNDAMENTALISMO”
RACIONALISTA
En Renato Descartes (1.596-1.650) se consuma la dis-
torsión entre el monolítico dogmatismo de una Escolástica
que ya no es la de Santo Tomás de Aquino y una nueva (o
vieja pero revitalizada) serie de dogmatismos antropocén-
60
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
tricos en que priva más la fantasía que la razón, pese a que
los cartesianos porfíen sobre que lo suyo es genuinamente
racional.
Repite el cartesianismo el fenómeno ocurrido cuando la
aparición y el desarrollo del Comercio, esta vez en los do-
minios del pensamiento: si en los albores del comercio
medieval, la redescubierta posibilidad del libre desarrollo
de las facultades personales abrió nuevos caminos al pro-
greso económico, ahora el pensamiento humano toma
vuelo propio y parece poseer la fuerza suficiente para
elevar al hombre hasta los confines del Universo.
Descartes no fue un investigador altruista: fue un pensa-
dor profesional, que supo sacar partido a los nuevos cami-
nos que le dictaba su imaginación. Rompe el marco de la
filosofía tradicional, en que ha sido educado, y se lanza a
la aventura de encontrar nuevos derroteros al
pensamiento.
El mundo de Aristóteles, cristianizado por Santo Tomás
de Aquino y vulgarizado por la subsiguiente legión de pro-
fesionales del pensamiento, constituía un universo inamo-
vible y minuciosamente jerarquizado en torno a un eje
que, en ocasiones, no podría decirse si era Dios o la defen-
sa de las posiciones sociales conquistadas a lo largo de los
últimos siglos.
Tal repele a Descartes, que quiere respirar una muy dis-
tinta atmósfera: quiere dejarse ganar por la ilusión de que
es posible alcanzar la verdad desde las propias y
exclusivas luces.
Esa era su situación de ánimo cuando, alrededor de sus
veinte años, “resuelve no buscar más ciencia que la que
pudiera encontrar en sí mismo y en el gran libro del mun-
do. Para ello, empleará el resto de su juventud en viajar, en
visitar cortes y conocer ejércitos, en frecuentar el trato con
61
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
gentes de diversos humores y condiciones, en coleccionar
diversas experiencias... siempre con un extraordinario de-
seo de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, de ver
claro en sus acciones y marchar con seguridad en la vida”.
En 1.619, junto al Danubio, “brilla para mí, dice, la luz
de una admirable revelación”: es el momento del “cogito
ergo sum”, padre de tantos sistemas y contrasistemas.
Ante la “admirable revelación”, Descartes abandona su
ajetreada vida de soldado y decide retirarse a saborear el
“bene vixit qui bene latuit”.
A renglón seguido, Descartes reglamenta su vida inte-
rior deforma tal que cree haber logrado desasociar su fe de
sus ejercicios de reflexión, su condición de católico fiel a
la Iglesia de la preocupación por encontrar raíces materia-
les a la moral. Practica el triple oficio de matemático,
pensador y moralista.
De Dios no ve otra prueba que la “idea de la Perfección
”nacida en la propia mente: lo ve menos Persona que Idea
y lo presenta como prácticamente ajeno a los destinos del
mundo material.
El punto de partida de la reflexión cartesiana es la “duda
metódica”: ¿no podría ocurrir que “un Dios, que todo lo
puede, haya obrado de modo que no exista ni tierra, ni cie-
lo, ni cuerpo, ni magnitud alguna, ni lugar... y que, sin em-
bargo, todo esto me parezca existir exactamente como me
lo parece ahora?”... “Ante esa duda sobre la posibilidad de
que todo fuera falso era necesario de que yo, que lo pensa-
ba, fuera algo....” .."la verdad de que pienso luego existo
(“cogito ergo sum”) era tan firme y tan segura que todas
las más extravagantes suposiciones de los escépticos no
eran capaces de conmoverla; en consecuencia, juzgué que
podía recibirla como el principio de la filosofía que
buscaba".
62
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Estudiando a Descartes, pronto se verá que el “cogito”
es bastante más que el principio de la filosofía que busca-
ba: es toda una concepción del mundo y, si se apura un
poco, la razón misma de que las cosas existan. Diríase que
con él la funciónde pensar para obrar en consecuencia deja
de ser un trabajo para convertirse en diverttimento.
Por ello, se abre con Descartes un inquietante camino
hacia la distorsión de la Verdad. Es un camino muy distin-
to del que persigue “la adecuación de la inteligencia al ob-
jeto”. Cartesianos habrá que defenderán la aberración de
que la “verdad es cuestión exclusiva de la mente, sin
necesaria vinculación con el ser”. El orden “matemáti-
co-geométrico” del Universo brinda a Descartes la guía
para no “desvariar por corrientes de pura suposición”. Por
tal orden se desliza el “cogito” desde lo experimentable
hasta lo más etéreo e inasequible, excepción hecha de
Dios, Ente que encarna la Idea de la Plenitud y de la
Perfección.
En el resto de seres y fenómenos, el “cogito” desarrolla
el papel del elemento simple que se acompleja hasta abar-
car todas las realidades, a su vez, susceptibles de reduc-
ción a sus más simples elementos no de distinta forma a
como sucede con cualquier proposición de la geometría
analítica: “estas largas series de razones, dice, de que los
geómetras acostumbran a servirse para llegar a sus más di-
fíciles demostraciones, me habían dado ocasión de imagi-
nar que se entrelazan de la misma manera todas las cosas
que entran en el conocimiento de los hombres”.
El sistema de Descartes abarca o pretende abarcar todo
el humano saber y discurrir que, para él, tiene carácter uni-
tario bajo el factor común del orden geométrico-matemáti-
co: la Ciencia será como “un árbol cuyas raíces están
formadas por la Metafísica, el tronco por la Física y sus
tres ramas por la Mecánica, la Medicina y la Moral”.
63
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
Anteriormente a Descartes, hubo sistemas no menos
elaborados y, también, no menos ingeniosos. Una de las
particularidades del método cartesiano es su facilidad de
popularización: ayudó a que el llamado razonamiento filo-
sófico, aunque, incubado en las academias, se proyectara a
todos los niveles de la sociedad. Podrá, por ello, pensarse
que fue Descartes un gran publicista que “trabajó”
adecuadamente una serie de ideas aptas para el consumo
masivo.
Fueron ideas convertibles en materia de laboratorio por
parte de numerosos teorizantes que, a su vez, las traduje-
ron en piedras angulares de proposiciones, con frecuencia,
contradictorias entre sí.
Cartesiano habrá que cargará las tintas en el carácter
abstracto de Dios con el apunte de que la máquina del uni-
verso lo hace innecesario; otro defenderá la radical auto-
suficiencia de la razón desligada de toda contingencia
material; otro se hará fuerte en el carácter mecánico de los
cuerpos animales (“animal machina”), de entre los cuales
no cabe excluir al hombre; otro se centrará en el supuesto
de las ideas innatas que pueden, incluso, llegar a ser ma-
dres de las cosas; no faltará quien, con Descartes, verá en
la medicina una más fuerte relación con la moral que en el
propio compromiso cristiano.
El cartesianismo es tan audaz y tan ambiguo que puede
cubrir infinidad de inquietudes intelectuales más o menos
divergentes. En razón de ello, no es de extrañar que, a la
sombra del “cogito” se hayan prodigado los sistemas con
la pretensión de ser la más palmaria muestra de la “razón
suficiente”: sean ellas clasificables en subjetivismos o
pragmatismos, en materialismos o idealismos... ven en la
herencia de Descartes cumplido alimento.
Si Descartes aportó algo nuevo a la capacidad reflexiva
del hombre tambien alejó a ésta de su función principal: la
64
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
de poner las cosas más elementales al alcance de quien
más lo necesita. Por demás, con este profesional de la sim-
ple y placentera especulación (reminiscencias de su for-
mación burguesa) el oficio de pensador, que, por el simple
vuelo de su fantasía, podrá erigirse en dictador de la Reali-
dad, queda situado por encima de los oficios que se enfren-
tan a la solución de lo cotidiano: Si San Agustín se hizo
fuerte en aquello socialmente tan positivo del “Dillige et
fac quod vis” una consigna coherente con la aportación
histórica de Descartes podía haber sido: “Cogita et fac
quod vis”, lo que, evidentemente, abre el camino a los
caprichos del que se cree en el derecho de soñar para no
mover un dedo por nadie.
8. LA “CONCIENCIA COLECTIVA” EN EL
MUNDILLO DE LA ILUSTRACIÓN.
El “Derecho Natural” había sido definido por Spinoza
como “las reglas que apoyan lo que acontece por la fuerza
de la Naturaleza”. La fuerza de la Naturaleza o Ley Natu-
ral, en Aristóteles, es respetada cuando cada hombre parti-
cular es y obra conforme a la idea y esencia de hombre,
único animal dotado de razón.
Sobre cual sea el más adecuado uso de la razón, que, ló-
gicamente, habría de corresponder con su “natural finali-
dad”, se han elaborado multitud de suposiciones. Para los
cristianos la “ratio recta” es la conciencia moral o “partici-
pación de la ley divina en la criatura racional” (S.Tomás,
S.th. I-II, 91,2)
No pocos cartesianos han discrepado ostensiblemente
sobre el entronque realista de una conciencia personal ca-
paz de diferenciar el bien del mal e inspirador de un Dere-
65
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
cho encauzado hacia el Bien Común: Un Hobbes
(antecesor de Spengler) dirá que la Naturaleza “ha dado a
cada uno derecho a todo, lo que significa que, en el más
puro estado natural, antes que los hombres concertaron
unos con otros cualquier clase de tratados, le era a cada
uno permitido hacer cuanto quisiera y contra quien quisie-
ra, acaparar, usar y gozar lo que quisiera y pudiera... de
donde se deduce que, en el estado primitivo natural, la
utilidad es la medida de todo derecho.”
Se observa cómo en tal definición del “Derecho Natu-
ral” no tiene cabida Dios ni su sello sobre la conciencia
humana: es, simplemente, lo que se puede calificar como
“brutalidad consciente” en que el hombre incurre ejercien-
do el papel de fiera al acecho (“homo homini lupus”, dirá
el propio Hobbes).
Los evidentes desmanes de tal “brutalidad consciente”
llevan a Hobbes a considerar que “el puro ejercicio del De-
recho Natural” puede conducir al aniquilamiento de la es-
pecie. Es en razón de la necesidad de supervivencia que se
ha de establecer y, de hecho, se ha establecido con mejor o
peor fortuna, un “Contrato social y político”, que implica
la cesión irreversible al Estado de una parte de los
derechos individuales.
Por esa “cesión irreversible”, para Hobbes, el Estado se
convierte en la única fuente de Derecho, de Moral y de Re-
ligión, cuestiones que ya no serán valores por su propia ra-
zón de ser sino porque la sociedad civil ha hecho de ellas
“razón de estado”: “Otorgo al poder supremo del Estado,
dice Hobbes, el derecho a decidir si determinadas doctri-
nas son incompatibles con la obligada obediencia de los
ciudadanos, en cuyo caso el propio Estado habrá de
prohibir su difusión”.
Es así como, para los seguidores de Hobbes, el Estado
es cabeza y corazón de un hombre nuevo, el hombre espe-
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TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
cie, cuyo derecho sigue la medida de su astucia y fortaleza
y solamente es frenado por la fuerza de una ley que regula
su supervivencia. Según ello, prototipo de buen estado
será aquel que ejerza su papel como un indiscutido patriar-
ca que proporciona seguridad y oportunidad para la prácti-
ca de la especulación y de los “placeres naturales”.
Ya están asentadas las bases de dos fuentes de “equili-
brio social”: El “Derecho Natural” y el “Despotismo Ilus-
trado” o punto de encuentro entre el poder absoluto y las
nuevas corrientes contestatarias. Es este Hobbes el autor
del famosísimo Leviatán, escrito en homenaje al “protec-
tor” Cronwell y como medio para acabar con el propio
destierro y regresar a Inglaterra. El “Leviatán”, descarna-
da reedición de “El Príncipe”, fue ampliamente celebrado
en todos los círculos de poder de la época: En él encontra-
ron inspiración desde el propio Cronwell hasta Catalina I
de Rusia, pasando por Luis XIV.
A pesar de apoyarse en tan despiadados esquemas o,
precisamente, por ello, las teorías de Hobbes no chocaron
demasiado con los círculos intelectuales de la época ni,
mucho menos, con las inquietudes de los situados. Por de-
más, ya en Inglaterra se reconocía amplia libertad de ex-
presión en el terreno de las ideas y puesto que el autor no
atacaba frontalmente a la Religión, “simple cuestión de
fé”...
Frente a Hobbes se situó J. Locke (1.632-1.704), acep-
tado como el padre del “empirismo inglés”. Para Locke el
“Derecho Natural” es el factor de la “bondad natural” y de
la solidaridad : “los hombres, sociables y generosos por
Ley Natural, aspiran a la felicidad guiados por las elemen-
tales sensaciones del dolor y del placer; pero la meta de tal
felicidad está ahora alejada por la artificial introducción
de la propiedad privada y del lujo”.
67
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
También Locke apela al “contrato social”: aunque natu-
ralmente buenos, los hombres no proceden como tal por-
que han sido víctimas de las torpes fuerzas de la historia; la
nueva vía será consecuencia de un “contrato” que implica
la renuncia de una parte de la libertad de cada uno para que
sea posible un Estado que vele por la libertad de la mayo-
ría. A diferencia del de Hobbes, éste no será un estado
coactivo: su inspiración fundamental será la moral natural
y sus dos puntos de apoyo los poderes legislativo y
ejecutivo.
Hobbes y Locke, desde dos apreciaciones extremas, se
presentan como cartesianos atentos a las determinaciones
de la propia Naturaleza y del momento histórico: de he-
cho, someten a la doctrina de Descartes a una profunda re-
modelación según una óptica que pretende ser posibilista.
Para muchos, ya el cartesianismo aparecerá como una
ciencia natural proyectada, fundamentalmente, hacia la
gestión política. La reflexión se vuelca hacia los proble-
mas de relación entre los hombres, se hace pragmática.
Ello había sido facilitado por la corriente llamada
empirista cultivada, fundamentalmente, por una parte
influyente de la intelectualidad inglesa.
La referencia principal seguía siendo Descartes, pero un
Descartes considerablemente menos especulativo que el
original. Este nuevo Descartes es reintroducido en Francia
por dos teorizantes que, desde apreciaciones extremas,
marcarán una larga época: Voltaire y Rousseau.
En la Francia de entonces el Rey, “por la gracia de
Dios”, encarna al poder absoluto; respeta a los intelectua-
les en tanto que no pongan en tela de juicio su incondicio-
nada facultad de dirigir, controlar e interpretar. Para
encontrarle un igual habrá que remontar hasta el propio
Dios. Por el momento, el Rey ve muy bien que los profe-
68
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
sionales del pensamiento no salgan del terreno de la pura
especulación.
No sucede lo mismo en Inglaterra en donde la teoría po-
lítica parece ser el punto de partida de la Filosofía, de la
Moral e, incluso, de la propia Religión (no olvidemos que
allí es el Rey el cabeza de la Iglesia).
En Francia los servidores del Régimen pretenden que
sea al revés: una religión a la altura de los tiempos inspira-
rá todo lo demás. Ello cuando la propia religión, a nivel de
poder, apenas excede lo estrictamente ritual, las costum-
bres de la aristocracia y alta burguesía son desaforada-
mente licenciosas (son los tiempos de la “nobleza de
alcoba”) y, apoyándose en un fuerte y bien pagado ejérci-
to, se hacen guerras por puro “divertimento”. La aparente
mayor tolerancia respecto a la libertad de pensamiento se
torna en agresión cuando el censor de turno estima que se
entra inoportunamente “en el fondo de la cuestión”
Este fondo de la cuestión era la meta apetecida de algu-
nos intelectuales franceses para quienes “el sol nacía en
Inglaterra”. A este grupo pertenecieron los citados Rous-
seau, Voltaire y, también, Montesquieu (éste último, sin
duda, el más realista, sincero y, tal vez también, el más
generoso de los tres).
Del maridaje entre el cartesianismo y el empirismo in-
glés nació un movimiento que hacía ostentación de la lla-
mada ilustración, cuyo sistematizador más celebrado fue
Voltaire.
Francisco María Arouet, Voltaire, en sus “Cartas sobre
los ingleses” (1.734) abre el camino a la crítica metódica
contra el Trono y el Altar, las dos columnas en que se apo-
yaba el que, más tarde, se llamó Antiguo Régimen.
Brilla Voltaire en unos tiempos en que pululan los “filó-
sofos de salón”, personajes y personajillos, que no escri-
69
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
ben propiamente libros: son panfletos, proclamas y
recortes sobre lo superficial en Religión, Ciencias,
Política, Economía...
Tales escarceos especulativo-literarios encuentran eco
entre los “parvenus”, burgueses de segunda o enésima ge-
neración que distraen sus ocios en el juego de las ideas.
Algunos de ellos ya controlan los resortes del vivir diario,
pero no dejan de pertenecer al llamado Tercer Estado cuya
frontera es la corte del Capeto.
Ese Tercer Estado no es el Pueblo. Tampoco Voltaire se
siente perteneciente al Pueblo (vil canalla, que gustaba de
considerar). Soberbia aberración es pues incluir a Voltaire
entre los “clásicos populares”.
Cínico con sus amigos, implacable y frío con sus enemi-
gos, Voltaire nunca disimuló su desmedido afán por eri-
girse en dueño de la situación. Zarandeador de su tiempo,
hace ostentación de su filiación burguesa: hace ver Voltai-
re que en el saber hacer de su clase están las raíces del
futuro.
No se retrae de reconocer que cuenta con un rival a aba-
tir: Aquel a quien cataloga de “Infame”, el propio Jesu-
cristo que predicaba aquello de que “los últimos serán los
primeros”. Para Voltaire los últimos serán siempre los úl-
timos mientras que los primeros pueden ser los segundos
de ahora por gentileza del poderoso entre los poderosos de
este mundo.
Sucede que los poderosos de la época se entusiasman
por el “alimento espiritual” que les brinda Voltaire. Ejem-
plo de ello nos dan “déspotas ilustrados” como Catalina de
Rusia, Federico II de Prusia o satélites ministros ilustrados
como Choiseul en Francia, Aranda en España, Pombal en
Portugal, Tanucci en Nápoles...
70
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Es, pues, Voltaire el principal promotor del “Despotis-
mo ilustrado”, “gente guapa” de la época que pueden y de-
ben ejercer la autoridad por imperativo de la estética que
rodea al poder no por hacer más llevadera la vida a los súb-
ditos que, cuanto más anclados estén en sus limitaciones,
más serviciales habrán de resultar.
Meta de la predicamenta volteriana es el utilitarismo in-
dividualista, que servirá de pedestal a una élite “ilustrada”
movida por la colectiva conciencia mantener los privile-
gios de la propia “clase”. Desde una óptica también utilita-
rista, Rousseau apela a otra conciencia colectiva, la de la
mayoría.
Juan Jacobo Rousseau, durante su estancia en Inglate-
rra, bebió en Locke una socializante, optimista e imperso-
nal acepción del “Derecho Natural”.
Rousseau se dejaba embargar por las emociones ele-
mentales: el candor de la infancia, el amor sencillo y fiel,
la amistad heroica, el amparo de los débiles... Porque rene-
gaba de la Sociedad en que vivía, predicó la “vuelta a la
Naturaleza”. Identificando al saber con la pedantesca ilus-
tración, formula dogmas al estilo de: “ten presente siem-
pre que la ignorancia jamás ha causado mal alguno”... “la
única garantía de verdad es la sinceridad de nuestro cora-
zón”. Se dice religioso pero, al igual que Lutero, Descar-
tes, Hobbes, Locke, Voltaire... soslayó la trascendencia
social del Hecho de la Redención: no supo o no quiso ver
que la presencia del Hombre-Dios en la historia es, funda-
mentalmente, una llamada a la responsabilidad del hom-
bre quien, en libre derroche de amor y de trabajo, ha de
AMORIZAR la Tierra en beneficio de todos los demás
hombres, empezando por los más próximos para, de esa
forma, abrirles paso en el camino hacia el progreso, hori-
zonte que coincide con la realización personal o, lo que es
71
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
lo mismo, con la ascendente marcha hacia la conquista del
propio ser.
Puesto que Rousseau no tiene en cuenta la trascenden-
cia social del Hecho de la Redención (la vida de Cristo era
para él, simplemente, un bello y aleccionador ejemplo de
conducta), se escandaliza por el aparente sin-sentido de la
Historia, añora la animalesca libertad del hombre primiti-
vo, reniega de la libre iniciativa personal, cuyo premio
tangible puede ser la propiedad (o administración) sobre
las cosas, condena en bloque a la Civilización a la par que
aboga por una instintiva e irracional vuelta a la naturaleza
en solidaria despersonalización o. lo que es lo mismo,
“una voluntaria extrapolación de los propios derechos
hacia los derechos de la Comunidad”.
Desde esa premisa, Rousseau defiende lo que, genero-
samente, se puede calificar de romántica ilusión:: “en
cuanto el individuo aislado somete su persona y su poder a
la suprema dirección de la voluntad general entra en la
más segura vía de su propia libertad”.... Es un sometimien-
to tanto más grato cuanto es más espontáneo pero que debe
ser aplicado a todos los hombres sin excepción; en conse-
cuencia, aquel que se resiste a someter su persona y su po-
der a la encarnación de la voluntad general “deberá ser
presionado, dice Rousseau, por todo el cuerpo social lo
que significa que se le obligará a ser libre”.
En la utopía rusoniana Razón, Libertad y Responsabili-
zación dependen de la “voluntad general” que podrá alte-
rar, incluso, los principios más elementales de la
convivencia. A eso se ha llamado “Totalitarismo demo-
crático”, por cuyo ejercicio se podrá alterar la escala de
valores, justificar sangrientas represalias, poner en tela de
juicio los pilares de la Justicia, etc, etc.... ridiculizar a la
Familia, a la Patria, al Amor...
72
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Para Rousseau las eventuales desviaciones serán com-
pensadas con la educación, disciplina que, para Rousseau
no se apoya en verdades eternas ni en dictados de la expe-
riencia: para la pertinente educación del joven será sufi-
ciente el desarrollo de la sensibilidad de hombre de la
naturaleza. Si el joven se abre sin prejuicios a cuanto le en-
tra por los ojos podrá reaccionar de la forma más conve-
niente ante cualquier problema... El papel del educador o
“ministro de la naturaleza” es el de sugerir puesto que “no
es pensando por él como le enseñaremos a pensar”. Trans-
curridos más de dos siglos desde entonces, hemos de reco-
nocer como muy simples suposiciones todo eso de que el
“hombre es naturalmente bueno”, de que “la mayoría
acierta siempre”, de que “la espontaneidad sea el princi-
pio de toda justicia”...
Por demás, es forzoso reconocer la imposibilidad de una
sociedad sin estructura jerárquica. Nunca se ha dado en la
Historia: los pretendidos intérpretes de la voluntad colec-
tiva han resultado ser tiránicos egocentristas.
Si, para Voltaire, el Pueblo era algo así como un galline-
ro, Rousseau lo presentaba como un rebaño que no necesi-
tara pastor.
Más pegado a la realidad de su tiempo, menos cartesia-
no y también influenciado por el empirismo inglés, fué el
barón de Montesquieu, cuyo “Espíritu de las Leyes”, sin
duda que constituye la más positiva aportación de los dos
últimos siglos a la relatividad del poder político (no le cua-
dra el mismo sistema a una sociedad agraria que a una so-
ciedad industrial, no puede ser el parlamento persa igual al
parlamento inglés....).
En otra ocasión habremos de volver a Montesquieu. Por
ahora bástenos reconocer en él tanto al analista de la relati-
vidad en los regímenes políticos como al precursor de las
más consolidadas democracias modernas: Para Montes-
73
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
quieu el equilibrio político descansa en la independencia y
complementariedad de los Tres Poderes: el ejecutivo, el
parlamentario y el judicial.
La libertad resulta seriamente dañada cuando tales po-
deres se enfrentan corporativamente entre sí o, más grave
aun, obran al dictado del líder supremo, aunque el poder
de éste haya sido “legitimado” por las urnas (el voto res-
ponsabiliza, no otorga “patente de corso”).
Tras las precedentes referencias históricas y reflexio-
nes, vemos como el posible, deseable, justo y útil “desper-
tar del Pueblo”, siempre lento y, en ocasiones, despistado
e irregular, no depende de orquestadas rebeldías o intere-
sadas masificaciones: Nace y crece en el fecundo uso de la
libertad personal, ese bien tanto más inasequible cuanto
las conciencias se muestran más “colectivizadas” y más
vacías están de generosa preocupación por facilitar el
bienestar del prójimo.
9. LA SANGRIENTA REVOLUCIÓN BURGUESA
DE 1789
El 14 de julio de 1789, una parte del pueblo de París
asaltó y tomó la Bastilla, todo un símbolo de viejas opre-
siones. Cuentan que, al enterarse, Luis XVI exclamó:
“¡Vaya por Dios, un nuevo motín!”. “No, señor, le replicó
el duque de Rochefoucauld; esto es una Revolución”. El
simple y orondo Luis Capeto no dejó de creer que asistía a
una sucesión de injustos y pasajeros motines hasta el 21 de
enero de 1.893 en que era guillotinado a la vista de todo el
74
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
pueblo en la Plaza de la Revolución, hoy llamada Plaza de
la Concordia.
Efectivamente, aquel movimiento fue bastante más que
un motín o sucesión de motines. En primer lugar, fue la
culminación de un cambio en la escala jerárquica social (la
oligarquía sucedió a la aristocracia); fue un subsiguiente
río de sangre (murieron más de 50.000 franceses bajo el
Reino del Terror) fue una larga sucesión de guerras que
llevó el expolio y la muerte a Italia, Egipto, España, Rusia,
Paises Bajos, etc., etc.... primero protagonizada por los au-
toproclamados cruzados de la libertad, enseguida por Na-
poleón, el “petit caporal” que, en oleadas de ambición,
astucia y suerte, llegó a creerse una ilustrada reedición de
Julio César; fue la reconstrucción para peor de muchas co-
sas previamente destruidas, algunas de ellas logradas a
precio de amor, sudor y sangre... Fue o debía de ser una
formidable lección de la Historia.
Muchos consideran o dicen considerar a la Revolución
Francesa el “hito más glorioso de la Historia”, “la más po-
sitiva explosión de racionalismo”, “la culminación del si-
glo de las luces”, “el fin de la clase de los parásitos”, “el
principio de la era de la Libertad”....
Marginamos tales juicios de valor, sin duda alguna, exa-
gerados y vamos a intentar situar el fenómeno en la dimen-
sión que conviene al objeto del presente ensayo.
No fueron “la voluntad del hombre colectivo” o “la con-
ciencia burguesa” o el “cambio en los modos de produc-
ción” los principales factores de la Revolución: la historia
nos permite descubrir todo un cúmulo de otras causas de-
terminantes: la presión del grupo social que aspiraba a en-
sanchar su riqueza, su poder y su bagaje de privilegios (el
Tercer Estado o Burguesía) junto con un odio visceral ha-
cia los mejor situados en la escala social... habrían choca-
do inútilmente con la energía de otro que no hubiera sido
75
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
ese abúlico personaje que presidía los destinos de Francia,
cuya defensa, en los momentos críticos, fue una crasa ig-
norancia de la realidad o lo que se llama una huida hacia
adelante cuando no una torpe cobardía.
Lo que llamamos Revolución Francesa fue una sucesión
de hechos históricos con probadas raices en otros aconte-
cimientos de épocas anteriores acelerados o entorpecidos
por ambiciones personales, condicionamientos económi-
cos, sentimentales o religiosos... lo que formó un revuelto
batiburrillo en que se alimentaron multitud de odios e in-
genuidades. En suma, algo que, en mayor o menor medida,
acontece en cualquier época de la Historia con incidencia
más o menos decisiva para la Posteridad.
Algún profesor de Historia querrá ver en la Revolución
Francesa la consumación de un proceso similar al que para
el egocentrista Hegel “seguía la Idea con necesidad de lo-
grar la conciencia de sí”. Este sería un proceso que, a lo
largo de dieciocho siglos, podría expresarse así: la desapa-
rición de la esclavitud como consecuencia de la difusión
del Cristianismo, la formación y desarrollo de las concien-
cias nacionales europeas, la réplica “humanista” a la “es-
tructuración teocrática de la Sociedad”, el “libre examen”
promovido por la Reforma, el principio de la autosufi-
ciencia de la razón anejo al cartesianismo, el carácter arbi-
tral de los sentidos respecto a la Realidad tal como
enseñaran los empiristas, la desmitificación de los valores
tradicionales por parte de los “ilustrados”... todo ello
mascado y digerido por una sociedad que fue cubriendo
etapas de libertad a caballo del “individualismo burgués”.
Son conceptos que hemos ido tocando a lo largo de
los últimos capítulos pero sin prestarles ese carácter
orgánico y determinante: la Historia es hecha por los
hombres en libre ejercicio de su responsabilidad y en
uso de los medios que pone a su alcance una específica
76
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
circunstancia, a su vez influenciada por el ejercicio de
la responsabilidad de otro hombres o generaciones.
Para nosotros los fenómenos, que han despertado otros
tantos temas de análisis, son puntos de referencia que nos
han ayudado a comprender la realidad de un esfuerzo de
secularización (o paganización) por parte de personas con
poder decisorio, sectores sociales y medios académicos
cuyos líderes, como las dinastías, tienen siempre sus
admiradores y continuadores.
Ha sido un afán y una corriente de secularización (o pa-
ganización) que, lentamente y en sucesivas generaciones,
ha condicionado el comportamiento de personas, familias
y sociedades. Pero, a la recíproca y en no menor medida,
ha despertado en la Comunidad Cristiana afanes de pro-
fundización en una Realidad que, como tal, no puede ser
condicionada por prejuicios y simplificaciones arbitra-
rias: consecuencia de ello y oportuna reacción a esos pro-
bados afanes de secularización (o paganización) se han
despertado serias preocupaciones en los servidores y estu-
diosos de la Verdad por recristianizar las vivencias
personales y las relaciones entre hombres y pueblos.
Hemos, pues, de reconocer que la Cultura no es unicéfa-
la y que es grave y atrevida suposición el apuntar que son
la forma de ser o las fuerzas ocultas de la materia el único
poder determinante de la Historia. Tampoco lo son las pro-
badas bajas pasiones de muchos hombres, por muy
poderosos que éstos sean. Para defender esta postura de
equilibrio se hace preciso bucear en la intencionalidad de
cuantos juegan a trampear con la Realidad: está claro que
“por sus obras les conoceréis”.
Puesto que entendemos que al hombre comprometido
en hallarle sentido a su vida corresponde filtrar serena y
personalmente toda oleada de mentalización proselitista
que le haría esclavo del interesado juicio de otros, el tal
77
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
hombre debe recordar la proclama magistral de Pablo de
Tarso: “Habéis sido comprados a un alto precio, no seáis
esclavos de los hombres”.
Bueno es sacar a colación todo ello al hablar de esa ex-
presión de agonía del “Viejo Mundo” cual es la Revolu-
ción Francesa, fenómeno histórico que, con toda la fuerza
de un MITO de primer orden, afecta a la sensibilidad y
consiguiente comportamiento de gran número de
personas.
Entre las raíces de la Revolución Francesa cabe situar
las limitaciones del Erario Público abusivamente esquil-
mado por las fantasías, lujos y guerras que iniciara el Rey
Sol y secundaran sus sucesores; fue una calamidad agi-
gantada por la torpe administración del Regente y las nue-
vas fantasías, lujos y guerras de Luis XV, cuya corte se
llevaba la tercera parte del presupuesto nacional mientras
que el propio monarca presumía de libertino, de un etéreo
sentido del deber y de contar con el entorno más viciado y
abúlico de la época. El coto a tales desmanes correspondía
a Luis XVI, un corpulento y obeso joven de veinte años,
sin grandes luces ni otras pasiones que no fuera la caza.
El “pauvre homme” que diría María Antonieta, su mu-
jer, se dejaba fácilmente impresionar por las tendencias in-
telectuales en boga. Tal le sucedió respecto a los
fisiócratas.
La biblia de los fisiócratas era el llamado “Tableau éco-
nomique” en que Francisco Quesnay propugnaba el pleno
acuerdo entre “naturaleza pródiga y hombre bueno”.
El único valor renovable y, por lo mismo, producto neto
es el derivado del cultivo del campo; la mayor garantía de
progreso es la libre circulación de cereales y la libre ini-
ciativa en siembras y previsiones; si los poderes del Esta-
do se limitan a proteger esa libertad, el reino de la
78
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
prosperidad se extenderá sobre todo el mundo... La clase
“productiva” es la de los ganaderos y directos cultivadores
de los campos; en la “clase propietaria” se incluye al rey, a
los terratenientes y a los recaudadores; la “clase estéril”
engloba a industriales y comerciantes...
Como telón de fondo de todo ello “ha de promoverse la
total libertad de comercio puesto que la vigilancia de co-
mercio interior y exterior más segura, más exacta y más
provechosa a la nación y al estado es la plena libertad de
competencia” (Quesnay)
Discípulo aventajado de Quesnay fue Turgot y a éste
encargó Luis XVI el encauzamiento de las maltrechas fi-
nanzas. Pegado a sus principios y con más entusiasmo que
realismo, Turgot logró, efectivamente traducir en “pro-
ducto neto” los excedentes agrícolas..., conquista que se
tradujo en catástrofe cuando sobrevino el previsible
tiempo de malas cosechas...
Para paliar la subsiguiente miseria de los campesinos
Turgot creó lo que Voltaire llamaría “lit de bienfaisance”
y que, en cambio, haría exclamar al ingenuo rey: “el señor
Turgot y yo somos los únicos que amamos al pueblo”.
Esto lo decía en 1.776, poco antes de sustituirle por Néc-
ker, ilustre banquero, prototipo del burgués bien situado,
puritano y calvinista.
Menos teórico que su antecesor, Necker pretendió abo-
lir abusivas exenciones fiscales a que se acogían los gran-
des terratenientes, algunos de los cuales tenían por feudos
regiones enteras de Francia y, más que contribuyentes,
eran grandes acreedores del estado.
Tambien Nécker fracasó en el empeño de encauzar la
economía y fue sustituido por Colonne quien, en 1.786, se
propuso “reformar lo vicioso en la constitución del reino,
empezando por los cimientos (la nobleza) para evitar la
79
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
ruina total del edificio del Estado”: ello implicaba impues-
tos para todos los posibles contribuyentes, desde el rey
para abajo...
El Consejo de Notables puso el grito en el cielo lo que
despertó la indignación de Colonne para quien “el objeto
de la reunión no era aprobar o rechazar las leyes; sino dis-
cutir la forma de aplicarlas”. La pasividad del rey, en tan
trascendental momento fue aprovechada por los Notables
quienes apelaron a los llamados Estados Generales como
único poder capaz de abolir lo que defendían como
privilegios inamovibles. Y fueron convocados los Estados
Generales, circunstancia que no se daba en Francia desde
hacía casi dos siglos (1.614).
Corría mayo de 1.789 cuando se reunieron 300 repre-
sentantes de la Nobleza, otros 300 del Clero y 600 del lla-
mado Tercer Estado (burgueses y agricultores
emancipados). Cuestiones de protocolo desencadenaron
desacuerdos viscerales en la propia sesión inaugural. El
discriminado Tercer Estado, de decepción en decepción,
de resentimiento en resentimiento... se siente obligado a
formar cámara aparte y lo logra el 22 de junio de 1.789 (el
Juego de Pelota) en que se alza como Asamblea Nacional
abierta a los representantes de los otros dos “estados” que
habrán de plegarse a las exigencias de la mayoría.
Días más tarde, el propio rey reconoce como representa-
ción exclusiva de Francia a la Asamblea, que se erige en
Constituyente y acomete una elemental reforma fiscal y,
tambien y a la luz de ancestrales rivalidades, la tarea de
eliminar las históricas desigualdades, más formales que
reales entre los dos primeros y el Tercer Estado. En corres-
pondencia, la Asamblea nombra a Luis XVI “Restaurador
de la Libertad” y celebra el evento con un solemne Te
Deum en Nôtre Dame.
80
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
La convulsión revolucionaria había comenzado el 14 de
julio de1.789 con la toma la Bastilla, todo un símbolo de
persecución política.
La disolución de la Asamblea Constituyente y subsi-
guiente inhabilitación de sus miembros para presentarse
como candidatos a la llamada Asamblea Legislativa, ali-
mentó el rencor de personajes como Dantón y Robespie-
rre, en la ocasión impelidos a utilizar la Comuna de París
como trampolín de sus ambiciones.
Una primera ocasión surgió para Dantón el 20 de junio
de1.792, “fiesta del árbol de la libertad”, que se celebró en
el propio jardín de las Tullerías, residencia del Rey. La
provocación no surtió efecto: Luis XVI se caló un gorro
frigio y departió campechanamente con los revoltosos.
Mes y medio más tarde, Dantón organizó una segunda
“manifestación popular”, esta vez “animada” por los jaco-
binos más subversivos de París y Provincias, ambientada
con el toque a rebato de las campanas de las iglesias y con
la consigna de abatir al “Capeto”, quien se refugió en lo
que creyó un lugar seguro, la Asamblea Nacional, mien-
tras que los alborotadores invadían las Tullerías y
degollaban a cuantos encontraban al paso. Los padres de
la patria o diputados, por pura y simple cobardía, renun-
ciaron a sus escaños luego de haber decretado la abolición
de la Monarquía.
A la Asamblea sucedió la llamada Convención, entidad
que para algún teorizante ha representado “una borrachera
de método cartesiano y paso previo a la edificación de la
sociedad predicada por Rousseau”.
De hecho, la cuestión fue más descorazonadora y ele-
mental: habían logrado escaño por París personajes como
los “marginados” Robespierre, Dantón, Marat,
Saint-Just... quienes se apresuraron a presentar a Luis Ca-
81
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
peto como el responsable de todas las miserias, hambres e
injusticias de los últimos años: surtió efecto eso de que
BASTA CRITICAR PARA TENER RAZÓN... Fueron
muchos los ingenuos que siguieron a tan siniestros perso-
najes y, vacíos como estaban de generosidad y planes
concretos de reorganización, optaron por lo más fácil y es-
pectacular: juzgar y condenar al rey, que fue guillotinado
el 21 de enero de 1.793.
En paralelo a ríos de sangre y apropiaciones de envidia-
dos privilegios (la guillotina segó miles de “nobles” cabe-
zas, la de María Antonieta entre ellas), suceden los ajustes
de cuentas que se llevan por delante a Marat, Dantón... y
permiten a Robespierre erigirse en poder supremo.
El llamado “Incorruptible” es frío, ambicioso, puritano,
sanguinario e hipócrita: como sucedáneo de la bobalicona
diosa Razón impone el culto a un dios vengativo y abstrac-
to al que llama Ser Supremo y de quien se autoproclama
brazo armado. Es el reconocido como “Reino del Terror”,
cuyo censo de muertes supera los 60.000.
El 28 de julio de 1.794 es guillotinado Robespierre y sus
amigos de la Comuna de París. Es la época del llamado Te-
rror Blanco que, dirigido por Saint Just y en cordial alian-
za con madame Guillotina, pretende liberar a Francia de
radicales. En pura fiebre cartesiana, se reinstaura el culto a
la diosa Razón y se inaugura la etapa imperial persiguien-
do lo que el Rey Sol llamara “sus fronteras naturales” a
costa de sus vecinos y con la hipócrita justificación de una
“Cruzada por la Libertad”.
Fueron guerras de radical e incondicionado expolio con
una figura principal, Napoleón Bonaparte, que animaba a
sus soldados con arengas como ésta: “Soldados, estáis
desnudos y mal alimentados! Voy a conduciros a las llanu-
ras más fértiles del mundo. Provincias riquísimas y gran-
82
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
des ciudades caerán en vuestras manos. Allí encontrareis
honor, gloria y riqueza”.
Nuevos ríos de sangre en torno a las fantasías de crimi-
nales pobres hombres cuya razón primordial fue y es, en
todos los casos, el acceder a envidiados animalescos goces
o privilegios y a quienes, tambien siempre, sorprende la
ruina o la muerte.
A la vista de esta larga exposición, creemos harto sim-
ple calificar a la Revolución Francesa como la Gran Revo-
lución Burguesa. Lo que, en principio, fue una simple
expresión de la ambición o resentimiento de unos pocos
pronto fue arrastrado por la corriente de lo imponderable.
Es soberbia majadería aceptarlo como una “determinación
de la Libertad, ansiosa por manifestarse”. Con toda su
trascendencia histórica, no pasó de una hecho político en
que jugó la capacidad maniobrera de unos pocos líderes de
desatada ambición, la inhibición del responsable o res-
ponsables de turno, lo artificioso y etéreo de la ley, pero,
sobre todo, la cobarde ausencia de generosidad y de
laboriosa aplicación a resolver los problemas del día a día
por cuantos estaban en situación de hacerlo.
Tales circunstancias se han dado y se seguirán dando en
multitud de ocasiones históricas. Por ello es torpe ingenui-
dad creer que una revolución o baño de sangre, por sí mis-
mo, engendre nada positivo: en el caso que nos ocupa, a
los abusos siguieron torrentes de abusos, a la autoridad de
los ineptos sucedió la autoridad de los criminales o de los,
incluso, más ineptos, a ésta la anarquía en que priva la falta
de escrúpulos, a ésta la dictadura con nuevas guerras e
infinitos atropellos...
El 18 de julio de 1.815, a la caida de Napoleón, otra vez
vuelta a empezar... ahora ya en paralelo con un factor infi-
nitamente más influyente que la revolución francesa: el ra-
dical cambio en los modos de producción que ha triado la
83
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
lenta marcha del progreso técnico, ese precioso cauce que
ha de facilitar la multiplicación y conservación de los bie-
nes naturales lo que, en definitiva, es una paso más hacia la
amorización de la Tierra, principal obligación de cuantos
aspiran a la conquista de nuevos escalones del ser.
10. ARRIESGADO INVENTO DE NUEVOS
VALORES
Acaballo de la corriente de despersonalización que
propiciaron las revoluciones de los siglos XIX y XX,
asistimos a una sistemática ridiculización de los valores
que la libre reflexión considera en radical sintonía con la
Realidad y que, con toda evidencia, han acompañado a las
más productivas y generosas acciones humanas.
Ello significa un gratuito enfrentamiento con la ge-
nuina realidad del HOMBRE, ser que, para avanzar ha-
cia su plenitud, necesita la forja en el trabajo solidario y
en la sublimación de sus instintos, tarea imposible sin el
aliño de una fe en el sentido trascendente de la propia
vida. No es una fe prendida en el vacío: su primera refe-
rencia está en la propia Naturaleza Humana, su demos-
tración experimental es presentada por la Historia
(resulta infinito el rosario de fracasos de cuantos hom-
bres y sociedades han pretendido edificar algo consis-
tente desde cualquier especie de idealismo irracional),
su más contundente aval viene del claro testimonio del
propio Hijo de Dios.
La ridiculización de lo que llamamos “sagrados y pe-
rennes valores” (la libertad, el trabajo solidario, la genero-
sidad, la conciencia de las propias limitaciones...) se da de
bruces con la necesidad de la proyección social de las fa-
84
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
cultades personales. Mal se puede hacer sin sentido del
sacrificio y del carácter positivo de todas y de cada una de
las otras vidas humanas.
Obviamente, de la complementariedad entre unas y
otras actividades y vocaciones, sin freno irracional para su
posible desarrollo, se alimenta un Progreso, cuya meta ha-
brá de ser la consecuente conquista de la Tierra.
Son muchos los que contrapesan a los valores construc-
tivos algo que podríamos identificar con la añoranza de la
selva. El simple animal aun no ha captado el sentido tras-
cendente ni de la generosidad ni del sacrificio consciente y
voluntario en razón del propio progreso... ¿Por qué envi-
diar su posición, que tal parece significar esa tan cantada
añoranza de la selva?
Pero, según parece, la estudiada deshumanización (o
animalización) de la vida personal, familiar y comunitaria
favorece el adocenamiento general con la consiguiente
oportunidad para los avispados comerciantes de volunta-
des: si yo te convenzo de que es progreso DECIR NO a
viejos valores como la libertad responsable o el amor a la
vida de los indefensos, el dejarte esclavizar por el pequeño
o monstruoso bruto que llevas dentro... si elimino de tu
conciencia cualquier idea de trascendencia espiritual... tu
capacidad de juicio no irá más allá de lo breve e inmedia-
to; insistiré en que las posibles decepciones no son más
que ocasionales baches que jalonan el camino hacia esa
abotergante y placentera utopía en que todo está
permitido. Para que me consideres un genio y me aceptes
como guía, necesito embotar tu razón con inquietudes de
simple animal.
Pertinaz propósito de algunas aplaudidas democracias
europeas es romper no pocas de las viejas ataduras mora-
les. Para cubrir el hueco acuden a monstruosas falacias
que “justifiquen” bárbaros comportamientos. Ideólogos
85
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
no faltan que “mezclan churras con merinas” y confunden
al Progreso con cínicas formas de matar a los que aun no
han visto la luz (el aborto) o “ya la han visto demasiado”
(la eutanasia o “legal” forma de eliminar a enfermos
deshauciados y ancianos).
Otra “expresión” de Progreso quiere verse en la ridiculi-
zación de la familia estable, del pudor o del sentido tras-
cendente del sexo. Se configura así un nuevo catálogo de
“valores” del que puede desprenderse como heroicidad
adorar lo intrascendente, incurrir en cualquier exceso ani-
mal o saltarse todas las barreras naturales.
Obviamente, la razón se resiste a convalidar tales inhu-
manas simplificaciones; es cuando los pretendidos ideólo-
gos, con mal disimulada hipocresía, acuden en defensa de
lo antinatural esgrimiendo pretendidos derechos de tal o
cual parte. Tal hipócrita actitud está en los antípodas del
ejercicio de una Libertad Responsable y por lo mismo re-
sulta seguro enemigo de un Progreso a la medida del
Hombre.
Insistiendo sobre lo que, en esa línea de aberraciones,
resulta más inhumano, habremos de proclamar como sa-
grado el derecho a la Vida de todo ser humano, incluso no
nacido.
Al terrible pisotón que se infringe al primer derecho de
todo ser concebido dentro de la familia humana se añade
un evidente atentado al Bien Común puesto que todos y
cada uno de nosotros, por el simple hecho de disponer de
razón y de irrepetibles virtualidades, representamos un
positivo eslabón para el Progreso.
No hay, pues, ninguna razón para castrar las posibilida-
des de expansión de la Humanidad, cuyo desarrollo ha en-
contrado siempre positivo eco en la respuesta de tal o cual
virtualidad de nuestro Planeta; solamente el torpe acapara-
86
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
miento, la inhibición o la mala voluntad de los poderosos
(vicios que se alimentan del desprecio a las más elementa-
les gritos de la propia conciencia) es responsable de la
destrucción o mal uso de los bienes que la naturaleza brin-
da a todos los hombres y, también, de la pervivencia de
tantas calamidades y de tantas miserias que acosan a
nuestra humana sensibilidad.
Sabemos ya que es mentira aquello que predicó Malt-
hus de la progresión aritmética de los recursos naturales en
paralelo con la progresión geométrica del incremento de la
Población. Sabemos que la Tierra nos reserva aun muy
sorprendentes pruebas de su prodigalidad, que una certera
aplicación de las herramientas que facilitan el progreso
técnico sitúa tal prodigalidad a la medida de las necesida-
des de toda la Humanidad... ¿En dónde, pues, radica el
problema? En un pagano, torpe y estéril entendimiento del
propio bien.
Ante una breve consideración sobre los condicionantes
del progreso económico ininterrumpido, vemos ya como
seria amenaza para la supervivencia de las economías más
desarrolladas tanto la apática inhibición personal (visceral
zanganería) que nace de la ridiculización de los valores
que la historia y la experiencia de múltiples auténticos -
roes ha mostrado como más positivos, como de la ignoran-
cia de tantas posibilidades de expansión universal para las
propias capacidades: ello implica justas contrapartidas
que consolidarían nuestra actual posición a la par que una
forma de cubrir tantas y tantas carencias de otros hombres.
En los planes de expansión de las economías nacionales
debe figurar como prioridad esencial el no contravenir
algo que puede entrar en el llamado equilibrio ecológico
de que da sobradas pruebas la Naturaleza: según ello es
discutible esa teoría tan enraizada en la sociedad de bie-
nestar: se dice que ésta resulta seriamente amenazada sino
87
SEGUNDA PARTE: Aportaciones de la Razón Histórica
se ponen cotos artificiales a la expansión de la Natalidad o
que pone en conflicto el disfrute de la vida con el número
de hijos lo que, evidentemente, se da de bruces con una
elemental apreciación de nuestro entorno y, en el mejor de
los casos, resulta una solemne majadería.
Habría una razón para el voluntario estrangulamiento
de la futura proyección de la pareja (noble y natural conse-
cuencia del amor) si ello facilitara una más placentera
vida... ¿Quien puede afirmarlo desde la estricta racionali-
dad? ¿Por qué, entonces, desde las esferas del Poder, se
desarrolla la cultura de la “ideal esterilidad del amor”?
¿Por qué, lo que es aun más grave, se facilita la degrada-
ción de las madres invitándolas a la pura y simple elimina-
ción del fruto de sus entrañas? ¿Que esto nada tiene que
ver con la Política? Por supuesto que sí.
La cabal actitud de un gobernante depende de su escala
de valores. Existen valores, repetimos, que la Realidad
muestra como imprescindibles al auténtico Progreso y que
constituyen un todo compacto de forma que la falta o
adulteración de uno de ellos resiente la viabilidad del
conjunto.
El desprecio a un derecho elemental facilita el camino
al desprecio del resto de los derechos...
Si ya el día a día brinda múltiples ocasiones para la rup-
tura del compromiso con los dictados de la propia con-
ciencia... Ayúdame, señor gobernante, a recorrer más
airosamente el camino que me corresponde. No enturbie
usted con su verborrea las luces que alimentan mi
libertad.
88
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
TERCERA PARTE
Artificial e inestable pirámide
social.
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TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
90
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
1. LOS CRISTIANOS Y LA PROPIEDAD PRIVADA
Meollo de la actividad económica, es el llamado
DERECHO DE PROPIEDAD. De tal pretendido derecho
ya encontramos los españoles una definición “jurídica” en
las célebres Partidas del rey Alfonso X el Sabio: es el
“poder que home ha en su cosa de face della e en ella lo
que quisiere segund Dios e segund fuero”.
Si ahí se ve una clara referencia a la moral natural o ley
de Dios, no así en el código inspirador de toda la jurispru-
dencia actual; se trata del Código Napoleón cuyo artículo
544 dictamina: “La propiedad es el derecho de gozar y de
disponer de las cosas de la manera más absoluta dentro de
los límites que marquen las leyes o reglamentos”. Algo así
ya se decía en el viejo Código Romano que ve en la Pro-
piedad el “ius utendi atque abutendi re sua quatenus iuris
ratio patitur” (es el derecho de usar y de abusar de lo pro-
pio hasta el límite de la Ley).
Sin el claro matiz recordado oportunamente por el Rey
Sabio y dadas las abundantes situaciones no previstas por
la Ley, es evidente que el Derecho de Propiedad ha resul-
tado y resulta un autorizado sistema de acaparamiento.
Ello debe preocupar a cuantos creen en la necesidad de
que cada hombre disponga de lo necesario para cumplir el
fin que le es propio: desarrollar sus facultades personales
en Libertad, Trabajo y Generosidad. En esa línea se han
movido los promotores de la enseñanza cristiana: “Si la
Naturaleza ha creado el derecho a la propiedad común, es
91
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
la violencia la que ha creado el derecho a la propiedad
privada”. Tal enseñaba San Ambrosio, Arzobispo de Mi-
lán. Siguiendo esa línea, dice San Agustín:
“Los propietarios deben tener en cuenta que han sido
la iniquidad humana, sucesivos atropellos y miserias... lo
que ha privado a los pobres de los bienes que Dios ha
concedido a todos. En consecuencia, se han de convertir
en proveedores de los menos favorecidos”.
Estos llamados Padres de la Iglesia, promotores de la
enseñanza cristiana, encontraron ilustrativas referencias al
tema en el Libro Sagrado, cuyas son las siguientes categó-
ricas precisiones:
“Yavé vendrá a juicio contra los ancianos y los jefes
de su pueblo porque habéis devorado la viña y los despo-
jos del pobre llenan vuestras casas. Porque habéis aplas-
tado a mi Pueblo y habéis machacado el rostro de los
pobres, dice el Señor” (Is.3,14)
“¡Ay de los que añaden casas a casas, de los que juntan
campos y campos hasta acabar el término, siendo los úni-
cos propietarios en medio de la tierra!” (Is.5,8)
“Ved como se tienden en marfileños divanes e, indo-
lentes, se tumban en sus lechos. Comen corderos escogi-
dos del rebaño y terneros criados en el establo... Gustan
del vino generoso, se ungen con óleo fino y no sienten
preocupación alguna por la ruina de José” (Am.6,4)
“Codician heredades y las roban, casas y se apoderan
de ellas. Y violan el derecho del dueño y el de la casa, el
del amo y el de la heredad” (Miq.2,2)
Es el propio Jesucristo quien ilustra el tema con la si-
guiente parábola:
“Había un hombre rico, cuyas tierras le dieron una
gran cosecha. Comenzó él a pensar dentro de sí diciendo:
¿Qué haré pues no tengo en donde encerrar mis cose-
chas? Ya sé lo que voy a hacer: demoleré mis graneros y
los haré más grandes, almacenaré en ellos todo mi grano
92
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
y mis bienes y diré a mi alma: alma, tienes muchos bienes
alamacenados para muchos años: descansa, come, bebe,
regálate... Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche
te pedirán el alma y todo lo que has acaparado ¿para
quien será? Así será el que atesora para sí y no es rico
ante Dios” (Lc. 12,16)
De algunos de los ricos de su época, Jesucristo arrancó
el siguiente compromiso: “Daré, Señor, la mitad de mis
bienes a los pobres. Y, si en algo defraudé a alguien, le de-
volveré el cuádruplo” (Lc. 19,8) A sí se expresó Zaqueo y
demostró cómo una privilegiada situación económica
puede traducirse en bendición social.
La función social del derecho de propiedad era una de
las principales preocupaciones de San Pablo, quien reco-
mendaba a sus discípulos:
“A los ricos de este mundo encárgales que no sean al-
tivos ni pongan su confianza en la incertidumbre de las
riquezas, sino en Dios quien, abundantemente, nos pro-
vee de todo para que lo disfrutemos, practicando el bien,
enriqueciéndonos en buenas obras, siendo liberales y da-
divosos y atesorando para el futuro con que alcanzar la
verdadera vida” (I Tim.6,14)
El rico de este mundo no siempre tiene relación con el
nivel de su fortuna: recordemos que no son pocos los po-
bres obsesionados por vivir del trabajo ajeno y, envidiosos
hasta el paroxismo, aspiran a “explotar a quienes les ex-
plotan”. Estos y aquellos otros, que “nada en la abundan-
cia” dan argumentos al apóstol Santiago para fulminar:
“Vosotros, ricos, llorad a gritos sobre las miserias que
os amenazan. Vuestra riqueza está podrida. Vuestros
vestidos consumidos por la polilla, vuestro oro y vuestra
plata comidos por el orín. Y el orín será testigo contra vo-
sotros y roerá vuestra carne como fuego. Habéis atesora-
do para los últimos días. El jornal de los obreros,
defraudados por vosotros, clama y los gritos de los sega-
93
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
dores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.
Habéis vivido en delicias sobre la tierra, entregados a los
placeres: os habéis cebado para el día de la matanza”
(Sn.5,6)
Sucede que lo que yo considero mío, incluso cuando so-
bre ello me reconozca la ley el derecho exclusivo al uso y
al abuso, no es más que una condición para la realización
personal, vocación truncada si al mundo que me rodea le
pongo el límite de mi propio ombligo.
Pero hemos hablado de Trabajo y de Libertad. Para que,
en libertad, el Trabajo alcance un buen grado de fecundi-
dad necesita suficiente motivación. Claro que tenemos al
Amor como la más noble y la más fuerte de las posibles
motivaciones; pero si el Amor como fuerza creadora y de
proyección social nace de la voluntaria entrega al servicio
de los demás, hemos de reconocer que no es una facultad
suficientemente generalizada.
Para que la Libertad y el Trabajo sean continuos facto-
res de desarrollo económico y social (es inconcebible el
último sin el primero) debe ofrecerse a los actores un am-
plio abanico de motivaciones. Y sin duda que no es la me-
nos efectiva de las motivaciones ésta que late en el
derecho de propiedad. Así es y así ha de ser reconocido
por imperativo de la Realidad.
La estabilidad y desarrollo de la economía, en gran me-
dida, se apoya en el afán y preocupación de los hombres de
industria y de negocio por alcanzar esas cotas de poder so-
cial que da el uso y disfrute de determinados bienes o posi-
ciones. Tambien se apoya en la solidez jurídica de los
logros personales, desde donde, a la par que desarrollar
determinados caprichos, es posible abrir nuevos cauces a
la explotación de recursos naturales y subsiguiente crea-
ción de empresas, sin lo cual es impensable la
organización y consolidación de la vida económica.
94
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Es deseable que la energía que dimana de la Libertad
Responsabilizante esté presente en los actos y pensamien-
tos de todos los hombres y mujeres; el camino está inicia-
do desde hace más de dos mil años, pero (reconozcámoslo
sin paliativos) progresa con agobiante lentitud y con muy
frecuentes desniveles. Mientras la pertinente convicción
se abre camino en las conciencias, bueno será prestar la
consideración que les corresponde a menos nobles moti-
vaciones, entre las cuales ¿quién lo duda? el ansia de po-
seer o apasionado cultivo del derecho de propiedad tiene
su sitio en el orden social; ojalá que tales motivaciones no
rompan el marco de las respectivas conciencias, aunque,
en tales casos, es la Ley con su aparato fiscal la que debe
procurar que todo se ajuste al cauce del Bien Común.
De ahí se deduce que, si el Trabajo y la Libertad, se
muestran como imprescindibles condicionamientos del
desarrollo económico y es el espíritu generoso (o Amor) la
mejor vía para que los “regalos de la fortuna” no se con-
viertan en la principal trabazón del desarrollo personal
(“alcanzar la verdadera Vida”, según está escrito y testi-
moniado) resultan socialmente aprovechables otras pasio-
nes humanas que no deriven en puro e indiscriminado
atropello.
Caben ahí las puntualizaciones de Santo Tomás de
Aquino:
“Si se le concede al hombre el privilegio de usar de los
bienes que posee, se le señala que no debe guardarlos ex-
clusivamente para sí: se considerará un administrador
con la voluntad de poner el producto de sus bienes al ser-
vicio de los demás... porque nada de cuanto corresponde
al derecho humano debe contradecir al derecho natural o
divino; según el orden natural, las realidades inferiores
están subordinadas al hombre a fin de que éste las utilice
para cubrir sus necesidades. En consecuencia, parte de
los bienes que algunos poseen con exceso deben llegar a
95
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
los que carecen de ellos y sobre los que detentan un dere-
cho natural”.
