Estos conceptos y su instrumentación, surgen y se desarrolla en un
momento de revisión de los parámetros de competitividad, y el desarrollo
tecnológico y de productividad busca explicación a partir de las
capacidades de innovación y acumulación de capital humano.
Aunque nuestro interés es detenernos brevemente a nivel organizacional,
no es posible desconocer los planteamientos fundamentales desde la
economía, economía política, la administración y la teoría cognitiva,
sus interconexiones, tratando con ello de evitar o limitar el
determinismo económico o tecnológico, y el reduccionismo
monodisciplinario muchas veces presente en los escritos y propuestas
sobre estos temas. Pero, sobre todo, significar los nexos existentes
entre las políticas a nivel macro y meso y las políticas y prácticas a
nivel de las organizaciones que desarrollan capacidades productivas y
competitivas (Alhama, B.R. y García, B.J. (2006).
Al decir de Herrera, R. (2005):”La teoría del crecimiento endógeno nació
en el seno del establishment intelectual estadounidense, del impulso de
autores comprometidos que en otro tiempo se dieron a conocer lanzando la
ofensiva decisiva contra el keynesianismo”. Aparecen en un momento de
necesarias mutaciones del capitalismo. Según Herrera, R. “estos modelos
no hacen más que importar y revitalizar conceptos de la micro
neoclásica, como la externalidad, e introducir la creencia de los
rendimientos y del progreso técnico, pero no aportar ninguna dimensión
colectiva”.
Las preguntas y respuestas se adentran en temas complejos, poco o nada
transitados por las disciplinas en la práctica de las organizaciones,
aunque con determinado desarrollo teórico, más proclives a mantenerse
dentro de los temas y las fronteras tradicionales de cada una de ellas.
Pero, una cosa es cierta, y es que si se quieren desarrollar
organizaciones en “transformación permanente”, exigencia de la dinámica
actual que impone el conocimiento y aprendizaje como factores
fundamentales del desarrollo de organizaciones del conocimiento, de la
economía del conocimiento, o como prefieren algunos autores para
significar la importancia de la dinámica, de la economía del
aprendizaje, hay que romper con paradigmas de administración, de
dirección, de organización, de gestión establecidos, pero sobre todo con
la visión del individuo despersonalizado, como parte de un colectivo
humano que forma el sistema social complejo que representa cualquier
organización, incluida la empresa.
El reconocido autor de La Quinta Disciplina, Senge,P. en una entrevista
hace un tiempo atrás se definió como un “anti-recursos humanos”, y
definió como “cancerígena” la actual política seguida por las empresas.
Señala que “las personas no son recursos de la organización, son la
organización”.
Si alguna evolución ha tenido el desarrollo de los enfoques de Recursos
Humanos (RH), en el último medio siglo, como a veces se dice, no ha sido
desde la administración del personal hasta la gestión del conocimiento y
las organizaciones que aprenden. Tampoco se ha superado, al contrario,
se ha profundizado, el paradigma del RH como costo, como inversión y
como activo (intangible).
De manera que lo primero que se debe clarificar es que si los RH se han
ido convirtiendo en Capital Humano (CH), dado como avance positivo por
algunos, es decir, en activos que posee una persona, que contabilizan
como activos de la empresa, ha sido precisamente porque se ha tratado de
definir con mayor exactitud su costo competitivo, se ha relacionado la
efectividad de los servicios con la productividad y la eficiencia de la
empresa, que han dejado de serlo de servicios para convertirse en área o
actividad funcional o estratégica de primer orden, en la medida en que
se han propuesto medidas objetivas, mensurables, en términos financieros
de su contribución.
Dominio positivista absoluto, los números hablan, lo cuantitativo se
impone sobre lo cualitativo, y las necesidades humanas, que deberían ser
la esencia de cualquier sistema organizacional, se siguen quedando en
segundo plano.
Esto, desde nuestra posición, no es un avance para la gestión humana
desde la ética humanista, y desde la posición de considerar la empresa
algo más que una célula económica, sino como una organización social, Es
una sobre valorización funcional del humano como recurso, cuya
instrumentación nada tiene que ver con la idea de lo expresado por Fidel
en el acto con motivo de la primera graduación de la Escuela
Latinoamericana de Medicina, cuando señaló que: “Capital Humano implica
no sólo conocimientos, sino también y muy esencialmente, conciencia,
ética, solidaridad, sentimientos verdaderamente humanos, espíritus de
sacrificios, heroísmo, y la capacidad de hacer mucho con muy poco”,
marca pautas para no seguir considerándolo en su definición mas
extendida y aplicada, es decir, en términos de “conocimientos y
habilidades”. Precisamente por ello, es necesario seguir profundizando
en el tema, porque de lo contrario el cambio de recurso humano a capital
humano es sólo de nombre, con poco de la esencia humana, de lo principal
humano.
