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con objetivos también supuestamente globales y diferentes a las
motivaciones organizacionales tradicionales, y desde luego, la
implementación, que en la práctica sigue causes tradicionales.
Por eso, más que dilucidar si es la estrategia global la que determina,
y volvemos al determinismo, las prácticas de los recursos humanos, o son
las prácticas de los recursos humanos las que determinan la estrategia
global de la organización, y que según autores reconocidos lleva a unas
vías u otras,
sería más acertado hablar de interrelaciones y ajustes, más
allá de una relación causa-efecto, entre estrategias y prácticas y los
efectos sobre los resultados globales (Bird y Beechler, 1995; Delery y
Doty 1996; Bennett el al. 1998).
Entonces, para un cambio tanto del pensamiento, como del enfoque, como
de la estrategia y las prácticas de la gestión de los recursos humanos,
es imprescindible “el cambio de una cultura orientada sólo a lograr la
Eficiencia de la Organización como indicador que mide el desarrollo de
la misma, a una Cultura de Apoyo y de Innovación constante,
entendiéndose por Innovación no solo la tecnológica sino
aquella que pueden aportar los miembros del equipo a la hora de
relacionarse, es un cambio tan profundo que debe ser paulatino y
gradual, si se quieren lograr resultados superiores” (Alhama et al,
2004).
“De tal manera cuando expresamos la necesidad de evolucionar desde la
Cultura de la Eficiencia hacia la Cultura del Apoyo y de la Innovación,
estamos abogando por una reorientación de la Organización hacia lo
social y lo personal, hacia los resultados a nivel de toda la
Organización; estamos abogando por diferenciar la “eficiencia operativa”
de la “efectividad estratégica”, para recordar a Porter,M.” (ídem); una
efectividad estratégica que es mucho más que eficiencia operativa, pero
que la incluye.
De acuerdo al enfoque sistémico, la gestión de recursos humanos es
interrelacionada e interdependiente con la gestión global de la empresa.
Y como subsistema, responde al sistema empresa.
La integración de la gestión de los recursos humanos, es un
pilar fundamental para el mejoramiento continuo encaminado al necesario
desempeño laboral y organizacional superior de alto impacto económico y
social.
En consecuencia, el mejoramiento y desarrollo de la gestión integrada
debe revertirse en resultados a nivel de toda la empresa. Pero esto
incluye también la eficiencia cualitativa como compromiso, satisfacción
o competencia del personal.
Las transformaciones económicas y sociales, educacionales y culturales
emprendidas hace más de cuatro décadas en nuestro país, y sobre todo en
los últimos años cobran cada vez mayor importancia, por el impulso de la
revolución técnica-tecnológica y la reestructuración económica,
y esto se hace particularmente importante para las actividades de
RR.HH en las empresas y entidades en general, puesto que exige de ellas
mayor rigor en su tratamiento y mejores resultados, de desarrollo del
personal y de eficiencia y efectividad a nivel de las organizaciones.
La evolución de nuestra economía hacia los servicios de avanzada, de
alto valor agregado, en la que cobra una nueva dimensión la potenciación
y el desarrollo de actividades de alto grado de complejidad y el nivel
de conocimientos, que se utilizan y aplican, lo cual es necesario
subrayar, puesto que sólo de esta forma agregan alto valor a las
producciones y los servicios, imponen nuevos retos organizativos, de
dirección y de gestión de las empresas y organizaciones.
El Desarrollo Integral de la Persona, como uno de los objetivos
principales de la Gestión Integrada Estratégica de los Recursos Humanos,
debe proponerse la adquisición de nuevos conocimientos y capacidades,
experiencias, pero también la formación de actitudes, valores, y la
atención a las necesidades y motivaciones personales y grupales;
todo ello, se va desde luego, más allá del enfoque productivista.
Estos aspectos humanos, así como organizativos y de dirección, donde
también están presentes los recursos humanos, son reconocidos como
esenciales en el tratamiento de la gestión de recursos humanos, que a su
vez se considera un factor esencial de la innovación de la empresa (Galbraith,
1984; López, Vidal, 1993; Morcillo, 1997).
Al diseño de una visión clara, la utilización de tecnología, la búsqueda
de oportunidades, la situación del mercado, la experiencia y el
potencial humano, se ubica cada día con mayor énfasis, la gestión de
recursos humanos.
Como señalan Jiménez y Sanz Valle (2002) al referirse a los autores que
han estudiado la relación entre innovación y gestión de recursos
humanos, llegan a la conclusión que “no existen prácticas de recursos
humanos que sean válidas e igualmente efectivas para todas las
organizaciones,
sino que éstas serán más o menos adecuadas según su grado de
coherencia o ajuste con las características de la organización y, en
particular, de su estrategia. (Miles y Snow, 1984; Purcell, 1989;
Schuler y Jackson, 1987; Peck, 1994; Wright, 1995; Raghuram y Arvey,
1998)”.
En ésta dirección los estudios más conocidos y extendidos son los de
Miles y Show (1984), y Schuler y Jackson (1987), en los que hay
coincidencias, pero también desacuerdos en cuanto a la formación y la
participación de los trabajadores.
Los primeros, a diferencia de los segundos, proponen recurrir
al mercado para adquirir las competencias (¿los recursos-personas?), con
gran flexibilidad ante el entorno y sin seguridad en el empleo, como
tampoco participación de los trabajadores y escasa utilización del plan
de carreras, y sobre todo orientado al rendimiento y los incentivos en
función de este.