Hay en esta acepción del derecho de Propiedad profun-
do conocimiento de la naturaleza humana y de los precisos
resortes en que se apoya la voluntad de acción al tiempo
que una preocupación por la universalización de los bie-
nes naturales, cuyo descubrimiento y optimización, lo sa-
bemos muy bien, depende, en gran medida, de la acción
manual y reflexiva del hombre. Por ello, se ha de tomar
como rigurosamente realista.
No tan realista es la pretendida colectivización irracio-
nal que, defendida apasionadamente por los utopistas de
estos dos últimos siglos, suponía a un hombre cómodo y
“socialmente productivo” desde la total irrelevancia den-
tro de la masa. Lo aventurado de tal suposición viene ava-
lado por la más reciente historia: sin libertad, la
generosidad es sustituida por la apatía y el trabajo se con-
vierte en una carga sin sentido. De una forma u otra, el
hombre, para resultar como tal, ha de aspirar a manifestar-
se como persona, es decir, como ser perfectamente dife-
renciado de sus congéneres: cuando no lo sea por su
derroche de generosidad, pretenderá serlo desde el libre
ascenso hasta algo que su entorno celebre.
Tampoco es realista el descorazonador sueño calvinista
de que el poder y la riqueza son muestra de predestinación
divina o que el derecho a usar y abusar de las cosas es una
imposición de la moral natural, mensaje subliminal que
parece latir en el meollo de la llamada Economía Clásica,
alguno de cuyos teorizantes se han atrevido a presentarse
como voceros de la voluntad de Dios: “Digitus Dei est
hic”, escribió Bastiat al principio de sus “Armonías Eco-
nómicas”, libro presentado como pauta de una cruzada ha-
cia la verdad y la justicia por el camino de la propiedad sin
freno social alguno puesto que “el interés exclusivamente
96
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
personal de los privilegiados es el instrumento de una
Providencia infinitamente previsora y sabia”.
El propio Adam Smith gustaba ser considerado como
moralista: defendía el acaparamiento sin medida como un
camino hacia un mundo en que habría abundancia para to-
dos; los insultantes atropellos son presentados como lógi-
ca consecuencia de la marcha hacia el progreso y no como
obra de la mala voluntad o crasa falta de preocupación por
los derechos del Otro.
Pero sí que es realista asumir la circunstancia con áni-
mo de humanizarla. Hubo en el pasado artífices de progre-
so cuya obra fue hija de un "razonable" egoísmo: abundan
los empresarios que dan trabajo sin la mínima preocupa-
ción por cuantos rezan en su nómina... En la historia de la
tecnología, han surgido descubrimientos geniales, fruto
exclusivo de la vanidad de su autor...
Entre los obreros del progreso, hemos de reconocerlo,
son pocos, poquísimos, los que cultivan el trabajo enamo-
rado y muchos, muchísimos, que cumplen una función so-
cial (desarrollan un trabajo trascendente) desde la sed de
fama, poder o dinero, en suma, desde el crudo egocentris-
mo. Para éstos como para los más generosos, una realista
visión del Progreso pide Libertad, por supuesto que dentro
de un Ley preocupada por zanjar ancestrales
discriminaciones.
Al margen de la generosa e incondicionada preocupa-
ción por el prójimo (eso que estamos llamando Amor) el
entorno social brinda otras motivaciones a la participación
en el Progreso: una de las más fuertes es la aspiración tan-
to a disponer caprichosamente del resultado del propio es-
fuerzo como a dejar constancia de ello. Por eso resulta
socialmente positiva la institucionalización del derecho de
propiedad sobre las cosas que va más allá del simple uso y
facilita la libre disposición de ellas en operaciones de
97
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
compra, venta, donación, herencia... etc. Y habremos de
dar la razón a Comte para quien
“la propiedad privada debe ser considerada una indis-
pensable función social destinada a formar y administrar
los capitales que permiten a cada generación preparar los
trabajos de la siguiente”.
Tomados así, los títulos de propiedad y el dinero son po-
sitivas herramienta de trabajo. Desde la óptica cristiana, el
derecho de propiedad implica la administración sobre las
cosas de forma que éstas puedan beneficiar al mayor nú-
mero posible de personas. Ello obliga al “propietario” a
ser riguroso en el tratamiento de los modos y medios de
producción, a desarrollar la libertad y el amor al trabajo, a
valorarse y a valorar en la justa medida a todos sus compa-
ñeros de empresa, a procurar que ésta se ajuste a la línea de
progreso que permiten las técnicas y sus medios económi-
cos y, por lo mismo, alcance la mayor proyección social
posible: el llamado propietario puede y debe estar
gallardamente en ese mundo sin ser de ese mundo.
Como conclusión recordamos que, para los cristianos,
el derecho de propiedad no es, propiamente, un derecho
natural pero sí una especie de imposición de las realidades
que facilitan el equilibrio y el progreso social: es para
ellos un derecho ocasional o, si se prefiere, un privilegio
consagrado por la Ley. Privilegio que, como apuntaba
Bardiaef, puede enriquecerle espiritualmente si le empu-
ja a procurar el bien material de los otros hombres.
98
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
2. HISTÓRICO DESPERTAR DEL “GENIO”
COMERCIAL
Entre los siglos X y XIII, la sociedad europea medieval
es testigo de la revitalización del afán de lucro, principio
inspirador del comercio clásico. Llamamos comercio clá-
sico al que, sin duda, ya existió en los primeros grandes
núcleos urbanos (Babilonia, Nínive, Tiro, Sidón, Alejan-
dría...) que implicaba una cierta institucionalización del
beneficio en la actividad económica.
De aquellas sociedades existen evidencias de una ele-
mental libertad de iniciativa, profesionalización, oficiali-
zación de las unidades de valor, cargas fiscales... Se han
encontrado monedas en yacimientos arqueológicos con
más de treinta siglos de antigüedad; pero, desde mucho an-
tes y tal como se observa en las sociedades más primitivas,
ya existían convencionales valores de cambio o trueque
(cabezas de ganado, medidas de cereales, piedras o
conchas raras, minerales, sal...).
Se sabe que asirios y fenicios empleaban documentos
similares a los actuales pagarés o letras de cambio; que los
templos griegos tenían el carácter adicional de depósitos
de valores; que los romanos, a medida que impusieron su
hegemonía a una buena parte del mundo antiguo, estable-
cieron un sistema bancario muy similar al de los tiempos
modernos...
Ese, llamémosle comercio clásico, fue herido de muerte
en Europa a raíz de los radicales cambios sociales produci-
dos por las invasiones bárbaras. Tras la “feudalización” de
territorios y el forzado repliegue sobre mismas, las so-
ciedades hubieron de atenerse a la explotación y distribu-
ción de sus propios recursos según la pauta que marcaba
una muy continuista jerarquía social.
99
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Era aquella una economía fundamentalmente agraria
que se apoyaba en la “necesidad de compensación” entre
lo que falta o sobra a cada familia, clan o grupo social en
un clima de mutuo entendimiento más o menos forzado
por un lado u otro y a merced de los avatares históricos e
imprevistos fenómenos naturales.
Cobra allí cierto arraigo una doctrina que se llamó de la
“justicia conmutativa” que decía apoyarse en la obliga-
ción de dar el equivalente exacto de lo que se recibe (lo
que, obviamente, requería una previa y difícil evaluación
de uno y otro bien). En tal situación se comprende la fuer-
za que había de tener la doctrina católica como “único ex-
perimentado criterio de referencia”. Gracias a ello,
cobraban consideración social conceptos como “justo
precio”, “justo salario”, “protección”, “vasallaje”,
“trabajo”, “compensación”...
La continua predicación y la generosidad como oca-
sional respuesta, moneda no muy abundante, eran los
principales factores de equilibrio. Por eso, en los fre-
cuentes periodos de extrema escasez, los pobres se ha-
cían más pobres mientras que los poderosos podían
impunemente ejercer el acaparamiento y, por lo mismo,
hacerse aun más ricos.
Moralistas había que preconizaban como primer valor
el equilibrio social lo que, obviamente y con harta fre-
cuencia, era utilizado por los situados en los resortes del
poder como medio de consagrar privilegios. En situacio-
nes como la feudal, en que las mutuas dependencias están
rígidamente reglamentadas, la libertad de iniciativa no
puede discurrir más que por caminos de magnanimidad,
devoción, amor al trabajo..., virtudes, por desgracia, harto
escasas.
Aunque decían bien los maestros de entonces que con-
dicionaban la “realización personal” al ejercicio de la res-
100
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
ponsabilidad social (“la libertad de un hombre se mide por
su grado de participación en el bien común”, dejó escrito
Santo Tomás de Aquino), había de ser ésta una responsa-
bilidad social en todas las direcciones y a partir de la supe-
ración de multitud de egoísmos. Por el contrario, era una
responsabilidad social canalizada por los poderosos de
abajo arriba, con soporte principal en la sumisión. Lógica-
mente, ello neutralizaba el potencial personal de los súbdi-
tos a la par que hacía imposible otra libertad de iniciativa
que no fuese la de los privilegiados.
El nunca muerto afán de lucro, que, no nos engañemos y
ante la escasa positiva solidaridad entre los hombres, re-
sulta respetable como “revulsivo social”, se expresaba en
un comercio semi-clandestino y ramplón, de vecino a ve-
cino, sin apreciable proyección exterior y siempre
traumatizado por la inseguridad ambiental.
En tales circunstancias era lógico que las mentes más
despiertas o rebeldes, en función de la llamada de las res-
pectivas conciencias, se dedicaran a la doctrina o a la gue-
rra: no había grandes oportunidades para buscar el realce
personal en el industrioso tratamiento de los problemas de
abundancia y escasez.
Para la reactualización del comercio clásico era preciso,
a la par que una mayor liberalización de actitudes, una real
“destraumatización” de la vida de cada día. En la sociedad
feudal europea tal empezó a ser posible en la segunda mi-
tad del siglo X: Ya los sarracenos habían sido empujados
hacia más acá del Ebro, los normandos se habían estabili-
zado en el noroeste de Francia, los húngaros, ya mediana-
mente civilizados, habían dejado de hostigar la frontera
oriental del Imperio...: gracias a tales substanciales cam-
bios, se vivía una especie de tímida “pax europea” tutelada
por los otónidas, en la ocasión titulares del Imperio.
101
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Ya es posible romper el estricto marco de un feudo y
recorrer considerables distancias sin tropezar con el in-
vasor de turno o con hordas de criminales. Es cuando
aparece en Europa Central un tipo de hombre que, en
principio, despierta la conmiseración pública: en con-
traposición a la segura comodidad que ofrece la rutina
diaria, este trotamundos, cargado como una tortuga,
está obligado a circular de un dominio a otro, sorteando
dificultades de entendimiento, sufriendo al raso las in-
clemencias del tiempo, los eventuales asaltos en los ca-
minos, las arbitrariedades de los poderosos... las
ingratitudes de todos.
Pero, pronto, ese trotamundos (buhonero, se diría hoy),
que es el primitivo mercader medieval, sabe hacer impres-
cindibles sus servicios y, en contrapartida, exige mayor li-
bertad y seguridad en sus desplazamientos, construir en
lugares convenientes a su negocio reductos fortificados
(“burgos”) expeditivos medios legales para resolver los
posibles litigios resultantes de sus operaciones, acceso a la
administración pública...
Fueron principales centros comerciales de la Europa
medieval las ciudades flamencas que bordeaban los gran-
des ríos seguidas por Venecia, Milán, Pisa o Génova en
Italia; Marsella, Nantes, Orleans o París en Francia;
Barcelona en España...
Este tal comercio no era propiamente capitalista: seguía
aun privando oficialmente la consigna escolástica de que
“las restricciones impuestas a la libertad de cada uno cons-
tituyan la garantía de la independencia económica de to-
dos”. Si se permitían discretas plus-valías, “se perseguía
implacablemente el fraude, se protegía al trabajador regla-
mentando su trabajo y su salario, velando por su higiene y
seguridad, facilitando su especialización y persiguiendo la
explotación de la mujer y del niño” (Pirenne).
102
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Parece evidente que, en aquel entonces, el pragmatismo
de los mentores de la legalidad (eclesiásticos, en su mayo-
ría), iba orientado a “proyectar socialmente” las iniciati-
vas personales que despierta el afán de lucro.
La historiadora francesa Regine Pernoud ve en tal época
“el esfuerzo de adaptación más notable y mejor coronado
por el éxito de que la Historia puede darnos ejemplo”.
Por nuestra parte, nos gusta creer que, en un ambiente
de renacida libertad y con la mira puesta en los dictados
del afán de superación personal, aquello fue un positivo
ejercicio de responsabilidad social por parte de unos pro-
fesionales que supieron domesticar al afán de lucro con la
doble consecuencia de optimizar sus específicas faculta-
des y aportar nuevos canales para el Progreso Social.
Sucedió ello no sin alterar la mundana escala valores
cultivada por la sociedad feudal: privilegios de sangre, de
armas o de educación (estos últimos casi exclusivamente
ligados al estamento religioso), protección o avasalla-
miento hacia los de abajo, a quienes se pide pacientísima
resignación, religiosidad y moral rigurosamente tradicio-
nales, inamovibles esquemas culturales, prevención con-
tra lo novedoso, etc., etc... Tal alteración tomó forma en
diversos fenómenos históricos, de entre los cuales el más
destacado es el llamado Humanismo Renacentista, califi-
cado por Maritain de “humanismo antropocéntrico”, en
cuanto, a diferencia del humanismo que ve en Dios al prin-
cipio y fin de todas las cosas, presenta al hombre como
muy capaz de alcanzar por sí mismo la cima de la propia
realización.
Es así como el tal Humanismo presenta lo universal
centrado en el Hombre al que considera “microcosmos o
quinta esencia del Universo”. Es éste un hombre que, pro-
gresivamente desligado de las trabas dogmáticas, con pri-
103
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
sa y ostensible frivolidad, convierte sus viejas fidelidades
en simples figuras retóricas.
El Humanismo, en su acepción clásica, fue más una “as-
piración estética” que una genuina corriente de renova-
ción ideológica: cultivaba apasionadamente el supuesto
de que el hombre se hace tanto más libre y más fuerte
cuanto más se abre al saber decir, al saber estar, al saber
apreciar.
Al humanista clásico le interesa menos lo que dice que
la forma de decirlo: remedando a Platón (Fedro), podría
decirse de ellos que sus grandilocuentes discursos sobre lo
grande y lo bello no pasan de “bellos laberintos vacíos de
todo concepto claro y de toda intención ética”. Para mu-
chos de ellos vale cualquier idea siempre que sea presenta-
da en el marco de un impecable estilo.
Personaje representativo de la época es Pico de la Mi-
randola (muerto en 1.494 a los 31 años). Educado en la
nueva “Academia” de Florencia, se revela pronto como un
prodigio de erudición con asombrosa capacidad para en-
tretejer las teorías más encontradas, expresadas en un mu-
sical lenguaje muy al gusto de la época. En 900 tesis
presentó su idea del “hombre infinito” al que otorga la ca-
pacidad de renovarse volviendo eternamente atrás hacia
un supuesto crisol que se produciría la síntesis de lo más
bello legado por el espíritu griego y las religiones cristiana
y judía. Claramente inclinado por lo más vacío de conteni-
do moral, resalta al tipo griego como a la más elocuente
expresión de lo humano; apenas disimula su intención de
introducir en el martirologio romano a los dioses y héroes
de la antigüedad.
La fiebre de esteticismo se contagió a los intelectuales
más influyentes en las repúblicas italianas de la época: Fi-
cino, Besarión, Lorenzo Valla, Rodolfo Agrícola... son
ejemplos del llamado humanismo renacentista. Todos
104
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
ellos conceden a la religión respeto pero, también, ostensi-
ble nivel de inferioridad respecto al arte o la retórica; se
apasionan por “la belleza que entra por los ojos y por los
oídos” al tiempo que consideran poco menos que “letra
muerta” una expresa referencia a los “viejos” principios
morales.
En torno al mito “hombre nuevo” lo aparente achica a lo
real: si era bueno romper con un orden nacido de la “jerar-
quía de sangre” y archivar anquilosados valores de una
sociedad cerrada sobre sí misma y, por ello, sometida a la
rutina y a los caprichos de una indiscutida autoridad... de-
bió y pudo hacerse en una rigurosa línea de respeto a la
Realidad cuyo centro de referencia, lo sabemos bien, es la
personal aportación que corresponde a cada hombre en la
tarea común de amorizar la tierra.
No resultó así: la historia nos muestra cómo los afanes
de los personajes más celebrados eran regidos por simple
afán de ser aplaudido o de responder a los requerimientos
del propio vientre.
De ahí el que encajen diversas expresiones de materia-
lismo en una buena parte del humanismo renacentista; de
ahí el que, frecuentemente, se confunda al humanismo con
el halago a la tiranía de príncipes y condotiero, con un arti-
ficial retorno al “clasicismo” abúlico y egoísta...
Hecha tal matización, hemos de reconocer que, en los
siglos XV y XVI, vive Europa una fresca reapertura a lo
bello y a lo sublime según el impulso de no desdeñar lo
más valioso del Mundo y desde la óptica de abrir nuevos
caminos a la libertad... Ello es evidente aunque sus pro-
pios protagonistas no pretendieran más que servir a sus
fines particulares.
Sin la corriente humanista no es fácil imaginarse los
subsiguientes descubrimientos científicos, nuevas herra-
105
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
mientas de que podrá disponer el hombre deseoso de justi-
ficar su existencia en eso que podemos llamar
AMORIZAR LA TIERRA.
De todas las repúblicas italianas es Florencia el princi-
pal foco de la corriente humanista. Era Florencia una “pa-
triarcal” oligarquía que se presentaba como heredera de la
antigua Roma, ahora moderna, próspera y pletórica de ciu-
dadanos libres y felices según un mismo espíritu, el espíri-
tu de la burguesía o de una bien sincronizada y epicúrea
forma de vivir. Así lo entienden sus próceres y los profe-
sionales del halago: como ejemplo podemos sacar a cola-
ción a un tal Coluccio Salutati, un apologista de la tiranía
que presume de no perdonar a Cicerón sus “veleidades
populistas”.
La etapa más celebrada de la historia de Florencia estará
representada por los Médicis, clásico ejemplo de éxito
burgués, “príncipes mercaderes” con fortuna suficiente
para permitirse todos los caprichos personales, entre los
cuales colocaron el mecenazgo o promoción de las artes
en torno a su “Academia”.
En la “Academia” había de todo: desde un rebuscado y
torpe snobismo en que cualquier espontáneo, en pésimo
latín, podía presentar a Cicerón como maestro de Aristóte-
les (nacido cuatro siglos antes) como soberbios artistas tal
que Donatello, Alberti, Piero de la Francesca...
La corriente florentina se hizo enseguida italiana (los
papas de la época ayudarían decisivamente a ello) y, muy
pronto, invadió triunfalmente Europa, cuyas oligarquías
se dejaron prendar por “las artes y las ciencias no oídas y
nunca vistas”.
En paralelo y, como teoría política progresista, se desa-
rrolla la devoción al rico y poderoso, se paganizan las cos-
tumbres y se acentúa la explotación de los más débiles,
106
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
que han de soportar los afanes de gloria de los mejor situa-
dos, cuyo más encendido amor es el de mantener su
posición.
Entre vanidades y devociones por el propio ombligo
hubo también leales preocupaciones por hallar nuevas
vías hacia lo que no muere: Una parte de los más ilustres
de la época han trascendido a su tiempo: su obra ha hecho
historia y representa tanto un testimonio de la capacidad
humana como positiva aportación al progreso en todos los
órdenes.
La ruptura de viejas barreras a la libre investigación y
preocupación por acercarse al meollo de la realidad mate-
rial abrió el camino a la actual poderosísima Técnica. Ello
resulta evidente ante la simple consideración de las etapas
que fue cubriendo el desarrollo de la Ciencia, del acorta-
miento de las distancias, de espectaculares descubrimien-
tos de nuevos mundos, de una embrionaria
racionalización de la economía.... puntos básicos de un
progreso social en cuya consecución estamos
comprometidos.
Muchas de las grandezas y miserias de nuestra época
tienen su precedente en el llamado Quattrocento, que pre-
tendió situar al Hombre como medida de todas las cosas y
exclusivo eje espiritual del Universo, pero que, también,
puso de relieve la fuerza de la libre iniciativa personal.
Ya en este punto y aunque echemos en falta abundantes
ejemplos de generosidad (Trabajo Solidario), habremos
de reconocer como más positiva la ambición responsabi-
lizante (fuerza destacada del Humanismo Renacentista)
que la crasa inhibición respecto a las exigencias del entor-
no social y de la Historia.
107
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
3. EL CORPORATIVISMO BURGUÉS
En una "larga marcha" de más de cuatro siglos, el co-
mercio ínter feudal fue ampliando horizontes hasta ha-
cerse mundial desde las organizadas caravanas que
cruzaban Europa de Norte a Sur y de Este a Oeste y bar-
cos a remo o a vela, que seguían el curso de los ríos o
abrían nuevas rutas marítimas, en muchos casos coinci-
dentes con expediciones de guerra hasta las expecicio-
nes hacia hacia esa lejana China, que Colón quiso
encontrar navegando hacia el Oeste.
La organización y equipamiento de caravanas, el fletaje
de barcos, la creación y mantenimiento de centros de apro-
visionamiento y distribución... requería más amplios re-
cursos que los del mercader itinerante particular. Surge la
necesidad de operaciones de crédito a que se aplican los
primeros “banqueros”, judíos en principio; florentinos,
lombardos, venecianos o flamencos más tarde...
No hay crédito sin interés. Por eso y a tenor de los
nuevos requerimientos sociales, la Iglesia revisó un vie-
jo criterio suyo que podía apoyarse en la lógica de la
“economía de circuito cerrado” en que es imperativo
moral el no capitalizar la miseria ajena pero que ya le
venía estrecho a la nueva situación de amplios horizon-
tes comerciales: el tal viejo criterio consistía en identifi-
car a la usura con el interés.
Ya admite la Doctrina la posibilidad de una garantía de
continuidad para el dinero prestado de forma que se asegu-
re el concurso de los capitales necesarios al mantenimien-
to de las empresas comerciales, cuya conveniencia social
108
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
queda patente en cuanto favorecen la agilidad y oportuni-
dad en la distribución de los bienes materiales.
Claro que, con harta frecuencia, faltó disciplina en la
previsión de forma que no pocos “moralistas” iban a re-
molque de los acontecimientos. De ahí el que, en múlti-
ples casos, la interesada iniciativa de los comerciantes y
banqueros colmara el vacío doctrinal que, ya tarde o ino-
portunamente, algunos obispos se creían obligados a
condenar.
Obviamente, ello llevaba a despertar rebeldías o exacer-
bar voluntades con eco social tanto más amplio cuanto
más acusada era la incidencia del problema o de la traumá-
tica solución. Así se daba pie para los desvíos y exagera-
ciones, de que es un ejemplo el fenómeno cátaro: los
cátaros (o puros) sacralizaban hasta lo inverosímil la con-
tinencia mientras que en el incontrolado afán de lucro
veían el más noble de los impulsos humanos.
Son los ricos comerciantes y nuevos banqueros los más
preocupados porque la letra de la Doctrina no sea interpre-
tada de forma contraria a sus intereses. Para canalizarla se-
gún sus afanes, adulan a señores y alto clero, promueven la
pompa y vistosidad en las ceremonias religiosas, edifican
templos, dicen velar por la “educación moral” de sus hijos,
se aficionan a la Teología... al tiempo que confunden a la
Providencia con una especie de ángel tutelar de su fortuna,
que distraen con limosnas las exigencias de justicia, que
someten a la medida de su conveniencia respetabilísimos
preceptos. Pero, sobre todo, aspiran a identificarse con los
poderes establecidos.
Paso a paso, persistente y pacientemente, los burgos en
que se asientan comerciantes y banqueros (unos y otros re-
conocidos como burgueses) se convierten en centros de
poder político, tanto por su privilegiada situación de pro-
veedores de nuevos lujos y comodidades para reyes y no-
109
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
bles como por su natural tendencia a comercializar todo lo
imaginable pasando por la “categoría mercantil” más
apreciada en aquel tiempo: puestos de relieve en la
Administración Pública.
En los primeros tiempos del desarrollo del comercio,
privaba el criterio de que, por encima de las “artes pecu-
niativae”, u oficios de comercio y banca, debían estar si-
tuadas las “artes posesivae”, o trabajos y oficios
directamente relacionados con la producción (responsabi-
lidad de labradores y artesanos). Fue obsesión de la Bur-
guesía alterar tal orden de apreciación hasta lograr que el
comerciante o banquero sea aceptado como lo que se lla-
mó un “príncipe mercader”. Para llegar a ello se empeñan
en monopolizar la función fiscal y, a partir de ahí, ajustar
las leyes económicas a su medida.
En algunas ciudades e, incluso, estados para los nuevos
príncipes mercaderes fue relativamente fácil responsabili-
zarse de la fiscalidad: para cubrir los créditos que han otor-
gado a los titulares del poder político solicitan y, en
ocasiones, obtienen la patente en el establecimiento y re-
caudación de impuestos. Hay ejemplos de descarada apli-
cación del “espíritu de clase” como la que impuso en París
el preboste de los mercaderes, Etien Marcel: la base de sus
fiscalidad fue un impuesto sobre la renta en razón inversa
al grado de fortuna (justo lo contrario de lo que es actual-
mente y que, lógicamente, debería haber sido entonces):
“aquellos cuya renta no llegue a 10 libras anuales pagarán
el 10 por ciento; los que gocen de una renta superior a diez
libras pero no lleguen a las mil solamente pagarán el 2,2
por ciento; no pagarán nada los que superen las mil libras
en renta anual siempre que no sean miembros de la
nobleza, en cuyo caso habrán de superar las cinco mil
libras para estar exentos de cualquier fiscalidad” (Citado
por R.Pernoud).
110
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Es justamente en Francia en donde fructificarán los pri-
meros juristas burgueses. Encontrarán la más propicia de
las ocasiones bajo el reinado de Felipe IV que otorgó a los
burgueses más ilustrados el título de “caballero en leyes”.
A la recíproca, los “caballeros en leyes” consagran
como categoría suprema de la escala de valores el culto al
Estado, al tiempo que formulan la necesidad de que todo
precepto moral esté supeditado a la razón de estado o ley
del más fuerte. No hay para ellos poder espiritual distinto
del que emana de la nueva concepción del Estado, el cual
está facultado, incluso, para reglamentar los actos de cul-
to, considerar a los clérigos de distintas categorías como
funcionarios propios, imponerles el contenido de sus ho-
milías... Tal se expresa en documentos de la época como el
titulado “Diálogo entre un clérigo y un caballero” cuyo es
el siguiente pasaje: “Poned freno a vuestra lengua, señor
clérigo, y reconoced que el Rey está por encima de todas
vuestras leyes, costumbres y libertades. Reconoced que
tiene derecho a añadir y quitar cuanto le plazca en el mo-
mento que lo considere justo y razonable. Cuando consta-
téis que una parte de vuestra doctrina ha sido modificada
porque así lo exige la protección del Reino, aceptadlo
como así os lo ordena el Apóstol San Pablo en su epístola a
los Romanos: cualquiera que resiste a la autoridad resiste a
la voluntad divina”
Ese Felipe IV de Francia, que había logrado del acomo-
daticio Clemente V que trasladara la corte papal a Avig-
non, se jactaba de tener como vasallo al propio Vicario de
Jesucristo y sucesor de Pedro. Por demás, encuentra el res-
paldo de sus “soberanas arbitrariedades” en el término
“rey por la gracia de Dios” con que le honran sus zalame-
ros juristas. Uno de sus sucesores, Luis XI, luego de hacer-
se admitir como “hermano y compañero” en la “Gran
Cofradía” de los burgueses de París, les concede la exclu-
111
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
siva de cargos administrativos, en ocasiones, objeto de pú-
blica subasta, y pone bajos sus órdenes a la Guardia
Nacional cuyo cometido principal fué el apoyo en la
recaudación de impuestos.
Ya será fácil que prenda en alguno de los burgueses la
idea de que son el epicentro de la historia tanto que pueden
considerarse “ricos y fuertes por la gracia de Dios”.
Iniciada en Francia, es en Italia, tierra de intereses en-
contrados, en donde más fuerza cobra la revolución bur-
guesa: en consonancia con la acepción de los nuevos
valores sociales y al amparo de las tensiones entre angevi-
nos, aragoneses y papado, que se disputan el dominio teó-
rico del Centro y del Sur de Italia, el efectivo poder se
singulariza en las comunas, cuyos ciudadanos más ricos se
hacen titular señores para transformarse pronto en prínci-
pes que encabezan sus propias dinastía: de ello son ejem-
plo los Gonzaga en Mantua, los Este en Módena y Reggio,
los Montefeltro en Urbino. los Visconti en Milán, los
Médicis en Florencia...
Todos esos principados actuaron como auténticas oli-
garquías cuya preocupación principal fue la de excluir de
las responsabilidades de gobierno a cuantos no formaran
parte de la nueva clase de rentistas, comerciantes y
banqueros.
4. RAÍCES BURGUESAS DE LA LUCHA DE
CLASES
El “moderno” concepto de lucha de clases como motor
de la historia fue copiado por Carlos Marx a Francisco
Guizot (1787-1874), ministro del Interior francés el año en
que se publicó el Manifiesto Comunista (1848).
112
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Sucedió en los últimos meses de la llamada Monarquía
de Julio (1830-1848), “parlamentaria y censitaria”, una
especie de plutocracia presidida por el llamado “Rey Bur-
gués”, Felipe de Orleans o Philippon cuya consigna de go-
bierno fue el “enrichessez vous” y cuyos principales
ministros fueron los llamados “doctrinarios” con
Constant, Royer-Collard y el propio Guizot.
