El presente texto pretende introducirnos en la práctica de la
Dirección por Valores, resaltando su importancia como una nueva
herramienta estratégica de gestión del cambio.
El objetivo es identificar e informar sobre los aspectos que posibilitan
el cambio cultural, insertando un punto de vista que busca humanizar la
gestión en forma diferente a lo tradicional.
La metodología empleada es la explicación de las fases que componen este
nuevo tipo de dirección, basándose en una estructura cronológica.
Los resultados postulan la importancia de la verdadera intención del cambio, la nueva gestión del líder, la formación de equipos de proyectos y la implantación de sistemas de retroalimentación y recompensas que deben ser asumidas por todos los miembros de la organización, así como también la práctica de valores comunes. Lo anterior son aspectos de los cuales carecían los antiguos sistemas de gestión, frenando la aplicación práctica del cambio.
La incertidumbre y el cambio son rasgos que caracterizan a nuestra época por lo que es necesario aplicar nuevos principios y valores al interior de la organización para asegurar su viabilidad en un entorno cada vez más exigente y competitivo.
Las técnicas tradicionales de gestión como la dirección por instrucciones y por objetivos resultan notoriamente insuficientes, apareciendo la Dirección por Valores como una herramienta de liderazgo que lleva no sólo a un óptimo desarrollo de la empresa sino que también a la realización humana y profesional de todos sus integrantes.
Los nuevos puntos de referencia que propone son la orientación al cliente, la autonomía y sentido de los esfuerzos profesionales, el cambio de cultura empresarial y la inclusión de principios éticos y sociológicos.
La Dirección por Valores es una nueva forma de entender y aplicar conocimientos. Además, es una actualización del Desarrollo Organizativo que pretende introducir la dimensión de la persona dentro del pensamiento directivo.
La DpV se basa en valores. Los valores son convicciones básicas de que un modo específico de conducta o estado final de existencia es personal o socialmente preferible a un modo de conducta o estado final de existencia opuesto o inverso (Robbins 1996, 174.)
Otra definición importante para tener en cuenta es cultura
organizacional, la que se refiere a la percepción común que comparten
los miembros de la organización; sistema de significado compartido (Robbins
1996, 681.)
El cambio cultural, como cualquier cambio, implica resistencia ya que
cuando ésta no existe no hay cambio que gestionar.
Un cambio de cultura es un aprendizaje colectivo que consta de dos fases
esenciales: Puesta en marcha y mantenimiento.
Puesta en marcha:
Fase 0: Se refiere a la existencia de liderazgo legitimador que posea
voluntad, compromiso y capacidad de asignar suficientes recursos para su
éxito.
Como características esenciales se requiere un líder poseedor de visión
global, desarrollo personal y capacidad de potenciación de las personas,
lo que permite abocarse a 3 grandes aspectos:
Sus energías personales y las de su equipo de apoyo: El líder debe
poseer capacidad profesional y saber desarrollar su energía personal.
Se debe contar con un equipo de apoyo denominado “gabinete de gestión
del cambio”, el cual debe estar formado por un número reducido de
personas compuesto por profesionales dedicados a tiempo completo,
consultores, internos o externos dedicados a tiempo parcial y
colaboradores internos adicionales o subcontratistas externos que
recopilen la información.
Es de vital importancia que tanto líder como gabinete trabajen en
coordinación e informen de las decisiones y resultados a toda la
entidad.
Recursos económicos: Casi nunca son considerados en los proyectos lo
cual resulta perjudicial ya que los cambios implican gastos tanto en
elementos directos que contemplan la formación de los nuevos
conocimientos, valores y habilidades, comunicación interna y externa del
cambio , consultoría interna y externa, como en elementos indirectos que
incluyen las horas de no producción destinadas a actividades de
preparación del cambio y a recibir información por parte de todos los
trabajadores.
Tiempo como recurso: Hay que tener en cuenta que un cambio cultural es
un proceso que requiere una cantidad considerable de tiempo que cubra el
mediano y largo plazo.
El tiempo es el recurso más valioso debido a que no se detiene ni se
ahorra.
Fase I: Una vez establecida la intención seria del cambio acompañada del
liderazgo adecuado es necesario definir qué visión, misión y valores
serán claves para la nueva cultura de la entidad.
La definición de propósitos implica un diálogo masivo que incorpore
perspectivas comunes tanto de los miembros de la organización como de
los grupos de interés del entorno, encontrándose entre ellos
proveedores, principales clientes, etc. Lo anterior constituye el
principio de la gestión participativa, lo que permite disminuir las
resistencias y conseguir una óptima imagen colectiva de lo que se
pretende en el futuro.
Algunas formas de identificar estos elementos son las reuniones participativas, encuestas, uso de consultoras externas, etc.
