Ejemplo de esto son las migraciones causadas por guerras o
inestabilidad económica en países del tercer mundo hacia países más
industrializados, lo que obliga a los gobiernos de ambas naciones –la de
origen y la de destino- a cambiar sus leyes, y re-ordenar prioridades
de sus agendas.
El tema del medio ambiente y el desarrollo sostenible no está ajeno a
está realidad, y es un tópico recurrente en la agenda política,
económica y noticiosa ya que los problemas ambientales, al igual que la
información, tienen un carácter transfronterizo y aunque ocurran en un
lugar específico afectan nuestra vida y porvenir en tanto agravan la
crisis ya existente y producen cambios en el orden internacional.
Sobre estas circunstancias, los gobiernos nacionales y locales tienen
que establecer las bases para el desarrollo sustentable. El desarrollo
sustentable ha sido definido por la Comisión Mundial del Medio Ambiente
y del Desarrollo (CNUMAD) como “El desarrollo que satisface las
necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las
generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. La
comisión definió el concepto como un objetivo factible en todo el mundo,
ya fuese a escala local, nacional, regional o internacional. Esto
implica un equilibrio vital entre los intereses económicos, sociales y
medioambientales a la hora de satisfacer nuestras necesidades para
preservar la vida en el planeta, y dicho enfoque integrado se puede
alcanzar uniendo inteligencia y talento.
De acuerdo a CNUMAD, para conseguir este tipo de integración y
equilibrio entre las dimensiones económica, social y medio ambiental, se
necesitarían nuevas perspectivas de cómo producimos, cómo vivimos, como
trabajamos, nos relacionamos y tomamos decisiones. Esto a su vez se
logra con la participación informada y comprometida de los actores
sociales.
Uno de los logros más importantes del CNUMAD fue el Programa 21, un plan
de acciones minucioso y amplio que exigía nuevas formas de invertir en
nuestro futuro para poder alcanzar el desarrollo sostenible en el siglo
21. Este programa le otorga a la comunicación un papel importante en la
generación de los cambios necesarios para avanzar hacia el desarrollo
sostenible.
La Declaración de Río, dice en el principio Nº10:“El mejor modo de
tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los
ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda…toda persona deberá
tener acceso adecuado a la información sobre el medio ambiente…”
Por su parte, la mencionada Agenda 21 en el apartado Nº40 “Información
para la Toma de Decisiones”, señala que para la adecuada administración
del desarrollo sostenible se requiere información precisa y reforzar los
mecanismos de procesamiento e intercambio de datos. Este punto cobra
importancia en relación al apartado Nº36 que recomienda un aumento de la
conciencia ambiental del público en cuanto al medio ambiente y señala: “
todavía hay muy poca conciencia de la interrelación existente entre
actividades humanas y el medio ambiente, debido a la insuficiencia o la
inexactitud de la información..” . De esto se puede deducir que el rol
de la comunicación, como ciencia, disciplina y proceso social, es
informar adecuadamente, sensibilizar a la población y promover la
participación de los ciudadanos en la toma de decisiones sobre su propio
destino ante la crisis ambiental global.
Ahora bien, desde la elaboración del Programa 21 y la firma de la
Declaración de Río las personas tienen acceso a mucha información sobre
el medioambiente a través de los medios de comunicación, Internet,
campañas de información municipales, etc., y cada uno de nosotros tiene
una opinión más o menos clara sobre el tema. Estamos informados.
Pero, ¿Basta sólo con informar? En mi opinión no basta. Mucha gente lee
todos los días las noticias sobre contaminación y no se involucra.
Muchos manejan información sobre daño ecológico pero no saben como
usarla. No hay que confundir comunicación con información. Admitiendo
que la comunicación implica la entrega de mensajes que contienen
información, lo cierto es que lo sustancial de los procesos
comunicativos, a diferencia de los informativos, es que la comunicación
implica compartir o intercambiar significados con una determinada
intención. Estos significados no sólo están asociados a la información
sino que el proceso es mucho más complejo, ya que el contenido forma
parte de un universo discursivo que considera las condiciones de
producción, recepción y el contexto de circulación de los mensajes. Este
proceso es lo que determina la percepción social, por ejemplo, de un
riesgo ambiental.
