Quería hablarte básicamente de profesionalidad y de conocimiento, y
he preferido hacerlo antes por escrito para ahorrar tiempo en la charla
que, ya en vivo y directo, espero que tengamos. Tenemos, más o menos, la
misma edad y, desde mi experiencia de estos años en la organización,
creo que no puedo igualar tu capacidad de gestión ni tu habilidad para
las relaciones con colegas y clientes; pero, francamente, no te veo como
líder (por muchos cursos que hagas, creo yo) ni me veo a mí mismo como
seguidor. La verdad es que tampoco me veo como colaborador y ni siquiera
como recurso humano; creo que soy un profesional experto en mi campo, en
el que me desenvuelvo con acierto y responsabilidad, en conformidad con
lo que supuestamente desea la empresa y dice el presidente, y porque al
parecer pertenecemos a la “economía del conocimiento”.
Tengo iniciativas innovadoras, pero también tengo la percepción de que
no son bien recibidas; a veces me pregunto si de verdad la organización
persigue la mejora continua y la innovación, pero sé que también puede
haber problemas, dificultades, intereses que a mí se me escapen, de modo
que me resigno. No obstante pienso, y déjame confesarlo, que careces de
conocimientos técnicos suficientes para evaluar mis sugerencias; admito
que tú tengas el poder y yo, como mis compañeros, el saber (me cuesta
mantenerme actualizado en conocimientos, aunque lo intento más allá de
los cursos que se orquestan), pero tendría que haber mayor armonía entre
ambas cosas: poder y saber.
Aquí va ya una de mis reflexiones. Tal vez podríamos ser más efectivos
si yo tuviera algo más de poder y tú algo más de saber; pero también
podría resolverse de modo que cada uno tuviera el poder que le
correspondiera por su saber. Simplificando las cosas, yo no me metería
mucho en lo que hay que hacer o conseguir, y tú no te meterías en el
cómo hay que hacerlo. No sólo me refiero a procedimientos y normas que
me parecen superados por el sentido común, sino también a todo eso de
los valores corporativos, hábitos, etc., que con tanta falta de rigor se
interpretan.
Dicho de otro modo, dime qué resultados cuantitativos y cualitativos se
esperan de mí y de la colectividad, y déjame alcanzarlos sin encargarme
trabajos paralelos, por cierto rutinarios y burocráticos, cuya necesidad
no entiendo, y asimismo sin interrupciones litúrgicas. En efecto,
tampoco creo necesario que me evalúes con tanta frecuencia y tanta
riqueza de parámetros, ni que seas mi coach. He leído igualmente sobre
coaching y sobre la mayéutica, y creo que ni tú eres Sócrates ni yo tu
discípulo. Créeme que me ocupo de mi propio desarrollo como ser humano y
como profesional, y de nuevo déjame que diga lo que pienso: poco me
puedes enseñar al respecto.
Pero lo que más me molesta es que me obligues en ocasiones a trabajar
sin profesionalidad, sin esmero, por mor de no sé qué motivos.
Seguramente hay razones, en nuestra organización y quizá en la del
cliente, para que los plazos sean más importantes que la calidad, pero a
mí no me gusta hacer las cosas mal a sabiendas: es como una especie de
prevaricación. Un profesional es un profesional; si lo que la empresa
quisiera fueran empleados, entonces ésa sería otra relación (en la que
tampoco me parece ver la necesidad de líderes). El presidente habla (al
menos en público) de la profesionalidad de todos, directivos y
trabajadores; no le he oído yo hablar de subordinados o empleados, y
tampoco utiliza la expresión “recursos humanos”, salvo para referirse a
los recursos de los seres humanos.
Creo que es una contradicción demasiado manifiesta que se predique el
aprendizaje permanente, la profesionalidad, la creatividad, la mejora
continua, la calidad, el empowerment…, y que luego se me pida que inhiba
mi saber hacer, o que mis iniciativas e ideas sean preteridas, si no
sofocadas. También he leído (quizá no debería yo leer tanto), que “un
buen líder es aquel que sabe obtener lo mejor de sus colaboradores”…
Mira, si yo hago las cosas bien, créeme que no es por ti, sino más bien
a pesar de ti. Se sugiere igualmente por los expertos que liderazgo y
coaching son casi sinónimos… Mira, en los delirios se están alcanzando
cotas inimaginables, pero yo creo que el jefe tiene que ser un buen
jefe, con un nuevo e importante papel en el siglo XXI, y sin necesidad
de ser líder ni de ser coach, salvo que tenga que inventar cosas para
llenar su agenda de reuniones y actividades.
Yo no necesito un líder, sino saber liderarme a mí mismo; pero es que
creo que tampoco los júniores (así sugiere el plural la Academia)
necesitan un líder sino, si acaso, un sénior que los tutele hasta su
“mayoría de edad”. Dicho de otro modo, la función técnica debería tener
mayor independencia del poder gestor, como el poder judicial lo tiene
del poder político. Esto te sonará revolucionario, pero yo te hablo de
autonomía en el cómo hacer las cosas para satisfacer al cliente, y de
menos delirios culturales-doctrinales que parecen convertir a los
directivos en oficiantes de una liturgia manipuladora. Así veo yo a los
supuestos líderes: como oficiantes de una liturgia extraña que viene a
desviar la atención de lo que sería la recta economía.
Como observador, me repugna la idea de que las empresas se empobrezcan
(las acciones se desplomen) mientras los ejecutivos se enriquecen, y, ya
más en mi entorno, me repugna que la profesionalidad se sustituya por el
seguidismo de los supuestos líderes. Pero no tengo yo vocación
revolucionaria sino profesional: me gusta saber, y me gusta aplicar lo
sabido. Si tengo que obedecer contra mis criterios, entonces me
desresponsabilizo, e inhibo facultades y fortalezas.
Esta es una reflexión que vale la pena. Parece haber empeño en sostener
la superioridad de los profesionales de la gestión empresarial
(directivos, líderes…) a expensas de los expertos en las áreas técnicas.
A mí sólo me cabe confesar que, sin suficiente libertad de acción, no me
considero un profesional experto sino un empleado pagado para obedecer.
Creo que lo decía Pío Baroja: “En España no se paga por el trabajo sino
por la sumisión”. En los tiempos que corren, el saber es cada día más
importante y cuesta mucho esfuerzo seguir los avances en los diferentes
campos; la gestión también es importante, pero tal vez el statu quo
habría de reconsiderarse. ¿Estamos en una relación entre jefes y
empleados, o estamos en una relación entre profesionales de la gestión y
profesionales técnicos?
La empresa tiene derecho a funcionar como quiera y, porque me paga, a
que yo me someta a sus propósitos e intereses; pero si me piden
profesionalidad, eso es otra cosa. No se puede obligar a un médico a que
recete un medicamento contra su criterio, ni se puede obligar a un
maestro a que enseñe trigonometría antes que geometría. Si yo debiera
someter a ciegas mi profesionalidad técnica a tus criterios de una
profesionalidad distinta (la de la gestión empresarial), entonces mi
empeño en hacer las cosas bien podría ser un obstáculo: de hecho, a
veces creo que lo viene siendo.
Ya sé que nosotros no vamos a resolver los cambios necesarios en la
empresa, pero yo me daría por satisfecho mejorando la efectividad y la
satisfacción profesional de nuestro entorno. Ésa, pasa, créeme, por que
te bajes del pedestal y nos veas como profesionales que saben bastante,
y que desean hacer las cosas mejor cada día. Más que seguidores,
colaboradores, subordinados, empleados o recursos humanos, somos
trabajadores que, por vocación o prurito profesional, queremos hacer las
cosas en armonía con lo que sabemos y en conformidad con los resultados
que se nos exigen. Estimado jefe, por tener un despacho más grande no
sabes más, ni eres infalible: simplemente, tienes un despacho de mayor
extensión. Por hacer muchos cursos de liderazgo, no eres líder:
simplemente tienes más cursos en tu expediente. Por estar continuamente
evaluándome no eres superior, eres simplemente un seguidor de las normas
internas. Ah, y lo que tú haces no es coaching: el coaching es otra
cosa.
De todo esto podemos hablar si, como yo, buscas una mayor efectividad
colectiva y una deseable satisfacción profesional de todos; si, por el
contrario, lo que buscaras fuera defender una posición de privilegio a
toda costa, entonces… Entonces en realidad no haría falta que
habláramos. Este trabajador queda a tu disposición, pero también a la
espera de ser convocado con la intención de encontrar una nueva y más
idónea relación jerárquica.
Ing. José Enebral Fernández - jenebral1arrobami.madritel.es
"Consultor
de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y
nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación
continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante
métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información
y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en
diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training &
Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso,
Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red".
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