Disfruta tu vida día a día

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En un día cualquiera como el de hoy

He tratado de metaforizar mis pensamientos, de encausar la sintaxis adecuada para poder expresar lo que se ha mezclado allí entre mi mente, corazón y alma, un deseo increíble de decir, de darle un aplauso a la vida, de darle mi mejor sonrisa al destino, de abrazar mi existencia y es que tengo para mí bien el ejercer una de las más nobles y loables carreras que la ciencia y que el mismísimo Dios pudo legar al hombre “LA CIENCIA MEDICA”, entendiendo que todas las carreras y oficios del mundo son admirables.

Un día como el de hoy, a mi puerta toco una realidad inmutable…una verdad que me hizo sentir un frió calor que estremeció toda mi humanidad, corría un día cualquiera, entiéndase un día de esos en los cuales todo transcurre con aparente normalidad, de esos en donde el sol suele aparecer y con sus rayos despierta a una ciudad normal, en donde el ritmo acelerado de la vida que cada uno se ha forjado muy a su forma y a su cuidado, deja a su paso un sin fin de supuestos logros o fracasos, de lagrimas o sonrisas, de caricias o rechazos, de sueños realizados o sueños destrozados, de unión de manos o de golpes certeros con las mismas, de matrimonios o divorcios, de saludos o despedidas, de nacimientos o muertes…en fin, una multifacética forma de subsistir dentro de esto que normalmente titulamos como existencia…