Era aquel un régimen que renegaba tanto del “absolu-
tismo” que representa “la autoridad que se impone por el
despotismo” como de la “democracia igualitaria” o “vul-
garización del despotismo” cuya “preocupación es dañar
los derechos de las minorías industriosas en beneficio de
las mayorías” (Constant).
Según los “doctrinarios”, la garantía suprema de la es-
tabilidad política y del progreso económico está basada en
el carácter censitario del voto (se precisa un determinado
nivel de renta para ejercer como ciudadano) puesto que,
tal como asegura el propio Constant, “solamente en el útil
ocio se adquieren las luces y certeza de juicio necesarias
para que el privilegio de la libertad sea cuidadosamente
impartido”.
Para evitar veleidades de la Historia como las reciente-
mente vividas, Royer Collard, el llamado “jefe de los doc-
trinarios” aboga por una ley a situar por encima de
cualquier representación de poder y nacida de un parla-
mento que resulte el “más eficaz defensor de los intereses
de cuantos , por su fortuna y especial disposición, puedan
ser aceptados como responsables del orden y de la
legalidad”.
Otro de los “doctrinarios”, Guizot, celebrado ensayista
(Histoire de la révolution d’Angleterre, Histoire de la civi-
lisation en Europe...) y “doctrinario” fue jefe de Gobierno
en los últimos años de la “Monarquía de Julio” (que cayó
113
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
el 24 de febrero de 1.848, el mismo mes en que se publicó
el Manifiesto Comunista).
Este Guizot pasa por ser el primer teorizante de la lucha
de clases, referida, en su caso, a la confrontación entre la
Nobleza y la Burguesía
“cuya ascensión ha sido gradual y continua y cuyo po-
der ha de ser definitivo puesto que es una clase animada
tanto por el sentido del progreso como por el sentido de
la autoridad; son razones que obligan a centrar en los
miembros de la burguesía el ejercicio de la libertad polí-
tica y de la participación en el gobierno” (Guizot).
El llamado mundo de la burguesía (“clase”, según una
harto discutible acepción) está formado por intermedia-
rios, banqueros y ricos industriales; es un mundo transcri-
to con fina ironía y cierto sabor rancio por Balzac o
Sthendal. En él pululan y lo parasitan las emperifolladas,
ociosas y frágiles damiselas o prostitutas de afición que
hacen correr a raudales el dinero de orondos ociosos o
fuerzan al suicidio a estúpidos y aburridos petimetres.
Todo ello en un París bohemio y dulzón, que rompe
prejuicios y vive deprisa.
Al lado de ese mundo se mueve el otro París, el París de
“Los Miserables”. Prestan a este París una alucinante ima-
gen su patología pútrida, sus cárceles por nimiedades y sin
esperanza, sus barrios colmados de suciedad, promiscui-
dad y hacinamiento; sus destartaladas casas, sus chabolas
y sus cloacas tomadas como hogar... en un círculo de ini-
maginables miserias y terribles sufrimientos,
olímpicamente ignorados por los “de arriba”.
Uno y otro son el París de las revoluciones: no menos de
tres en sesenta años: la de 1.789, que acabó (¿?) con el lla-
mado “viejo régimen; la de julio de 1.830 que hizo de los
privilegios de la fortuna el primer valor social y dio el po-
der sobre vidas y haciendas a los que “más tenían que per-
114
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
der” y, por último, la revolución de febrero de 1.848, que
se auto titularía popular y resultaría de opereta con el en-
gendro de un régimen colchón en que fue posible un nuevo
pretendido árbitro de los destinos de Europa, Luis
Napoleón III, sobrino del otro Napoleón.
5. EL “ESPÍRITU” DEL CAPITALISMO
Es de Max Weber de quien copiamos el concepto. A él
debemos la siguiente referencia que parece un reproche a
la inhibición de la Iglesia sobre los asuntos temporales,
que tanto afectan a la generalidad de los seres humanos:
Al renunciar al Mundo, el ascetismo cristiano, que, al
principio, huía del mundo y se refugiaba en la soledad,
había logrado dominar al mundo desde los claustros;
pero quedaba intacto su carácter naturalmente despreo-
cupado de la vida en el mundo. Ahora se produce el fenó-
meno contrario: se lanza al mercado de la vida, cierra las
puertas de los claustros y se dedica a impregnar con su
método esa vida, a la que transforma en vida racional en
el mundo, pero no de este mundo ni para este mundo".
De ser ello cierto, el “Espíritu del Capitalismo“ tendría
un origen ascético, como de sed de trascendencia. Algo así
pretendía Calvino con su teoría de la predestinación. Sus
fieles, ya imbuidos de los que se llamará darwinismo so-
cial, se lanzarán a la ”cruzada" del acaparamiento, exage-
ración en cuya catastrófica trayectoria han prendido sus
raíces los más graves conflictos de los últimos siglos, im-
posibilitando por ello el desarrollo de una sociedad en la
que el trabajo y la solidaridad podrían ser principales fun-
damentos del progresivo bienestar general en cuanto que,
tal como preconizaran los Padres de la Iglesia, el buen
maestro enseña, el buen director dirige (el buen inversor
115
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
invierte, apuntamos nosotros)… y todos aplican su
voluntad al mejor desarrollo de sus personales
capacidades.
Tal aspiración lograría fácil realidad si el amor al próji-
mo fuera la principal moneda de cambio entre los hom-
bres. Sabemos que no es así: por ello estamos obligados a
reconocer como positiva motivación un afán de lucro que,
gozando de la libertad que imponen las leyes del Mercado,
cuente con apropiadas trabas para no erigirse en factor de
incondicionado acaparamiento, aunque sí con suficientes
motivaciones para que los emprendedores vocacionales se
muevan y trabajen por los cauces en que discurre el buen
orden social.
Cuando no existe contrapartida “tangible” al propio es-
fuerzo y uno no es lo que se llama un altruista, el “espíritu”
del capitalismo pierde su razón de ser y los medios y mo-
dos de producción languidecen hasta resultar de más en
más insuficientes para el buen orden social.
Es en razón de esa consideración nuestra, como apela-
mos a un capitalismo que acierte a dar el valor que le co-
rresponde a los diversos medios y modos de producción,
muy especialmente al “sagrado factor humano”, muy ca-
paz de “hacer milagros” si imparte la precisa y oportuna
motivación: por feliz e insustituible circunstancia, conta-
remos con recursos financieros al uso de las necesidades
sociales del momento, lo que viene a significar que el Ca-
pitalismo motor de la Economía Social de Mercado cuenta
con posibilidades de mayor humanización, tal como si
viniera animado por una cierta savia espiritual.
116
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
6. DEL SOCIALISMO UTÓPICO AL “SOCIALISMO
CIENTÍFICO”
Es en el París de las revoluciones burguesas y de las
grandes diferencias sociales en dónde, sin salir del racio-
nalismo cartesiano, hombres como el conde de Saint Si-
mon “se imponen la tarea de dedicar su vida a esclarecer
la cuestión de la organización social”; son lo que Marx ca-
lificara de “socialistas utópicos”.
Con anterioridad a Saint Simon habían surgido en Fran-
cia figuras como las de Morelly, Mably, Babeuf... que se
presentaron como apóstoles de la igualdad con más entu-
siasmo que rigor en los planteamientos y siempre con total
ignorancia de la conciencia personal.
Charles Fourier (1.772-1.837) es otro de los “socialistas
utópicos” más destacados: pretende resolver todos los
problemas sociales con el poder de la “asociación”, que
habrá de ser metódica y consecuente con los diversos ca-
racteres que se dan en un grupo social ni mayor ni menor
que el formado por mil seiscientas veinte personas; es la
estadística al dictado de la conciencia colectiva.
Dice Fourier estar convencido de que cualquier actual
forma de estado se disolverá progresivamente en una so-
ciedad- asociación, en la cual, de la forma más natural y
espontánea, se habrá excluido cualquier especie de coac-
ción. A renglón seguido, se prodigarán los “falansterios” o
“palacios sociales”, en que, en plena armonía, desarrolla-
rán su ciclo vital las “células-base” hasta, en un día no
muy lejano, constituir un “único imperio unitario extendi-
do por toda la Tierra”.
Esa es la doctrina del “falansterismo” que como tal es
conocido el “socialismo utópico” de Fourier, algo que, por
117
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
extraño que parezca, aun conserva el favor de ciertos sec-
tores del llamado progresismo racionalista hasta el punto
de que, cada cierto tiempo, y con derroche de dinero y
energías, se llega a intentar la edificación de tal o cual “fa-
lansterio”. Efímeros empeños cultivados por no se sabe
qué oculto interés proselitista.
No menos distantes de un elemental realismo, surgen en
Francia variadas formas de colectivismo, cuyos profetas
olvidan las predicadas intenciones si, por ventura, alcan-
zan una u otra forma de poder. Tal es el caso de Luis
Blanc, que llegó a ser miembro provisional que se consti-
tuyó a la caida de Luis Felipe o Philippon; “Queremos, ha-
bía dicho, que el trabajo esté organizado de tal manera que
el alma del pueblo, su alma ¿entendeis bien? no esté com-
primida por la tiranía de las cosas”. La desfachatez de este
encendido predicador pronto se puso de manifiesto cuan-
do algunos de sus bienintencionados discípulos crearon
los llamados “talleres nacionales”: resultó que encontra-
ron el principal enemigo en el propio gobierno al que aho-
ra servía Blanc y que, otrora, cuando lo veía lejos, este
mismo Blanc deseaba convertir en “regulador supremo de
la producción y banquero de los pobres”.
Otros reniegan de la Realidad y destinan sus propuestas
a sociedades en que no existe posibilidad de ambición: tal
es el caso de Cabet que presenta su Icaria como mundo en
que la libertad ha dejado paso a una igualdad que convier-
te a los hombres en disciplinado rebaño con todas las nece-
sidades animales cubiertas plenamente. Allí toda crítica o
creencia particular será considerada delito: huelgan reglas
morales o religión alguna en cuanto un providencial esta-
do velará por que a nadie le falte nada: concentrará, dirigi-
rá y dispondrá de todo; encauzará todas las voluntades y
todas las acciones a su regla, orden y disciplina. Así que-
dará garantizada la felicidad de todos.
118
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Existió otro socialismo francés cuyo impacto aun per-
dura: se trata del socialismo autogestionario promovido
por Pedro José Proudhon.
Era su divisa de combate “justicia y libertad” y el centro
de sus ataques la “trinidad fatal”: Religión, Capital y Po-
der Político a los que opone Revolución, Autogestión y
Anarquía. Revolución, porque “las revoluciones son suce-
sivas manifestaciones de justicia en la humanidad”, auto-
gestión, “porque la historia de los hombres ha de ser obra
de los hombres mismos” y lo último, “porque el ideal hu-
mano se expresa en la anarquía”.
Más que pasión por la anarquía es odio a todo lo que
significa una forma de autoridad que no sea la que nace
de su propia idea porque, tal como no podía ser menos,
Proudhon hace suyo el subjetivismo idealista de los he-
rederos de Hegel.
Así lo supo entender Moisés Hess, uno de los teorizan-
tes que Marx consideró maestros del “socialismo bur-
gués” aunque sea suya la frase ( o precisamente por serlo)
“El comunismo es una necesaria consecuencia de la obra
de Hegel”. La había escrito en 1.840, ocho años antes de
aparecer el llamado “Manifiesto Comunista” de Marx y
Engels (febrero de 1848).
Era Hess el primero de cinco hermanos en una familia
judía bien acomodada y respetuosa con la ortodoxia tradi-
cional. Apenas adolescente, hubo de interrumpir sus estu-
dios para integrarse en el negocio familiar; pero siguió
con curiosidad las tendencias intelectuales de la época ali-
ñadas con una previa simpatía por la obra de Spinoza y de
Rousseau.
Cuando apenas ha cumplido los veinte años, Hess pasa
una larga temporada en París que, a la sazón, vive la fiebre
de mil ideas sociales en ebullición bajo la displicente tole-
119
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
rancia de la oligarquía en el poder. Muy seguramente con-
tactó con alguno de los citados teorizantes, en particular
con Proudhon.
El agotamiento de su recursos obligó a Hess a reinte-
grarse en los negocios de la familia. Siguió aprovechando
el tiempo libre con nuevas lecturas y cursos. De esa forma
tuvo cumplido conocimiento de las diversas interpretacio-
nes del omnipresente Hegel.
Inició su actividad en el mundo de las ideas con una
pretenciosa “Historia Sagrada de la Humanidad”. Apunta
en ella una especie de colectivismo místico de raiz pan-
teista; la ha llamado “Historia Sagrada” “porque en ella se
expresa la vida de Dios” en dos grandes etapas, la primera
dividida, a su vez, en tres períodos: el primitivo o “estado
natural” de que hablara Rousseau, el coincidente con la
aparición del Cristianismo, “fuente de discordia”, y el ter-
cero o “revolucionario” que, según Hess, se inicia con el
panteismo de Spinoza y culmina con la Revolución Fran-
cesa o “gigantesco esfuerzo de la humanidad por retornar
a la armonía primitiva”.
La segunda y “principal etapa” de esa “Historia Sagrada
de la Humanidad” la ve Hess coincidente con su propio
tiempo e, incluso, con su propia persona: ve abierta ante sí
una excepcional y brillante perspectiva a cuyo término si-
túa la plena libertad e igualdad entre todos los hombres.
Aunque Hess apunta que se llegará a tal beatífica situa-
ción por vía pacífica no descarta la eventualidad de una
sangrienta revolución promovida por las insultantes dife-
rencias sociales; si tal fuera el caso, habría de ser tomada
por un bache, cuya superación brindaría a la humanidad la
“consecución de la última meta de la vida social presidida
por una igualdad clara y definitiva”.
120
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
El aludido bache habrá significado un inevitable enfren-
tamiento entre dos protagonistas: la “Pobreza” y la “Opu-
lencia”. La primera víctima y la segunda, mentor, de “la
discordancia, desigualdad y egoísmo que, en progresivo
crecimiento, alcanzarán un nivel tal que aterrarán hasta el
más estúpido e insensible de los hombres”. “Son contra-
dicciones que han llevado al conflicto entre Pobreza y
Opulencia hasta el punto más álgido en que, necesaria-
mente, ha de resolverse con una síntesis que representará
el triunfo de la primera sobre la segunda” (Así lo ve Hess
gracias al carácter dialéctico que Hegel enseña como inhe-
rente a cualquier conflicto).
Pocos años más tarde, escribe Hess su “Triarquía Euro-
pea” (representada por Alemania, Inglaterra y Francia).
Comienza su obra con una extensa referencia a Hegel y a
sus discípulos que, “aunque han alcanzado, dice, el punto
más alto de la filosofía del espíritu, yerran en cuanto pro-
ponen a la filosofía como valor esencial: el primer valor de
la vida del hombre es la acción por cambiar el mundo....
cuestión , que ha de ser tomada como la perfecta verdad a
la que nos ha conducido la obra de Hegel”...” De lo que
ahora se trata, continúa Hess, es de construir los puentes
que nos permitan volver del cielo a la tierra. Para ello será
necesario volver los ojos a Francia en donde se están preo-
cupando seriamente por transformar la vida social”.
Con su obra, Hess rompe moldes en las tendencias de
los “jóvenes hegelianos”: apunta la conveniencia de ligar
el subjetivismo idealista alemán con el “pragmatismo so-
cial” francés”. Ambos fenómenos, explica Hess, han sido
consecuencia lógica de la Reforma, la cual, al iniciar el ca-
mino de la liberación del hombre, ha facilitado el hecho de
la revolución francesa, gracias a la cual esa “liberación ha
logrado su expresión jurídica”. “Ahora, desde los dos la-
dos, mediante la Reforma y la Revolución, Alemania y
121
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Francia han recibido un poderoso ímpetu. La única labor
que queda por hacer es la de unir esas dos tendencias y
acabar la obra. Inglaterra parece destinada a ello y, por lo
tanto, nuestro siglo debe mirar hacia esa dirección”.
De Inglaterra, según Hess, habrá, pues, de venir “la li-
bertad social y política”. Ello es previsible porque es allí
donde está más acentuada la oposición entre la Miseria y
la Opulencia; “en Alemania, en cambio, no es ni llegará a
ser tan marcada como para provocar una ruptura revolu-
cionaria. Solamente en Inglaterra alcanzará nivel de revo-
lución la oposición entre Miseria y Opulencia”.
Apunta tambien Hess a lo que se llamará Dictadura del
Proletariado cuando dice “orden y libertad no son tan
opuestos como para que el primero, elevado a su más alto
nivel, excluya al otro! Solamente, se puede concebir la
más alta libertad dentro del más estricto orden”.
En 1.844, Hess promovió la formación de un partido al
que llamó “verdadero socialismo” e hizo derivar del “ma-
terialismo idealista” que, a su vez, Luis Feuerbach había
deducido de las enseñanzas de Hegel.
Por obra de Federico Engels y Carlos Marx, cuatro años
más tarde, todos los postulados de ese devorador de li-
bros, que fué Moisés Hess, constituyeron el meollo de lo
que se llamó comunismo o, más pretenciosamente, “socia-
lismo científico”.
Proudhonianos, saintsimonianos, marxistas más o me-
nos fervorosos... no en menor medida que los doctrinarios
que hacían recaer la responsabilidad del acaparamiento en
la totalidad de los miembros de su clase o sociedad, se
preocuparon apasionadamente por centrar en la “concien-
cia colectiva” la responsabilidad de todo lo bueno y de
todo lo malo que pudiera ocurrir a los hombres y mujeres
del presente y del futuro.
122
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Logra adeptos ese acoso a la sagrada libertad personal
porque el animal, que todos llevamos dentro, reniega de su
responsabilidad en cuanto se deja conquistar por los “ins-
tintos de especie” en que se basa el gregarismo y que, tan
arteramente y desde cualquier ángulo, han manejado los
“profesionales de la lucha de clases”.
Es así cómo, por muy triste y regresivo que sea, los
hombres y mujeres de cualquier época sucumben a la
oferta de sumergir su voluntad en el totum revolutum de
la conciencia colectiva, algo así como acogerse a los em-
brutecedores efectos de una dormidera.
7. LOS HIJOS BASTARDOS DEL MATERIALISMO
BURGUÉS
Incluso con mucha más fuerza que aquella otra Revolu-
ción (la de 1789) que dio paso a Napoleón, la Revolución
Industrial traumatizó la vida social de toda Europa. Lo
que se llamó el Libre Mercado despertó poderosísimas co-
rrientes de especulación pero también fiebre de investiga-
ción y miles de vocaciones empresariales.
Se impuso la sugestión y el poder de las nuevas máqui-
nas capaces de crear nuevos bienes, de dividir entre diez,
cien o mil los tiempos de producción y, por lo mismo, de
masificar el mundo del trabajo: la pericia artesanal perdió
una buena parte de su valor hasta el punto de que, en múlti-
ples ocasiones, producían a la par un niño y un veterano
trabajador.
Todo ello, claro está, proporcionó rápidos y elevados
beneficios para unos pocos y miseria sin paliativos para
123
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
muchas familias: al empresario emprendedor sucede el
propietario que se regodea no en lo que proyecta o hace
sino en lo que “tiene y puede tener”. En su conciencia que-
da poco espacio para la preocupación por cuantos
alimentan su fortuna.
Frente a los abusos del acaparamiento sin medida y del
beneficio a cortísimo plazo y sin contrapartida “social”,
surgieron fabricantes de sueños que presentaban remedios
aun peores que la enfermedad: “que los opresores se
conviertan en oprimidos” (Lenin).
La toma del “Palacio de Invierno” (octubre 1917) fue‚á
el pistoletazo de salida para estrangular a la tímida y muy
desorientada Libertad: odio a muerte a la iniciativa empre-
sarial, abajo la responsabilidad personal; considerado en
sí mismo, un hombre no es nada; el movimiento de masa lo
es todo; la sociedad entera es un rebaño en el que las ove-
jas pueden devorar a los pastores; el odio entre unos y
otros es el soporte básico del futuro: era el materialismo
(la ausencia de esperanza y de libertad responsabilizante)
llevado a sus últimas consecuencias.
La experiencia soviética despertó fiebre de homologa-
ción en los “movimientos proletarios” de todo el Mundo:
una buena parte de los núcleos revolucionarios vieron un
ejemplo a seguir en la trayectoria bolchevique.
En buen estratega y con poderosos medios a su alcance,
Lenin vio enseguida la ocasión de capitalizar esa fiebre de
homologación sobre la base de una infraestructura buro-
crática y doctrinal promovida y desarrollada desde el
Kremlin. Ello implicó una jerarquía de funciones y una
ortodoxia que pronto fue aceptada como “marxista-leni-
nista”: inamovible rigidez de los principios del “Materia-
lismo Dialéctico”, del carácter “positivo” de la “lucha de
clases”, de la justicia inmanente a la “Dictadura del Prole-
124
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
tariado”, de la inmediata y feliz resolución de la Historia
en fidelísimo eco de las consignas soviéticas...
El “Marxismo-leninismo” sirvió de base espiritual al
imperialismo (Capitalismo de Estado fue llamado) que
Lenin y su entorno se propusieron impartir: consolidado el
poder bolchevique en el antiguo imperio zarista, urgía es-
tablecer la “Unión Mundial de Repúblicas Soviéticas”: la
fuerza de cohesión estaría representada por la fe universal
en una verdad absoluta según la inequívoca presentación
del nuevo jerarca de todas las Rusias.
Esa “verdad absoluta” era doctrina y era estrategia de
lucha: como doctrina requería un ejército de exégetas
(“obreros del pensamiento”) que, siguiendo la batuta de
los oráculos oficiales, interpretara todas las conclusiones
de la moderna Ciencia a la luz de las mil veces proclama-
da autosuficiencia de la Materia y de su incidencia sobre la
imparable colectivización del género humano, movido
esta vez por el exclusivo afán de romper con cualquier
especie de responsabilidad personal.
Como estrategia de lucha, el “marxismo-leninismo” re-
quería el uso de adecuados medios de propaganda para la
capitalización de todas las miserias sociales, que, según
ellos, acabarían desterradas en razón de la implantación de
nuevos medios y modos de producción bajos los auspicios
del “Capitalismo de Estado” que habría de surgir tras el
triunfo de los bolcheviques. Para la proyección universal
de tal triunfo buena era la aplicación de una buena parte de
los recursos materiales y humanos de la Unión Soviética;
soporte de la organización, una monolítica burocracia que
canalizara ciegas obediencias, una vez reducidos al míni-
mo todos los posibles desviacionismos o críticas a las
directrices de la “Vanguardia del Proletariado”, “Soviet
Supremo” o voluntad del autócrata de turno...
125
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Aunque todo eso pertenece ya al pasado, del foco de
atropellos y de sueños, que fue la Unión Soviética, quedan
no pocos reflejos que llegan incluso hasta los países más
prósperos y libres: cualquier ideología, que basa su fuerza
en la neutralización de la conciencia personal, reniega, a
duras penas, del “Capitalismo de Estado”, de la “burocra-
cia del pesebre” o de la inhibición respecto a los proble-
mas del Otro: sigue cómodamente refugiado en el
TOTUM REVOLUTUM de la conciencia colectiva.
Ya tenemos ocasión de reflexionar serenamente sobre el
alcance de aquel “Capitalismo de Estado” que entronizara
Lenin, sobre la Oligarquía Fascista, en que Mussolini cifró
todas sus esperanzas para convertirse en ombligo del mun-
do, o sobre las atrocidades de la experiencia hitleriana:
fueron evidentes engendros de un capitalismo sin libertad.
Todos esos “hijos bastardos del capitalismos”, de trau-
mática pero fugaz trayectoria histórica, contaban con un
denominador común: la previa neutralización de esa con-
ciencia personal en que nace y se desarrolla el precioso
don de la Libertad Responsabilizante
8. LA DESPERSONALIZACIÓN, DESTACADA
IDEOLOGÍA REVOLUCIONARIA
Durante los tres primeros cuartos del siglo XX, la fuer-
za de la estadística (en la época, se habla de que más de la
mitad de la Humanidad es marxista) impuso en los medios
académicos más influyentes de Europa una abierta devo-
ción por la herencia intelectual de Marx (a su vez, herede-
ro del racionalismo cartesiano a través de Hegel). Los más
126
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
desta-cados siguen muy dentro de lo que, en contraposi-
ción de la REFLEXION REALISTA, podemos llamar
subjetivismo idealista, cuyo precedente principal, lo sabe-
mos muy bien, es el egocentrismo racionalista que predi-
cara el burgués Descartes (burgués porque se veía a sí
mismo como principio).
Son muchos los celebrados pensadores marxistas de es-
tos primeros tres cuartos de siglo. De entre todos ellos, ele-
gimos a tres (Sartre, Garaudy y Marcuse) que representan
otras tantas corrientes académicas. Estas corrientes, aun-
que irreconciliables entre sí, estaban y siguen animadas (el
marxismo intelectual será el último en desaparecer) por la
común obsesión de desligar al hombre de responsabilidad
personal frente a su propia historia. Con ello se propone
una palmaria regresión a niveles de irracionalidad (la ra-
zón es un lujo estéril si no promueve la personalización) a
la par que se incurre en una falta de respeto a la más
elemental realidad: he nacido como ser con una precisa e
intransferible responsabilidad.
Pasemos, pues, al somero recuerdo de estos influyentes
pensadores cuales son reconocidos Sartre, Garaudy y
Marcuse.
SARTRE
Según propia confesión, la introducción de Juan Pablo
Sartre en el mundo de la intelectualidad obedeció a una
abierta inclinación por el subjetivismo idealista: “el acto
de la imaginación, dice, es un acto mágico: es un conjuro
destinado a hacer aparecer las cosas que se desea”. Ya sé
que es ahí en donde radica la vena poética; pero es que, en
la obra de Sartre poesía y reflexión sistematizada (lo que
hoy se entiende por filosofía) vienen indisolublemente
unidas. En Sartre, como en ningún otro, toma cuerpo
aquello de “sic volo, sic iubeo”.
127
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Se acerca a Marx en la valoración de la dialéctica de He-
gel. Hilvana con Hegel a través de Heidegger y Husserl,
quienes aplican la dialéctica a una pretendida confluencia
del Ser y de la Nada en el campo de la fenomenología y se-
gún “la pura intuición del yo” (es decir, según un apasio-
nado idealismo subjetivo). Para un estudioso de Sartre
como Stumpf tal significa: “El yo puro, contemplado en la
pura intuición del yo, evoca con demasiada fuerza el nir-
vana de los ascetas indios, quienes, absortos e inmóviles,
contemplan su ombligo... Nuestra mirada se hunde en lo
obscurio, en la absoluta nada”.
Es, como vemos, la continuación del afán que provo-
cara Hegel: edificar la ciencia del saber partiendo de
cero en el sentido más literal es decir, dando poder crea-
dor a la Nada, lo que, según ello y en magistral disparate
del idealismo subjetivo, resultará infinitamente más
consistente que el Ser.
Sartre es más discurseador que sistematizador. Es el di-
vulgador principal del existencialismo ateo al que presen-
ta como reacción materialista contra la “metafísica del
Ser”, que arrancara en Aristóteles y fuera defendida por el
Realismo tomista.
“La existencia precede a la esencia” o, lo que es igual,
existiendo es como uno se encuentra con el propio ser;
pero si, al menos, una perte del ser ya estaba allí.... ¿qué
sentido tiene eso de “primero existir y luego ser”, algo que
nos aproxima a la invencion hegeliana de que lo racional
se impone sobre lo real?
Sartre sale al paso de esta seria objeción con un cúmulo
de teorías sobre el “en sí” y del “para sí, del “yo que se in-
tuye a sí mismo” y “del infierno de los otros”: el “en sí”
será el “ente”, lo más sólido e inmutable del Yo; el “para
sí” aunque sea, de hecho, una pura indeterminación, habrá
de ser aceptado como la expresión de la libertad, una fa-
128
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
cultad que se siente, pero que no se razona. El “para sí” es,
según Sartre, una extraña fuerza que coincide con la Nada
tomada como absoluto y en su sen tido más literal (le
Neant), fenómeno que, repitiendo a Hegel, “se expresa”
como oposición a “lo que existe” y abre la única
posibilidad de “definir al ser”.
A tenor de ello, Sartre proclama que la Nada anida en el
hombre como “un gusano” o “un pequeño mar”. “Invadi-
do por la Nada”, el hombre encuentra en ella no una figura
sino la fuerza creadora.
Tales conclusiones, que ignoran los más elementales
principios del razonamiento (lo que no es no puede ser por
el simple efecto de una figura literaria) serían inadmisi-
bles en cualquier reflexión mínimamente rigurosa; ello no
obstante, tuvieron y tienen su audiencia merced a la sober-
bia retórica academicista en que vienen envueltos. La ob-
servación que dicta el sentido común sobre la perogrullada
de que ALGO INVADIDO POR LA NADA ES NADA no
arredra a Sartre, quien porfiará sobre el hecho de que es
ahí precisamente adonde quiere llegar como referencia in-
cuestionable para demostrar que la vida humana,
cualquier vida humana, es radicalmente inútil.
En Heidegger, el supuesto de la inutilidad de la propia
vida se tradujo en “Angustia”; para Sartre la angustia del
“ser que sabe que no es” se llama “Náusea”. Con eso de la
“Náusea” pretende abrir nuevos caminos de inspiración a
la juventud “contestataria” de la posguerra.