Importantes trabajos muestran las contradicciones entre estos dos
modelos y las prácticas de las empresas, y señalan, contrario a las
hipótesis, que empresas emprendedoras siguen estrategias de desarrollo
interno y empresas con estrategias defensivas se identifican con mercado
de recursos humanos.
Pero, no caben dudas que, la creación de equipos de trabajo, el diseño
de puestos de tareas diversas o amplio perfil, seguridad en el empleo y
mayor participación, según el modelo de Schuler y Jackson, se asocian a
estrategias innovadoras en las que RR.HH. y las prácticas de éstos
juegan un rol preponderante, con un pensamiento integrador.
Otros autores a tener en cuenta, como Eisenhardt y Tabrizi (1995)
encontraron una relación positiva entre los equipos multifuncionales y
la velocidad de generación de innovación, así como entre el liderazgo e
innovació;. Jackson et al. (1995) encontraron relación positiva entre
seguridad del empleo y la innovación; aunque en formación no hay
resultados concluyentes,
Raghuram y Arvey (1998) hallaron una relación positiva entre I+D y formación; con relación a la retribución Jackson et al. (1989) observa una relación significativa entre la estrategia de innovación y menor uso de incentivos, pero Martínez-Ros y Salas-Fumás (1999) encuentran una relación positiva entre el nivel salarial y la innovación.
Una relación positiva con la participación se encuentra en el
trabajo de Hurley y Hule (1998), y Keng-Howe Chew y Chong (1999)
encuentran relación entre liderazgo, selección y el compromiso con la
visión estratégica de innovación.
Esto nos lleva al inicio. Si se reconoce formalmente RR.HH. como primer
nivel de dirección, pero no hay alineamiento entre la estrategia de la
entidad y las prácticas de recursos humanos; si se evidencia escaso
tratamiento en sistema, y las funciones y actividades se basan en
enfoques no integrativos; si se presta mayor atención a la fase de
recepción del cambio, que a la aceptación, para con urgencia caer en la
ejecución sin preparación suficiente y necesaria;
si se desconocen las disciplinas nuevas que permiten la
integración personal, el fenómeno termina por afectar tanto a la
organización como a las personas, y se tiende a regresar a prácticas
rígidas conocidas: mejoramientos parciales operativos y la insistencia
en los cambios en la ejecución, sin “gestionar” el nivel afectivo ni
cognitivo de las personas.
Se entra en contradicciones con la visión a largo plazo, si existe, y
por mucho que pueda influir la estrategia global de la organización, no
existen interrelaciones ni interactuaciones con la estrategia y las
prácticas de los recursos humanos, entonces estas tampoco pueden
alinearse ni apoyar la estrategia global.
Se impone que las organizaciones concentren la energía, no sólo en los
hechos o en el plano conductual, porque así a lo sumo serán reactivas,
difícilmente reflexivas, y nunca generativas. El diálogo y la
cooperación entre todos, el aprendizaje colectivo, donde no se desecha
nada, y se cuestiona todo, sería, es, un camino a recorrer. Pero esto
también lo decide y define uno u otro pensamiento.
El pensamiento integrativo, es complejo, y hay que abordarlo en su
complejidad dinámica, asimilar muchas interrelaciones, e integrar la
complejidad de los detalles. Esto sólo lo pueden hacer “todos” los
integrantes de una organización, porque forma parte de su Dominio
personal y de los Modelos mentales de cada una de las personas.
Los desacuerdos y desbalances entre lo instrumental y la preponderancia
de los elementos sociales y personales, se expresa excelentemente en el
siguiente párrafo de dos colegas latinoamericanos cuando dicen:
“Esta preocupación puesta en términos “metodológicos implica que un ejercicio de aprendizaje organizacional en estas instituciones debe contemplar dos niveles de actividades: actividades instrumentales-de control, de cambio, de mejora- y actividades práctico-emancipatorias –de debate de los fines, de indagación por el sentido social. El segundo nivel debe guiar al primero.
El aprendizaje organizacional dinámico-sistémico claramente
ofrece una sólida plataforma para el primer nivel –instrumental, pero
frente al segundo –práctico-emancipatorio- hay interrogantes que
quedaron abiertos y que podrían sintetizarse con esta pregunta: ¿?será
la Dinámica de Sistemas prisionera de la trampa del instrumentalismo?
Resuena el eco velado de una frase sengiana: ¿prisioneros del sistema o
prisioneros de nuestro propio pensamiento?” (Sotaquirá y Gélvez, 1998).
Bibliografía
Alhama,B.R.; Alonso, A.F. y Núñez, MT. (2004): Nuevas Formas
Organizativas. Instituto de Estudios e Investigaciones del Trabajo. La
Habana.
Ferrari,R.C. (1997): Aproximación al management de avanzada. XVII
Jornadas Nacionales. Toledo. España.
Jiménez,J.D y Sanz Valle.R. (2001): “La gestión de recursos humanos y la innovación en la empresa”. XI Congreso Nacional de ACEDE. Madrid.
Maisch E. y Tarazona, S. (2000): “Trayectoria del cambio: de los
social a lo personal”. Revista Perú Laboral, Lima.
Marchant, R.L. (2005): Actualizaciones para el Desarrollo
Organizacional. Primer Seminario. Viña del Mar. Chile.
Senge, M.P. (1992): La quinta disciplina. Editorial Gránica.
Barcelona, España.
Sotaquirá G.R. y Gélvez,P.L (1998): Aprendiendo sobre el aprendizaje
organizacional. http://.sistemika. homepage.com
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