“Si no confías en los otros, los otros nunca confiarán en ti”
Tao17
Es tan corto nuestro tránsito que debemos saber aprovechar día a día los minutos que se nos da, de sentirnos bien, en armonía, trabajando en pro de nuestro crecimiento, interrelacionándonos de tal forma que de ello obtengamos esa vivencia que nos permite evaluar si lo hacemos adecuadamente, cumplir con nuestra misión, manejar adecuadamente nuestro comportamiento, conducta saber sonreír.
Tenga presente que la solución en pro de nuestro avance, no consiste en rechazar esa ridiculez con que muchas veces actuamos ni en soportarla, sino en verla como un aspecto normal en la debilidad humana, que se puede evitar y encontrar graciosa, como lo señala el Dr. Paúl Chauchard. Nos presentamos como espectáculo, debemos reírnos con las personas, puesto que el humor representa un papel benéfico que el rasgo humorístico vale más que la sátira frustante.
El doctor Chauchard (Voluntad activa, 1973) nos invita a considerar ¿Por qué por ejemplo, el tímido tiene miedo a los demás?. Al sentirse débil le atribuye muchas malas intenciones con respecto a él.
No tiene razón porque los demás no se interesan lo suficientemente por él para expresar semejantes sentimientos. Pero, ¿No radica aquí precisamente una de las causas de la intimidación? ¿Por qué los otros tienen miedo a abordarme ¿ Por qué no sonrío como los demás?¿Por qué me identifico con la soledad?¿Por qué me encuentran frío, irónico, hostil? Será, porque siempre aislado en mi mismo no manifiesto lo que pienso.
El tímido, que posiblemente no es su caso, tiene que cambiar y
aprender a sonreír, no debe curarse como lo indica el doctor Chauchard,
aprendiendo únicamente a poner remedio a su azoramiento morboso ante los
demás. Vendría a ser entonces un ser falsamente normal, un ser que se
desinteresaría de los demás, porque ha cultivado la virtud de sonreír y
no podría tener con ellos sino contactos superficiales, banales o
interesados, que nada tendrían que ver con las auténticas relaciones
interpersonales
Justamente, dejamos de ser tímidos cunado podemos manifestar nuestra
simpatía, cuando no somos intimidantes.
Recordemos que tendremos que aprender a acoger a los demás y es preciso que los demás aprendan a acogernos a nosotros tales como somos. No olvidemos que existen grados entre la indiferencia y la amistad.
Estamos hecho, nos relata el doctor Chauchard, de tal suerte, que nos es imposible estar en situación de equilibrio, de salud, si con respecto a los demás somos indiferentes, envidiosos, criticones, irrespetuosos, pedantes, hostiles, odiosos.
El equilibrio exige amar al prójimo como a nosotros mismos. Amar al prójimo es, ante todo, abrirse a él, acogerle, manifestarle interés y simpatía.
Debemos proponernos de cultivar la virtud de sonreír, aprender hacerlo, puesto la sonrisa es la clave de la simpatía. Todo encuentro humano debe empezar por ella. Debemos crear en nosotros el deseo de sonreír cuando nos encontramos con los demás y no hacerlo en forma maquinal. Hay que descubrir la sonrisa de la simpatía, a la que nos conlleva a ka conciencia lucida.
Nuestro mundo que se dice civilizado no lo será mientras no sea un
mundo abierto, en el que cada uno se interese verdaderamente por los
demás, en sí mismos, y ello recíprocamente
La sonrisa que los demás requieren y que nosotros necesitamos es una
sonrisa interior, una verdadera sonrisa, la comunión momentánea de una
simpatía, de la alegría de un encuentro. Para sonreír a los demás es
necesario que4 seamos sonrisa.
Usted podrá lograr es sonrisa si se propone ser feliz, crecer,
descubrir y trabajar
En sus imperfecciones, compartir, tomar en cuenta por ejemplo, lo que
nos comenta Leo Buscaglia: Cuidarse de los enojos insignificantes, dados
que crecen hasta convertirse en destructivos monstruos. Elimínelos de
inmediato. No se involucre en agravios mezquinos,, del ego e infantiles.
Sólo servirán para degradar sus relaciones e impedir la intimidad.
Despójese del falso orgullo, que por lo común es negativo y crea barreras e impide, además, la intimidad, muchas veces conlleva a la separación de las personas y origina sufrimiento. No descuide, una vez más, que la sonrisa permite reconocer la calidad humana de la otra persona así como sus vibraciones positivas.
Harold Lyon nos dice: Lo que nos protege no es nuestra fiera sino nuestra humanidad; nuestra capacidad de amar a los demás y de aceptar el amor que otros desean prodigarnos. Lo que nos mantiene abrigados por la noche no es nuestra dureza, sino la ternura, que hace que los demás desean mantenerse abrigados.
No olvide sonreír y alimentarse de cosas positivas que le permitan
crecer..Adelante...
Ing. Carlos Mora Vanegas El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela) cmoraarrobapostgrado.uc.edu.ve camv12arrobahotmail.com
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