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DESARROLLANDO NUESTRO CRECIMIENTO ESPIRITUAL

Autor: Ing. Carlos Mora Vanegas

AUTOAYUDA Y SUPERACIÓN PERSONAL

11-2006

Herramientas

"Por qué estamos en la tierra si no es para crecer?" ...
Robert Browning

Día a día se nos da oportunidad para ir adentrándonos en nuestro crecimiento espiritual.

Descubriendo nuestra potencialidades, que tanto estamos identificados con nuestras virtudes, cuánto hemos cultivado y ofrecemos el amor.

Sabemos que estamos dentro de un entorno en donde el materialismo, la influencia de los estímulos externos nos someten a pruebas y de no estar atentos socavan nuestras fortalezas internas. En este escrito nos adentramos en la relevancia, alcance, repercusiones que nos lega el Yo superior, ese que mora en nuestro interior.

CONSIDERACIONES, ALCANCE, REPERCUSIONES

De vez en cuando debemos identificarnos con la benevolencia, alcance que nos lega el autoconocernos, determinar en donde están nuestras debilidades, fortalezas, sorprendernos inatento en todo aquello que deberíamos estar atento, en lo que deteriora a nuestra fortaleza interna,

para ello, es necesario estar plenamente identificado con la responsabilidad de trabajar en pro de nuestro desarrollo espiritual que es realmente lo trascendental.

En un escrito sobre este tópico, nos comenta la escuela de Educación Mental, que en nuestra sociedad actual, vivimos desbordados por una multiplicidad de impresiones, de exigencias, de urgencias, que nos obligan a estar constantemente dependiendo del exterior,

 a estar continuamente atendiendo asuntos, problemas, gestiones, y que nos inducen a estar siempre en movimiento, en acción. Y así, si observamos nuestra vida, veremos que nos pasamos prácticamente todas las horas -desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir-, pendientes 
del mundo exterior.

Y eso no significa solamente pensar en el mundo exterior, sino que significa estar 
preocupados por el mundo exterior, estar «asomados» al exterior, pero con tensión, pues lo exterior representa para nosotros problemas que resolver, deseos que satisfacer, peligros de los que tenemos que defendernos, en definitiva significa
lucha y lucha es sinónimo de tensión.

Por lo tanto, dado el estilo de vida al que conducen las condiciones de la sociedad actual, estar pendientes del exterior significa estar en tensión, porque nos pasamos todo el día cultivando nuestro desarrollo hacia fuera, desarrollando nuestra mente, desarrollando nuestros sentidos, nuestras facultades operativas, motoras, dinámicas.

 Pero esto nos impide estar atentos, prestar atención, ser conscientes de nosotros mismos, darnos cuenta de que somos los protagonistas, de que somos los agentes, los «sujetos» de esta acción; y nuestro mundo interior, con sus contenidos y sus exigencias, va quedando relegado por esta prioridad que hemos aprendido a dar al mundo exterior.

 Así no es de extrañar que se produzcan en nosotros esos estados de fatiga, de angustia, y toda esa gran variedad de trastornos y distonías neurovegetativas que son del dominio de la medicina psicosomática.

Muy poca atención le prestamos a la relevancia de trabajar en pro de nuestro crecimiento exterior, de ahondar en muestras virtudes, cultivarlas, rescatar nuestra autenticidad, determinar en donde están nuestra contaminaciones que nos hace actuare muchas veces en forma equivocadas y comportarnos inadecuadamente, originando muchos problemas, conflictos y lo que es más negativo, originándonoslos a nosotros mismos.

Es correcto cuando se nos comenta, que la persona debe aprender aprenda a descubrirse a sí misma, aprender a encontrarse a ella misma, aprender a descubrir cómo funciona, qué es lo que necesita interiormente, y aprender a encontrar esas fuerzas interiores que tiene de reserva y que habitualmente no se aprovecha, esas zonas de tranquilidad, de silencio, las cuales son la base de nuevas energías, de nuevas evidencias y de un nuevo entusiasmo para vivir.

Nos insiste la Escuela Mental en señalarnos, que el hombre de hoy en día está alienado, con lo cual se quiere decir que está fuera de sí, que está enajenado.

