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En el presente trabajo se exponen un conjunto de reflexiones al
respecto, tomando como hilo conductor la cultura organizacional, y como
organización "tipo" la escuela en particular en su nivel superior
(universidad) para enfocar el unto de vista de los autores al respecto.
Desarrollo
El mundo de hoy se caracteriza por un impresionante ritmo en el cambio
de sus condiciones de existencia, las cuales están influenciadas por la
aparición de diferentes dimensiones en el análisis de aspectos
económicos, políticos, culturales, sociales, psicológicos, etc.
Modificándose sustancialmente el sistema de comunicaciones, los
mecanismos de comercio, el sistema financiero internacional y el papel
económico de las corporaciones transnacionales; apareciendo de forma
creciente, nuevas tecnologías, nuevos mercados, nuevos negocios. Todo
ello describe la sociedad a inicios del Siglo XXI, la cual se mantiene
en constante reestructuración y diversificación.
Considerando que el ser humano, en su carácter social se ha desarrollado
desde la interacción, descubriendo en el trabajo coordinado la
posibilidad de satisfacer sus necesidades, garantizando su subsistencia,
paulatinamente ha construido un mundo de organizaciones, e
históricamente ellas han tenido diversas formas: pensar en relaciones
humanas, en actividades sociales, en la vida cotidiana en general, es
pensar en organizaciones, porque ellas son el eslabón fundamental de
mantenimiento y desarrollo de cualquier sociedad.
Es fácil comprender entonces el interés que han despertado en diversas
ciencias la definición y el estudio de las organizaciones, sus
principales características, funciones, los principios que rigen su
desarrollo, etc. Aunque no se puede hablar de consenso entre las
diferentes posturas asumidas ante este fenómeno, en la actualidad está
ampliamente difundida la concepción de entenderlas como culturas, lo
cual implica observarlas como forma de expresión y manifestación de la
conciencia humana, de manera que, trascendiendo las perspectivas de
estudios económicos, se focalicen sus aspectos subjetivos, ideológicos,
simbólicos, así como su componente imaginario, construido por el hombre,
esto acorde con sus necesidades en un momento histórico social.
En este sentido, resulta paradigmática la concepción
teórico-metodológica que sostiene Edgar Schein (1985), quien explica la
cultura organizacional como "el conjunto de presupuestos básicos que un
grupo crea, descubre y desarrolla en el proceso de aprendizaje de cómo
lidiar con los problemas de adaptación externa e interna y que funcionan
al menos lo suficientemente bien para que sean considerados válidos y
enseñados a los miembros como una forma correcta de percibir, pensar y
sentir en relación con esos problemas". Reconoce en ella diferentes
niveles, que define como: nivel de artefactos visibles, nivel de los
valores y nivel de las presunciones subyacentes básicas.
Estos niveles tienen carácter jerárquico y están estrechamente
articulados, de manera que al modificar uno de ellos se deben producir
progresivamente cambios en los demás: al aparecer cambios en los
artefactos, se modifican los valores y a más largo plazo se pueden
llegar a modificar las presunciones. Este proceso también puede
generarse en el sentido contrario, aunque, por lo general, son los más
"superficiales" los de mayor dinamismo.
Esta concepción de las organizaciones no implica una ruptura total con
anteriores definiciones, ni impide el reconocimiento de la importancia
de elementos de carácter económico en su estudio; de hecho, el propio
autor define como elementos distintivos en las organizaciones: la
coordinación racional de esfuerzos, el logro o alcance de algunos
objetivos o finalidades comunes a través de la coordinación de
actividades, la división del trabajo y la necesidad de jerarquización de
la autoridad, que se encuentra generalmente incorporada a una compleja
jerarquía de posiciones o rangos, que tienden a definir un área de
responsabilidad.
La clave de concebir las organizaciones como culturas no está, como se
indica anteriormente, en negar que ella supone elementos de orden
pragmático, incluso de carácter formal, material; no niega el
reconocimiento de los resultados y determinantes económicos de la
actividad humana, sino que destaca el análisis de otros procesos: la
riqueza en la producción de imaginarios individuales y grupales
(propuestos básicamente como valores y presunciones), que son también
productos de la actividad organizacional y se constituyen a su vez en
sus propios determinantes.
