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Cada mañana en África se despierta una gacela.
Sabe que tiene que correr más rápido que el más veloz de los leones si
no quiere que la mate.
Cada mañana se despierta un león.
Sabe que tiene que ganar a la gacela más lenta si no quiere morir de
hambre.
Da igual que seas león o gacela.
Cuando salga el sol, más te vale empezar a correr.
De igual forma cada día en el mundo se despiertan millones de personas
para ganar su supervivencia, y una gran cantidad de ellos en distintos
rincones del planeta tienen la intención de triunfar en los negocios con
nuevas ideas sobre productos, servicios o procesos.
La mayoría es consciente del cambio, pero no todos son conscientes de su
magnitud, profundidad, velocidad, efectos e interrelaciones.
Así todos hablan de la explosión demográfica, pero pocos son concientes
de la velocidad a la cual se duplica la población en el mundo y los
efectos que ello tiene en la economía, en la política, en la sociedad,
en la tecnología y en la ecología entre otras cuestiones.
Cambios profundos y hasta radicales han tenido, tienen y tendrán lugar
en una infinidad de aspectos, que van desde lo político, el cambio
climático, las tecnologías, las ciencias y la cultura.
Nunca se produjo algo semejante. El surgimiento de una nueva tecnología
está provocando un cambio tan rápido que el cambio mismo cambió.
Los jugadores tradicionales que juegan con reglas tradicionales dan por
supuesto que el cambio se producirá en la forma en que siempre lo ha
hecho: lentamente.
Las reglas de juego han cambiado, nos guste o no. Estas reglas no son
opcionales. La clave consiste en saber reconocerlas y actuar en
consecuencia. Ignorarlas no generará nada positivo.
En la mayoría de los casos, sería mucho más fácil si pudiésemos utilizar
las viejas reglas y dar por supuesto que a lo largo de nuestra carrera
el cambio será la excepción. Antes y no hace mucho tiempo, varias
generaciones pasaron sin mayores modificaciones respecto a la manera en
que vivieron y trabajaron nuestros ancestros. Una vez completado un
aprendizaje, podía esperarse que la mayor parte de los conocimientos
aprendidos durarían toda una vida.
La tradicional definición de seguridad: “aprenderé una técnica,
conseguiré un trabajo y me quedaré tranquilo por el resto de mi vida ya
no puede aplicarse”.
Aferrarse al pasado puede impedirnos ver el presente, al no permitirnos
aceptar el cambio. En materia de organización económica y social somos
especialmente susceptibles a las ideas remanentes. En vista de que pocos
de nosotros tenemos ocasión de apreciar el conjunto de la sociedad,
aprendemos a confiar en las imágenes tomadas del pasado. Algunas de
dichas imágenes pueden ser significativamente perdurables, en especial
si nos son gratas. Pero una imagen desactualizada puede ser
peligrosamente engañosa.
Los jugadores tradicionales de hoy, los grandes ganadores, pueden ser
los perdedores de mañana.
El juego cambió debido a las nuevas reglas. Las viejas reglas
funcionaban porque eran compatibles con las viejas herramientas. Tenemos
nuevas reglas porque tenemos nuevas herramientas. Es necesario y
fundamental ser conscientes que la tecnología modifica la realidad,
modifica la manera en que pensamos y actuamos.
Lo primero que hay que hacer es aceptar que existe un nuevo panorama
general, aun cuando todavía no podamos verlo con total claridad. Resulta
vano luchar contra el nuevo panorama general; la meta es convertirse en
parte de él.
El gran objetivo es transformar radicalmente la manera de pensar y
analizar en función del cambio y de la modificación de sus respectivas
reglas.
Un lento ritmo en el cambio tecnológico posterior a la Segunda Guerra
permitió al personal directivo tomar acertadas decisiones internas en
áreas tales como la fabricación y el desarrollo de nuevos productos. Una
industria fuertemente reglamentada y con una profunda intervención del
estado hacia más previsible la actividad.
