La empresa decidió que su respuesta sería “duplicar el negocio”
dentro de los dos años subsiguientes. Sin embargo, el nuevo Gerente
General tomó una postura intransigente respecto a que el negocio debía
ser rentable y que esto se lograría sin aumentar los costos operativos y
tiempos de producción.
Dentro de los seis meses siguientes, la empresa identificó mejoras en
procesos internos que le permitieron aumentar su capacidad total en un
25%. Analizando la rentabilidad del producto, se decidió ampliar la gama
de productos “Standard”, lo cual significó la disminución de productos
”especiales”, hechos por encargo. Analizando la rentabilidad de los
clientes, se pudo modificar sus canales de mercado y revisar el mix de
clientes. ¿Resultados? Un “mix” mucho más rentable de productos, canales
y clientes que duplicó las ganancias y mejoró la posición de la compañía
y de sus accionistas y empleados.
Los problemas surgidos en esta empresa son comunes en muchas empresas de
ingeniería.
• Falta de información sobre cuáles productos y clientes son realmente
rentables – solamente una sospecha de que algunos eran marginalmente
beneficiosos.
• Costos de producción calculados usando una estimación de que un 10%
correspondía directamente a mano de obra. Esto era el origen de una gran
distorsión en el análisis (muchas empresas industriales aún utilizan
este método, aún cuando sus gastos generales indirectos ocupan una gran
porción de los costos totales).
En el caso que describimos, la empresa sólo obtenía 1 de cada 10
licitaciones en las que se presentaba y esto ocurría debido a la falta
de conocimiento sobre el objetivo más conveniente donde concentrar los
recursos. (Cuando llegan las épocas “flojas”, es difícil conseguir
clientes, entonces se comente el error de ofrecer mucho en el producto o
servicio sin saber si el precio a obtener paga por ello).
Casi todos los pedidos se volvieron “especiales”, aunque la empresa
había diseñado una línea “Standard” de productos. En consecuencia, el
departamento de ingeniería resultaba involucrado en cada pedido, con
repetidas demoras en las fechas de entrega (surgió un tema clave: el
largo período entre el cierre del negocio y la entrega del producto
resultante de la exigencia de numerosos cambios en las especificaciones
del cliente antes de concretarlo).
La empresa realizaba todo tipo de esfuerzo para adaptarse a las
exigencias del cliente, manteniendo el precio original por temor a
perder el pedido a último momento. Así, se cometían los siguientes
errores:
• Falta de información para la toma de decisiones de subcontratación. En
consecuencia, gran parte de las instalaciones propias estaban ociosas
mientras existía un alto nivel de subcontratación. ( El sistema de
incluir todos los gastos generales para el cálculo del costo de la hora
de producción proveía una base errónea para comparar con los precios de
subcontratistas)
• Cambios frecuentes de programa debido a la escasez. Los intentos de
insertar pedidos, en el programa regular de producción ocasionaba la
alteración del sistema de planificación de recursos. La demanda fuera de
programa creó carencias que generaron nuevos cambios en la programación
instalando incertidumbre en todo el sistema.
• Altos niveles de inventario y de stock obsoleto. Los cambios en la
programación generaron un stock superfluo, creado por pedidos
exteriores. La producción convirtió a la materia prima en piezas
inútiles dada la necesidad de reducir gastos generales. Se llegaba a
elaborar piezas por “si se concertaban ciertos pedidos” que finalmente
no se concretaban.
• Alto nivel de desperdicio y material descartable surgidos de los
procesos fracasados. Cada mes en transcurso daba la impresión de ser
caótico en el trabajo, aún cuando los meses subsiguientes prometían ser
estables. A medida que se aproximaban las fechas de entrega, aumentaba
la presión por entregar equipos para poder emitir facturas.
• Se adoptó la costumbre de “armar los equipos” en las instalaciones del
cliente, pero eso originó desorbitantes costos adicionales e hizo perder
muchos incentivos fiscales que contaba la planta propia.
La gran revelación fue descubrir que la información errónea sobre costos
era la causa fundamental de los problemas más serios de la empresa.. Al
igual que en muchas industrias manufactureras, los sistemas contables
obsoletos causaban caos en la organización estratégica de la producción.
Con el fin de comprender las falacias de sus procedimientos y lograr un
fuerte control de los costos de producción, la empresa se embarcó en un
proyecto de ABC/ABM (Activity Based Cost/Activity Based Management).
