Asistimos a un momento
crucial en el desarrollo de los despachos profesionales. Los mismos son
conscientes de su necesidad de ganar tamaño y competitividad dentro del
mercado jurídico en el que se mueven y empiezan a acudir a
planteamientos ya más de empresas prestadoras de servicios, por lo que
es necesario en estos momentos detenerse a ver las necesidades
específicas y objetivos que tienen éstos a cumplir en el apartado de los
clientes.
El trato, la relación con el cliente es, para todos aquellos despachos
que se ven como pequeñas y medianas empresas de servicios jurídicos, no
sólo un objetivo si no una estrategia importante donde su desarrollo y
tratamiento profesional hasta la fecha ha sido más bien escaso.
Lo cierto es que hay que tener en cuenta la relevancia económica que
tiene cada cliente para el despacho profesional. Se puede decir que no
todos tienen la misma importancia y por ende hay que establecer
criterios de clasificación y trato hacia los mismos.
Es difícil dentro del despacho ver a un cliente como alguien a quien se
le pude o debe aplicar una cierta estrategia, pero lo cierto es que
dentro de una concepción propia de empresa ello tiene una cierta lógica,
puesto que forma parte de la política de marketing de la firma y dicho
trato genérico al conjunto se va gradualmente personalizando en función
del tipo de cliente al que nos dirigimos.
De otra parte los despachos proveen servicios lo cual nos sitúa en lo
intangible, a diferencia de otras empresas de productos, y así la
relación y la manera de entablar no sólo relaciones comerciales si no de
fidelidad hacia nuestros clientes cambian drásticamente al resto de las
empresas de gran consumo, por citar dicho apartado.
Como antes se indicaba, la relación que se pueda dar a los clientes dentro de los despachos profesionales es necesario que siga una guía, un por qué y un para qué se están haciendo las cosas.
Posteriormente deberemos saber con qué tipo de clientes estaremos
tratando, qué servicios les ofreceremos y cómo seremos capaces de
fidelizarlos. Teniendo en cuenta estas premisas, la relación que se
establezca a partir de ellas podrá traernos no solo clientes fieles si
no clientes satisfechos, que en un ramo como el nuestro, de provisión de
servicios de tipo jurídico, será la mejor publicidad que podremos
conseguir.
En cuanto a criterios de clasificación, podremos clasificar a nuestros
clientes con un sin número de premisas: por volumen de negocio, por
actividad, por relación, por rentabilidad, por ubicación, etc.
En función de las mismas podremos posteriormente tratar con los
mismos, y así delimitar nuestras estrategias de ventas. Todo ello,
además de marcarnos una pauta de trato y relación con los clientes de
cara a desarrollar nuestros objetivos corporativos de negocio, nos va a
permitir tener un acercamiento mayor y más controlado y conocer aún más
las necesidades de los mismos y de como satisfacerlas. La información
que se recaba es muy importante para su posterior uso.
Los Clientes y la tecnología…
Hoy en día la tecnología ha implementado programas y sistemas que nos
facilitan el trabajo de clasificar a los clientes y proveerles de un
mejor servicio de nuestra parte. La existencia de una buena base de
datos en la empresa de servicios con claros criterios de rentabilidad y
su uso dentro de un programa de tratamiento y relaciones con los
clientes como es el CRM posibilita el trabajo profesional y unos buenos
resultados en cuanto a estrategia de negocio en este campo comercial que
es esencial para el desarrollo del negocio.
La creación y el desarrollo del CRM (Costumer Relationship Management),
es aún difícil para muchas empresas por cuanto significa una clara
orientación hacia el cliente, lo cual muchas veces tropieza con muchas
resistencias.
En nuestro sector de servicios profesionales, en concreto en el
jurídico sucede lo mismo, pero aún con mayores resistencias, puesto que
la cultura comercial y de orientación hacia el cliente es todavía muy
escasa. Se oye a menudo a los profesionales decir “Es que yo soy muy
poco comercial”, cuando lo que es esencial en el mismo son sus dotes de
relaciones públicas y de cercanía y trato con los clientes con los que
se va a tener que relacionar. Hay que perder el miedo al cliente y
claro, hay pautas y herramientas que facilitan dicho camino, como son
los CRM y otras herramientas que nos informan del mismo y de sus
posibilidades con ellos.
Una buena segmentación de los clientes se hace totalmente imprescindible
si queremos aplicar bien una buena política comercial y de marketing,
puesto que ello redunda en una alta calidad en cuanto al trato y
previsión de negocio con los mismos.
La herramienta del CRM busca en esencia parametrizar la base de datos de
la empresa y establecer criterios claros de trabajo con los mismos,
llegando incluso, -es lo deseable- a darles un trato y servicios
personalizados. Por lo que si no olvidamos que somos proveedores de
servicios, esta forma con la que los atendemos y les vendemos nuestros
servicios, a su vez comporta el que de paso los fidelicemos, dentro de
un trato más personalizado, en función del grado o importancia de los
mismos.
Finalmente hemos de indicar que el CRM no es sólo una herramienta de
trabajo o un programa más de gestión de relaciones entre el cliente y la
empresa, sino que es más amplio el concepto puesto que se trata más bien
de de una filosofía corporativa en la que principalmente se trata de
entender al cliente, conocerlo y poder detectar todas sus necesidades,
dejando de lado, los papeles, las notas y sustituyéndolos por
información dentro de un ordenador.
Es importante tener en cuenta que para un buen resultado en la
implementación de un Costumer Relationship Management es necesario que
otras partes de la empresa estén implicadas. No sólo se debe dejar la
responsabilidad al departamento informático, si no que también tanto en
su implementación como en el análisis de resultados deben intervenir
todas aquellas partes de la empresa que traten con lo clientes, ya que
ellos pueden aportar muchos mas datos que nos permitan llegar a seguir
conociendo a nuestros mercados.
De otra parte, si el conjunto de la dirección de la empresa no acepta
esta nueva orientación, sus resultados siempre serán más limitados.
Una Reflexión Final…
La relación que tenemos como despachos con nuestros clientes, debe tener
un fin primordial, fidelizarlos, porque un cliente fiel, será un cliente
habitual y será nuestra mejor referencia con el mercado. La relación de
fidelidad, es algo que no hay que descuidar o relajarse en su atención.
Todo forma parte de un proceso más estructurado dentro de una
eficiente gestión integral de un denominado fondo de comercio que es al
final el que nos provee de los recursos suficientes para subsistir y
para desarrollarnos como empresa, utilizando las herramientas que el día
a día nos va brindando con el trato al cliente y sacando todo el
provecho posible.
Antonio Almenara Pérez Socio Director de Ibáñez & Almenara Abogados y Economistas Presidente de La Asociación de Marketing Jurídico aaparrobaialmenara.com www.ialmenara.com presidentearrobamarkjur.com www.markjur.com Aportado por: Liliana Navarro Kai Marketing & Comunicación Ibáñez & Almenara Abogados y Economistas marketing@ialmenara.com www.ialmenra.com
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