La educación, al igual que la economía, la salud, el deporte y, en
general, las más importantes áreas de actuación humanas, se realizan de
manera organizada, coordinada e intencional. De ahí que existan
diferentes tipos de organizaciones, en función de las particularidades
de sus misiones, de su encargo social: organizaciones productivas,
sociales, educativas, entre otras.
En sentido general, las organizaciones educativas, se han caracterizado
(independientemente del nivel de enseñanza en que se especialicen) por
actuar como escenarios que aseguran orden y reproducción de los sistemas
sociales en que están inmersas. Si bien todo tipo de organización en una
sociedad reproduce en buena medida la cultura a la que pertenece: las
normas, valores y presunciones socialmente compartidas; la educativa ha
tenido históricamente esta actividad como su misión fundamental, su
encargo social, el objeto que justifica su existencia.
La organización escolar es el espacio de la socialización que trabaja
con el conocimiento que la sociedad requiere para consolidarse en el
tiempo, aunque no puede considerarse que ésta sea una reproducción
pasiva, lineal, exenta de crisis: debemos tener presente que la propia
escuela es una construcción histórica orientada a resolver el problema
de la transmisión cultural hacia las nuevas generaciones, por lo que
también en ella se reflejan y gestan muchos de los cambios o puntos de
ruptura del orden social: es reproductora y a su vez productora de
cultura, formadora por excelencia de los miembros de cualquier sociedad,
esa ha sido y es su misión, independientemente de las formas concretas
que asuma para conseguirlo.
Otra característica que tradicionalmente ha identificado a estas
organizaciones, y que pautó en buena medida su surgimiento, es su
relación con los saberes: el reconocimiento social de la escuela
(acepción más difundida para las organizaciones educativas) como
institución más legítima de transmisión del conocimiento, que incluso
estatalmente se intenta validar más que otros espacios que pueden
cumplir funciones similares, como la familia, la iglesia, etc. Esta
particularidad marcó, en alguna medida, la representación de las
organizaciones educativas como espacios un tanto cerrados, menos
dinámicos con respecto a otras de la sociedad, situación fácil de
apreciar incluso en las características físicas que tipifican a estas
instituciones (las escuelas tradicionalmente han sido centros un tanto
cerrados, aislados).
Esta representación ha evolucionado, pues las mismas se desenvuelven
ante una realidad que, según Margulies y Raia (1974), se identifica por
el ritmo acelerado, casi en forma increíble, de los cambios que se
operan en la sociedad actual, que han afectado profundamente a las
organizaciones sociales, que se enfrentan no sólo a las innovaciones en
las ciencias y en la tecnología, sino también a las modificaciones en
los principios y en los conceptos propios de la naturaleza del hombre.
Las organizaciones de educación superior, las universidades, comparten
básicamente la misión que resulta distintiva de las organizaciones
educativas; ellas deben: "Preservar, desarrollar y promover, a través de
sus procesos sustantivos y en estrecho vínculo con la sociedad, la
cultura de la humanidad" (Horruitiner, P., 2006). Las universidades van
construyendo y asumiendo, determinadas particularidades en función de
cumplir con su misión en los diferentes períodos históricos, y en las
distintas sociedades en que estén inmersas, reflejadas en la actividad
básica de educar, que constituye el objetivo primario de su misión; de
manera que, aunque las universidades no han dejado nunca de educar, las
formas, procedimientos (incluyendo los de carácter formal e informal)
que generan para ello.
Pero a la vez sí han sufrido modificaciones: cambian, por ejemplo, las
estructuras organizativas que se conforman para esta actividad, los
medios que se priorizan para la enseñanza (en la actualidad, se
priorizan los audiovisuales y más recientemente las denominadas
tecnología de la información y comunicación TICs), los contenidos a
impartir y las formas de organización de estos también cambian (lo cual
se refleja en los planes de estudio), la manera de concebir las
interacciones que se establecen en el proceso educativo (la relación
estudiante-profesor ha sido y es actualmente objeto de análisis,
sufriendo de hecho modificaciones e incentivando que aparezcan figuras
con nuevas concepciones, como el caso del "tutor" en la educación
superior).
Actualmente se destacan varios elementos que han sufrido cambios en las
universidades, respecto a las formas tradicionales de estructuración y
funcionamiento de éstas, y que las tipifican en la actualidad (Horruitiner,
P. 2006):
Masificación.
Pérdida de exclusividad como instituciones generadoras de conocimientos
superiores (aparecen las llamadas "Universidades Corporativas").
Disminución de la autonomía: han tenido que estrechar sus lazos
(sociales, económicos, culturales) con la sociedad, concretando más su
responsabilidad social, lo cual se ha manifestado en la aparición de
instrumentos que validen su quehacer, que rindan cuentas a la sociedad.
Las formas más frecuentes en ello son los procesos de evaluación
institucional y acreditación.
Formación integral: las universidades se mueven cada vez más a la
formación de valores y competencias, de profesionales creativos, capaces
de asumir su autoeducación, independientes, capaces, además, de trabajar
en equipos profesionales.
Está cada vez más soportada sobre nuevos escenarios tecnológicos (TICs).
Esto está introduciendo sensibles cambios en las universidades,
fundamentalmente en la forma de pensar de los profesores, para poder
asumir cabalmente las nuevas tecnologías.
Estos elementos permiten ilustrar que las universidades, si bien han
mantenido la misión con la que surgieron como organizaciones y muchas de
sus características distintivas, han sufrido y sufren también cambios
significativos, determinados por la estrecha relación que mantienen con
la sociedad, y las demandas que esta le impone, en tanto parte
importante de su encargo social es precisamente garantizar la formación
de profesionales competentes, y la competencia implica adecuación al
contexto histórico social en que se desempeñan. No solo es necesario
aceptar la dinámica interna del sistema, sino también reconocer que el
contexto en el cual se desarrolla el mismo es parte integrante del
organismo.
Lo expuesto para la escuela como organización y en particular para la
universidad como responsable de la etapa superior de educación, es
válido para las restantes organizaciones con que cuenta la sociedad en
un momento histórico-social determinado, las que se ven sometidas a los
retos que implican los cambios operados en la sociedad.
El más fuerte determinante del dinamismo en las organizaciones son las
demandas externas: el medio impone las necesidades de cambio, los
fenómenos que se dan en el interior de la organización, su cultura,
determina el "ritmo" de esos cambios, pauta su alcance, y las
alternativas más factibles para lograrlo. Esta relación se verifica de
manera articulada: el cambio ocurre, se da con un grado u otro de
intensidad, adopta una u otra forma, en función de la relación entre lo
que los miembros de una organización se proponen y lo que el medio
externo impone, demanda.
Varios han sido los espacios de reflexión a nivel internacional sobre
las implicaciones que tiene para la educación la llamada "era del
conocimiento", intensa es la búsqueda de las mejores alternativas para
enfrentar este reto que indudablemente debe implicar, y de hecho ha
promovido ya, cambios profundos en la concepción de las universidades, y
con ello, progresivamente, de su cultura. También han sido los espacios
para debatir sobre otras esferas de relación de los hombres, desde el
comercio hasta las artes, incluidas las formas de combatir flagelos de
la época, como algunos tipos de enfermedades que se convierten en
pandemias, o el manejo de conflictos entre naciones y pueblos.
Aceptar entonces que organización y ambiente están en continua e íntima
interacción, encontrándose en relación indisoluble, y comprender que
ambos se mantienen en constante cambio, evolución, movimiento y
adaptación, conduce a pensar que puede y debe enfocarse la categoría
desarrollo en el ámbito de las organizaciones. A partir de estas
reflexiones surgen determinadas interrogantes: ¿cuáles son las
concepciones de desarrollo estudiadas en el mundo organizacional?, ¿es
posible hablar de desarrollo en las organizaciones educativas?, ¿todos
los cambios en las organizaciones educativas implican desarrollo?,
¿existe alguna metodología que facilite, oriente o conduzca los procesos
de cambio en las organizaciones educativas?