Pero CH es identificado con el stock de conocimientos, con habilidades,
con destrezas, que a su vez se deben materializar, por lo tanto se
elaboran nuevas herramientas teóricas y funcionales, se convierten en
insumo-competencias, es decir, se deben materializar, de tal manera que
gestión de recursos humanos, o gestión por competencias, se convierte en
“gestión por competencias de capital humano”. Es la selección del más
capaz, la supervivencia del más capaz de Spencer.
Al margen de lo positivo de los planteamientos teóricos originales o las
intenciones prácticas de las teorías motivacionales y de la modificación
del comportamiento con impacto en la productividad (Barnard, Mc Clelland,
Pritchard, Boyatzis, Hammel, Leboyer, entre otros), se siguen relegando
en la práctica al segundo plano o se desconocen, las necesidades, en el
más amplio sentido del concepto, y así, de ninguna manera se puede ir
más allá del tradicional análisis de puesto; y las competencias, cada
día, se llevan a cabo de manera más agresiva, más excluyente, y
constituyen una de las fuentes principales de estrés laboral.
Asumir las competencias laborales no significa un paso superior al
tratamiento del recurso humano, y el abordaje del capital humano, sin
considerar las necesidades, es el mismo enfoque de recursos humanos, con
nuevas herramientas.
Porque, funcionalmente, se trata de buscar las mejores prácticas, y
“aprender” y “aprehender” las conductas, lo que lleva a una visión
quizás aún más mecanicista que la anterior visión de la organización.
Está claro que todos no pueden, ni tienen, que hacer las cosas de la
misma manera; a los resultados esperados, que tampoco es nada nuevo, se
puede llegar por muchos caminos. No se trata de identificar debilidades,
sino los talentos, y fortalecer estos. Pero, lo talentos pueden o no
identificarse con las competencias.
Es Engels (1974), en la primera mitad del siglo XIX, en su obra “La
situación de la clase obrera en Inglaterra” quien escribe: “La
competencia es la expresión más perfecta de la guerra de todos contra
todos, que hace estragos en la sociedad burguesa moderna”.
Casi a diario verificamos que no basta con el “saber hacer”, y que este
no se materializa si los componentes “querer hacer” y “poder hacer” no
tienen signo positivo. Entonces es imprescindible entender y trabajar
“la organización como colectivo”, pero al sujeto como individuo también.
Se repite una y otra vez, que lo que importa, por encima de todo, es el
desempeño de trabajo superior de acuerdo a los objetivos estratégicos de
la organización, pero los objetivos y necesidades del individuo se
posponen; primero la organización, luego el colectivo, luego el
individuo. Aquí hay un problema no resuelto, y es la relación jerárquica
de la satisfacción de las necesidades individuales y colectivas; si se
jerarquizan permanentemente las necesidades colectivas y se descuidan
las necesidades individuales, esto puede traer como consecuencia, en
términos funcionales, las disfunciones del sistema organizacional, y el
tratamiento del sujeto como objeto del sujeto organización o del sujeto
Estado. Se impone una conjugación de las necesidades, incluso con
prioridades temporales a nivel del sistema superior que pueden
fortalecer el sistema, pero siempre atendiendo las necesidades
individuales; y cuando se dicen necesidades, nos referimos a necesidades
del ser y del tener.
Ello implica un cambio cultural que rompa con formas compulsivas añejas,
y unas relaciones sociales del sistema complejo de la organización en
que las relaciones horizontales no se vean determinadas por las
relaciones verticales; una organización y configuración relacional que
integre coherentemente la estructura organizacional con la estructura de
decisiones, pero sobre la base de la ampliación de la base social de la
dirección.
No nos engañemos, la gestión de recursos humanos, gestión estratégica, o
por competencias, se siguen concibiendo fundamentalmente, y en la
mayoría de los casos en la práctica, como aseguramiento del “recurso
humano” a la actividad productiva empresarial. Y desde el punto de vista
técnico-conceptual, predominan el enfoque funcional, y el centrado en el
puesto de trabajo (recordar que la propuesta de Parsons de considerar
los resultados en lugar de cualidades surge en los momentos en que se
potenciaba el análisis de puesto a partir de requisitos-exigencias).
Esto está muy lejos del enfoque holístico, y cuando se llegan a
interrelacionar los procesos, la tecnología y las personas, no se
consideran del todo las características personales y sociales, puesto
que ello implica cambios culturales que rompen con formas compulsivas.
