RESUMEN
Cultivando las virtudes ayuda a mantenerse dentro de una conducta,
comportamiento espiritual que favorece nuestro crecimiento, nuestra
línea de servicio, a saber utilizar adecuadamente nuestra fuente de amor
en pro de una mejor integración con nuestros semejantes.
Día a día debemos alimentar a nuestro espíritu con acciones que aviven
su fortaleza, no permita avivar su llama, alumbrar la verdadera senda
que debemos transitar mientras se nos permita estar.
APORTACIONES Y SU REPERCUSIONES
Hay que pensar cuánto más leve sea el dolor de no tener que el de
perder, y comprenderemos que a la pobreza le corresponde un tormento
menor en cuanto es menor la posibilidad de mermar.
Habituémonos a desprendernos de la pompa y a valorar la utilidad de las
cosas, no sus adornos.
En todas partes es un vicio lo que es excesivo.
Da entrada a la razón en las dificultades: pueden ablandarse las
circunstancias duras, dársele amplitud a las estrechas y las graves
oprimir menos a quienes las soportan con elegancia.
No envidiemos a los que están situados por encima de nosotros: las
cosas que parecían más excelsas se derrumbaron.
Quien tema a la muerte, no hará nunca nada por un hombre vivo, pero
quien sepa que este hecho estaba pactado en el mismo momento en que fue
concebido, vivirá según la ley de la naturaleza, y, a su vez, con la
misma fortaleza de espíritu, se mantendrá firme para que ninguna cosa
que le suceda sea inesperada.
Es más tolerable y más fácil no adquirir que perder.
Que no se apodere de nosotros la inconstancia, vicio en extremo
enemigo de la serenidad.
Quien se dedica a muchas cosas, a menudo entrega a la suerte el dominio
de sí mismo.
Es propio del hombre reírse de la vida antes que lamentarse.
Es mejor aceptar con tranquilidad las costumbres públicas y los defectos humanos, y que no se escapen involuntariamente ni la risa ni las lágrimas.
En tus males conviene que te conduzcas de tal modo que des al dolor sólo cuanto la naturaleza ordene, no cuanto ordene la costumbre.
No es grata y segura la vida de quienes viven siempre bajo una
máscara.
Hay que mezclar y alternar estas cosas: la soledad y la compañía de la
multitud.
No hay que tener la mente en la misma tensión constantemente.
Hay que dar un alivio a nuestros espíritus: tras haber descansado
surgen los mejores y más vivos proyectos.
A través de las ocupaciones se pasa la vida.
Ante todas las cosas es necesario evaluarse a uno mismo, porque las más
veces nos parece que podemos más de lo que en verdad podemos.
Los patrimonios, causa máxima de las aflicciones humanas.
La mejor medida del dinero es no caer en la pobreza ni alejarse
demasiado de la pobreza.
¡Qué tarde es comenzar a vivir cuando hay que abandonar la vida!
Lucio Anneo Séneca
ES USTED JESÚS?
Un grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían
prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por
la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde, y llegaron
retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios,
corriendo por los pasillos.
De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una mesa
que tenía una canasta de manzanas. Las manzanas salieron volando por
todas partes. Sin detenerse, ni voltear para atrás, los vendedores
siguieron corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión. Todos menos
uno. Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de
compasión por la dueña del puesto de manzanas.
Le dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que
al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un
vuelo más tarde.
Luego se regresó a la terminal y se encontró con todas las manzanas
tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que la
dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando, con enormes
lágrimas corriendo por sus mejillas. Tanteaba el piso, tratando en vano,
de recoger las manzanas, mientras la multitud pasaba vertiginosa sin
detenerse; sin importarle su desdicha.
El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la
canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía, se
dio cuenta de que muchas se habían golpeado y estaban magulladas. Las
tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le
dijo a la niña: "Toma por favor estos cien pesos por el daño que
hicimos. ¿Estás bien?" Ella, llorando, asintió con la cabeza. Él
continuó, diciéndole, "Espero no haber arruinado tu día".
Conforme el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó: "Señor..." Él
se detuvo y volteó a mirar esos ojos ciegos. Ella continuó: "¿Es usted
Jesús...? Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a
abordar otro vuelo con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma:
"¿Es usted Jesús?"
Autor Desconocido
(Continuará…)
EL AVARIENTO
Cierto hombre avaro vendió cuanto poseía y convirtió su precio en oro,
el cual enterró en un lugar oculto; y teniendo todo su ánimo y su
pensamiento puesto en el tesoro, iba diariamente a visitarlo, lo que
observado por otro hombre fue a aquel sitio, desenterró el oro y se lo
llevó.
Cuando el avaro vino según costumbre a visitar su tesoro, vio
desenvuelta la tierra, y que lo habían robado, se puso a llorar y a
arrancarse los cabellos. Uno que pasaba viendo los extremos que hacía
aquel hombre, se llegó a él, y después de informarse de la causa de su
dolor, le dijo:
¿Por qué te entristeces tanto por haber perdido un oro que tenías como
si no lo poseyeras? Toma una piedra y entiérrala, figurándote que es
oro, una vez que tanto te servirá ella como te servía ese oro que nunca
hacías uso.
Esta fábula enseña que de nada sirve poseer una cosa, si no se disfruta
.
Ing. Carlos Mora Vanegas El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela) cmoraarrobapostgrado.uc.edu.ve camv12arrobahotmail.com
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