En tanto que un entorno relativamente simple hizo factible una
organización que girara en torno al orden y control, la escasez de
directivos eficaces, como consecuencia de la guerra, así como las
demandas de un crecimiento rápido la hizo casi inevitable.
Este modelo de orden y control fue construido en base a la presunción de
que la mayor parte de los directivos no eran de fiar, por lo que se
desarrollaron elaborados sistemas de vigilancia, los cuales
incrementaban notablemente la frustración del empleado, con lo que el
grado de compromiso disminuía, al tiempo que daban pocas oportunidades a
los directivos para desarrollar sus posibilidades. La visión del
trabajador como un engranaje del sistema daba lugar a que estos fueran
considerados como piezas de las cuales podía prescindirse, lo cual
generaba una continua disminución del grado de compromiso de los
empleados para con las empresas.
Estas condiciones de enfrentamiento tenían como consecuencia una
escalada en la demanda salarial, rígidas reglas de trabajo y gravosos
procedimientos burocráticos. El resultado, en industrias como las del
acero o la automotriz, fueron elevados niveles de costos y bajos niveles
de productividad. A pesar de ello el sistema funcionaba como producto
del bajo nivel de competencia internacional. Los trabajadores estaban
muy controlados, pero muy bien pagos. Los accionistas percibían
dividendos, aunque a costa del sacrificio de la inversión en la fábrica,
el equipamiento y, la investigación y desarrollo.
Este tipo de organización había sido adecuada para los retos
competitivos del período de posguerra, aunque con notables costes en lo
humano, en lo social, e inclusive en lo ecológico. Pero este modelo se
mostró totalmente inadecuado para hacer frente al nuevo entorno
competitivo.
El dinero, la tecnología, la información y los bienes traspasan las
fronteras nacionales con una rapidez y facilidad sin precedentes. El
coste para el transporte de productos, transferencia y comunicación de
ideas es cada vez más bajo.
La competencia global intensa de hoy día y la desregulación han supuesto
para las empresas de prácticamente todas las industrias una
incertidumbre mucho mayor. La superior competencia demanda una constante
respuesta a las iniciativas de otras firmas. Requiere la mejora continua
de la calidad y de los productos, al tiempo que el control de los
costes. Estas nuevas demandas externas están sobrepasando la capacidad
de respuesta de la organización de orden y control.
El nuevo entorno competitivo requiere una organización flexible y con
capacidad de adaptación, así como una pauta diferente de comportamiento
laboral. Los directivos y los trabajadores deben ser plenamente
conscientes de lo que el cliente desea y de lo que hacen los
competidores.
Los directivos están adquiriendo cada vez mayor conciencia de que es
imposible responder rápidamente a las cambiantes demandas de los
clientes y satisfacer los requisitos de bajo coste y alta calidad sin
mejorar radicalmente la coordinación y el trabajo en equipo.
De tal forma, la necesidad imperiosa de una mejora continua en los
niveles de calidad y productividad hacen necesarios una mayor
coordinación entre las distintas áreas y procesos de la organización,
como así también entre la fuerza laboral y la dirección. Los
trabajadores de nivel inferior deben poder comunicarse directamente
entre sí, como así también poder coordinar actividades con respecto
actividades y procesos. De tal modo la estructura funcional da lugar a
la conformación de equipos de trabajos que giran en torno a los
procesos, de manera tal de poder resolver los problemas y tomar
decisiones coordinadas. Tanto el número como el centro en torno al que
se forman estos equipos cambian muy a menudo, en respuesta a la rápida
evolución del entorno del negocio.
Esta especie de rápida toma de responsabilidad y adaptabilidad es
posible porque la base para asignar roles y jerarquías es la tarea, en
lugar de la jerarquía. El conocimiento reemplaza a la autoridad formal
en cuanto base de influencia. De tal modo este nuevo método de gestión
recibe el nombre de organización por tarea.
Para que la organización por tareas mejore la coordinación, la
transformación debe ser acompañada por cambios equivalentes en la
competencia y el grado de compromiso por parte de los empleados.
Si consideramos las que son las industrias fundamentales en la
actualidad, tales como la microelectrónica, la biotecnología, la
industria de nuevos materiales, la aviación civil, las
telecomunicaciones, los autómatas más las máquinas herramientas, y los
ordenadores más el software, todas ellas son industrias dependientes de
la capacidad cerebral. Todas podrán instalarse en cualquier lugar del
planeta. Dónde se instalen depende de quiénes puedan organizar la
capacidad cerebral para aprovecharlas. En este nuevo siglo la ventaja
comparativa será creación humana. Como la tecnología es la base de la
ventaja comparativa creada por el hombre, la investigación y el
desarrollo se convierten en los factores decisivos.
En el siglo XXI la ventaja competitiva duradera provendrá mucho más de
las tecnologías aplicadas a los procesos y menos de la tecnología
aplicada a los productos. La ingeniería de la reproducción (retroingeniería)
hace factible copiar rápidamente los nuevos productos, pero resulta más
complejo copiar los procesos, pero ello no implica que no sea factible.
Lo que hace la gran diferencia es la inteligencia grupal, la moderna
gestión de relaciones humanas destinadas a conformar una química de
equipos que de lugar a sistemas laborales de alto rendimiento.
Así mientras los norteamericanos concentraban la atención en la
tecnología de los productos, japoneses y alemanes se enfocaban en
mejorar de manera continua la tecnología de sus procesos. Por lo tanto
lo que en su momento fue una eficaz estrategia, es decir, enfocarse en
la generación de nuevos productos con la intención de ejercer un
monopolio sobre su explotación, paso a ser una mala estrategia. Así
mientras los norteamericanos inventaron la videocámara, el grabador, el
fax y el reproductor de CD, los japoneses lo explotaron en términos de
ventas, generación de empleo y beneficios. La conclusión es simple: los
que pueden fabricar más barato un producto pueden arrebatárselo a su
inventor. En el mundo actual de muy poco sirve inventar un nuevo
producto si el inventor no es el productor más barato del mismo.
Las empresas que sobreviven y tienen éxito pasan de la producción de
altos volúmenes a los bienes de alto valor.
Así la mayor rentabilidad y el más rápido desarrollo de las empresas siderúrgicas ya no dependen de las enormes plantas integradas por más de 5.000 operarios que producen barras de acero en gran escala, sino del acero destinado a usos especiales: aceros destinados a la corrosión producidos para ciertos automóviles, camiones y artefactos para el hogar, acero pulverizado que puede ser compactado y fraguado para fabricar componentes extralivianos, aceros mezclados con silicio, níquel o cobalto destinado a turbinas o componentes de alta temperatura para aviones. Las industrias siderúrgicas se están transformando en empresas de servicios. Los servicios de las empresas siderúrgicas ayudan al cliente a escoger el tipo de acero y aleación que necesita, y luego examinan, cortan, acopian y distribuyen el material.
Una transformación similar puede observarse en la industria del
plástico, donde las altas ganancias ya no están generadas por la
producción de grandes lotes de polímeros básicos, como el poliestireno,
sino de polímeros especiales creados mediante combinaciones únicas de
moléculas que pueden resistir variados niveles de presión y de
temperatura y ser adaptables a complejas estructuras como las de los
teléfonos celulares o las computadoras. De igual forma acontece con la
industria química.
Estas empresas son rentables porque los consumidores están dispuestos a
pagar un suplemento por los bienes o servicios que responden exactamente
a sus necesidades, y porque ofrecen productos o servicios de alto valor
que no pueden ser fácilmente emulados por los competidores que producen
altos volúmenes en todo el mundo.
De tal forma las empresas competitivas en las naciones desarrolladas
se han, se están y se estarán desplazando hacia productos y servicios
adaptados a determinados fines y de alto valor agregado. Las grandes
corporaciones ya no se concentran en la producción; sus estrategias
apuntan cada vez más al conocimiento específico y los servicios de alta
especialización..