Numerosos autores refieren sus concepciones acerca del problema del
desarrollo en las organizaciones y gran parte de éstos lo relacionan con
conceptos como cambio y capacidad adaptativa de la organización en
cambio. Más que categoría de análisis en el mundo organizacional, el
tema del desarrollo en las organizaciones ha sido trabajado como
metodología de intervención, se ha constituido en el instrumento por
excelencia para el cambio en busca del logro de mayor eficiencia
organizacional, condición indispensable en el mundo actual,
caracterizado por la intensa competencia tanto nacional como
internacional.
Para Chiavenatto: "Es un proceso planificado de modificaciones
culturales y estructurales, que visualiza la institucionalización de una
serie de tecnologías sociales, de tal manera que la organización quede
habilitada para diagnosticar, planificar e implementar esas
modificaciones con asistencia de un consultor. Es un esfuerzo
educacional muy complejo, destinado a cambiar las actitudes, valores,
los comportamientos y la estructura de la organización, de modo que esta
pueda adaptarse mejor a las nuevas coyunturas, mercados, tecnologías,
problemas y desafíos que surgen constantemente".
El conjunto incipiente de conceptos, de medios de ayuda y de
procedimientos técnicos encaminados a perfeccionar la eficiencia de las
organizaciones y su capacidad para enfrentarse a los cambios, se ha
denominado Desarrollo Organizacional (DO), según refieren Margulies y
Raia (1974). Estos autores plantean, además, que el desarrollo
organizado es esencialmente un enfoque de sistemas, con vistas al
conjunto total de relaciones funcionales e interpersonales en los
organismos. Pero a la vez existen posiciones diversas en cuanto a la
conceptualización del DO, encontrándose numerosos puntos de vista entre
los autores que lo trata. Se destacan, a continuación, los siguientes
aspectos al abordar DO:
1. El desarrollo organizacional es una respuesta a los cambios y, la
vez, es un proceso que estimula el cambio organizacional planificado o
planeado, de largo alcance, a largo plazo y con la asistencia de un
consultor, facilitador o agente de cambio.
2. Promueve modificaciones en los niveles culturales y estructurales de
la organización, estudia su cultura: valores, comportamientos,
actitudes, ideales, creencias compartidas y promueve la creación de una
cultura que permita el logro de la eficiencia, eficacia, bienestar,
mejora de la calidad de vida y la salud de la organización, además de la
búsqueda de una estructura de administración participativa.
3. Reconoce la interacción existente entre la organización y el
ambiente, la constante y rápida mutación de éste y, por tanto, la
necesidad de continua adaptación.
4. Se basa en las ciencias del comportamiento, busca la
institucionalización de tecnologías sociales, incluyendo la
investigación-acción.
5. Reconoce la interacción entre el individuo y la organización, plantea
que el recurso humano es decisivo para el éxito o fracaso de cualquier
organización. En consecuencia, su manejo es clave para el éxito
empresarial y organizacional. Promueve la reorientación del pensamiento
y el óptimo uso de su potencial hacia el análisis de los problemas
organizacionales, busca equilibrio entre los objetivos individuales y
los objetivos organizacionales, promoviendo en las organizaciones
valores humanísticos y democráticos. Busca la correcta comprensión de la
verdadera esencia de la naturaleza humana.
6. Busca aplicar la dinámica de grupo en los procesos de cambio planeado
de la organización y el comportamiento de grupos e intergrupos.
7. Adquiere varias dimensiones de acción como son: diagnóstico,
planificación, investigación, experimentación, intervención y la
dimensión educativa que permite que la organización adquiera
determinadas herramientas para el logro de la autogestión del cambio y
el autodesarrollo de la misma.
Es así como el DO se constituye en técnica destinada a ayudar a las
organizaciones a enfrentar con éxito los retos que se les presentan en
el contexto socioeconómico actual; por su parte, Margulies y Raia (1974)
alertan que nuestras organizaciones sociales aprenden, quizás con
demasiada lentitud, que no son capaces de comprender ni de enfrentarse
al ritmo arrasador de los cambios internos y externos, si no cuentan con
la ayuda de ciertas modificaciones fundamentales en la administración y
en la tecnología.