Obviamente, las noticias sobre la crisis medioambiental pueden
constituir una importante herramienta en orden a entregar información de
este tipo, pero dado su carácter masivo, no alcanzan a cubrir el
objetivo de promover la participación y generar instancias de diálogo
para la toma de decisiones. Le falta un aporte persuasivo, de acción
directa, que ayude a crear vínculos y los oriente hacia un consenso en
cuanto al desarrollo sostenible. Este importante aporte, lo entregan las
Relaciones Públicas.
Ante las crisis ambiental global y las consecuencias que acarrea, las
relaciones públicas tienen un inmenso desafío en orden a dar una
contribución efectiva en el diseño de estrategias de comunicación que
incorporen la educación, la participación y el consenso acerca de cómo
enfrentar el deterioro ambiental y sus consecuencias, sobre todo
considerando que la crisis ambiental es global, pero demanda soluciones
específicas a nivel local.
Toda estrategia es un proceso social. Es decir, una estrategia es una
propuesta de acción para involucrar a los diferentes actores de un
proceso en la asunción de los papeles y responsabilidades que
corresponden a cada quien, con tiempos y movimientos determinados para
alcanzar las metas planteadas. Por lo mismo, una estrategia es por
definición un proceso participativo con componentes de educación y
comunicación.
Ahora bien ¿a qué nivel resulta más eficaz realizar este trabajo? Como
ya dijimos, “a problemas globales, soluciones locales”, por lo tanto, es
el ámbito comunitario el espacio propicio para llevar a cabo las
estrategias de comunicación que se requieren para involucrar a la
comunidad en la definición de las bases del desarrollo sostenible. Las
relaciones públicas marcan una diferencia complementaria con la
comunicación social masiva, dada su cercanía y conocimiento específico
de los públicos y la posibilidad de obtener un feedback más rápido y
confiable. La intervención a nivel local nos da la oportunidad de
conocer de forma más cerca de los distintos grupos que interactúan y se
ven afectados por una situación dada, lo que permite a su vez una mejor
sincronización de sus intereses.
Relaciones Públicas Comunitarias
Comunidad es un vocablo sociológico con muchos significados: ha sido
equiparado con sociedad, categorías sociales o bien, en el sentido de
distribución geográfica o étnica.
Según Mac Iver y Page, el término se refiere a un área de la vida social
caracterizada por un cierto grado de cohesión social. Las bases de este
concepto son la localidad y el sentimiento de pertenencia. Lo que
caracteriza a una comunidad, según los autores, es que la vida de una
persona puede ser totalmente vivida dentro de ella. No se puede vivir
enteramente dentro de una empresa o una iglesia; sí se puede vivir
enteramente en una tribu o en una ciudad. El criterio básico de
comunidad por tanto, está en que todas las relaciones sociales de
alguien pueden ser encontradas dentro de ella.
El concepto de relaciones públicas comunitarias se refiere al trabajo
realizado con la comunidad, dentro de ella y en función de un consenso
que incorpore sus propios intereses y formas de comunicación. Su
objetivo es que las organizaciones y personas puedan llegar a actitudes
y opiniones consensuadas, que permitan la acción conjunta en beneficio
de todos.
El Acuerdo de México sostiene que: “el ejercicio profesional de las
relaciones públicas requiere de una acción planificada con apoyo
sistemático de la investigación en comunicación y de la participación
programada, para elevar el nivel de entendimiento, solidaridad y
colaboración entre una entidad pública o privada y los grupos sociales a
ella vinculados, en un proceso de integración de intereses legítimos,
para promover su desarrollo y el de la comunidad donde se insertan”.