Aquí entran los conceptos de gestión de conocimientos y aprendizaje de
las organizaciones, como propuesta para tener resultados tanto en el
crecimiento personal de los trabajadores como en el desarrollo de la
organización. Las afectaciones para uno u otro lado de la ecuación, o
para ambos, han sido muchas veces altamente negativos y sensibles; no
sólo a nivel individual u organizacional, también social, no sólo para
trabajo sino para el empleo.
De manera que si ha habido alguna evolución, es en las medidas
tradicionales de la función de RH, que han pasado de términos
estadísticos o términos de conducta a términos financieros, entrando así
finalmente, a lo que históricamente se le ha criticado, a estar
conectados al negocio como los demás, haciendo bueno lo dicho por
Drucker: “No se puede administrar lo que no se puede medir”, o lo dicho
por Harrington: “Medir es la clave. Si no se puede medir, no se puede
controlar”.
De manera que pensamiento-conocimiento-sujeto-individuo-sociedad se
convierten en objetos, mercancías, objetos de cálculo y de especulación
de valor, en factores competitivos, con propuestas cada vez más
instrumentistas, más eficientístas y productivístas. Hay que tener
respuestas para el desarrollo tecnológico actual y de productividad, que
busca explicación a partir de las capacidades de innovación y
acumulación de capital humano, pero la calidad de vida de trabajo (QWL)
que es parte consustancial del capital humano, se sigue posponiendo.
¿Qué no cambia por los distintos proponentes para sustituir recurso
humano por capital humano?
De más está decir que, desde las sociedades capitalistas desarrollados
de los proponentes, no cambian las cuestiones generales que son la base
de las cuestiones particulares, y hasta mantienen una lógica; lo peor es
que hagamos nuestras las propuestas ajenas particulares, que estarán
chocando sistemáticamente con nuestras bases filosóficas e ideológicas,
con nuestras políticas, y esto puede conducir a un vacío conceptual y a
falta de principios propios.
No cambia la relación capital-trabajo, en que el capital capitaliza
todas las determinaciones, entre estas el trabajo, para reconfigurar la
sociedad, y las organizaciones. Al decir de Marx “revoluciona cabal y
radicalmente los procesos técnicos del trabajo y los agrupamientos
sociales”, de manera que los enfoques y modelos sirven a la valorización
del capital y su realización antagónica con el trabajo.
Estas relaciones y determinaciones en la que encontramos también la
educación, el mercado de la fuerza de trabajo y la situación del
trabajador y las relaciones entre ellos, no puede ser abordado sólo por
la Economía y la Economía Política.
No cambian las relaciones entre las disciplinas, ni el tratamiento (Inter)
disciplinario, que siguen formas compulsivas, tanto a nivel de las
organizaciones, como a nivel del individuo, este por mucho tratamiento
del “yo”, de lo subjetivo, no conduce a la solución de los problemas
sociales, organizacionales; no es a nivel personal que se van a
solucionar.
No cambian las motivaciones colectivas ni los comportamientos
organizacionales, que aún los innovadores, siguen funcionando
fundamentalmente con formas compulsivas que imponen las experiencias
pasadas, porque es una respuesta más rápida y segura. Esto no puede ser
abordado sólo por las disciplinas administrativas y organizacionales.
No cambia el tratamiento de las Organizaciones como sistema social, en
sus relaciones sociales, en su organización relacional, que es esencial
si se quiere que la realización del trabajo no aparezca como una pérdida
de realidad para los trabajadores al decir de Marx. Organizar a las
personas en grupos de trabajo o unidades efectivas, siempre ha sido un
objetivo del proceso de administración y de la función de organización
del trabajo. Pero la gestión de las relaciones sociales no ha sido
objeto de atención suficiente y necesario. Como dijera Marx, el concepto
de obrero productivo no incluye, por ello, en modo alguno sólo una
relación entre acción y efecto útil, entre obrero y producto del
trabajo, sino también una relación de producción específicamente social,
surgida históricamente….”. En nuestra sociedad pasa por la necesidad
impostergable de ampliar la base social de la dirección y organización
de los procesos; que incluye entre otros las capacidades dinámicas de
aprendizaje en las organizaciones. Esto no pude abordarlo sólo la
Sociología.
No cambia, por último, y sin esto, es difícil lo anterior, el
tratamiento del sujeto como objeto, ya sea del sujeto Capital o del
Estado. La relación intersubjetiva y su vinculación con las acciones
colectivas, no pasa de la fascinación por la subjetividad de los actores
colectivos, pero no se tiene en cuenta que, la intersubjetividad no sólo
modifica a cada uno de los sujetos sino que además los constituye, y que
la relación no sólo da cuenta de la forma como el sujeto constituye sus
objetos, sino también de la forma en que estos modelan su actividad,
incluyendo al sujeto mismo, es decir, ambos se construyen y delimitan
en, y por medio de la relación. Entonces hay que trabajarla,
gestionarla. Pero esto no puede abordarlo sólo la Psicología.