 En efecto, el hombre está fuera de su eje, no vive centrado sino que vive crispado hacia el exterior, y si quiere recuperar su equilibrio tiene que aprender a abrirse interiormente, a vivir su mundo interior al mismo tiempo que vive el mundo exterior, y sólo así evitará esa crispación, esa basculación constante hacia esta parte puramente exterior de su vida.

 Entonces el trabajo interior se convierte en un remedio eficaz, absoluto, definitivo, para sanar esos trastornos funcionales, esas distonías neurovegetativas y en general todas las enfermedades que son consecuencia de un modo anormal, no centrado, que son consecuencia de un modo defectuoso de estar en el mundo.

Algunas de las cualidades que se pueden desarrollar mediante el trabajo interior son las siguientes:

—tener una mayor serenidad para afrontar las situaciones;
—tener una mayor fuerza personal, una mayor capacidad de impacto;
—tener una mayor capacidad de concentración y de asimilación;
—poder asumir mayores responsabilidades (al aumentar su capacidad de rendimiento intelectual).

Considérese además, , que el trabajo interior se convierte, en un medio para llegar a descubrir por vía experimental esa naturaleza espiritual, esa realidad interior, y vivirla, convertirla en experiencia viva, logrando que la espiritualidad, la realización espiritual, no sea sólo una creencia, una cosa puramente teórica, sino que sea una realidad viva, algo vivido experimentalmente .

Nos pregunta la escuela de Educación Mental, que para hacer esto que llamamos trabajo interior ¿de qué disponemos? ¿Cuáles son los instrumentos? El instrumento esencial del trabajo interior es la Mente. Pero con la mente se nos plantea enseguida un problema curioso; porque la mente es un instrumento de trabajo, pero al mismo tiempo es el principal obstáculo para el trabajo. Veamos por qué.

Nuestra mente se ha acostumbrado a funcionar de un modo muy tenso, muy acelerado, crispado y superficial, porque -como hemos dicho- necesita estar constantemente atendiendo necesidades y exigencias del exterior,

y como en estas necesidades y exigencias van involucradas cosas de valor para la persona -incluso de mucho valor-, la persona no sólo pone interés e inteligencia en la solución de sus problemas, sino que también pone miedo, ansia, y, a veces, desesperación.

Esto hace que la mente ya no funcione en su capacidad puramente intelectual sino que quede envuelta por estos mecanismos afectivos que la traban. Del mismo modo que si pusiéramos unos objetos dentro de los engranajes de una maquinaria la trabarían, también todos los miedos, las impaciencias, las angustias, son verdaderos obstáculos que impiden el normal funcionamiento de nuestra maquinaria mental.

Si queremos que nuestra vida interior sea realmente vida, tenemos que aprender a ahondar en lo que está vivo: en nuestra mente es la atención, en nuestro campo emocional es el sentimiento y en nuestro cuerpo es la sensación y todas las funciones fisiológicas. Y sólo viviendo este foco vivo de la mente que es la atención, junto con el foco viviente del sentimiento se produce el descubrimiento de lo que es realmente el sentimiento.

 Y se trata no sólo de un nuevo conocimiento sino de una transformación, una fusión, porque de la misma manera que la mente entra dentro del sentimiento, el sentimiento entonces entra también dentro de la mente.

 Y se descubre lo que hay detrás del sentimiento, lo que es en sí el sentimiento, en lugar de entenderlo (como hacemos ahora) según sus efectos o manifestaciones externas.

Por último, tomemos muy en cuenta, lo que nos indica Elías Benzadon en lo concerniente, a la relevancia del crecimiento espiritual, que al desarrollar nuestra dimensión espiritual, creamos sólidas bases y valores que nos permitan afrontar todo lo que nos rodea y entender todo lo que sucede en nuestra vida. Es un trabajo de adentro hacia fuera, no al revés.

Al hacerlo, nuestra salud se verá beneficiada; los senderos del amor, del éxito y de las relaciones mejorarán notablemente. Todo esto siempre ha estado a nuestro alcance ya que no somos seres humanos que tenemos una experiencia espiritual, en realidad somos seres espirituales que tenemos una experiencia humana.
 

Ing. Carlos Mora Vanegas - El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela) cmoraarrobapostgrado.uc.edu.ve   amv12arrobahotmail.com 

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