Reconozcamos que la producción intelectual de Sartre
es coherente con la corriente en que imaginación se con-
funde con razón, ambas se dejan guiar por el capricho o
deseo de redefinir el Absoluto, para, al fin, chocar irremi-
siblemente contra la insobornable realidad: si para un im-
penitente idealista como Hegel, lo real encuentra su
justificación únicamente como “oposición” a lo ideal
129
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
(probablemente irreal, en cuanto pensado o imaginado),
similar fundamentación asume Sartre para sus teorías: es
la “nihilización” o reducción a la Nada lo que da
significación a la vida e historia del hombre.
Pero, cuando conviene a su propósito, Sartre se distan-
cia de Hegel: desde muy distinta óptica que Kierkegard,
Sartre coincide con Marx (y, esta vez, con el sentido co-
mún) cuando, refiriéndose a Hegel, afirma: “no es posible
reducir el Ser al puro y simple saber”.
Sartre abraza el “materialismo histórico” marxista des-
de lo que él llama un “racionalismo dialéctico y riguroso”.
A ello se refiere en una carta a Garaudy:
“El marxismo, dice, me fue ganando poco a poco al
modo de pensar riguroso y dialéctico, cuando hace ya
veinte años (en torno a 1.940) me estaba extraviando en
el obscurantismo del no-saber”. Lo acepta “por la fuerza
de sus resortes internos y no por la excelencia de su filo-
sofía”.
Pero no es el de Sartre un marxismo “ortodoxo”. Tal
como nos explica. “entiende por marxismo al Materialis-
mo Histórico, que supone una dialéctica interna de la His-
toria y no al Materialismo Dialéctico, si es esto esa
ensoñación metafísica que creará descubrir una dialéctica
de la Naturaleza: aunque esta dialectica de la naturaleza
pudiera existir, aun no nos ha ofrecido el mínimo indicio
de prueba”
“Si el materialismo dialéctico, dice tambien Sartre,
se reduce a una simple composición literaria, produc-
to del artificio y de la pereza sobre las ciencias físi-
co-químicas y biolégicas, el materialismo histórico,
en cambio, es el método constructivo y reconstructi-
vo, que permite concebir a la historia humana como
una totalización en curso”.
130
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Desde tal posición, acusada de atrevidamente revisio-
nista, Sartre dogmatiza: “El existencialismo ateo se man-
tiene porque el marxismo no es una ciencia exacta” . Ello
no quiere decir que se haya de revisar: “El marxismo no es
una doctrina a revisar; es una tarea histórica a realizar”.
Por eso, sigue dogmatizando Sartre, “el pensamiento exis-
tencialista, en tanto que se reconoce marxista, es decir, en
tanto que no ignora su enraizamiento en el Materialismo
Histórico, resulta el único proyecto marxista a la vez
coherente y realizable”.
Este peculiar e ideal producto marxista-existencialista,
propugnado por Sartre, será un ateismo militante capaz de
hacer a la especie humana dueña de su propio destino por
los caminos de la “razón dialéctica” o proceso de
“nihilización constructiva”.
De hecho, lo que propugna Sartre es aplicar la autoridad
moral de Marx tanto a la gratuita ridiculización de cual-
quier mínimo rastro de fé en un Dios providente y liberta-
dor como a la radicalización de una lucha de clases que,
para Sartre, debe sacudir su “progresivo
aburguesamiento”.
GARAUDY
En sus primeros tiempos de intelectual influyente, Ga-
raudy trazaba una línea directa entre Jesús de Nazareth y
Carlos Marx, “quien nos ha demostrado cómo se puede
cambiar el mundo”.
Roger Garaudy (nacido en 1.913), hasta 1.970 era con-
siderado el más destacado intelectual del Partido Comu-
nista Francés.
Aunque nacido de padres agnósticos, desde muy niño,
sintió viva preocupación por el problema religioso: tiene
cataorce años cuando se hace bautizar y se aficiona a la
131
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Teología que estudia en Estrasburgo; dedica especial aten-
ción a la obra de Kierkegard, padre del “existencialismo
cristiano” y a Barth, inspirador de la “Teología Dialécti-
ca”, según la cual Dios es “El totalmente Otro”.
Tales influencias se dejaron sentir en la posterior mili-
tancia comunista de Garaudy: el punto fuerte de su crítica
a la Religión será la acusación de que está desligada del
mundo, aunque el halo de sacrificado amor que inspira in-
funda un remedo de “socialismo” a los cristianos.
Es a los veinte años cuando Garaudy se afilia al P.C.F.
Pronto destaca por su inteligencia despierta, amplia for-
mación teórica y ambición. Perseguido por los alemanes
(sufre dos años de cárcel), logra situarse en Argelia, desde
donde dirige el semana rio “Liberté” y programas de radio
hacia la “Francia Ocupada”. Ya terminada la Guerra, es
nombrado miembro del Comité Central del Partido Co-
munista Francés, elegido diputado y escuchado como
miembro destacado en todos los congresos. Pasa una larga
temporada en Moscú, regresa a Francia, es de nuevo
elegido diputado y llega a vicepresidente de la Asamblea
Francesa (1.956-58).
Su creación del “Centre d’Etudes et de Recherches
Marxistes”, su destacada participación en los “Cahiers du
Communisme”, sus numerosas publicaciones y, sobre
todo, la orientación que imprime a la celebración anual de
la “Semaine de la pensée marxiste” hacen de Garaudy uno
de los más escuchados pensadores marxistas europeos
durante no menos de veinte años.
El “mayo francés” de 1.968 fue un revulsivo para el
P.C.F. el cual, prácticamente y en razón de la influencia de
intelectuales como Garaudy, se mantuvo al margen de las
revueltas estudiantiles. A raíz de ello, se decantan posicio-
nes y Garaudy es apartado progresivamente de los
círculos de influencia del Partido.
132
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Garaudy ya no acepta la disciplina que proviene de
Moscú y se permite criticar la “restauración del stalinismo
evidenciado en la intervención criminal contra
Checoslovaquia”.
La definitiva separación de los órganos de decisión del
P.C.F. se materializa cuanto su “politburó” reprocha for-
malmente a Garaudy su “renuncia a la lucha de clases”, su
“rechazo a los principios leninistas del P.C.F.”, su “crítica
abierta e inadmisible a la Unión Soviética” e. incluso. su
“pretendida revisión de los principios del Materialismo
Histórico” (Dic. 1.969). Sigue una guerra de comunicados
según la cual Garaudy es acusado de entrar en connivencia
con la Iglesia Católica, de adulterar los principios del
“Materialismo Dialéctico”, de “atacar al centralismo de-
mocrático del Partido”, de “intentar convertir los órganos
decisorios en un club de charlatanes incansables” (Fa-
jon)... Al final, en mayo de 1,970, Garaudy es expulsado
del Partido que, hasta el último momento, él se resistía a
abandonar.
A partir de entonces y hasta su conversión a la religión
musulmana, Garaudy hace la guerra por su cuenta en el
propósito de crear “un nuevo bloque histórico”, que ha-
brán de constituir trabajadores, estudiantes, técnicos, ar-
tistas, intelectuales y, sobre todo, “católicos preocupados
por la cuestión social”.
“Hermano cristiano, dice a estos últimos, te hemos
aclarado la actitud de los marxistas respecto a la religión.
como materialistas y ateos que somos, te tendemos leal-
mente la mano, sin ocultarte nada de nuestra doctrina por
que todos nosotros, creyentes o ateos, padecemos la mis-
ma miseria, somos esclavizados por los mismos tiranos,
nos sublevamos contra las mismas injusticias y anhela-
mos la misma felicidad” (repárese en lo paternalista del
mensaje lanzado desde una, pretendidamente, más "cer-
tera" perspectiva intelectual).
133
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Cuando vienen las magistrales precisiones de la “Pa-
cem in terris” de Juan XXIII, Garuady ve la ocasión de
profundizar en su política de la mano tendida y llega a ase-
gurar que el Marxismo sería una pobre doctrina si en él no
tuvieran cabida, junto con las obras de Pablo, Agustín,
Teresa de Avila, Pascal, Claudel... valores como “el senti-
do cristiano de la trascendencia y del amor”. Ello hace
pensar que, durante unos años, el secreto deseo de Ga-
raudy es prestar su sello personal a una doctrina que resul-
taría de la síntesis entre el Cristianismo y el Marxismo,
algo así como un humanismo moralmente cristiano y me-
tafísicamente marxista (ateo) sobre la base de que la Mate-
ria es autosuficiente de que el Marxismo con su doctrina
de la lucha de clases es la panacea de la Ciencia y del
Progreso.
Paro hay algo más en la obsesión revisionista de Ga-
raudy; capitalizar la audiencia que logra entre los jóvenes
el existencialismo sartriano, al que reprocha su escasa pro-
fundización en el estudio de las “cuatro fundamentales le-
yes dialécticas” (que actualizara Stalin, no hay que
olvidarlo). Porque, tal como ha querido hacer ver, la doc-
trina de Marx es una especie de cajón de sastre en que cabe
lo último del pensamiento:
“No consideramos, dice, la doctrina de Marx de nin-
gún modo como algo cerrado e intocable; al contrario, es-
tamos convencidos de que, solamente, ha suministrado
los fundamentos de la Ciencia, que los socialistas han de
desarrollar en todos los aspectos”.
Ahora, Garaudy dice haber encontrado su camino en la
fidelidad a la doctrina de Mahoma.
134
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
MARCUSE
Heriberto Marcuse (1898-1979), judío alemán al igual
que Marx y Freud), llega al marxismo por similar camino
que Sartre: A través de Heidegger, se acerca a Hegel, en
cuya estela encuentra a los marxistas radicales de la primi-
tiva social democracia alemana.
La dictadura de Hitler forzó a Marcuse a emigrar a Esta-
dos Unidos, en donde se afincó definitivamente.
La producción intelectual de Marcuse quiere ser una
síntesis de los legados de Hegel, Marx y Freud.
Marcuse ha ligado a Marx con Freud gracias a las ense-
ñanzas de otro judío alemán, W.Reich, médico sicoanalis-
ta empeñado en demostrar el “absoluto paralelismo” entre
la lucha de clases y la sublimación sexual:
“Aunque es ncesario, decía Reich, acabar con la repre-
sión sexual de forma que se despliegue todo el potencial
biológico del hombre, solamente en la sociedad sin cla-
ses, podrá existir el hombre nuevo, libre de cualquier
sublimación”.
Reich había venido a Estados Unidos pór “escapar de
una doble incomprensión”: de una parte, el Partido le acu-
saba de obseso sexual mientras que, en los círculos freu-
dianos, no se entendía muy bien esa relación entre las
luchas políticas y el sicoanálisis. Ya en Estados Unidos,
Reich sigue cultivando su obsesión por la “síntesis entre
la lucha de clases y la sublimación represiva”. Apoya su
tesis en el descubrimiento de la “Orgonterapia”, el “des-
cubrimiento científico más importante de los tiempos mo-
dernos”, capaz, asegura Reich, de curar el cáncer gracias a
la aplicación del “orgón” o “mónada sexual”.
Los extraños “tratamientos terapéuticos” de Reich lla-
maron la atención de la policía americana, quien descu-
135
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
brió que las pretendidas clínicas eran auténticos
prostíbulos. Reich murió en la cárcel.Había escrito dos li-
bros que hicieron particular mella en Marcuse: “Análisis
del Carácter” y “La Función del Orgasmo”.
La “sociedad industrial avanzada” de Estados Unidos es
otro de los fénomenos presentes en la obra de Marcuses,
como tambien lo es un crudo “pesimismo existencial”, po-
siblemente, hijo del resentimiento.
Desde ese conglomerado de influencias y vivencias per-
sonales nació la doctrina marcusiana de la “Gran Negati-
va”, del “Hombre Unidimensional” (sometido al instinto
como única fuerza determinante de su comportamiento) y
de la “Desublimación”, títulos en que se apoya la relevan-
cia que le concede la “New Left” o Nueva Izquierda. Es
éste un producto marcusiano presente de los movimientos
de protesta de los señoritos insatisfechos, en el “mayo
francés del 68”, en las reivindicaciones de algunos grupos
de marginados y, también, en muchas de las ligas
abortistas o de “liberación sexual”.
Marcuse es aceptado como una especie de profeta de la
“protesta por que sí”, algo que, en cada momento, adopta-
rá la forma que requieran las circunstancias: demagogia
de salón, crítica académica, revuelta callejera... o simple
afán de destrucción. Con Marcuse se deja atrás el camino
de Utopía: se persigue “un más allá de la Utopía”.
Para Marcuse la solución mágica a los problemas de la
época parte de una “sublimación no represiva”, elemental
“evidencia de la verdadera civilización la cual, como ya
decía Baudelaire, no está ni en el gas ni en el vapor, ni en
las mesas que giran: se encuentra en la progresiva
desaparición del pecado original”.
Para Marcuse el camino que ha de llevar a tal civiliza-
ción se expresa en el enfrentamiento dialéctico entre el
136
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Eros freudiano (simplemente deseo y culminación sexual)
y Thanatos, el genio griego de la muerte. Eros y Thanatos
son fuerzas que llegarán a la “síntesis” o equilibrio en la
solución final.
Es en esa solución final en donde encontrarán su culmi-
nación los mitos de Orfeo, pacificador de las fuerzas de la
Naturaleza, y de Prometeo, esa marxiana expresión de
“odio a los dioses”. En esa solución final, como no era
para menos, habrá desaparecido la lucha de clases, la an-
gustia sexual y, gracias a todo ello, se habrá logrado
“la transformación del dolor (trabajo) en juego y de la
productividad represiva en productividad libre. Es una
transformación que habrá venido precedida por la victo-
ria sobre la necesidad gracias al pleno desarrollo de los
factores determinantes de la nueva civilización”
Tal constituye la tesis central de un libro que ha logrado
amplísima difusión: “Eros y Civilización”. En tal libro y
por la técnica de las antinomias, tan caras a Hegel y a
Marx, se hace eco tanto de la corriente más utópica del
marxismo como de la euforia erótica de una “juventud
liberada”.
Seis años después de la publicación de “Eros y la Civili-
zación” Marcuse parece estar de vuelta de su rosado opti-
mismo y, coincidiendo con el inicio de su decrepitud
(cuenta 63 años), escribe:
“Los acontecimientos de los últimos años prohíben
todo optimismo. Las posibilidades inmensas de la civili-
zación industrial avanzada se movilizan más y más con-
tra la utilización racional de sus propios recursos, contra
la pacificación de la existencia humana”.
En ese tiempo Marcuse ha estudiado al Marxismo So-
viético y “comprobado” que, más que suceder al Capitalis-
mo, “coexiste con él”. Critica el que se haya mutilado la
“acción espontánea de las masas” hasta sustituir la antigua
137
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
dominación burguesa por otra en la que el Proletariado si-
gue alienado, esta vez por estructuras burocráticas todopo-
derosas, mientras que la difusión del pensamiento
marxista se ha convertido en una especie de palabrería va-
cía. Protesta de cómo en la Unión soviética se utilizan los
mismos trucos publicitarios que en las sociedades indus-
triales avanzadas, éstas para hacer entrar por los ojos pro-
ductos superfluos y aquellas para obligar a digerir la
primacía del poder espiritual del Comité Central, la admi-
ración bobalicona por el poderío bélico, la cerrazón
intelectual o el servicio incondicional a los caprichos de la
burocracia en el poder.
Pero lo que Marcuse critica más acerbamente en el Mar-
xismo Soviético es la forzada identificación entre la
“fuerza del estado soviético y el progreso del socialismo”,
lo que significa el progresivo anonadamiento de los ciuda-
danos y, también, la muerte del materialismo naturalista y
el torpe uso de la Dialéctica, punto de partida de la “filoso-
fía negativa” a la que, desde ahora, dice servir Marcuse.
La crítica que Marcuse hace al Marxismo Soviético, crí-
tica extensible a cualquier otra aplicación política del mar-
xismo, es una crítica sentimental.
Es desgarradora su imagen del hombre “unidimensio-
nal”; pero es más la solución que le dicta su borrachera de
idealismo subjetivo en que tanta fuerza presta a la “subli-
mación represiva” y en que tanta confianza pone en el pa-
pel providencial de la espontaneidad.
Ahora el punto de mira de la crítica marcusiana está
orientado hacia una sofisticada forma de alienación llama-
da Neopositivismo o “canonización teórica de la sociedad
industrial”. Con su fobia a la socialización de las conquis-
tas materiales del progreso, Marcuse se sitúa en la direc-
ción espiritual de la generación de los señoritos
insatisfechos, líderes ocasionales de cualquier posible
138
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
grupo de marginados. Deliberadamente, Marcuse soslaya
la evidencia de que lo trágico no es poseer o soñar con po-
seer un frigorífico, ni siquiera dos o más frigorífico; es
protestar de que ese sea el objetivo fundamental de la vida,
lo que no es, ni mucho menos cierto. Una mente discursiva
como la de Marcuse, a fuer de sincero, debía reconocer el
hecho indiscutible de que se puede estar en una sociedad
de consumo sin que, por ello, uno limite su vida al estricto
papel de consumir cualquier cosa que el mercado ofrezca.
Marcuse, quien, repetimos, ha logrado una extraordina-
ria influencia entre las élites de cualquier posible revuelta,
nunca fue más allá de la primera apariencia de las cosas ni
de una superficial y sentimental apreciación de los fenó-
menos humanos. Era su preocupación fundamental la de
ser reconocido como “maestro de la juventud”: “Me siento
hegeliano, dice, y mi más ferviente deseo es ejercer sobre
la juventud una influencia similar a la que, en su tiempo,
ejerció Guillermo Federico Hegel”.
Por ello, a tenor de las variadas orientaciones de las ape-
tencias juveniles, ora apoya esto ora aquello otro radical-
mente distinto a lo anterior.
Aunque certero en algunas de sus críticas, la réplica que
presenta suele ser un perfecto galimatías cuyo hilo con-
ductor, al menos aparentemente, parece ser su intención
de introducir el materialismo marxista y un grosero idea-
lismo de aspecto freudiano en las sociedades industriales
más avanzadas. Mezcla agudas observaciones con desor-
bitadas exageraciones y un evidente resentimiento diluido
en propuestas de exclusión, castración de inquietudes y la
crítica por la crítica.... para que sus admiradores cultivaran
una militante rebeldía siempre en guardia y contra todo.
Huye de la realidad, eso sí, por el mismo laberinto por el
que intentaron escapar sus mentores Hegel, Marx y Freud:
prestar a lo particular o contingente (una simple experien-
139
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
cia cuando no apreciación histórica) la categoría de uni-
versal. Claro que, muy probablemente, incurrió en ello sin
fe y por el único afán de “conservar una clientela”.
Y al fondo, y como hace ya cuatro siglos viene suce-
diendo frecuentemente en el tratamiento de los proble-
mas humanos, una hiriente desviación: marginar al
hombre-persona con peculiar responsabilidad de hu-
manizar su entorno para reducir todo lo humano al “co-
lectivo humano u hombre especie”, que, si n otro
asidero que los propios instintos, puede (y debe, dicen
ellos) llegar a convencerse a sí mismo de que su paso
por el mundo no tiene otro significado que el de dejarse
llevar hasta un placentero campo en el que no caben
mayores alicientes que el de pastar y retozar.
9. ENTRE COLECTIVISMOS, DEMOCRACIAS
FORMALES Y DEMOCRACIAS REALES
Aunque con declarado entronque común, hoy como
ayer, entre comunistas y socialistas hay diferencia de ma-
tices en la catalogación de los maestros y, también, en la
elección del camino hacia la “Utopía Final”: para los pri-
meros es desde el aparato del Estado y en abierta pugna
con el “Gran Capital”, para los segundos desde la “demo-
crática confrontación” política, desde las “reformas cultu-
rales” (laicismo radical) y a través de presiones fiscales y
desmedido crecimiento de la burocracia pasiva. Por de-
más, en el norte de unos y otros siempre ha estado la susti-
tución de la responsabilidad personal por la
“colectivización de conciencias”.
140
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
También a unos y a otros les acerca el magisterio de
Marx: para los comunistas como autoridad “espiritual” in-
cuestionable, para los socialistas como “pionero” de las
“grandes ideas sociales” en cuya definición hacen desta-
car a los clásicos Saint Simon o Proudhon; claro que, con
frecuencia, sus fidelidades marxistas, están sujetas a las
interpretaciones o distorsiones de “revisionistas” como
Bernstein, “pacifistas” como Jean Jaures o “activistas”
como Jorge Sorel.
Es de rigor reconocer que, en la “Sociedad Opulenta” la
reflexión “colectivista” se alimenta más de abstracciones
que de concreciones, va más orientada al mantenimiento
de las posiciones “conquistadas” que a la serena reflexión
sobre las causas de los más palmarios desequilibrios entre
personas y pueblos... vive el uso y disfrute inmediato por
encima o en lugar de una solidaria preocupación por revi-
talizar y socializar las fuentes de bienes duraderos...: de
hecho, vive ajena al marco de lo social en cuanto
conquista el Poder.
No es cierto que el voto de la mayoría justifique el ejer-
cicio de un voluntarismo desaforado: en Democracia, los
elegidos lo son para ejercer determinada responsabilidad
de administración y gracias, simplemente, a que, en deter-
minado momento, suficientes personas los han preferido a
otros... ¿razonaron tal preferencia desde un frío y desapa-
sionado análisis o, desde la perezosa tendencia al mimetis-
mo, se dejaron llevar por una corriente nacida de un
subterráneo interés respecto al cual el propio votante no
tenía (ni, probablemente, tenga nunca) la menor idea?
El elegido lo es, fundamentalmente, para servir al elec-
tor. Este último no siempre acierta, lo que, en definitiva
obliga más que exculpa al elegido, esencialmente intere-
sado en perseguir sus subterráneos intereses.
141
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Obviamente, cuando pensamos en Democracia nos re-
ferimos a una “democracia de hecho” y se descartan,las
oligarquías, las “democracias populares”, las del partído
único, las fundamentalistas, etc, etc... hayan sido o no pro-
ducto de una más o menos amañada consulta popular.
Deseable consecuencia de una “menos mala democra-
cia” es el control del grupo dominante, corruptible en fun-
ción del poder que ejerce (sobre todo si, de entrada,
reniega de claras referencias a la Moral del Compromiso),
por parte de la mayoría de los ciudadanos, a los que el nú-
mero, en cierta forma, inmuniza de la corrupción: una re-
serva de agua cuanto más abundante mejor conserva su
pureza original, habría dicho Aristóteles. De ello se ali-
menta una más humana economía, el progreso material y
la equidad.
Esa eventualidad, positivo fruto de algunas democra-
cias, parece la mejor vacuna contra la tiranía, el peor de los
males sociales y del que, desgraciadamente, no están li-
bres muchas “formales” democracias (recuérdese el no tan
lejano caso de la República de Weimar, la cual, “democrá-
ticamente”, derivó en el fatídico III Reich).
El “preventivo” control por parte de la mayoría de ciu-
dadanos está perennemente amenazado tanto por las técni-
cas de sugestión de masas, que tan diestramente manejan
algunos políticos, como por los rutinarios hábitos de la
“ciudad alegre y confiada”.
En el trasfondo de esa falta de control y consecuente
atrofia del Progreso en todos los órdenes caben no pocas
responsabilidades, empezando por la responsabilidad de
los “tres poderes”, que, cuando no emanan de la misma ca-
beza decisoria, resultan complementarios y reguladores
entre sí.
142
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Sus respectivas prerrogativas e independencia, reales y
no simplemente nominales, pueden y deben traducirse en
eficacia y cauce para la progresiva responsabilización del
resto de ciudadanos.
En particular, la responsabilización del Poder Ejecuti-
vo, en deseable dependencia del Poder Parlamentario o le-
gislativo y con “beligerante respeto” a las leyes, cuya
salvaguarda descansa en el Poder Judicial, debe centrarse
en la administración de las cosas y el respeto a las perso-
nas, cuya libertad, dentro de los límites de la Ley, es el más
positivo valor de la Sociedad.
Dentro de lo que llamamos colectivismo para ricos, son
muchas las tentaciones que, hacia la extralimitación, sufre
un poder ejecutivo nacido de un “corporativismo” tan efi-
cazmente servido por el fundamentalismo ideológico, (“la
Idea es válida por sus raíces de clase”), las listas cerradas y
por lo que podríamos llamar colectivización de la
responsabilidad personal.
10. CAMINOS DE SERVIDUMBRE EN LA ERA
INDUSTRIAL
Son muchos los hombres y mujeres que, refugiados en
la colectivización de sus respectivas conciencias, vuelcan
su tendencia natural a la adoración arrastrados por una o
varias de las numerosas corrientes de paganismo que han
recobrado actualidad con preferencia a las más directa-
mente orientadas a la pura y simple satisfacción animal.
Puesto que están alimentadas por la harto generalizada fie-
bre materialista, son corrientes que, con cierta colorista
singularización, gozaron y gozan de enorme audiencia. A
ese nivel de masificación, la lógica de la convivencia re-
143
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
quiere un pastor, un guía, un líder algo así como el su-
per-hombre de Nietszche, que tantos argumentos prestó a
Hitlher y sigue prestando a los tiranos que se empeñan en
desviar hacia el propio beneficio el sentido de la historia.
Todavía, aquí y ahora, son muchos los que ven en la so-
berbia soledad del héroe de Nietzsche, el “super-hombre”
Zaratustra, la grandiosidad de un “sí” a todo el poder-ser
del Hombre, “al más atrevido encuentro con la íntima
verdad del Hombre”.
Bueno está recordar que Nietzsche situaba su “verdad”
“más allá del bien y del mal”, en un mundo que él quiere
elemental: de materia y de voluntad, de carne y de sangre,
mundo en el que impone su razón el que está en situación
de atropellar y de despreciar a cuantos aceptan la moral de
la solidaridad o “moral de esclavos”.
En la voluntad de dominio encuentran los fieles de
Nietzsche la razón primordial para renegar de los viejos
valores, para situar el ansia u obsesión desesperada de po-
der por encima de la resignación, preferir la guerra a la
paz, la astucia a la prudencia... hasta que “perezcan los dé-
biles y los fracasados ante la voluntad de dominio de los
fuertes” (Anticristo).
No importa que todo ello se debata en el campo de lo
irracional, que la voluntad de dominio destruya las raices
anteriores y superiores a uno mismo, enfrentado a la fatali-
dad o condenado a flotar sobre el vacío de una autosufi-
ciencia simplemente imaginada: a Nietzsche no le importa
que el tal super hombre viva y muera como el títere de una
absurda tragedia: “solitario, sigues el camino del Creador,
quieres hacer un dios de tus siete demonios...” “Yo amo a
todo aquel que se propone crear algo superior al hombre y
sucumbe en el empeño” (Así hablaba Zaratustra).
144
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Todo ello no es ateismo: es deliberada preocupación por
introducir en el pensamiento de los hombres la presencia
de un ídolo alimentado por las más obscuras corrientes de
la historia: la idea de un hombre sin traba moral alguna y,
por lo mismo, capaz de alargar hasta el infinito los hori-
zontes de una vida radicalmente insolidaria de la suerte de
todos sus congéneres.
¡Pobre super hombre, diosecillo con pies de barro!
Otra intectualizada forma de paganismo, que sigue co-
brando fervor religioso entre no pocos contemporáneos, es
la formulada por el padre del llamado positivismo, un tal
Augusto Comte, cuya “Ley de los Tres Estados” es una li-
teral coincidencia con una célebre proclama de Feuer-
bach: “Dios fue mi primer pensamiento, la Razón el
segundo y el hombre, mi tercero y último”. Tambien aquí
se toma al hombre como especie compartiendo una sola
conciencia, solo que en distintos niveles otorgando la pla-
za de privilegio a los pro-hombres de los negocios
(oligarquía o tribu de super-hombres)
Según la “ley de los tres estados” de Comte, pasó el
hombre de la creencia en lo divino al razonamiento espe-
culativo y de aquí a la directa experiencia sobre lo positi-
vamente dado. En aventuradísima simplificación Comte
hacía coincidir el primer estado con la época medieval, el
segundo con la herencia de Descartes y el tercero con su
propia época y los siglos venideros. Pretende cerrar el
círculo haciendo coincidir su pensamiento con las supues-
tas primitivas inquietudes religiosas del hombre: el
Fetichismo o vuelco religioso hacia lo más palpable.
Punto de apoyo de tal religión es el instinto de simpatía
entre los hombres mientras que la pauta para su organiza-
ción la encuentra en el esquema jerárquico de la Iglesia
Católica, cuyo populismo ve animado por la figura de la
Virgen María, a la cual sustituirá por el objeto de un amor
145
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
platónico por el que se obsesionó en una obscura parte de
su vida, una tal Clotilde de Vaux.
Para completar los elementos clave de su revolución re-
ligiosa, Comte presenta a toda la Humanidad como Grand
Etre, convierte en casta sacerdotal a los prohombres de la
industria y de los negocios y, en peculiar remembranza
del Catolicismo, inventa nueve sacramentos y ochenta y
cuatro fiestas religiosas.
El meollo de tal revolución religiosa radica en la preten-
sión de sustituir al Dios del Amor y de la Libertad por la
Organización en función de un Orden Industrial al servi-
cio de los sumos pontífices de la Economía...(¿No era és
la principal obsesión burguesa?) ¿Sus adeptos? Cuantos
tienen algo que perder si falla el culto al “tanto tienes tan-
to vales”, lo que requiere una fé incondicional de los sim-
ples que muy bien pueden distraer sus inquitudes
religiosas con dioses, ritos y devociones pertinentemente
alimentadas con una retórica que haya sido útil a lo largo
de la historia.
“Muerto Dios”, convertido en literatura el recuerdo del
Crucificado, archivado en la trastienda de la historia el
compromiso personal con la Redención, ignorados los de-
rechos del más débil o fuera de la propia órbita, condenado
el amor por anacrónico e inmaterial.... no debe chocar que
la poderosa Superficialidad se empeñe por identificar al
Progreso con el culto al Placer, al Desprecio por la Vida, a
la Vagancia, a la Envidia, al Animal que goza y no piensa,
al Becerro de oro, a la Irresponsabilidad personal, a la
Muerte de lo genuinamente humano....
