1.- Introducción
Luego de revisar y revisar interesantes artículos sobre la importancia
y necesidad de una cultura prevencionista, creo que es hora de aportar
con una idea, modesta pero sincera, basándome principalmente en la
realidad chilena. No con el fin de provocar odiosas divergencias, sino,
mirando las posibilidades en mi país de un desarrollo más potente,
fundado en gran medida en las posibilidades de los Tratados de Libre
Comercio con U.S.A., la U.E., Korea y otros, cuya conveniencia puede ser
discutida, pero, su existencia no.
En todo análisis serio debemos comenzar con la realidad.
Siempre, ésta, más porfiada que los deseos y buena voluntad del
analista. Al respecto, hay que distinguir dos tipos de trabajo: el
formal, que se encuentra protegido por la ley, que tiene su base en un
contrato de trabajo sea individual o colectivo. Trabajo formal sujeto a
estadísticas provisionales, de seguridad social y que goza de todos los
privilegios del trabajo decente: feriados, día libre semanal, jornada de
trabajo, respeto por la capacidad del trabajador, protección sindical,
etc.
Junto al trabajo formal, existe otro tipo de trabajo realizado por
compatriotas que no tienen acceso alguno a los beneficios anteriormente
nombrados. Son los trabajadores informales. Ellos no tienen contrato de
trabajo y consecuentemente, tampoco tienen previsión ni son
beneficiarios con la normativa vigente sobre seguridad.
Es decir, solamente, se conforman con recibir un salario convenido, a veces en condiciones muy desfavorables, propias de la falta absoluta de fiscalización. Entre ellos están los trabajadores que se conocen como “maestros”. Trabajador polifuncional, que realiza las más diversas tareas, desde arreglar un techo, a solucionar los problemas de fontanería; levantar un muro o arreglar un jardín.
Estos trabajadores en número son tantos, como los sindicalizados. Los
trabajadores formales en Chile superan los 3.500.000, pero la fuerza
laboral actuante es de alrededor de 6.000.000 o más. En los trabajadores
informales se encuentran además, todas las actividades de cesantía
disfrazada, ejemplo: vendedor de chocolates en las calles; jubilados con
nuevas labores no contabilizadas en las estadísticas, vendedores en los
micros o “guaguas”, artistas callejeros, artesanos, etc. En general
personas que sortean el difícil camino del sustento en un ambiente
inseguro, peligroso y confiado al azar más que a sus destrezas y
conocimientos.
2.- Seguridad en el Trabajo
En este aspecto, podemos decir que Chile no se aparta de las
circunstancias que rodean la total América Latina. En efecto, en
nuestros países los empresarios no han adquirido la buena costumbre y el
deber ético de proteger a sus trabajadores en un ciento por ciento. Un
gran porcentaje se encuentra abandonado a su propia suerte en los
avatares de la vida.
Esto es prueba evidente, que la realidad nacional permite suponer que
el tema de la seguridad laboral se encuentra sub-desarrollado, o mejor
dicho, sub-atendido, tanto en la empresa pública como la privada. No
habrá solución posible, viable y definitiva, en tanto existan miles de
trabajadores informales ajenos a los beneficios de la contratación
formal y su fiscalización por leyes y organismos especializados..
No obstante, es también cierto que el asunto de la seguridad laboral se
plantea en un plano de carácter psicológico, mirado desde el punto de
vista del trabajador individual. En este sentido, poco podría importar
si el trabajador es del área formal o informal, siempre que, la cultura
prevencionista estuviera radicada genéticamente, visceralmente, puesta
en su yo interior como parte de su ser.
Me pregunto, ¿porqué aún los niños más pequeños al salir desde su casa
al exterior, llevan sus pasos por la vereda? ¿Quién al salir de su casa
piensa en ello?. Nadie. Pero se hace. ¿Quién pone los dedos en los
enchufes eléctricos por curiosidad u osadía? Nadie salvo los infantes.
Es decir, hay cientos de acciones que una persona realiza
automáticamente, si pudiera decirse de esa forma impropia, por que no es
así, dado que el sentido de autoprotección se encuentra profundamente
arraigado en la conciencia misma de los sujetos, de tal modo que impiden
su autodestrucción o autolesiones.
3.- Prevención es Cultura
Ello nos lleva a formalizar la concepción que la seguridad,
autoseguridad, en este caso es una cuestión de carácter cultural,
aprehendida en el desarrollo de generaciones e integrada genéticamente
al ser.
¿Entonces cuál es el problema?
Pues, que aún hay espacios interiores inmensos en que el sentido de
autoprotección no ha sido educado. Entre otras cosas, por ello significa
un aporte extraordinario a situaciones nuevas para el individuo, que en
la dinámica del desarrollo social, económico y cultural no han logrado
ser integradas como fórmulas esenciales de autoprotección. Ello es así,
por cuanto, nuevos riesgos se han incorporado a esta sociedad, nuevas
amenazas, nuevos peligros.
Día a día suceden acontecimientos que son fuente de peligro para el
hombre, los que se crean tan rápidamente que no hay tiempo para
incorporarlos o asimilarlos.