El uso de ABC/ABM para determinar los costos reales
Por medio de un equipo multifuncional, se seleccionaron datos sobre cada
departamento y los mismos fueron categorizados según actividades
básicas, las que de alguna manera añaden valor – y actividades
diversificadas, las que solamente consumen valor.
La comprensión de los costos verdaderos y de su magnitud constituyó un
punto de partida vital para el mejoramiento de los procesos. Al lograr
la implementación del modelo ABC/ABM, el conocimiento preciso de los
costos finalmente ofreció soluciones a los problemas.
Por ejemplo con ABC/ABM se determinó que la política de atender a los
requerimientos especiales de los clientes hacía que solamente fueran
rentables 70 de los 300 pedidos recibidos.
Los datos de costos provistos por el ABC/ABM fueron presentados de
manera tan simple que permitió tomarlo como sistema para la fijación de
los precios. Esto no sólo ahorró tiempo de estudio de presupuesto, sino
que permitió responder solamente a aquellos pedidos con mayores
probabilidades de rentabilidad. El cálculo del costo cada hora trabajada
comenzó a incluir todos los costos generales indirectos. Como la
incidencia de la mano de obra era solamente el 10% del costo total, esta
fórmula de cálculo había ocasionado una seria distorsión de la
realidad.. En un caso en particular, se habían manejado valores de $ 37
para una hora Standard, mientras que el costo real era de $28 para la
hora de producción y $ 281 para la hora de puesta a punto. A partir de
esta nueva información, se comenzó a prestar debida atención a la
relación entre los costos generales de producción, las causas de los
mismos y los productos vinculados con estos tipos de gastos. Descubrir
los costos reales en el proceso de producción fue de por sí una
revelación, pero la mayor sorpresa fue saber que el costo básico por
hora podía ser reducido.
La distorsión en el cálculo de costos también había erosionado la
capacidad de planificación. Los estudios anteriores indicaban que un
alto porcentaje de la producción debía ser realizado por subcontratistas
a precios muy altos mientras que en las áreas de producción había gente
inactiva. Los resultados del ABC/ABM probaron algo que los gremios
venían denunciando desde tiempo atrás: la empresa estaba exportando
puestos de trabajo a otras empresas.
Al analizar la rentabilidad de cada cliente, se determinó que muchos de
ellos significaban un pobre nivel de ganancia para la empresa. Alguno de
ellos fueron descartados, mientras que otros fueron manejados por
canales menos costosos.
La suma general de ganancias comenzó a ser más saludable cuando casi $1
millón de costos vinculados a los clientes fueron eliminados.
Sin embargo, el salto mayor de rentabilidad ocurrió cuando se
identificaron las causas de actividades diversas y se implementaban
mejoras en los procesos. La capacidad adicional resultante permitió el
incremento de los volúmenes de actividades rentables, vendidas a
clientes rentables y producidos a un costo menor.
En el primer año, la baja de costos obtenida al reducir los pagos extras
a subcontratistas y el manejo de los mismos fue de $ 1,5 millones
adicional.
El análisis que arrojó ABC/ABM permitió la definición de nuevas
estrategias que permitieron aumentar la participación de la empresa en
el mercado y crear un impacto negativo sobre la competencia En efecto,
mientras que las estrategias anteriores apuntaban a aumentar el volumen
de ventas para todo tipo de cliente, es decir, considerar sólo el
volumen. A la luz de la explicación de costos lograda por el ABC/ABM, la
empresa comprendió los casos de clientes o productos con quienes no
convenía concretar negocios.
Al mismo tiempo, al entrar en una situación competitiva y lograr una
baja en los precios, la empresa sabía exactamente cuándo debía permitir
que la competencia obtuviera los contratos perdedores que en realidad
sólo agregaban más a las pérdidas que a las ganancias. Si la empresa se
hubiese abstenido de participar en la licitación, el competidor hubiera
sido el único oponente y hubiera vendido a un precio alto.
Beneficios demostrados por este estudio:
• El cálculo exacto de los costos por cliente y producto arrojó
comprensión sobre el origen profundo de los problemas y la manera de
mejorar los procesos.
• La posibilidad de reducir el empleo de subcontratistas y reemplazarlos
por recursos propios
• Exactitud en el estudio de costos y rentabilidad, lo cual llevó a una
mejora en el mix de productos.
• La capacidad de orientar los recursos de venta escasos hacia las
oportunidades más rentables.
• Exactitud en el estudio de los clientes con lo cual se pudo apuntar a
servir mejor a los clientes realmente rentables.
• Estrategias para crecer en el mercado a costa de ceder a la
competencia los contratos no rentables.
Sixtina Consulting Group - www.sixtina.com.ar
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