Con qué mentalidad encaramos nuestros problemas

Se pueden resolver los problemas con distintas mentalidades. Si solamente tenemos a la vista el objetivo y bregamos para lograrle, cueste lo que cueste y sin que nos importen otras personas, podríamos decir que somos de una “mentalidad objetivo”. Ésta difiere de la que es conocida como la “mentalidad objetiva”, la que es pensar en un problema racionalmente, sin sentimentalismos y pasiones. La mente “objetivo” sólo piensa en ganar su propia meta, lo más rápido posible; su instrumento es la competencia y su enemigo el tiempo porque no cree en el proceso ni en la opiniones de los demás, menos en un liderazgo compartido y la participación protagónica de otras personas.

Otra manera de resolver nuestros problemas es con una “mentalidad proceso”, una mente que respeta su entorno y sabe que para el logro de un objetivo debe considerar distintas situaciones y opiniones, porque cree en la participación de más personas en un esfuerzo conjunto. Su pecado sería su convicción, consciente o inconsciente, de que todos pueden participar en todo y que el proceso, no importa cuánto tiempo tome, siempre es más importante que el logro del objetivo.

Durante la historia humana hemos “resuelto” muchos de nuestros problemas, motivados por una de estas dos mentalidades, mediante decisiones y proyectos de individuos e instituciones que pensaban sólo en su objetivo o en el proceso. La dificultad surge cuando la concepción y el ejercicio de cada manera son llevados a un extremo; el daño, en el primer caso, se percibe tardíamente, una vez logrado el objetivo, y en el segundo caso, al borde del tiempo límite.

Ambas mentalidades podrían creer en que “El fin justifica los medios” y ser incapaces de ver las consecuencias de su proceder. Sin embargo, confieso, sinceramente, que no puedo afirmar si las dos tienen o no algunos de los siguientes males en común:

Una “mentalidad objetivo” en caso extremo, sería más propensa que la de “proceso” a asumir una actitud de indiferencia hacia quienes caen en el camino y no le importa el dolor y la injusticia que podría causar por alcanzar su objetivo; quemaría todo un bosque para abrir paso hacia su cabaña. Su ley es la lucha por la existencia y su consigna “la supervivencia del más fuerte”.

La otra mentalidad, en su extremo ejercicio, podría llevar a manipulaciones demagógicas, degenerar el concepto de una genuina participación de personas involucradas, convertir la consulta en un proceso indefinido y nebuloso y no llegar, oportunamente, a una decisión colectiva para resolver el problema.

Al encarar nuestros problemas y diseñar o ejecutar nuestros planes para resolverlos, requerimos entre otras condiciones, una mentalidad sistémica; una que pondere todas las situaciones y que crea tanto en la importancia del objetivo como la necesidad del proceso de consulta y reflexión; una mente que no queme el bosque, sino que abra con esmero y delicadeza, su sendero hacia la cabaña; que explore la realidad con sabiduría al “ver el fin en el comienzo”, como describe Bahá’u’lláh a los sabios, y que sea capaz de elevar el problema a nivel de principio para encontrar no sólo sus síntomas aparentes, sino también sus causas y raíces.

Instituciones que forman equipos de trabajo integrados por las dos mentalidades y mejor aun, con personas de mentalidad sistémica, de seguro, crearán una sinergia de capacidades y talentos que asegura el ejercicio de un proceso saludable de consulta y el logro de objetivos sostenibles por la aplicación de las soluciones sabias y potenciadoras.

Mi propósito al escribir estas líneas es reflexionar sobre la mentalidad con la que encaramos nuestros problemas familiares, empresariales, nacionales e internacionales:

¿Buscamos sólo el objetivo en un tiempo récord o creemos también en el proceso de participación?

Al aplicar una decisión, una política o norma, ¿estamos midiendo con una mentalidad sistémica, sus consecuencias laterales y finales? ¿Estamos viendo el fin en el comienzo?

Siendo personas e instituciones con ética y moral, ¿justificamos cualquier medio para alcanzar el fin que buscamos o distinguimos aquellos que estén de acuerdo con la naturaleza de nuestro fin?, y el empleo de estos medios, ¿está libre del ejercicio de un doble estándar?

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Shoaie Manoucher. (2015, enero 14). Con qué mentalidad encaramos nuestros problemas. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/con-que-mentalidad-encaramos-nuestros-problemas/
Shoaie, Manoucher. "Con qué mentalidad encaramos nuestros problemas". GestioPolis. 14 enero 2015. Web. <http://www.gestiopolis.com/con-que-mentalidad-encaramos-nuestros-problemas/>.
Shoaie, Manoucher. "Con qué mentalidad encaramos nuestros problemas". GestioPolis. enero 14, 2015. Consultado el 3 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/con-que-mentalidad-encaramos-nuestros-problemas/.
Shoaie, Manoucher. Con qué mentalidad encaramos nuestros problemas [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/con-que-mentalidad-encaramos-nuestros-problemas/> [Citado el 3 de Diciembre de 2016].
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