En los últimos tiempos se ha detectado una ausencia de calidad educativa en las universidades nacionales, en algunas carreras, especialmente en la que nos concierne de Administración de empresas, Ingeniería industrial, en donde se requiere de profesionales capacitados para enfrentar los grandes retos que demandan los actuales escenarios.
ANÁLISIS, CONSIDERACIONES, SUGERENCIAS
Philip Coombs llega a sostener que las universidades no tienen otra
opción real sino atender nuevas necesidades porque, si "dejan de
hacerlo, se hallarán otras maneras de atender estas demandas y las
universidades que funcionen mal y no respondan a estas presiones
terminarán, como los dinosaurios, siendo piezas de museo". No olvidemos
que hoy en día las universidades no tienen el monopolio de la enseñanza
superior ni de la investigación".
Lo cierto que, los actuales escenarios demandan en el presente de
profesionales capacitados de acuerdo a los conocimientos que se
requieren como es el caso de la Administración e Ingeniería Industrial,
en donde es necesario que estos sepan usar adecuadamente las nuevas
herramientas que se han desarrollado y garantizar a las empresas,
organizaciones en donde laboran su desarrollo, éxito, competitividad en
el cumplimiento de su misión, de lo contrario, sucederá como en el caso
nuestro, una gran parálisis, deterioramiento en el sector empresarial
productivo, aunado además a las acciones que el nuevo gobierno ha
emprendido, en donde éstas han incidido significativamente en el
comportamiento organizacional.
Se requiere de profesionales con otra visión, con otros conocimientos
que permitan enfrentar, no solo los problemas serios que se han
suscitado, sino generar los cambios necesarios para funcionar
adecuadamente ante la realidad comercial, económica que el presente
exige.
A ello se agrega la responsabilidad, el compromiso de las Universidades
a través de sus escuelas de administración, facultades de ingeniería, a
compenetrarse con los conocimientos que son necesarios para enfrentar
estas demandas, que le garanticen a sus egresados el aplicarlos en el
entorno donde laborarán o laboran.
No pueden permanecer ancladas en los conocimientos del pasado, deben
actualizarse, obligar a su profesorado a proporcionarlos de tal forma,
que no solamente consista en transmitirlos, sino que motivar a que los
participantes generen nuevos, que conlleven a desarrollar el paradigma
que el sector empresarial venezolano exige, para no solo enfrentar la
competitividad, sino a las acciones del gobierno que muchas veces
atentan contra su supervivencia.
Requieren las universidades involucrarse en los problemas nacionales,
ser más preactivas, definir líneas de investigaciones que permitan
obtener las informaciones precisas de la situación y aporten soluciones.
Definir cuál debe ser el perfil del nuevo administrador e ingeniero
industrial, interpretar y adaptarse a los requerimientos que la sociedad
del conocimiento exige. Se necesita de saber usar las nuevas
herramientas de acuerdo a las necesidades del escenario nacional e
internacional, desarrollar programas de estudios que involucren los
actuales conocimientos.
Se debe de una vez por todas ser proactivos, en pro de la vinculación
con el sector empresarial a fin de prestarles los servicios que estos
demanden, adentrarse en sus problemas, proponerles soluciones, sabiendo
usar adecuadamente los conocimientos que se necesitan.
Ya es hora de despegar, de participar, de salirse de ese estancamiento
que por años se ha estado y en donde las Universidades no han sabido
manejar adecuadamente el talento humano que se tiene. Se debe hacer más
dinámica las pasantías, participación de los alumnos en las empresas, de
compenetrarlos con sus necesidades y darles oportunidades que aporten
sus conocimientos, que evalúen que tan reales, buenos son estos cuando
se los ponen en práctica.
Las autoridades universitarias ante la realidad de un escenario
turbulento como el que afronta Venezuela, no pueden permanecer
marginadas, deben integrarse en pro de determinar cuáles deben ser las
líneas de acciones que se deben tomar en pro de cumplir con su
responsabilidad social, académica.
Hoy más que nunca, se demanda de una cohesión de equipos que garanticen
el que las universidades aporten los profesionales, soluciones que se
requieren, deben repensar él como deben integrarse ante los retos, los
nuevos compromisos, los cambios que se dan. Ya las universidades no
pueden seguir operando bajo los intereses de los grupos de poder con que
han venido actuando por décadas, se necesita organizarse de tal forma
que garanticen una gerencia eficaz del capital humano que tienen, de
proporcionarle al país los profesionales requeridos, avalados con los
conocimientos del presente, de estar plenamente identificados con los
problemas nacionales y aportar las soluciones necesarias.
Se debe tomar en cuenta por ejemplo lo que nos aporta Jorge R. Seibold,
S.J que ya debemos tener respuesta a las preguntas que acompañan y
orientan todo proceso de transformación educativa: ¿A qué calidad
educativa aspiramos? ¿Qué equidad educativa sostendremos? ¿Qué valores
impregnarán nuestra tarea docente? Las respuestas que demos a estas
preguntas conformarán un nuevo concepto de calidad educativa en el que
esté integrado tanto la equidad como los valores de nuestra propuesta
educativa. A este nuevo concepto se puede llamar «calidad integral».
Se debe tener además presente lo legado por el «Informe Delors» de la
UNESCO, de 1996, que subraya que la educación tiene como fundamento
cuatro grandes pilares o aprendizajes: aprender a conocer, aprender a
hacer, aprender a convivir con los demás, y aprender a ser.
Todo esto significa que la calidad educativa no resulta de los logros
de excelencia de una sola de sus áreas. Tal parcialidad de las pruebas
evaluativas afecta al resultado, por más que la escuela tenga un
espectro más amplio de expectativas en cuanto a su calidad, y por más
que esos limitados indicadores puedan dar alguna idea de niveles de
calidad objetiva y dar pie a correlaciones con otros índices educativos
o con causales que la producen. Correlaciones y causales que, por otro
lado, suelen ser muy útiles en la diagramación de las políticas
educativas.
El prof. Alexander Vega Miranda nos invita a considerar, que la
universidad deberá flexibilizar sus estructuras académicas y métodos de
enseñanza, además, evolucionar hacia la integración de un sistema
nacional de educación superior universitaria. La educación superior como
sistema debe ser un centro de educación permanente para la formación,
actualización y el reentrenamiento.
El paradigma de la educación superior actual responde a la sociedad
industrial, que está en proceso de profunda mutación, pero que aún no da
paso a la sociedad postmoderna, que Alvin Toffler (1994), denomina "la
sociedad del conocimiento", otros autores se refieren en este sentido a
"la sociedad de la información". La innovación implica un sistema de
educación superior al servicio de la imaginación y de la creatividad, lo
cual representa promover la transformación curricular y en los métodos
de enseñanza - aprendizaje.
En conclusión, Las universidades venezolanas deben integrarse más la
misión, visión , identificarse más con los problemas económicos,
políticos, gerencial que le garanticen resultados y consolidación de sus
programas de postgrado.