Aclarao ello tenemos para pensar en la historia de las profesiones,
desde la de zapatero, pasando por la de herrero, escribano, médico o
carpintero.
Ahora bien, cualquiera que desarrolle una actividad por lucro es un
profesional? En principio debe cultivar o desarrollar cierta o
determinada disciplina que le confiera las aptitudes para un normal y
correcto desempeño. Cabría decir pues que el que desarrolla cierta
actividad y no lo hace con un desempeño correcto no es profesional?, o
simplemente se trata de un mal profesional?
A qué apuntan todas éstas preguntas, o cuáles son sus razones de ser? Su
razón de ser es la notable falta de profesionalismo o profesionalidad
que se detecta en las organizaciones, tanto por parte de directivos y
funcionarios, como de empleados y operarios.
Más allá de cuan experta sea una persona, lo grave es encontrar personas
carentes de los requisitos mínimos para ejercer correcta y efectivamente
su labor, la carencia de una ética de trabajo, el desconocimiento de los
requisitos básicos de la actividad que desarrollan, la falta de aptitud
y actitud por perfeccionarse y mejorar.
No son ellas cuestiones menores. Si tomamos una empresa, y más del 75%
de sus integrantes carecen de profesionalismo, sea como vendedor,
administrativo, tornero, camionero, o cualquier otra actividad dentro de
la organización, tendremos sin lugar a dudas un muy bajo desempeño. Aún
en el caso de personas con títulos habilitantes, podemos encontrarnos
con la carencia de profesionalismo, tanto por sus actitudes como por sus
capacidades técnicas, y la falta de actualización de sus conocimientos.
Lamentablemente encontramos en las empresas con personas carentes de la
ciencia, el arte y la técnica necesaria para desarrollar sus labores con
excelencia.
El alto grado de competitividad, la utilización de equipos y máquinas de
alta tecnología, el avance continuo a nivel científico-técnico, y el
vivir en una era del conocimiento y la información, no da lugar para
empresas carentes de auténticos profesionales. Profesionales en todas y
cada una de las tareas y actividades que en ella tienen lugar. Debe ser
tan profesional la encargada de recepcionar llamadas telefónicas, como
el encargado de la limpieza. Cada uno debe ser un experto en su labor y
estar en condiciones de lograr tanto un desempeño efectivo como
eficiente, pues no basta con lograr objetivos, sino que además debe
hacerlo con el menor consumo de recursos.
Es menester que la gestión de los recursos humanos se profesionalice,
sino que además obligue a profesionalizarse a los demás integrantes de
la empresa.
Una muestra clara la falta de profesionalidad se da ante la continua y
repetitiva comisión de errores o fallas por parte de los empleados, o
bien en la falta de capacidad de dirección, supervisión y liderazgo por
parte de los directivos. Ni los primeros tienen la capacidad mínima de
aprender ya no de los errores de terceros, sino de sus propios errores,
y los segundos no se preocupan en cultivar y desarrollar las aptitudes
básicas y fundamentales para su actividad como directivos.
La falta de profesionalismo responde es el resultado de una cultura, y
la misma se aprecia en todas y cada una de las manifestaciones
laborales. Desde el futbolista que no patea los tiros libres por carecer
de buena pegada, como si ésta no pudiera desarrollarse, y lo que es aún
peor, cuántas horas destina a aprender y perfeccionar sus talentos o
virtudes? O el caso del futbolista que se pierde un gol por pegarle con
su pierna menos hábil, como si pudiera aceptarse que una persona que se
gana la vida jugando al fútbol no pudiera aprender a pegarle con ambas
piernas.
Algo similar a lo anterior cabe decir de periodistas que se ponen a
hablar y muestran sus carencias en conocimientos de geografía o
historia.
Pero ello lamentablemente se ve a diario tanto en médicos como en
abogados, ingenieros, programadores, contadores, economistas, políticos,
jueces y profesores, entre muchísimos otros. Con ello tenemos no sólo
empresas, sino también una sociedad carentes de niveles mínimos en
materia de calidad y productividad.
Tal vez el título debería ser no “el profesionalismo en las
organizaciones”, sino más bien “la falta de profesionalismo en las
organizaciones”.
Vivimos en una sociedad donde se vive de la avivada, pero la avivada no
es el medio apto para lograr una mejor sociedad, ni es la forma que
permite competir satisfactoriamente a ésta en el concierto de las
naciones.
Sólo cuando cada uno desempeñe su trabajo con auténtico profesionalismo,
disciplina y ética laboral, la sociedad en su conjunto podrá dar sus
primeros pasos hacia un camino de superación y mejora continua.
Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor.
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