Si a una persona no preparada en la materia se le pregunta acerca de
dos neumáticos, el “A” que duró 2.000 Km. y otro, el “B” que logró una
duración de 3.000 Km., ¿cuál de ambos es de mayor calidad?, casi seguro
que tendremos por respuesta el “B”. Pero ello no necesariamente es así,
pues la calidad depende en este caso de la especificación en cuanto a la
duración establecida. Si para el neumático “A” se estableció una
duración de 2.000 Km. y para el “B” una duración de 3.500 Km., el “A”
cumplió con sus requisitos en materia de calidad (en cuanto a duración)
y el “B” no dio cumplimiento al mismo. Claro está decir que la duración
es tan sólo uno de los requisitos, otros pueden ser la capacidad de
frenado, la maniobrabilidad, entre muchos otros.
Ahora bien, muchos creen que los criterios de calidad lo determina la
empresa, y ello también es una equivocación. Las especificaciones son
fijadas en primer lugar por los consumidores, de allí la importancia de
permanecer expectante e inquisitivos en cuanto a las necesidades y
requerimientos de los usuarios y/o consumidores. También los organismos
públicos, semipúblicos, o paraestatales, entre otros determinan los
requisitos y niveles de calidad exigibles.
Nunca debe dejarse de lado el avance del mercado y de la tecnología,
pues lo que ayer no era exigido por los clientes o consumidores, puede
empezar a ser exigido hoy o mañana. Así, lo que ayer era considerado un
“plus” en el servicio, hoy ya es considerado una exigencia básica. No
estar alerta a tales cambios constituye un gravísimo error por parte de
los directivos.
Llevar a buen puerto la calidad, implica tanto una ética como una
disciplina. Pero también implica enfocarse en la prevención antes que en
la reacción, y concentrarse en la búsqueda y solución de las causas
raíces o fundamentales, antes que en la resolución de los síntomas.
Muchos aún creen que lograr calidad es meramente cumplir requisitos, y
es mucho más que ello. Es adelantarse a las exigencias y necesidades
actuales de los clientes, para proveerles de nuevos y más avanzadas y
excelentes formas de lograr su plena satisfacción.
Tener clientes planamente conformes y satisfechos es la razón de ser de
la calidad y su gestión. Gestionar calidad es gestionar satisfacción.
El auténtico sentimiento del directivo y personal consustanciado con la
calidad, es no sentirse nunca conforme con lo hecho, tratando de lograr
día tras día una mejor performance que permita lograr la excelencia.
Por lo tanto debemos cultivar ideas de calidad tendientes a evitar y
prevenir la ocurrencia de fallas y errores, para lo cual es fundamental
volcar nuestros pensamientos a un compromiso permanente con la calidad
en todos a cada uno de las actividades y procesos de la empresa.
Otra confusión muy común es creer que mayor calidad exige mayores
costos, cuando en realidad es todo lo contrario, mayor calidad implica
menores desperdicios de insumos, como de horas de trabajo, incrementando
de tal forma la productividad y con ello reduciendo los niveles de
costos. La mejor forma de preocuparse por reducir los costos es empezar
a preocuparse por la calidad. Y no sólo por la calidad de los productos
y servicios a entregar a los clientes externos, sino también la calidad
incorporada en cada uno de los productos y servicios entregados a los
clientes internos, se trate de actividades de fabricación o bien de
carácter administrativo o de información.
No pocos son los que reducen la obtención de calidad a la capacitación o
la labor de relevamiento y análisis estadístico en el cumplimiento de
patrones. Ello nada generará sin antes un auténtico compromiso de los
directivos con la calidad, y un establecimiento de políticas y planes
conducentes a tales objetivos.
Y qué decir de aquellos que se limitan a creer que con tener uno o
varios procesos avalados con las normas ISO 9001 creen que ya están a
tono con lo que significa y es la calidad. Lamentablemente los que ello
creen son cada día más, y el grado de equivocación en cuanto a ello es
total. Muchos, sino la gran parte de las empresas con procesos avalados
por las normas ISO, tienen normatizadas sus actividades, pero nada hay
del auténtico cumplimiento a tales normativas y ni siquiera tienen
implantado un Control Estadístico de Procesos. Poco cabe decir de
empresas con procesos certificados de acuerdo a las Normas ISO, cuyos
procesos no llegan siquiera a un nivel en sigma igual a tres.
