Antecedentes económicos del año 2006 en Japón
Antes de abordar la situación actual de la economía nipona en el año
2006, seria recomendable hacer un poco de historia , pues el problema
económico que ha caracterizado a Japón durante estos últimos años de
crisis financiera se pudieran centrar en cinco aspectos claves: la gran
deflación en la economía real y los créditos de difícil recuperación de
los bancos; el grave deterioro de las economías regionales; el
estancamiento del sistema empresarial; la disminución del gasto por
parte de los consumidores y la poca eficacia y transparencia en la
política del gobierno.
Como consecuencia de las convulsiones del sistema financiero, cada año
después del colapso de la economía de burbuja de principio de la década
de los noventa, el valor de los activos se ha ido reduciendo a un ritmo
de más de 100 millones de millones de yenes anuales. Así, como resultado
del derrumbe de los precios de las acciones y de las propiedades que
actuaban como garantía de sus créditos, los bancos japoneses habían
acumulado préstamos en mora por un monto de más de 1 millón de millones
de dólares (25% del PIB) de los cuales el 30% eran directamente
incobrables.
Este derrumbe ha tenido graves repercusiones: algunos grandes bancos han
quebrado y muchos otros han sido estatizados para ser “saneados” y luego
reprivatizados. La deuda total de las compañías bancarias y financieras
ha venido en aumento, así también el número de quiebras del sector
corporativo, que en abril de 2003 alcanzaba la cifra de 1514 quiebras
empresariales, principalmente motivadas por las caídas de las ventas
(bajos precios y poco consumo), el estancamiento industrial y las
dificultades en la recuperación de los créditos. Pero el caso del
sistema bancario es mucho mas grave, ya que los bancos japoneses tienen
inflados los valores de las propiedades que han recibido en garantía en
más del doble de su valor de mercado.[1]
En el caso de las familias japonesas, debido a la disminución en un 70%
del valor de las casas adquiridas mediante créditos hipotecarios, se
anuncian pérdidas en el orden de 250 mil millones de dólares. A pesar de
las bajas tasas de interés, en la actualidad las hipotecas absorben
alrededor del 8% del ingreso personal disponible.
Una de las medidas que todavía se está aplicando y que no acaba de
resolver el problema, fue la reducción sustancial de las tasas de
interés para permitir que los deudores morosos reestructuraran sus
obligaciones y para impulsar el crédito al consumo. La baja de las tasas
de interés alcanzó el record histórico de cero, para los préstamos del
Banco de Japón (Banco Central) al sistema bancario. Pero como ese no ha
bastado, el gobierno había inyectado hasta el 2003 aproximadamente 67
millones de dólares a los quince mayores bancos para mejorar sus
balances. Además, ha financiado la fusión de toda una serie de bancos e
instituciones problemáticas y otras quebradas fueron directamente
estatizadas.
A pesar de estas medidas, la situación de los grandes bancos habían
seguido prácticamente igual, ya que no tienen a quien otorgarle
préstamos porque el país todavía estaba lleno de empresas endeudadas y
demasiado débiles para invertir en el futuro. El hiperendeudamiento, el
exceso de la capacidad instalada, la extrema debilidad de los mercados y
los nulos beneficios explican que la demanda de crédito bancario por
parte de las empresas haya registrado su mayor declinación en toda la
historia después de la segunda guerra mundial.
Uno de los hechos relevantes en 1999, como muestra de este caos
económico, es la quiebra de dos importantes bancos regionales, el
Kokumin Bank y el Namihaya Bank. Este último es significativo porque se
trata de un banco creado con la fusión, financiada por el gobierno, de
otros dos bancos virtualmente quebrados. La crisis de la banca regional,
que hasta el momento había estado en un segundo plano, ya se convertiría
en algo muy preocupante para el gobierno nipón. [2]
Con respecto al problema de las autonomía de las regiones de Japón, es
importante señalar que el gobierno central es quien distribuye alrededor
del 70% de los ingresos fiscales que recauda de las administraciones
locales y utiliza su poder fiscal para mantenerlas controladas. En este
sentido, las necesidades locales reales no tienen probabilidades de ser
aprobadas por el gobierno. Este se limita a dar el visto bueno a
solicitudes de tipo estándar y generalizadas, sin tomar en cuenta la
particularidades locales.
Con el fin de solucionar esta problemática y para acelerar la reforma
estructural, se aprobó en 2003 la creación de 57 zonas económicas
especiales, que están sujetas a un trato preferencial de liberación,
incluidas ocho zonas en las que las empresas privadas podrán emprender
actividades agrícolas.
Para revitalizar y dar mas independencia a las regiones, se pretende
lograr un desarrollo basado en las especificidades de las regiones para
que puedan cubrir con sus propios fondos sus necesidades de la
administración local, asegurando el ingreso de los impuestos locales.
La zona especial se deja en manos únicamente de la iniciativa de los
municipios y debe propiciar la competencia entre las regiones. Después
de la aprobación de la asamblea local, cada municipio solicita al
gobierno central la extensión de la regulación que impida participar en
las nuevas actividades y de esta forma se comienza a formar “las zonas
especiales” Según el secretariado de Estado encargado de las zonas
especiales, Yoshitada Konoike, las provincias y municipios han enviado
peticiones al gobierno para establecer otras 129 zonas económicas
especiales. Dichas zonas son las primeras de desregulación que tiene
Japón y formaban parte de las reformas estructurales del entonces
primer ministro Junichiro Koizumi.[3]
El entorno económico desfavorable ha limitado la inversión en proyectos
nuevos. El famoso triangulo de acero (políticos, burócratas y
empresarios), que fue la base del sistema de toma de decisiones durante
la época de crecimiento acelerado, actualmente está en crisis: sólo hay
que observar la gran diferencia entre burócratas y empresarios. Corregir
esta situación implica restablecer un sistema de incentivos que premie
el esfuerzo emprendedor del empresario japonés.
Hasta cierre del 2005, el cuarto problema que enfrentaba la economía
japonesa actualmente radica en la falta de incentivos para el consumo
personal. Esto se debe principalmente a la inseguridad laboral que
afecta a Japón desde el principio de los años noventa. Pese al fuerte
descenso generalizado y continuo de los precios (deflación), la
desconfianza mantiene el consumo estancado, y es que la deflación reduce
los beneficios de las empresas, estimula el desempleo, la disminución de
los salarios y agrava las deudas de los bancos.
La inseguridad en el ingreso laboral y el desempleo han desestimulado el
consumo y aumentado el ahorro motivo-preocupación. Este problema de la
disminución de la demanda interna ha traído problemas serios a la
economía nipona, ya que el consumo personal representa el 60% del
producto interno bruto japonés, que es clave para la salud económica del
país.
Los ancianos cuidan celosamente sus ahorros; las familias con niños
están reduciendo sus gastos e incluso los “solteros parásitos” ----
jóvenes que disponen de sueldos generosos para gastar y aún viven con
sus padres ---- están comenzando a cambiar sus costumbres derrochadoras.
Según dicen algunos especialistas “la probabilidad de recuperación de la
demanda domestica es casi nula”. La única manera de recuperar el consumo
es aumentar los ingresos y no hay formula mágica para lograrlo.
En el segundo semestre de 2003 las cifras revelaron que el gasto de los
consumidores avanzó apenas 0.3% respecto al trimestre anterior. En este
sentido, los expertos manifestaron que muchos consumidores acudieron a
sus ahorros y advirtieron que el alza en el consumo es imposible
mientras la tasa de desempleo se mantenga alta.[4] La tasa de desempleo
llegó a alcanzar el record de 5.5% durante tres meses consecutivos en el
2003.
Los japoneses tienden a ahorrar cada vez mas de lo que tradicionalmente
lo han hecho, lo cual ha limitado de manera significativa la capacidad
del mercado interno para impulsar la demanda. Muchas personas ahorran
por temor a quedarse sin empleo y no existe una seguridad social
estable.
La alta propensión al ahorro debe interpretarse como un síntoma de
desesperanza en algunas de las economías asiáticas. La incertidumbre con
respecto al futuro ha elevado el nivel de ahorro de Japón, pero también
contribuye a la deflación en ese país. Obviamente, un incremento en el
ahorro significa que hay menor demanda. Esto hace que las empresas se
encuentren sosteniendo grandes inversiones y obteniendo bajas ganancias,
mientras recurren al recorte de precios necesario para deshacerse de los
excedentes de stock. Al mismo tiempo, hay una reducción en el empleo que
induce a los compradores a ahorrar más y gastar menos. Según se dice
“los norteamericanos consumen más de lo que producen, y los japoneses
producen más de lo que consumen”; la desaceleración de la demanda en
este país no va a invertir esa tendencia.
El deterioro de la demanda interna, el enfriamiento de las exportaciones
de Estados Unidos, la debilidad de las economías asiáticas, la
volatilidad de los mercados bursátiles y sobre todo las dificultades del
sector bancario y financiero, constituyen las causas fundamentales del
estancamiento económico japonés.
El quinto y último problema es la ineficiencia y la opacidad del sector
público: el pueblo nipón ha perdido la confianza en la política
económica del gobierno para mejorar la situación económica. Las promesas
incumplidas por parte de los primeros ministros, la ineficiencia en la
aplicación de las medidas anunciadas y la inestabilidad política han
influido en la perdida de confianza en el gobierno. Durante los últimos
catorce años, Japón ha tenido once primeros ministros. Las encuestas
realizadas apuntan que un alto porcentaje de la población no cree ni en
los políticos, ni en los partidos; mientras los escándalos de corrupción
que se han presentado recientemente contribuyen a esa percepción.
La inestabilidad política debido a la corrupción y la falta de una
conciencia para sacar al país adelante ha sido también un factor clave
en la situación de la economía nipona. Un ejemplo de ello fue la poca o
nula gestión realizada por el gobierno del impopular ex primer ministro
japonés, Yoshiro Mori, que tuvo que renunciar a su cargo a principios de
2001, después de haber estado solamente un año en el cargo, debido a una
serie de escándalos, falta de transferencia e iniciativas para levantar
la economía, lo que resultó en una crisis generalizada de credibilidad
hacia el gobierno.
El anterior primer ministro Junichiro Koizumi, quien sustituyó a Mori
en abril de 2001, a diferencia de la pasividad de sus antecesores
contaba con una popularidad exclusiva; es miembro del Partido Liberal
Demócrata y se ha comprometido a sacar a Japón adelante con una serie de
reformas estructurales, fiscales y económicas.
Tras los intentos infructuosos de numerosos primeros ministros para
sacar a Japón de la peor crisis de la posguerra, los japoneses parecen
estar dispuestos a dar una oportunidad a un político que no promete
seguridad y nueva vida, sino que admite que las reformas necesarias para
reactivar la economía tienen precio.
Los sucesivos gobiernos japoneses desperdiciaron toda década de los
noventa buscando la vía para sacar al país del estancamiento. Uno tras
otro, adoptaron “once paquetes de estimulo fiscal” (aumento del gasto
público, incluido el gasto armamentista y reducciones de impuestos), por
un monto de 5 millones de millones de dólares, una cifra superior al PIB
japonés (4,5 millones de millones de dólares). Al fracaso de cada uno de
estos paquetes para sacar adelante la económica, le sucedía uno de mayor
envergadura.
En el curso de la década de los noventa, como consecuencia de la
inyección de fondos públicos, la deuda japonesa creció hasta alcanzar
los 6 millones de millones de dólares, equivalente al 120% del PIB a
finales de 1999. La fenomenal inyección de gasto público no logró sacar
al país de la recesión porque las empresas sobre endeudadas y con una
enorme capacidad instalada excedente, no necesitaron aumentar sus
inversiones. La mayoría de las empresas del estado ya están sobre
endeudadas y enfrentan obstáculos insuperables para pagar los intereses
de esos créditos, por lo tanto temen endeudarse cada vez más.
Las reducciones impositivas no lograron aumentar el consumo privado
porque las familias no aumentaron sus ingresos efectivos, como
consecuencia de la generalizada caída de los ingresos asalariados (por
el aumento del desempleo y la reducción de los salarios nominales).
Para el economista estadounidense Ronald McKinnon, profesor de economía
internacional de la Universidad de Standford, el prolongado
estancamiento de la economía japonesa se ha convertido en “el gran
fracaso de la macroeconomía moderna”. Muchos analistas coinciden con
esta afirmación. A pesar de aplicarse todas las políticas económicas de
posguerra, éstas no han funcionado en Japón.
En los últimos años después de la explosión de la burbuja económica, la
economía nipona se ha caracterizado por una vorágine de precios de
activos en caída, crisis bancarias, beneficios empresarios reducidos y
aumento de la deuda del estado. Muestra de ello es que a pesar de
experimentar un crecimiento el Producto Interno Bruto (PIB) en el primer
trimestre del 2004, causado por un incremento de las exportaciones, el
consumo privado siguió reducido al igual que la producción.
Estos niveles bajos de consumo y de producción sumado a los elevados
precios del petróleo que agudizaron el encarecimiento de las
importaciones, y un lento crecimiento de las exportaciones después del
primer trimestre del 2004, implicaron una reducción del PIB en el
segundo y tercer trimestre del referido año, llegando a ser – 0,2% y –
0,3% respectivamente.
China se convirtió en el primer socio comercial de Japón en el 2004, por
delante de EEUU. Sus mayores importaciones con Japón en ese año fue la
del acero, para la fabricación de teléfonos celulares y automóviles,
pues se compraron grandes cantidades de acero japonés por parte de
China, estimulando las exportaciones niponas.
Analizando la recuperación de la economía nipona con todos sus riesgos,
cabe señalar algunos cambios de importancia significativa que hace que
su economía sea menos vulnerable. En primer lugar, la salud del sistema
bancario ha mejorado de manera sustancial. Los préstamos de difícil
recuperación se han reducido desde su tope de 43.2 millones de millones
de yenes en marzo del 2002 a 23.8 millones de millones en septiembre de
2004.
En segundo lugar, Japón se ha reorientado estructuralmente con más
fuerzas en sus inversiones y sus ventas hacia el Asia Oriental, que
sigue siendo la región más dinámica del planeta, sobre todo el comercio
con China.
Y en tercer lugar, las empresas japonesas han realizado cambios en su
sistema empresarial, reduciendo costos, deudas y manos de obra,
permitiéndole mejorar sus beneficios y aumentar sus inversiones.
Hay que tener en cuenta que en el año anterior 2004, pese a la recesión
del segundo y tercer trimestres, hubo un crecimiento del PIB
considerable (2,7%), superior al 2003 (1.4%).
Pese a la apreciación del yen, el aumento de las exportaciones ha sido
sustancial, causado por el acelerado crecimiento de las ventas a Asia
Oriental (25,5%), a la UE (21,8%) y a EEUU (9,8%). El aumento de los
beneficios vinculados al auge exportador sumado a la reestructuración
empresarial ha incidido en el crecimiento de la inversión privada, que
ha rondado el 6% en los dos últimos años.
La inversión de capital de abril a junio del 2005 subió un 3.6% en
términos reales y estuvo apoyado por un fuerte crecimiento en el sector
de la construcción, las siderúrgicas y el sector químico.
En suma, teniendo en cuenta los elementos antes señalados parece ser que
la recuperación es transitoria, dependiendo de su espiral deflacionista
y de lo que acontezca en el entorno internacional durante los próximos
meses. En resumen a mi criterio la recuperación de Japón hasta el
momento es coyuntural pero no sostenible.
Las reformas de Koizumi
El 21 de junio de 2001 el Consejo del Gobierno presidido por Koizumi
decidió oficialmente las directrices para las reformas estructurales,
económica y fiscal.
El gobierno prometió públicamente realizar con firmeza varios cambios:
1- El saneamiento definitivo de las finanzas de los bancos.
2- Reforma estructural en todos los campos: principalmente en la nueva
industria “tecnología de la información”, obras públicas, seguridad
social y las finanzas de las administraciones locales.
3- Reactivación de la economía impulsando la iniciativa de la empresa
privada.
Siete son los programas para las reformas estructurales:
1) La privatización y la desregulación
2) El apoyo a proyectos nuevos
3) La consolidación del funcionamiento de la seguridad social
4) El fortalecimiento de los bienes intelectuales
5) La innovación en el estilo de vida
6) La activación e independencia de las regiones
7) La reforma fiscal.
El programa de reformas consiste en apoyar con fuerza la privatización
de las principales corporaciones públicas, y de convertir los organismos
de Correos y Telecomunicaciones en corporaciones públicas como primer
paso a su privatización. En relación con esto a finales de 2001, el
gobierno decidió privatizar cuatro corporaciones públicas relacionadas
con las carreteras, empezando por la Corporación Publica de Autopistas
de Japón, además de la Corporación Publica de Viviendas y Urbanización y
la Corporación Publica del Petróleo.
También se ha impulsado la creación de centros competentes en el ámbito
internacional creando universidades estatales gestionadas como las
privadas, sin descartar su privatización. El objetivo de esta reforma de
las universidades es convertir cuanto antes a las universidades
estatales en corporaciones que puedan competir en el marco internacional
y potenciar su capacidad en investigación y educación. Esta estrategia
se propone impulsar, en los niveles de educación obligatoria, el sistema
de libre elección de escuelas por parte de los alumnos, la promoción de
la tecnología de la información en la educación y la generalización del
aprendizaje del inglés.
El programa de apoyo a los proyectos innovadores se propone los
siguientes:
Poner en marcha nuevos negocios.
Introducir un sistema tributario que propicie la creación de nuevas
empresas.
Reestructuración y renovación de las pequeñas y medianas empresas.
Impulsar la revolución de la tecnología de la información (TI) y la
educación en este campo.
En cuanto al programa para consolidar el funcionamiento de la seguridad
social, se establece uno nuevo más “fiable”, mediante la introducción de
una contabilidad individual de la seguridad social (mayor control) y de
la creación de un programa eficaz de seguro médico.
El programa para “incrementar los bienes intelectuales” fomenta el
traspaso de fondos privados a la investigación y a la educación, dando
prioridad estratégica a los sectores punteros como la nanotecnología, la
TI, la biotecnología, el medio ambiente, etcétera.
Todo basado en una estrategia para fortalecer la tecnología japonesa y
poder competir con los países europeos y Estados Unidos.
El programa para innovar el estilo de vida se propone impulsar una
ciudad de rascacielos multifuncionales, una mayor participación social
de las mujeres, así como la creación de una sociedad sin desperdicios,
ni efectos invernaderos, y la garantía de la seguridad ciudadana y el
orden público.
Para esto habrá que superar varios obstáculos legales, llevando a cabo
una reforma de las regulaciones. En lugar de permitir que todo el país
se derrumbe por el peso de las regulaciones impuestas uniformemente,
sería prudente una audaz desregulación experimental en esas zonas
especiales.
El séptimo programa es la reforma fiscal, que consiste en un plan de dos
fases. En la primera, se aspira sanear el fisco, frenando la emisión de
bonos del Estado en menos de 30 millones de millones de yenes; en la
segunda fase, el objetivo es conseguir un equilibrio primario entre los
ingresos y los gastos fiscales a mediano plazo y lograr así un
superávit. Japón es el único país industrializado que viene aumentando
constantemente los proyectos en obras públicas sufragados por emisiones
de bonos del Estado.
En el área de la reforma fiscal, uno de los cambios por realizar es
referente a los impuestos: conseguir la rebaja de los tipos impositivos
lo máximo posible, como incentivo para las empresas asegurando las
finanzas necesarias para estas reducciones fiscales mediante mecanismos
que no sean bonos del Estado (por ejemplo, frenando el gasto público).
Pero lo nuevo en la política de Koizumi es brindar una perspectiva más
amplia del futuro y hacer hincapié en las reformas vinculadas a cambiar
la estructura económica de una economía industrial a la del
conocimiento.
Realizar una reforma estructural completa implica la creación de nuevas
industrias y de oportunidades de empleo, lo cual es realizable a partir
de la tecnología de la información.
Esto implica llevar adelante la desregulación en todos los ámbitos
económicos y sociales sin excepción, precisamente para impulsar, según
este criterio, el desarrollo de la tecnología de la información.
Con esta estrategia se aspira a convertir a Japón en un líder mundial en
dicha área en cinco años. Koizumi planteó que debe realizarse la
transición de una economía industrial a otra del conocimiento, que
garantice la seguridad nacional y regional, así como la superación del
persistente estancamiento económico que sufre la economía japonesa.
Evolución económica de Japón en el año 2006 y sus perspectivas con
Shinzo Abe.
Después de las reformas de Koizumi y de los acontecimientos en la
evolución de la economía nipona durante los últimos años, analizaremos
su evolución en el 2006 y las perspectivas para los próximos años con el
nuevo primer ministro Shinzo Abe.
Los bancos japoneses son actualmente menos vulnerables y están en
mejores condiciones para apoyar la actividad económica. En esta mejoría
han influido principalmente dos aspectos, el primer aspecto es la
reestructuración de las empresas y la reactivación económica del país en
sentido general y el segundo aspecto los esfuerzos desplegados para
intensificar la supervisión bancaria, siendo esencial para sanear el
sistema bancario.
En este sentido se plantea que las empresas son más sólidas pues han
reducido los costos y la capacidad no utilizada, destinando sus
ganancias a reducir el endeudamiento.[5]
Se pueden resumir la eficiencia de las empresas en cuatro puntos
fundamentales:
1- Los balances de las empresas son más favorables: Se ha hecho un gran
esfuerzo para reducir la carga de la deuda dando buenos resultados sobre
todo en las empresas medianas y grandes. La deuda nominal de las
empresas ha bajado 125 billones de yenes desde 1996 y las razones
deuda/ventas se sitúan nuevamente en los promedios observados antes de
la burbuja en el sector de las manufacturas, registrándose fuertes
disminuciones en el resto de la economía.
2- Las utilidades han aumentado: La reducción de la mano de obra y otros
costos, el retiro de productores y proveedores ineficientes y la fuerte
demanda de los últimos años, las utilidades de las empresas han ido en
auge, independientemente de su tamaño. La razón utilidades/ventas se
sitúa en los niveles máximos de fines de los años ochenta, tanto en el
sector de las manufacturas como en otros sectores.
3- El exceso de capacidad se ha reducido: Desde mediado de los años
noventa la reestructuración de las empresas ha incluido recortes de
inversiones nuevas para reducir el exceso de capacidad. Ello permitió
eliminar el exceso de capital fijo y a partir del 2005 la utilización de
la capacidad se situaba una vez más en los niveles medios de 1980-89.
4- Los costos de la mano de obra se han ajustado: Las medidas de las
empresas para deshacerse del exceso de mano de obra también han sido
fructíferas. Tras recurrir inicialmente a estrategias más
convencionales, como reducir la contratación y las horas
extraordinarias, las empresas han optado por despedir trabajadores,
reemplazando trabajadores a tiempo completo por supuestos a tiempo
parciales y contratos de duración determinada.
A tono con lo planteado anteriormente el paulatino crecimiento de la
inversión que va desde el 2003, a favorecido la situación laboral con
nuevos empleos y los aumentos salariales a partir del año 2005, pues la
oferta de empleo se sitúa en niveles sin precedentes y actualmente el
empleo a tiempo completo aumenta más rápidamente que el tiempo parcial.
Todas estas tendencias positivas son cada vez más palpables para el
pueblo japonés y los inversionistas internacionales. También en la bolsa
de valores se reflejan estas tendencias favorables pues las cotizaciones
bursátiles se han duplicado con creces comparado sobre todo con los
mínimos registrados en el 2003, pues los bienes raíces después de tocar
fondo han empezado a aumentar y la confianza de los consumidores empieza
a incrementarse.
Hay que señalar que pese a la deflación persistente que ha existido
durante estos últimos años ya a finales del 2005 la inflación de los
precios al consumidor empezó a resurgir nuevamente.
La economía nipona tuvo un buen comienzo en el 2006 mostrando un
crecimiento en sentido general, pues este comportamiento estuvo
impulsado por fuertes inversiones de capital que aumentaron en un 13,9%
en el primer trimestre con respecto al igual período del 2005, el
segundo mayor crecimiento de esta magnitud desde el año 1990; además del
incremento del gasto personal en 0,5% y un crecimiento significativo de
las exportaciones.
Los bancos nipones han mejorado su habilidad de controlar el riesgo del
crédito evaluando el valor justo de los recursos del préstamo y
estableciendo sistemas de dirección de riesgo más sofisticados; así como
el uso de innovaciones tecnológicas financieras para fortalecer sus
lazos con las compañías de finanzas y empresas.
A finales del año 2005, la cantidad de préstamos no recuperables de los
principales bancos se hallaba entre 1,2% y 3,0%, reduciéndose frente al
8% que existía a principios del 2002 y la situación de los bancos
regionales también daban ciertas muestras de mejoría. Al no tener tanta
necesidad de constituir reservas para cubrir activos en riesgo o
préstamos incobrables, los bancos han recuperado su rentabilidad, aunque
sigue siendo baja a escala internacional.
En el año fiscal 2005, que comprende entre el 1 de abril de 2005 y el 31
de marzo de 2006, los seis grandes grupos bancarios japoneses
registraron beneficios récord disminuyendo notablemente su lista de
créditos incobrables, finalizando el año fiscal entre 0,9% y 2,6% de
préstamos morosos.
Los beneficios consolidados netos de los seis gigantes bancos japoneses
ascendieron a 3,12 billones de yenes (27,857 millones de dólares), una
cifra 4,3 veces mayor que la del pasado año fiscal. Estas ganancias se
la atribuyeron a la gran subida de sus acciones en los mercados
bursátiles.
Es bueno señalar que pese a la cantidad de medidas tomadas durante estos
años el problema de los préstamos incobrables todavía no se ha
solucionado completamente; no obstante, desde 2004 el país empezó a
mostrar signos de recuperación gracias a un incremento significativo de
las exportaciones y en el 2005 la economía comenzó a tener un
crecimiento sostenido apoyado por un despertar de la demanda interna.
Algunos Indicadores Positivos del año 2006:
El producto interno bruto del tercer trimestre del 2006 superó en un
2,0% al de segundo trimestre que fue de un 1,0%.
La tasa de desempleo, en Noviembre del 2006 fue de 4,0% inferior a igual
período de año anterior (4,6%) con lo que se percibe que las compañías
siguen necesitando mano de obra para mantener aumentos de producción en
la recuperación económica que está experimentando el país. Manteniéndose
como promedio en todo el año 2006 un 4,1%.
En Noviembre del 2006, el superávit comercial de Japón se incrementó en
56% con respecto a igual mes del año anterior, debido fundamentalmente a
un mayor intercambio comercial con sus principales socios China y
Estados Unidos
Las exportaciones del 2006 ascendieron de forma significativa con
relación al año anterior, gracias a la sólida demanda internacional de
autos y componentes electrónicos de Japón. Las importaciones también
crecieron en debido a que los precios de importación del petróleo,
aunque disminuyeron algo en el mes, siguieron inflando la cuenta de las
compras externas japonesas.
En julio del 2006 el Banco de Japón elevó los tipos de interés por
primera vez en seis años, sobre la base de una expansión económica firme
y precios en alza, subiendo la tasa de interés a 0,25 por ciento, desde
niveles en torno al cero por ciento. El Banco de Japón ajustará los
tipos de interés en forma gradual y en incrementos pequeños dependiendo
de la evolución de los precios y la economía.
Posteriormente en la reunión del 31 de octubre el Banco de Japón
decidió, por unanimidad, mantener el tipo de interés de referencia en
0,25% tal y como esperaban el mercado y muchos analistas.
En los primeros días del mes de Enero del 2007 el Banco de Japón
decidió mantener sus tipos de interés en 0,25% tras una reunión de dos
días de las autoridades monetarias. La decisión fue mantener una
vigilancia sobre la evolución de la inflación para asegurar la
recuperación de la economía nipona, que según expertos se seguirá
expandiendo de manera moderada.
En Diciembre del 2006, la moneda nipona tuvo una apreciación con
relación a Noviembre de ese mismo año, pues pasó de 117,31 a 116,06
respectivamente.
Las reservas Internacionales, en Diciembre del 2006 alcanzaron los 895
320 millones de dólares, de los 881 273 millones que tenían en
septiembre 2006.Es de señalar que las reservas niponas, después de
varios años siendo las mayores del mundo, ocupan ahora el segundo lugar
a nivel global superadas por las chinas, que alcanzaron la cifra
simbólica de un billón de dólares.
El nuevo Primer ministro Shinzo Abe
El 26 de septiembre del 2006, fue elegido como Primer ministro de Japón
Shinzo Abe de 52 años de edad, llegando al poder como presidente del
Partido Liberal Demócrata.
Es el primer jefe del gobierno nacido después de la segunda guerra
mundial, y el más joven de todo el período posbélico. Este cambio de
gobierno se efectúa en una coyuntura económica favorable que continúa en
fase de recuperación gracias a la fortaleza de las exportaciones y la
demanda interna, siendo el mejor contexto económico en más de quince
años en Japón.
Abe, representa una generación ajena a las vivencias directas de la
guerra y por otro la maduración de un proceso de derechización del
sistema político nipón y de tendencias nacionalistas.
Recibió el apoyo de su predecesor Junichiro Koizumi para reemplazarlo y
se ha declarado continuador de la agenda de reforma estructural iniciada
por este, existen elementos que los diferencian que distinguirán el
curso y destino del nuevo jefe de gobierno.
Aunque se propone dar continuidad a las líneas principales de la reforma
económica estructural defendidas por Koizumi, buscará corregir las
consecuencias sociales de esta como las crecientes diferencias entre
ricos y pobres. Un ejemplo de ello es su muy publicitado proyecto de
establecer un sistema que canalice la concesión de una “segunda
oportunidad” a los que han fracasado en un empleo determinado o al
frente de una empresa.
En su discurso inaural en el Parlamento el 29 de septiembre, Abe
explicitó las prioridades fundamentales en las que su gobierno se
concentraría:
Otorgar alta prioridad al recorte de los gastos públicos para
reconstruir las finanzas estatales antes de considerar alzas de
impuestos.
Establecer un límite a la emisión de bonos del gobierno de no más de 30
billones de yenes para el año fiscal 2007.
Instrumentar planes para revitalizar las economías locales y proveer con
“segundas oportunidades” a personas en desventajas con el objetivo de
minimizar la brecha entre ricos y pobres.
Lograr la aprobación de una reforma educativa que permita la enseñanza
del “patriotismo” en las escuelas.
Revivir las virtudes tradicionales de Japón y los valores familiares.
Hacer de Japón una “nación bella” llena de confianza y orgullo.
Mejorar las relaciones con China y Corea del Sur
Incremento del gasto del presupuesto en un 30,5 por ciento para el gasto
de tecnología de misiles.
Pronóstico de Japón en el año Fiscal 2007-2008
Tras asumir el poder, el nuevo primer ministro japonés Shinzo Abe, se
enfrenta a muchos temas difíciles por resolver que quedaban de su
antecesor Junichiro Koizumi.
En la actualidad el mercado de valores y el sector inmobiliario
experimentan un crecimiento estable, se han introducido mejoras en la
administración de activos, se ha acabado casi la deflación, se ha
incrementado la rentabilidad de las empresas y se ha reducido el
desempleo.
Las inversiones fiscales y la demanda extranjera, que constituían la
fuerza motriz que impulsaba la recuperación económica, han sido
sustituidas de forma paulatina por las inversiones de equipamientos
empresariales y la demanda interior. Aunque Abe expresó que seguirá la
línea de reforma de Koizumi, desde un punto de vista general.
No obstante las perspectivas económicas a corto plazo son muy
favorables y según el FMI, la tasa de crecimiento del PIB real podría
alcanzar un 3% en 2006 y más de 2% en el 2007.
Sin embargo el FMI se excedió en su pronóstico pues el gobierno Japonés
bajó su previsión de crecimiento para el año fiscal 2006-2007 del 2,1%
al 1,9% debido a la contracción del consumo individual en los últimos
meses del 2006. Para el año fiscal 2007-2008 el gobierno prevé un
crecimiento de un 2,0%.
Hay que destacar que se ha fomentado la eficiencia de la asignación de
los recursos ya que actualmente los gerentes tienen mayor capacidad para
basar sus decisiones en consideraciones de precio y calidad. De todas
formas persisten rigideces estructurales que frenan el crecimiento.
Gracias a la recuperación de la demanda doméstica impulsada por el
fortalecimiento del mercado de trabajo, la expansión de los empleos a
tiempo completo por primera vez en 7 años y al positivo incremento de
los salarios, se estima que el año fiscal 2007- 2008 tendrá un cierre
muy favorable y crecerá su economía con seguridad. Sin embargo el
déficit fiscal y la deuda pública se mantendrán a un nivel elevado.
Los bancos japoneses son actualmente menos vulnerables y están en
mejores condiciones para apoyar la actividad económica. En esta mejoría
han influido principalmente dos aspectos, el primer aspecto es la
reestructuración de las empresas y la reactivación económica del país en
sentido general y el segundo aspecto los esfuerzos desplegados para
intensificar la supervisión bancaria, siendo esencial para sanear el
sistema bancario.
En este sentido se plantea que las empresas son más sólidas pues han
reducido los costos y la capacidad no utilizada, destinando sus
ganancias a reducir el endeudamiento.[6]
Obstáculos que vencer para el año 2007:
Pese a la tendencia positiva de los principales índices de la economía
japonesa, no se ha registrado ningún avance esencial en la reforma
fiscal. Hasta finales de 2005, las deudas a largo plazo del Gobierno
central y de los gobiernos regionales locales ascendían a 774 billones
de yenes (unos 6,19 billones de dólares USA), un 150 por ciento más que
el PIB, mientras que el déficit fiscal se cifró en un 6,4 por ciento del
PIB, ambos indicadores muy superiores a la línea de alarma reconocida
internacionalmente.
La causa principal de las dificultades fiscales es que los ingresos son
insuficientes para financiar los gastos. Así por ejemplo, los ingresos
fiscales correspondientes al ejercicio 2005 fueron de 44 billones de
yenes y los gastos fueron de 82 billones de yenes.
La pesada carga de las deudas fiscales será trasladada a la ciudadanía,
cada vez mas preocupada por una subida en los impuestos que afectaría
directamente al consumo y limitaría por consiguiente el desarrollo
macroeconómico.
A largo plazo, sin embargo el aumento de los impuestos sobre el consumo
constituye una importante medida para solucionar el déficit tributario,
a pesar de que la media despertará sin duda el malestar entre los
electores.[7]
Otro aspecto de dificultad es la diferencia entre regiones y la riqueza
cada vez mas polarizada. Desde mediados de la década de los 70 hasta las
postrimerías de los 90, la proporción de ingresos entre Tokio (los mas
elevados) y Okinawa ( los mas bajos ) se hizo ver de forma apreciable.
El coeficiente de Gini, índice que mide las desigualdades entre ricos y
pobres y en el que el cero significa completa igualdad, se había
mantenido por debajo del 0,21 en Japón, lo que demuestra que el país
asiático figuraba entre las naciones del mundo que la distribución de la
riqueza es mas igualitaria.
Sin embargo, en los últimos años como consecuencia de la larga depresión
y de la reforma, la diferencia entre las regiones desarrolladas y las
subdesarrolladas comenzó a gravarse en términos de crecimiento económico
e ingresos.
En este sentido, se ha registrado incluso un visible aumento en el
número de indigentes. Según una encuesta realizada en las ciudades de
Tokio y Osaka, las personas con ingresos reducidos ya representan el 52
por ciento del total de la población, mientras que los altos ingresos
corresponden tan solo a un 14 por ciento, cifras que constituyen un
fuerte contraste frente a las registradas durante los años 70 y 80 del
siglo pasado.
Tales disparidades en los ingresos podría conducir fácilmente a la
erupción de problemas sociales y he aquí el principal dilema: la
continuación de las reformas agradaría la brecha, mientras que su
solución sería contraria a la política de reforma y podría dar muestras
de involución.
Con miras al futuro falta mucho por hacer y hay que reforzar las medidas
en los siguientes puntos:
1- Mejorar la utilización de la mano de obra.
2- Incrementar la competencia de los mercados de productos
3- Liberalizar el sector agropecuario
4- Fomentar la inversión extranjera directa
5- Reducir la elevada deuda pública y déficit fiscal.
6- Resolver el problema del envejecimiento poblacional.
A corto plazo las perspectivas económicas son favorables pero el
principal reto es cómo mantener un fuerte crecimiento auto sostenido
ante la presión demográfica, pues la población japonesa está
envejeciendo rápidamente y la tasa de natalidad es muy inferior a la
reposición. La población en edad de trabajar viene reduciéndose desde el
año 2000 y la tasa de dependencia de ancianos (la proporción de la
población activa de al menos 65 años) es la más alta de los países
industriales.
Por una parte una población en contracción puede mantener su nivel de
vida con una tasa de crecimiento global más baja, pero por la otra se
requiere una sólida tasa de crecimiento del ingreso per cápita para
financiar el aumento de los gastos de jubilación y de atención de la
salud atribuible al envejecimiento demográfico.
Dada la contracción de la fuerza laboral, el crecimiento per cápita
dependerá de la medida en que pueda incrementarse la productividad
aprovechando mejor los recursos y los avances tecnológicos.
Otro aspecto de gran importancia en la recuperación económica es que la
situación financiera se está normalizando gradualmente, pues a la vez
que la deflación se está reduciendo la política monetaria irá
reajustándose a las condiciones cambiantes del mercado. En la primera
etapa, el sistema bancario mantendrá las tasas de interés en cero pero
mas adelante con la evolución prevista de los precios, es muy probable
que la tasa de interés suba gradualmente.
También durante muchos años el gran déficit fiscal que ha sufrido Japón
ha obligado a tomar medidas de saneamiento fiscal para frenar el aumento
de la deuda pública y crear margen para sufragar los gastos del
envejecimiento de la población. Ya que la deuda neta del sector público
asciende a casi un 100% del PIB, es muy posible que la precaria
situación fiscal frene la recuperación prevista.
Hasta el momento las medidas que se han tomado se han centrado en
recortar gastos especialmente en infraestructura innecesaria, pero en
los próximas años habrá que centrar la atención en el ingreso y en la
posibilidad de elevar el impuesto sobre el consumo, pues la tasa de
Japón es la más baja con respecto a otros países industriales que
también gravan el consumo.
Según algunos analistas, otras de las medidas que se tendrán que aplicar
están las de incrementar las primas para hacer frente al fuerte aumento
proyectado del gasto en seguridad social y atención de la salud que
suponiendo que se mantengan las tendencias actuales y pese a las
recientes reformas de pensiones, el gasto en seguridad social alcanzará
un 20% del PIB en el año 2025, frente a 16% del PIB en el año 2005.
También durante ese periodo el gasto en atención de la salud se
duplicará.[8]
En cuanto al sector bancario, los principales bancos han generado
utilidades considerables en los últimos años. Un aumento de la
rentabilidad permitirá a los bancos rembolsar las inyecciones de capital
público y fortalecer su base de capital. A corto plazo, aunque el
aumento de las tasas de interés debería elevar las utilidades al
incrementar los márgenes de tasa de interés, la clave para proteger la
solidez del sector financiero y evitar problemas es dejar de conceder
créditos exigiendo garantías excesivas. En febrero del 2006 tras ocho
años de disminución ininterrumpida, la tasa de crecimiento del crédito
se volvió finalmente positiva.
Por último un factor importante en la recuperación de Japón y para su
futuro es el desenvolvimiento del sector empresarial en la reducción de
sus deudas y ampliando sus operaciones en la integración mundial
trasladando parte de la producción a China y Asia sudoriental.
Consideraciones finales
El gobierno japonés bajó su previsión de crecimiento en términos reales
para el año fiscal 2006-2007 del 2,1% al 1,9% debido a la contracción
del consumo individual. Por tal motivo el gobierno prevé una recaída de
la deflación factor riesgo para el año fiscal 2007-2008 que empieza el
primero de abril.
A pesar de este riesgo el gobierno prevé un 2,0% de crecimiento para el
año fiscal 2007-2008. En este período la reactivación económica en Japón
debería proseguir a pesar de la debilidad en el consumo de los hogares.
El gobierno advirtió que la deflación que empezó en 1998 todavía no está
completamente eliminada. Aunque los precios del consumo deben aumentar
en un 0,5% en el 2007, los riesgos de un regreso a la evolución negativa
de los precios se mantienen.
Los bancos japoneses son actualmente menos vulnerables y están en
mejores condiciones para apoyar la actividad económica. En febrero del
2006 tras 8 años de disminución ininterrumpida, la tasa de crecimiento
del crédito se volvió finalmente positiva. En esta mejoría han influido
principalmente dos aspectos, el primer aspecto es la reestructuración de
las empresas y la reactivación económica del país en sentido general y
el segundo aspecto los esfuerzos desplegados para intensificar la
supervisión bancaria, siendo esencial para sanear el sistema bancario.
Según el gobierno, no se han registrado caídas continuadas de los
precios, ni existen riesgos potenciales para que desciendan; no
obstante, todavía es prematuro declarar que la deflación ha finalizado
pues existen riesgos procedentes del exterior, como los síntomas de
desaceleración de la economía estadounidense y los efectos del
encarecimiento del petróleo, que podrían reducir el ritmo de la economía
nipona.
El nuevo primer ministro de Japón Shinzo Abe, con fama de conservador y
nacionalista, pretende seguir el camino de Koizumi en cuanto a la
continuidad de las reformas pero se centrará en corregir las
consecuencias sociales de esta como las crecientes diferencias entre
ricos y pobres. Un ejemplo de ello es su muy publicitado proyecto de
establecer un sistema que canalice la concesión de una “segunda
oportunidad” a los que han fracasado en un empleo determinado o al
frente de una empresa.
Por ser la segunda economía a nivel mundial un crecimiento económico
sostenido de Japón reportaría ventajas muy importantes para el resto de
los países, ya que ayudaría a equilibrar la expansión internacional y a
reducir los actuales desequilibrios mundiales en cuenta corriente.
Japón se encuentra en mejores condiciones para acabar de salir del largo
túnel de la recesión, gracias a las mejoras descritas anteriormente,
pues se estima según muchos expertos que el crecimiento sea mucho mayor
en la próxima década.
Bibliografía
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Generate Capital Invesment”, Quarterly Bulletin, noviembre.
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Koll, Jesper, 2005, “Japan Is Back, for Real This Time”, Far Eastern
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[1] Nakatani Iwao. “ Cinco puntos para evitar la quiebra”, Cuadernos de
Japón, volumen XII, numero 1, invierno 1999, pág.45
[2] Oviedo, Luis. “Japón: la depresión económica y la economía
mundial”. En defensa del marxismo revista teórica del partido obrero.
Sumario del número 25. Diciembre 1999.
[3] Takenaka, Heizó. “Adelante con el programa de reformas”, Cuadernos
de Japón, volumen XV, numero 3, 2002, pág. 6.
[4] Crecimiento cero en economía japonesa en los primeros meses
2003”. Cable noticioso en Agencia Internacional Latinoamericana Prensa
Latina S.A. (corresponsal Tokio) 16 de mayo del 2003.
[5] Daniel Citrin y Alexander Wolfson, “ Vuelve Japón”, Finazas &
Desarrollo, junio 2006
[6] Daniel Citrin y Alexander Wolfson, “ Vuelve Japón”, Finazas &
Desarrollo, junio 2006
[7] http://www.argenpress.info
[8] Daniel Citrin y Alexander Wolfson, “ Vuelve Japón”, Finazas &
Desarrollo, junio 2006
Msc. Ernesché Rodríguez Asien Profesor-Investigador Universidad de la Habana Facultad de Economía Graduado de Licenciatura en Economía de la Universidad de la Habana (1996) y Master en Relaciones Económicas Internacionales del Instituto Superior de Relaciones Internacionales "Raúl Roa García" (2004). rodriguezasienarrobayahoo.es
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