Es impropio hablar de corrientes modernas de ateismo o
de humanismo ateo: Lo que pugna por sustituir a la adora-
ción del Dios del Amor y de la Libertad es estricto paga-
nismo con sus dioses, con sus templos y sus escalas de
valores, que, si no descubren nada nuevo, al menos sinto-
146
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
nizan con la apatía y el cansancio de una sociedad
opulenta y rencorosa.
Sabemos que la vivencia de tal paganismo, a la par que
es un retroceso en la historia, castra a la vida humana de
todo sentido, incluido el utilitarista. Pero, puesto que, en
principio, es facilmente asimilable por el animal, ha con-
quistado millones de voluntades.
No importa que promocione el aburrimiento existen-
cial, el agudo pasotismo, los afincamientos en la nada o
desesperadas búsquedas de paraisos artificiales empedra-
dos por continuas y progresivas frustraciones. Tampoco
debe importar mucho que faciliten e inspiren ideologías de
segregación racial, cultural, confesional o sobre cuestio-
nes sin entronque alguno con la más palmaria realidad del
hombre (animal social y racional)... Representan, y ése es
su principal atractivo, una huida hacia abajo en que las
fantasías animales, tanto para los señores como para los
esclavos, no encontrarán otro freno que el hastío en el
refugio del “pesebre colectivo” del que todos participan.
En la poco recomendable línea del individualismo inso-
lidario de Ayn Rand (1905-1982) y Ludwig von Mises
(1881-1973), Friedrich Hayek (1899-1992), nos habló de
un “Camino de Servidumbre” que lleva del socialismo
materialista al caos nazi; aun dándole la razón en que ello
es, efectivamente un camino de servidumbre, contraria-
mente a Hayek, no creemos que la solución sea más mate-
rialismo por mucho que lo derivemos al campo de lo que
algunos de sus partidarios llaman libertad libertaria: son
intentos de huir de la realidad sin salir de un viejo paganis-
mo que niega al Hombre su dimensión espiritual. Por li-
brarnos de una servidumbre incurrimos en otra no menos
grave: la Crisis de la primera década del siglo XXI resulta
una elocuente prueba.
147
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Unas y otras son formas de paganismo farfullero y
animalizante que cortan el camino hacia la realización
personal a través de asequibles caminos de generosidad
y libertad, los mismos que encuentran los hombres y
mujeres de buena voluntad para cumplir su vocación y
reconquistar nuevas parcelas de libertad, revalorizando
así la genuina condición de co-laborador en la inaca-
bada obra de la Creación con sus proyecciones de to-
dos y para todos.
11. EL PODER DE LA TECNICA Y LOS
SERVIDORES MECÁNICOS
El Poder de la Técnica es el título de una obra de Spen-
gler, para el cual la Técnica era “el arte de aplicar la inteli-
gencia a la explotación de Otro”. En la misma línea de
razonamiento se podría definir al bisturí como el instru-
mento con se mata a todo el que se ponga por delante.
Es más certero Teilhard de Chardin cuando ve a la Téc-
nica como un “activo y evolucionante reflejo de la Noos-
fera sobre las cosas” (Noosfera o mundo ultra físico en que
confluyen el saber pensar y el saber hacer de los hombres,
de la Experimentación y de la Historia).
Porque es hija de la sabiduría humana, de la experiencia
y de la historia, la Técnica, de generación en generación,
obra sobre acontecimientos y cosas como un experto y ac-
tivo Caudal de Pensamiento. Los grandes descubrimien-
tos, las grandes conquistas de la Ciencia, han sido posibles
por sus raíces en el pasado: hay todo un cúmulo de postu-
148
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
lados, fórmulas, herramientas, teorías, premoniciones...
previas al acontecimiento y que han entrado en la motiva-
ción, formación y acción del héroe protagonista. Ello ha
sido evidente en todas las ramas del humano saber o
descubrir, desde los grandes viajes a la complejísima
elaboración de un chip.
Es el momento de proclamar que la principal función de
algo tan específicamente humano cual es la Técnica, capaz
de amaestrar a las fuerzas naturales, ofrece la cobertura de
las más perentorias necesidades de todas y de cada una de
las personas que pueblan el Planeta.
Toda la parafernalia en torno a la Técnica actual es un
monumento al sarcasmo si, sirviendo para calmar el ham-
bre y la sed de todos los habitantes inteligentes del planeta,
se aplica a fortalecer las históricas desigualdades entre
personas y pueblos cuando no a herir sin remedio a la pre-
visora Tierra. Es evidente que la Tierra y la Técnica dan de
sí lo suficiente para que las palmarias e insultantes caren-
cias de la actualidad desaparezcan. Estoy, pues, obligado a
reordenar mis ideas sobre cuanto yo necesito, que no pue-
de ser más de lo que tú necesitas. Desde este punto estoy
obligado a reflexionar sobre todo lo que yo, con determi-
nadas facultades y medios “heredados”, puedo hacer para
que la Tierra y la Técnica evidencien su prodigalidad y la
distribución de bienes resulte más equitativa.
Son muchos los que piensan que el camino de la Evolu-
ción ha llegado a su cenit. Que las cosas son como son y
que estamos en el mejor de los mundos posibles por los si-
glos de los siglos. Que la Justicia social no depende de mi
propia capacidad de entrega, de mi trabajo, de mi voluntad
de compartir....
No permitas que caiga en esa trampa: hay mucho por
hacer y de ese mucho por hacer hay una parte que depende
de mí, hoy muy pequeño en relación con lo grande que
149
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
puedo ser. ¿No será que yo mismo he de ser promotor de
mi propia evolución y que ésta resultará tanto más segura
cuanto más me ocupe en resolver tus carencias?
Para resolver tus carencias tengo que potenciar lo perso-
nal (he de ser lo que puedo ser) y volcarlo hacia lo social
(compartir en lugar de acaparar). Y resultará que la más
segura forma para conquistar sucesivas etapas de mi parti-
cular “más-ser” es ser útil a los demás desde la progresiva
aplicación de mis facultades personales a la racional ex-
plotación de los medios materiales que la historia y mi par-
ticular circunstancia han situado bajo mi responsabilidad.
Sea, pues, pobre o rico, grande o pequeño, culto o incul-
to, blanco o de color... a mi alcance habrá siempre una oca-
sión y una forma de ser más útil a los demás. Ello hace que
mi ser y mi capacidad de acción, por muy pequeños que
sean, resulten un punto más de apoyo a la prosperidad y ar-
monía universal. Tanto mejor si mi voluntad y saber hacer
sintonizan plenamente con los poderosos medios materia-
les del momento: todo eso que engloba la Técnica.
Nunca, como ahora, han estado disponibles las adecua-
das soluciones a no pocos de los grandes problemas que ha
sufrido y sufre la Humanidad: sea para combatir gravísi-
mas enfermedades, erradicar el hambre o acortar
distancias entre los pueblos.
Ya se ha llegado a la identificación de una buena parte
de los “enemigos invisibles” de la Salud; ya es posible dar
la vuelta al Mundo en pocas horas, la comunicación ins-
tantánea entre los países más alejados, colonizar una bue-
na parte del litoral marítimo, fecundizar amplias
superficies de desierto o multiplicar por diez la
producción ganadera...
Crimen de lesa humanidad es cortar vuelos a la máqui-
na productiva. Otra cosa es que, al amparo de la más pro-
150
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
gresiva ciencia, los directores de orquesta orienten
proyectos y voluntades hacia donde las carencias resulten
má ás evidentes. Se abren así nuevos campos en que desa-
rrollar las conquistas del Trabajo y de la Técnica, lo que,
sin duda, pronto arrastrará motivantes beneficios para
inversores y protagonistas.
Para que se multipliquen en la medida de lo necesario
las perentorias soluciones que reclaman las circunstancias
bueno será que cuantos tienen poder para ello se apliquen
a establecer las bases de una mayor “sincronización”
(acuerdo en el tiempo y en el espacio) entre las virtualida-
des de la Tierra y la capacidad de iniciativa y de acción del
Hombre.
La Tierra y su puente con lo Universal, el Hombre. La
Tierra madre, despensa y desafío. El Hombre, protagonis-
ta del Trabajo solidario y creador y, como tal, padre y
usuario de unos modos y medios de producción al servicio
de la Suficiencia.
GÉNESIS DE LA MODERNA TECNOLOGIA
La “divina geometrización”, de que hablara Kepler y
que privó en Europa durante el siglo XVIII, correspondía
a una creencia de Galileo: la de que la Naturaleza se rige
por leyes matemáticas cuya traducción a fórmulas mane-
jables es simple cuestión de tiempo.
Tal posicionamiento favoreció la profundización tanto
en las matemáticas abstractas como en la física teórica,
punto de apoyo para el vertiginoso progreso científico de
épocas posteriores. No faltó quien prefirió la comodidad
de la precipitada simplificación y, desde una teoría cientí-
fica verosímil, aunque no demostrada, se dedicó a elabo-
rar sistemas y contrasistemas pretendidamente apoyados
en el carácter irrebatible de esa misma teoría.
151
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
En tal terreno cobraron excepcional autoridad nombres
como Hobbes, Locke y Hume, a los que se considera pre-
cursores del llamado “empirismo inglés”.
En el tal empirismo inglés se quiere hacer ver que ya no
existen verdades inmutables y eternas que habrían de regir
los apriorismos de toda construcción científica. Ni siquie-
ra se acepta el presupuesto de la Razón como cimiento de
todo ulterior discurrir: el máximo apoyo del conocimiento
es la experiencia que, para ser realmente válida, requiere
la previa destrucción de todos los prejuicios dogmáticos
(de los “ídolos de la mente”, que diría Bacón de Verulano)
y avanzar por caminos de observación, análisis y selección
de los fenómenos.
Se llega a defender que “la experiencia sensible lo es
todo” por lo que, en sí misma, incluye la base necesaria
para decidir la viabilidad de la Moral, del Derecho, de la
Religión... Y, puesto que toda experiencia es susceptible
de perfección, nada es acabado y absoluto: todo es a la
medida del hombre.
A tenor de las nuevas circunstancias, se altera la escala
de prioridades: los sentidos se colocan por encima de la
conciencia, lo útil sobre lo noble, lo particular sobre lo
universal, el tiempo sobre la eternidad, la parte sobre el
todo...
Pero tal posición teórica, insuficiente para cualquier de-
finición satisfactoria de la Realidad y, por lo tanto, puerta
abierta para el más desolador de los escepticismos, sí que
es apropiada para el estudio de los fenómenos y para las
experiencias de laboratorio: el progreso científico se man-
tiene y desarrolla en base a pasos muy medidos,
comprobados e interrelacionados.
Ejemplo de esto último nos lo da Newton para quien el
estudio científico ha de ajustarse a tres reglas principales:
“No considerar causas naturales más que aquellas que
152
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
resulten suficientes para explicar los fenómenos; la Natu-
raleza, que escatima celosamente sus energías, desecha
toda superficialidad. Para explicar los mismos efectos, en
la medida de lo posible, debemos partir de las mismas
causas. Las cualidades comunes a todos los cuerpos que
nos es dado observar directamente, pueden ser conside-
rados de carácter universal y, por lo tanto, son extensi-
bles a todos aquellos cuerpos que no nos es posible
observar de cerca”.
La Ciencia debe a Newton el descubrimiento de la
“Ley de Gravitación Universal” por que se rige la mecá-
nica del Universo. El descubrimiento del cálculo infini-
tesimal, que habrían de perfeccionar Euler, d’Alembert,
Lagrange... hasta dar paso a la mecánica analítica y geo-
metría descriptiva (Monge). Sus estudios de óptica ayu-
daron al perfeccionamiento del telescopio por parte de
Herschel, lo que, a su vez, permitió ampliar considera-
blemente el catálogo de estrellas, el descubrimiento del
planeta Urano y de nuevos satélites de Saturno (Lacai-
lle). También fue obra de Newton el descubrimiento del
carácter corpóreo de la luz...
Hay una larga serie de descubrimientos que se suceden
correlativamente en base a la aceptación de las nuevas teo-
rías y a la utilización del método de las tres reglas propug-
nado por Newton: Fahrenheit inventa el termómetro,
Lavoisier determina el calor específico de varios elemen-
tos, Wat inventa la máquina de vapor que revolucionaría
la industria, Fay Walsch, Galvani, Volta, Coulomb...
descubren insospechadas propiedades de la electricidad.
En paralelo avanzan las llamadas Ciencias Naturales:
Linneo cataloga las distintas familias animales; le sigue
Buffon, para quien “la Naturaleza trabaja de acuerdo a un
plan eterno que no abandona jamás”. Claro que desde esa
153
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
suposición el propio Buffon se atreve a dogmatizar sobre
la autosuficiencia de la Materia.
En esa pretendida autosuficiencia de la materia (“prin-
cipio y fin de todo”) se hacen fuertes los “enciclopedistas
franceses” con D’Alambert y Diderot a la cabeza.
Remedando la Enciclopedia de Chambers (1.728),
D’Alambert y Diderot invitan a Voltaire, Rousseau, Buf-
fon, Helvecio, Holbach, Condillac, Raynal... a recopilar
“todo el saber de la época”. Fue una invitación que cuajó
en la elaboración de los tres primeros volúmenes de la
Enciclopedia Francesa. A partir del cuarto volumen fue
Diderot el único redactor.
No se puede pensar que la Enciclopedia fuera una espe-
cie de conciencia del siglo: fue, más bien, la expresión de
un afán de demolición en nombre de un pretendido Natu-
ralismo en cuyo desarrollo se pretendía demostrar la inuti-
lidad del Dios Providente y de la Redención: a lo sumo, se
definía a Dios como Gerente o Arquitecto.
Surge una nueva versión del fetichismo o religión natu-
ral progresivamente divergente de la otra Religión, cuyo
protagonista es un Dios-Hombre que busca co-laborado-
res para la “amorización” de la Tierra y amigos para la
Eternidad.
Esa nueva “religión natural” decía apoyarse en la expe-
riencia administrada por la razón. El premio que ofrece es
la libertad aquí y ahora... Dice ser genuina expresión del
progreso y presenta a la Otra, a la Religión del Crucifica-
do, como ejemplo de inmovilismo y de aval de privilegios
para un grupo de parásitos que viven y gozan a la sombra
de un dios ciego y sordo a los problemas humanos...
“Es antisocial, dicen los nuevos profetas, aferrarse a la
defensa de lo ya marchito y ridiculizado por la Cien-
cia”.Son esos mismos profetas los que hablan de nuevos
154
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
mundos de libertad y prosperidad sin límites y.... sin otro
esfuerzo personal que el de aplaudirles. Dicen estar en lo
cierto dado que los que no defienden sus mismas cosas han
resultado incapaces de hacer felices a todo el mundo. Su
arma más poderosa es el viejísimo truco ya utilizado por
los sofistas: BASTA CRITICAR PARA TENER
RAZÓN.
En ese mal llamado “Siglo de las Luces” no faltaron so-
portes intelectuales del equilibrio y fortaleza necesarios
para no desvariar por los extremismos. De ello vemos un
claro ejemplo en los seguidores de Leibniz.
Godofredo Guillermo Leibniz (1.646-1.716) “fue un es-
píritu universal, interesado por todos los ramos de la cultu-
ra a su alcance, en todos los cuales se mostró activo y
creador. En la ciencia matemática descubre el cálculo di-
ferencial, en física formula la ley de conservación de la
energía, en psicología descubre el subconsciente, en teolo-
gía hace ver la activa presencia de la providencia divina,
en la ciencia económica desarrolla una larga serie de pro-
yectos prácticos para la explotación de las minas, alum-
bramiento y canalización de aguas, cultivo del campo...”
(Hirschberger) Leibniz cultiva la filosofía en su acepción
clásica, “amiga de la sabiduría” y “Theologiae ancilla”.
Como tal, se interesa por todo cuanto pueda ser útil al
Hombre, en sus dos dimensiones: la espiritual y la material
y lo hace con una perspicacia, perseverancia y sencillez
admirables.
Desde su excepcional dedicación al estudio de los pro-
blemas del hombre y de su entorno, comprende que los ex-
tremos son viciosos y dice: “He comprobado que la mayor
parte de las sectas tienen razón en una buena parte de lo
que afirman, pero ya no tanta en lo que niegan. Los forma-
listas, sean platónicos o aristotélicos, tienen razón al pre-
sentar la fuente de las causas formales y finales; ya no la
155
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
tienen al soslayar las causas eficientes y materiales... Por
otro lado, los materialistas o aquellos que no tienen en
cuenta más que una filosofía mecánica, hacen mal al dese-
char las consideraciones metafísicas y el querer explicarlo
todo por principios sensibles. Me satisface el haber capta-
do la armonía de los diferentes reinos y el haber visto que
ambas partes tienen razón a condición de que no choquen
entre sí: que todo sucede en los fenómenos naturales de un
modo mecánico y tambien de un modo metafísico (más
allá de lo experimentable en el laboratorio) pero que la
propia fuente de la mecánica está en la Metafísica” (que
lleva a la Fé en el Principio o Causa Primera).
Por consiguiente, son los científicos y pensadores, que
siguen los pasos de Leibniz, claros representantes de una
TERCERA VÍA, que persigue un Progreso en que Expe-
riencia y Reflexión, a la par que obligadas por la Realidad
a reconocer sus propias limitaciones, se hacen de más en
más certeras en cuanto se unen y complementan. Y, muy
seguramente, descubrirán el punto flaco de cuantos siste-
mas dogmatizan sobre la autosuficiencia de la Materia.
Es ésa una autosuficiencia que, en sus “Principios mate-
máticos de la Filosofía Natural”, el antes citado Newton
había puesto en tela de juicio al situar a Dios en la cúspide
de su Cosmovisión: el serio y bien hilvanado tratamiento
de los fenómenos le había llevado a la NECESIDAD DE
LA CAUSA PRIMERA, principio defendido por los gran-
des pensadores cristianos, desde Tomás de Aquino a
Teilhard de Chardin.
LOS SERVIDORES MECÁNICOS
En la jerga informática se llama servidor al soporte
principal de toda una “red de gestión”: la computadora
madre de toda una familia de “satélites, terminales y peri-
156
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
féricos”, que, cumpliendo el sueño de Aristóteles, facilitan
el que “las lanzaderas y los plectros se muevan solos” y
que, por lo tanto, “el trabajo de los esclavos pueda pasar a
la Historia”.
Hace no muchos años, eran muy pocos los que habían
captado las proyecciones prácticas de los semiconducto-
res, cuyo material de base es uno de los elementos más
abundantes en nuestro Mundo, el Silicio.
En donde, probablemente, se aprecia con más contun-
dencia el gigantesco paso que, en muy pocos años, ha dado
la Ciencia Aplicada es en una Informática al uso de nues-
tra generación con su último “globalizador” paso de Gi-
gante: la “red de redes” o Internet a través de una
“ventana” al uso de cualquier economía: la Computadora.
Aunque recién llegada, la Computadora es ya insusti-
tuible soporte físico de la viabilidad de un sinnúmero de
actividades humanas. Es la más sofisticada, la más pode-
rosa, la más limpia y la más barata de las herramientas
que ha inventado el Hombre: apoyado en las sorprenden-
tes propiedades de los semiconductores, eso que se llama
el “hardware” (lo físico, eléctrico, electrónico y mecáni-
co) es una muestra de la rápida evolución de la Tecnología
que, de forma vertiginosa, ha abaratado costos e incre-
mentado prestaciones hasta lo indecible. Paralelo ha sido
el progreso en lo que se llama “software”, o conjunto de
sistemas, órdenes y códigos (programas) que empujan,
canalizan, depuran y optimizan la información a la medida
de nuestras necesidades.
La Computadora no es inteligente (soberbia tontería eso
de la inteligencia artificial); pero en sus microscópicos re-
covecos pueden encontrarse y de hecho se encuentran infi-
nitas pruebas de la inteligencia del hombre quien, en
definitiva, puede y debe apoyarse en el artilugio con lo
voluntad de tenerle siempre en su “terreno”.
157
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Ha sido tan rápida la evolución (galopante revolu-
ción, podría ser considerada) que, diríase, a todos nos ha
cogido desprevenidos. En la práctica, son mayoría los
potenciales beneficiarios que, pegados a la anquilosada
rutina, no aciertan a subirse al tren o, en el mejor de los
casos y a duras penas, encuentran un humilde rincón en
el vagón de cola.
En rápida sucesión de aplicaciones, la tecnología del
“chip” ha desarrollado máquinas, “brazos mecánicos” y
“sensores” capaces de sustituir a los sentidos y de desarro-
llar más rápida y eficazmente una amplia serie de duros
trabajos desde remover montañas hasta dirigir un pequeña
maravilla mecánica hasta más allá de los límites del Siste-
ma Solar: gracias al conjunto de fuerza y precisión en ar-
monía con los adecuados sensores o “sentidos
artificiales”, se pueden desalinizar las aguas del mar, robar
energía eléctrica al aire, regular calor y humedad en los
invernaderos, incrementar a voluntad la producción de
carne o pescado... Son posibles realidades al servicio de la
iniciativa de los más emprendedores y generosos: son nue-
vas posibilidades de acortar distancias entre las distintas
formas de trabajo, entre las diversas situaciones de los
hombres y también entre los mundos.: inimaginadas cotas
de libertad en el desarrollo del trabajo diario.
Exageró el pobre y, posiblemente, mal intencionado
Malthus con sus previsiones catastróficas. Cierto que el
paso del hombre por la Tierra, en múltiples ocasiones, ha
dañado la capacidad previsora de la Naturaleza. Pero tam-
bién es cierto que al alcance del hombre emprendedor ya
está la solución a cualquier carencia. Es cuestión de certe-
ra sintonía entre la responsabilización de los administra-
dores, las potenciales vocaciones de los hombres y
mujeres en edad de trabajar, la amplitud y carácter de los
recursos materiales y las necesidades del Mercado.
158
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
Como acuciante desafío hoy tenemos un cúmulo de po-
derosos medios de acción que esperan ser hilvanados en
artilugios adaptables a las más variadas tareas: el justo tra-
tamiento de todas sus posibilidades será la base de esa
Tecnología Intermedia al alcance de una economía como
la española, abundante en recursos humanos, con amplios
horizontes comerciales sin explotar y con escasos recursos
financieros.
12. ESTÉRILES PRIVILEGIOS EN LA SOCIEDAD
INDUSTRIAL
Por que así entraba en los objetivos de la Creación, los
más evolucionados de los hijos de la Tierra nacieron con la
particularidad de gustar las hieles y las mieles de la liber-
tad. Eran reyes con capacidad de destruir o construir; eran
invitados al festín de la Creación sin otras galas que sus fa-
cultades personales, sea para promocionar con su callado
y diario esfuerzo la fecundidad de la tierra o virtualidad de
tal o cual herramienta, para descubrir los secretos y virtua-
lidades de las cosas o para organizar cualquier núcleo de
vida social.
Y sucede que la Tierra, gracias a la acción reflexiva y
solidaria de miles de millones de mujeres y de hombres,
cobra una nueva dimensión: cuenta con alguien que pueda
colaborar con el propio Creador en algo que ella siente ne-
cesario: su propia amorización o natural ejercicio de
complementarias responsabilidades. A caballo de la liber-
tad y de la ambición, a lo largo de las generaciones, surgen
y se consolidan los posicionamientos sociales. Desde po-
siciones de privilegio es fácil aceptar que, si lo del trabajo
159
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
es verdad, también lo es la eventualidad de sustituir el es-
fuerzo propio por el esfuerzo de los otros: si sabes utilizar
a los otros sin aplicar la máxima generosidad no necesitas
grandes esfuerzos para vivir a tope y realizar un
excepcional destino personal. Que esto último es mentira
la Historia, la Naturaleza y la Vida lo demuestran conti-
nuamente. Cualquiera de nosotros termina siendo la centé-
sima parte de lo que puede ser si se tumba a la bartola en el
divertimento o ignora el valor positivo de la solidaridad.
Otra cosa será si has tomado y tomas cada día de tu vida
como un paso más hacia una meta que tú mismo te puedes
trazar: el perseguir un MAS-SER desde tus íntimas virtua-
lidades: con absoluto realismo, eso sí, pero con una plena
conciencia de que los otros, todos los otros, tienen los mis-
mos derechos que tú y son muy capaces de prestar mayor
fecundidad a tu esfuerzo. Y no des estériles patadas al pa-
sado: deja a los muertos que entierren a sus muertos. Corre
hacia adelante con los pies bien prendidos al suelo, codo
con codo con aquellos que te necesitan y a quienes, sin
duda alguna, tú también necesitas. No dejes que se funda
tu personalidad en la masa de los que te rodean: Si eres ca-
paz de sacarle el máximo partido a tu circunstancia (las co-
sas y personas próximas a ti), podrás, cordialmente,
asumir el compromiso de apurar al máximo la irrepetible
aventura de tu propia vida.
En el camino, procurarás distanciarte de los que se con-
sideran exclusivos beneficiarios del patrimonio común y
acercarte a los que más te necesitan; algunos de estos últi-
mos viven como animales resignados... si reparas lo sufi-
ciente, en cualquiera de ellos encontrarás su particular
resorte para la acción y la reflexión. Y te sentirás obligado
a reconocerles iguales a ti en dignidad natural en un hilván
de complementarias funciones y responsabilidades.
160
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
13. EL DESAFÍO DE LOS DESHEREDADOS
En la economía de los países desarrollados se echan en
falta dos muy asequibles canales de expansión: El primero
a partir de la reorientación de los recursos disponibles y
potenciales en línea con la actualidad tecnológica; el se-
gundo en base a una muy posible “marshallización” del
ámbito comercial: Aplicar las fantásticas virtualidades de
los semiconductores a la promoción de las Tecnologías
Intermedias (de fácil y económica aplicación a la pequeña
industria, a la agricultura, a la ganadería, a las piscifacto-
rías, a los servicios) e iniciar con los países “en vías de de-
sarrollo” una innovadora política comercial con objetivos
a medio y largo plazo. (¿Qué habría sido de la moderna
economía americana sin aquel “Plan Marshall”, al que los
más timoratos -o, groseramente, egoistas- tildaron de
arriesgado y que, de hecho, se reveló como oportunísimo
para promotores y beneficiarios, estos últimos totalmente
arruinados por una devastadora guerra?).
Tras el estrepitoso fracaso que representa el estrangula-
miento del consumo primario y subsiguiente productivi-
dad (responsabilidad muy directa para los gurús del
Mercado) las circunstancias actuales tientan la fecunda
iniciativa de países que, como el nuestro, están a medio ca-
mino entre la tiranía de los grandes flujos de capital y la
economía de la supervivencia. ¿Quién mejor que nosotros
para el desarrollo de las energías alternativas, la explota-
ción racional de modernos cultivos o la distribución hacia
los activos y potenciales clientes de los cuatro puntos car-
dinales? ¿Acaso falta imaginación para convertir en “ren-
tables consumidores” a esas cuatro quintas partes de la
161
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
Humanidad que pasan hambre? ¿Puede alguien poner en
duda el tirón que ello representaría para una economía a la
altura del desafío de los tiempos?
Una nación como la nuestra, tanto por su estratégica si-
tuación y trayectoria histórica como por su capacidad pro-
ductiva y nivel de desarrollo, puede muy bien servir de
puente entre las facilidades que brinda a la Suficiencia la
nueva industria y la inmensa multitud de paises “en vías de
desarrollo”, algunos de ellos buenos vecinos con voluntad
de entendimiento y otros muchos hermanados por la
sangre, la lengua y la cultura.
Por lo mismo, España debe resistirse a entrar en esa tra-
ma de antinaturales proteccionismos, cuya positiva viabi-
lidad económica es harto discutible. Sorteando con arte las
trabas que opone ese imperialismo de la opulencia y en
uso de sus derechos soberanos, debe aplicar su capacidad
y entendimiento a lo que demanda una buena parte de la
humanidad deshereda, lo que, por feliz reversión que de-
muestra la experiencia, redundará en beneficio de los
españoles.
Nuevas industrias, mayor desarrollo técnico en lo espe-
cíficamente español, más racionales cultivos (racionales
porque se ajustarán al necesario equilibrio entre medios
de explotación, recursos naturales y distribución) es lo que
parece demandar a gritos nuestra “natural zona de
influencia”.
Para abrir o consolidar nuevos canales de expansión, los
principales responsables de nuestra Economía habrán de
huir de probados excesos de papanatismo tanto respecto a
teorías más que desprestigiadas por la ley natural y la ex-
periencia como a dictados de los opulentos que continúan
apurando al máximo las posibilidades que para el acapa-
ramiento les ha brindado su insolidaria trayectoria históri-
ca. Mayor libertad y viabilidad de éxito ofrece el
162
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
desarrollo de iniciativas consecuentes con la demanda de
otros países menos celosos de sus privilegios.
Por supuesto que, dado el carácter de los grandes grupos
de intereses cual el Mercado Común, el libre desarrollo de
la INICIATIVA NACIONAL no implica ruptura alguna
de nuestros actuales compromisos internacionales pero sí
una continua y extremada cautela ante la posibilidad de
que nuestra economía siga la línea que marcan las apeten-
cias de los más poderosos. Es un peligro que saben sortear
otras naciones en una situación no tan propicia como la
nuestra.
Los condicionamientos del medio económico en que
nos desenvolvemos no son tan rígidos que no permitan ca-
nalizar lo más significativo de nuestra producción hacia
áreas convergentes con las necesidades de los menos fa-
vorecidos por el progreso material, lo que, por venturosa
ley natural, presenta para nosotros razonables
perspectivas de desarrollo en todos los órdenes.
El marco de la "Europa Comunitaria", que aceptan
como definitivo algunos de nuestros poderosos economis-
tas, no lo es tanto para países como Inglaterra, Francia,
Alemania, Dinamarca....
Al menos, esa papanatesca tendencia a la homologa-
ción, que tanto preocupa a nuestros gobernantes ¿no debe-
ría incluir las estratégicas desviaciones que dicte nuestra
conveniencia y la acuciante demanda de tantos millones
de potenciales clientes?
163
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
14. LO ESPAÑOL EN LA “ALDEA GLOBAL”
La trayectoria histórica de cualquier nación, región,
pueblo o tribu, obvio es reconocerlo, está entroncada en la
propia historia de la Humanidad; hoy más que en tiempos
pasados, la opulencia o miseria de éste o de aquel pueblo
adquiere resonancia mundial; “a caballo de las ondas”, la
noticia tanto de un memorable evento como de una ago-
biante calamidad, ocurridos en el más remoto rincón del
Globo, incide en conciencias y formas de sentir o sosla-
yar...: llegados a lo de la “Aldea Global”, es de rigor reco-
nocer que todos y cada uno de nosotros, por acción u
omisión, tiene su parte de responsabilidad en el desarrollo
de lo bueno y también en la persistencia de lo malo que
ocurre a otras personas y pueblos.
“Puesto que pertenecen a la raza de los ambiciosos, sus
amigos piensan que, logradas razonables cotas de prospe-
ridad, los españoles se sentirán ni pobres ni ricos y sí libe-
rados”. Eso ha dicho Perroux de los españoles. Literatura
aparte ¿son tales bendiciones rasgos de nuestra
personalidad comunitaria?
¿Significará esa libertad disponibilidad de voluntad y
de energías? ¿Tal vez el COMPROMISO de poner en jue-
go ALGO MAS que lo practicado y obtenido por otros
paises situados en el privilegio y BASTANTE MAS que la
teoría y la praxis de aquellos otros paises a los que su cir-
cunstancia impide superar una ancestral miseria o una per-
sistente ofuscación sobre el desarrollo de sus
posibilidades?
Ese ALGO MÁS, que, desde las carencias de los países
pobres, DESAFÍA A LOS ESPAÑOLES, habría de expre-
164
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
sarse en una amalgama de generosidad, inventiva y realis-
mo. Tal vez ocurre así y el problema consiste en que el
“señor de turno” (“¡Qué buen vasallo si hobiese buen se-
ñor!”, se lee en Mío Cid) es esclavo de “otros compromi-
sos” o pasa el tiempo que nos debe en la deleitosa
contemplación de su ombligo.
En cualquiera de los casos, falta a los españoles un
NORTE para el ejercicio de un elemental compromiso de
continua solidaridad. Se hace poco, prácticamente nada,
por llevar el PAN, “que no comemos”, al que más lo nece-
sita y que, probablemente, (sobre todo, si “con el pez le
ayudamos y enseñamos a pescar”) resulte mejor pagador
que nuestros más opulentos clientes.
He ahí un campo en el que cultivar millones de oportu-
nidades de trabajo para tantos españoles que acuciante-
mente lo necesitan: “Trabajo para nosotros contra el
hambre de millones de posibles buenos clientes”, podría
ser el revulsivo de nuestra España Invertebrada.
Sin duda que, salvado el actual anquilosamiento de
una adocenada y corrupta Administración, con todo su
bagaje histórico de pensamiento y cultura, con la herra-
mienta de su capacidad humana, material y técnica...
tiene ahora España un papel importante que jugar. Para
ello no es necesario “plantarle cara” a la Unión Europea
pero sí “humanizar” una buena parte de sus “burocráti-
cos caprichos” o disposiciones que marginan la ele-
mental solidaridad entre los pueblos, lo que implica
desestimar abiertamente cuanto representa el sacrificio
de una res, el saqueo de nuestras costas o el desaprove-
chamiento de una sola hectárea de terreno. Solidaridad
que, repetimos, puede y debe tener “compensación cre-
matística”, aunque ello sea a largo plazo.
Los pueblos, al igual que los seres humanos, se “perso-
nalizan” en tanto en cuanto aciertan a poner de relieve (se
165
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
podría decir universalizar) su originalidad o trazos espe-
ciales, lo que, si se toma como complemento de otras par-
ticularidades y no como punto o referencia de
confrontación, es semilla de libertad y de prosperidad para
los otros pueblos.
Si España es la Europa que se acerca al Continente
Africano es, además, toda una historia que, en base a su
peculiaridad cultural y económica, se hace experiencia
nueva en América y en remotos puntos estratégicos del
resto del Mundo. Por todo ello y cuando la Técnica se
muestra capaz de garantizar la Suficiencia para todos y
cada uno de los Compañeros del Mundo es primordial
superar las barreras retóricas para asumir una clarísima
responsabilidad: del pleno y disciplinado uso de nues-
tras capacidades depende una buena parte de la solución
al problema del Hambre en tantos y tantos países que se
merecen mejor suerte.
Se trata, simplemente, de que nuestros gobernantes y
hombres de iniciativa tomen la potencialidad de España
(oportunidades, recursos y energías) como necesario cau-
ce de sus decisiones. Con un objetivo de tan amplios hori-
zontes no habrá entonces lugar para el pasotismo de los
responsables políticos ni, consecuentemente, para la falta
de oportunidades de empleo; en paralelo y ante un objeti-
vo de tan amplios horizontes, seguro que perderán fuerza
los anquilosantes e irracionales particularismos
“nacionalistas”:
“Es falso suponer que la unidad nacional se funda en la
unidad de sangre”, decía Ortega y Gasset en 1922. Tampo-
co se funda en la unidad de idioma, ni siquiera en la geo-
gráfica definición de fronteras. La unidad nacional es el
resultado de un largo y a veces dramático proceso de “tota-
lización” personalizante: cada parte de eso que se va ha-
ciendo todo es más ella misma cuanto más ha participado
166
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
en la consolidación de lo comunitario, un mosaico de va-
riadas formas y colores, cada cual con su particular
resalte, ubicación y complementariedad.
Desde la perspectiva de lo obvio, sigue diciendo Ortega:
“Los grupos que integran un Estado viven juntos para
algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de
grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino
para hacer juntos algo”.
Ese algo que hacer no es, por supuesto, servir de simple
caja de resonancia al Poder público:
“Desde hace mucho tiempo, mucho, siglos, preten-
de el Poder público que los españoles existamos no
más que para él se dé el gusto de existir”, se lamenta
el propio Ortega. “Como el pretexto, sigue diciendo,
es excesivamente menguado, España se va deshacien-
do, deshaciendo...”
En esa agonía de la España, que sigue teniendo voz pro-
pia en el concierto de naciones, no es lo más disgregador el
particularismo por cuestión de idioma, “Rh” o “barreras
naturales”: es, con mucho, la falta de un “sugestivo pro-
yecto de acción en común” que debiera ser perfilado y de-
sarrollado por el Poder Público “Central”. Es el
particularismo de éste el que, a la par que alimenta los par-
ticularismos centrífugos, es incapaz de señalar norte algu-
no mientras se regodea en el descomprometido disfrute
del momento, a costa de todos los españoles, claro está.
Hubo un tiempo en que la forja de la Democracia unió
voluntades y esfuerzos: se rompió con lo “atado y bien ata-
do” y se rindió un justo tributo a la Solidaridad. Ello no era
más que el principio o punto de partida para lo que debía
de ser un Progreso continuado por caminos de Libertad.
Claro que ha habido Libertad; y, también, Solidaridad
en los momentos difíciles... pero el acechante particularis-
mo copó las esferas de poder y ya se marcó como objetivo
167
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
principal el “mantenerlo y no enmendarlo”: desde enton-
ces, el “templar gaitas” es su ocupación principal. Y se
descuidan cosas tan perentorias como las de abrir merca-
dos, compenetrarse con las exigencias de la Realidad dia-
ria, incentivar la creación de empresas, actualizar medios
y modos de producción, cortar de forma efectiva la sangría
del desempleo, situar a la valiosa pluralidad lingüista en su
justa dimensión (sin incurrir, por supuesto, en la discrimi-
nación del idioma común o en la “gilipollez” de establecer
traducción simultánea para el diálogo entre españoles).
La “vertebración” resulta tanto más fácil cuanto más las
energías nacionales encuentren proyección universal: Si
“la idea de grandes cosas por hacer engendra la unifica-
ción nacional”, otra vez Ortega, “solo una acertada políti-
ca internacional, política de magnas empresas, hace
posible una fecunda política interior”.
“Juntos para hacer algo”, pero ¿qué? ¿No podría ser
romper de alguna manera la barrera de privilegios con que
intenta protegerse la “Sociedad Opulenta”? ¿Acaso no se
ha evidenciado ya que ese cerril posicionamiento de los
ricos constituye un serio peligro para la continuidad de su
riqueza? ¿Es tan difícil reconocer que un “progreso econó-
mico continuado” depende en gran medida de la preocu-
pación por ampliar el círculo de potenciales clientes, tanto
más solventes cuanto más participen en la tarea común de
humanizar recursos y energías?
¿Por qué nuestra política internacional es tan corta de
miras y tan supeditada a lo que se cuece en los más elitistas
y centrípetos foros? ¿Dónde está un perentorio afán de
personalización (ser lo que podemos ser) a base de proyec-
tar hacia el exterior lo mejor de nosotros mismos?.
No es tiempo de confrontaciones o retóricas sobre elitis-
mo o avasallamiento: es tiempo de mirar hacia fuera para
ver lo que podemos hacer dentro. A todos los niveles, cla-
168
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
ro está: desde la propia casa a la aldea, de ésta a la Comu-
nidad en que nos toca vivir, de aquí hacia todos los
rincones de España y, desde España y con todo lo bueno
que podamos obtener de la Unión Europea, hacia cual-
quier lugar en que encuentre positivo eco lo que tenemos,
hacemos o proyectamos.
Desde lo concreto y siempre con la mira puesta en la
proyección universal de bienes y energías, hemos de reco-
nocerlo, se puede encontrar remedio a la agonía de esta
España acosada por los particularismos: ya no será signo
de distinción tal o cual acento o una paparruchera interpre-
tación de un trasnochado incidente histórico: será, como
en cualquier comunidad realmente progresista, el afán por
descollar en generosidad o en “inteligente” proyección
social y universal de lo que a cada uno distingue.
Recordemos ahora cómo, en España, las exageradas
muestras de particularismo regionalista no son más que
“la manifestación más acusada del estado de descomposi-
ción en que ha caído nuestro pueblo” (esto lo dijo Ortega
en 1.921).
Si la “historia de la decadencia de una Nación es la his-
toria de una vasta desintegración”, las razones y medios
para superar tal decadencia han de ser buscadas en una
progresiva integración. Claro que, para que esa integra-
ción pase de las palabras a los hechos, al poder político le
corresponde la iniciativa en roturar caminos de orienta-
ción universal para, luego delegar, descentralizar, coordi-
nar en respeto a las respectivas libertades de iniciativa.
Quiere ello decir que, para romper la tendencia particu-
larista tan esencial es dosificar la fuerza central como en-
cauzar la fuerza de dispersión. Si es respetable todo lo que
distingue o personaliza (idioma, costumbres, historia, mo-
dos de pensar y obrar..) no lo es lo ramplonamente particu-
larista como es la pedantesca ilusión de poseer mayor
169
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
capacidad craneana o una más brillante disposición para
los negocios. Ello no obstante, “la actualidad pública de
España, sigue recordándonos Ortega, se caracteriza por un
imperio casi exclusivo del particularismo: lo negativo de
los nacionalismos más acusados no es su fervorosa preo-
cupación por la diferencia, es el poso que les llega del par-
ticularismo central, éste, a su vez, alimentado por el terror
a perder el poder, que se toma como privilegio y no como
posicionamiento para hacer y proyectar”
Pero el particularismo de los pueblos, al igual que el ce-
rrado egoísmo de las personas, pierde razón y fuerza cuan-
do la Invitación Comunitaria presenta argumentos los
suficientemente gratificantes para romper las cerriles
fronteras de la autocomplacencia.
Falta, pues presentar a los españoles, prometedores
campos de acción que pueden ser seguros caminos para
una comunitaria integración. Ya entonces estaríamos los
españoles, todos los españoles, comprometidos en una
Acción Solidaria, no retórica y sí volcada hacia la solución
de tantos y tantos problemas de elemental supervivencia
de otras personas y de otros pueblos con iguales derechos
que nosotros al disfrute de bienes y servicios. Y, desarro-
llada la potencialidad de nuestra Economía, alcanzaría-
mos nuevas cotas de Progreso por caminos de estricta
racionalidad al tiempo que nuestra agónica Democracia
recibe la sacudida de un nuevo impulso vital.
Aunque ya extraordinariamente grave, la de los desen-
frenados particularismos (central y periféricos) es una re-
mediable forma de agonía de nuestra España y de nuestra
Democracia: una y otra cuentan suficientes reservas de
vida y de constructiva ilusión. Son los cauces de desarro-
llo los que han de ser desbrozados por la capacidad de jui-
cio de los españoles más generosos: de éstos (con su voto)
depende que la adecuada forma de gobernar debilite los
170
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
particularismos (el anquilosante y perverso particularismo
centralista, en primer lugar) y sea capaz de presentar con
arrolladora claridad un sugestivo proyecto de vida y de
acción en común.
España es nuestra inmediata circunstancia de carácter
comunitario con indudable vocación de proyectar sus ca-
pacidades y energías hacia el bien universal: acuciante (y
sugestivo) proyecto de vida y de acción en común es el de
asumir como propios los problemas de desarrollo (o su-
pervivencia) de las personas y pueblos “proletarios” (los
que, en cuestión material, tienen muy poco que perder).
Ello puede encajar perfectamente en la Economía Social
de Mercado y, por lo tanto, no implica peligro alguno de
recesión económica en cuanto abre nuevos canales para la
industria y los servicios.
171
TERCERA PARTE: Artificial e inestable pirámide social
CUARTA PARTE
Apuntes para una Economía
de la Reciprocidad
173
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
174
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
1. ¿NUEVO MODELO ECONÓMICO?
El “gran desafío del momento”, ha señalado SS Bene-
dicto XVI en un viaje a la República Checa, es comprobar
que “la ética no es algo exterior a la economía, que técni-
camente podría funcionar por misma, sino que es un
principio interior de la economía, pues ésta no funciona si
no tiene en cuenta los valores humanos de la solidaridad,
las responsabilidades recíprocas y si no integra la ética en
la edificación de la misma economía".
Respondiendo a ese “desafío”, el mismo Pontífice ex-
pone su compromiso de “ayudar para que el sentido de res-
ponsabilidad sea más fuerte que la voluntad de lucro, que
la responsabilidad con los demás sea más fuerte que el
egoísmo".
Con él creemos que, en la racionalidad de una econo-
mía boyante, caben las coordenadas del Bien Común para
garantizar los buenos resultados a medio y largo plazo,
muy por encima del afán depredatorio que caracteriza a
las maniobras del “toma y vámonos” de la desaforada es-
peculación o del beneficio inmediato caiga lo que caiga.
Los buenos emprendedores hacen bien en aspirar y traba-
jar por lograr una buena cuenta de resultados: lo contrario
sería ir en contra de la propia racionalidad económica. Lo
hacen mucho mejor si aciertan con la más acuciante de-
manda, cual es una progresivo incremento y cabal distri-
bución de los bienes naturales de primera necesidad. En
ello pensaba el que fuera compañero de Lenin y luego mi-
litante cristiano cuando afirmaba: trabajar por el propio
alimento es una necesidad material; hacerlo por el
alimento del prójimo es una “exigencia espiritual”.
En ese punto no necesitamos insistir sobre el hecho de
que el desaforado individualismo materialista de los
175
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
grandes especuladores se parece mucho a la bárbara
práctica de ir de aquí para allá talando los árboles para
disfrutar de forma inmediata de sus frutos ¿no es más
consecuente con la realidad hacer lo posible para que el
beneficio sea continuado y, de hecho, más abundante en
un prometedor futuro con “más árboles y más comensa-
les”? ¿Cuánto bueno no vendrá de la “percepción em-
presarial” de que el destruir por un inmediato y más
efímero beneficio se da de bruces no menos con los gri-
tos propia conciencia que con una satisfactoria cuenta
de resultados a medio y largo plazo?
2. GASTO PÚBLICO, MEDIOS DE PRODUCCIÓN
Y BIEN COMÚN
Hasta ahora, los políticos en el Poder no han querido
reconocer la fenomenal perogrullada de que el crecimien-
to del funcionariado, agrava el problema del desempleo en
cuanto retrotrae del Presupuesto recursos necesarios para
el desarrollo de la ECONOMÍA PRODUCTIVA, acom-
pleja las relaciones entre administrados y administradores
a la par que resulta una burla de los poderosísimos y nada
caros medios de tratamiento de la información.
Puede, incluso, llegar a ser un “criminal despilfarro”,
que, por demás, no satisface a nadie: el propio funcionario
debe reconocer que un presupuesto, por generoso que sea,
tiene un límite, lo que quiere decir que cuantos más sean a
menos tocan: pensemos en la eficacia de la gestión y que
ésta sea remunerada pertinentemente (¿a cuanto tocarían
de incremento en su sueldo los funcionarios fieles si se
176
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
aplicara a ello un diez por ciento del ahorro de quinientos
mil puestos de nula utilidad?).
Bajo un orden democrático el “dirigismo económico”
ha de mantenerse reducido a su mínima expresión, pero
no menos de lo necesario para que el clásico “laisez faire,
laisez passer”, poderoso impulso de la iniciativa privada,
genere responsabilidad social a pesar mismo de la habi-
tualmente escasa “buena voluntad” de las personas.
En el capitalismo de la vieja escuela lo que se llamó “li-
bre cambio” era presentado como una sagrada panacea:
sin intervención alguna del Estado, con libre rienda al in-
terés contante y sonante, la sociedad en pleno, en progresi-
va prosperidad y de la mano de la estricta conveniencia de
los “propietarios” conquistaría las “Armonías
Económicas” (Bastiat).
Históricos y dramáticos desequilibrios han sido el resul-
tado de la “cruzada a cualquier precio” que predicaron los
teorizantes de la “Economía Clásica”, a pesar mismo de
las insospechadas fuentes de riqueza que han cobrado rea-
lidad al hilo del progreso técnico y de la iniciativa
empresarial.
Hubiera sido mayor la armonía, si el Estado hubiera
cumplido con su “natural papel” de catalizador de ener-
gías: factor previsor con medios para mostrar campos en
que cultivar complementarias vocaciones, con poder sufi-
ciente para garantizar mayores estímulos a las iniciativas
empresariales de más positiva proyección social y, tam-
bién, con la ley en su mano para corregir eventuales
desmanes.
La antinatural situación de desempleo que nos toca su-
frir en directa relación con la falta de constructivo interés
por los problemas de los “países proletarios” clama peren-
toriamente por un plan de rigurosa viabilidad.
177
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
Huelga toda retórica o medias tintas; huelga cualquier
intento de poner trabas al desarrollo de viables iniciativas
empresariales; huelga traspasar responsabilidades a las
pomposas instituciones internacionales; huelga cualquier
atisbo de proteccionismo hacia toda actividad económica
que no se traduzca en mantenimiento o creación de
empleo.
Invitar a conocer lo más positivo que, por expresa preo-
cupación de los gobernantes, habrá de ser lo de más am-
plia proyección social en bienes y servicios.
¿Con qué medios cuentan los gobernantes? Con posibi-
lidades de rigurosa información sobre la demanda interna-
cional, los recursos del territorio, la probable evolución de
los medios técnicos; con autoridad sobre la moneda, los
acuerdos internacionales, la normativa laboral; con los
Presupuestos Generales y la correspondiente maquinaria
fiscal; con directa responsabilidad sobre las infraestructu-
ras... Son muchos y poderosos medios con que cuenta un
Gobierno Democrático.
Todos ellos, creando empresa, han de facilitar la con-
tundente respuesta al desempleo actual, ese aberrante en-
gendro de una economía incapaz de sacarle un natural y
cumplido provecho a un inmenso caudal de energías.
En el clima de una comunitaria preocupación por hacer
de la Economía Social de Mercado el punto de encuentro
de emprendedores y colaboradores, cabe a los políticos la
responsabilidad de incrementar los estímulos a las positi-
vas iniciativas particulares, prevenir desequilibrios y
abrir brecha cuando, donde y cómo haga falta, tal como si
todos los miembros de la sociedad civil, en libre y recom-
pensado uso de las respectivas capacidades constituyeran
una auténtica Comunidad de Trabajo.
178
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
3. MENOS COSTOSA Y MÁS PIRAMIDAL
BUROCRACIA PÚBLICA
En cualquier entidad económica, gastar más de lo que
se ingresa conduce a la bancarrota si la desproporción no
obedece a bien estudiadas inversiones, que, a la larga, ha-
brán de traducirse en superiores ingresos: es así como, a
un razonable plazo, se restablece el equilibrio.
Regla de oro de la buena gestión administrativa es mar-
carle un techo a los gastos “corrientes” de forma que el
eventual déficit no tenga otra explicación que la de “nece-
sidad coyuntural para responder a elementales ajustes del
aparato productivo”.
Este prudente razonamiento, aplicable ¿cómo no? al en-
tramado financiero de cualquier país más o menos desa-
rrollado, es obviado con excesiva frecuencia por los
políticos esencialmente preocupados por no desvelar las
flaquezas de su gestión ¿Consecuencias? La Deuda crece
y crece con las lógicas consecuencias sobre el nivel de
vida de la presente y sucesivas generaciones que han de
asumir los pagos con la consiguiente carga de crecidos
intereses.
Ése es un lastre difícil de digerir cuando no lleva ca-
mino de disminuir ni se traduce en la creación de nue-
vas fuentes de riqueza o en el desarrollo de elementales
servicios sociales (en puestos de simple trámite buro-
crático se calcula un exceso superior al millón de fun-
cionarios); no menos grave es la ligereza en la
adquisición de costosísimos equipos de gestión, cuya
aplicación precisa o es desproporcionada o está fuera
de lugar.
179
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
Un somero análisis de los procedimientos administrati-
vos del Estado lleva a la conclusión de que, a todos los ni-
veles, se incurre en una galopante multiplicación de gastos
innecesarios cuya cuantificación bien puede ser superior,
incluso, a los intereses anuales de la Deuda.
No es de lugar la borrachera de números y sí el repaso a
constructivas conclusiones: elimínense todas las inútiles
duplicidades en tramitaciones, considérese a la incisiva
advertencia de Cyril Northcote Parkinson (el peligro de
aumentar el personal a medida que disminuye el trabajo)
como un peligroso cáncer diagnosticable a tiempo, esta-
blézcase por Ley y con proyección a las distintas adminis-
traciones, tanto incentivos a la “productividad
administrativa” como políticas de plantillas en sintonía
con los nuevos medios de gestión y los reducidos recursos,
considérese grave delito los desajustes presupuestarios y
el despilfarro...
Nos guste o no, en no pocas empresas tanto públicas
como privadas, logran notoria incidencia las “clásicas”
tres Leyes de Parkinson (1957):
1. “El trabajo crece hasta llenar el tiempo de que se dispo-
ne para su realización”.
2. “Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”.
3. “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es
inversamente proporcional a su importancia”.
Si tal realidad se añade a una inadecuada “política de
motivación y participación” ¿podemos extrañarnos de que
nuestra maquinaria productiva resulte excesivamente an-
quilosada para responder a las necesidades del momento
actual? ¿no es de lugar un alto en el camino para revisar
parasitarios y carísimos procedimientos?
En primer lugar y dada la posible situación de “quiebra
técnica” en el aparato financiero del Estado, para orientar
180
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
recursos financieros públicos hacia la optimización de la
máquina productiva se impone una renegociación de la
Deuda con el propósito de obtener una estratégica morato-
ria en el pago con la deseable reducción de una substancial
parte de los intereses.
Puesto que las empresas públicas deficitarias inciden
muy substancial y negativamente en el incremento del
Gasto Público, tiempo es ya de abordar una bien elaborada
estrategia de privatización en la que quepan variantes
como, por ejemplo, la “gestión privada por concesión”
para servicios públicos como los ferrocarriles y otras
infraestructuras.
Caben otras medidas concretas: por ejemplo, formular
una Ley Orgánica que, con el preciso objetivo de reducir
substancialmente el Gasto Público “corriente”, determine
la reducción a la mitad de las carteras ministeriales, a la
cuarta parte las direcciones generales y, en no menor me-
dida, los altos cargos de las administraciones “periféri-
cas” y los diversos nombramientos discrecionales (cargos
impuestos por la clientela política, los cuales, las más de
las veces, parasitan la eficacia de experimentados funcio-
narios y cuya supresión, porque llevan el marchamo de la
provisionalidad, no implica la menor dificultad en la
marcha de la gestión pública).
Refiriéndonos al caso de España, en un deseable y segu-
ro que posible Compromiso Nacional, habrá de abordarse
una drástica reducción e, incluso, eliminación de los con-
dicionamientos “políticos” en la función administrativa de
ayuntamientos y comunidades autónomas de forma que,
en el marco de las respectivas competencias, los elegidos
cumplan, estrictamente, el papel que, en la empresa priva-
da, corresponde al Consejo de Administración y Conseje-
ro Delegado; los restantes papeles habrán de ser cubiertos
por especialistas y funcionarios de plantilla...: el servicio
181
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
público saldrá favorecido, se habrá facilitado lo que hoy
es una muy problemática y muy lenta coordinación de
funciones y, lo que es obvio, perderán su actual cometido
substanciales partidas presupuestarias.
Para terminar, forzoso es reconocer que la actual situa-
ción exige otras medidas de excepción que, en lo posible,
no solivianten los ánimos de los españoles. Ejemplo: una
moratoria de, al menos, tres años, a la no desdeñable mo-
dernización de las Fuerzas Armadas, algo que, si bien es
requerido por el papel de España en el concierto de nacio-
nes, la crítica situación en el nivel de empleo aconseja pos-
poner: una previsible mayor liquidez a corto plazo hará
menos traumática la costosa inversión.
Sin afectar para nada a las partidas dedicadas a Provi-
sión Social y Educación, vemos abiertas razonables vías
para la reorientación de una buena Parte del Gasto Públi-
co: a iguales ingresos, reducción de los “gastos corrientes”
e incremento de las partidas destinadas a la creación de
Empleo: “subvenciones condicionadas” a la creación de
empleo, inversión en infraestructuras como, por ejemplo,
el desarrollo de las fuentes de energía, incluida la nuclear,
el equilibrado abastecimiento de esa materia prima que es
el agua, la plena “modernización” de la agricultura,
acuicultura y ganadería… etc.
4. UNA FISCALIDAD PROMOTORA DE EMPLEO
Ninguna ley fiscal puede “castigar” el mantenimiento o
creación de puestos de trabajo, justamente, lo que ocurre
con frecuencia en determinadas imposiciones guberna-
mentales. En España, tenemos un claro ejemplo de ello en
el llamado IAE o Impuesto de Actividades Económicas
según el cual el número de empleados representa un agen-
182
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
te multiplicador del coeficiente básico para el cálculo de la
carga impositiva: cuando se cuenta con otras muy objeti-
vas referencias (superficie, ámbito comercial, carácter de
la producción o servicio, máquinas, consumo de energía,
derivaciones al Medio Ambiente, etc.) el hecho resulta
particularmente inapropiado. Sin duda que así empiezan a
comprenderlo algunos legisladores; esperemos que se es-
tablezcan las correcciones oportunas.
En esa línea de razonamiento cabe la posibilidad de que
en otros impuestos, como el de Sociedades, se introduzca
un “factor de compensación” en relación directa con el nú-
mero de empleados en activo: a la “cuota líquida” podría
aplicarse una progresiva reducción en relación inversa con
el ratio Activo/Número de Empleados según un elemental
baremo de fácil entendimiento y aplicación.
En contrapartida, tales reducciones podrían ser com-
pensadas con paralelos incrementos cuando el referido ra-
tio supere un bien estudiado nivel: en la práctica, se
tratará, simplemente, de multiplicar la Cuota Líquida
(provisional) por factores que podrían ir de 0,75 a 1,25
según las oportunas tablas incluidas en Ley.
Tales novedosas medidas legales no deben neutralizar
las ya establecidas deducciones para promocionar el em-
pleo estable o de “problemática aceptación” por parte del
empresario (Contratos indefinidos, de muy jóvenes, tam-
bién de mayores o de aquejados con alguna discapacidad,
etc., etc.).
A tenor de lo expuesto, se comprueba cómo el aparato
fiscal puede traducirse en un aliciente más para el mante-
nimiento y creación de empleo: es algo que encaja con la
“razón esencial” que representa el servicio a la Justicia
Distributiva, alma mater de lo que venimos llamando Eco-
nomía Social de Mercado (libertades individuales y
equilibrada promoción de motivaciones).
183
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
Obviamente, la mayor parte de los recursos de una Na-
ción, deben ser encauzados hacia el desarrollo de toda su
potencialidad con la mira puesta en la adecuada motiva-
ción de cuantos participan en el proceso productivo.
Dicho esto y reconocido que, sin libertad, no es posible
una mínima optimización de los recursos disponibles, al
Poder Político, administrador de tales recursos y garante
que debe ser del ejercicio de las libertades previas al com-
promiso social, compete neutralizar y no promocionar la
especulación estéril, el acaparamiento abusivo y el despil-
farro (criminal por que, normalmente, se alimenta de
ahondar las perentorias necesidades de los más débiles).