La experiencia nos enseña que el Estado y las empresas gastan millones
de dólares todos los años en costos de capacitación. La capacitación que
se ha llevado adelante en Chile se encuentra en manos de empresas
privadas de ahí que su función principal es obtener el máximo de
utilidades en el menor tiempo y costo. El propósito de solucionar la
falta de cultura preventiva no es de su interés. Por ello, dan cuenta de
las horas trabajadas, no de los resultados obtenidos en capacitación.
Otro problema latente es que por lo general la capacitación se hace
después de las horas de trabajo o en días destinados al descanso, lo que
convierte una presunta enseñanza de prevención de riesgos laborales en
“tortura preventiva”, término de ningún modo original, sino, escuchado
de labios de trabajadores designados a las clases.
4.- ¿Cuál es la solución? En una palabra: “Cultura”.
Pero la cultura que propongo no es la cultura inorgánica, voluntarista,
sino, al contrario una cultura controlada, planificada, programada.
Ello solo se puede lograr si hay un cambio violento en la política
educacional. En efecto, sin entrar en exageraciones, debe comenzar
cuando la persona se encuentra en gestación, en el seno materno. La
madre, fundamental soporte para inducir al autocuidado, el respeto a si
mismo y a los demás, la socialización del concepto seguridad,
considerándolo como una virtud propia de los seres civilizados,
solidarios, preocupados por el otro.
Esta política no debe ser abandonada cuando el párvulo sale del hogar.
Al contrario, en los comienzos de su socialización debe la educación
abundar en la protección y autoprotección. Al respecto, ¿saben los
españoles, mejicanos, cubanos, brasileños, etc., cuántos accidentes
escolares hay en un año en el país?, ¿cuántas incapacidades de
estudiantes y cuantas muertes de niños y jóvenes con ocasión o a causa
del estudio?
Quizás sea mejor que no conozcan esos fatídicas cifras, podrían
deprimirse como personas o como nación, la verdad es que son de seis
dolorosas cifras. En Chile se calculan en 250.000, aproximadamente. De
modo, entonces, que en el sistema educativo debe estar incorporado el
tema de la seguridad. Y no tan solo ese, también el de la higiene y el
problema del medio ambiente.
Se trata que crear, ya no una cultura de emergencia, sino una verdadera
cultura formativa, que comenzando en el vientre materno se prolongue
hasta los más altos grados de la educación, permanente y dinámica, en
todas las carreras y en todas las instancias de la educación y en
constante perfeccionamiento.
5.- Eficacia del proyecto
Si este proyecto lo iniciáramos hoy, el control de la seguridad total a
nivel país, lo obtendríamos a más tardar en el nueva generación de
trabajadores, es decir, apenas 18 años más, sin perjuicio de los
adelantos en disminución de siniestralidad y accidentalidad en general,
que iría progresivamente disminuyendo con el correr de los años.
Lo que significa que en dieciocho años, a más tardar, miles de millones
de euros se ahorrarían en beneficio de todo el país, pero, sin dejar de
disminuir en forma constante desde iniciado el programa. Todo ello a un
costo mínimo, ya que toda la infraestructura educacional está disponible
permanentemente. (Se calcula el costo anual en un porcentaje entre el %4
al %5, del PIB))
6.- Imaginemos la situación de Cuba
Conocida es en el mundo entero, la calidad de su educación y los
esfuerzos permanentes y constantes para que el pueblo goce de sus
beneficios. El aprovechamiento de todos los elementos materiales hasta
el máximo, aún sufriendo la precariedad de su industria, atribuible al
ignominioso bloqueo económico contra las personas que habitan la isla,
han sido capaces de levantar la economía alcanzando porcentajes
envidiables e inalcanzables para el resto de América, incluido el propio
gigante capitalista. En este medio, la cultura prevencionista puede
florecer ejemplarmente junto a la educación integral de la población.
Si podemos comprender que son dos cosas distintas Cultura Prevencionista,
por una parte y Capacitación en Prevención de Riesgos, por la otra,
tendríamos resuelta el intríngulis formativo. En efecto, la solución
inmediata y de parche es lo que se aplica diariamente para la solución
de los problemas de prevención de riesgos en el aspecto operativo de las
empresas, trabajos o faenas. Sin embargo, como se ha expresado, durante
años de repiten, reiteran y copian los trasnochados programas sobre
prevención lo que provoca en los trabajadores un efecto de aversión e
indiferencia, pues, es lo que denominan, no sin un poco de razón,
“tortura preventiva”.
7.- ¿Por qué ocurre ello?
Debido fundamentalmente, a que la población en general no tiene el
trasfondo doctrinario integrado como forma de vida, de ejercicio
cotidiano. La población carece de Cultura Preventiva y,
consecuencialmente, todo aquello que se siembre en capacitación caerá
indefectiblemente en terreno árido. Las capacitaciones se sucederán día
a día, al igual que los accidentes, pues, no existe una base sólida de
sustentación.
En este proyecto, el vocabulario sería común y ciertamente no existiría
la diferencia de opinión entre un ingeniero prevencionista y uno
operativo, pues, el sentido de la producción sustentable en beneficio de
la seguridad de las personas, constituiría un principio de máximo
respeto, precisamente, el que hoy no existe, para sí mismo ni para los
demás.
Profesor M. Muñoz A. www.prevelexchile.cl coiquenchearrobahotmail.com
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