Entonces, ni las tácticas y ni la visión del agricultor, ni la del
cosmonauta, bastan por sí solas, son necesaria ambas. Ni el agricultor,
mirando la tierra del surco por donde camina, avanza más allá del mismo,
ni el astronauta con su visión amplia, podrá avanzar sin la ayuda del
agricultor.
¿Que implican las capacidades dinámicas de aprendizaje que lleve a una
organización a aprender?
Implica un contexto, un proceso social modificado, y una dinámica
cualitativamente superior, interrelacionados, que de ningún modo se
pueden desconocer. Implica nuevas relaciones sociales en la
organización, porque rompe con la gestión de continuidad e impone una
gestión de innovación con tratamiento priorizado de la persona. Pero,
hace falta además:
-Voluntad colectiva, autonomía y alto grado de responsabilidad
colectiva; por encima del desarrollo de las competencias claves
genéricas y transversales, individuales y grupales, para que éstas
puedan ser utilizadas (Alvesson,2004)
-Estimular la adopción del pensamiento sistémico como resultante de:
Motivar al personal conociendo las metas propuestas; Hacer explicito los
modelos mentales o los modos de percibir el mundo prevalecientes,
colocarlos en la superficie y retarlos; Construir una visión compartida
entre todos los integrantes; Facilitar la integración de equipos de
trabajo, el desarrollo de aptitudes y actitudes grupales, en
contraposición al individualismo (Senge, 1992).
Estos elementos pudieran conformar entonces un comportamiento de una
organización en aprendizaje, como dijera Nonaka.
Al decir de Lage, A. (2006): “Evidentemente el tema de la transformación
del conocimiento en recurso económico y sobre todo su realización
comercial concreta es un tema muy complejo. La economía del conocimiento
esta naciendo y en nada que nace hay experiencia. Será necesario un
largo camino de diversidad de estrategias; de ensayo y error”.
“La economía acelerada e intensiva en conocimiento de nuestra época
requiere claramente más flexibilidad y menos estandarización, que la de
la época de las producciones industriales de gran escala. Ello demandará
a su vez un alto grado de descentralización de las decisiones operativas
hacia las empresas de alta tecnología que vayan surgiendo, de ciclo
completo, agregamos. Y en este punto de la organización y gestión de las
entidades generadoras de conocimiento, no hay mucha claridad entre
nosotros” (idem).
Pero en este tema, loa mayor preocupación es en relación a las personas
poseedoras y creadoras de conocimiento, y el tratamiento de este como
objeto, en consecuencia de la persona como objeto.
En la medición sobre intangibles y el tratamiento del conocimiento como
acto humano, como acción, como proceso humano dinámico, como proceso
colectivo, y no como stock, objeto, cosa, mercancía, que en nada difiere
del tratamiento que se le daba antaño a las capacidades físicas, sí hay
problemas no resueltos por nosotros, y hay más preguntas que respuestas.
Por eso, en este breve artículo, tratamos de establecer la importancia
de las relaciones sociales, de las relaciones organizacionales, de los
nexos entre la estructura organizacional y la estructura decisional para
el desarrollo pleno de la esencia del capital humano; conciencia, ética,
solidaridad.
Bibliografía
Alhama, B.R. y García, B.J. (2006): “Organizaciones en Aprendizaje y
Gestión del Conocimiento”. Sitio www. CubaSiglo XXI
Engels, F. (1974): La situación de la clase obrera en Inglaterra.
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
Fidel, C. (2005): Discurso en la Primera Graduación de la Escuela
latinoamericana de Medicina, Teatro Carlos Marx, 20 de agosto, La
Habana.
García Brigos, J.P (2005).: “Capital humano, dictadura del proletariado
y la construcción socialista”, Revista “Marx Ahora.
Gerald,A.D. (2003): El Capital Humano en las teorías del crecimiento
económico, Universidad Autónoma de Chihuahua. Eumed, net, Málaga.
Herrera, R. (2005): ¿El Estado contra el servicio público? La cara
oculta del crecimiento endógeno. Revista Internacional Marx Ahora Nº 19.
Lage,A. (2006): “Propiedad y expropiación en la economía del
conocimiento” en El Economista de Cuba.
Mertens, L y Palomares, L. (2006): “Capacidad Dinámica de aprendizaje en
las Organizaciones ¿gestión de la ambigüedad y dilemas base de la
economía de aprendizaje?”, Seminario Internacional Globalización,
Conocimiento y Desarrollo. UNAM, México.
Rafael Alhama Belamaric - proyinvarrobaceniai.inf.cu
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