Existe una extendida práctica por parte de nuestros bancos, consistente en publicitar con letra de gran tamaño los nobles usos que los consumidores podemos darle a sus créditos (el autito que deseamos desde hace tiempo, los electrodomésticos que tanto necesitamos en casa, el viajecito que soñamos hace rato, etc.) y en publicitar con letra también relativamente grande la llamada TNA, que es la tasa nominal anual que nos solicitará el banco por prestarnos por un par de años dichos fondos.
Pero dicha TNA, que es la que la gente usualmente utiliza para tener una somera idea de cuánto le cuesta el crédito, no muestra el verdadero costo del mismo. ¿Por qué? Porque no todo es tasa de interés, los créditos también conllevan otros costos como ser gastos de otorgamiento, gastos de administración, seguros, etc., costos que generalmente ni nos molestamos en adicionar a la TNA, pero que engrosan notablemente el costo total del crédito, el llamado costo financiero total (CFT). Pero dicho CFT, que los bancos sí conocen perfectamente, se publicita en letras hiper-diminutas al final de una página de publicidad, lo que es un verdadero despropósito, ya que es la información más importante, el verdadero costo del crédito.
Pero llegar al CFT no es tarea sencilla para el común de la gente.
Recientemente el BCRA hizo un estudio comparativo y llegó a conclusiones
estruendosas. Dice el informe: “...la tasa promedio del sistema
financiero es de 31,2% anual para los créditos con cuota fija (se
refiere a créditos personales), pero el costo total, tras cargar los
gastos de otorgamiento, administración y seguros salta al 52% anual, que
es el costo financiero total.” En palabras sencillas, esto significa que
tanto el joven marido de la publicidad televisiva, que teme llegar a
viejito y no haberse comprado determinadas cosas que de anciano no va a
saber manejar, como tantos otros demandantes de créditos personales en
nuestro país, vienen soportando en promedio (por un crédito personal) un
costo financiero 70% superior del que a priori creían estar soportando;
tan sólo una minoría (los que entendemos algo de ciencias económicas)
nos podemos poner a hacer esos cálculos (aunque dudo que muchos se tomen
la molestia de hacerlo), el grueso de la población no se pone a hacer
dichos cálculos, generalmente ni tienen tiempo ni tienen idea sobre cómo
hacerlo.
A modo de corolario, dos consejos: o se ponen más fuertes los organismos
estatales (el BCRA, Defensa del Consumidor) y les exigen a nuestras
entidades financieras que la “letra chica” de sus publicidades se
transforme al menos en “letra mediana”, o bien le empezamos a recomendar
a toda la población tomar cursos acelerados de matemática financiera,
para que se pongan “duchos” en esto de discernir entre TNA, TEA, CFT,
etc.