Cuando se acerca la celebración del día de la Navidad de acuerdo a
nuestras tradiciones occidentales, especialmente en los países
latinoamericanos, específicamente el de Venezuela, es impresionante como
nos invade el consumismo, ese afán de comprar cosas, presentes, regalos
para llevarlos a casa, a compartirlos con la familia o para regarlos a
amigos, personas especiales de acuerdo a nuestro sentimientos, a
nuestras interrelaciones.
Es sorprendente como se gasta dinero, se es preso del consumismo, se nos
vuelve una obsesión el adquirir cosas, gastamos muchas veces más de lo
que debiéramos y lo que es más impresionante es el hecho de que muchas
veces no quedamos conforme en lo que invertimos.
Es interesante como una costumbre, tradición, nos induce a consumir
adquirir cosas, muchas veces innecesarias, sin embargo, queremos
sentirnos felices de que en ese día de la navidad regalamos presentes a
quienes consideramos especiales, no importando lo que ello haya
originado en nuestros egresos, con tal de mantener la tradición, de
estar cerca de esas personas en un día que hemos considerado especial y
desde luego, hacerles ver que las tenemos presente.
Al respecto, en un interesante escrito sobre este tema de Mario Diament,
publicado en la Nación de Buenos Aires, nos hace referencia que poco
importa que la conmemoración del natalicio de Jesús responda a una
convención y no a una fecha histórica. Por lo pronto, no todo el
cristianismo celebra la Navidad el mismo día.
Para algunas iglesias de la ortodoxia oriental, la Navidad es el 7 de
enero, que es la fecha que corresponde al 25 de diciembre según el
calendario juliano.
De hecho, ni siquiera existe una teoría única de por qué se eligió el 25
de diciembre. Una línea histórica argumenta que se basa en la
celebración pagana del nacimiento del Sol Invencible, instituido por el
emperador romano Aureliano, en el año 274 d.C., mientras otra afirma que
no existen evidencias de que la Navidad se hubiera celebrado antes del
año 336 y que la fecha del 25 quedó consolidada sólo en el año 379, en
Constantinopla.
Agrega Diament, que convención o no, la Navidad y el Año Nuevo son los
que mueven los gigantescos engranajes de la economía en las dos finales
semanas del año.
En una sociedad tan diversa como por ejemplo, la norteamericana, los
comerciantes se las ingenian para acoplar a la corriente central del
shopping de fin de año una variedad de festividades étnicas y religiosas
que coinciden en el invierno del hemisferio norte.
Los judíos celebran la fiesta de Janucá, o Festival de las Luces, una
conmemoración que se prolonga durante ocho días y recuerda la
consagración del Templo de Jerusalén después de que fuera profanado por
las huestes del emperador seléucida Antíoco Epifanio en el año 164 antes
de la era cristiana.
La fiesta comienza en el vigésimo quinto día del mes hebreo de kislev,
lo que hace que en algunos años coincida con la Navidad y en otros, no.
La tradición contemplaba la ofrenda de regalos simbólicos a los niños,
pero con la influencia del consumismo navideño, se ha convertido en un
frenesí de compras similar.
A diferencia de las sociedades predominantemente cristianas, en los
Estados Unidos las municipalidades y los comercios suelen emplazar un
candelabro de ocho velas, símbolo de Janucá, junto a las decoraciones de
la Navidad.
Los escandinavos festejan el Yule, una festividad del solsticio de
invierno que muchos consideran un antecedente de la Navidad. Este año
correspondió al 22 de diciembre.
Los afronorteamericanos, por su parte, celebran la Kwanzaa, una parranda
secular inventada en 1966 por el líder nacionalista negro Ron Karenga,
como una manera de honrar las raíces y la cultura panafricanas. Comienza
el 26 de diciembre y se prolonga hasta el 1° de enero e incluye, como no
podía ser de otra manera, el intercambio de regalos.
Los chinos tienen el Teng Chieh, o Festival de los Fantasmas, fecha que
marca la apertura de las puertas del infierno, que permite que los
fantasmas puedan salir de juerga. Como se guía por el calendario chino
-y es la decimocuarta noche del séptimo mes lunar-, sus variaciones
respecto del calendario gregoriano suelen ser muy amplias. Este año, por
ejemplo, recayó en agosto.
Y los hindúes también tienen su Festival de las Luces. Se denomina
Diwali o Deepavali, y simboliza la victoria del bien sobre el mal. A
esta celebración se asocian también otras corrientes religiosas de la
región como el sijismo y el jainismo.
Los indios hopi shinumu (´los pacíficos ) tienen el Soyal, una ceremonia
que celebra el solsticio invernal y que se realiza el 21 de diciembre.
El propósito de la ceremonia es convencer al Sol de que regrese de su
siesta invernal.
Pero a pesar del contenido espiritual de estas ceremonias, la mayor
parte de los norteamericanos recuerda la temporada navideña por lo que
regalan o por lo que reciben.
Este año predominaron las compras de adminículos electrónicos, desde el
iPod hasta las pantallas de plasma con capacidad de recibir programas de
alta definición.
Las grandes tiendas son transitadas de arriba abajo por ansiosos
buscadores de gangas y las fiestas suelen terminar en cuantiosos
síndromes de depresión, estrés y fatiga, y la vana promesa de que el año
que viene se empezará más temprano.
Lo cierto, que en Venezuela en casi todas las calles de las grandes
ciudades del país nos encontramos con una economía informal que se ha
incrementado y que se nota su presencia cuando percibimos a un gran
número de buhoneros ofreciéndonos su productos a un costo menos que en
las tiendas formales y en donde son miles los consumidores que adquieren
sus mercancías para celebrar la navidad no el día 25 como es el
tradicional, sino el 24 un día antes.
Son millones los bolívares que se mueven esos días, en donde muchos
saben aprovechar de esta tradición, y muchas veces incrementan el valor
de los productos cuando la oferta se ha agotado, pero el venezolano no
quiere dejar de comprar sus presentes para sus seres queridos y amigos.
No nos debe sorprender además, que se escriba, de que no hay duda de
que hay algo detrás que nos impulsa a comprar a pesar de que las
economías familiares se resientan. La publicidad aprovecha estos
momentos en los que afloran nuestros mejores deseos y sentimientos para
reconducirlos hacia el consumo, y ese continuo mensaje cala en nuestra
sociedad sin que echemos la vista atrás para ver que, no hace tanto
tiempo, éramos felices celebrando la navidad de otro modo. Este continuo
bombardeo publicitario empieza más de un mes antes de que llegue la
navidad, y lo hace comenzando por meter en las cabecitas de los más
pequeños de la casa un montón de anuncios de juguetes.
Para quiénes no tienen el poder adquisitivo de adquirir presentes, no
deben preocuparse, pues cuentan con esa fuente maravillosa que es el
amor que no puede comprarse, especialmente cuando emana del interior,
con pureza, franqueza, buenos deseos y eso representa un bellos presente
para muchos seres que lo requieren. Así que no duden en proporcionarlo,
vale más que lo que el consumismo nos ofrece.
Feliz Navidad y paz en sus hogares.
Ing. Carlos Mora Vanegas - cmoraarrobapostgrado.uc.edu.ve - camv12arrobahotmail.com
El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela).
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