Es un hecho que, en términos generales, las relaciones públicas son
utilizadas más al servicio de las empresas en apoyo a objetivos
económicos por razones y necesidades de supervivencia en el contexto de
un sistema de mercado. Se puede decir también que toda esa labor en
general está centrada en la preocupación de las empresas de relacionarse
bien con la comunidad pues con eso mantienen o mejoran su buena imagen a
la par que obtienen mayor lucro y aceptación de ella.
Hoy, frente a los cambios sociales, las empresas y organizaciones no
buscan sólo una buena imagen sino que además se están preocupando de
establecer vínculos permanentes de información y transparencia con la
comunidad. Los tiempos cambiaron y la comunidad pasó a ser considerada
una fuerza dinámica, constantemente en proceso de cambio, cada vez más
organizada. Las instituciones saben que esta nueva fuerza, puede
presionar fuertemente, incluso hasta arruinar sus objetivos, ocasionando
profundas alteraciones sociales y destruyendo creencias antes tenidas
por inmutables. Un ejemplo de ello son las organizaciones de
consumidores o las instituciones de origen ciudadano que monitorean el
comportamiento ético de las empresas o del poder político.
Ante este enfrentamiento de fuerzas, el relacionador público debe
participar como agente de integración, no sólo como promotor de la
imagen o las buenas intenciones de la empresa. Debe ser capaz de encarar
los problemas, necesidades y conflictos con sinceridad, proponiendo
soluciones que no sólo beneficien la reputación de la organización sino
que debe actuar como facilitador de un diálogo abierto y sin prejuicios
entre la organización y sus públicos sobre sus objetivos y visiones,
fomentando los acuerdos que permitan el desarrollo de todos los miembros
de la comunidad.
Las relaciones públicas, en tanto disciplina de la comunicación puesta
al servicio de intereses comunitarios, no debe ser concebida como una
actividad aislada, sino como parte de un proceso integral que junto a
otras actividades impulsadas por otros entes sociales, contribuye al
desarrollo local y al bien común.
Sin embargo, este aporte no será realmente útil si el Relacionador
Público no tiene un conocimiento cabal de las distintas fuerzas sociales
que interactúan en el entorno y las particulares visiones que ellas
tienen. Sin el conocimiento de las tendencias básicas, económicas y
sociales de nuestros días, no podemos analizar, ni mucho menos
anticipar, las implicancias de lo que ocurre a nuestro alrededor. La
búsqueda de soluciones debe partir por analizar causas posibles para la
situación que vivimos, desde el lugar donde ésta se sitúa y desde donde
puede ser generado el cambio para lograr sinergia social.
Los esfuerzos del relacionador público deben ser dirigidos en el sentido
de una transformación de la óptica de esta actividad o sea, una
tentativa de pensar a la comunidad organizada como agente de su propia
comunicación, o bien de repensar sus modos de comunicación. Para ello,
debe valorizar los canales utilizados por estos grupos en su
interlocución con otros grupos sociales, conocer sus propios códigos y
maneras de comprender y relacionarse con el entorno, haciendo de su
trabajo un puente hacia la legitimación de sus discursos y evitando la
imposición de argumentos de alguna de las partes. Así, las relaciones
públicas pueden contribuir a cambiar el sentido del eje de comunicación
y hacer este proceso más igualitario y participativo.
Esto se trata, más que cualquier otra cosa, de valorizar a la persona
humana, en un contexto sociocultural en el cual existe una marcada
tendencia a la alienación, tendencia a la que no escapan las formas
masivas de comunicación como la mediática o la publicitaria. Se trata de
colocar al hombre como centro de toda actividad social, de adoptar a la
persona humana como criterio principal de desarrollo y colaborar en la
construcción de una nueva noción de ciudadanía permitiendo que aquellos
que antes no se expresaban se desarrollen como actores sociales
comunicantes, articulando para ello las visiones entre el individuo,
sociedad civil, gobierno local y el estado, a fin de hacerlas
compartidas.
Vanessa Alejandra Rivera de la Fuenteo - counselorsarrobahotmail.com - rrpp2000arrobahotmail.com
IRelacionadora Pública - Consultora en Comunicación Institucional y Desarrollo Local
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