
Desde esta perspectiva
el TLC se convierte en una alternativa fuera de contexto, los pueblos
están optando un modelo que plantee erradicar la pobreza y la miseria.
Hay una enorme diferencia con las intenciones imperialistas de someter
el destino de todos los pueblos del mundo a los intereses de las grandes
empresas globales, las cuales se ubican como enormes monstruos con
poderes que superan las economías de nuestros países.
Empresas que viven a expensas de la mano de obra barata, de la
explotación de las riquezas naturales y en muchos países, crecen a
expensas de la miseria, pobreza y sangre de miles y miles de
trabajadores y sus familias.
El ALBA plantea que las grandes potencias expresan una doble moral, en
el momento que le exigen a los países subdesarrollados renunciar al uso
de políticas públicas para promover el desarrollo de sus aparatos
productivos, mientras que ellos mismos aplican ruinosos subsidios a los
suyos.
Esa propuesta de obligar a renunciar al uso de políticas públicas, en
el largo plazo provocará la pérdida de parte de nuestros países de
mantener sus propias propuestas productivas y bajo la amenaza de perder
la propia capacidad de generar sus productos básicos, en especial en el
campo agrícola.
La salud de los pueblos latinoamericanos es puesta en peligro a partir
de las políticas neoliberales que protegen a las compañías
farmacéuticas, los costos de las medicinas se han quintuplicado y más en
países donde se han impuesto las condiciones de esas compañías,
eliminando la opción de utilizar genéricos. Miles y miles de
latinoamericanos tendrán que pagar los caprichos de las transnacionales.
Definitivamente los tratados que se están negociando en el mundo
capitalista son para y en función de las políticas de las empresas
globales, el ALBA convierte al mundo latinoamericano en un bloque de
cooperación mutua, lejano de la ley de la selva que impera en el
capitalismo.
Por otra parte, el MERCOSUR es una opción que busca concretar una
alternativa de unión americana, donde se habla de la posibilidad de un
solo banco, una sola moneda, de eliminar asimetrías entre países,
construir obras comunes como un gasoducto. Esas opciones están en
proceso de avance y no parecen presentar obstáculos. Perú y Colombia
saben que no puede marginarse en este proceso y están alerta, pese a las
presiones que EEUU ejerce específicamente para el caso de Colombia.
Mientras tanto, en nuestro país un grupo de políticos se cierran a
cualquier opción, solamente miran hacia el norte, ven en el TLC la única
alternativa, no obstante que por dentro saben de los perjuicios que
dicho tratado tiene para el país. Saben que la construcción de este
proyecto está basada en el poder de las empresas globales; y sin
importarles se ciegan ante las ideas que harían de nuestra América un
lugar de mayor solidaridad, de menores asimetrías y más justo. La
historia los juzgará, serán los traidores que venden la patria, al igual
que muchos políticos que en otros años han cedido al imperio vendiendo
las tierras, entregando la mano de obra esclava y permitiendo la
opresión de miles de trabajadores.
Economista
y Politólogo Profesor del Doctorado de Pensamiento Latinoamericano
en América Latina de la Universidad Nacional Cátedra: Tendencias
Sociales y Políticas en América latina.
perspectarrobaice.co.cr
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