El pasado 12 de junio, mientras la atención parecía ceñirse sólo a
las expectativas y a la euforia que producía el Campeonato Mundial de
Fútbol, se conmemoró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil.
Desde 1919 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) fijó en 14
años la edad mínima para el empleo en la industria y desde ahí se
desprende una definición de trabajo infantil que refiere a actividades
y/o estrategias de supervivencia, remuneradas o no, realizadas por niños
y niñas, menores de la edad mínima requerida por la legislación nacional
vigente para incorporarse a un empleo.
El concepto abarca actividades visibles e invisibles, realizadas por
chicos que trabajan fuera de la casa y/o ganan propinas y/o ayudan
habitualmente en el trabajo a familiares o vecinos, una definición que
puede ampliarse, si se incluye la actividad de atender la casa, mientras
los padres están fuera del hogar.
Existen distintas posiciones con respecto al trabajo infantil. Por un
lado, hay quienes tienden a generar acciones que abogan por la
prevención y erradicación, y por otro, sectores que promueven su
protección y promoción.
En el primer grupo se ubican organizaciones que consideran que el
trabajo infantil “perpetúa el círculo vicioso de la pobreza” y que la
realización de ciertas tareas por debajo de la edad mínima establecida
“perjudica, obstaculiza e impide el desarrollo físico, mental,
espiritual, moral o social” del niño.
La Asamblea General de las Naciones Unidas, que aprobó la Convención
sobre los Derechos del Niño en 1989, junto con los Estados que adhieren
a esta legislación y la OIT, integran este grupo.
Por su parte, los que postulan la protección del trabajo infantil,
consideran a la actividad laboral de menores como una experiencia
positiva, desde el punto de vista de la socialización, el aprendizaje y
la construcción de identidad psicosocial.
En ese sentido, se afirma que el reconocimiento del niño
trabajador refuerza su autoestima y permite generar un proyecto de
infancia alternativo.
En este sector se cuentan las organizaciones de Niños, Niñas y
Adolescentes Trabajadores (NATS), que surgieron el Latinoamérica en la
década del setenta y que cuentan con representantes nacionales,
regionales y en algunos casos por localidad. El objetivo de estas
agrupaciones es la mejoría de las condiciones de los niños que trabajan
y la lucha contra la explotación.
Contradicciones numéricas
Según un Informe Global de la OIT, presentado en Brasilia, en mayo de 2006, el total de niños que trabaja a nivel mundial disminuyó en un 11 por ciento, de 246 a casi 218 millones.
A esta noticia se le sumó que América Latina fue considerada como la
región que experimentó “la caída más rápida” en la cantidad de chicos
que trabajan, con una disminución que va del 16 al 5 por ciento.
Sin embargo, el caso argentino remite una tendencia totalmente
contrapuesta. Según la organización Save the children el trabajo
infantil creció un 600 por ciento en los últimos siete años, como
consecuencia de la crisis económica.
En esta misma línea, la Comisión Nacional para la Erradicación del
Trabajo Infantil (CONAETI), del Ministerio de Trabajo, Empleo y
Seguridad Social estimó en un millón y medio el número de chicos de
entre 5 y 14 años, que en zonas urbanas o rurales de la Argentina, le
dedican tiempo al trabajo, en detrimento de la educación y el
esparcimiento, comprometiendo su integridad física y psíquica,
violándose así el artículo 32 de la Convención de los Derechos del Niño,
incorporada a la Constitución Nacional en 1994, que establece que los
chicos tienen derecho a “estar protegidos contra la explotación
económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser
peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o
para su desarrollo…”.
El caso argentino
La pregunta por las causas del ingreso temprano al trabajo desemboca en una obvia respuesta: la pobreza. Aunque también influyen otros factores también relacionados, tales como la desocupación adulta, el trabajo en negro, la prostitución, la pornografía infantil y cuestiones culturales que tienden a naturalizar una situación muy arraigada desde la tradición.
El vínculo que une al trabajo infantil con los sectores menos beneficiados, que no pueden asegurarse la satisfacción de las necesidades básicas, es sumamente estrecho.
En Argentina las estadísticas más actualizadas parten de los datos relevados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que trabajó con la definición restringida de trabajo infantil, para luego agregarle las mediciones correspondientes a tareas domésticas.
De esa forma el Programa Proniño arroja cifras que indican que en las áreas urbanas existen 1.232.852 chicos de entre 5 y 14 años trabajando y en las rurales, 271.074, lo cual da un total de 1.503.926 menores comprometidos en crecimiento y desarrollo.
El tiempo robado a actividades educativas y de esparcimiento es muy variado. No hay datos exactos, pero sobre una muestra de 200.000 menores, relevados en Buenos Aires y seis provincias, la OIT elaboró un informe a fines de 2004, que sostiene que en promedio, los chicos trabajan 7 horas por semana, pero uno de cada 5 niños le dedica a actividades laborales 10 horas o más. Además uno de cada 10 lo hace de noche.
En la venta en la vía pública, el cuidado de personas o la
realización de tejidos, se distinguen las niñas y en la recolección de
papeles y cartones, cortar el pasto y hacer mandados, los niños.
Si bien el 97 por ciento de los menores encuestados asiste a la escuela,
el 18.7 registra llegadas tarde frecuentes, el 19.8 inasistencias
reiteradas y el 29.7, repetición de año o grado. Estos valores se
reducen a la mitad en chicos que no realizan actividades laborales.
Al limitado acceso a la educación que reciben los niños que trabajan, se le unen los daños a la salud física y psíquica ocasionados por jornadas extensas, tareas realizadas en lugares nocivos tanto en la ciudad como en el campo, que los someten a iluminación insuficiente, sobreexposición a radiaciones solares, contacto con sustancias tóxicas, riesgo de accidentes de tránsito, etc., además del pago inadecuado, estrés físico y social y explotación sexual.
La realidad argentina plantea la existencia de un amplio y vulnerable sector de niños que trabaja y que obtiene ingresos mínimos, al mismo tiempo que registra daños irreparables en su integridad. El trabajo infantil es una problemática que no contribuye a generar una cultura del trabajo basada en la dignidad del ser humano.
Fuentes consultadas
∙ Programa Proniño:
www.pronino.com.ar
∙ Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI),
del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social: www.trabajo.gov.ar/conaeti/
∙ Organización Internacional del Trabajo (OIT): www.ilo.org/public/spanish/
∙ Programa InFocus sobre el Trabajo Infantil – IPEC: www.ilo.org/public/spanish/standards/ipec/
∙ Organización de Estados Iberoamericanos (OEI): www.oei.es
∙ Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF): www.unicef.org/spanish
∙ Portal Educativo argentino EDUCAR: weblog.educ.ar/
Fuente: Los Recursos Humanos. Portal de RR.HH. - www.losrecursoshumanos.com
Link original: http://www.losrecursoshumanos.com/trabajo-infantil1.htm Autor: María Gabriela García. Licenciada en Ciencias de la Comunicación (Orientación periodismo) Universidad de Buenos Aires (U.B.A.) Facultad de Ciencias Sociales.
Los Recursos Humanos.com es realizada por un equipo de estudiantes y graduados de las carreras de Relaciones del Trabajo y Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A.) que por iniciativa propia editan y distribuyen desde 2001 la Revista ENLACES de Recursos Humanos. con el fin de ampliar desde la práctica sus conocimientos sobre muchos conceptos y teorías adquiridos en la Universidad. El portal Los Recursos Humanos, está en la red desde Diciembre de 2004. [Conocer mas acerca de Los Recursos Humanos.com]
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