Es importante, entonces, reconocer que vivimos en tiempos en que el
poderío organizacional basado en coacciones y amenazas, retrocede
gradualmente al basado en la colaboración y la razón, imponiendo la
necesidad de ceder paso a una autoridad administrativa basada en
derechos delegados, sobre la base de principios de organización
asentados en ideales humanistas y democráticos, que desplazan
gradualmente y sustituyen los principios burocráticos de los sistemas
organizativos.
Sin embargo, es necesario tener presente que la única forma de producir
verdaderos cambios en las organizaciones es a través de cambiar su
"cultura", es decir, lo que la hace singular y afecta a todo lo que
ocurre en ella. Lo anterior significa, explorar las características de
sus miembros: su experiencia, su forma de percibir, sentir y actuar ante
los problemas, cambiar los sistemas de vida, de creencias, de valores y
de formas aceptadas de relaciones entre las personas. Comprender
entonces los productos de la actividad de dichas organizaciones, como
vía incluso de poder direccionar intencionalmente en alguna medida el
cambio en éstas.
Para el DO, el meollo del desarrollo se halla por lo común en el cambio
y se encausa a perfeccionar la eficiencia de las organizaciones.
Progreso y cambio están en contradicción con creencias, sistemas y
procedimientos tradicionales. Es indispensable entonces buscar otros
modos y usos que la adecuen a la situación actual, naturalmente distinta
de la del pasado y le permitan responder a las exigencias crecientes de
cambio, propias de nuestro contexto histórico-social.
La comprensión de las organizaciones educativas como cultura, el
reconocimiento de sus aspectos subjetivos, ideológicos, de su estrecha
relación con el imaginario individual y grupal, así como su interacción
con el medio externo, implica también asumirlas como sistemas dinámicos:
lo suficientemente estables como para cumplir una función orientadora, y
a su vez flexibles como para garantizar su adaptación al medio y el
desarrollo. De manera que las mismas están en constante cambio, en
interminable estructuración-desestructuración de sus componentes
tangibles y simbólicos.
En este proceso de transformación de las organizaciones, los actores
fundamentales del mismo, esto es, los recursos humanos, "…además de
aprender nuevas formas de manejar las relaciones complejas en los
organismos, estos aprenden a considerar los cambios como un proceso
natural y no como un fenómeno especial. El proceso de cambio, por lo
tanto, puede conjuntarse y fusionarse con los numerosos procesos
restantes de la vida de los organismos" (Margulies Raia, 1974).
Un aspecto esencial en las relaciones humanas está en el grado en que
los miembros se identifiquen como parte de la organización (sentido de
pertenencia), el compromiso que asuman o que al menos estén en
condiciones de alcanzar satisfacciones en las mismas.
Confluyen igualmente en esta problemática, los estilos de conducción
(liderazgo) de los directivos de la organización. En no pocas ocasiones
este importante aspecto es dejado a la intuición, sentido común y
condiciones personales de quienes se desenvuelven en los niveles de
autoridad (poder), obviando que para dirigir adecuadamente es necesario
disponer de conocimientos en el área y de su aplicación apropiada. La
eficiencia de la organización, la que se precisa en cuanto al logro de
los objetivos para los cuales se ha estructurado, depende
fundamentalmente de los recursos humanos que la conformen. Se
constituye, entonces, en un primer requisito de eficiencia contar con
los recursos humanos requeridos para afrontar los restos de la
organización en cada momento.
Concebir el DO desde este ángulo implica, por tanto, reenfocar la
cultura de la organización, desde sus presunciones básicas, sus valores
y los elementos arquitectónicos, considerando que para que la
organización triunfe y se desarrolle es imprescindible precisar los
aspectos siguientes: misión, entendiendo por ella lo que debe cumplir en
el momento actual; objetivos, lo que debe alcanzar para cumplir su
misión, estableciendo de forma clara cuáles son los claves y cuáles
resultan complementarios; tareas por cumplir para lograr los objetivos;
visión, proyección de los movimientos de la organización para actuar de
forma proactiva con relación a los cambios esperables en su entorno y
los retos que para ella significan.
