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Esto me llevó a pensar en la posibilidad de que quizás, este último
departamento (maestranza) tuviera algunos problemas de relación con
otras áreas por aspectos característicos que hacían a los integrantes
del sector.
En dos casos, si la constante parecía ser la misma, por lo menos ya
teníamos identificada la variable sobre la cual dirigir nuestra
curiosidad.
Visto desde una posición de staff o gerencial y siguiendo los propios
prejuicios, era ciertamente posible que el personal de maestranza no
estuviera lo suficientemente entrenado para poder entablar una
conversación dentro de los mismos parámetros y códigos que demanda un
ejecutivo de finanzas o ventas. O quizás que esa diferencia de códigos
estuviera generando el corto.
No obstante, me parecía prematuro poder sacar una conclusión de aquella
situación sin haber revisado primero el organigrama de la empresa, el
cual podría darme un encuadre general sobre si esa relación entre el
sistema finanzas y maestranza era permitido o si directamente el sistema
maestranza tenía prohibido su comunicación directa con el sistema
finanzas.
Me acerqué a las oficinas del gerente general a fin de solicitar el
organigrama de la estructura. Aun cuando la empresa tenía un organigrama
formal, era claro que el personal de Maestranza dependía directamente
del gerente general y no debía dar explicaciones ni mucho menos dar
cuentas a cualquier otra gerencia que no fuera la General.
Bajo estas circunstancias el caso daba un cambio de 180 grados. Era
evidente, que tanto el Gerente de Finanzas como aquel supervisor
logístico habían transgredido una regla. La gente de maestranza no tenía
un jefe directo que los agrupara mas que el gerente general de la firma.
Y realmente como esté lo manifestó, no había necesidad de modificar tal
relación.
Muchas veces, los organigramas cumplen con la función de diferenciar
jerarquías orientadas a la concreción de metas comunes. (especialización
del trabajo). En sí, es lógico, que unidos por un mismo objetivo central
(producción), aquellos que forman parte de una empresa establezcan
canales comunicativos según la utilidad de cada uno hacia la concreción
del mismo. Bajo este razonamiento, las relaciones humanas están
supeditadas a la utilidad que puedan dar al objetivo institucional de la
empresa.
Pero desde un punto de vista informal, también es muy cierto que, uno
tiene la libertad de poder relacionarse con quien desea y evitar a
aquellos con los que no se establece un buen ”raport”.
Existen casos, donde la relación debe ser socialmente sancionada por
considerarse disfuncional para el sistema, y otros donde puede ser
tolerada por ser considerada a-funcional. En los casos, los cuales, sea
vista como funcional será fomentada. Nuestra interpretación del hecho
era mucho más simple: ¿estaba el secreto en la utilidad propia
percibida?.
Para el personal administrativo su percepción de utilidad era mucho
mayor en relación a su labor con respecto a Maestranza.
Una semana más tarde, motivado por mi curiosidad, tuve una entrevista de
casi 40 minutos con los cuatro integrantes del departamento de
maestranza. Los temas eran muy variados, y estaban relacionados tanto
con asuntos laborales como con otros de interés general.
A mi sorpresa, los entrevistados demostraban el mismo grado de
compromiso y entusiasmo tanto para casos donde el tema central era el
trabajo como para aquellos el tema tenía que ver con él, como el partido
de fútbol de la fecha anterior.
Era evidente, que aunque no reconocidos por la mayoría de sus pares,
este grupo tenía una motivación tan elevada como aquellos que ya habían
recibido premios extra saláriales por la excelencia en su labor.
Realmente, era sorprendente, como un grupo sin reconocimiento de sus
pares, sin objetivos cumplidos (mas que un sueldo a fin de mes)
demostraba un alta motivación.
¿Era yo capaz de volver a ver todos los manuales y libros que había
leído sobre recursos humanos y administración durante los estudios en mi
carrera de grado?.
Todo parecía indicar, que lo aprendido hasta el momento en temas de
motivación y manejo de personal nada tenían que ver con aquello que
estaban observando mis ojos.
¿Es la diferencia de códigos en la comunicación y la instrucción aquel
que generaba estos conflictos?
Si bien hacia la misma pre noción apuntaban los entrevistados en los
sectores de mayor jerarquía, había que hacer ciertos reparos en nuestro
análisis. Uno de los entrevistados exclamó “los de maestranza funcionan
a los golpes como los de mecánica no se puede por diferencias culturales
entablar una comunicación civilizada con ellos”.
Fue entonces cuando dirigí mi atención hacia el departamento de
mecánica. En esa ocasión recuerdo haber encontrado un nivel muy bajo de
motivación. Según lo que pude averiguar esto se debía a que los
integrantes de este sector no habían podido cumplir ninguno de sus
objetivos mensuales y era uno de los departamentos que menos
reconocimiento de sus pares parecía tener.