Los principales activos de una empresa de alto valor no son los
elementos tangibles, sino la habilidad para la búsqueda de soluciones a
necesidades particulares , y el prestigio que se gana por haber
alcanzado ese objetivo con éxito.
El organigrama formal de la organización tiene poca importancia como
verdadera fuente de poder en las empresas de alto valor. El poder ya no
depende en éstas empresas del rango o de la autoridad formal, como
ocurría en las empresas productoras de altos volúmenes, sino de la
capacidad para generar valor agregado, o sea de la capacidad para
descubrir problemas y encontrar soluciones a las mismas.
Si la tecnología crea la ventaja comparativa creada por el hombre,
apoderarse de esa ventaja comparativa de factura humana exige una fuerza
de trabajo hábil de la cima a la base. Las cualidades de la fuerza de
trabajo serán el arma competitiva básica del siglo XXI.
La capacidad cerebral creará nuevas tecnologías, pero la fuerza de
trabajo especializada estará en los brazos y las piernas que nos
permiten emplear el nuevo producto y las tecnologías del proceso que
están siendo generadas. Los recursos naturales, el capital y las nuevas
tecnologías de los productos se desplazan rápidamente alrededor del
mundo. La gente también se desplazará, pero de manera mas lenta. Las
personas especializadas serán la única ventaja competitiva perdurable.
Las empresas tienen que ser capaces de utilizar las nuevas tecnologías
de diseño y manufactura basada en el ordenador, emplear el control
estadístico de calidad, administrar las existencias justo a tiempo, y
operar con sistemas flexibles de manufactura. Las tecnologías de la
información deben integrarse en el proceso total de la producción, desde
los diseños iniciales pasando por el marketing hasta las ventas finales
y los servicios de apoyo, por ejemplo el mantenimiento.
Para alcanzar estos objetivos es necesario que la oficina, la fábrica, la tienda minorista y el servicio de reparaciones cuenten con trabajadores medios dotados de niveles de educación y habilidad que nunca necesitaron poseer con anterioridad.
Se requieren habilidades para resolver los problemas que plantea
producir bienes únicos. Las personas deben tener un profundo
conocimiento de lo que puede suceder cuando esos elementos nuevos se
asocian, y luego deben traducir ese conocimiento en los planes e
instrucciones, a fin de producir los resultados esperados.
Para emplear el control estadístico de calidad, cada operario de la
producción debe aprender algunas sencillas investigaciones operativas.
Para aprender lo que hay que aprender, cada trabajador debe contar con
cierto nivel de matemática básica. Así pues, sin un control estadístico
de la calidad, no es posible fabricar los actuales chips para
semiconductores de elevada densidad. Es posible inventarlos, pero no
fabricarlo.
Con la tercera revolución industrial, el conocimiento ocupa la posición
que anteriormente habían tenido la tierra y la energía. El conocimiento
genera los avances en tecnología que crean las condiciones de
desequilibrio en las que son posibles altas tasas de beneficios y de
crecimiento. El conocimiento permite que se hagan cosas nuevas de
maneras nuevas.
Dentro de este nuevo marco, las cualificaciones técnicas necesarias para
triunfar se incrementarán y cambiarán rápidamente. Serán pocos los que
puedan contar con una cualificación laboral válida para toda la vida
después de los primeros doce o dieciséis años de educación. Dado que las
cualificaciones necesarias dependerán del despliegue de nuevas
tecnologías en rápida transformación, en muchos casos se necesitará un
esfuerzo de formación sobre la marcha.
Bajo estas nuevas circunstancias los trabajadores veteranos venden la
experiencia y las técnicas de trabajo de una etapa anterior. Los
trabajadores jóvenes venden las capacidades adquiridas recientemente.
Por lo tanto la experiencia pasa a ser menos valiosa. Durante el último
cuarto de siglo, los beneficios de la experiencia han ido decreciendo a
cualquier nivel de educación. El antiguo conocimiento y la experiencia
son mucho menos valioso de los que solían ser.
En el siglo XXI, ningún país que quiera ser rico pude dejar a ningún
ciudadano sin un proceso de educación continua. Una economía del
conocimiento requiere dos tipos de habilidades que se relacionan entre
sí pero que son muy distintas. La creación de conocimiento requiere
capacidades creativas muy cultivadas. La expansión del conocimiento
exige que existan amplias capacidades de calidad, y también un buen
nivel educativo en la parte media e inferior de la estructura
productiva.
Si los trabajadores pueden leer manuales de instrucciones , se debe
invertir menos tiempo en enseñarles a operar el nuevo equipo. La
productividad y los beneficios se ven incrementados. Los trabajadores
que no pueden leer, entender y comprender las instrucciones desperdician
el tiempo de otros trabajadores. Los mejor educados tienen más tiempo
para dedicarse a actividades de alto valor añadido. En tiempos más
modernos, trabajadores con preparación en matemáticas hacen que los
inventarios y los controles de calidad estadísticos justo a tiempo sean
tecnologías factibles de producción.
Las personas dentro de esta nueva realidad de alta competitividad global
deben aprender a aprender, o mejor dicho a desaprender lo ya no válido
para pasar a aprender nuevas técnicas.
Competir globalmente con posibilidades de éxito requiere del firme
compromiso no sólo de los directivos y empleados, sino también de los
sindicatos y del Estado.
Las nuevas realidades, los nuevos requerimientos del mercado y las
nuevas técnicas que sí o sí deben adoptarse si se pretende competir,
implican cambios de paradigmas, cambios legales, cambios de actitudes y
aptitudes.
Actualmente se requiere tanto del trabajo en equipo, como así también de
los equipos de trabajo para fines específicos. Hacer factible ello
comporta un cambio de actitud de los trabajadores, de una tendencia de
carácter individualista a una de tendencia a trabajar y pensar de manera
mancomunada.
La aplicación de las células de trabajo, como así también el enfoque
productivo centrado en los productos y servicios requiere de un alto
grado de polivalencia en la mano de obra.
Aplanar la organización, disminuyendo la cantidad de supervisores e
inspectores para reducir costes, mejorar la comunicación e incrementar
los niveles de calidad y productividad requieren de una fuerza de
trabajo que practique la autodisciplina y el autocontrol.
El empowerment, el teletrabajo, y la gestión para la satisfacción total
del cliente requieren sí o sí de un cambio profundo de actitud. Un
cambio de actitud que implica entre otras cuestiones abandonar el punto
de vista: “Ellos y nosotros”.
Las nuevas formas de gestión requieren de trabajadores más comprometidos
con los clientes internos como externos, que se preocupen plenamente
tanto por la calidad, como por la eficiencia y la participación en la
implementación y ejecución de los sistemas de prevención.
Es fundamental un cambio cultural que haga factible la aplicación
efectiva de la estadística aplicada, como por ejemplo los controles
estadísticos de procesos.
Resulta imposible llevar a buen puerto el kaizen o seis sigma sin un
compromiso del personal. Compromiso total con una nueva ética de trabajo
y disciplina laboral.
Los sistemas de sugerencias como los círculos de control de calidad, las
cinco “S” , el mantenimiento productivo total y la gestión de calidad,
requieren de ese compromiso. Compromiso que sólo es posible lograr
mediante una más amplia y profunda participación.
En ésta nueva realidad, las empresas, las asociaciones empresarias, el
Estado, los sindicatos y las universidades deben comprometerse no sólo
con brindar capacitación a los obreros, sino planificar y motivar la
capacitación y entrenamientos continuos propios de las nuevas épocas.
Generar y facilitar este profundo cambio será obra de todos. Pues bien,
todos están en un mismo barco, y si éste se hunde se hunden todos. Vista
de tal manera la situación, la única forma de adaptarse a los cambios
para seguir, o recuperar los niveles de competitividad, es dejar atrás
los paradigmas ya no válidos, y concientizarse acerca de las nuevas
realidades.
Dr. Mauricio Lefcovich Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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