Para lograr lo anterior lo fundamental son los recursos humanos con que
se cuenta y cómo éstos deben desarrollarse mediante la adecuada gestión
de los mismos que propicie el desarrollo individual (DI) necesario para
afrontar los cambios; además, el reclutamiento de aquellos recursos
humanos que se requerirán de acuerdo con las necesidades que presentará
la organización en su proceso de desarrollo. Como se aprecia, es una
"nueva filosofía" organizacional, que se centra en obtener alta
eficiencia y competitividad con base en la adecuación a los
requerimientos, tanto del medio externo (demanda para con la
organización) como del medio interno (demandas emanadas de la propia
organización, en que los recursos humanos son clave), actuando de forma
proactiva ante los cambios del entorno.
Las organizaciones educativas deben desarrollar su capacidad de
percepción, sensibilidad y adaptación, como condición básica a su
supervivencia en este ambiente cambiante, impredecible y turbulento,
como sistema dinámico y vivo que debe estar dispuesta a cambiar en pro
de la adaptación y el ajuste que le permitan afrontar estos cambios con
éxito.
Conclusiones
Las organizaciones, como forma típica de estructurarse la sociedad en la
actualidad, tienen el reto de cambiar para dar respuestas a las demandas
que el nuevo entorno impone a la sociedad. Ejemplo de ello son las
organizaciones educativas en general, y las universidades en particular,
que responden a la misión básica de formar a los sujetos de una
sociedad, de manera que culturalmente respondan a las características de
su contexto y sean, entonces, capaces de aportar en su desarrollo. Por
tanto, si el entorno se modifica deben ser capaces de cambiar para
continuar cumpliendo su misión.
El desarrollo de la sociedad implica que las organizaciones que actúan
en su seno deben alcanzar alto grado de eficiencia y competitividad para
responder a las cambiantes y complejas demandas que aparecen ante ellas.
Esto exige de un dinámico DO, para el cual el desarrollo de sus recursos
humanos se convierte en piedra angular para el éxito.
Interpretar adecuadamente el momento actual y las demandas que implica
para la organización, es la forma de cumplir la misión de la misma;
lograr descifrar cuáles serán los movimientos de cambios y las demandas
que aparecerán es imprescindible para proyectar el movimiento de la
organización y concebir su visión. El papel estratégico que en ello
juega el contar con los recursos humanos necesarios a cada momento,
concebir el desarrollo de estos mediante programas de gestión y
desarrollo individual, es básico para lograr el DO.
Los científicos sociales deben convertirse en la vanguardia de quienes
potencien cambios en las personas, en los grupos, en los organismos y en
las colectividades, estudiando los vínculos y las interacciones que
estos establecen, construyen y desarrollan entre ellos y para con el
entorno. Deben asumir su papel de gestores de esos cambios profundos que
mediaticen el desarrollo de nuevas actitudes y modos de comportamiento,
en los cuales las organizaciones educativas desempeñan un papel
esencial.
Referencias bibliográficas
1. Chiavenatto, I., citado por Durán Acevedo, Paulo. D.O Desarrollo
Organizacional, visto en: http://www.gestiopolis.com/recursos/documentos/fulldocs/ger/doorganizacional.htm
online Miércoles, 28 de abril de 2007.
2. Horruitiner, P. (2006). La universidad cubana: el modelo de
formación. La Habana, Cuba: Editorial Félix Varela.
3. Margulies, N & Raia, A. P. (1974). Desarrollo Organizacional.
Valores, proceso y tecnología. México: Editorial Diana, S.A.
4. Schein, E. (1985). Cultura organizacional y liderazgo: una visión
dinámica. La Habana, Cuba: Editora.
Roberto Rodríguez González
María Teresa Rodríguez Wong
Licenciados en Psicología. Profesores de la Facultad de Psicología Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas. Cuba.
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