Dentro de ese día que narro, en mi peculiar forma de vivir, echando mano de la verdad que hoy refiero, quiero contar que recibí una llamada que me suplicaba fuera a ver a un paciente dentro de la zona en que trabajo (una zona tropical del sur de Guatemala), mis múltiples obligaciones y afanes me hicieron entre subir mi ceja, con cierto dejo de enojo y paciencia doctoral, conteste a la voz que me interpelaba, con mucho gusto señora iré lo más pronto que se pueda…paso una hora para poder abordar mi vehículo y enfilar hacia algo que sería un aprendizaje profundo en mi destino…cuando arribe a la humilde casa en donde se hallaba el paciente a evaluar, salió una anciana de aproximadamente 80 años de edad, la casa estaba plagada de animalitos de granja, de trozos de leña, de muebles casi inservibles…una cacerola de barro gemía sobre las brazas amenazando con su implosión inminente y sobre el jardín un pliego de florecillas moradas y amarillas como un díctamo que tímidamente me daban la bienvenida…doctor me dijo la señora, ofreciéndome una silla que crujió con mi exceso de peso, el motivo por el cual le he hecho venir es porque tengo a mi hermano muriéndose allí dentro de ese cuarto, todos los doctores que hemos visto lo han desahuciado ya, el tiene un cáncer terminal en su hígado y la verdad (escapándose una lagrima acentuó), está sufriendo demasiado y no sé qué hacer, dicen que usted es muy bueno y quizá usted pueda, sino curarle por lo menos darle un alivio, una esperanza…veamos recalque, aun con la imparcialidad que supuestamente debe imperar dentro de la profesión, me acerque aquel cuarto, el panorama era devastador, el vientre de mi paciente ostentaba un tamaño descomunal, estaba totalmente desproporcionado al resto de su humanidad, era como un globo enorme amarillo, en el cual se dibujaban millones de venas a punto de estallar, contrastaba con el cuadro aquel, un cuartucho de madera vieja, roída por el tiempo, en donde se había impregnado el olor peculiar que enfatiza una enfermedad fatídica, algunas partes de lo que fuera una bicicleta vieja, unos tubos para riego, una cama que soportaba todo el peso de aquella tragedia en tablas, un trozo de árbol por meza de noche en donde yacían restos de velas que aseguraban la escasez de luz y el desvelo forzado, una taza vieja que en mi tierra llamamos “pocillo” lleno de hormigas…y su mano abierta que se ofrendo para poder tomar la mía, ¿qué decir en esos momentos?, ¡Cómo esta!, ¡Cómo se siente!, dentro de un protocolo universal que no sirve de nada, mi voz entrecortada revelo mi pensamiento, sin embargo él me dijo siéntese, ¿cómo le va?, pues bien dije, apenado por su enfermedad…aquí (balbucee), con todo el deseo de ver si le podemos ayudar…¿ayudar? replico, ¡sí! (enfaticé), aliviar, minimizar un poco su dolor…!hay! doctor me dijo, lo que usted ve es imposible de aliviar, cada día que pasa siento como si me clavaran con una fuerza increíble a estos maderos que me nivelan el alma, el dolor es insoportable, no puedo moverme para ningún lado, simplemente veo esa lamina vieja que me sirve de división entre el cielo y yo…no doctorcito, no se complique la vida tratando de remediar lo irremediable, consiente estoy de sobra que poco me queda de vida, y que muy poquito tiempo ya Dios me va a dar esta mi cruz que debo soportar…me quede inmóvil, no pude comprender qué sucedió en mi pecho, sentía la necesidad de hacer algo, pero ¿qué hacer?…de repente él me dijo, dentro del umbral de mi pena, yo solamente quiero una palabra, no sueño con un sortilegio que me ponga de pie, simplemente quiero que usted me diga cómo marcha la vida allá afuera, que me recuerde cómo se siente el sol que se esconde, que me recuerde cómo se siente el roce de la brisa en el rostro, o que me recuerde cómo se mecen los árboles con el viento, quisiera que me narrara cómo suena el río golpeando las piedras que arrastra, o las olas del mar, ¡ha! si tan sólo pudiera volver a caminar me dijo, si tan sólo pudiera otra vez ser patojo (niño en mi país), para correr tras de aquella pelota vieja, si tan sólo pudiera sentir el olor de las vacas en un campo verde, halla en donde ordeñaba, si tan sólo pudiera mojarme con la lluvia….si tan sólo doctor…eso le suplico, que me hable, que me visite, ni tragar puedo ya, todo me sabe a hiel, si tan sólo pudiera saborear una vez más las naranjas, esas naranjas enormes que se parten en gajos, y se pueden chupar…si pudiera escuchar el canto de las aves, sin que este dolor me interrumpa y me recuerde mi muerte…!Hay! doctor me dijo…si tan sólo…salí de ese cuartucho devastado, si es cierto que estoy acostumbrado a ver el dolor y la muerte de cerca día a día, también es cierto que no he dejado de ser humano, muy a lo contrario creo que me estoy estrenando como tal, extendí mi mano y le puse un alto a mi reptar por este mi mundo, una luz a ese oscuro corazón que todos de vez en cuando ostentamos…logre conseguir los más bellos videos de la naturaleza y se los puse día a día, intente mitigar su dolor al contarle de las cosas más sencillas, como del viento, la brisa, la risa de un niño, de un beso en primavera, de los naranjos en flor y sobre todo de como él me había enseñado a valorizar las pequeñas cosas que todos creemos hechas, dadas, así como una obligación perpetua de no sé que ser mítico y misterioso que se empeña obstinadamente en contarnos dentro de su creación…aprendí mucho de mi amigo SANTOS ROMERO, me enseño que el sencillo hecho de caminar es un don, un privilegio, me enseño que los detalles más insignificantes de la vida suelen ser los más preciados, que es un milagro ver cada día, que es un milagro el poder sentirlo, degustar aunque sea un gajo de naranja, me enseño que aun un olor, puede hacer la diferencia entre vivir o morir, me lego un sentimiento grande de agradecimiento por lo que he recibido exageradamente, ese privilegio que he tenido de poder ver los mares del mundo, de escuchar las más bellas sinfonías, de poder obsequiar una sonrisa, sabe mi querido lector, no me importa ya tanto mi peso, ni mi bolsa, ni mis años, simplemente estoy agradecido, pues sé que miles de seres perecieron hoy, quizá miles de seres que merecían estar en este mundo más que yo, o más que cualquiera que se despierta renegando por la vida, o por el empleo, o por que no tiene para gastar más en esas tiendas atisbadas de ropa de verano, y es que los seres humanos siempre queremos más, somos tan superfluos, parecemos grandes tragamonedas de vida, el que no tiene nada quiere algo, y el que tiene algo siempre quiere aun más y más…creo que es tiempo que nos pongamos un alto, que detengamos ese transitar por la supuesta vida obligatoria y que demos gracias por el privilegio de existir, de estar, nosotros podemos forjar un mejor mundo, nosotros los que estamos vivos hoy, que tenemos el inconmensurable don de coexistir, no hablemos del mañana, o del déficit económico, o de la alza del petróleo, seguramente cada día traerá su propio afán, pero démonos la tregua para reconocer que vivir es bueno hoy, que somos parte de este plan llamado humanidad, que tenemos la dicha de poder abrazar a nuestros hijos, que podemos tener la dicha de ayudar a nuestros semejantes, que podemos plasmar un beso, una caricia, una esperanza, sin esperar absolutamente nada a cambio…gratitud es de lo que más carecemos los seres humanos, gratitud a un Dios perfecto, inmutable, que aun nos permite poder reflexionar en un día cualquiera, en un día como el de hoy…porque el mañana…¿quién lo vivirá?…¿quién lo subsistirá?…hay algo que es seguro y es que somos turistas en este mundo, que solamente estamos de paso, y debemos estar conformes sin ser conformistas con lo que nos ha tocado, es parte de estar agradecidos, muy agradecidos, recordando que la libertad solo es posible para el que la labra y le es permitida a quien puede tener el tremendo acto de agradecer…UN DIA CUALQUIERA COMO EL DE HOY.

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de Bergerac Cyrano de. (2014, octubre 3). Disfruta tu vida día a día. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/disfruta-tu-vida-dia-dia/
de Bergerac, Cyrano de. "Disfruta tu vida día a día". GestioPolis. 3 octubre 2014. Web. <http://www.gestiopolis.com/disfruta-tu-vida-dia-dia/>.
de Bergerac, Cyrano de. "Disfruta tu vida día a día". GestioPolis. octubre 3, 2014. Consultado el 4 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/disfruta-tu-vida-dia-dia/.
de Bergerac, Cyrano de. Disfruta tu vida día a día [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/disfruta-tu-vida-dia-dia/> [Citado el 4 de Diciembre de 2016].
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