La dirección por valores supone iniciar el proceso proyectando los
valores esenciales de la visión y la misión para luego mirar hacia la
realidad, a la inversa de lo que se hace tradicionalmente. Si se usa
esto último, se corre el riesgo de alarmarse o deprimirse excesivamente,
alejándose de una visión optimista.
La formulación de la visión colectiva consiste en identificar hacia
dónde se dirige la empresa y qué recursos y capacidades son necesarios
para lograrlo. Esto es principalmente tarea del líder ya que se
relaciona con su capacidad de de proyectarse al futuro.
Muy discutido es el tema con relación a si es conveniente o no que la
visión estratégica de la empresa sea conocida, ya que existe recelo al
dar a conocer las líneas estratégicas. Lo anterior posee poco fundamento
ya que se sabe que la visión debe ser conocida por todos, incluyendo
proveedores y clientes, para que sea asimilada y puesta en práctica de
manera eficiente.
La misión se refiere a la función o tarea básica de una empresa o
agencia o de cualquier parte de ella (Koontz y Weihrich 1994, 122.)
La formulación y comunicación de la misión es importante ya que crea
un orgullo colectivo de pertenencia, da sentido al esfuerzo del trabajo
bien hecho y da confianza y proximidad a los clientes.
Para reformular la misión es necesario realizar un análisis FODA. La
modalidad que la Dirección por Valores introduce en este aspecto se
refiere a que el análisis se debe realizar desde dentro de la
organización con el fin de aunar y coordinar los criterios, ya que los
diferentes miembros perciben de manera diversa la realidad. El otro
aporte significativo se refiere a identificar la idoneidad de la empresa
basándose en sus valores.
El punto más relevante consiste en postular los valores necesarios para alcanzar la visión y la misión, o sea identificar los valores estratégicos operativos que dirigirán a la empresa y serán asumidos y practicados por todos los miembros de la organización.
Para reconocerlos es necesario que se produzca un diálogo del líder consigo mismo, diálogo a nivel de equipo directivo y un diálogo entre todos los grupos de interés involucrados con el fin de reconocer en todos estos niveles los más relevantes y compartidos.
Las características que deben cumplir se resumen en que deben ser pocos, simples y fáciles de recordar, significativos para la estrategia de la empresa, participativamente escogidos, significativos para las necesidades de los empleados, de comunicación y formación mediante un proceso específico, percibidos como de libre compromiso, que brinden comodidad a la gente al participar en rituales derivados de ellos, coherentes entre teoría y práctica directamente proporcional al nivel jerárquico, convertibles en objetivos medibles de acción, de cumplimiento evaluado y asociado a recompensas y periódicamente cuestionados y reformulados.
El paso final es concentrar y comunicar los valores esenciales que regirán a toda la organización a través de reuniones, gráficos, afiches, etc.
Fase II: Tras haber reformulado la misión, la visión y los valores
operativos es necesario establecer las líneas de acción a seguir para
definir objetivos que serán llevados a cabo por Equipos de Proyectos que
permitirán plantear la visión estratégica a futuro de la empresa.
Para su éxito se deben transformar los valores esenciales en objetivos
generales alcanzables en el mediano plazo y objetivos específicos en el
corto plazo.
Como primer paso de este proceso lógico se deben plantear indicadores de medida de los valores esenciales. Así por ejemplo, si una organización determina que uno de los valores operativos que debe existir es la honradez; debe entonces buscar o crear indicadores de medida que permitan comprobar que sus integrantes están siendo realmente honrados.
Es en este momento cuando podemos plantearnos objetivos complejos
como crear sistemas que comprueben la salida justificada de materiales.
Puede ocurrir que un valor dependa de variables muy subjetivas, haciendo
más difícil encontrar los nombrados indicadores. Se considera que frente
a valores como la honestidad y la belleza no se pueden plantear
medidores, pues no hay razón de encontrar su significación máxima. Sin
embargo, la DpV debe medirlos para finalmente llegar a un consenso.
Los Equipos de Proyecto son los elegidos para poner en práctica los
valores operativos y los objetivos complejos. E
llos se caracterizan porque deben estar coordinados por un líder, su
tamaño operativo debe ser entre seis y diez personas, sus miembros deben
dedicar tiempo parcial al proyecto y pertenecer a diferentes jerarquías,
su constitución debe ser voluntaria, se deben distinguir habilidades de
comunicación y desarrollo en equipo y finalmente deben estar motivados
por incentivos económicos y de reconocimiento. Cada uno de estos
proyectos contribuye a cumplir el gap.
Mantenimiento:
Fase III: Está referida a la política de las personas basada en
valores.
Los procedimientos internos en relación a las personas adolecen,
generalmente, de falta de relación con las estrategias manifestadas por
la Dirección y, además, las unidades se desarrollan en forma fragmentada
impidiendo la capacidad de potenciarlas mutuamente.
La DpV plantea la Selección por valores que consiste en seleccionar a las personas que posean valores coherentes con la organización, llegando más allá de la selección en base a las titulaciones profesionales. Incluso, en el caso de la experiencia, no se refiere a permanecer un tiempo determinado en una empresa sino a la capacidad de haberse adaptado a los cambios, haber tenido éxito en situaciones difíciles, etc.
Los valores a identificar son valores personales en sintonía con la visión y misión de la empresa, con la cultura corporativa y aquellos requeridos para puestos de trabajos específicos, encontrándose allí las habilidades personales y las competencias técnicas.
Las preguntas claves en la selección son, entre otras: ¿Cuáles son sus valores o principios de acción a la hora de trabajar?, ¿Cómo cree que hay que comportarse con los clientes?, ¿Podría referirse a alguna anécdota de éxito profesional o personal que reflejen estos valores?.
También es importante la formación y desarrollo de valores de acuerdo al requerimiento de la empresa, identificando qué creencias hay que aprender o desaprender para desarrollarlos y qué conocimientos y habilidades se requieren para ello. Lo anterior se logra a través de intervenciones formativas que pueden adoptar la forma de conferencias de expertos, reuniones; charlas internas abiertas, desarrollo de equipos, etc.
Otro factor clave es evaluar el rendimiento y reconocer el esfuerzo según el cumplimiento de valores, para lo cual se necesita un líder que conozca bien a su gente, además de disponer de los recursos para recompensar sus esfuerzos. Para esto se deben perfeccionar constantemente los sistemas de salarios, bonos, etc. Al mismo tiempo, se deben rediseñar las condiciones de trabajo: autonomía, identidad de tareas, equidad, apoyo, etc.
En resumen, para que los valores se tomen en serio es necesario recompensar los esfuerzos que se realicen para traducirlos en acciones. Es más, puede afirmarse que las conductas cotidianas se producen en función de q
é valores son recompensados y cuales no, creando así una cultura de
reconocimiento de esfuerzos.
Fase IV: Una vez que los valores esenciales pasan a ser criterios de
orientación de la conducta deben ser analizados y evaluados ya que es
común que al replantear la visión, misión y valores operativos se le dé
importancia máxima para luego no evaluarlos o retribuir su accionar.
Es considerable el diálogo colectivo para cuestionar valores, lo que
representa en sí un cambio cultural, haciendo necesario auditar.
Esta auditoria está relacionada con la contabilidad y las finanzas de la organización, incluyendo las auditorias comerciales de respeto medioambiental, de comunicación, de calidad o de otros sistemas y procesos internos.
En conclusión, la Dirección por Valores está orientada a humanizar la gestión al interior de la empresa, reconociendo que los niveles inferiores poseen conocimientos que orientan competitivamente a la entidad. Esto hace que los miembros desarrollen, reformulen, compartan y vivan los valores postulados. Se debe considerar que lo más difícil es poner este proceso en práctica y gestionar la acción para que cada integrante los haga propios.
En todo este proceso la participación del líder es relevante ya que
debe motivar, ayudar a identificar los valores comunes, manejar la
resistencia y guiar el cambio para declarar un estrategia compartida.
Lo importante es la verdadera intención del cambio ya que el cambio es
una oportunidad y no una amenaza.
Referencias bibliográficas
García, S., y S. Dolan. 1996. La dirección por valores. España: Mc Graw
Hill.
Koontz, H. y H. Weihrich. 1994. Administración: una prespectiva global.
México: Mc Graw Hill.
Robbins, S. 1996. Comportamiento organizacional: teoría y práctica.
México: Prentice Hall Hispanoamericana, S.A.
Robbins, S. y M. Coulter.1996. Administración. México: Prentice Hall
Hispanoamericana, S.A.
Fuente: Los Recursos Humanos. Portal de RR.HH. - www.losrecursoshumanos.com
Link original: http://www.losrecursoshumanos.com/direccion-porvalores.htm Autor: Claudio Martínez
Los Recursos Humanos.com es realizada por un equipo de estudiantes y graduados de las carreras de Relaciones del Trabajo y Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A.) que por iniciativa propia editan y distribuyen desde 2001 la Revista ENLACES de Recursos Humanos. con el fin de ampliar desde la práctica sus conocimientos sobre muchos conceptos y teorías adquiridos en la Universidad. El portal Los Recursos Humanos, está en la red desde Diciembre de 2004. [Conocer mas acerca de Los Recursos Humanos.com]
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