Tomar clara conciencia de la importancia de la calidad y sus efectos
finales en la rentabilidad de la empresa requiere no sólo de una forma
de pensar y sentir la calidad, sino además y por sobre todas las cosas,
hacer de la prevención una actitud.
La calidad debe ser comprendida desde diferentes aristas o puntos de
vista.
Primero: Hacer bien las cosas a la primera. Se trate del producto o
servicio final, o bien de componentes o servicios internos, es
fundamental hacerlo no sólo bien, sino además hacerlo correctamente sin
necesidad de reprocesamiento o acciones correctivas.
Segundo: La calidad no sólo comprende el producto o servicio vendido,
sino además todas las actividades y procesos de contacto y servicio con
el cliente. De poco sirve hacer bien un producto si los servicios de
recepción de pedidos, facturación, entrega y post-ventas presentan un
bajo nivel de calidad.
Tercero: Tenemos la calidad como cumplimiento de los requisitos
establecidos en función de los requerimientos de los clientes.
Cuarto: Dar cumplimiento a principios fundamentales de calidad que hacen
a la seguridad y fiabilidad del producto o servicio.
Quinto: Calidad de diseño y capacidades de prestación, como fuente de
valor agregado para el cliente o consumidor.
Sexto: La calidad debe no sólo impedir la generación de pérdidas para la
empresa productora de los bienes y servicios, sino también impedir la
pérdida económica para el cliente o consumidor. Para evitar las pérdidas
del cliente o consumidor no sólo debe tenerse en cuenta la falta o mal
funcionamiento del producto, sino también los daños que ese mal
funcionamiento pueden ocasionar.
Una video o un pasa casete que no funcione debidamente no sólo
ocasionará un primer perjuicio por los gastos de arreglos, movilización
(tiempo, traslado, etc.) destinado a prestación de garantías, sino
además la posible rotura de casetes o películas. En muchos casos dicha
pérdida va mucho más haya de lo material, para afectar recuerdos
emocionales. De igual forma un freno que no funciona no implica
meramente el gasto correspondiente al arreglo del freno, sino además los
arreglos de los posibles destrozos ocasionados por el mal funcionamiento
del mismo, los cuales incluyen en muchos casos daños a la salud.
Séptimo: La falta de funcionamiento en el momento que más se necesita, o
momento de la verdad. Una foto que no sale, una comunicación que no se
logra, una video que no funciona.
Esos momentos especiales en los cuales la máquina fotográfica, el
celular, o el video dejan de funcionar dejan un sabor muy especial en el
propietario o usuario de la misma.
El sexto y séptimo puntos inciden de forma especial y directa en el
posicionamiento que el producto y en especial la marca de la misma dejan
en el consumidor. Un mal posicionamiento termina generando menores
ventas (publicidad “boca a boca” negativa) y con ello un perjuicio
enorme para la marca.
La calidad no es una cuestión menor, la falta de calidad genera pérdidas
económicas o emotivas, las cuales llevan a una actitud negativa del
consumidor para con la marca en cuestión. Ello no sólo se da en
productos sino también en servicios. Un mal servicio en una unidad
correspondiente a una cadena de hoteles lleva al usuario a evitar a las
demás unidades de la misma cadena, aunque los servicios de las otras
unidades no tengan fallas en su calidad de servicios.
De igual forma la mala calidad de un plato en un restaurante no llevará
al cliente a querer probar otros platos. Le basta constatar la mala o
baja calidad de un plato para transferir su experiencia al resto del
menú.
Una experiencia positiva lleva a un buen posicionamiento de un
establecimiento, marca o producto, una mala experiencia lleva
automáticamente a una degradación, efecto defensivo o actitud negativa
de los clientes para con dicho establecimiento o marca.
Las buenas experiencias se transmiten a un número de personas inferior
que una experiencia negativa, justamente por ese animó de venganza que
asume el individuo ante las pérdidas económicas y emotivas.
Generada la mala experiencia para el consumidor, muy difícilmente se
tenga la posibilidad de reconquistar su inclinación por la marca, o sea
su ánimo de volver a comprar los productos o servicios de la marca o
establecimiento que tan negativa vivencia le ocasionó.
Lo cual implica que la primera gran publicidad de una empresa y su marca
de productos o servicios, es la calidad que la misma posee.
La calidad no sólo genera mayor rentabilidad al incrementar la
productividad y consecuentemente reducir los costos, sino también al
evitar experiencias negativas y generar una actitud de continuidad del
cliente para con los productos que se le ofrecen.
De allí la importancia fundamental de la calidad como generador de valor
agregado para los clientes y usuarios, posibilitando a la empresa lograr
un plus en el precio debido a ese valor extra que se le concede al
comprador. Pensemos para ello en marcas como Minolta, Toshiba, Canon,
Suzuki, Honda y Hewlett Packard entre otras.
Todas éstas marcas poseen un posicionamiento generado en su altísimo
nivel de calidad, calidad desde cada arista antes analizada, calidad
resultante de la planificación y no de las correcciones o
reprocesamientos, calidad símbolo de alto valor agregado.
Así marcas como BMW, Ferrari, Rolex, Sharp, Bayer, Xerox, Motorola y
Toyota, aparte de las antes mencionadas, y más todas aquellas marcas que
se le suman a todas estas, constituyen las “top ten” en materia de
calidad.
Todas estas empresas representan los mejores ejemplos de las empresas
gestionadas desde un punto de vista de alta competitividad, en contrario
de todas aquellas empresas que sujetándose a los patrones tradicionales
de administración ven reducir día tras día su cuota de participación en
el mercado.
La calidad no es el producto de controles, sino como bien dijo Deming de
una forma de gestión, que tenga en los clientes y en su personal los
valores centrales.
No hay sistema de medición, ni método de recompensa que permita generar
calidad, si los directivos y el personal no se encuentran plena y
absolutamente comprometidos con los valores de la excelencia.
En la mente de los consumidores hay dos tipos de posicionamientos: el
positivo que representa aquellas marcas símbolos de calidad y prestación
de alto valor, y el negativo, constituido por todas las marcas que han
dejado una experiencia traumatizantes y que son las primeras marcas en
las cuales el consumidor no piensa comprar (bien sea por su propia o
ajena experiencia).
Dr. Mauricio Lefcovich Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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