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Que el cliente decida emocionalmente, significa que la oferta elegida ha sido la que más le ha impactado en su corazón. Impacto producido por ser la marca que es, por su presentación, por las referencias, por la experiencia positiva, por el tipo de gente que la adquiere o por la confianza que le ha hecho sentir el profesional del proveedor. Es decir, el impacto emocional que le ha hecho decidirse en la primera o segunda o tercera ocasión, puede ser, y de hecho lo es con cierta frecuencia, por aspectos que no dependen directamente del profesional. Pero que ese cliente llegue a ser un cliente fiel del proveedor sólo puede ser a través del profesional, de ahí que sea el único y el auténtico protagonista.
El profesional es el único capaz de conseguir que el cliente
llegue a sentir esa satisfacción íntima que le va a hacer percibir que
el proveedor le satisface plenamente, puerta que ineludiblemente debe
atravesar para llegar a la confianza, umbral de la fidelización. Hoy,
las tecnologías y las técnicas existentes permiten, según qué productos
y qué servicios, conectar e impactar emocionalmente con los compradores,
pero crear una verdadera confianza, sólo lo puede hacer el profesional.
Ahora bien, para ser creador de confianza necesita estar desarrollado
emocionalmente y esto de las emociones, todavía les suena a muchos a
cánticos celestiales. Pero es así. Un profesional, que, por lo general,
en el primer contacto con el usuario se siente inseguro y se protege con
la indiferencia, la arrogancia o la excesiva humildad, no puede llegar a
ser capaz de crear una relación de confianza sin conocer qué son las
emociones y los sentimientos.
Manifestar que las personas y su potencial para innovar son las
protagonistas, está muy bien como declaración de un político, pero no
como una expresión fehaciente de la realidad. Si realmente fuese verdad
que las personas son las protagonistas, tendría que primar más, el saber
ponerse en el lugar del otro, que dominar la técnica. Tendría que primar
más, los seminarios de inteligencia y coeficiente emocional, que los
dedicados a las últimas técnicas de marketing directo, por ejemplo.
Tendría que primar más, los mensajes en clave de corazón, que en
clave de razón. En definitiva, si el profesional es el único
protagonista, es porque hace que el cliente se fíe totalmente de su
empresa y eso no es por todo el conocimiento que le demuestra, sino
porque sabe manejar adecuadamente sus emociones.
Ser el único protagonista exige, por tanto, estabilidad emocional, es
decir, controlar las emociones en situaciones estresantes y sentir
optimismo ante contratiempos, extraversión, es decir, poder de
convicción y motivación sobre las personas, orientación al cambio, es
decir, tener tendencia hacia las curiosidades por nuevas ideas,
alternativas y experiencias, tener perspectivas originales e ideas
creativas y tener una actitud abierta hacia modelos, teorías y problemas
complejos, altruismo, es decir, comportarse como una persona
cooperativa, afectuosa y agradable y estar a gusto en el contacto social
con otras personas, y responsabilidad, es decir, comprometerse con las
tareas y llevarlas a cabo hasta el final. En otras palabras, ser el
único protagonista exige no verse secuestrado emocionalmente y ser capaz
de crear en el cliente una deuda emocional.
En resumen, ser el profesional el único protagonista tiene un doble
significado. Por un lado, que este profesional, al tener una preparación
que le permite desarrollar herramientas que le posibilitan gestionar
mejor sus emociones, sabe relacionarse convenientemente con ellas y, por
otro, que este profesional, al conocer sus propias emociones y las de
los demás, al saber controlarse, al saber automotivarse y al saber
ponerse en el lugar del otro, sabe conducir adecuadamente las
relaciones.
Es decir, que exista una relación cliente-proveedor para toda
la vida pasa porque la empresa proveedor tenga a este profesional, lo
que la exige ‘crear’ a estos profesionales, ya que no abundan.
Jesús
María Fernández Acebes Doctor Ingeniero Industrial en Marketing
Industrial Profesor de la
Escuela
de Ingeniería de Bilbao
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