“La riqueza nace y se forja en manos de los trabajadores. No hay aún
máquina que pueda reemplazar su fuerza creativa. Pero ellos, no lo
saben”.
En nuestra realidad Latino Americana, el trabajador enfrenta serias
dificultades en situación de Acoso Moral. Resulta de suyo interesante
realizar una breve anotación de la naturaleza de éstas y los modos más
característicos en que se expresa.
A modo de ejemplo señalamos los siguientes, a los que pueden
agregarse los que estiméis convenientes:
1.- Desconocimiento del tema
Resulta anecdótico que, conforme me lo demuestra mi propia experiencia,
en los casos conocidos por el suscrito, los trabajadores han advertido
el hostigamiento, la discriminación, las agresiones sistemáticas del
acoso moral, cuando estas se encuentran a un nivel superior, es decir,
cuando el cuadro de salud personal ha sido absolutamente trastornado y
la depresión, angustia, en general, la neurosis laboral, se ha
manifestado a nivel dramático. En esta etapa ha sido el psiquiatra o el
psicólogo quienes han advertido las consecuencias del acoso moral en la
salud del paciente.
En otras palabras, el trabajador ha resistido la agresión y la violencia
laboral al punto de quedar examine física y psíquicamente. Ello, no debe
asombrarnos a quienes conocen las formas y efectos del acoso moral,
pues, se le ha llamado también el homicidio silencioso o el asesinato
perfecto, por razones que en este breve comentario no vamos a repetir,
pero si enfatizar en que el psicoterror, como se le denomina, es una
agresión permanente y continua que provoca la destrucción de la dignidad
del trabajador, atacando su psiquis y provocando daños reales a su
organismo.
2.- Desconocimiento colectivo del tema
Muchos casos de acoso moral se realizan por el psicópata acosador de tal
forma que pasa inadvertido para la mayoría del grupo o colectivo de
trabajadores que constituyen el entorno de la víctima. Resulta
redundante explicar que esta circunstancia provoca más dolor y
desesperación en el trabajador acosado, por cuanto, no encuentra modo de
conversar, comunicar o dar cuenta de su problema aún a sus más íntimos,
quienes ignoran o desconocen las prácticas siniestras e hipócritas del
acosador. En este aspecto se ha observado que incluso, los propios
compañeros de trabajo del acosado no le creen cuando trata sin éxito
alguno describir el hostigamiento a que es sujeto permanentemente. El
acosador ha sabido actuar y disfraza sus actuaciones frente a los demás
miembros del grupo. Esta característica en la forma del acoso, es lo que
lo convierte en dolosa y maquiavélica, al decir de la Dra. portorriqueña
Wanda Soto, el acoso moral y lo que me permite sostener que se trata de
un delito que conlleva la circunstancia de la reiteración y el
ensañamiento en la víctima.
3.- El síndrome de la víctima desorientada
La víctima de acoso en su enfrentamiento diario a las acciones del
acosador termina completamente desorientado respecto a cual es el origen
de sus males. Nos referimos al dolor interior, a la descompensación
psicológica que le mueve a concurrir a su lugar de trabajo aún cuando
presa del terror psicológico sabe que va a sufrir maltrato,
ridiculización, desprecios, insultos y otras formas de hostigamiento
claramente definidos por los especialistas del tema. Cualquier
observador sin conocimiento de lo que se trata, incluso los propios
compañeros de trabajo se preguntan ¿cuál es la razón del comportamiento
laboral de esta persona? La que aparece con algún grado de autismo
laboral, sin comunicación, participación ni interrelación grupal.
Pero, ellos mismos no se han posido percatar que ante los primeros
llamados de auxilio, digamos comunicación de su problema al colectivo,
éste cerró las puertas a toda posibilidad de defensa colectiva, al no
creer, desinteresarse, incluso burlarse de la situación personal del
acosado, a quien se le atribuyen, más que consecuencias del psicoterror,
una hipocondría galopante o sencillamente falta de adecuación técnica
para sus labores.
Lo anterior lleva a la víctima a desorientarse de tal modo que termina
creyendo que la fuente de sus males se encuentra en si misma y no en los
efectos del acoso.
Un caso que he conocido últimamente se refiere a una trabajadora que
estando dedicada plenamente a la vida religiosa hasta los veintidós
años, optó por retirarse y salir a la vida citadina con perspectivas de
realizarse en otro sentido distinto al que conocía.
En su lugar de trabajo fue atacada por su Jefe directo desde un punto de vista sexual, es decir, la acosó sexualmente, lo que estimo una forma de violencia laboral de género en términos generales.
La actitud de rechazo de la trabajadora a su superior directo la hizo
objeto de un acoso moral, derivado de la frustración del jefe psicópata
de no haber obtenido ninguna ventaja sexual de la mujer. El grupo con el
que trabajaba no se percató de inmediato de la conducta dolosa del
superior, pero, comenzó paulatinamente a darse cuenta de los cambios en
la personalidad de la trabajadora, que desde la confianza en sus
amistades, se transformó en una mujer huraña y distante. El grupo había
escuchado las quejas de la trabajadora, pero, lo tomaron livianamente y
no le dieron mayor importancia. Incluso fue objeto de insinuaciones
como: “dale rienda para que te de mejores oportunidades”; “aprovéchate
de la situación”, etc. Asunto que logró evidenciar que el colectivo
laboral no estaba conciente de la gravedad de la agresión.
La trabajadora, de esta forma, sufrió una descompensación dentro de su
propio colectivo, obligándola a replegarse en si misma.
4.- El temor reverencial
Todo trabajador sano y leal, responde ante su superior jerárquico como
un soldado frente a su teniente. Hay una confianza ciega y un temor
reverencial hacia la persona que manda y dirige las acciones de trabajo.
Se presume, que éste cuenta con la experiencia y la sabiduría para
llevar adelante las tareas y para obtener los mejor, lo más creativo de
cada trabajador. Sin embargo, a nadie se le instruye que los mando
sufren también, como todo ser humano, debilidades a veces extremas, que
los lleva a confundir la realidad con las condiciones de hecho en que
operan las circunstancias.
Lejos de mi está obtener una ventaja de funesto hecho que ocurrió en la
VIII Región, Chile, en la cordillera, cuando una coronel del ejército
ordenó una marcha de varios kilómetros a los conscriptos del regimiento
de montaña, cuando el clima no se encontraba en condiciones, los
soldados no estaban vestidos apropiadamente y los mandos inferiores
hicieron notar los riesgos y dificultades de la marcha, pero a pesar de
todo ello la marcha se ordenó y los mandos inferiores obedecieron, con
la funesta consecuencia de cuarenta y cinco jóvenes muertos. Este hecho,
puede llevarse también alo que sucede en la empresa o en el servicio
público, donde los superiores exigen tareas superiores a lo que el
trabajador es capaz o dando tareas superiores al tiempo de trabajo y a
un número adecuado a lo que humanamente se puede lograr. Lo extraño es
que aún así, conociendo la imposibilidad del éxito en el resultado, los
trabajadores se esfuerzan y rinden hasta sus últimas fuerzas. Es lo que
se llama el “temor reverencial”. El temor no a la fuerza o el maltrato,
sino, el temor a defraudar a su superior, al padre, al marido, al jefe.
Este “temor reverencial” actúa también en el acoso moral para inhibir al
trabajador a demandar un mejor trato, pues, muchas veces estima que es
propio de los superiores jerárquicos aplicar a extremo la gestión y la
disciplina. De modo, entonces, que este factor es absolutamente negativo
para el acosado, desde que lo impulsa a mantener una situación que lo
disminuye moralmente.
5.- La estabilidad laboral
Estimo, que la estabilidad laboral como fuente de aceptación de formas
injustas de trabajo, no requiere mayor explicación.
En países en estado de desarrollo como el nuestro la posesión de un lugar de trabajo implica un privilegio al que no pueden acceder cerca de un millón de nacionales, por ello quien se encuentra trabajando aceptará una serie de malos tratos, amenazas, insultos y otras formas de discriminación y acoso, en rangos más amplios.
No es extraño escuchar de capataces o supervisores: “a este ¿? Le gusta que lo aporreen”. O la clásica: “este entiende a palos”. Pero, no se trata que el ser humano quiera humillarse.
Soporta por necesidad, pero atento a esta situación, como
consecuencia secundaria se crea una presión que en el colectivo global
en el país, puede significar en el mediano o largo plazo un estallido
social, al estilo de la “Rebelión de los Colgados”.( Bruno Traven
seudónimo de TRAVEN TORSVAN CROVES, 1890.)
6.- Ausencia de legislación favorable
Dos situaciones contribuyen a que el acoso moral en el trabajo asole
nuestras empresas y el hogar de los trabajadores, así como la sociedad
toda.
Una de ellas es la ausencia de Ley que sancione este grave ilícito y lo que es peor, la falta de conciencia social de los jueces, que hasta la fecha han permitido se conculquen los derechos fundamentales de los trabajadores, sin oponerse a ello dando lugar a las demandas contra acoso moral, o haciendo exigencias probatorias ridículas e improcedentes, dando cuenta del más completo desconocimiento del tema.
Pero, no es culpa de los legisladores ni de los jueces, quienes en la gran número son también objeto de acoso moral en el trabajo.
Ello es culpa de un sistema jurídico-político que se adhiere con
sumisión intelectual y de intereses, a mantener el statu quo, de los
sistemas incorrectos de relaciones de producción, sea entre privados,
sea entre los trabajadores y el Estado. El acoso moral no tiene
fronteras y ataca a todos los trabajadores por igual.
7.- Ausencia de Cultura en Salud-Trabajo
La ausencia de una política destinada a enriquecer los conocimientos de
los trabajadores, o al menos, a informarles de sus derechos y de las
relaciones entre el trabajo y las enfermedades propias, originadas a
causa o con ocasión de éste, es notoria y notable.
Esta no es una tarea propia de los quijotes que escriben, arriesgan sus
fuentes laborales y enseñan por cuenta propia, los beneficios de la ley
en el trabajo y la salud, sino, es una labor propia del Estado y los
organismos intermedios.
Tan culpables son de esta falencia como el Estado, los propios
empresarios que se benefician con la fuerza de trabajo, pero también los
sindicatos, los dirigentes sindicales, las organizaciones y
departamentos públicos, la educación y la salud estatal, las Mutuales y
los organismos fiscalizadores.
Lo que se requiere es una política nacional en cumplimiento de los
convenios y pactos de la O.I.T. y otras organizaciones preocupadas del
tema como las organizaciones internacionales relacionadas con la salud.
El II Congreso de Salud y Trabajo, Cuba 2007, abre un espacio para la
preocupación, estudio, análisis y promoción de los efectos nocivos del
acoso moral en el trabajador, su familia, y la sociedad toda, siempre
atenta a salvaguardar los recursos humanos y a sostener una férrea
defensa de los Derechos Fundamentales de los Trabajadores.