Evidentemente el nivel de instrucción (per se) no aparentaba ser el
factor que generaba los choques Inter. departamentales.
Sin embargo, como comparando se aprende, pude darme cuenta de un punto
que los diferenciaba. El departamento de Maestranza dependía
directamente del Gerente General mientras que el de Mecánica tenía en su
organigrama por lo menos cinco sistemas superiores que lo controlaban y
lo condicionaban.
Para tal caso, podía pensar que a menor control mayor motivación pero
esto era relativo ya que el departamento de logística demostraba un
menor grado de control y una motivación mayor al resto de los sectores.
El control -o mejor dicho la capacidad de ejercerlo- tampoco parecía ser
la causa del problema que me pretendía estudiar.
El punto que diferenciaba a los departamentos de Maestranza y a Mecánica
era la frustración y los mecanismos de adaptación a la misma. En el
primer caso, había un alto nivel de frustración pero se había podido
nivelar mediante el vinculo con el individuo más influyente de la
estructura. Por otro lado, el segundo caso apartado de tal beneficio no
tenía mas que contentarse con los logros personales (concreción de
objetivos planteados).
Paradójicamente, el grupo más dependiente por su falta de iniciativa
estaba motivado al mismo nivel que aquel que más independencia
evidenciaba por la concreción de todos sus logros departamentales. De
esta forma, la concreción de metas no cumple una función de cohesión
sino de disgregación. En el sentido que la acumulación de méritos separa
al individuo de su grupo de referencia más cercano.
El fracaso al igual que el éxito cumplen una función dual, ya que por un
lado diferencian empero por el otro masifican.
Dentro de su ethos, tanto Pedro, Raúl, Rodolfo y Adrián (maestranza)
habían podido asimilar sus frustraciones mediante una compensación
simbólica. El hecho de estar próximos a la persona que más influencia
tenia en los destinos de todos, hacía mucho menos pesado el hecho de no
ser objetivamente reconocidos por su tarea.
Para tal caso, cualquier intento por romper ese vínculo era respondido
con una actitud hostil, finalizada por la frase “Ud Señor por favor no
debe darme ordenes, diríjase a mi jefe por favor”, lo cual no sólo
constituía una actitud totalmente asertiva sino que además comunicaba en
forma precisa y clara lo dispuesto en el organigrama general.
Los departamentos de Finanzas y Logística (que comparaba sus logros por
sobre este departamento) juzgaban de casi inútil la labor de los
integrantes de maestranza y por tanto creían tener la facultad de
transgredir las normas estatutarias que prohibían su contacto directo.
La concreción de objetivos no sólo demuestra diferenciación del resto
que ha fracasado sino también ejercicio de poder y obediencia para con
quienes se encuentran en una supuesta “inferioridad de condiciones” por
no haber cumplido.
La forma de nivelar esa presión hace que los departamentos residuales
sean aquellos que más cerca se ubiquen (en relación vincular) de
aquellos más estratégicos para la organización, estructurando así una
relación centrípeta.
Luego de esta experiencia real, pude observar lo mismo en otros
departamentos y empresas en las cuales me había desempeñado. Claramente
como lo había pensado, mis primeras intuiciones eran meros prejuicios de
clase.
Por otro lado, comprendí que para nosotros es importante la valoración y
el reconocimiento del otro, pero no es menos cierto que también influye
en forma significativa el valor simbólico que ese otro tiene en nuestra
forma de ver el mundo.
fomentada. Nuestra interpretación del hecho era mucho más simple:
¿estaba el secreto en la utilidad propia percibida?.
Para el personal administrativo su percepción de utilidad era mucho
mayor en relación a su labor con respecto a Maestranza.
Una semana más tarde, motivado por mi curiosidad, tuve una entrevista de
casi 40 minutos con los cuatro integrantes del departamento de
maestranza. Los temas eran muy variados, y estaban relacionados tanto
con asuntos laborales como con otros de interés general.
A mi sorpresa, los entrevistados demostraban el mismo grado de
compromiso y entusiasmo tanto para casos donde el tema central era el
trabajo como para aquellos el tema tenía que ver con él, como el partido
de fútbol de la fecha anterior.
Era evidente, que aunque no reconocidos por la mayoría de sus pares,
este grupo tenía una motivación tan elevada como aquellos que ya habían
recibido premios extra saláriales por la excelencia en su labor.
Realmente, era sorprendente, como un grupo sin reconocimiento de sus
pares, sin objetivos cumplidos (mas que un sueldo a fin de mes)
demostraba un alta motivación.
¿Era yo capaz de volver a ver todos los manuales y libros que había
leído sobre recursos humanos y administración durante los estudios en mi
carrera de grado?.
Todo parecía indicar, que lo aprendido hasta el momento en temas de
motivación y manejo de personal nada tenían que ver con aquello que
estaban observando mis ojos.
