A la vez que existe unanimidad al señalar a la fidelización como la
clave de futuro de una empresa, la realidad dice que el índice de
repetitividad (que no el de fidelización, el cual es bastante más
inferior) no llega al 70%, lo que debería hacer que nos parásemos y
reflexionásemos en qué nos estamos equivocando.
Hace ya unos cuantos años, una conocida y pionera tarjeta de crédito
calculó que cuesta cinco veces más conseguir un cliente nuevo que
mantener uno ya existente, lo que hizo que se desarrollasen, y aún se
está en ello, múltiples técnicas -programas de puntos, tarjetas de
fidelización, CRM…-, con el objetivo de conseguir clientes fieles, pero
no está dando resultado.
Estamos haciendo cosas muy distintas a las que hacíamos, estamos
haciendo una gestión centrada en el cliente, algo impensable no hace
mucho, pero no estamos obteniendo los resultados que esperábamos. ¿Qué
ocurre?
Ya sabemos que en el mundo de la empresa es difícil que detrás de un
efecto se encuentre una única causa, pero en este caso, identificar
fidelización con técnicas, está siendo un gran error.
Todavía seguimos viendo al cliente como al ente al que hay
colocarle nuestro producto. Creemos que porque ahora hablamos más del
cliente y empleamos unos instrumentos diferentes a los de antes, hemos
dado el gran cambio, pero no es así. El gran cambio es actitudinal, no
instrumental.
Hoy, todavía, lo que hacemos, lo seguimos haciendo desde nosotros y
pensando en nosotros. Esta es la razón por la que la fidelidad continúa
siendo una asignatura pendiente.
El cliente no es una parte del juego, sino que es la esencia del juego.
Todo gira alrededor de él, por lo que nuestro negocio debe ser su
negocio, su beneficio, el nuestro, sus preocupaciones, las nuestras, sus
sueños, sus inquietudes, sus…, las nuestras. Inmediatamente que esto
cale en nuestro corazón, nuestra gestión empezará a estar siendo
dirigida hacia el cliente.
Así pues, una gestión centrada en el cliente, como es la actual, nos
lleva a ser políticamente correctos, en cambio una política dirigida
hacia el cliente nos lleva a ser impactadores emocionales. Una gestión
centrada en el cliente nos hace que seamos impecables en lo objetivo, en
cambio una política dirigida hacia el cliente nos hace ser seductores en
lo sutil.
Una gestión centrada en el cliente es estar con él, en cambio una
política dirigida hacia el cliente es estar en él. Como en tantas cosas,
el matiz es lo determinante.
Estamos, por tanto, ante una gestión de los sentimientos de las
personas, lo cual quiere decir que lo técnico, aun siendo cada día más
importante, pasa a ocupar un discreto segundo plano y lo emocional se
convierte en lo nuclear. ¿Qué problema se deriva de este cambio? Uno muy
importante.
Gestionar las emociones sólo lo puede hacer el profesional y este
tipo de profesional, auténtico protagonista de la nueva gestión, no
existe en nuestras empresas y no porque no tenga un coeficiente
emocional suficientemente desarrollado, sino porque, simplemente, no
existe una política que fomente esa gestión.
Conclusión, la fidelización y la política transaccional son
incompatibles. Es muy complicado, por no decir imposible, la
fidelización desde una política transaccional. Fidelizar es hacer sentir
al cliente que lo que recibe de nosotros siempre supera a lo que
esperaba recibir y para que se dé este sentimiento, la condición ‘sine
qua non’ es que exista una relación de confianza, la cual es imposible
si en la empresa no hay una política que ‘cree’ este tipo de
profesionales capaces de establecer vínculos sólidos y, desde luego, una
política, como la transaccional, que sólo busca la captación, no lo es
en absoluto.
Debe ser una política que, aun valorando un coeficiente intelectual
alto -ya que determina lo que sabe el profesional-, busque desarrollar
el coeficiente emocional -ya que es el que determina lo que ese
profesional hará-. Una política que, aun valorando que un coeficiente
intelectual alto permite realizar con eficacia las exigencias del
puesto, dé prioridad al coeficiente emocional, porque es el que hace que
esa realización sea exitosa. Por tanto, implantar la política
relacional, basada en desarrollar la inteligencia emocional en sus
profesionales, es el reto.
Jesús
María Fernández Acebes Doctor Ingeniero Industrial en Marketing
Industrial Profesor de la
Escuela
de Ingeniería de Bilbao
jesusmaria.fernandezarrobaehu.es
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |