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Trece son las cualidades por el descripta, comenzando por los
conocimientos especializados. Un director necesita conocer sí o sí los
procesos productivos de la empresa a su cargo. Cuanto más elevada sea su
ubicación en la organización más conocimientos debe poseer sobre los
procesos de la empresa. Así pues el hecho de poseer conocimientos sobre
determinados aspectos legales o administrativos no es excusa para
justificar la incapacidad de comprender cuestiones de tipo técnico. Todo
director que se precie de tal debe tener la capacidad de invertir la
suficiente cantidad de tiempo y recursos para aprender sobre su sector.
Peso con poseer conocimientos especializados no basta, es menester
poseer además conocimientos generales, de lo contrario según palabras
textuales de Karatsu no será más que “un loco de su propia
especialización”. Es fundamental conocer sobre los diversos aspectos que
hacen al entorno y sistemas de su organización a los efectos de poder
comprender los efectos que han de generarse como resultado de sus
diversas decisiones.
Por más conocimientos que un directivo posea, no podrá llevar adelante
su organización sin espíritu de lucha, lo cual implica la necesidad
imperiosa de contar con lo que el consultor nipón ha catalogado como
entusiasmo.
Una persona bien informada y motivada pero carente de sentido común es
sin la menor duda un gran candidato a se el peor tipo de director. El
directivo para ser sensato debe ser poseedor de sabiduría como de
sentido común.
Siempre, y hoy más que nunca, un director debe tener la capacidad de
liderar y generar el trabajo en equipo. El trabajo individual y en
solitario no es propio de una época de alta competitividad, razón por la
cual el directivo debe fomentar y motivar la conformación y
predisposición para un trabajo en equipo profundo y serio.
Los subordinados son conscientes siempre de cómo su director los
considera. De tal forma si han sido tratados injustamente, menos
motivados estarán para hacer frente a su trabajo. Por tal razón, cuanto
más alta sea la posición de un directivo en la organización, mayor será
la necesidad de contar con su imparcialidad.
Comunicarse es fundamental, y para ello es menester tener la capacidad
de captar rápidamente y con precisión el mensaje que la otra persona
está transmitiendo. Ello significa tener la capacidad de comprensión. Un
subordinado perderá rápidamente interés si tras una cuidadosa
presentación observa que el directivo no se compromete con su mensaje.
Los empleados están dispuestos a prestar ayuda en los momentos difíciles
en la medida que sientan que lo que ellos ofrecen es comprendido y
apreciado por sus superiores.
No importa lo bueno que un plan sea, si un directivo carece del poder de
persuasión, para hacer que dicho plan se ponga en práctica. Sin
capacidad de hablar persuasivamente es imposible dirigir gente.
La estabilidad emocional es un punto crítico para permitir al directivo
liderar contra viento y marea sus propuestas hasta llegar a alcanzar los
objetivos. Un directivo que se doblega ante los sucesos negativos y
adversidades, pierde capacidad de generar seguimiento en sus
subordinados.
El ir contra viento y marea tratando de tener la suficiente intrepidez
para ejecutar planes fuera de lo común, o sea aquellos planes que no se
limitan a la mejora continua o avances incrementales, sino que están
dispuestos a generar el gran salto adelante mediante la reingeniería y
la innovación.
Una persona que dirija a otras debe poseer buena salud, disponiendo de
la suficiente energía para servir de ejemplo.
Algo ya clásico del management japonés es no culpar nunca a los
subordinados por los errores, asumiendo el directivo la responsabilidad.
Ello implica nada más y nada menos que ser conciente que los
subordinados son de su responsabilidad como guía y líder.
Poseer sensibilidad es importante, pero nunca el directivo debe mezclar
sus sentimientos personales con el trabajo, pues ello puede poner en
riesgo la solidaridad de toda la organización.
Si bien ninguna persona tenga todas estas cualidades, debe sí enfocarse
hacia ellas, poniendo todo su esfuerzo y concentración en lograrlas. El
directivo como cabeza organizacional tiene a su cargo el destino de cada
uno de los empleados, siendo por tal motivo una persona que carga con la
enorme responsabilidad de desarrollar y acrecentar tantas de estas
aptitudes y cualidades como le sea factible.
Bibliografía
TQC Wisdom of Japan – Hajime Karatsu – Productivity Press – 1992
Dr. Mauricio Lefcovich - mlefcovicharrobahotmail.com
Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor.
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