¿Es la diferencia de códigos en la comunicación y la instrucción aquel
que generaba estos conflictos?
Si bien hacia la misma pre noción apuntaban los entrevistados en los
sectores de mayor jerarquía, había que hacer ciertos reparos en nuestro
análisis. Uno de los entrevistados exclamó “los de maestranza funcionan
a los golpes como los de mecánica no se puede por diferencias culturales
entablar una comunicación civilizada con ellos”.
Fue entonces cuando dirigí mi atención hacia el departamento de
mecánica. En esa ocasión recuerdo haber encontrado un nivel muy bajo de
motivación. Según lo que pude averiguar esto se debía a que los
integrantes de este sector no habían podido cumplir ninguno de sus
objetivos mensuales y era uno de los departamentos que menos
reconocimiento de sus pares parecía tener.
Evidentemente el nivel de instrucción (per se) no aparentaba ser el
factor que generaba los choques Inter. departamentales.
Sin embargo, como comparando se aprende, pude darme cuenta de un punto
que los diferenciaba. El departamento de Maestranza dependía
directamente del Gerente General mientras que el de Mecánica tenía en su
organigrama por lo menos cinco sistemas superiores que lo controlaban y
lo condicionaban.
Para tal caso, podía pensar que a menor control mayor motivación pero
esto era relativo ya que el departamento de logística demostraba un
menor grado de control y una motivación mayor al resto de los sectores.
El control -o mejor dicho la capacidad de ejercerlo- tampoco parecía ser
la causa del problema que me pretendía estudiar.
El punto que diferenciaba a los departamentos de Maestranza y a Mecánica
era la frustración y los mecanismos de adaptación a la misma. En el
primer caso, había un alto nivel de frustración pero se había podido
nivelar mediante el vinculo con el individuo más influyente de la
estructura. Por otro lado, el segundo caso apartado de tal beneficio no
tenía mas que contentarse con los logros personales (concreción de
objetivos planteados).
Paradójicamente, el grupo más dependiente por su falta de iniciativa
estaba motivado al mismo nivel que aquel que más independencia
evidenciaba por la concreción de todos sus logros departamentales. De
esta forma, la concreción de metas no cumple una función de cohesión
sino de disgregación. En el sentido que la acumulación de méritos separa
al individuo de su grupo de referencia más cercano.
El fracaso al igual que el éxito cumplen una función dual, ya que por un
lado diferencian empero por el otro masifican.
Dentro de su ethos, tanto Pedro, Raúl, Rodolfo y Adrián (maestranza)
habían podido asimilar sus frustraciones mediante una compensación
simbólica. El hecho de estar próximos a la persona que más influencia
tenia en los destinos de todos, hacía mucho menos pesado el hecho de no
ser objetivamente reconocidos por su tarea.
Para tal caso, cualquier intento por romper ese vínculo era respondido
con una actitud hostil, finalizada por la frase “Ud Señor por favor no
debe darme ordenes, diríjase a mi jefe por favor”, lo cual no sólo
constituía una actitud totalmente asertiva sino que además comunicaba en
forma precisa y clara lo dispuesto en el organigrama general.
Los departamentos de Finanzas y Logística (que comparaba sus logros por
sobre este departamento) juzgaban de casi inútil la labor de los
integrantes de maestranza y por tanto creían tener la facultad de
transgredir las normas estatutarias que prohibían su contacto directo.
La concreción de objetivos no sólo demuestra diferenciación del resto
que ha fracasado sino también ejercicio de poder y obediencia para con
quienes se encuentran en una supuesta “inferioridad de condiciones” por
no haber cumplido.
La forma de nivelar esa presión hace que los departamentos residuales
sean aquellos que más cerca se ubiquen (en relación vincular) de
aquellos más estratégicos para la organización, estructurando así una
relación centrípeta.
Luego de esta experiencia real, pude observar lo mismo en otros
departamentos y empresas en las cuales me había desempeñado. Claramente
como lo había pensado, mis primeras intuiciones eran meros prejuicios de
clase.
Por otro lado, comprendí que para nosotros es importante la valoración y
el reconocimiento del otro, pero no es menos cierto que también influye
en forma significativa el valor simbólico que ese otro tiene en nuestra
forma de ver el mundo.
Lic. Maximiliano Korstanje - maxikorstanjearrobahotmail.com
Licenciado en Turismo por la Universidad de Moron, Pcia. De Buenos Aires, Argentina. Master en Sociología por la Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, Argentina. (Cand.) El autor ha desempeñado diversos puestos claves dentro de la industria del Turismo y en el ámbito de migraciones. En la actualidad se desempeña como asesor Técnico de Ceo en la Firma Hertz Argentina. AFILIACIÓN INSTITUCIONAL: Universidad Católica Argentina.
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