Todas hablan de calidad, pero lamentablemente pocas son las empresas
auténtica y realmente comprometidas con la calidad, que sepan acerca de
cada uno de sus términos y actividades, y que posean estrategias
conducentes a tal realización.
Un producto o servicio que requiere de sucesivos arreglos y ajustes para
cumplir con las normas y requisitos no es realmente de calidad, sólo
existe una autentica calidad y es la calidad “a la primera”.
El establecimientos de normas en cuanto a calidad permitió la producción
en masa en lugar de la artesanal, y con ello incremento en gran forma la
productividad reduciendo los costos y permitiendo a la mayor parte de la
población acceder a productos de primera calidad a precios accesibles.
Una empresa que haga caso omiso de sus niveles de calidad, es una
empresa poseedora de altos niveles de desperdicios, lo cual implica
menores, sino nulos, niveles de rentabilidad.
Algunos, sino muchos creen que la calidad se limita al producto, cuando
la calidad está o debería estar presente desde la atención al público,
hasta la facturación, el mantenimiento, las compras y todas y cada una
de las labores efectuadas en la organización. De nada sirve tener el
mejor producto generado a la primera, si nuestros vendedores atienden
mal al cliente, si se envía la mercadería equivocada y/o fuera de
tiempo, la factura posee equivocaciones, se efectúan reclamos
incorrectos en relación a las cuentas corrientes o el servicio
postventas es pésimo.
Qué decir de la calidad de una prestación médica, cuando tanto los
conocimientos del médico, como los remedios recetados son anticuados y
con mucho menos poder de curación que las nuevas técnicas y medicinas.
Así, sin actualización no hay calidad. Por lo tanto es fundamental la
disciplina y la ética de estar al día con las nuevas prácticas y avances
de la medicina.
La calidad no es sólo una cuestión de grandes empresas, es también una
cuestión de las medianas y las pequeñas. Las empresas deben tener un
auténtico compromiso con la calidad, y no sólo publicitar ello para
hacerse de un mayor ingreso. Cuando hablamos de comida dietética, es
realmente dietética o sólo se le da ese nombre para pedir un mayor
precio. Ética y disciplina son nuevamente la consigna en materia de
calidad.
Calidad es también reconocer sincera y públicamente los errores e
iniciar acciones para paliarlas. Las instituciones bancarias tienen
lamentablemente poca o nula inclinación a tales compromisos. No
concentran sus objetivos en satisfacer plenamente a sus clientes, sino
más bien en lograr rentabilidades a costas de los mismos.
Buscar la calidad es un compromiso a largo plazo, enfocado a mejorar los
procesos, en lugar de buscar resultados rápidos tendientes a satisfacer
a los propietarios y accionistas. Una empresa comprometida con la
calidad sabe perfectamente que los resultados llegarán si o si como
producto de su mejora continua y sistemática en los niveles de calidad
tanto de los productos y servicios, como de los procesos internos que le
sirven de apoyo. Pues sólo mejorando y asegurando la calidad de los
procesos puede tenerse la convicción de lograr de manera consistente
productos de alto valor agregado. Mayor calidad implica también mayores
ventas, y una mayor rotación de stock.
La calidad empieza con la selección del personal, basada en una política
y planificación de personal conducente a lograr la máxima rentabilidad
en base a la calidad de las prestaciones.
La calidad no es algo accidental, es productos de la prevención, la
planificación y el diseño. O sea, la calidad no es resultante de una
casualidad, sino de una causalidad. Apuntalemos las causas y tendremos
de manera firme y consistente resultados de una elevada calidad.
Sólo satisfaciendo plenamente a los clientes, una empresa asegura su
continuidad. Los clientes satisfechos repiten sus compras y además
invitan a terceros a hacer lo mismo. No hay forma más simple, económica
y potente de hacer publicidad que por la vía de una mayor calidad.
Removiendo los paradigmas que impiden y obstruyen la auténtica y real
visión de la calidad, es posible lograr una ventaja competitiva de orden
superlativo. Cómo es ello factible? Muy simple, a la mayoría de los
empresarios le cuesta ver, entender y sentir la calidad, le cuesta
comprometerse plenamente con ella, le cuesta adoptar la calidad como una
ética de trabajo y una disciplina, y por sobre todo, le cuesta
relacionar los niveles de calidad con su capacidad de competir
globalmente.
Dr. Mauricio Lefcovich - mlefcovicharrobahotmail.com
Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor.
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |