Imagine por un momento, estimado lector, que es Ud. un extranjero que
está realizando una investigación social sobre países cuyos habitantes
desean fervientemente producir cambios, generar nuevas realidades,
transformar situaciones de injusticia, desigualdad, corrupción, calidad
de vida. Es muy probable que le señalen a la Argentina como un buen
laboratorio de estudio.
Una vez arribado se dispondrá a estar atento a lo que conversan los
argentinos a fin de ordenar un proceso de indagación que le permita
plantear una tesis que le de soporte a su investigación. Y su sorpresa
será mayúscula, apenas haya concluido su viaje en taxi desde el
aeropuerto hasta el hotel:
en poco más de media hora, el taxista que lo transporta le
habrá dado material como para todo un tratado sociológico acerca de “la
no posibilidad de cambio”.
En una síntesis profesionalmente impecable le comentará que” Argentina no
tiene salida, no tiene remedio, que sus políticos no quieren cambiar,
que los poderes económicos no quieren una clase media .
Que los Argentinos pensamos con el estómago a pesar de que somos los más cultos de América latina. Que Dios es Argentino pero que ha llenado al país con argentinos, que no tenemos justicia, no tenemos patrimonio, no tenemos moneda, que los empresarios solo quieren hacer la de ellos,
que no tenemos cultura para cuidar al turista, que ya no
tenemos servicios públicos del Estado y sin embargo no estamos conformes
con lo que nos brindan los privados, finalmente... que no tenemos
compromiso.
A esta altura de la lectura es probable que también Ud. le este dando la
“razón” al taxista y termine acoplándose al discurso cada vez más
repetido que habla acerca de lo que nos pasa como país, que describe lo
que llamamos “realidad” , que explica las diferentes causas: históricas,
sociales, políticas, económicas, culturales, que generaron esta debacle
y justifica la imposibilidad de transformar esta situación que nadie
quiere, que mayoritariamente desean cambiar y que terminan resignándose
a que no es posible.
¿Qué es entonces lo que podemos hacer? ¿Acaso será “verdad” que no
tenemos salida?. Parafraseando a Einstein podríamos decir que “no
podemos resolver los problemas desde el mismo nivel de pensamiento con
los que los hemos creado”.
Y aquí es donde ofrezco una interpretación que nos de poder, que nos
ayude a observar lo que no estamos observando. Propongo que nos
observemos como si fuéramos ese turista extranjero del inicio de esta
historia.
Esta observación, como ya mencionamos, probablemente nos diga que nos
falta compromiso. Y si consideráramos este diagnóstico necesitaríamos
entonces cubrir esta falta .
Esto me conecta con la frase publicitaria actualmente en el aire:
“Papi, donde se compra el futuro??... porque los argentinos dicen que no
tenemos mas... Si decimos que nos falta compromiso, si decimos que nos
falta futuro, necesitamos observar donde podemos encontrarlo.
Ahora bien, es posible encontrar a alguien que no esté comprometido? Se
puede estar no comprometido?.
Les propongo que observemos al compromiso como
- un fenómeno universal para la coordinación de acciones que se
manifiesta en el lenguaje, en nuestras conversaciones, o sea, en nuestro
hablar y escuchar.
Y que desafiemos esta interpretación, que la pongamos a prueba, con la
mirada puesta en darnos poder para accionar desde ella motorizando el
cambio que mayoritariamente estamos buscando.
Como la relación entre los seres humanos se manifiesta en la
comunicación, en el habla y la escucha, incluyendo las formas no
verbales (emocionalidad y corporalidad ) podemos entonces concluir que
una parte de nuestro lenguaje no produce cambios y otra sí nos permite
crear realidades diferentes.
Esta mirada ya se pone interesante, no?? Ahora podríamos estar atentos a
aquello que generamos en nuestro hablar y en nuestro escuchar.
Si narramos una historia necesitamos referir hechos (aquellos que son
observables por todos los observadores: fechas, sucesos,
acontecimientos, objetos). Además, la historia incluye las
interpretaciones de quien está refiriendo el hecho: acaso el cierre de
un local comercial (hecho) es interpretado de la misma forma por el
propietario que por el supermercadista que está enfrente?.
Cuál es el compromiso que se manifiesta al narrar una historia?.
Imaginemos que cuando escuchamos una narración nos preguntamos
mentalmente: ¿para qué dice lo que dice?. La respuesta será
probablemente una de estas: Para describir, justificar, explicar lo que
esta pasando. Y aquí lo interesante desde esta nueva mirada del fenómeno
del cambio: cualquiera de estas acciones no produce cambio.
Mientras describimos lo que pasa...nada cambia. Nuestras conversaciones
acerca del cambio no producen cambio.
Ortega y Gasset ya nos alertaba de esta improductiva conducta de los
argentinos: “Confieso que de este país tan admirado y querido por mí ,
la sola cosa que a veces me perturba es el hábito, adquirido por algunos
intelectuales, de algo que, en forma extrema, llaman los psiquíatras
alemanes el "Vorbeireden", "el hablar por delante de las cosas".
Hoy podemos convenir que esta conducta se ha extendido más allá de los
límites de los intelectuales. Somos campeones mundiales de la
explicación. Sabemos y opinamos de todo, en su totalidad...
Y esta conducta, acaso no es característica de muchos de nuestros países
de América Latina?
También nos proponía Ortega y Gasset: “Nada urge tanto en Sudamérica
como una general estrangulación del énfasis. Hay que ir a las cosas, hay
que ir a las cosas, sin más” .
Ir a las cosas significa accionar con el compromiso de cambio. Y este
compromiso también se manifiesta en nuestro lenguaje.
El cambio al que se aspira requiere que se declare que es lo que se
quiere lograr. Que se visualice cual es el estado, la realidad, que se
desea crear. Y posteriormente coordinar acciones para lograrlo.
Observemos que esto será posible si pedimos lo que necesitamos para
accionar, si ofrecemos a otro, u otro nos ofrece lo que necesitamos y
finalmente si hacemos las promesas que formalizarán mi compromiso en
hacer que las cosas pasen.
Le propongo, querido lector, que Ud. mismo comience a probar el poder de
esta interpretación: que se haga responsable (como capacidad de
responder, no como “culpa”) de los resultados que está produciendo en su
vida. Busque un ámbito o dominio donde sus acciones puedan ser
observadas: relaciones familiares, afectivas, laborales, corporales.
Piense en un resultado que haría una diferencia importante para Ud. y
declare qué es lo que quiere.
Ahora observe que necesita pedir u ofrecer, a quienes?, para cuando?
y con que condiciones de satisfacción?. Finalmente prometa accionar y
definitivamente considere que ahora, su confianza en Ud. mismo estará
sujeta a su capacidad para cumplir su promesa, en el compromiso de ser
SU PALABRA.
O el cambio lo produzco YO, haciéndome responsable por accionar hacia el
cambio o deberé resignarme a esperar a que las circunstancias u otros lo
produzcan.
Cuando nos comprometemos al cambio estamos haciéndonos responsables por
algo que sucederá en el futuro que no ocurriría en ausencia de mi
compromiso.
Acaso los argentinos no necesitamos un cambio??? Acaso Sudamérica no lo
necesita? Que estamos dispuestos a poner en juego, que estamos
dispuestos a prometer para lograrlo?? En cada uno de nosotros vive la
posibilidad de crear una nueva realidad para nuestra Argentina y para
Sudamérica toda.
Ing. Daniel Rosales - Coach Profesional Titular de Synergie Action Learning, Consultora especializada en Desarrollo Gerencial, Liderazgo,Comunicación y Trabajo en Equipo. www.synergie.com.ar Creador y Director de la Escuela Latinoamericana de Coaching www.elacoaching.com.ar drosalesarrobasynergie.com.ar
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