Puesto que pueden alcanzar el preciso conocimiento de
las más perentorias necesidades sociales y cuentan con
poderosos medios de acción como son el aparato fiscal, la
reglamentación del crédito y el uso de no pocos alicientes
para la inversión productiva, los Responsables de la
Administración Pública deberán ingeniárselas para que,
por ejemplo, el dinero más rentable sea aquel que se apli-
que a la efectiva creación de riqueza y, por consiguiente, a
la multiplicación de los puestos de trabajo, cuya principal
y más directa consecuencia habrá de ser una más equitati-
va distribución de esos mismos recursos y una mayor
capacidad de ahorro y consumo con el consiguiente
positivo tirón sobre toda la Economía.
184
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
5. MAYOR PROYECCIÓN SOCIAL DEL TESORO
PÚBLICO.
Toda la Actividad Económica Nacional está á condi-
cionada por la elaboración, aprobación y seguimiento de
los Presupuestos Generales del Estado. No es necesario re-
cordar que capítulo preferente en la asignación de recursos
públicos requiere la promoción de las oportunidades de
empleo.
También es obligado respetar, en su carácter y cuantía,
todos los “derechos adquiridos” (nada de barajar torpe e
injustamente la eventualidad de “recortar las pensiones”)
y las partidas destinadas a Sanidad y Educación.
Todo ello dentro de la obligada necesidad de romper la
tendencia a la “progresiva desproporción” entre Presu-
puestos Generales y P.I.B.: es de elemental sentido común
que los gastos se ajusten a los ingresos. En consecuencia ,
en la estrategia de elaboración de los Presupuestos
Generales del Estado cabe:
* Regular a la baja la presión fiscal directa de forma que
el total de “Ingresos Corrientes” resulte inferior al 40
% del P.I.B.
* Extremar el rigor en la persecución del Fraude.
* Suprimir duplicidades y trámites administrativos no es-
trictamente necesarios. Burocracia piramidal al uso de
las distintas administraciones es la solución a tanta di-
fuminación y dispersión de procedimientos adminis-
trativos.
* Reducir a un tercio los “altos cargos”, cuyas percepcio-
nes salariales no pueden ser superiores a 5 veces el sa-
lario mínimo.
* Ajustar las prestaciones sociales en función de la evo-
lución del IPC del año en curso.
185
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
* Aplazar en la medida de lo posible el pago de los intere-
ses de la Deuda.
* Incrementar hasta el 6 % la Inversión Pública en
Infraestructuras.
* Posponer cualquier proyecto de Gasto Público sin inci-
dencia directa en la Creación de Empleo o en el nece-
sario mantenimiento de los servicios básicos del
Estado.
* Arbitrar la movilidad de funcionarios de forma que, se-
gún las necesidades, puedan ser adscritos a cualquier
organismo de las distintas administraciones.
* Intentar cubrir una parte substancial del Déficit con la
privatización de empresas públicas de la índole de
TVE..
Sin duda que las cifras totales de cada capítulo principal
son consecuencia de las que corresponden a la cobertura
de las necesidades de cada “unidad administrativa”; pero,
a la par que han de ir en consonancia con las posibilidades
generales, también son una referencia obligada para no
“pasarse” en cada presupuesto parcial.
Por ello es tan importante el recordatorio de la trayecto-
ria que ha seguido el Gasto Público en los últimos años y el
extender a cada unidad presupuestaria de las distintas ad-
ministraciones la obligación de suprimir o restringir gas-
tos que no correspondan de forma directa al
mantenimiento de un servicio necesario o a la promoción
de oportunidades de empleo.
186
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
6. ¿INICIATIVA ESPAÑOLA EN EL ÁREA DE LA
SOCIEDAD OPULENTA?
Teórica regla de oro del Comercio es la reciprocidad. En
la práctica, la tal reciprocidad viene seriamente condicio-
nada por los intereses o imposiciones de los más fuertes.
Tal como resulta habitual en los conciertos comerciales,
en el área de influencia de los G8 con sus principales pro-
tagonistas, U.S.A., Japón y Alemania, es el “fuerte” el que
marca la pauta del intercambio.
El menos fuerte deberá á tener clara conciencia de su
posicionamiento para que, por un camino u otro, las “obli-
gadas o circunstanciales cesiones” encuentren un mínimo
nivel de compensación. España, obvio es reconocerlo, no
“pisa” con suficiente fuerza en el concierto comercial de
las naciones europeas; pero, puesto que su adhesión es
aceptada por todos los miembros como un valor muy posi-
tivo, hora es de “pasar la factura” en uso de las facilidades
que brinda la Ley del Libre-Cambio, reconocida por
todos.
Con harta ligereza se ha seguido el juego a un cierto pro-
teccionismo suicida del que han hecho gala no pocos
“acuerdos de Bruselas”: son insultos no ya a la elemental
justicia sino al sentido común, a la Ley Natural y a la pro-
pia razón de ser de la vida humana y de su entorno mate-
rial... el talar á árboles, destruir enteras cosechas de
productos de primera necesidad o primar el sacrificio
“estratégico” de reses.
Es, por demás, un estrepitoso fracaso comercial: ni si-
quiera se logra frenar a los precios, “justificación” que se
esgrime para esos “criminales” (claro que sí) comporta-
mientos; pero sí que se abren profundos e irreparables ba-
ches en algo que impone el propio carácter del Comercio:
ampliar los horizontes de la Demanda.
187
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
Las políticas de estrangulamiento de la producción en
los artículos de primera necesidad es el peor negocio de
los países desarrollados, tanto es así que se puede dar por
demostrado que la actual recesión en la economía europea
tiene mucho que ver con la peregrina e inhumana limita-
ción de productos y mercados. Esto último es tanto más
chocante cuanto una moderna economía cuenta con recur-
sos para compensar los asedios de la competencia o man-
tener la viabilidad de su mercado (la imposición negativa,
los intercambios en especie, la agilización de los sistemas
de distribución, la elaboración de programas de desarrollo
para terceros...)
No es necesario recordar que un deliberado estrangula-
miento de la capacidad productiva de artículos de primera
necesidad y seguro mercado interior y exterior es uno de
los más poderosos medios de destrucción de empleo: así lo
acusan sectores tan vitales como la agricultura, la ganade-
ría, la pesca o esa prometedora actividad que se llama la
acuicultura.
Claro que persisten obsoletos sistemas de producción;
pero su deseable sustitución siempre habrá de ir detrás y
no delante de las nuevas y más eficaces herramientas: las
llamadas reestructuraciones implican siempre una parale-
la y prudente sintonía en uso de medios materiales y recur-
sos humanos: nunca una reestructuración puede implicar
una previa licencia de trabajadores.
No será hacer el juego a la compleja pugna de intereses
de los más fuertes lo que brinde a España una automática
salida de la crisis; tampoco lo será una vergonzante con-
fianza en que los problemas se resolverán por sí solos,
gracias a nuestros méritos históricos o a la “fe” en que el
espíritu del capitalismo es el angel tutelar de una moneda
apetecible para los especuladores.
188
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
En estricta matemática, el progreso económico requiere
un elemental punto de apoyo: creación de riqueza efectiva
en base al aprovechamiento de las energías humanas y me-
dios materiales de que se dispone. Esa riqueza efectiva se
traduce en bien social cuando sigue el hilo de precisas ne-
cesidades humanas y capitaliza al máximo las facilidades
que brinda el Libre Mercado.
Es una traición a la propia razón de ser de la vida huma-
na intentar sustituir ese sagrado punto de apoyo con ma-
niobras de divertimento o de especulación, sea porque así
nos lo pide una fidelidad a trasnochadas teorías determi-
nistas, sea porque, para combatir la tiranía de un mons-
truoso déficit, no utilizamos otro medio que el de
incrementar la Deuda en base a elevados tipos de interés y
de cotización que presenten como apetecible una vapulea-
da e inconsistente moneda sin referencia directa con el
estado real de la Economía.
Capitalizar al máximo las facilidades que brinda el Li-
bre Mercado significa mantener lo positivo de anteriores
compromisos con la Unión Europea sin dejar de prestar la
oportuna atención a otros muchos potenciales clientes y
suministradores, en especial a aquellos capaces de valorar
ese aconsejable desarrollo de una tecnología intermedia a
escala de nuestros recursos. ¿Que ello requiere una más in-
teresada autonomía en las relaciones comerciales con ter-
ceros países? Por supuesto que sí; es una exigencia de
nuestros millones de parados y, por demás, una práctica
abiertamente cultivada por nuestros colegas de la Unión
Europea.
Capitalizar las facilidades que brinda el Libre Mercado
significa, también, una más responsable toma de posición
en las relaciones comerciales con lo que se llama la “loco-
motora mundial”, los Estados Unidos de América: pobre
perspectiva la nuestra si hemos de esperar que la tal pre-
189
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
tendida “locomotora” nos saque del actual atasco por la
sola virtud de su propia grandeza o magnanimidad. Opte-
mos, más bien, por simples relaciones comerciales en
base al interés mutuo, lo que obliga a justipreciar nuestra
OFERTA y nada más que eso.
Esa Oferta, obvio debería ser recordarlo, depende, fun-
damentalmente, de la certera aplicación de nuestro saber
hacer y de nuestras energías hacia algo tan concreto y tan
directamente bajo la responsabilidad de muchos de noso-
tros como es resolver el principal problema español de
nuestro tiempo: si lo que ofrecemos o producimos es co-
merciablemente aceptable, sin duda que despertaremos el
interés de “medio mundo” y con ello lograremos
consolidar los puntales de nuestra economía.
Se impone, pues, un razonable posicionamiento de cali-
brar reciprocidades en todo el amplio concierto de nacio-
nes, sin ruptura de estratégicos compromisos y
asociaciones con nula retórica y sí específicos y oportunos
análisis de los pormenores de cada oportunidad y opera-
ción con la consiguiente facilidad para colocarlo en los
Mercados interiores y exteriores.
Si todo ello va y viene en razón directa con lo que somos
capaces de producir y ofrecer, cabe esperar una considera-
ble reducción de nuestro actual desequilibrio entre impor-
taciones y exportaciones hacia todas las latitudes con la
consiguiente incidencia de creación de empleo dentro de
nuestras fronteras: no se ajusta a los intereses nacionales
una política que crea en países más prósperos puestos de
trabajo que podrán crearse en el propio: tal ocurre cuando,
a empresas y particulares, resulta más interesante tirar de
la oferta exterior en productos de fácil realización por
nosotros mismos.
Es justamente lo contrario lo que requiere la actual co-
yuntura española: que personas y particulares encuentren
190
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
abonado el camino para capitalizar progresivamente y con
proyección universal las propias disponibilidades.
7. CONSTRUCTIVA IMAGINACIÓN FRENTE A
LA DEUDA EXTERIOR.
Entre otras cosas, una Nación es una entidad económi-
ca de superior nivel. Algo así como una gigantesca empre-
sa cuya próspera viabilidad tomará consistencia si se
respetan unas específicas reglas del juego.
Al igual que ocurre con una buena parte de las empre-
sas, España sufre la rémora de anteriores torpes acciones
comerciales: falta de previsión, escasez de estímulos para
su personal, inadecuada organización, parcial aplicación
de los propios recursos, ignorancia de nuevas posibilida-
des de proyección exterior, falta de rigor en balances y
cuentas de explotación, torpe descuido en el momento de
calibrar la necesaria rentabilidad de su caudal de
energías...
Esas son, diríamos, las cuestiones generales que habrían
de debatirse en una hipotética “Junta General” de todos los
españoles.
Pero a efectos de reducir trabas en el inmediato remonte
del actual bache, un conspicuo gerente apelaría al recurso
que más a mano tienen las empresas: pasar las deudas a
través del filtro de la propia conveniencia de forma que la
liquidez con que se cuenta sea preferiblemente aplicada al
aprovisionamiento de las más “precisas materias primas”
y no, como con harta frecuencia ocurre en no pocas empre-
sas, a “tapar la boca” al “más amigo” o al que más grita, lo
que, en situaciones de crisis y por un elemental efecto de
rebote, imposibilita el propio aprovisionamiento de lo más
necesario y de su consecuente aplicación a la reactivación
191
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
económica. ¿Consecuencia? En poco tiempo ni siquiera se
puede pagar a los más amigos ni a los que más gritan.
Atenazados por la tiranía de una deuda que fue alimen-
tada por la necesidad de “financiar”, además de despro-
porcionados gastos, despilfarros, corrupciones y
aberrantes errores, muchos países sufren de parálisis
cuando no de progresiva miseria.
No se trata de “olvidarse” de los compromisos de pago:
se trata, simplemente, de establecer una rigurosa escala de
prioridades para que, en un “tiempo prudencial”, todos
esos compromisos puedan ser atendidos.
¿Mecanismos? Los habituales en tales casos: premiar el
reintegro a largo plazo con tipos más altos, “imponer” de-
moras cuando sea posible, reconsiderar lo “reconsidera-
ble”.. etc., etc., … Lo primero es lo primero, que se dice en
la jerga empresarial: en una situación con tantos millones
de parados, es requisitoria de primer orden poner en mar-
cha la maquinaria de creación de todos los puestos de tra-
bajo que demanda la Ley Natural o, si se quiere, la Justicia
más elemental o la Ley de Supervivencia.
Esa puesta en marcha tiene un precio que habrá á de re-
querir la máxima atención en los Presupuestos Generales
del Estado y quienes los elaboran y aplican han de ajustar-
se a la escala de prioridades que impone el Bien Común:
estúdiese, pues, la elasticidad que al pago de la Deuda
conceden las circunstancias.
192
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
8. CRÉDITOS BLANDOS EN FUNCIÓN DE
NUEVOS PUESTOS DE TRABAJO
Para facilitar la creación de tres millones de puestos de
trabajo, a una media de treinta trabajadores por empresa,
se hacen necesarias cien mil empresas. Supuestos el sufi-
ciente número de vocaciones empresariales, la supresión
de “dificultades artificiales”, una pertinente publicidad y
estratégica motivación sobre los lugares de ubicación en
razón de las más propicias circunstancias, examen de via-
bilidad de los respectivos proyectos y certera previsión so-
bre los razonables canales de distribución (cuestiones
sobre las cabe directa responsabilidad al Poder Político),
procede entrar en el tema de la financiación.
Obviamente, la asunción del riesgo corresponde al po-
tencial empresario al que no solamente caracteriza la ilu-
sión de organizar o mandar: debe contar con la adecuada
preparación técnica (“saber lo que se hace” en la específi-
ca rama empresarial que ha elegido) y disponer de recur-
sos o de crédito. Ya en este terreno, su futuro éxito
depende, en buena medida, de las cargas iniciales.
El abaratamiento del crédito, que no la generosidad en
la concesión, parece una tendencia natural de la actual
economía española; aun así, la inversión especulativa jue-
ga con ventaja respecto a la inversión eficiente (esa que
implica directa preocupación por crear o mantener puestos
de trabajo).
En las manos del Poder Político está á el cambiar de sig-
no la situación: en escrupuloso respeto a las exigencias
(que no leyes) del mercado monetario que impone un “rea-
lismo ocasional” a los Tipos de Interés, los principales res-
ponsables de la Gestión Pública pueden y deben primar a
los créditos aplicados a la creación de puestos de trabajo;
193
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
obviamente la prima deberá á ir en razón inversa del costo
de cada puesto de trabajo a crear.
Llegados a este punto se impone una reflexión sobre la
vieja práctica de primar inversiones multimillonarias con
pobre incidencia en puestos de trabajo. Dadas las limita-
ciones de los recursos públicos, es inadmisible canalizar
parte de ellos hacia sofisticados o faraónicos complejos de
dudoso interés social. Otra cosa es la inversión en infraes-
tructuras de tan vital importancia en el despegue económi-
co (por las facilidades que brinda a la circulación de
medios materiales y humanos, por su papel de
“locomotora” y por la cantidad de puestos de trabajo que
crea o mantiene).
En las actuales circunstancias, no hay mayor interés so-
cial que la creación de puestos de trabajo; el primero obli-
gado a reconocerlo es el propio Poder Político. En razón
de ello y por todos los medios legítimos a su alcance, de-
berá á aplicarse a “desviar” de los Presupuestos Generales
mayores partidas de inversión de modo que haya disponi-
ble para facilitar el terreno a la inversión privada fecunda
en puestos de trabajo sin hacer distingos entre modestas o
espectaculares cifras pero sí en esa imprescindible
prodigalidad en puestos de trabajo.
La acusada necesidad de cien mil nuevas empresas no
puede tropezar con insalvables dificultades financieras.
En respeto a la libertad de iniciativa y sin incurrir en blan-
dengue proteccionismo (no pocos seudo empresarios se
aprovecharán de la situación) el Poder Político tiene mu-
cho que decir en la financiación de las empresas.
En el terreno de las cuantificaciones y marcándonos un
plazo de tres años para cubrir los necesarios puestos de tra-
bajo, podemos hablar de una mínima reducción anual del
dos y medio por ciento en los gastos estrictamente buro-
cráticos y de una “discreta y viable petición de moratoria”
194
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
para una parte de los intereses de la Deuda. En la hipótesis
más pesimista, ello nos proporcionará un “apartijo” sufi-
ciente para cubrir tal o cual perentoria necesidad. A título
de ejemplo, tal apartijo podría se cuantificado en diez mil
millones de euros.
Bien administrados, esos diez mil millones de euros po-
sibilitan una substancial aportación de avales a los crédi-
tos aplicados a la creación de empleo.
Si se fija la inversión media por puesto de trabajo en
cuarenta mil euros (bastante menos es lo que se requiere
para reactivar el campo, servicios de gestión o numerosas
aplicaciones de “tecnología intermedia”), la masa inverso-
ra (procedente de la iniciativa privada) para crear un mi-
llón de puestos de trabajo por año asciende a cuarenta mil
millones. La partida presupuestaria de 10 mil millones
que hemos apuntado representa el 25 por ciento de esa
cantidad, a todas luces suficiente para gestionar avales y
cubrir con las pertinentes compañías aseguradoras
eventuales casos de morosidad.
Obviamente, el camino se allana si se logra una partida
presupuestaria mayor y tanto mejor si, por mecanismos
que facilitan las grandes compañías aseguradoras, los or-
ganismos públicos facilitan avales y pertinentes análisis
de viabilidad. Para tal política de financiación, la Admi-
nistración Española cuenta con las Cajas de Ahorro, enti-
dades financieras que, a diferencia de la Banca Privada, no
se mueven por el estricto afán de lucro y, por lo mismo,
pueden medir inversiones y ayudas financieras a través de
un preferente interés social.
Todo ello puede llevarse a cabo sin incurrir en peligro-
sos desequilibrios y con un criterio rigurosamente selecti-
vo en función, repetimos, del costo por puesto de trabajo
que, para lograr la pertinente subvención o concesión de
195
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
avales, en ningún caso deberá á ser superior a los cuarenta
mil euros.
Por supuesto que sigue abierto el camino a costosas in-
versiones privadas (del interior y del exterior); pero sus
promotores habrán de llevarlas a efecto en función de los
propios recursos, nunca en detrimento de esa perentoria
necesidad de canalizar la recuperación económica en base
al desarrollo de las tecnologías intermedias junto con la
deseable modernización de las infraestructuras y el ajuste
de la producción de alimentos y otros bienes de consumo a
la Demanda Internacional.
9. NECESIDAD DE UN COMUNITARIO PRO-
YECTO DE EXPANSIÓN
Si, en no menos de las cuatro quintas partes de la Hu-
manidad escasean los bienes elementales para una digna
supervivencia cuando no para una fecunda colaboración
en la orientación del Progreso... ¿en nombre de qué dere-
cho se restringe la fluidez de esa previsora, lógica y natu-
ral fuente de abastecimiento que brinda la Tierra
oportunamente asociada con el Progreso Técnico?
¿Que se desequilibrarán los precios? No, si los costos de
“soluciones” al estilo de esas insultantes subvenciones a la
reducción de cosechas y de “cabañas” nacionales se apli-
caran a la desgravación o “contra impuesto” por kilo o li-
tro de alimento producido.... Cualquier cosa menos el
destruir deliberadamente una sola de las proteínas
necesarias para el desarrollo de la Humanidad.
196
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
¿Que los eventuales destinatarios no gozan de suficien-
te capacidad económica? No si se aborda seriamente la
muy posible “marshallización” del ámbito comercial:
¿Qué habría sido de la moderna economía americana sin
aquel “Plan Marshall”, al que los más timoratos (o, grose-
ramente, egoístas) tildaron de arriesgado y que, de hecho,
se reveló como oportunísimo para promotores y beneficia-
rios, estos últimos totalmente arruinados por una
devastadora guerra? ¿Acaso falta imaginación para con-
vertir en “fieles clientes” a esas cuatro quintas partes de la
Humanidad que pasan hambre? ¿Puede alguien poner en
duda el tirón que ello representaría para una economía a la
altura del desafío de los tiempos?
Una nación como la española, que por su capacidad pro-
ductiva y nivel de desarrollo, se encuentra a medio cami-
no entre los siete “grandes” y la inmensa multitud de
países “en vías de desarrollo” debe resistirse a entrar en la
trama de antinaturales proteccionismos, cuya positiva
viabilidad económica es harto discutible.
Sorteando con arte las trabas que opone el imperialismo
de la opulencia y en uso de sus derechos soberanos, Espa-
ña debe aplicar su capacidad y entendimiento a lo que de-
manda una buena parte de la humanidad deshereda, lo que,
por feliz reversión, que demuestra la experiencia, redun-
dará á en beneficio de los españoles, en particular, de los
más realistas y emprendedores.
Nuevas industrias (en la actividad conservera, princi-
palmente), mayor desarrollo técnico en lo específicamente
español, más racionales cultivos (racionales porque se
ajustarán al necesario equilibrio entre medios de explota-
ción, recursos naturales y distribución) es lo que parece
demandar a gritos nuestra “natural zona de influencia”.
Para abrir o consolidar nuevos canales de expansión, los
principales responsables de una Economía Social de Mer-
197
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
cado habrán de huir de probados excesos de papanatismo
tanto respecto a teorías más que desprestigiadas por la Ley
Natural y la experiencia como a dictados de los opulentos
que continúan apurando al máximo las posibilidades que
para el acaparamiento les ha brindado su insolidaria tra-
yectoria histórica. Mayor libertad y viabilidad de éxito
ofrece el desarrollo de iniciativas consecuentes con la
demanda de otros países menos celosos de sus privilegios.
Parece evidente que, para los españoles, la solución al
problema del desempleo se reduce a una bien orientada
confluencia entre las palmarias necesidades de nuestra
natural zona de influencia, una oportuna capacidad de ini-
ciativa y la pertinente explotación de nuestros activos y
potenciales recursos materiales y humanos.
No hay lógica para el desempleo en cuanto persista una
vital carencia propia o ajena y sobran iniciativas empresa-
riales para subsanarla: energías a comprometer hilvanan
perfectamente con las necesidades a cubrir o mitigar.
¿No podría ello constituir el “alma” de algo tan necesi-
tado por los ciudadanos de tal o cual país como es un su-
gestivo proyecto de vida en común capaz de aunar todos
los esfuerzos, romper negativos particularismos de secto-
res y pueblos y sacarle el máximo jugo a tantas y tan valio-
sas, hoy por hoy, desaprovechadas energías? ¿Qué mejor
orientación del Proyecto que la de centrarlo en la resolu-
ción del principal problema de nuestro tiempo? ¿Qué me-
jor alimentación del Proyecto que una Libertad
Responsabilizante para promotores y gestores de las
oportunas iniciativas?
198
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
10. PACTO SOCIAL A CINCO BANDAS
Todo lo que se viene diciendo será á letra muerta si re-
sulta incapaz de despertar una mínima inquietud por sinto-
nizar con la Ley Natural. Ese despertar ha de ser de forma
personal e intransferible puesto que las otras mujeres y los
otros hombres tienen su propia responsabilidad y es pobre
y falaz consuelo el esperar que el mal uso y deficiente ex-
plotación de los bienes naturales pueda ser resuelto por los
otros o por la inercia de las cosas (determinismo materia-
lista de cualquier tipo).
Sintonizar con la Ley Natural significa reconocer que es
exigencia elemental de una economía en desarrollo el so-
cial aprovechamiento de las ricas y diversas energías per-
sonales: implicarnos e implicar a todos en una urgente y
bien urdida estrategia hacia la resolución de los problemas
de desempleo. Si ello resulta imposible sin libertad y sin
certeros y continuos estímulos, también es vano empeño
sin una organización promovida y respetada por el Poder
Político.
No es tiempo de utopías ni de salidas por la tangente.
Apremia el remedio a tanto despilfarro y anquilosamiento
de energías: prioridad, pues, a la praxis de un plan cuya
viabilidad descansará á, fundamentalmente, en la colabo-
ración que, por distintos cauces, habrá á de implicar a to-
dos los hombres y mujeres en situación de ofrecer algo
positivo al Bien Común: unos lo harán por la compensa-
ción crematística, otros en respuesta a una íntima voca-
ción, otros por sentido del deber, los menos, es cierto, en
alas de una generosa preocupación por reducir las
carencias del prójimo.
Las energías de todos ellos (materializadas más en un
trabajo disciplinado y regular que en hipócritas evasivas
199
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
retóricas) constituyen el centro hacia el cual han de con-
fluir todas las preocupaciones de cuantos ostentan poder y
responsabilidad.
El compromiso de los menos atados por sus carencias
será á siempre el más voluble y, probablemente, el menos
solidario. De ahí la necesidad de orden, libertad y suficien-
tes estímulos. Y la eficacia del poder político habrá de me-
dirse siempre por la “viabilidad de la organización que él
mismo promueve y mantiene”.
Será una Organización en la que quepan todos con sus
respectivos bagajes: con un dinero tanto más respetable
cuanto más resulta ser herramienta de reconstrucción eco-
nómica, con su sentido de la auténtica Realidad, con su
voluntad de aprender, con su paciencia y con su generosi-
dad, con sus “manos” y con su “cabeza” en las diversísi-
mas tareas que requiere la pertinente explotación de
bienes y servicios. Obviamente, también caben los enfer-
mos, los niños y los ancianos, siempre capaces de aportar
testimonios y ocasiones de progresiva humanización y por
lo mismo de más certeras respuestas a las exigencias del
Derecho Natural.
Trascender los límites de la estéril retórica constituye el
núcleo del desafío que a todos obliga, en especial a los que
saben y pueden. Desde esta favorable Predisposición Ge-
neral cabe abordar un Constructivo Compromiso.
El primer paso será á la Iniciativa gubernamental hacia
un proyecto lo suficientemente sugestivo para cuantos ha-
yan de comprometerse en su realización.
El segundo paso es lo que se llama un Pacto Social, tam-
bién promovido por el Poder Político.
La viabilidad de un Pacto Social a nivel nacional requie-
re, como fuerza de cohesión, claras muestras de entendi-
miento sobre los horizontes a cubrir y sobre la parte de
200
TRABAJO PARA TODOS EN TIEMPOS DE CRISIS
responsabilidad que corresponde a cada uno en la ejecu-
ción y consolidación de la obra diaria.
Un Pacto Social será simple papel mojado si no facilita
la funcionalidad y progresivo desarrollo de la célula base
de la Economía, la Empresa, sea ésta de pequeñas o gran-
des proporciones, de carácter agrícola, marinero,
industrial o de servicios.
La progresiva conjunción de voluntades en el interior de
la Empresa requiere bastante más que grandes frases o
buenas intenciones, que de nada valen si faltan viabilidad
económica y elementales estímulos para la cohesión entre
las partes.
Los excesos y exageraciones de lo que se llamó Organi-
zación Científica del Trabajo o Taylorismo, que trataba al
hombre como el apéndice de una máquina, despertaron
una contundente réplica que condujo a la revalorización
del Factor Humano y consecuente serio interés por desa-
rrollar las RELACIONES HUMANAS en todo el ámbito
de la Organización. Se prodigaron las investigaciones y
estudios sobre la Organización y la Dirección hasta con-
cluir en la inequívoca premisa de que, en todos los esque-
mas organizativos y en la regular línea de acción de los
directivos, cabe aplicar muy precisas normas científicas
capaces de optimizar las relaciones industriales hasta con-
vertir a la Empresa en una Comunidad de Trabajo progre-
sivamente rentable porque ha logrado integrar a todos sus
miembros en la cobertura de unos bien definidos
objetivos.
Tales pautas de organización que habrán de presidir, día
a día, la actividad empresarial no son un lujo privativo de
las grandes empresas. Son una necesidad tanto más acu-
ciante cuanto más modestos son los recursos con que una
empresa ha de encarar su futuro. Por supuesto que ello im-
plica una bien definida política de planificación, acción y
201
CUARTA PARTE: Apuntes para una Economía de la Reciprocidad.
control, cuyas coordenadas básicas habrán de constituir el
ABC de las preocupaciones del empresario y puntos de
apoyo a las motivaciones que corresponden a cada
integrante de la Empresa.
En una empresa de esas características sí que es posible
la libertad en sintonía con unos bien precisados objetivos:
los niveles de responsabilidad han de complementarse, lo
que significa que todos los integrantes del equipo empre-
sarial “están obligados” a una democrática comunicación
en todas las direcciones, siempre, claro está, en base al
“sagrado respeto” a los números, a su vez, garantes, de la
viabilidad futura y, por lo tanto, de nuevas oportunidades
para cuantos ven en el Trabajo la más segura vía de
realización personal.
Lo que es bueno para la Empresa es bueno para la Na-
ción: huelga cualquier propósito de recuperación de la
economía nacional si no cuenta con claros objetivos y los
suficientes estímulos para despertar voluntad de compro-
miso en una buena parte de los responsables de la ejecu-
ción de las sucesivas etapas de desarrollo y, al menos,
comprometedora simpatía en el resto de los ciudadanos.
Demostrado está que los “sectores sociales” no se limi-
tan a Gobierno, Sindicatos y Patronal, máxime cuando la
labor del Gobierno está á limitada en el tiempo, son mayo-
ría los asalariados y empresari